Pandemia como crisis social y patrimonio «indeseado». Una mirada desde la arqueología del presente

En el séptimo Conversatorio Virtual en Tiempos de Pandemia, participan Nuriluz Hermosilla (Departamento de Antropología, FACSO), Daniella Jofré (Departamento de Antropología, FACSO) y Lidia Rodríguez (Instituto Nacional de Antropología e Historia de México). Modera Andrés Gómez (Departamento de Antropología, FACSO). Fecha: lunes 25 de mayo 2020,

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Después de la tormenta. Arqueología de la represión en América Latina.

PDF Después de la tormenta.Arqueología de la represión en América Latina 
After the storm.Archaeology of repression in Latin America
Andrés ZARANKIN*, Melisa A. SALERNO**
*Departamento de Sociologia e Antropologia, FAFICH/UFMG. Antonio Carlos 6627. Belo Horizonte, Brasil.
zarankin@yahoo.com **Departamento de Investigaciones Prehistóricas y Arqueológicas, IMHICIHU/CONICET. Saavedra 15, 5to
piso (1380). Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. melisa_salerno@yahoo.com.ar
Recibido: 02-06-2008
Aceptado: 20-06-2008
RESUMEN
En este trabajo ofrecemos un panorama general sobre los estudios en “arqueología de la represión” (sensu Funari y Zarankin 2006), centrándonos en el caso de América Latina. Nos referimos a las investigaciones que discuten las prácticas represivas de las dictaduras de la región durante las décadas de 1960 y 1970.
PALABRAS CLAVE: Arqueología de la represión. América Latina. Dictaduras.
ABSTRACT
In this article we offer an overview of the studies on the “archaeology of repression” (sensu Funari and
Zarankin 2006), specifically focusing on the case of Latin America. We review different investigations that explore the repressive actions of dictatorial governments during the 1960s and 1970s.
KEY WORDS: Archaeology of repression. Latin America. Dictatorships.
SUMARIO 1. Introducción. 2. Breve historia de las dictaduras latinoamericanas. 3. Arqueología de la represión en América Latina.

4. Palabras finales.

1. Introducción
Durante las décadas de 1960 y 1970, América Latina –como tantas otras regiones del mundo– sufrió las consecuencias sociopolíticas de gobiernos dictatoriales. En un contexto internacional dominado por la Guerra Fría, miles de personas fueron perseguidas, detenidas, exiliadas, torturadas e incluso asesinadas por manifestar diversas formas de oposición.
Los discursos oficiales no sólo negaron la actuación represiva de los regímenes de turno, sino que también intentaron distorsionar la percepción de la realidad. Por un lado, la censura de los medios de comunicación, y el ocultamiento y destrucción de los documentos de estado fueron mecanismos comúnmente empleados por los sectores dominantes.
Por otra parte, la construcción de imágenes negativas sobre la “subversión” fue una de las estrategias especialmente diseñadas para legitimar la presencia de los dictadores como “guardianes de los intereses nde la patria”.
Durante la década de 1980, el retorno de la democracia posibilitó que América Latina despertara de un largo letargo. Al mismo tiempo que comenzaron a ganar fuerza las voces de los organismos de derechos humanos, algunos medios de comunicación decidieron hablar sobre el terrorismo de estado.

A medida que la represión retrocedía, las personas comenzaron a organizarse y reclamar verdad y justicia.
En este escenario, nuevas generaciones de arqueólogos asumieron el compromiso político de contribuir al esclarecimiento de los crímenes cometidos por los represores. De esta manera, intentaron desafiar el “saber-poder” (sensu Foucault 1988) de una disciplina científica, especialmente interesada en la prehistoria y la defensa de la neutralidad ideológica.Se iniciaron así los primeros estudios de un campo que recientemente fue denominado “arqueología dela represión” (sensu Funari y Zarankin 2006).
Partimos del presupuesto de que la arqueología posee el potencial para“democratizar” el pasado (sensu Funari 1999). Como ya mencionamos, la mayor parte de los documentos que hacen referencia a la actuación de las dictaduras excluye, minimiza
o distorsiona la presencia de los sectores afectados.
A diferencia de estos registros, la materialidad de los cuerpos, los objetos y el espacio participa en la cotidianeidad de todas las personas. Al centrarse en su análisis, la arqueología puede dar voz a los grupos silenciados, construyendo narrativas diferentes a los discursos dominantes (Bellelli y Tobin1985).

Este trabajo intenta ofrecer un panorama general sobre las investigaciones interesadas en discutir–desde una perspectiva arqueológica– las “estrategias”
represivas y las “tácticas” de resistencia a las dictaduras latinoamericanas (sensu De Certeau 1980).
2. Breve historia de las dictaduras latinoamericanas
En líneas generales, los regímenes dictatoriales se definen por oposición a los democráticos. Por este motivo, en primer término creemos necesario explicitar
algunos rasgos característicos de las democracias.
Sólo a partir de su contraposición podremos comprender mejor ciertas características básicas de las dictaduras.

De acuerdo a Przeworski et al. (2000), las democracias constituyen sistemas en
los que los puestos gubernamentales (principalmente, ejecutivos y legislativos) son ocupados mediante elecciones concursadas entre diversos partidos. En cambio, las dictaduras son regímenes en los que los gobernantes acceden a sus posiciones sin el desarrollo de este tipo de elecciones. Estas circunstancias se asocian con la ausencia de partidos políticos o la presencia de partidos únicos. Las dictaduras suelen
ser producto de golpes de estado; es decir, de cambios en las pautas de sucesión al poder (que pueden ser generados por los mismos gobernantes en ejercicio
de sus funciones o miembros de la oposición).
Desde el triunfo de los movimientos independentistas, América Latina sufrió una constante tensión entre gobiernos democráticos y dictatoriales (Meyer
y Mena 1989; Becker 2008). En esta primera sección del trabajo, describimos las dictaduras que  se desarrollaron en distintos países de la región durante
las décadas de 1960 y 1970. Sin lugar a dudas, cada uno de estos regímenes contó con características particulares, que dependieron de circunstancias socioculturales específicas (Davis 1995). A pesar de ello, creemos posible brindar un panorama general sobre sus rasgos. De esta manera, pretendemos comprender las principales razones que promovieron el silenciamiento y la distorsión de la historia del período. Asimismo, proponemos contextualizar los aportes que –desde hace algunos años– los arqueólogos intentan realizar a su entendimiento.
Las dictaduras latinoamericanas de 1960 y 1970 se encontraron especialmente lideradas por sectores militares. Estos últimos instauraron formas de gobierno características, usualmente conocidas como“juntas” (Feitlowitz 1999). Las juntas comprendieron comisiones integradas por diversos oficiales de las fuerzas armadas (ya sean de primera o segunda línea). Por lo general, los jefes de esas comisiones ejercieron funciones presidenciales. Una vez en el poder, los grupos militares instituyeron “leyes marciales”.
Éstas supusieron una serie de excepciones a la aplicación de las leyes ordinarias; es decir, al orden de cosas comúnmente establecido por la constitución.
En este contexto, las fuerzas militares contaron
con facultades extraordinarias para enfrentar “estados de emergencia” (situaciones en que las instituciones judiciales resultaban aparentemente incapaces de asegurar la paz y el bienestar de la nación).
De esta manera, los sectores en el poder se arrogaron el derecho de limitar y/o suspender las libertades civiles, dando lugar a juicios breves y castigos
severos.
Desde la Revolución Cubana de 1959, los movimientos de izquierda experimentaron un fuerte crecimiento en toda la región (Avelar 1999). Como señala Wright (2007), este desarrollo se manifestó en la creación y consolidación de grupos revolucionarios,
el aumento de las huelgas y manifestaciones, y el descontento y organización de los sectores campesinos y obreros. En algunos casos, los partidos de izquierda lograron alcanzar posiciones significativas en las elecciones democráticas. El gobierno populista de João Goulart en Brasil y el de Salvador Allende en Chile constituyen ejemplos de este proceso (Becker 2008).

En otras ocasiones, los movimientos de izquierda recurrieron a acciones militarizadas con el objetivo de desestabilizar los gobiernos de turno. De esta forma, se encontraron envueltos en acciones guerrilleras (Wright 2007). A pesar de su diversidad, las agrupaciones de izquierda en América Latina usualmente compartieron los fundamentos de la ideología marxista. En este sentido,destacaron las condiciones de desigualdad fomentadas por la economía capitalista y las posibilidades de construir una realidad social más justa.

Durante las décadas de 1960 y 1970, la mayor parte de los países de América Latina se transformó en regímenes dictatoriales. Entre éstos es necesario mencionar Argentina (1966-1973 y 1976-1983), Bolivia (1964-1982), Brasil (1964-1985), Chile(1973-1990),Ecuador (1963-1966), Honduras(1963-1971 y 1972-1982), Panamá (1968-1989), Perú (1968-1980) y Uruguay (1973-1985).

Mientras tanto, otros países contaron con gobiernos autoritarios que se remontaban a épocas anteriores.
La acción represiva de los gobiernos militares en América Latina se desarrolló en un contexto internacional dominado por la Guerra Fría (Acuña 2003); es decir, el enfrentamiento que –desde finales de la Segunda Guerra Mundial– se produjo entre dos sistemas de organización política, económica y social: el capitalismo (representado por los Estados Unidos de América) y el socialismo (representado por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Esta oposición se caracterizó por un estado de tensión permanente, sin una declaración formal de guerra.
Los Estados Unidos entendieron que el crecimiento de la izquierda en América Latina constituía una amenaza contra su seguridad nacional (Lernoux 1980). Por este motivo, decidieron apoyar la presencia de sectores militares que pudieran controlar los grupos que atentaban contra los fundamentos del sistema capitalista. Este apoyo se expresó en términos políticos, económicos y militares (lo que incluyó la prestación de servicios de inteligencia y la instrucción de los oficiales al mando).
Resulta posible identificar similitudes entre los mecanismos represivos utilizados por las dictaduras latinoamericanas durante el período de estudio. Muchas
de estas semejanzas permiten señalar la existencia de una estrategia concertada entre distintos países de la región (Acuña 2003). De acuerdo a la
información provista por algunos documentos desclasificados, en 1975 se implementó una campaña de represión política regional conocida como “Plan Cóndor” (McSherry 2002). Este programa de acción militar –que contó con el apoyo de los Estados Unidos–se desarrolló en el extremo sur del continente americano. Entre otros países, incorporó a Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Uruguay y Paraguay. En pocas palabras, el Plan Cóndor tuvo como objetivo generar acciones de inteligencia que permitieran perseguir y exterminar a los grupos opositores a las formas de gobierno implantadas.
Las dictaduras latinoamericanas experimentaron su desmoronamiento desde fines de la década de 1970. Este proceso se inició en Ecuador (1979), y se extendió a Perú (1980), Honduras (1981), Bolivia y El Salvador (1982), Argentina (1983), Brasil (1984 Guatemala y Uruguay (1985), Chile y Paraguay (1989), Nicaragua y Panamá (1990), entre otros países (Rico 1997).

En la mayor parte de los casos, la caída de los gobiernos militares no se encontró
asociada con procesos revolucionarios abruptos (Catterberg 1989). Por el contrario, se halló estrechamente vinculada con factores nacionales e internacionales de larga duración (Rico 1997).

Por un lado, hacia fines de 1970 los regímenes autoritarios experimentaron profundas crisis económicas, políticas y sociales como resultado de medidas implementadas en el pasado. Por otra parte, durante el mismo período comenzaron a sufrir las consecuencias de un contexto internacional adverso. En este sentido, el fin de la Guerra Fría dificultó que los sectores militares continuaran utilizando el temor al comunismo como principal justificación de su presencia.
Tras la caída de las dictaduras, los familiares de las víctimas y las organizaciones de derechos humanos contaron con la posibilidad de hacer oír sus protestas
sobre los excesos cometidos por los sectores militares.

Por primera vez, la mayor parte de los latinoamericanos sintió una creciente necesidad de conocer su historia política reciente. Este movimiento fue inicialmente impulsado por las investigaciones que intentaban reunir pruebas para procesar a los culpables de los actos represivos. Asimismo, fue proseguido por numerosos trabajos realizados por sobrevivientes e investigadores en ciencias sociales.

Desde la década de 1980, los arqueólogos comenzaron
a interesarse por el estudio de las consecuencias
de las dictaduras. En ese momento, los profesionales no sólo contaron con un mayor grado de libertad para llevar adelante sus trabajos; también
se vieron favorecidos por un escenario académico internacional que desafiaba las pretensiones científicas del positivismo. Los trabajos englobados bajo
el rótulo de “postprocesualismo” destacaron la importancia
de integrar la variabilidad cultural, la especificidad de los contextos locales, las voces de los sectores marginados y el compromiso político de los investigadores (Trigger 1990; Van Pool y Van
Pool 1999).

La discusión de la historia oficial de los gobiernos militares en América Latina presentó diversos resultados. En el ámbito judicial, los efectos obtenidos
fueron parciales. Si bien algunos miembros de las fuerzas armadas fueron enjuiciados, no siempre se pudo castigar a los oficiales de alto rango (Rico
1997). Conviene señalar que en la mayor parte de los países de la región la transición hacia la democracia fue pautada por los mismos gobiernos dictatoriales.
Ello permitió que los jefes militares se encontraran protegidos por sus múltiples conexiones con los nuevos sectores gobernantes. A pesar de estas circunstancias, las investigaciones sobre dictaduras en América Latina obtuvieron importantes logros a escala nacional e internacional. Estos trabajos no sólo desafiaron las historias sugeridas por el poder oficial. También desarrollaron un creciente proceso de concienciación sobre los riesgos de las dictaduras e influyeron en algunas de las cartas internacionales sobre derechos humanos que se encuentran vigentes en la actualidad (Wright 2007).
3. Arqueología de la represión en América Latina
Desde sus orígenes en la década de 1980, los proyectos sobre arqueología de la represión en América Latina comparten un compromiso político-social
con la búsqueda de la verdad. A pesar de ello, cada uno de estos trabajos articula diferentes intereses y objetivos específicos. A continuación, realizamos
un esfuerzo por sistematizar la diversidad identificada1
. Para ello proponemos agrupar los análisis efectuados según sus principales ejes de discusión.Entre éstos destacamos: 1) las reflexiones teóricas sobre arqueología de la represión, memoria y usos del pasado; 2) la recuperación e identificación de
restos de personas desaparecidas; 3) el estudio de centros clandestinos de detención; 4) el análisis de objetos asociados a la represión; 5) el estudio de casos
representativos.
3.1. Reflexiones teóricas sobre arqueología de
la represión, memoria y usos del pasado
Son varios los investigadores interesados en discutir las bases epistemológicas,conceptuales y metodológicas de la arqueología de la represión en
América Latina (Funari y Vieira de Oliveira 2006;
Haber 2006; López Mazz 2006). Algunos interrogantes planteados incluyen: ¿cuál es el objetivo de los trabajos desarrollados en el marco de una arqueología
de la represión? ¿De qué manera deben ser abordados los temas analizados? ¿Cuáles son los efectos de este tipo de estudios en el contexto académico y el contexto sociocultural más amplio?
¿Qué marcos teóricos pueden ser incorporados o desarrollados por los arqueólogos? ¿Cuáles son las particularidades de trabajar con los aspectos materiales de la represión?

Dentro de esta orientación, en los últimos años se han generado diferentes espacios de diálogo en congresos y jornadas.

El I y II Encuentro Internacional sobre el Análisis de la Prácticas Sociales Genocidas (Buenos Aires, 2003  y 2007),  el simposio Historias Desaparecidas (IV Reunión Internacional de Teoría Arqueológica en América del Sur, Catamarca, 2007) y la mesa Archaeology and the Failures of Modernity (World Archaeological Congress VI, Dublin, 2008) constituyen algunos ejemplos de ello.
Probablemente, uno de los primeros artículos que
propone generar una reflexión teórica sobre los estudios en arqueología de la represión sea Archaeology of the Desaparecidos (Bellelli y Tobin 1985).
Este trabajo fue escrito cuando se desarrollaron los primeros juicios a los militares responsables de cometer actos de represión en el contexto de la última
dictadura argentina. El principal objetivo de Bellelli y Tobin consistió en alentar a los arqueólogos a comprometerse políticamente con la búsqueda de la verdad. A partir de ello, los autores enfatizaron que la disciplina ofrecía las herramientas necesarias para colaborar en el esclarecimiento del secuestro y desaparición de miles de personas.
Siguiendo esta misma línea de discusión, diversos investigadores actualmente reflexionan sobre las formas en que la arqueología puede analizar las
consecuencias del terrorismo de estado, generando información sobre hechos que permanecieron largamente silenciados.

Algunos trabajos que plantean ideas interesantes son Una mirada arqueológica a
la represión política en Uruguay; 1971-1985 y Arqueología
de la Represión y la Resistencia en Amé-rica Latina (1960-1980.

En el primer caso, José María López Mazz (2006) considera las particularidades que caracterizan el registro arqueológico de la violencia política y sus diversas formas de resistencia.
En el segundo, Pedro Funari y Andrés Zarankin (2006) definen la “arqueología de la represión” como un área de estudios especialmente orientada a desafiar la historia oficial de las acciones represivas mediante el análisis de materialidades.

De esta manera,los autores plantean que las investigaciones desarrolladas por esta perspectiva comúnmente se encuentran asociadas con el estudio
cada de 1990. A lo largo de su desarrollo, este proyecto encontró diferentes obstáculos que impidieron finalizarlo. Entre otros factores, los autores consideran
que la continuidad de funcionarios de la dictadura durante los gobiernos democráticos comúnmente limitó la viabilidad de este tipo de estudios.
Mientras tanto, en “Tortura, verdad, represión, Arqueología”
Alejandro Haber (2006) establece una desafiante comparación simbólica entre las representaciones de la conquista europea de América en
el siglo XVI y las dictaduras militares del continente en el siglo XX. En este sentido, señala que el establecimiento de “regímenes de verdad” en arqueología comúnmente condicionó (y aún condiciona) las miradas sobre el exterminio de miles de personas.
3.2. Recuperación e identificación de restos de personas asesinadas
Sin lugar a dudas, la “desaparición de personas” fue una de las fórmulas más siniestras empleadas por las dictaduras latinoamericanas para eliminar asus opositores. Por lo general, implicó el secuestro de las víctimas mediante la actuación de grupos paramilitares que funcionaron como organizaciones
clandestinas del estado. En este contexto, el destino final de las personas usualmente permaneció desconocido por sus allegados y el resto de la sociedad.
Según María Celeste Perosino (2007), la desaparición supuso un estado de “detención indefinida”;una especie de suspensión entre la vida y la muerte
que logró prolongarse más allá de la duración de las dictaduras.

A partir de ello, creemos posible afirmar que los mecanismos represivos constituyeron estrategias fundamentadas en la desinformación. Éstas no sólo buscaron negar la existencia de los secuestros y asesinatos, dejando a la población sin capacidad de reacción. También intentaron garantizar la impunidad de los perpetradores, manteniéndolos alejados de las acusaciones que se pudieran efectuar en su contra.
Fueron necesarios varios años para que la sociedad descubriera que la mayor parte de los desaparecidos fueron asesinados, y sus cuerpos terminaron destruidos o escondidos en distintas localizaciones.
En el caso argentino, el General Videla (primer presidente de la Junta Militar que gobernó el país durante la última dictadura) intentó justificar la desaparición
de personas de la siguiente manera:

“No,no se podía fusilar. Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina, cambiante,
traicionera, no se hubiera bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil, 10 mil, 30 mil. No había otra manera. Había que desaparecerlos. Es lo que enseñaban los manuales
de la represión en Argelia, en Vietnam. Estuvimos todos de acuerdo. ¿Dar a conocer dónde están los restos? Pero ¿qué es lo que podíamos señalar? ¿El mar, el Río de la Plata, el Riachuelo? Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas. Pero luego se planteó: si se dan por muertos, enseguida vienen las preguntas que no se pueden responder: quién  mató, dónde, cómo” (Seoane 2001: 215).

En América Latina, los regímenes dictatoriales hicieron desaparecer a miles de personas de todas las edades y ocupaciones (ver figura 1). Ni vivos ni
muertos, los desaparecidos fueron personas cuyas historias de vida fueron interrumpidas por las circunstancias que rodearon el secuestro y detención
(Funari y Zarankin 2006). Como mencionamos anteriormente, la arqueología puede ayudar a recuperar y reconstruir su memoria. ¿Qué pasó con las víctimas? ¿Dónde están? Éstas son algunas de las preguntas que distintos grupos de antropólogos forenses están intentando resolver en la actualidad. Desde 1984, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) desarrolla tareas interdisciplinarias con el objetivo de detectar, exhumar e identificar los cuerpos de cientos de personas definidas como “NN” (es decir, individuos sin “ningún nombre” o identidad conocida). Este trabajo lo transformó en uno de los equipos de antropología forense más reconocidos a nivel mundial (EAAF 1991, 1992, 1993; Doretti y Fondebrider 2001) (Tabla 1).
Las tareas del EAAF se iniciaron con el retorno de la democracia a la Argentina. En 1983, varios organismos de derechos humanos –que contaban con cierto apoyo del gobierno estatal– decidieron investigar cuál fue el destino de las personas desaparecidas durante la última dictadura. Fue así que las Madres de Plaza de Mayo invitaron al país a distintos especialistas con el propósito de que colaborarán en la búsqueda de las víctimas. Entre otros profesionales,resulta importante mencionar la presencia de Clyde Snow (uno de los antropólogos forenses de mayor prestigio en el mundo). A lo largo de su carrera, Snow había logrado desarrollar una serie de
procedimientos para “leer” diversos tipos de datos contenidos en los esqueletos. Éstos constituían herramientas útiles para identificar los restos de personas con fines judiciales (Segura 2005). Teniendo en cuenta estas técnicas, Snow decidió entrenar a un pequeño grupo de estudiantes y jóvenes graduados en arqueología que finalmente conformaron el EAAF.
Desde sus orígenes, los estudios desarrollados por el EAAF permitieron conocer las estrategias represivas utilizadas por gobiernos autoritarios de Argentina,y otros países de América Latina y el mundo.
En el caso argentino, los primeros trabajos consistieron en excavar tumbas de NN, donde se constató la existencia de individuos con signos de tortura y asesinato (muchas veces enterrados en fosas comunes). La evidencia sobre las circunstancias que rodearon la muerte de las personas se utilizó frecuentemente en juicios contra los responsables de los crímenes. Asimismo, muchos restos fueron y aún continúan siendo identificados y devueltos a los familiares. En este sentido, vale la pena señalar que
desde el año 2007 el EAAF ha puesto en marcha la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas. Este proyecto tiene el objetivo de aumentar la identificación de individuos mediante la recolección de muestras de ADN (sangre de familiares y restos óseos de las víctimas) que serán comparadas de forma masiva (EAAF 2008).
Siguiendo el ejemplo del EAAF, muchos países latinoamericanos incluyeron en sus equipos médico-legales la presencia de antropólogos forenses. En el año 2003, se creó la Asociación Latinoamericana de Antropología Forense (ALAF 2007).

Esta organización contribuyó a la consolidación de este campo de estudio en la región. Existen diversos investigadores y equipos de trabajo que actualmente desarrollan actividades de antropología forense en América Latina. En Guatemala, la Fundación de Antropología Forense investiga los asesinatos cometidos por las fuerzas represivas durante el conflicto armado que enfrentó al país en las últimas décadas (Suasnávar y Moller 1999).

En el caso de Chile, Iván Cáceres analiza la destrucción de enterramientos clandestinos por parte de los militares como forma de ocultar los actos desarrollados durante la dictadura (Cáceres 1992, 2004; Carrasco et
al. 2003, 2004).

Por su parte, José Vicente Rodríguez Cuenca (2004) realiza un estudio sobre la matanza ocurrida en 1985 en el Palacio de Justicia de Colombia. Asimismo, un equipo dirigido por José María López Mazz (2006, 2007) efectúa exploraciones en diversos cuarteles militares uruguayos con el objetivo de identificar fosas clandestinas.

Además de los grupos de trabajo mencionados, equipos peruanos, nicaragüenses y de otras nacionalidades se encuentran interesados en el estudio de los actos genocidas producidos por el terrorismo de estado.
3.2.1. Estudios de Centros Clandestinos de Detención
La desaparición de personas durante los gobiernos dictatoriales generalmente estuvo asociada a otro dispositivo represivo: los “Centros Clandestinos de Detención” (CCD). Estos campos de concentración actuaron como prisiones donde los secuestrados
eran mantenidos en cautiverio por días, meses e incluso años. Los CCD constituyeron espacios donde se interrogaba a las personas de forma sistemática mediante el empleo de procedimientos de tortura.
Sin lugar a dudas, su carácter clandestino los convirtió
en una especie de “no-lugares”, lo cual significó que su existencia no fue oficialmente reconocida por las autoridades gubernamentales (Zarankin y
Niro 2006).

Frente a estas circunstancias, los represores pudieron decidir de forma completamente libre el destino de quienes se encontraban en su interior.
Los CCD buscaron destruir la identidad de los detenidos. La privación de la visión, la limitación del movimiento, la aplicación de torturas, la falta de alimentos, las condiciones climáticas extremas, laprohibición de la comunicación y la sustitución de
los nombres por códigos constituyeron algunos delos dispositivos empleados en estos espacios. Éstos tuvieron como principal centro de atención la corporalidad y subjetividad de los secuestrados, transformándolos en “desaparecidos”. Los CCD representaron un nuevo modelo punitivo, construido a partir de elementos de diversos sistemas represivos (tanto modernos como antiguos).

Tal vez por las dimensiones de violencia que asumió el terrorismo de estado (y el carácter de laboratorio que los Estados Unidos otorgaron al país con el objetivo de contener el avance de las ideologías de izquierda), Argentina fue uno de los casos donde existió una mayor cantidad de CCD. Según informes de organismos de derechos humanos, entre 1976 y 1983 hubo más de 550 centros, por los que pasaron aproximadamente 30.000 personas. Estas circunstancias finalmente
dieron lugar al nacimiento de varios proyectos arqueológicos interesados en excavar estos sitios.
Uno de los principales proyectos de excavación de un CCD en Argentina fue el del “Club Atlético”, cuyo plan de trabajo se inició en 2002 con el auspicio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (Weissel 2002).

Una de las particularidades de este proyecto fue que la dirección de las tareas se encontró  a cargo de una Comisión compuesta por representantes
de organizaciones de derechos humanos,el gobierno de la ciudad, familiares de desaparecidos, sobrevivientes del centro y diversos profesionales
(ingenieros, arquitectos y arqueólogos). Por lo tanto, las propuestas de los arqueólogos sólo representaron una perspectiva entre otras posibles.
Frente a estas circunstancias, sus ideas debieron ser continuamente consensuadas en el marco de la comisión.
En el año 2003, parte de los objetivos y la metodología de trabajo fueron modificados como consecuencia de una nueva convocatoria (Bianchi Villelli y Zarankin 2003a, 2003b). Las metas del proyecto se reordenaron en función de dos ejes diferentes:
por un lado, generar un estudio sobre la arquitectura y la organización espacial del CCD; por otra parte, construir una memoria material sobre la represión del período (Zarankin y Niro 2006).
Dentro de esta línea de estudio, podemos destacar las tareas realizadas en Mansión Seré o Atila (un CCD localizado en el municipio de Morón, en la provincia de Buenos Aires). En el año 2000, un grupo de estudiantes de la Universidad de Buenos Aires
inició un proyecto de excavación que se transformó en el primer trabajo de su tipo en Argentina. Las actividades se centraron en la reconstrucción de la memoria del lugar, para lo que se conjugaron testimonios de vecinos y sobrevivientes con evidencias materiales recuperadas durante las excavaciones (Bozzuto
et al. 2004). Otras investigaciones que están desarrollándose
desde hace algunos años incluyen el “Pozo de Rosario” en Santa Fe (Bianchi et al. 2008) y el “Pozo de Vargas” en Tucumán. Los resultados de los trabajos presentados en este apartado permiten comprender los aspectos funcionales y simbólicos de los CCD,definiéndolos como instrumentos fundamentales
de los sistemas represivos de Argentina y América Latina.
3.2.2. Análisis de objetos asociados a la represión
El estudio de la materialidad de los mecanismos represivos no sólo depende de la posibilidad de analizar el espacio construido de los CCD. Dentro y fuera de esos lugares, también se pusieron en juego diversas expresiones de la cultura material que desarrollaron un lugar preponderante en los procesos de dominación y resistencia de las personas. Uno de los trabajos que se enmarca en esta línea de estudios es “Algo Habrán Hecho…” La Construcción de la Categoría “Subversivo” y los Procesos de Remodelación de Identidades a través del Cuerpo y el Vestido (Argentina, 1976-1983). En este caso, Melisa Salerno (2007) utiliza documentos oficiales para
comprender las formas en que el vestido y la apariencia de los sectores perseguidos pudieron ser utilizados por los regímenes militares para construir y estigmatizar la categoría “subversivo”.

Desde esta misma perspectiva, la autora analiza testimonios de sobrevivientes y restos de vestimenta recuperados en diversas exhumaciones conducidas por el EAAF con el objetivo de discutir los mecanismos represivos empleados por el estado para destruir la categoría “subversivo” que anteriormente había elaborado.
Teniendo en cuenta estas ideas, Salerno señala que las transformaciones en la apariencia de las personas durante su cautiverio y muerte (principalmente mediante el desnudo, la tortura y los cambios de vestido) contribuyeron al desdibujamiento de sus identidades y la construcción de su condición de “desaparecidos”.
Siguiendo esta línea de análisis de la cultura material, otros trabajos se han interesado por discutir las particularidades de los procesos de resistencia.
En Rayando tras los Muros: Graffiti e Imaginario Político-Simbólico en el Cuartel San Carlos (Caracas, Venezuela), Rodrigo Navarrete y Ana María López (2006) interpretan el imaginario carcelario a partir del análisis de graffitis y otras expresiones figurativas
y textuales localizadas en los recintos del Cuartel San Carlos. Para los autores, estas “manifestaciones parietales” representan formas alternativas mediante las cuales los prisioneros intentaron reinventar la realidad en que se encontraban inmersos.
Por su parte, en Una mirada arqueológica a larepresión política en Uruguay; 1971-1985 José María López Mazz (2006) plantea la posibilidad de discutir situaciones de resistencia entre los presos políticos de la última dictadura militar uruguaya. Desde
este enfoque, su estudio propone abordar la materialidad de las situaciones de fuga o de pequeñas conductas cotidianas (como la construcción de juguetes) que permitieron escapar a la violencia impuesta por las fuerzas de la represión.

3.2.3. Estudio de casos significativos
Muchas veces, los proyectos que tienen más difusión en los medios de comunicación corresponden con lo que hemos denominado “casos de estudio emblemáticos”. Éstos dependen del interés que despiertan ciertos personajes y eventos históricos directamente vinculados con la actuación de las fuerzas represivas en la región. Sin lugar a dudas, el proyecto que ganó mayor notoriedad en los últimos años fue el de la búsqueda de los restos del Che Guevara.
En 1997, el arqueólogo cubano Roberto Rodrí- guez Suárez (junto con un equipo compuesto por investigadores de diversos países) localizó y recuperó los restos del líder revolucionario en Bolivia (Rodríguez Suárez 2006). En este caso, el éxito del proyecto
radicó en la utilización de una metodología específica que involucró técnicas analíticas propias de la antropología forense y la arqueología.
En el caso de México, Patricia Fournier y José Martínez Herrera (2006) discutieron los sucesos ocurridos en 1969 cuando el gobierno desencadenó la represión de una manifestación estudiantil pacífica que se desarrollaba en la Plaza de las Tres Culturas.
Según se sabe, en esa ocasión cientos de estudiantes y personas comunes fueron masacradas por el aparato represivo del estado. Después de 40 años,
no se ha terminado de esclarecer lo sucedido, los cuerpos de muchas víctimas continúan desaparecidos y los culpables no han sido castigados. Patricia Fournier y José Martínez Herrera consideran que dentro de este panorama la arqueología se transforma en una herramienta privilegiada “para la recuperación
de la memoria”. En este sentido, la disciplina no sólo puede develar lo que realmente ocurrió en la Plaza de las Tres Culturas, sino que también puede contribuir a localizar los muertos y desparecidos en el evento.
4. Palabras finales
Durante décadas, la arqueología latinoamericana se mantuvo alejada del análisis de la represión, las dictaduras y sus consecuencias, e incluso cerró los
ojos ante estos fenómenos. Sólo a partir del retorno de la democracia, nuevas generaciones de arqueólogos comenzaron a interesarse por este campo de estudio. Sin embargo, en la mayor parte de los casos los trabajos se realizaron de forma aislada. Ello se debió a diversos factores. Por un lado, los sectores asociados a las dictaduras extendieron su poder (o incluso lo aumentaron) durante los gobiernos democráticos,
obstaculizando parte de las investigaciones sobre este tema. Por otra parte, diversos arqueólogos se mostraron reticentes a participar en proyectos interesados en el estudio de la represión, ya sea por encontrarse afectados por el recuerdo de la
persecución ideológica o por haber participado directamente en ella. Por último, los ideales positivistas de una arqueología científica y neutral impidieron el desarrollo de cualquier forma de compromiso político por parte de diversos profesionales del área.
Si bien los trabajos en arqueología de la represión continúan siendo minoritarios, el panorama anteriormente descrito ha comenzado a transformarse.
En líneas generales, la arqueología no sólo ha contribuido a comprender el funcionamiento de los sistemas que hacen desaparecer a las personas. También ha colaborado con la construcción de una memoria material del genocidio. El desarrollo de nuevos espacios de producción científica en América Latina ha permitido generar un diálogo fructífero entre los profesionales, demostrando las semejanzas y diferencias de los procesos represivos en distintos países de la región. Asimismo, estos espacios de trabajo han abierto la posibilidad de sistematizar un conjunto de estudios que anteriormente se presentaba como fragmentario y desarticulado. Actualmente, el desafío es asegurar la continuidad de los trabajos y fomentar la creación de nuevas investigaciones.
En síntesis, la arqueología latinoamericana cada vez se encuentra más comprometida con las causas sociales. Desde esta perspectiva, se halla dispuesta a asumir la responsabilidad de investigar los sucesos ocurridos durante las dictaduras. A pesar de los intentos de ocultamiento y distorsión de quienes participaron en los gobiernos autoritarios, los resultados obtenidos permiten ser optimistas y confiar en que se puede contar otra historia.

AGRADECIMIENTOS
Agradecemos a María Celeste Perosino por sus contribuciones con la bibliografía sobre los antecedentes históricos de la represión en el Cono Sur. A Alfredo González Ruibal por invitarnos a participar en este volumen.
NOTA
1. Los ejemplos mencionados tan sólo constituyen una muestra parcial y fueron seleccionados en función de casos conocidos por los autores.
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El investigador en la sociedad digitalizada. Nuevas etnografías y ciberespacio: reformulaciones metodológicas.

CULTURA & POLÍTICA @ CIBERESPACIO
1er Congreso ONLINE del Observatorio para la CiberSociedad

En septiembre de 2002 el Observatorio para la CiberSociedad celebró su primer Congreso ONLINE bajo el título «Cultura & Política @ CiberEspacio».
Comunicaciones – Grupo 10
El investigador en la sociedad digitalizada
Coordinación: Jordi Colobrans (jcolo97@lix.intercom.es)
http://cibersociedad.rediris.es/congreso
Nuevas etnografías y ciberespacio:
reformulaciones metodológicas.
Anastasia Téllez Infantes
Universidad Miguel Hernández, Elche
nasta70@hotmail.com y atellez@umh.es
Resumen
En esta comunicación nos planteamos cómo hacer antropología en, sobre y a través del ciberespacio y la necesaria adaptación metodológica de la investigación etnográfica. Y ello, porque defendemos que las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (N.T.I.C.) y en especial Internet, se constituyen en técnicas de investigación. En segundo lugar, este contexto ciberespacial es un campo de estudio donde podemos analizar la interacción de los individuos o informantes cibernautas y la creación de una denominada “cibercultura” en la Red. Y, por último, otro ineludible tema de análisis antropológico son las repercusiones y transformaciones socioculturales que estas N.T.I.C. y este nuevo “mundo virtual” están generando en el “mundo real” de algunos usuarios.
Abstract
In this paper we think about how make anthropology in,about and through the ciberspace and the necessary methodological adaptation of the investigation. And it, because we defend that the New Technologies of the Information and the Communication (N.T.I.C.) and especially Internet, they are constituted in technical of investigation. In second place, this context is a study field where we can analyze the interaction of the people or informants and the creation of a denominated «ciberculture» in the Net. And, lastly, other unavoidable topic of anthropological analysis is the repercussions and social transformations that these N.T.I.C. and this new virtual world is generating in the real world of some users.
Palabras claves
Metodología etnográfica, Nuevas Tecnologías, Internet, investigación antropológica, realidad virtual, ciberantropología, ciberespacio.

Introducción
En esta comunicación nos planteamos cómo hacer antropología en, sobre y a través del ciberespacio y la necesaria adaptación metodológica de la investigación etnográfica. Y ello, porque, en primer lugar, defendemos que las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (N.T.I.C.) y en especial Internet, se constituyen en herramientas o técnicas de trabajo en la investigación, tanto en el proceso etnográfico (recogida de datos y organización de la información) como el producto etnográfico (la presentación y difusión de los resultados). En segundo lugar, este contexto ciberespacial es un campo de estudio donde podemos analizar la interacción de los indivíduos o informantes cibernautas y la creación de una denominada “cibercultura” en la Red. Y, por último, consideramos que otro ineludible tema de análisis son las repercusiones y transformaciones socioculturales que estas N.T.I.C. y este nuevo “mundo virtual” están generando en el “mundo real” de algunos usuarios.
Por ello, vamos a discutir la forma en que podemos realizar lo que se viene denominando etnografía de la cibercultura, para profundizar en el nuevo terreno que se abre para los antropólogos en Internet, centrando el debate en la cuestión de si el clásico método etnográfico es válido para el estudio de las relaciones sociales y la cultura a través de la World Web Wide (WEB).

Nos detendremos pues en cuestionar si las herramientas conceptuales que usamos en el trabajo etnográfico del mundo real pueden utilizarse en este nuevo escenario virtual.
Como apunta Picciolo (1998) “la Antropología puede aportar algo al estudio de un espacio nuevo, donde se están generando nuevas reglas y donde por primera vez hay un contacto multiétnico generalizado. Ese espacio nuevo no se ubica en ninguna parte y genera sus propias reglas”.

Por un lado, las propias observaciones del investigador pueden considerarse como un hecho etnográfico al igual que las acciones y el discurso de los informantes en el ciberespacio. Por otra parte, nuestra disciplina tiene mucho que decir “acerca de los ritos de pasaje por los que discurre un internauta antes y después de una inmersión en la realidad virtual; así como el hecho de que la red internet permite un permanente y generalizado intercambio de distintas visiones del mundo” (Picciuolo, 1998).
Si pretendemos cuestionar la investigación antropológica en el contexto de Internet y las N.T.I.C. en general, se hace preciso admitir lo complejo y difícil que a priori resulta delimitar el objeto de estudio y las particularidades que conlleva. Y esta necesidad de replanteamiento metodológico no sólo ocurre en nuestra disciplina, sino en general en todas las Ciencias Sociales.
Como señala Mayans (2002, e.p.) “el estudio de las formas y manifestaciones de la tele-presencia es un área de trabajo pertinente para los etnógrafos de lo cibersocial, puesto que en estas formas y manifestaciones se va a descubrir la materia prima de las relaciones sociales trenzadas a través de las comunicaciones mediadas por ordenador”.
Aunque aún nos falta la perspectiva histórica y el paso de algunos años para poder evaluar el fenómeno de cambio sociocultural que las N.T.I.C están produciendo en el mundo (occidental) ello no es óbice para mantener la ensimismada postura y la hasta hoy no merecida importancia que tales fenómenos culturales tienen para el gremio antropológico.*
Individuos y comunidades enteras están fijando su atención en una realidad distinta de la que consensuamos como tradicional. Una realidad donde el espacio físico deja de tener importancia, donde ciertas decisiones son tomadas con ayuda de la función random, donde la imagen corporal no es -a priori- necesaria para las relaciones sociales… “Nos estamos refiriendo a la creación y actualización permanente que requiere mantener en funcionamiento lo que la cibernética llama Isomorfismo de los Modelos de Representación de la Realidad y comunmente es conocido como Realidad Virtual” (Picciuolo, 1998).
En opinión de Faura (1998) “la telefonía móvil, la sofisticación de los sistemas de información y, como factor más espectacular, la aparición de las grandes redes informáticas y la nueva cultura que éstas han creado, la cibercultura, son campos abonados para la investigación de la antropología, campos que por todo lo que representan actualmente merecen tener un papel importante dentro de nuestra disciplina”. Así pues, opinamos que la antropología cuenta con las herramientas teóricas y metodológicas apropiadas para la comprensión de los revolucionarios escenarios que plantea, como ciencia de la diversidad y de las comunicaciones, las profundas transformaciones que conllevan las N.T.I.C. y la cibernética en general.
La cibercultura y el ciberespacio
Plantearnos investigar etnográficamente en y través de Internet nos induce en primer lugar, a la delimitación de nuestro marco conceptual y objeto de estudio, y ello nos obliga a definir algunos nuevos conceptos tales como cibercultura, ciberespacio y ciberantropología, en busca del estudio de la “ciberotredad”.
Autores como Downey, Dumit y Williams (1995) definieron la ciberantropología como la antropología cultural de la ciencia y la tecnología. Los antropólogos cuando se hace referencia a las nuevas tecnologías, y más concretamente cuando hablan de estudiar el fenómeno del ciberespacio, suelen tender a analizar el impacto que éste nuevo fenómeno tecnológico está produciendo sobre las diversas y variadas culturas en que está inmerso el ser humano (Faura, 2000). Aunque en nuestra opinión la ciberantropología abarcaría muchos más aspectos.
Fue en la conferencia anual de la American Anthropological Association de 1992, donde se reconoció académicamente los conceptos de cibercultura y ciberespacio y se caracterizó a la ciberantropología como la rama que estudia las relaciones entre los humanos y las máquinas en un contexto histórico en que las N.T.I.C. se transforman en agentes de producción social y cultural de tal magnitud, como para que el eje mismo de los procesos de acumulación se articule ya sobre la información y la sociedad post-industrial se identifique con una sociedad del conocimiento (Hauser, 2000). En esta conferencia se definió la ciberantropología (cybor anthropology) como el «estudio etnográfico de las relaciones entre los humanos y las máquinas en este final del siglo XX en el que las nuevas tecnologías sirven como agentes de producción social y cultural» (Faura, 1998).
Por su parte, en la reunión de la American Anthropological Association del año 1995 “ya se constató un crecimiento de este tipo de estudios y una reorientación en la dirección de investigar las comunidades electrónicas desde el punto de vista de los contextos donde las tecnologías del ordenador se desarrollan, la interacción entre los diseñadores y los usuarios y las comunidades que resultan de esta interacción, a veces imaginadas e inventadas, pero capaces de crear nuevas identidades, los cyborgs, y los vecinos electrónicos que pueden vivir en regiones y comunidades físicas y virtuales” (Faura, 1998)

La investigación etnográfica se centraría, entre otras cosas, en los entornos sociales y las relaciones sociales que sus informantes, usuarios, establecen a través de Internet. Al respecto, diversos autores sostienen que hay que tener presente el mundo real de quienes estudiamos en el mundo virtual, es decir, el contexto cultural de los usuarios de Internet que analizamos en nuestra investigación, pues las fronteras entre ambos mundos está difuminada e interconectada. El mundo virtual es un mundo de flujos e interconexiones, de tiempo encriptado e intermitente, de “no lugares” ciberespaciales y de “lugares con identidad propia” a modo de contextos de sociabilidad formal e informal. En este mundo virtual el etnógrafo debe saber sumergirse con empatía entre sus informantes, presentarse siguiendo los códigos de conducta establecidos, dominando el mundo simbólico y por supuesto el lenguaje propio.
A la hora de definir la cultura que el antropólogo analiza a través y en la WEB, la denominada cibercultura, hay que, por un lado, acotar la comunidad de estudio, y por otro, entender el ciberespacio como unidad de observación tempo-espacial diferente.
Refiriéndonos al espacio “no podemos decir que sea distinto, por la sencilla razón de que en la inmersión no existe el espacio. Uno nunca sabe si esta visitando una WEB en su mismo pueblo o en las antípodas. Para el cibernauta el espacio es un tema irrelevante. Aunque siendo algo tan importante en el mundo real (sin espacio físico no habría mundo real) sería interesante investigar qué rituales devuelven al internauta su control del espacio físico” (Picciuolo, 1998). Igualmente deberemos investigar cómo el espacio virtual puede generar acciones en el mundo real, como por ejemplo la huelga de usuarios antiglobalización contra algunas “cumbres internacionales” o la de cibernautas contra grandes empresas de telefonía, o los encuentros «cara a cara» entre personas que se conocieron en la red.
En cuanto al tiempo cuando el etnógrafo está navegando-investigando en el ciberespacio, cambia sustancialmente la configuración de la atención, puesto que en el ciberespacio el tiempo parece que transcurre a una velocidad distinta que en el mundo real (Picciuolo, 1998).
En este ciberespacio el antropólogo encuentra “otros distantes” y “otros cercanos” al mismo tiempo y de forma entrelazada, siendo la mayoría de ellos sujetos de contextos “urbanos” y “occidentales”.
En palabras de Hauser (2000) “los flujos sociales contemporáneos, basados en circuitos de impulsos electrónicos y nódulos de sistemas tecnológicos interconectados que soportan relaciones humanas, son ya un producto de la cultura cibernética, que asume la turbulencia como campo de acción, a la vez que han generado la “tercera ola de la cibernética”, caracterizada por los fenómenos de “emergencia” y están históricamente determinados por el nacimiento y desarrollo de las redes humanas con soporte tecnológico, es decir, por las nuevas tecnologías de información y comunicación”. Nuevas redes en Internet e interacciones sociales que se sustentan en nuevos códigos y lenguajes que el antropólogo debe conocer en su investigación, nos referimos principalmente a los iconos, puesto que son los símbolo más utilizados en la WEB. Puesto que la iconografía es uno de los factores más determinantes dentro del ciberespacio, y esta iconografía ayuda a unificar a la llamada cibercultura pues todos conocen perfectamente el significado de cada uno de sus símbolos. También podemos citar el caso de los denominados emoticons o símbolos utilizados por los internautas para expresar su estado de ánimo en momentos y entornos en que se produce una relación más directa entre interlocutores, como es el caso del correo electrónico y de los denominados chats o conversaciones en tiempo real (Faura, 2000).

Junto al conocimiento del lenguaje de la red el antropólogo debe conocer los valores y las representaciones ideológicas principales del entorno ciberespacial en el que investiga. Así necesitará saber cuáles son los “valores centrales” dentro del ciberespacio, entre los que algunos estudiosos destacan como claves el individualismo, la iniciativa y la igualdad de oportunidades (Faura, 2000). Valores y comportamientos compartidos por muchos cibernautas a quienes se les considera que han desarrollado una “nueva cultura” en Internet, la denominada “nueva ideología californiana”.
Por otra parte, la existencia de esta sociabilidad en la WEB sólo es factible por determinados acuerdos sociales entre los usuarios que hacen posible que la realidad virtual y el mundo real se relacionen. Los acuerdos son la interface entre el mundo real y el ciberespacio. Así, es la intención de los usuarios, antes, y después, lo que permite la interrelación entre el ciberespacio y el mundo real y para que este triángulo funcione se están poniendo en juego no sólo protocolos de comunicación sino también contactos económicos e interculturales (Picciuolo, 1998).
Como destacan algunos autores (Hauser, 2000) en los últimos años se han realizado estudios sobre la interacción real o virtual entre diseñadores, usuarios y comunidades y se han llevado a cabo investigaciones aplicadas de corte etnográfico, en el marco preferente de alianzas estratégicas con la industria para comprender y orientar los comportamientos, expectativas y consumo de los actores. Pero aún queda mucho por hacer y debatir desde nuestra disciplina.
El trabajo de campo en la web
Consideramos que el trabajo de campo en la WEB, o lo que se suele llamar etnografía online o del “mundo virtual” presenta características muy diferentes al trabajo de campo en las tradicionales etnografías del “mundo real”.
Por un lado, para realizar el trabajo de campo en el ciberespacio se hace imprescindible tejer una red de informantes sin enredarse en ella, donde el investigador tiene que poner en juego contínuamente el compromiso y la negociación con ellos, lidiando con la subjetividad y la intersubjetividad. Y la inmersión en el campo se realiza a través de la interactuación y la socialización con los sujetos seleccionados en la WEB.
Como afirma Velasco (2002) “(…) el trabajo de campo es la situación necesaria para que el investigador sea copartícipe de las experiencias de los otros, coparticipación que es más la razón de ser del trabajo de campo como experiencia. La coparticipación se logra introduciéndose en los circuitos de la comunicación y enmarañándose en las redes sociales de los otros”. Redes sociales en las que tanto el antropólogo como sus informantes desempeñan determinados roles, que en numerosas ocasiones varían según el contexto en el que interactúen y la intencionalidad que se posea en ese momento y en ese espacio (un canal concreto de Internet Relay Chat [IRC], un mailing list, un foro de discusión, una freenet, etc.). Redes, que en el ciberespacio se difuminan y crean y recrean en un continuo proceso donde los factores que el investigador controla son aún más impredecibles que los que usualmente intenta manejar en el mundo no virtual.
Mucho se ha discutido en la última década sobre la interferencia del investigador en el contexto interlocutorio, en la escena que analiza, en la realidad en la que se introduce en su investigación. En nuestro caso, el antropólogo se sumerge en el ciberespacio del mismo modo que lo hacen sus informantes, necesitando obviamente un proceso de socialización que a partir del extrañamiento y la empatía le posibilite aprehender los fenómenos culturales que investiga. De esta forma se convierte en un sujeto interactuante con el contexto de estudio y con las personas que analiza. Y su presencia modela e interfiere esa propia realidad virtual desde el momento que aparece en las pantallas de sus informantes usuarios de la red, se presenta en sus foros de discusión o participa en un canal de chat de IRC. Porque puede introducirse a través de un servidor y “navegar” o “surfear” por todos los sitios WEB, donde encontrará miles de usuarios, potenciales informantes, para quienes ese espacio virtual se convierte en pauta cultural y contexto de interacción social.
Como en todo trabajo de campo uno de los aspectos que debe saber evitar el antropólogo es no convertirse en “nativo cibernético”, y si lo hace, al menos ser consciente de ello y procurar un proceso de distanciamiento que le permita volver a recuperar su capacidad de extrañamiento y objetividad.
Cuando los sujetos-objeto de estudio están en el ciberespacio la distancia entre investigador e informantes se transforma; ahora el pretender alejar lo cercano y acercar lo lejano se difumina con contornos tempo-espaciales distintos, aunque la aspiración al relativismo cultural siempre debe estar presente. Por ejemplo, al participar en un chat el antropólogo debe conocer los códigos de comunicación, las expresiones, juegos de palabras, y símbolos escritos a través de los cuales los informantes se comunican. Es por ello, por lo que se hace preciso, por ejemplo, al entrar en un canal de chat conocer los rituales de saludo, de reconocimiento, de despedida y el cómo concertar una cita o “quedada” en el “mundo real”.
Otro de los elementos a los que debe enfrentarse el investigador al realizar su etnografía en Internet es el no control de muchas variables tales como: la propia presencia de los informantes que busca, el “lugar virtual” donde se encuentra, el tiempo que va a permanecer conectado a la red, etc. Es decir, en su trabajo de campo el etnógrafo debe considerar una serie de casuísticas que no puede dominar. Debe admitir su incapacidad para controlar la relación interlocutoria con sus informantes, al igual que le ocurre en el “mundo real”.
A su vez, existen nuevas estrategias de investigación en la WEB que nos posibilitan analizar las trayectorias de nuestros informantes, los vínculos y portales a los que acuden, los canales de chat que frecuentan, el cómo, cuándo y para qué, los protocolos particulares y comunes que utiliza, etc.
Por otra parte, el antropólogo puede participar en conferencias internacionales en contextos virtuales del ciberespacio, creando debates y recogiendo experiencias de sus informantes, independientemente del lugar físico donde se encuentren. Como afirma Hauser (2000) “la comunicación a distancia teniendo un claro sustento en la dimensión espacial y siendo ésta precisamente el ámbito de su definición, no ha incorporado de la misma manera una reflexión sobre el factor temporal que conlleva”. Además, ahora el etnógrafo gracias al soporte tecnológico tiene acceso inmediato, casi instantáneo, a grandes cantidades de datos desde cualquier lugar y en cualquier momento.
De otro lado, en el ciberespacio las relaciones que se establecen son diferentes a las del “mundo real” pues “los individuos se ven agrupados por intereses comunes o temáticas, concentrándose alrededor de forums o grupos de discusión, sin tener en cuenta cualquier otro condicionante social, siempre que estos no se antepongan a los intereses del grupo en cuestión. Desde un primer momento, el proceso globalizador queda totalmente patente y más si lo comparamos con los diferentes niveles de relación que se establecen en la vida cotidiana. Todos formamos parte de un entorno cultural y dentro de él desarrollamos uno o más roles que configuran nuestra vida” (Faura, 1998). Roles que en muchas ocasiones se esconden tras el anonimato que posibilita Internet y que nos enfrenta a una forma de interrelación y sociabilidad anónima, donde los sujetos pueden recrear su propia identidad.
Refiriéndonos al anonimato que permite la interacción social en Internet, y las condiciones de privacidad y seguridad de, por ejemplo IRC, nos interesa reflexionar como propone Mayans (2000) sobre la posibilidad que tienen tanto nuestros informantes como el propio antropólogo de construir personalidades e identidades ficticias o de proteger las reales en estos entornos cada vez más masivos pues la comunicación y la identificación se establece a través de un nick tanto dentro de un canal público como de una charla privada.
Aunque Internet no es anónimo, y cuando los usuarios se refieren al anonimato, a lo que en realidad hacen referencia es a que su vida ‘real’ y su vida online no se mezclen (Mayans, 2002, e.p.). Porque uno de los mayores atractivos de las comunicaciones interactivas en Internet se basa, no tanto en el concepto de anonimato, sino en la capacidad para establecer una personalidad que no depende del aspecto físico o connotaciones ‘reales’ de quien está tras el teclado (Mayans, 2002, e.p.).
Con respecto a los dilemas éticos que se nos pueden presentar en el trabajo de campo en el ciberespacio varios son los aspectos que proponemos para la reflexión. Por un lado, la transparencia en la investigación puede venir facilitada si el etnógrafo tiene su propia página WEB donde remitir a los informantes que soliciten conocer más en detalle la investigación. De este modo el investigador puede clarificar sus objetivos, su proyecto y publicar online algunos artículos y resultados de su estudio que a su vez pueden ser debatidos y juzgados por sus propios informantes. Este proceso de retroalimentación implica que la construcción del conocimiento, en este proceso de recogida de información, se hace con la coparticipación del investigador y los informantes.
Tal y como señalan algunos antropólogos (Uimonen, 2002) la recogida de información en el ciberespacio presenta a menudo diversos dilemas sobre la autoría de los textos: por una parte algunos documentos se hallan en la Red como publicaciones oficiales, mientras que otros son mensajes y opiniones personales colgados en mailing list y grupos y foros de discusión. Es en el segundo caso, cuando el antropólogo se plantea la autoría y divulgación, con o sin consentimiento de sus autores, de las opiniones personales referidas. Así, puede optar por ocultar la identidad del informante o bien intentar ponerse en contacto con él a través de e-mail y pedirle su consentimiento para la divulgación o publicación de su mensaje.
Por otra parte, las N.T.I.C se presentan para el antropólogo como útiles y nuevas técnicas de investigación tanto en la recogida de datos como en el proceso de redacción y producción del producto o texto etnográfico resultado de nuestra investigación. Sirva de ejemplo, utilizar el correo electrónico como una excelente herramienta a la hora de contactar con informantes por primera vez y para realizar entrevistas. De algún modo viene a sustituir o complementar la interacción con los informantes cara a cara. Otras técnicas o útiles para la investigación antropológica son los newsgroups, listserves, chatrooms, netmeeting y las videoconferencias.
De otro lado, el antropólogo debe detenerse en el análisis del discurso en la WEB, tanto del texto como de la imagen (estática y/o en movimiento). Y es que consideramos tanto el texto como la imagen en la WEB como fuente directa de información sobre los contenidos culturales que podemos analizar en la etnografía del ciberespacio.

Entendemos que el soporte básico en Internet es el texto, es decir, la principal vía de comunicación entre los usuarios de la Red es el texto escrito, lo cual nos lleva a interpretar la cultura como si de un texto se tratase. Texto en el que el inglés se presenta como la lengua hegemónica y uniformizante. Pero no nos estamos refiriendo a un texto escrito y “muerto” sino en continuo proceso de redacción, de remodelación de autocorrección por parte de sus propios protagonistas, nuestros informantes.
Como bien afirma Mayans (2002, e.p.) “el hecho de que por primera vez en la historia una gran masa de población disponga de un instrumento a través del cual establecer vínculos sociales de forma anónima e incorpórea (con todo lo que la incorporeidad supone) en espacios públicos y en lo que se llama ‘tiempo real’ (es decir, de forma inmediata) ya es, de por sí, algo llamativo. Si además, el medio que para ello utilizan es de tipo textual, nos encontramos ante un fenómeno lingüístico y social de considerable magnitud”.
A su vez, el investigador debe analizar cómo se construye el discurso científico y cómo se traduce en la cotidianidad de los sujetos cibernautas, los usos sociales de las nuevas tecnologías en diversos contextos culturales.
Junto al texto, en Internet encontramos la imagen en sucesión, el vídeo como un nuevo “texto simbólico” que debemos descifrar y analizar antropológicamente. Este soporte, el audiovisual en la WEB, es más rápido que el texto y nos exige a los investigadores socializarnos en esta cibercultura para poder entender y descodificar las imágenes y las representaciones ideológicas que las sustentan. Puesto que la imagen en Internet es un producto cultural, una manifestación artística si se quiere, cargada de representaciones ideológicas llenas de información interpretable.
Así pues, para realizar estudios etnográficos en el soporte tecnológico de Internet se hace preciso considerar tanto las imágenes como el texto como elementos centrales para el análisis y la deconstrucción de los discursos, puesto que es necesario estudiar el formato de los materiales o datos etnográficos que se utilizan en y para la comunicación en este denominado ciberespacio.
Reflexiones finales
En esta comunicación nos hemos centrado en reflexionar sobre la necesaria adaptación metodológica que los antropólogos debemos acometer para realizar estudios en el ciberespacio. Puesto que la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación nos plantea diversas cuestiones metodológicas sobre las que es preciso discutir, tales como: el trabajo de campo en Internet, la ética del antropólogo y el anonimato de los informantes-usuarios, la realización de entrevistas a los informantes a través del correo electrónico, los grupos de chat como grupos de discusión, etc.
Así pues, abogamos por la pertinencia de la investigación antropológica en Internet y la nueva sociedad de la información, lo cual conlleva inevitable y convenientemente la innovación experimental y nuevas reorientaciones de investigación que van más allá de lo hasta ahora establecida desde los modelos clásicos de la etnografía y su modelo académico tradicional. Como afirma Picciuolo (1998) lo más importante es poner a prueba nuestras propias ideas y herramientas conceptuales, nuestra experiencia en la observación de las conductas y aspectos cognitivos del ser humano en un nuevo ambiente, el ciberespacio. Puede que se trate simplemente de adaptar nuestra herramienta en la recolección de datos o en la interpretación de los mismos y también puede ocurrir que se estén generando situaciones nuevas, que requieran incluso repensar el paradigma que nos está sustentando.
Siguiendo a Hauser (2000) afirmamos que la cibernética es una ciencia de la comunicación y ha sido el gran campo de desarrollo de los últimos cincuenta años. Así, la irrupción masiva de la comunicación tecnológica ha provocado profundas transformaciones, de enorme velocidad de realización y que afectan todos los campos de la actividad humana, sería impensable que no afectaran la vida académica. Cierto es que vivimos en la cibercultura y también de alguna manera ya somos aunque no nos demos cuenta “cyborgs” es decir, seres que han incorporado las máquinas y sus producciones a sus organismos (Hauser, 2000).
Porque como ha señalado Hauser (2000) “la utilización del soporte tecnológico se constituye en un imperativo de impactos profundos en las diversas áreas de la actividad humana. La educación superior no sólo es un ámbito preferencial, sino que constituye un laboratorio privilegiado, tanto para la aplicación como para la reflexión acerca de los efectos de las TICs en el proceso de transmisión de conocimientos”.
Por ello, queremos concluir estas páginas destacando la importancia que estas nuevas tecnologías de la información y la comunicación presentan como recursos didácticos en la docencia de la antropología y la creación de universidades virtuales, portales temáticos en Internet, redes académicas internacionales, publicaciones electrónicas, y un largo etc. que depende, en gran medida, de nosotros.
BIBLIOGRAFÍA
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Picciuolo Valls Ibiza, J.L. (1998) “Dentro y fuera de la pantalla. Apuntes para una Etnografía del Ciberespacio”. 1er Congreso Virtual de Antropología y Arqueología, Ciberespacio, Octubre de 1998, http://www.naya.org.ar/congreso
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Uimonen, P. (2002) (página web visitada 20 mayo 2002) “Cyberanthropology: The Global Expansion of the Internet” en 2ª Congreso Virtual de Antropología. http://www.naya.org y URL: http://www.i-connect.ch/uimonen
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http://freenet-in-a.cwru.edu
NOTAS
1 Dra. ANASTASIA TÉLLEZ INFANTES, profesora de la Licenciatura de Antropología Social y Cultural en la Universidad Miguel Hernández de Elche (Alicante)
Universidad Miguel Hernández (www.umh.es)
División Departamental de Antropología Social y Cultural
Avda. del Ferrocarril, s/n
Edificio Torreblanca, 2ª planta. Elche 03202 (Alicante)
nasta70@hotmail.com y atellez@umh.es

Nota : este trabajo de fecha  marca los inicios de la metodología de la Antropología Virtual. En 2017 hay un corpus establecido que permite evaluar esta metodología

PUBLICACIONES PRIMER CONGRESO ON LINE

LISTADO COMPLETO DE COMUNICACIONES

[110 comunicaciones]

Lugares de memoria de la Dictadura en Chile. Memorialización incompleta.

Lugares de memoria de la dictadura en Chile Memorialización incompleta en el barrio Cívico de Santiago

  • Autores: Roberto Fernández
  • Localización: Bitácora Urbano-Territorial, ISSN-e 0124-7913, Vol. 1, Nº. 25, 2015 (Ejemplar dedicado a: La ciudad y el hábitat en el posconflicto en Colombia y el mundo)
  • Idioma: español
  • Resumen
    • Desde el regreso a la democracia en 1990, la memorialización del espacio público en Chile mediante la construcción de lugares de memoria ha sido una forma de abordar tanto la reparación simbólica a las víctimas, como la instalación de una cultura del “Nunca Más” que asegure que no se repitan los atropellos a los derechos humanos ocurridos durante la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990).
    • Como señalan diversos autores, la memorialización del espacio público a través de los lugares de memoria ha tenido avances notables. Sin embargo, en el presente artículo se sostiene que este proceso de memorialización ha sido parcial e insuficiente en el barrio Cívico  de Santiago de Chile porque no condice ni con su relevancia como espacio público, ni con los hechos ocurridos ahí durante el golpe de Estado.
    • Para fundamentar esta interpretación, se analizan las intervenciones urbanas realizadas por el gobierno central en ese entorno y se proponen algunas hipótesis que permiten comprender las causas de dicha memorialización incompleta.

50 años del Primer Congreso Internacional de Arqueología

50 años del Primer Congreso Internacional de Arqueología

FECHA: 21 NOVIEMBRE, 2013

Fernando Orellana

Fernando Orellana Torres

Director General de Postgrado

Universidad Católica del Norte

 

En las décadas de 1950 y 1960 se concretaban en Chile cambios importantes en los métodos técnicos e interpretaciones de esta disciplina.

La Dirección General de Postgrado de la Universidad Católica del Norte organizó un evento recordatorio de los 50 años del Primer Congreso Internacional de Arqueología, realizado entre los días 6 y 13 de enero del año 1963, en San Pedro de Atacama, en las instalaciones del recién inaugurado Museo de la Universidad del Norte.

En esa reunión científica se encontraron diferentes especialistas chilenos y extranjeros, profesores y alumnos, autoridades de diferentes instituciones e, incluso, en la inauguración participaron los ministros de Estado, del gobierno del presidente Jorge Alessandri, los señores Ernesto Pinto Larraguibe y Julio Philippi.

Los importantes hallazgos arqueológicos efectuados entre 1955 y 1962 por el Padre Le Paige y sus colaboradores atacameños interesaban a la comunidad científica de Chile y a la de los países limítrofes.

Por esos años -décadas de 1950 y 1960- se concretaban en Chile cambios importantes en los métodos técnicos e interpretaciones de la arqueología. Antiguos y nuevos museos, centros de investigación y carreras recién creadas no solo investigaban y publicaban de acuerdo con la nueva arqueología, sino que además iniciaban la formación especializada de arqueólogos.

En estos nuevos ambientes científico-académicos, el Congreso de 1963 inició sus sesiones de trabajo.

Se puede leer en las Actas publicadas por los Anales de la Universidad que se presentaron ponencias de los investigadores chilenos Gustavo le Paige (Presidente del Congreso), Hans Niemeyer, Carlos Munizaga, Jorge Kaltwasser, Percy Dauelsberg, Luis Álvarez, Julio Montané, Mario Orellana (Secretario General del Congreso) y Lautaro Núñez.

 

 Padre Gustavo Le Paige,presidente del Congreso

 

Por los investigadores extranjeros expusieron Alberto Rex González y Dick Ibarra Grasso. También presentó un trabajo el prehistoriador Osvaldo Menghin. Este estudioso, como Julio Montané -según se nos informó-, no acudieron finalmente a San Pedro de Atacama.

Igualmente, participaron la doctora Grete Mostny, del Museo de Historia Natural; el arquitecto Roberto Montandón, delegado del Consejo de Monumentos Nacionales, y Jorge Iribarren, director del Museo Arqueológico de la Serena.

Entre los estudiantes universitarios presentes en ese Congreso estuvieron distinguidas (os) especialistas: Silvia Quevedo, Julie Palma, Mario Rivera, Osvaldo Silva, y Gonzalo Ampuero.

También es importante mencionar que es en San Pedro de Atacama, en este Congreso de 1963, donde se formó la Sociedad Chilena de Arqueología. Esta institución, fundamental para el futuro desarrollo de la arqueología de Chile, también cumplió 50 años, recayendo su primer directorio en los investigadores Hans Niemeyer F. (Presidente), Jorge Iribarren Ch., Julio Montané M., Mario Orellana R., y Virgilio Schiappacasse F. (Directores).

Nuestra Universidad sigue desarrollando la investigación y la docencia de postgrado en San Pedro de Atacama, y esperamos que así se mantenga por muchos años, en colaboración con las distintas comunidades atacameñas.

El recuerdo de tan prestigioso evento científico no puede quedar guardado en la memoria de unos pocos, porque el Congreso Internacional forma parte de la memoria histórica de la Universidad Católica del Norte.

La presencia de soldados rapanui en la Guerra del Pacífico. Cristian Moreno Pakarati

Introducción.

La presencia de soldados rapanui en la Guerra del Pacífico, conflicto armado entre Chile y sus vecinos del norte, Perú y Bolivia, es algo que se escucha frecuentemente entre los isleños contemporáneos. ¿Qué hay de cierto en esta leyenda?

Tres nombres se asocian a la participación rapanui en la guerra: Juan Tepano Rano, Iovani Araki Ti’a y José “Tairenga” Pirivato. Especialmente los dos primeros, que dejaron numerosa descendencia, reciben una gran cantidad de menciones entre sus makupuna y hinarere siendo una gran fuente de orgullo familiar. No se han encontrado aún registros de la época que den cuenta de su participación en la Guerra, sin embargo no hay duda de que . Tampoco hay dudas de su participación en el Ejército de Chile entre ese año y 1900. Sin embargo esto fue veinte años después de la Guerra. ¿Es posible que se hayan entrelazado estos eventos con la Guerra? ¿Cuál fue realmente su participación en las fuerzas armadas? ¿Hubo soldados rapanui en la Guerra del Pacífi co? Con la evidencia disponible intentamos dilucidar parcialmente este enigma. ¿Chile y Rapanui aliados?

“Los nativos están felices con la creación del nuevo departamento. Antes se sentían muy aislados pero ahora están de hecho integrados a la patria. Nosotros, por nuestra parte, tenemos grandes esperanzas en esto. Los isleños van a saber lo que es la patria y conocerán su Historia. Existe el riesgo de que quieran quedarse, aunque confi amos en que los deberes militares los harán más responsables y regresen a divulgar lo que han conocido”. (General Sergio Castillo Aránguiz, agosto de 1966)

Cabe señalar que a la fecha de la Guerra del Pacífi co, entre los años 1879 y 1883, la Isla era independiente y no tenía relación alguna con Chile. Al inicio de la Guerra en el lejano Chile, Rapa Nui tenía como jefe a Mati Mereti, probablemente el hombre más anciano entre la escasísima población isleña que apenas superaba los cien habitantes. De todas maneras tras la visita del misionero católico Hipólito Roussel en 1878 trayendo de regreso desde Polinesia Francesa a los líderes Angata y Pakomio Maori Ure Kino, estos últimos comienzan a ejercer una influencia mayor en los destinos de la Isla. En 1882 el mismo clérigo Roussel desgina a Atamu Tekena como rey y a su esposa Uka a Hei como reina2. En Chile, por su parte, existía un gobierno liberal a cargo del presidente Anibal Pinto Garmendia, sucedido en 1881 por el también liberal Domingo Santa María González. Estos gobiernos carecían de 2 Un resumen de estos cambios de gobierno y la evolución del poder político en la isla se encuentra en  oposición política legal y se originaron en candidaturas únicas designadas por los mismos gobiernos salientes. A pesar de la distancia y la diferencia entre ambas culturas, existieron contactos que sirven como antecedentes para sus relaciones posteriores. Aparentemente, el primer contacto histórico de los isleños con la República de Chile se efectuó a través de la goleta Colo-Colo capitaneada por Leoncio Señoret en marzo o abril de 1837. Esta se dirigía a Australia llevando al destierro al ex presidente liberal chileno (y enemigo del gobierno de turno), general Ramón Freire, arribando a este país el 30 de junio. Sin embargo no hay ninguna evidencia de que este contacto haya tenido alguna consecuencia duradera y sólo quedan vagas referencias de la visita (Moncada 2008; Richards 2008: 67-69). Por aquella época la Isla era regida por una dictadura anual de la tribu vencedora de los rituales de la competencia del tangata manu. En Chile, en tanto, gobernaba hace seis años el presidente conservador General de Ejército José Joaquín Prieto Vial, ascendido al cargo tras la Batalla de Lircay en la que los conservadores derrotaron a los liberales e impusieron un nuevo gobierno. Sin embargo, la mayor parte de la historiografía chilena considera que el que llevaba las riendas del país era su ministro de hierro Diego Portales asesinado ese mismo año 1837. Algunas fuentes indican que la goleta Janequeo al mando de Buenaventura Martínez visitó la isla en 1842 pero no hay pruebas concluyentes de aquello3. Después de esto no hay nuevas visitas de barcos chilenos hasta 1870. Sin embargo, debe mencionarse la presencia en la década de 1860 de la Misión Católica francesa que operaba a través del eje Valparaíso-Hanga Roa-Pape’ete y tenía una de sus bases operacionales en el puerto chileno. Durante el período de actividad de esta Misión, en la sede de Vaihū, tomó parte el chileno Jorge Arenas y su esposa, llegados en diciembre de 1869 y convirtiéndose en los primeros chilenos residentes en la isla polinésica (sólo por 9 meses, hasta septiembre de 1870). En cuanto al primer rapanui en visitar Chile fue probablemente Petero Toroveri en agosto de 1869. Este acompañaba al misionero Gaspar Zumbohm en un viaje al continente, regresando a Rapa Nui en diciembre de ese mismo año (Ballesteros 1903: 73-74, 125- 126; Conte 1994: 123; Fischer 2005: 105). No existe evidencia de la visita de algún otro rapanui antes de esa época, aunque no se puede descartar que algún barco ballenero haya llevado algún tripulante de la isla hacia allá. Con todo, la palabra Chile probablemente no significaba nada para la gran mayoría de los rapanui en esta época. 3 La referencia original de esta visita corresponde al cónsul chileno en Callao, Tiburcio Cantuarias. Véase el análisis en Moncada (2008: 68) ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 14 –

¿Rapanui y Perú enemigos?

“Aquí hicieron un alto los expedicionarios y colocados en diversas posiciones, procedieron con sus armas a un fuego graneado para obligarles a salir de allí; pero, fracasado el intento, incendiaron el plantío, produciéndose una violenta escaramuza en la que los esclavistas perdieron 5 hombres y un intérprete a causa de las piedras de matá, “obsidiana”, lanzadas contra ellos” (…)”. (Jesús Conte, 1994, citando al cónsul Tiburcio Cantuarias) En cuanto a la relación con Perú, esta sí dejó consecuencias terribles en Rapa Nui. Los barcos privados de bandera peruana que zarpaban desde Callao con el objeto de obtener trabajadores polinésicos (canacas) para las haciendas limeñas causaron terribles estragos en la Isla. Sangrientas incursiones esclavistas de múltiples barcos como las de diciembre de 1862 y marzo de 1863 dejarían cicatrices que aún se manifi estan el día de hoy4. Quizás por la misma razón, las historias de rapanui participando en una guerra contra Perú (menos de 20 años después de estos raids) se mantienen con vigor hoy en día en una Isla mucho más globalizada. En cualquier caso es importante recordar que algunos de los nativos rapanui expatriados siguieron una nueva vida en Perú, incluso formando familias en algunos casos (McCall 1976: 102-103; Conte 1994: 69-70). Así, los rapanui con familias peruanas se encontraban en el frente enemigo de Chile durante aquellos años entre 1879 y 1883 aunque es difícil determinar si tuvieron algún tipo de participación en el conflicto mismo. Digno de mención es lo sucedido con otros esclavos en Perú durante la Guerra, los chinos coolies. Estos trabajaban en condiciones infrahumanas en Perú y durante las batallas se aliaron con las tropas del ejército chileno (Villalobos 2002: 219-220). ¿Habrá pasado algo similar con los polinésicos viviendo en Perú o estos defendieron los intereses de sus familias peruanas? En el contexto de la vida de los sobrevivientes rapanui en Perú encontramos las primeras historias de la tradición oral sobre isleños en la Guerra del Pacífico. Edmundo Edwards recopiló la siguiente historia de parte del Mayor del ejército chileno, el oficial rapanui Leviante Alejo Araki Araki (1922-1992): “La tradición oral nos cuenta que durante la batalla por la toma de Lima en 1879 [(sic), en realidad la toma de Lima fue en 1881] entre las tropas chilenas se encontraba un soldado rapanui y en el asalto a una trinchera se encontró con un compatriota moribundo a quien alcanzó a contarle que su familia aún vivía en Rapanui y luego de abrazarse, lloraron y el isleño murió en brazos de su compañero” (Edwards s/f: 20-21). 4 Los tres estudios principales de estos raids son los de McCall (1976), Maude (1981) y Conte (1994). Moreno, C. ─ – 15 – Sin embargo faltan detalles en este emotivo relato. ¿De qué clan o familia eran los protagonistas de esta historia? ¿En qué regimiento o batallón se encontraban en sus respectivos ejércitos? ¿Cuánto tiempo llevaban en estos países? Y aún si la historia no está basada en los hechos reales específicos es relevante preguntarse la razón por la que los rapanui insisten en incluir en un nivel mitológico a sus coterráneos y ancestros en dicho conflicto. Las expediciones de la O’Higgins en 1870 y 1875. “Vienen a bordo doce indijenas de la isla de Pascua, seis de ellos son muchachos huérfanos i están a cargo de los oficiales, i a los otros seis se les ha dado plaza de grumetes”. (Capitán Juan Williams Rebolledo, marzo de 1870) La evidencia más importante que sustenta la posible participación rapanui en la Guerra se encuentra por el lado chileno. Se trata de las primeras visitas chilenas signifi cativas a la Isla en el siglo XIX, algunos años antes de la Guerra. La corbeta O’Higgins realizó dos viajes en 1870 y 1875 como parte de la instrucción de los cadetes navales. El primer viaje, comandado por José Anacleto Goñi llegó a una isla que vivía un conflicto de intereses entre un aventurero y comerciante francés, Jean Baptiste Onésime Dutrou-Bornier, y la ya mencionada misión católica francesa liderada por Hippolyte Roussel. Los nativos rapanui habían aprovechado esta rivalidad para revivir sus rencillas tribales ancestrales. Agrupados en uno y otro bando, los isleños habían comenzado incluso a tener escaramuzas similares a los tiempos antiguos de luchas intertribales que estaban llevando la Isla a una situación bastante compleja. En este contexto, muchos rapanui pedían irse a Valparaíso, a espaldas de los misioneros católicos, para salir de la desastrosa situación en Rapa Nui (Centro de Cultura Naval y Marítima 1994: 53-55). Así es como el comandante Goñi acepta a bordo a 12 jóvenes isleños, la mayoría huérfanos desde las epidemias de viruela y tuberculosis que diezmaron la población en la década de 1860. Seis viajaron como cocineros y seis como grumetes5. Estos jóvenes rapanui enfermaron durante el viaje, pero gracias a una buena alimentación a bordo y a los cuidados del médico de la nave recobraron sus energías y todos llegaron a salvo al puerto boliviano de Mejillones a fi nes de febrero de 1870 y luego rumbo al sur hacia puertos chilenos. El seis de marzo de 1870 el periódico “La Patria” publica lo siguiente: “A las 2 hrs 30 ms fondeó ayer en esta bahía [Caldera] la corbeta de la armada 5 De la visita de la O’Higgins en 1870 quedaron por escrito el estudio de Ignacio Luis Gana (1903), el informe del médico Tomás Guillermo Bates (1903) y en un libro del Centro de Cultura Naval y Marítima (1994) donde se incluye un diario de navegación erróneamente atribuido al guardiamarina Emilio Luis Gana Castro. Este último diario en realidad fue llevado por el capitán de fragata Luis Alfredo Lynch, quien viajaba como instructor de los cadetes de la Escuela Naval en 1870. ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 16 – nacional O’Higgins, procedente de las islas de Pascua [sic]. Trae a bordo a los cadetes de la Escuela Naval, los de la Escuela de Marineros y doce indios naturales de la isla que voluntariamente los acompañan. Entre los objetos tomados de la isla se nota un gran trozo de piedra que representa una divinidad entre los indíjenas” (La Patria, 6 de marzo de 1870). De acuerdo con El Mercurio de Valparaíso del 7 de marzo 1870, “Tres de ellos solamente son ya hombres y los demás niños de 8 a 12 años”. El mismo diario menciona que: “El nombre de chileno les causaba sumo placer; y el peruano por el contrario. La razón que me dieron de este odio para con los últimos fue que no ha mucho tiempo estuvo en la isla un buque de guerra de esa república tomaron a viva fuerza a varios de los naturales y los maltrataron mucho, llevándoselos enseguida contra su voluntad” (El Mercurio, 7 de marzo de 1870). Después de estos acontecimientos, se pierde el rastro de estos jóvenes isleños en la prensa chilena. Sus nombres y apellidos fueron, por supuesto, cambiados a algunos más propios de Chile lo que complica aún más seguir su historia. Urge revisar los archivos navales en busca de estos grumetes rapanui con el fi n de obtener sus nuevos nombres y buscar información luego en los registros genealógicos para determinar si dejaron familia en Chile. Tan sólo nueve años después estalla la Guerra del Pacífico y habiendo seis grumetes rapanui y otros seis jóvenes isleños viviendo en el país, fueron, casi con certeza, movilizados para participar en el conflicto bélico. De hecho en la corbeta O’Higgins viajaban varios oficiales que luego serían héroes de la fase naval de la Guerra del Pacífi co. Existe la posibilidad de que algún otro rapanui haya sido embarcado en el siguiente viaje de la O’Higgins, en 1875, capitaneada por Juan Esteban López. De encontrarse información al respecto, la participación de los isleños en la Guerra es aún más probable. Los reconocimientos ofi ciales. “Juro, por Dios y por esta bandera, servir fielmente a mi patria, ya sea en mar, en tierra o en cualquier lugar, hasta rendir la vida si fuese necesario, cumplir con mis deberes y obligaciones militares conforme a las leyes y reglamentos vigentes, obedecer con prontitud y puntualidad las órdenes de mis superiores, y poner todo mi empeño en ser un soldado valiente, honrado y amante de mi patria.” (Juramento a la bandera del Ejército de Chile) Moreno, C. ─ – 17 – Desaparecida la pista de los grumetes rapanui llegados a bordo de la Baquedano recurrimos a fuentes más recientes con las que retornamos a los tres rapanui mencionados al inicio del artículo: Tepano, Araki y Pirivato. Los homenajes oficiales a soldados rapanui no se sustentan en información de época pero es interesante analizarla en su justa dimensión. En junio de 2002 el Museo del Regimiento de Infantería nº2, “Maipo” de Playa Ancha (en Valparaíso) incluyó una placa llamada “El Primer Soldado Pascuense”, escrita por Juan G. San Martín. En esta aparece una breve biografía de Juan Tepano, sin citar fuentes y que incluye algunos trozos muy interesantes. Por ejemplo: “Nace en 1866. A la edad de 13 años llega a Valparaíso a bordo del María Luisa, carguero inglés de la empresa Charles Brander. Contagiado por el entusiasmo de la juventud porteña de participar en la Guerra del Pacífico, se enrola en el Regimiento 2º de Línea ‘Maipo’, junto a sus coterráneos Juan Araki y José Fati, siendo embarcados al norte, a bordo del O’Higgins” (San Martín 2002). El resto del texto se centra en Tepano y señala que participó como tambor y ordenanza en la 4ta Compañía en las batallas de Chorrillos y Miraflores. Y con lujo de detalles indica su permanencia en el continente entre el fi nal de la Guerra en 1884 hasta la época de la Guerra Civil de 1891 en la cual también habría participado ya como Sargento 2º. Este no es el único reconocimiento oficial a la participación de soldados rapanui en dicha Guerra. En septiembre del año 2005 el Comandante en Jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, visita la isla y trae como obsequio para el Museo Antropológico Padre Sebastián Englert una vitrina histórico militar con una pintura representando a Iovani Araki Imanuiri (Juan Araki), soldado rapanui que, según este homenaje, habría participado como Sargento 2º en la Guerra del Pacífico. Esta placa también incluía homenaje a soldados rapanui más recientes como el mayor Leviante Araki Araki, nieto del anterior, y al sargento primero del regimiento reforzado nº1 “Topáter”, Luis Alberto Huki Hinojosa. El autor escuchó información de parte de habitantes de Placilla, en Chile, que señalan que el sargento Tepano participó de la Guerra Civil de 1891. Tan importante es esta historia que para el aniversario de la Batalla de Placilla (28 de agosto de 1891) del año 2010, las autoridades del pueblo invitaron a descendientes del soldado isleño para efectuar un hoko, antiguo ritual guerrero de los rapanui, en el museo de la localidad. ¿Qué ocurre con Tepano, Araki y Pirivato? “Algún tiempo después de su llegada a Valparaíso falleció S. M. el rei Riro Roko, y su primer ministro Juan Araki, a quien corresponde de derecho la corona de la ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 18 – isla de Pascua, no ha podido regresar a sus dominios por encontrarse gravemente enfermo de tisis en la ciudad de los Andes. Por esta razón y tal vez siguiendo alguna vieja costumbre, ocuparán el trono de Riro Roko los ministros y príncipes Tepalo y Pisibato, quienes desde su llegada a esta ciudad han sido hospedados en el cuartel del Maipú, habiendo hecho ambos el servicio de la guardia nacional”. (El Mercurio de Valparaíso, 8 de abril de 1900) “La reputación de Juan Tepano llega hasta Chile. Antes de mi partida me lo habían nombrado por todos lados como el mejor informante (…) La víspera, los indígenas que habían sido puestos al corriente de nuestras intenciones, repitieron su nombre varias veces. Era la historia viviente, el Baedecker de la Isla”. (Alfred Métraux, 1941) Una investigación llevada a cabo por el Departamento de Historia Militar chileno titulado “El Ejército y el Pueblo Rapanui” no encontró información alguna de la presencia de Tepano, Araki o Pirivato en la época de la Guerra del Pacífi co. Para esto se investigaron las Listas de “Revista de Comisario” del 2º de Línea entre 1879 y 1884 lo que no arrojó resultados positivos (Departamento de Historia Militar 2006). Con esto se descarta que alguno de los tres soldados más famosos de la Isla hayan participado, al menos con sus nombres reales, en dicho Batallón. De haber formado parte del Ejército chileno en la Guerra del Pacífico, sólo puede haber sido con otro nombre o en otra división. Algunos datos biográfi cos sobre estos soldados pueden dar claves: – Iovani Araki Ti’a era hijo de Arakilio Pua Ara Hoa (también llamado Aro Purunga a ‘Ao Ngatu) y Parapina Veri Hakatea. Se casó con Caroline Bornier el 12 de febrero de 1886 y aparece en el censo de Alexander Salmon de ese mismo año, titulado “Te Ingoa”. Esto revela que estaba en Hanga Roa durante la realización del censo, al igual que sus padres. Tuvo dos hijos que dejaron descendencia, Juan Araki Bornier (1886-1949) y Parapina Araki Bornier (1888-1964). Ninguno de los dos había nacido a principios de 1886 cuando se efectuó el censo. Hemos estimado la fecha de nacimiento de Iovani Araki para 1866. – José Pirivato era hijo de Mataroa Oroteme y Tuhi. Casado con María Putó Veri o Penga, no dejó descendencia. Aparece ya casado con su mujer en el censo de 1886, pero no hay duda de que era todavía muy joven. En 1902, un documento de la Armada redactado por Basilio Rojas calcula su edad en 30 años (Foerster 2010: 41), lo que daría una fecha de nacimiento hacia 1872. Nosotros estimamos su fecha de nacimiento hacia 1868. Es deportado de la Isla en 1902 y se pierde su rastro completamente. Moreno, C. ─ – 19 – – Juan Tepano Rano era hijo de Tepano Rano a Vavara a Rue y Paulina Victoria Veriamo a Huki. Se casó con María Ika Tetono (nacida el 23 de diciembre de 1882). En el censo de 1886 aparece como un adolescente soltero aún, viviendo en Hanga Roa. Sus padres aparecen vivos y casados. Sabemos que este fue el tercer matrimonio de su madre, Veriamo, y Juan fue el menor de sus hijos. De los tres es soldados rapanui, Tepano es sin duda el menor, aunque probablemente no por mucho. No tuvo hijos hasta 1903 cuando nace María Hiona, la mayor de 8 hermanos. Basándonos en censos del siglo XX y edades estimadas por Routledge, Métraux y Englert, consideramos que su fecha de nacimiento es, casi con certeza, 1872. Falleció el 8 de noviembre de 1947. Con esta información casi se puede descartar de plano que alguno de ellos haya tomado parte en la Guerra del Pacífico. También es improbable, más no imposible, que Tepano haya estado en Chile para la Guerra Civil de 1891. Esta es una posibilidad que quizás merece mayor análisis y una nueva investigación. Sin embargo, encontramos a los tres soldados rapanui formando parte del Ejército casi veinte años después. Aparentemente en Noviembre de 1897 (otras fuentes dicen en 1898), el rey electo Simeón Riro Kainga se dirige a Chile a bordo de la goleta de la Compañía de Merlet, María Luisa, a reclamar al presidente Federico Errázuriz el incumplimiento del Acuerdo de 1888. Junto a él viajaban Juan Tepano, Juan Araki y José Pirivato. Sin embargo el viaje terminaría en tragedia ya que Riro fue envenenado en Valparaíso por gente de la Compañía de Enrique Merlet. Algún tiempo después, Juan Araki (Iovani Araki Ti’a, hijo de Arakilio Pua ‘Ara Hoa) ingresa, el 14 de marzo de 1898, como Soldado de Bagaje a la Tercera Compañía del Segundo Batallón de Infantería “Maipo” en Valparaíso. Tepano y Pirivato, en tanto, ingresan el 13 de agosto del mismo año como soldados a la Primera Compañía en el mismo Segundo Batallón. El primero pasa a la Tercera Compañía en 1899. Ambos se licencian el 19 de abril de 1900, mientras se encontraban de viaje de regreso a la isla a bordo de la corbeta General Baquedano capitaneada por Arturo Wilson. Juan Araki, sin embargo, fallece el 11 de abril de 1900 en el hospital de San Felipe, enfermo de tuberculosis (Departamento de Historia Militar 2006: 85; El Mercurio 20 de abril de 1900). Teniendo esto en cuenta, la afirmación de que Araki, Tepano y Pirivato se dirigían “a cumplir con el servicio militar” (El Consejo 1988:302) no resiste análisis. José Pirivato probablemente sacó a relucir su entrenamiento militar, entre fines de 1901 e inicios de 1902, durante el levantamiento y rebelión contra la compañía ovejera de Enrique Merlet, administrada entonces por Horacio Cooper. Debido a esto fue deportado ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 20 – al continente junto a Nicolás “Grande” Teao Vi, Lázaro Ricardo Hitorangi y Ruperto Nai a Hotu’iti, tal como se atestigua en El Mercurio del 3 de septiembre de 1902: “A bordo del Baquedano trae el comandante a cuatro canacas de los principales cabecillas de la insurrección en contra del subdelegado” (El Mercurio, 3 de septiembre 1902; véase también Foerster 2010). Sin embargo se ignora su destino hasta la fecha. Juan Tepano Rano en tanto fue designado Cacique o Jefe, representante de los nativos rapanui, por el mismo capitán Basilio Rojas Velásquez, comandante de la Baquedano y quien se llevó a su ex compañero de guarnición José Pirivato. Estos destinos opuestos entre dos soldados rapanui marcan el final de una época entre las relaciones de los isleños con el Ejército. Ningún rapanui volvería a entrar a esta institución hasta mediados del siglo XX.

Conclusiones.

La leyenda de los soldados rapanui en la Guerra del Pacífico tiene orígenes complejos donde una combinación de factores impulsan con fuerza una historia. Esta trasciende el ámbito inter-isla, llegando al continente mismo como podemos ver en los homenajes póstumos a los soldados Tepano y Araki en 2002 y 2005, respectivamente, además de los eventos en honor al primero en el pueblo de Placilla en Chile. La conformación de estos relatos de rapanui en la Guerra son todos relativamente nuevos. No hay mención a esto en ningún libro, artículo o documento sobre Pascua en la primera mitad del siglo XX. No es sorprendente la ausencia de información fidedigna sobre Araki y Pirivato, siendo que el primero murió en 1900 y el segundo desapareció en 1902. Sin embargo sí es relevante que ninguna fuente mencione a Tepano como soldado en la Guerra del Pacífico. Juan Tepano fue informante de Knoche, Valenzuela, Routledge, los comisionados navales de 1917, Estella, Rafael Edwards, MacMillan Brown, Métraux, Lavachery y Englert. Todos incluyen información biográfica sobre Tepano e incluso muchos mencionan su presencia en Chile donde aprendió a hablar bien el castellano y a leer y escribir. Interesantemente, en el censo de 1916 elaborado por José Ignacio Vives Solar se indica que sirvió en el Ejército de Chile. Lo mismo señala Walter Knoche (“el actual rey y que ha servido en el ejército chileno como sub-ofi cial”, Knoche 1912: 16) y Zósimo Valenzuela (“el tercero [Tepano] resistió la enfermedad y fue a sentar plaza de conscripto en el regimiento Maipo”, Valenzuela 1911: 959) así como todos los visitantes posteriores que hicieron uso de sus servicios como informante. Sin embargo, ninguno de los autores mencionados recibió o transmitió la información de que Tepano participó en la Guerra entre 1879 y 1883. Grant McCall, antropólogo australiano que pudo compartir en la isla con varios hijos de Tepano, tampoco Moreno, C. ─ – 21 – recibió esta información en su primera visita a la Isla en los años 70, sin embargo comenzó a escuchar estas historias desde la década del 80, al parecer de parte de los nietos del Cacique isleño6. Yo recibí el relato de la participación de Juan Tepano en la Guerra de parte de dos de sus nietos que aún quedan con vida: Santiago Tepano Kaituoe y Lucas Pakarati Tepano. En el caso de Juan Araki como soldado en la Guerra del Pacífico, la información probablemente se origina en su nieto, y también militar, Leviante Araki. El dibujo del soldado Araki con su uniforme del ejército es reproducido en el libro Pua Arahoa, traducción al español del Manuscrito E (Frontier 2008). Por lo mismo, la leyenda tuvo repercusiones dentro de las fuerzas armadas. En el ejército especialmente, se ha puesto énfasis en esta tradición para reforzar los lazos entre Chile y Rapa Nui. Es un elemento importante de la soberanía chilena en la isla la búsqueda de elementos, intereses o experiencias en común con una cultura tan distinta y tan distante como Rapa Nui. Todo esto, perpetúa la leyenda y la transmite a las nuevas generaciones de rapanui. La combinación de factores que se conjugan para dar origen a esta leyenda son: – El posible trasfondo real de soldados (o marinos) rapanui combatiendo en la guerra del Pacífi co: Estos serían los grumetes isleños que partieron con la O’Higgins en 1870. – La animosidad contra Perú en la Isla a raíz del origen de las expediciones esclavistas de 1862-1863. Este resentimiento continúa el día de hoy hasta cierto punto. – Las relaciones más profundas entre rapanui y chilenos desde la década de 1960 con un mayor mestizaje y mezcla cultural. Dentro de esto también cabe mencionar el regreso de personas rapanui al Ejército chileno en los años 50. – La innegable participación en el ejército de los soldados Tepano, Araki y Pirivato entre 1898 y 1900. Esto se entrelaza con la posible participación en la guerra del Pacífi co de los grumetes isleños. – Los homenajes a soldados rapanui por parte del Ejército y las autoridades chilenas son especialmente importantes para las nuevas generaciones de rapanui. Para alcanzar conclusiones más profundas es necesario un estudio exhaustivo de los archivos navales, de prensa, genealógicos y de registro civil en Valparaíso. Estos podrían otorgar nuevos antecedentes sobre los doce grumetes rapanui que llegaron en 1870 6 Comunicación personal, Agosto 2010. ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 22 – al continente. También es necesario ampliar este trabajo recopilando más versiones y analizando el imaginario que existe en isla sobre la participación de los soldados rapanui en los confl ictos bélicos chilenos del siglo XIX. Agradecimientos. Debo agradecer a Grant McCall y Steven Roger Fischer por los comentarios que me señalaron sobre el tema en el año 2010 y que me dieron una nueva perspectiva. Agradezco también a Natalia Pakomio por sus invaluables comentarios al manuscrito, a Rolf Foerster y a los nietos de Juan Tepano Rano (Iovani a Rano) que me relataron las historias de su antepasado en la Guerra del Pacífi co. Referencias Citadas. Ballesteros, José Ramón. 1903. “Isla de Pascua” en Biblioteca Geográfi ca e Histórica Chilena: La Isla de Pascua, L. Ignacio Silva A. (editor), volumen primero, pp. 73-147. Santiago: Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona. Bates, Tomás Guillermo. 1903. “Informe sobre los Nativos” en L. Ignacio Silva A. (editor) Biblioteca Geográfi ca e Histórica Chilena: La Isla de Pascua, volumen primero, pp. 49-52. Santiago: Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona. Centro de Cultura Naval y Marítima. 1994. Rumbo a Isla de Pascua: Diario de Navegación del Guardiamarina Emilio L. Gana Castro con Glosario Náutico. Valparaíso: Dirección de Educación de la Armada. Conte Oliveros, Jesús. 1994. Isla de Pascua: Horizontes Sombríos y Luminosos. Santiago: Centro de Investigación de la Imagen. Departamento de Historia Militar. 2006. “El Ejército y el Pueblo Rapanui” en Cuaderno de Historia Militar, nº2, pp. 47-114. Santiago. Impreso en los talleres del Instituto Geográfi co Militar. Edwards, Edmundo. S/F. Historia de Isla de Pascua 1800-1900. Fotocopias de los apuntes mecanografiados facilitados por don Hugo Salas Román. 163 fojas en el Fondo Varios, Volumen 1042. Archivo Nacional (Manuscrito). El Consejo de Jefes de Rapa Nui, Alberto Hotus y otros. 1988. Te Mau Hatu ‘O Rapa Nui: Los Soberanos de Rapa Nui. Pasado, presente y futuro. Santiago: Editorial Emisión y Centro de Estudios Políticos Latinoamericanos Simón Bolívar. Moreno, C. ─ – 23 – Fischer, Steven Roger. 2005. Island at the End of the World: The Turbulent History of Easter Island. London: Reaktion Books. Foerster, Rolf. 2010. “Voluntary Trip or Deportation? The Case of King Riroroko and Policies of Deportation on Easter Island (1897-1916)” en Rapa Nui Journal, vol.24 (2), pp. 36-46. Los Osos: Easter Island Foundation. Frontier, Arturo. 2008. Traducción de los escritos del Pua A Rahoa, La historia de la migración del primer rey Hotu Matu`a. Santiago: Pehuén Editores. Gana, Ignacio L. [Ignacio Luis]. 1903. “Descripción Científi ca de la Isla de Pascua” en Biblioteca Geográfi ca e Histórica Chilena: La Isla de Pascua, L. Ignacio Silva A. (editor), volumen primero, pp. 11-49. Santiago: Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona. Knoche, Walter. 1912. Tres Notas sobre la Isla de Pascua. Santiago de Chile: Imprenta Universitaria. Maude, H. E. [Henry Evans]. 1981. Slavers in Paradise: The Peruvian Slave Trade in Polynesia 1862-1864. Stanford: Stanford University Press. McCall, Grant. 1976. “European Impact on Easter Island: Response, Recruitment and the Polynesian Experience in Peru” en The Journal of Pacifi c History, Vol. 11, n°2 Labour Trade [Part 2], pp. 90-105. Moncada, Marcos. 2008. “La tradición naval respecto del primer buque chileno en Isla de Pascua” en Revista de Marina, nº 1-2008, pp. 62-71. Valparaíso. Moreno Pakarati, Cristián. 2011. “Rebelión, sumisión y mediación en Rapa Nui (1898-1915)” en La Compañía Explotadora de Isla de Pascua: Patrimonio, Memoria e Identidad en Rapa Nui, Claudio Cristino & Miguel Fuentes (eds.), pp. 75-89. Santiago: Escaparate ediciones. Richards, Rhys. 2008. Easter Island 1793 to 1861: Observations by Early Visitors Before the Slave Raids. Los Osos: Easter Island Foundation San Martín, Juan G. 2002. El Primer Soldado Pascuense. Placa en el Museo del Regimiento de Infantería nº2, “Maipo”, Playa Ancha, Valparaíso, Chile. Valenzuela, Zósimo. 1912. “La Isla de Pascua, 3ª parte” en La Revista Católica, vol. 13, nº 261. Santiago. Villalobos, Sergio. 2002. Chile y Perú: La Historia que nos une y nos separa. Santiago: Editorial Universitaria.

  1. Cristian_Moreno_Pakarati/publications

Libros históricos para estudio, consulta sobre el pueblo Mapuche

2015-09-20

Centro de Documentación Mapuche Ñuke Mapu

http://mapuche.info/index.php?kat=4&sida=6191

Libros históricos para estudio, consulta sobre el pueblo Mapuche (descarga en formato PDF)

Libros históricos para estudio, consulta sobre el pueblo Mapuche tanto en su estructura síquica y en su idiosincrasia, siendo la característica primaria del pueblo mapuche su fortaleza.

Nota: Estos documentos pertenece al patrimonio cultural comun, por lo que puede ser utilizado y reproducidos libremente.
Libros históricos para estudio, consulta sobre el pueblo Mapuche (descarga en formato PDF)

(más…)

Etnografía, aclarando conceptos .Video Pedagógico

Video Pedagógico que busca reflexionar sobre el que-hacer antropológico y su trabajo de campo: la ETNOGRAFIA. Desde un discurso polifónico y multitextual (uso de la escritura, la fotografía, el cine y/o el video) conversamos con los antropologos chilenos Michel Romieux, Daniel Quiroz, Roberto Morales, Guillermo Molina y Andre Menard. Y revisualizamos los trabajos de Bernardo Valenzuela (1950 / Cine 16mm), Carlos Munizaga (1961 / Fotografías impresas), Daniel Quiroz et al. (album)

<p><a href=»https://vimeo.com/9017915″>2001 / Yekusimaala / Etnografía, aclarando conceptos / 16 min</a> from <a href=»https://vimeo.com/elmanzano»>Felipe Maturana / El Manzano Pro</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Un Grito acerca de la dimensión laboral de los antropólogos/as chilenos en el contexto neoliberal .

  •  Señores/as
    Colegio de Antropólogos/as
    De mi consideración.
    Junto a saludarles quiero manifestarles una opinión/demanda/preocupación, a raíz de variadas
    experiencias –concepto central en nuestra profesión – en el ámbito laboral precarizado, como
    cualquier otro.
    Siendo un varón que ha estado desde sus inicios laborales, desde 2004-05, inmerso en la temática
    de género no es menor este tema al cual quiero aludir en esta petición, tanto personal como
    profesionalmente hablando.
    Desde mi titulación que no siento que haya habido un sentir de pertenecer a una comunidad de
    profesionales que configura una cierta preocupación conjunta. No pasa por pagar o no la
    colegiatura, o por recibir o no las cartas mensuales, manifestaciones por Internet a ciertas causas
    justas y más que legítimas en diferentes ámbitos sino por generar un quehacer compartido con
    quienes han optado por una profesión tan poco valorada en la actual sociedad, ni hablar de ser
    varón y “hacer” temas de género. Para que enumerarlas todas aquí sí solamente quisiera evocar
    algo de esas experiencias que seguramente más de alguno/a que lee estas líneas podrá
    imaginarse.
    Lo que he realizado, tanto académica como profesionalmente, en el campo de género ha sido a
    esfuerzo y costos personales – como cualquier mortal – y que, sin embargo, si no hay “contactos”
    no se logra nada. Masculinidad/es ha sido hace rato una temática emergente pero no se valida
    como tal ni se cuenta como un campo validado ni menos apreciado, a menos que esté la televisión
    o algo más público. Levantar legitimidad de una temática es difícil y manifiesto que esta demanda
    es algo que, específicamente, se viene gestando desde los 80´s en el mundo anglo, lentamente
    entró en el mundo hispanohablante en el 90´s y posterior a 2000 toma fuerza en América Latina, y
    Chile también. Ahora bien, género ha sido asociado históricamente al campo de “las mujeres”, y
    ha sido necesariamente así porque las razones obvias que ya mas o menos conocemos debido a
    ese proceso histórico del feminismo levantando causas justas, y necesarias, para las mujeres como
    una colectividad humana en una situación de desigualdad estructural. Entonces, ¿cómo hacerse
    presente en tanto varón heterosexual – y por tanto de la otra mitad privilegiada – en temas de
    género? Ciertamente ha sido difícil y, en parte, es el motivo por el cual estoy escribiendo estas
    palabras. Ahora bien, también es cierto que, laboralmente, he intentado en varias oportunidades
    insertarme laboralmente tanto en docencia como profesionalmente en el campo donde siento que
    tengo herramientas para estar y desde donde he tratado de enfocar mi quehacer profesional de
    manera coherente acumulando saberes y haceres que están enfocado en una temática que es y
    seguirá siendo necesario abordar en una país neoliberal y desigual como Chile. Hay todo una
    cosmovisión y nulo interés de abordar la temática de masculinidades como si fuera algo aparte de
    género y, peor aún, como si estuviera escondiendo una maquinaria contra lo ganado en materia
    de género por las feministas desde las sufragistas, desde Julieta Kirkwood, Elena Caffarena o
    tantas otras que desde su quehacer han motivado otras tantas destacadísimas mujeres en el
    campo de género. Demandar más visibilidad para la temática y cambiar la visión que se tiene de
    las masculinidades y género es para mí un tema importante porque claramente después de tanto
    intento de insertarme laboralmente desde mi perfil se topa con la perversidad del mundo laboral.
    Se exige doctorado pero es responsabilidad personal conseguir beca, se demanda doctorado para
    tener un puesto (estabilidad laboral) en una universidad pero nadie invierte en el capital humano.
    Ha habido profesionales que levantaron la temática en masculinidades pero que desde 1996 no
    han logrado instalar la temática como un punto de debate nacional en torno a cómo se configura
    las masculinidades, y también las feminidades, en un país como Chile.
    Otro de los temas que creo que no se está levantando, y tiene que ver como también nosotr@s
    como antropolog@s abordamos nuestra propia disciplina, es la temática de lo virtual. No puede
    ser que desde ya varias décadas no estamos debatiendo, en antropología, cómo está afectado la
    virtualidad en la comunidad, en el barrio, en temas de género y en el relacionamiento de las
    personas y como, finalmente, estamos construyendo cultura contemporánea. La antropología
    chilena debe hacerse cargo de mirar el fenómeno de internet como un fenómeno histórico
    material y simbólico vital para poder seguirle la pista a los procesos y mecanismo culturales que
    están configurando, hoy, la identidad chilena. No puede ser que la antropología chilena esté fuera
    de este campo temático y no tenga presencia en el debate para cambiar la visión que existe sobre
    la antropología como los que tratan a los indígenas. Hay procesos y evidencia de sobra que
    muestra que hemos, en la práctica, pasado ese umbral hace rato pero seguimos pegados y
    dependiendo de una visión totalmente anacrónica de “lo antropológico”. Hay quienes desde la
    precariedad máxima y sin siquiera un apoyo mínimo están desde sus casa y pagando sus cuentas
    para tener internet pensado sobre el fenómeno de Internet pero que no es tomado en cuenta
    para la reconfiguración disciplinaria que considero que es más que necesaria. No puede ser que la
    imagen que dejamos de la antropología sea Malinowski solamente. Debe ser un aporte que abra y
    diga que la antropología está tocando temáticas diversas y que entra a rebatirle/debatir
    sanamente las teorías, fenómenos y subjetividades puesta en escena en la/s cultura/s. Son
    destacados “los padres” pero invisibilizadas “las madres” de la antropología, y que efectivamente
    podemos hacer aportes desde temáticas novedosas y necesarias de la actualidad y no solo desde
    la contingencia.
    Por lo tanto, hago un llamado a que este gremio levante un debate serio y pausado, de aquí en
    adelante, sobre la dimensión laboral de antropólogos/as, desde la temática de masculindades y
    género, y de lo virtual, en la actualidad chilena. ¿Qué enfrentamos como dificultades? ¿Para qué
    se nos contrata? (Temáticas, campos e instituciones) ¿Cuál es la representación social que nos
    marca y pesa en tanto profesión que siento (desde el punto de vista del empleador/a) ni chicha ni
    limoná (Discurso tipo “no es psicólogo ni sociólogo sino uno que busca huesitos o se relaciona con
    los indígenas”) Creo que reside una pisca de responsabilidad en tanto colectividad social de
    levantar un debate sobre estas y temáticas asociadas. Masculinidad/es que ha sido mi caballito de
    lucha desde que me inicié como antropólogo no es un tema de políticas públicas ni debates
    sociales, y por tanto ni menos en ámbito de lo privado excepto por hitos escasísimos contados en
    una mano durante más de 13 años de trayectoria. Y eso, como cualquier mortal, no paga cuentas
    ni salda deudas, y de eso estamos lleno. Y sí hay responsabilidad personal e individual de – en
    buen chileno no “moverse” para conseguir trabajo. Pero la precarización laboral es justamente
    eso, pololitos por aquí y por allá, ser profesor taxi y más encima sin enfrentarlo, como colectividad,
    de manera conjunta ni solidaria como antropólogas/os es lo que me sorprende pero esto es un
    llamado para que se levante temáticas desde una colectividad como la instancia que creo
    correponde para debatir de NosOtros, un concepto que incluye, dinámicamente lo propio y lo
    ajena, campo en donde somos estudiosos y estudiados. Es un llamado, en conjunto con este
    concepto, de repensar la antropología desde la cotidianidad y desde la Mismidad.
    Hagámonos, pensémoslos y, por sobre todo, sintámonos.
    Se despide,
    Devanir da Silva Concha
    Santiago, 31 de Julio 2015.
  • Gracias, Devanir. Tu llamado es muy necesario y creo que llega en «buenahora». El colegio es quizás los más cercano al concepto de comunidad antropológica que tenemos en Chile. No es casual que nos sea tan difícil sostener ese sueño. Pienso que el contexto neoliberal y nuestra desgarradora historia política y disciplinar permiten entender esa realidad de «archipiélago» que queremos transformar. Quisiera invitarte a reconstituir una comisión de Género (la hubo, en los peores años, durante la dictadura y después los colegas participantes se disgregaron en diversas instituciones y trayectorias). Tengo en la mente algunos nombres de colegas que trabajan masculinidades que te podría enviar «por el interno de FB». Hoy me parece que se puede intentar un desarrollo transdisiplinar (hay contacto con algunos maestros que nos pueden ayudar). Quedo atento a tu respuesta. Y nuevamente, gracias por el Grito..

Devanir Da Silva Concha

Gracias a ti por responder y ver lo que hay detrás de mis palabras y grito ahogado, y ahora quizás un poco menos. Esto nace de una necesidad producto de algunos años de docencia comprometida al tema pero empobrecida, activismo con compañeros dentro del tema de masculinidades que se conjuga en mi identidad como antropologo (con historia personal globalizada) en un país que necesita de cientistas sociales que hagan carne lo que pasa en términos diciplinarios. O sea hacer carne la noción de comunidad, hacer carne reflexividad, hacer carne trabajo de campo, y hacer carne el NosOtros en el quehacer no solo antropológicos como si fuera un ghetto epistemológico sino de las ciencias sociales en general. Ciertamente para poder pensar nos no solo como cientistas sociales sino también como hombres (en términos de género) dentro del ejercicio académico. Entonces, más que mesa de género y masculinidades, que por cierto que me gustaría poder contribuir a rearmar porque tengo varias apreciaciones en esa linea, es levantar dos lineas de debate y reflexión antropológica que no están siendo tomadas en cuenta y están fuera del debate entorno a cuestiones centrales. Quedo a disposición de conformar y revitalizar la comisión que mencionas Rodrigo Sepúlveda y me dispongo a hacer un llamado desde esa instancia que tenga que ver con el tema diciplinario/laboral, y de manera secundaria pero no menos importante de género/masculinidades y tema virtual.

Alfonso E Madrid

Devanir, valiente e iconoclasta tu llamado de atención. Hacer público el casi sempiterno oximorón “secreto a viva voz”, de todo conocimiento, que concluye en una profesión, dentro de una sociedad neolliberal- capitalista que tan bien adjetiva y describe Beatriz Preciado en su Testo Yonqui,* es un desafio a todo un sistema construido y estampado en nuestros cuerpos sapiens , a sangre, sudor y lagrimas,
El guante está lanzado y leo con beneplácito que Rodrigo Sepulveda lo recoje, espero conocer de avances y retrocesos, y más que eso, poder palpar las diferencias a traves de la red. Habrá que construir en ese imaginario colectivo, particularmente chileno, y desde la antropología, ese concepto que verte Manuel Castells con respecto a las transformaciones : “Las instituciones deben ser cambiadas desde fuera”, tu has dado un primer paso con esta carta a éstas necesaria transformaciones, las describes, las identificas. Modestamente me sumo a una eventual colaboración y mucha suerte. Slds.

*Testo Yonqui.   La autora analiza el modo en que las estructuras políticas y de poder determinan (con frecuente violencia) la experiencia de la propia persona, la vivencia de nuestro cuerpo y, en consecuencia, el papel social que desempeñamos

Estar fuera de Internet te margina

Lenguaje y crisis política. ..Todos parlotean ruidosamente, pero nadie escucha

Lenguaje y crisis política

Normalistas retiran propaganda electoral en Chilpancingo. Foto: Germán Canseco
Normalistas retiran propaganda electoral en Chilpancingo.
Foto: Germán Canseco

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Quizá la manera más profunda de abordar la crisis del país sea analizarla desde el lenguaje. Olvidamos con frecuencia que el mundo de lo humano está hecho de palabras y, en consecuencia, de sentido. Si ellas vacilan, si los significados –que están en las palabras– se pierden, la vida política y social también se desmorona. Octavio Paz lo dijo en una síntesis espléndida: “Cuando los significados se corrompen, las sociedades se pierden y se prostituyen”.

¿Dónde empezó la corrupción del lenguaje? Es difícil decirlo. Georges Steiner ha dedicado una vasta y profunda obra a intentar comprenderlo. Pero podemos decir que una de sus causas es la velocidad tecnológica de los medios y la ausencia de silencio que provocan. Si algo caracteriza a nuestra sociedad es la reducción del lenguaje a una simultaneidad sucesiva de mensajes sin sustancia ni sustento. En la infinidad de páginas electrónicas, de mails, de programas noticiosos de radio y televisión, de Twitter, de Facebook, de chats, de WhatsApp, todos parlotean ruidosamente, todos creen tener algo importante que decir, pero nadie escucha, porque no hay ni silencio ni contenido sobre el cual pensar. Cuando llega a haber uno, la ausencia de silencio y atención en el escucha o en el lector –otra forma de la escucha–, y la deformación de su lenguaje, son tales que el receptor no llega a comprender nada y sus respuestas son tan imbéciles como su falta de atención.

Para confirmarlo basta con entrar en una de las numerosas páginas electrónicas de los diarios, leer en silencio un buen artículo de un analista político y dirigirse a los comentarios que lo acompañan. Lo que uno encuentra allí es un montón de lugares comunes y críticas que nada tienen que ver con la tesis y el contenido del artículo. Ese caos lingüístico, esa ausencia de entendimiento, esa verborrea –ajena a la sintaxis y a la ortografía– que pasa de la idiotez al insulto, tiene su correlato en la violencia diaria, en el caos social, en la ausencia de contenidos políticos de los supuestos candidatos a puestos de elección, y en la ignorancia, el cinismo, la frivolidad y la estupidez casi orgánica de nuestros gobernantes. El ejemplo más explícito hoy –para no remontarnos hasta Vicente Fox– es el actual presidente de la República y su familia.

La privación de lecturas serias –leer exige un ejercicio profundo del silencio y atención–, la reducción del lenguaje a un mero acto informativo, la pérdida de los significados –no sabemos ya lo que las palabras denotan, su significación real– y el constreñimiento del habla o de la escritura a un puñado de términos manidos por los medios, sólo pueden redundar en lo que hoy vivimos: la destrucción de la vida social y política.

Esta degradación del lenguaje tiene, sin embargo, un antecedente en México: la inhumanidad de la clase política que, desde que terminó la Revolución y se instauró el priismo, ha embrutecido el lenguaje. Ella –aun antes de la revolución tecnológica de los medios de comunicación– no ha dejado de emplearlo para justificar la falsía política. No hay mentira, por más burda que sea, que no justifique tercamente; no hay crueldad, por más abyecta y espeluznante que se presente, que no disculpe o encubra en la inane verborrea de la politiquería.

La desintegración del lenguaje por la velocidad de los medios de comunicación no podría haber alcanzado los grados de corrupción y de inanidad que éste tiene si antes los maestros de la vida política, es decir, de la ciudad –los gobernantes–, no lo hubieran pervertido y embrutecido.

Por ello, la poesía y el teatro –donde el lenguaje guarda los significados profundos de lo humano y de la vida política– han sido desplazados al lugar del espectáculo o, en el mejor de los casos, al nicho de lo íntimo. Han perdido su capacidad para refundar la vida social.

Antiguamente –pienso en los profetas del mundo hebreo o en los trágicos del mundo helénico– tenían el poder de interpelar a una nación, denunciar sus atrocidades y recomponer los significados. “En Las troyanas –escribe Steiner– Eurípides poseía la autoridad poética para comunicar al público ateniense la injusticia del saqueo de Melos, para comunicarlo y reprocharlo. Aún había proporción entre la crueldad y la capacidad de reacción de la imaginación”. Hoy ya no tienen ese poder. Cuando llegan a tenerlo –pienso en el zapatismo o en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, dos movimientos llenos de poesía– es sólo un breve destello que pronto es tragado por la velocidad del lenguaje vacío de los medios, de la politiquería y de las dosis diarias de horror que nos hacen tragar hasta insensibilizarnos para las nuevas atrocidades.

Mientras –parafraseo a Steiner– en nuestros periódicos, en nuestras aulas, en nuestras leyes, en nuestros medios de comunicación, en nuestra lectura y en nuestros actos no podamos devolver al lenguaje algún grado de claridad y seriedad a sus significados, nos hundiremos cada vez más en el caos y sus violencias, o sea en el infierno: el territorio de la mudez, la atrocidad y el no sentido. Una civilización que corrompe sus palabras no sobrevivirá mucho tiempo.

*

Javier Sicilia – Wikiquote

“Yo, yo, yo” parece ser el mantra de hoy. La moda del culto a la imagen

El síndrome Selfie: de la moda al narcisismo

¿La egolatría es una reacción inevitable en las plataformas sociales?

Un análisis describe cómo el uso excesivo de Facebook y Twitter despierta el narciso de los usuarios. Pese a que lo consideran una moda, especialistas alertan sobre sus efectos.

Si hace poco ya os hablábamos sobre La obsesión por estar conectados a través de los dispositivos móviles hoy os hablamos de los tan conocidos “selfies”

¿Existe el síndrome “selfie”? Las redes sociales nos han convertido en narcisistas.

“Selfie”, ¿qué dicen de ti tus fotos?

Si eres fanático de compartir autorretratos (selfies) en redes sociales o conoces a alguien así, esta información te interesa, ya que expertos aseguran que al hacerlo reiteradamente podrían estar expresándose ciertas necesidades… ¿Tú qué opinas?

Bajo el hashtag (etiqueta) #me o #selfie, que suele acompañar a los autorretratos, miles de personas publican sus fotos en redes sociales; tan sólo en Facebook se calcula que circulan más de 240 mil millones pero, ¿por qué lo hacen? Los motivos varían:

Por diversión.
Para presumir logros.
Como mensaje para alguien.
Para compartir momentos.

Aunque no se debe generalizar, expertos en Psicología advierten que exponer excesivamente la vida personal también podría hablar de sujetos con baja autoestima, quienes buscan aprobación y aceptación de los demás.

Sociólogos y psiquiatras coinciden en que la gente exhibe solamente lo que quiere mostrar, construyéndose así una identidad que se pone a consideración de los demás para recibir retroalimentación y ser validada.

Por ello, hay quienes consideran la tendencia selfie como acto de vanidad que indica narcisismo, o bien, falta de autoestima que se traduce en necesidad de autoafirmación y construcción de la identidad.

El síndrome del “Selfie”

Pero ¿qué es un “selfie”? El acto de autofotografiarse mediante un Smartphone o, incluso, una cámara web mientras estamos comiendo sushi en nuestro restaurante japonés favorito, nos compramos unas camisetas último modelo o tomamos algo, y la subida de dichas fotos a la red (claro que siempre que hacemos algo que no esté muy alcance de una mayoría en crisis) se llama Selfie.

Junto con los avances de la tecnología y el auge de las redes sociales, los “Selfies” se autoretratan una y otra vez en la misma postura. Ésta se repite vez tras vez y es posteada casi que instantáneamente en sus perfiles sociales. A partir de aquí, su mayor preocupación es cuántos “me gusta” o cuántos “retweets” va a recibir la foto en cuestión. Y, si, además, nos dedican uno o más comentarios, la popularidad aumenta como la espuma…

Selfie, término que fue elegido en 2012 por la revista Time, como uno de los que marcaron tendencia año.

“Yo, yo, yo” parece ser el mantra de hoy. ¿Nos estaremos volviendo narcisistas en la cultura digital? Tomarse una foto de uno mismo ocasionalmente puede ser algo divertido si no nos lo tomamos en serio. Sin embargo, cuando vemos a personas que se toman fotos cada cinco minutos, en todas las poses y circunstancias posibles, para postearlas en las redes sociales y cambiar su perfil a diario, algo nos hace ruido.

¿Sabías que en Instagram hay: 36 millones de fotos tagueadas (o etiquetadas) con la palabra “selfie”, 96 millones con “yo” y no sabemos cuántas más del estilo, que no tienen ninguna etiqueta. La popularidad del selfie parece sugerir algo más allá de lo frívolo.

¿Se trata de soledad, inseguridad, vanidad? ¿Te ha tocado ver a mujeres que en un evento social se toman un selfie a manera de espejo? Lo que llama la atención es que no lo hacen fuera de las miradas; al contrario, lo hacen frente a todos. Pero ¿Qué nos dicen los estudios?

Según los especialista en redes sociales, los usuarios elaboran, diariamente, una pequeña novela de su vida en donde Facebook es el espejo y Twitter el megáfono social, en busca de likes o follows
: “Dado que empieza el tema de la aceptación de los demás, el usuario tiende a hacerse adictivo a que le den un me gusta, por eso la necesidad de presumir lo que se está haciendo siempre”.

El sitio web Best Computer Science Schools detalla mediante una infografía que esta tendencia de las redes sociales, está convirtiendo a los sujetos en narcisistas ya que, mediante las autofotografías se revela cómo muchos usuarios persiguen la vanidad y la admiración de sus atributos físicos e intelectuales lo cual puede conllevar problemas psicológicos como depresión, trastornos obsesivos – compulsivos y dismorfofobia, por citar solo algunos.

Selfies, adictos a los autorretratos

La palabra de origen inglés selfie define no solamente a los autorretratos, también a aquellos sujetos obsesionados con publicarlos y compartirlos, necesidad basada, indican expertos, en moda social caracterizada por la idea de que sólo existe lo que está en los medios.

Al respecto, un estudio de las universidades de Birmingham, Edimburgo y Heriot-Watt, en Reino Unido, realizado con apoyo de 500 usuarios de la red social más grande del mundo, Facebook, reveló que quienes publican selfies de forma exagerada suelen tener relaciones más superficiales y peor sentido de la intimidad, y que es esta última característica la que aleja a las personas acostumbradas al trato “cara a cara” (vida “analógica”), para quienes la exposición pública debilita el vínculo afectivo que existe en la vida real.

Sin embargo, expertos aclaran que en los últimos años, especialmente para los “nativos digitales” (aquellos nacidos a partir de 1980), el concepto de amistad e intimidad ya no implica necesariamente presencia física. Por ello, son las personas jóvenes quienes con mayor frecuencia buscan la aceptación de la gente mediante redes sociales, de modo que publicar selfies puede ser contraproducente si no reciben la retroalimentación esperada, dañando así su autoestima.

Pese a ello, investigadores advierten que nos acercamos a la “Web 3.0”, donde los usuarios se convierten en consumidores de lo que producen (prosumers), de ahí la creciente moda de tomar, publicar y comentar autorretratos que reflejan, incluso, íntimos estados emocionales que perfilan la identidad.

#me, fotos que dicen quién soy

El uso desmedido de las redes sociales refleja, en sus jóvenes usuarios, signos narcisistas, reportó un análisis de The Best Computer Science Schools, un fenómeno que han identificado como el “síndrome selfie”.

¿Cómo es un narcisista?

Es un trastorno de la personalidad que implica la preocupación por sí mismo y sobre cómo es percibido por los demás. El narcisista está interesado por la satisfacción de su vanidad y la admiración de sus propios atributos físicos e intelectuales.

¿Les suena? Posiblemente, las redes sociales hayan contribuido a que la sociedad, en general, se haya vuelto más narcisista. Diversos estudios confirman esta teoría. Así,Facebook y Twitter son dos de las redes sociales que más han promovido esta tendencia selfie. En este sentido, los investigadores destacan que la gente que escribe mucho en Facebook demuestra tener una personalidad bastante insegura y narcisista. ¿Y los que saturan su timeline de Twitter con aspectos de su vida cotidiana? Igualmente ; significa que necesitan la aprobación de los demás y son, por tanto, narcisistas.

¿ Cuáles son las características de un narcisista?

Los síntomas de una persona narcisista:

1) No escucha, sólo oye para ver cómo descarta, niega, descalifica o ignora el comentario del otro.
2) Se preocupa por sí mismo. Suele ser egoísta, estar interesado en su propio bien. Si es generoso, generalmente responde a sus propios intereses.
3) Se siente por encima de todos, superior a los demás; las reglas no aplican a su persona o situación.
4) Intolerante a la crítica. Suele tener un concepto inflado de sí mismo y de su importancia; sin embargo, cualquier pequeña crítica negativa lo tumba.
5) No aceptan responsabilidad. Suelen echarle la culpa a otros de las cosas que van mal.
6) Son explosivos. Cualquier pequeñez los enoja y los puede sacar de sus cabales

Efectos negativos del abuso de las redes sociales

Según diferentes estudios, el uso excesivo de las redes sociales puede producir problemas psicológicos como:

Déficit de Atención e Hiperactividad
Depresión
Trastorno Obsesivo-Compulsivo
Trastorno de Personalidad Narcisista
Trastornos esquizoafectivo y esquizotípico
Hipocondria
Adicción
Algunas señales de alarma se disparan antes de que una afición se convierta en una adicción. Aquí te decimos cuales son las señales de alarma.

Los efectos psicológicos del abuso de las redes sociales

Facebook
– Los usuarios de Facebook tienden más a tener personalidades narcisistas o inseguros
– Las personas con puntuaciones más altas en narcisismo fueron aquellas que realizaban actualizaciones frecuentes de los estados, publicaban fotos de ellos mismos y usaban frases o lemas para autoalabarse
– Una encuesta 2012 de los abogados matrimonialistas, muestra que Facebook había estado implicado en ⅓ de todas las solicitudes de divorcio el año anterior

Twitter
– En un estudio de estudiantes universitarios de la Universidad de Michigan, se encontró que los que puntuaron más alto en narcisismo también publicaban de forma más continua en Twitter.
– Los usuarios más jóvenes usan Twitter para ampliar sus círculos sociales y difundir puntos de vista.

La moda del culto a la imagen

Lo que ha hecho el fenómeno de los selfies y el narcisismo es enfocarse a la imagen. Nos ha puesto en la mano un mecanismo que quizá muchos deseábamos tener antes, pero no había los medios.

Se puede hacer de esto un círculo virtuoso, potenciando la imagen positiva o atractiva; o un círculo vicioso al resaltar una imagen negativa; sin contar con las personas que no ponen una imagen verdadera de sí mismos. Por supuesto, no todos son críticas a este narcisismo elevado, puesto que los “like” o los “follow” de la imagen subida puede ocasionar un aumento de la autoestima que, quizás, antes se encontraba por los suelos. Ya se sabe que nunca están demás las palabras bonitas.

Al realizar estos autoretratos, los “selfies” suelen sentirse superiores a los demás pero también, suelen irritarse rápidamente y no son capaces de aceptar las críticas, y les encanta fotografiarse con alguna herramienta electrónica.

SELFIES ALREDEDOR DEL MUNDO»>http://www.slideshare.net/maditabalnco/the-selfie-phenomenon-around-de-globe»&gt;

Marxismo cultural

Marxismo cultural

Marxismo Cultural se refiere a una escuela o rama del marxismo que analiza la cultura como el factor decisivo en la opresión planteado, en lugar de los factores económicos que Karl Marx enfatizó.1 Una consecuencia del marxismo occidental (especialmente Antonio Gramsci y la Escuela de Frankfurt) y la búsqueda de popularidad en la década de 1960 como los estudios culturales, el marxismo cultural sostiene que existen estructuras de poder opresivas dentro de los artefactos culturales tradicionales de la sociedad occidental como el capitalismo, el nacionalismo, la familia nuclear, el género, la raza o la identidad cultural,1 y que el objetivo del marxismo cultural es utilizar métodos de Marx (por ejemplo, el materialismo dialéctico) dentro de la academia para exponer y desafiar a esa «hegemonía capitalista».

En la política actual, el término también se ha utilizado para describir un conjunto de valores que se ejecutan en la oposición directa de los principios básicos de la sociedad occidental y la religión cristiana2 mediante la promoción de los valores occidentales fundamentales como atrasados, obsoletos u opresiva. Este programa es visto como el verdadero propósito detrás de la corrección política y el multiculturalismo, que se identifican con el marxismo cultural.3 4 Este uso es popular entre algunos expertos políticos de habla inglesa de derecha, que se ven en una guerra cultural con marxistas asumen haber subvertido las instituciones occidentales como escuelas, universidades, medios de comunicación, la industria del entretenimiento y las iglesias más principales.5

Explicación de la teoría del marxismo cultural

Somos, en términos de Marx, «un conjunto de relaciones sociales» y vivimos nuestras vidas en el centro de la intersección de un número de relaciones sociales desiguales en base a estructuras jerárquicamente relacionadas entre sí que, en conjunto, definen la especificidad histórica de los modos capitalistas de producción y reproducción y calzar sus manifestaciones observables.

Martha E. Gimenez, Marxismo y CLases, género y raza: Repensando la Trilogía6

Según el profesor de UCLA y crítico teórico Douglas Kellner, «Muchos teóricos marxistas del siglo 20, desde Georg Lukács, Antonio Gramsci, Ernst Bloch, Walter Benjamin y TW Adorno a Fredric Jameson y Terry Eagleton emplean la teoría marxista para analizar las formas culturales en relación con su producción, sus implicaciones con la sociedad y la historia, y su impacto e influencia en el público y la vida social «.7 8 Los investigadores han utilizado diversos tipos de crítica social marxista para analizar los artefactos culturales.

Escuela de Frankfurt y la teoría crítica

La Escuela de Frankfurt es el nombre que generalmente se usa para referirse a un grupo de estudiosos que se han asociado en un momento u otro durante varias décadas con el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Frankfurt, como Theodor W. Adorno, Max Horkheimer, Ernst Bloch, Walter Benjamin, Erich Fromm, Herbert Marcuse, Wolfgang Fritz Haug y Jürgen Habermas. En la década de 1930 el Instituto de Investigación Social fue obligado a salir de Alemania por el ascenso del Partido Nazi. En 1933, el Instituto fue de Alemania a Ginebra. A continuación, se trasladó a Nueva York en 1934, donde se convirtió en afiliada con la Universidad de Columbia. Su revista Zeitschrift für Sozialforschung fue consecuencia renombrado estudios en Filosofía y Ciencias Sociales. Fue en ese momento en que gran parte de su importante labor comenzó a surgir, después de haber obtenido una buena acogida en el mundo académico americano y Inglés.

Entre las obras principales de la Escuela de Frankfurt, que aplica las categorías marxistas para el estudio de la cultura eran Adorno «en la música popular», que fue escrito con George Simpson y publicado en Estudios de Filosofía y Ciencias Sociales en 1941 y argumentó que la música popular fue, por diseño y promoción», totalmente antagónica al ideal de la individualidad en una sociedad liberal libre»,9 de Adorno y Horkheimer «La industria cultural: Ilustración como engaño de masas», originalmente un capítulo en la Dialéctica de la Ilustración (1947), que argumentó que la cultura refuerza «el poder absoluto del capitalismo»,10 y la «industria de la cultura reconsiderado», una radio conferencia 1963 por Adorno.11

A partir de 1945 una serie de estos marxistas sobrevivientes volvió a oeste y de la Alemania Oriental. Adorno y Horkheimer regresaron a Frankfurt en 1953 y restableció el Instituto. En Alemania Occidental a finales de 1950 y comienzos de 1960, un renovado interés en el marxismo producido una nueva generación de marxistas que participan en asuntos tales como el análisis de las transformaciones culturales que tienen lugar en el capitalismo fordista, el impacto de los nuevos tipos de música popular y el arte de las culturas tradicionales y el mantenimiento de la integridad política del discurso en la esfera pública.12 Este renovado interés se ejemplifica por la revista Das Argument. La tradición de pensamiento asociada a la Escuela de Frankfurt es la Teoría Crítica.

Birmingham School y los estudios culturales

El trabajo de la Escuela de Frankfurt y del pensador marxista Antonio Gramsci fue particularmente influyente en la década de 1960, y tuvo un gran impacto en el desarrollo de los estudios culturales, especialmente en Gran Bretaña. Como Douglas Kellner escribe:

El marxismo cultural fue muy influyente en el mundo occidental, especialmente en la década de 1960, cuando Marx pensaba que era de lo más prestigioso y procreador( sería preferible otro término). Los teóricos como Roland Barthes y el grupo Tel Quel en Francia; Galvano Della Volpe, Lucio Colletti y otros en Italia; Fredric Jameson, Terry Eagleton y la cohorte de 1960 quiene representaban a los radicales culturales en el mundo de habla inglesa, y un gran número de teóricos a lo largo del mundo utiliza el marxismo cultural para desarrollar modos de los estudios culturales que analizan la producción, interpretación y recepción de bienes culturales dentro de las condiciones socio-históricas concretas que habían impugnado efectos y usos políticos e ideológicos. Una de las formas más famosas e influyentes de los estudios culturales, inicialmente bajo la influencia del marxismo cultural, surgió en el Centro de Estudios Culturales Contemporáneos de Birmingham, Inglaterra dentro de un grupo conocidos como la Escuela de Birmingham.7

Véase también

Referencias

  1. Merquior, J.G. (1986). Western Marxism, University of California Press/Paladin Books, ISBN 0586084541
  2. http://www.westernrevival.org/who_stole_our_culture.htm
  3. http://destoryculturalmarxism.blogspot.de/2013/01/what-is-cultural-marxism.html
  4. http://www.worldviewweekend.com/worldview-times/article.php?articleid=4104
  5. http://www.thevoicemagazine.com/culture/politics/christians-fight-against-cultural-marxism.html
  6. Marxism and Class, Gender and Race: Rethinking the Trilogy, by Martha E. Gimenez, Published (2001) in Race, Gender and Class, Vol. 8, No. 2, pp. 23-33.
  7. Douglas Kellner, «Cultural Marxism and Cultural Studies,»http://www.gseis.ucla.edu/faculty/kellner/essays/culturalmarxism.pdf, circa 2004.
  8. Douglas Kellner, «Herbert Marcuse,» Illuminations, University of Texas, http://www.uta.edu/huma/illuminations/kell12.htm.
  9. «On popular music«. Originally published in: Studies in Philosophy and Social Science, New York: Institute of Social Research, 1941, IX, 17-48. See Gordon Welty «Theodor Adorno and the Culture Industry» (1984).
  10. Theodor W. Adorno and Max Horkheimer «Enlightment as mass deception» Dialectic of Enlightenment. London: Verso, 1979, 120-167 (originally published as: Dialektik der Aufklärung. Amsterdam: Querido, 1947). On-line the University of Groningen website and Marxist Internet Archive. See Gordon Welty «Theodor Adorno and the Culture Industry» (1984).
  11. Lecture in the International Radio University Program over the Hessian Broadcasting System which was published in German in 1967, English translation in New German Critique, 6, Fall 1975, 12-19 (translated by Anson G. Rabinbach). See Gordon Welty «Theodor Adorno and the Culture Industry» (1984).
  12. e.g. Jürgen Habermas (1962 trans 1989) The Structural Transformation of the Public Sphere: An Inquiry into a category of Bourgeois Society, Polity, Cambridge.

Otras lecturas

Tipos de Investigación científica. Franck Morales

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Por Frank Morales

Existen varios tipos de investigación científica dependiendo del método y de los fines que se persiguen. La investigación, de acuerdo conSabino (2000), se define como “un esfuerzo que se emprende para resolver un problema, claro está, un problema de conocimiento” (p. 47).

Actualización de enlaces: 2 de mayo de 2014

Por su lado Cervo y Bervian (1989) la definen como “una actividad encaminada a la solución de problemas. Su Objetivo consiste en hallar respuesta a preguntas mediante el empleo de procesos científicos” (p. 41).

Ahora bien, desde el punto de vista puramente científico, la investigación es un proceso metódico y sistemático dirigido a la solución de problemas o preguntas científicas, mediante la producción de nuevos conocimientos, los cuales constituyen la solución o respuesta a tales interrogantes.

La investigación puede ser de varios tipos, y en tal sentido se puede clasificar de distintas maneras, sin embargo es común hacerlo en función de su nivel, su diseño y su propósito. Sin embargo, dada la naturaleza compleja de los fenómenos estudiados, por lo general, para abordarlos es necesario aplicar no uno sino una mezcla de diferentes tipos de investigación. De hecho es común que hallar investigaciones que son simultáneamente descriptivas y transversales, por solo mencionar un caso.

El nivel de investigación: Este se refiere al grado de profundidad con que se aborda un fenómeno u objeto de estudio. Así, en función de su nivel el tipo de investigación puede ser Descriptiva,Exploratoria o Explicativa.

1. Investigación Descriptiva:

En las investigaciones de tipo descriptiva, llamadas también investigaciones diagnósticas, buena parte de lo que se escribe y estudia sobre lo social no va mucho más allá de este nivel. Consiste, fundamentalmente, en caracterizar un fenómeno o situación concreta indicando sus rasgos más peculiares o diferenciadores.

En la ciencia fáctica, la descripción consiste, segúnBunge, en responder a las siguientes cuestiones:

– ¿Qué es? > Correlato.
– ¿Cómo es? > Propiedades.
– ¿Dónde está? > Lugar.
– ¿De qué está hecho? > Composición.
– ¿Cómo están sus partes, si las tiene, interrelacionadas? > Configuración.
– ¿Cuánto? > Cantidad

El objetivo de la investigación descriptiva consiste en llegar a conocer las situaciones, costumbres y actitudes predominantes a través de la descripción exacta de las actividades, objetos, procesos y personas. Su meta no se limita a la recolección de datos, sino a la predicción e identificación de las relaciones que existen entre dos o más variables. Los investigadores no son meros tabuladores, sino que recogen los datos sobre la base de una hipótesis o teoría, exponen y resumen la información de manera cuidadosa y luego analizan minuciosamente los resultados, a fin de extraer generalizaciones significativas que contribuyan al conocimiento.

1.1. Etapas de la investigación descriptiva:

1.      Examinan las características del problema escogido.

2.      Lo definen y formulan sus hipótesis.

3.      Enuncian los supuestos en que se basan las hipótesis y los procesos adoptados.

4.      Eligen los temas y las fuentes apropiados.

5.      Seleccionan o elaboran técnicas para la recolección de datos.

6.      Establecen, a fin de clasificar los datos, categorías precisas, que se adecuen al propósito del estudio y permitan poner de manifiesto las semejanzas, diferencias y relaciones significativas.

7.      Verifican la validez de las técnicas empleadas para la recolección de datos.

8.      Realizan observaciones objetivas y exactas.

9.      Describen, analizan e interpretan los datos obtenidos, en términos claros y precisos.

 

1.2. Recolección de datos de la investigación descriptiva:

En el informe de la investigación se señalan los datos obtenidos y la naturaleza exacta de la población de donde fueron extraídos. La población —a veces llamada universo o agregado— constituye siempre una totalidad. Las unidades que la integran pueden ser individuos, hechos o elementos de otra índole. Una vez identificada la población con la que se trabajará, entonces se decide si se recogerán datos de la población total o de una muestra representativa de ella. El método elegido dependerá de la naturaleza del problema y de la finalidad para la que se desee utilizar los datos.

Población total: Muchas veces no es difícil obtener información acerca de todas las unidades que componen una población reducida, pero los resultados no pueden aplicarse a ningún otro grupo que no sea el estudiado.

Muestra de la población: Cuando se trata de una población excesivamente amplia se recoge la información a partir de unas pocas unidades cuidadosamente seleccionadas, ya que si se aborda cada grupo, los datos perderían vigencia antes de concluir el estudio. Si los elementos de la muestra representan las características de la población, las generalizaciones basadas en los datos obtenidos pueden aplicarse a todo el grupo.

1.3. Expresión de datos de la investigación descriptiva:

Los datos descriptivos se expresan en términoscualitativos y cuantitativos. Se puede utilizar uno de ellos o ambos a la vez.

Cualitativos (mediante símbolos verbales): Se usan en estudios cuyo objetivo es examinar la naturaleza general de los fenómenos. Los estudios cualitativos proporcionan una gran cantidad de información valiosa, pero poseen un limitado grado de precisión, porque emplean términos cuyo significado varía para las diferentes personas, épocas y contextos. Los estudios cualitativos contribuyen a identificar los factores importantes que deben ser medidos. (Visión cientificista).

Cuantitativos (por medio de símbolos matemáticos): Los símbolos numéricos que se utilizan para la exposición de los datos provienen de un cálculo o medición. Se pueden medir las diferentes unidades, elementos o categorías identificables.

1.4. Tipos de investigación descriptiva:

Tomando en cuenta que las siguientes categorías no son rígidas, muchos estudios pueden encuadrarse sólo en alguna de estas áreas, y otros corresponden a más de una de ellas. Encuestas, estudio deInterrelaciones y estudios de Desarrollo

1. Estudios tipo encuesta.

Se llevan a cabo cuando se desea encontrar la solución de los problemas que surgen en organizaciones educacionales, gubernamentales, industriales o políticas. Se efectúan minuciosas descripciones de los fenómenos a estudiar, a fin de justificar las disposiciones y prácticas vigentes o elaborar planes más inteligentes que permitan mejorarlas. Su objetivo no es sólo determinar el estado de los fenómenos o problemas analizados, sino también en comparar la situación existente con las pautas aceptadas. El alcance de estos estudios varía considerablemente; pueden circunscribirse a una nación, región, Estado, sistema escolar de una ciudad o alguna otra unidad. Los datos pueden extraerse a partir de toda la población o de una muestra cuidadosamente seleccionada. La información recogida puede referirse a un gran número de factores relacionados con el fenómeno o sólo a unos pocos aspectos recogidos. Su alcance y profundidad dependen de la naturaleza del problema.

2. Estudios de interrelaciones.

Si el objeto es identificar las relaciones que existen entre los hechos para lograr una verdadera comprensión del fenómeno a estudiar, los estudios de esta índole son los estudios de casos, estudioscausales comparativos y estudios de correlación.

Estudio de casos: 

El educador realiza una investigación intensiva de una unidad social o comunidad. Para ello recoge información acerca de la situación existente en el momento en que realiza su tarea, las experiencias y condiciones pasadas y las variables ambientales que ayudan a determinar las características específicas y conducta de la unidad. Después de analizar las secuencias e interrelaciones de esos factores, elabora un cuadro amplio e integrado de la unidad social, tal como ella funciona en la realidad. El interés en los individuos no es considerándolo como personalidad única, sino como tipos representativos. Se reúnen los datos a partir de una muestra de sujetos cuidadosamente seleccionados y se procuran extraer generalizaciones válidas sobre la población que representa la muestra. El objetivo de los estudios de casos consiste en realizar una indagación a profundidad dentro de un marco de referencia social; las dimensiones o aspectos de dicho marco dependen de la naturaleza del caso estudiado.

Un estudio de casos debe incluir una considerable cantidad de información acerca de las personas, grupos y hechos con los cuales el individuo entra en contacto y la naturaleza de sus relaciones con aquéllos. Los seres humanos desarrollan una constante interacción con diversos factores ambientales, por eso es imposible comprender su conducta sin examinar tales relaciones. Los datos deben provenir de muchas fuentes. Se puede interrogar a los sujetos mediante entrevistas o cuestionarios y pedirles que evoquen experiencias pasadas o sus deseos y expectativas presentes. Se estudian documentos personales como diarios y cartas, efectuando distintas mediciones físicas, psicológicas o sociológicas. Se puede interrogar a padres, hermanos y amigos de los sujetos, analizar archivos de los tribunales, escuelas, hospitales, empresas o instituciones sociales.

Los estudios de casos son similares a las encuestas, pero en ellos hay un estudio intensivo de una cantidad limitada de casos representativos, en lugar de reunir datos de pocos aspectos de un gran número de unidades sociales. Tiene un alcance más limitado pero es más exhaustivo que el de encuestas, y le da más importancia a los factores cualitativos.

Estudios causales comparativos: 

Si además de pretender descubrir como es un fenómeno se quiere saber de qué manera y por qué ocurre, entonces se comparan semejanzas y diferencias que existen entre fenómenos, para descubrir los factores o condiciones que parecen acompañar o contribuir a la aparición de ciertos hechos y situaciones. Por la complejidad y naturaleza de los fenómenos sociales, es menester estudiar las relaciones de causalidad. Este tipo de estudio se usa en los casos en que los investigadores no pueden manejar una variable independiente y establecer los controles requeridos en los experimentos.

En un estudio causal comparativo el investigador analiza la situación vital en la cual los sujetos han experimentado el fenómeno que se quiere investigar. Después de estudiar las semejanzas y diferencias que hay entre dos situaciones, entonces podrá describir los factores que parecen explicar la presencia del fenómeno en una situación y su ausencia en la otra. Esta investigación tiene su origen por el método utilizado por John Stuart Millpara descubrir las situaciones causales, que establece que “si dos o más instancias del fenómeno investigado tienen sólo una circunstancia en común, en la cual todas las instancias concuerdan, es la causa (o efecto) del fenómeno dado”. Este método proporciona al investigador la doble posibilidad de control sobre sus conclusiones acerca de las relaciones de causalidad.

Las dificultades posibles de explicar los fenómenos en este tipo de estudios reside en la imposibilidad de establecer un control más allá de poner a prueba tantas hipótesis alternativas como sea posible;

– si al estudiar el problema el factor produce un efecto determinado no se incluye entre los puntos considerados, entonces no será posible averiguar la causa (si se desea hallar las posibles causas de los fenómenos y desechar los factores aleatorios se debe poseer suficiente información general acerca de tales fenómenos y elaborar cuidadosamente sus procedimientos de observación);

– al exigir que sea un solo factor el que determine la aparición o ausencia de un fenómeno, muchas veces en los fenómenos sociales complejos se obedece a múltiples causas; cuando dos variables se hallan relacionadas entre sí es difícil determinar cuál de ellas es la causa y cuál el efecto;

– al intentar clasificar a los sujetos en grupos dicotómicos a fin de establecer comparaciones entre ellos, los fenómenos sociales sólo presentan similitudes si los incluimos en las más amplias categorías, aunque sabemos que los hechos sociales no se clasifican automáticamente en categorías exclusivas (por lo general la comparación entre dos variables indefinidas proporciona escasa información útil sobre el fenómeno que se pretende explicar);

– cuando se trata de estudios en los que se comparan situaciones normales, la tarea de seleccionar no requiere los mismos cuidados y precauciones que en el caso de los estudios experimentales, generalmente resulta difícil hallar grupos de elementos que sean similares en todos sus aspectos, excepto en lo que respecta al hecho de hallarse expuestos a una variable distinta (siempre existe el peligro de que los grupos presenten diferencias en relación con otras dimensiones -salud, inteligencia, antecedentes familiares, experiencia anterior- que pueden afectar los resultados del estudio).

Estudios de correlación: 

Se utilizan para determinar la medida en que dos variables se correlacionan entre sí, es decir el grado en que las variaciones que sufre un factor se corresponden con las que experimenta el otro. Las variables pueden hallarse estrecha o parcialmente relacionadas entre sí, pero también es posible que no exista entre ellas relación alguna. Puede decirse, en general, que la magnitud de una correlación depende de la medida en que los valores de dos variables aumenten o disminuyan en la misma o en diferente dirección.

Si los valores de dos variables aumentan o disminuyen de la misma manera, existe una correlación positiva; si, en cambio, los valores de una variable aumentan en tanto que disminuyen los de la otra, se trata de una correlación negativa; y si los valores de una variable aumentan, los de la otra pueden aumentar o disminuir, entonces hay poca o ninguna correlación. En consecuencia la gama de correlaciones se extiende desde la perfecta correlación negativa hasta la no correlación o la perfecta correlación positiva. Las técnicas de correlación son muy útiles en los estudios de carácter predictivo.

Si bien el coeficiente de correlación sólo permite expresar en términos cuantitativos el grado de relación que dos variables guardan entre sí, no significa que tal relación sea de orden causal. Para interpretar el significado de una relación se debe recurrir al análisis lógico, porque la computación estadística no dilucida el problema. Sus riesgos son los mismos que en los estudios causales comparativos.

3. Estudios de desarrollo:

Consiste en determinar no sólo las interrelaciones y el estado en que se hallan los fenómenos, sino también en los cambios que se producen en el transcurso del tiempo. En él se describe el desarrollo que experimentan las variables durante un lapso que puede abarcar meses o años. Abarca estudios decrecimiento y de tendencia.

Los estudios de crecimiento se refieren a la identificación de los diversos factores interrelacionados que influyen sobre el crecimiento en sus diferentes etapas, saber en qué momento se tornan observables los diversos aspectos y cuándo surgen, permanecen estacionarios, alcanzan su desarrollo óptimo y, finalmente, decaen. Para el estudio del desarrollo humano se usan dos métodos: las técnicas lineales y las de corte transversal. En ambos tipos de investigación, se deben efectuar una serie de observaciones sistemáticas.

El objetivo de las técnicas lineales es medir el grado de crecimiento de determinados niños en diferentes edades, por ejemplo; y en los de corte transversal no se medirían los mismos niños a intervalos regulares, sino se efectuaría un registro de medidas de diferentes niños pertenecientes a distintos grupos de edad.

Los estudios de corte transversal incluyen generalmente a una mayor cantidad de sujetos, y describen un número menos de factores de crecimiento que los estudios lineales. La técnica de corte transversal se usa con más frecuencia por su bajo costo y porque ocupa menos tiempo; la técnica lineal es el más adecuado para estudiar el desarrollo humano.

Ambas técnicas plantean problemas de muestreo: en los de corte transversal es posible que los diferentes sujetos de cada nivel de edad no sean comparables; los lineales obtienen información de un número limitado de sujetos, sin la confiabilidad de muestras más amplias, asimismo la dificultad para el investigador de evaluar y perfeccionar con cierta frecuencia sus técnicas, pues una vez iniciada la investigación no es posible interrumpirla para modificar o mejorar los procedimientos empleados. Para estudios lineales hacen falta apoyos económicos y un equipo de trabajo ininterrumpido durante años.

Los estudios de tendencia consisten en obtener datos sobre aspectos sociales, económicos y políticos y en analizarlos posteriormente para identificar las tendencias fundamentales y predecir los hechos que pueden producirse en el futuro. En ellos se combinan a veces técnicas históricas, documentales y las que se usan en las encuestas. Resulta aventurado formular predicciones basadas en los datos de tendencia social, porque las condiciones económicas, los avances tecnológicos, las guerras, las aspiraciones individuales y otros hechos imprevisibles pueden modificar de manera repentina el curso esperado de los acontecimientos.

A causa de los innumerables factores impredictibles que pueden ejercer influencia sobre los fenómenos sociales, la duración de los análisis de tendencia afecta en una medida considerable la validez de la predicción; la mayoría de las predicciones de largo alcance constituyen meras estimaciones, en tanto que las que se refieren a lapsos más breves gozan de mayores posibilidades de certeza.

1.5. Evaluación de la investigación descriptiva:

Algunos problemas con que suelen tropieza los investigadores se refieren a examen crítico de los materiales originales, el vocabulario técnico, la formulación de hipótesis, la observación y experimentación, y la generalización y predicción.

2. Investigación Exploratoria:

Es aquella que se efectúa sobre un tema u objeto desconocido o poco estudiado, por lo que sus resultados constituyen una visión aproximada de dicho objeto, es decir, un nivel superficial de conocimiento. Este tipo de investigación, de acuerdo con Sellriz (1980) pueden ser:

a) Dirigidos a la formulación más precisa de un problema de investigación , dado que se carece de información suficiente y de conocimiento previos del objeto de estudio , resulta lógico que la formulación inicial del problema sea imprecisa. En este caso la exploración permitirá obtener nuevo datos y elementos que pueden conducir a formular con mayor precisión las preguntas de investigación.

b) Conducentes al planteamiento de una hipótesis: cuando se desconoce al objeto de estudio resulta difícil formular hipótesis acerca del mismo. La función de la investigación exploratoria es descubrir las bases y recabar información que permita como resultado del estudio, la formulación de una hipótesis. Las investigaciones exploratorias son útiles por cuanto sirve para familiarizar al investigador con un objeto que hasta el momento le era totalmente desconocido, sirve como base para la posterior realización de una investigación descriptiva, puede crear en otros investigadores el interés por el estudio de un nuevo tema o problema y puede ayudar a precisar un problema o a concluir con la formulación de una hipótesis.

3. Investigación Explicativa:

Se encarga de buscar el porqué de los hechos mediante el establecimiento de relaciones causa-efecto. En este sentido, los estudios explicativos pueden ocuparse tanto de la determinación de las causas (investigación postfacto), como de los efectos (investigación experimental), mediante laprueba de hipótesis. Sus resultados y conclusiones constituyen el nivel más profundo de conocimientos.

La investigación explicativa intenta dar cuenta de un aspecto de la realidad, explicando su significatividad dentro de una teoría de referencia, a la luz de leyes o generalizaciones que dan cuenta de hechos o fenómenos que se producen en determinadas condiciones.

Dentro de la investigación científica, a nivel explicativo, se dan dos elementos:

– Lo que se quiere explicar: se trata del objeto, hecho o fenómeno que ha de explicarse, es el problema que genera la pregunta que requiere una explicación.

– Lo que se explica: La explicación se deduce (a modo de una secuencia hipotética deductiva) de un conjunto de premisas compuesto por leyes, generalizaciones y otros enunciados que expresan regularidades que tienen que acontecer. En este sentido, la explicación es siempre una deducción de una teoría que contiene afirmaciones que explican hechos particulares.

Referencias:

1.  Investigación descriptiva (s/f). [Documento en línea]. Disponible:http://www.mistareas.com.ve/investigacion-descriptiva.htm [Consulta: 2010, Mayo 18]

2.  Investigación Explicativa (s/f). [Documento en línea]. Disponible:http://www.mistareas.com.ve/investigacion-explicativa.htm [Consulta: 2010, Mayo 18]

3.  La investigación descriptiva (s/f). [Documento en línea]. Disponible:http://noemagico.blogia.com/2006/091301-la-investigacion-descriptiva.php [Consulta: 2010, Mayo 18]

4.  Tipo de Estudio o Tipo de Investigación (s/f). [Documento en línea]. Disponible:http://www.mistareas.com.ve/Tipo-de-estudio-tipo-de-investigacion.htm [Consulta: 2010, Mayo 18]

Mayo 18th, 2010

 

Frank Morales:

Licenciado en Educación, mención Matemática Universidad de Los Andes. Magíster Scientarium mención Gerencia y Liderazgo Universidad Fermín Toro.

“El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”, y Don Hans Niemeyer.

 
 
 

10. Balsas de Cuero de Lobo

En esta décima entrega trataremos de un libro muy reciente, nos referimos a “El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”, originalmente aparecido en el año 2003, cuyo autor, don Oriel Álvarez Hidalgo, acaba de reeditar el año recién pasado, con el apoyo de la Agrupación de Turismo Delfines de Caleta Chañaral de Aceituno y el aporte económico del Gobierno Regional de Atacama, a través del proyecto: “Edición de libro Balsa de Cuero de lobo, como muestra del rescate del hombre y la mujer Chango” del año 2012.
Hemos elegido éste libro para la presente entrega por contener variados motivos de interés: en primer lugar porque trata de la temática indígena, que en nuestra historia matria local no ha sido suficientemente desarrollada, en segundo lugar por ser el fruto del trabajo de un autor freirinense prolífico, cuyas obras mayores serán también reseñada en el futuro cercano, y en tercer lugar por tratarse de una monografía orgullosamente de tipo familiar, que desde ese lugar íntimo aspira a realizar un aporte más amplio.
En éstas sencillas reseñas hemos venido planteando el concepto de Historia Matria o Matriohistoria, en contraposición a la historia patria o historia total; entre ambas establecemos una tensión relativa, donde nuestras preferencias se inclinan decididamente en favor de la Historia Matria, de nuestra tierra, del terruño amado, espacio físico y poético, concreto e imaginado; la historia matria es la de nuestra identidad, tiene olor, color, concretitud, es abierta e incluyente, es decir invita a otros a hacerse parte; desde un punto de vista metodológico la Historia Matria no rehúye de las crónicas familiares, a diferencia de la historia patria, que busca lo general; la historia matria nuestra asume orgullosamente las monografías personales, las fotografías de época, los diarios antiguos y actuales; la historia matria, por lo tanto, también incluye a los hechos únicos, aquellos a los que la historia total les resta importancia ya que no puede abordarlos por no ser generales; para nosotros, en cambio, el hecho único es valioso, su irrepetibilidad no es un inconveniente, al contrario, lo hace más valioso, fundante, propio, nos da sentido, identidad; es bajo esta lógica local, nuestra, como trataremos el libro “El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”.
El autor comienza su texto asumiendo que se trata de un libro patrimonial de la familia Álvarez Hidalgo, legítimos y antiguos habitantes del Huasco Profundo, cuya tronco familiar fue y sigue siendo en gran medida la Caleta Chañaral de Aceituno.
Su libro se compone de 4 capítulos, a saber: I. Introducción Histórica; II. El Último Constructor de Balsas de Chile; III. Método de Construcción de las Últimas Balsas en Caleta Chañaral de Aceituno; y IV.  Apunte de Otros Empleos de la Balsa y Relatos en la Historia de la Colonia; comentaremos cada uno de esos capítulos e iremos intentando extraer sus más notables implicancias para el conocimiento de nuestra historia matria.
En el capítulo inicial nuestro autor reseñado intenta plantear una síntesis general sobre el modo de vida prehistórico de los primeros hombres de la costa, llegados con la gran migración que produjo el poblamiento americano inicial, donde a poco andar inserta la denominación “Chango” como resultado histórico de ese modus vivendis de larga data en nuestro continente; éste es el capítulo más débil de todo su texto, debido a que intenta vanamente mezclar el discurso arqueológico con el discurso histórico, siendo disciplinas diferentes tanto en su teoría como en sus metodologías, difícilmente por ello traducibles en un discurso unitario; finalmente, y a modo de corolario Oriel Álvarez Hidalgo cita a fuentes etnohistóricas referidas a los Changos, donde se funden arqueología e historia en un maridaje nunca muy bien avenido, ya que la Etnohistoria es una rama actual de la Historia que trata sobre un período temporal arduamente disputado tanto por la historia como por la arqueología histórica, por tratarse de un período y objeto de estudio que ya cuenta con fuentes escritas generadas por los primeros cronistas españoles y luego chilenos, (Ámbito propio de la Historia), pero el sujeto investigado son indígenas que dejaron huellas materiales de su existencia desde su llegada a América hasta su extinción o pervivencia hasta el presente (Ámbito propio de la Arqueología Prehistórica e Histórica), de allí que la Etnohistoria sea una zona de intersección muy friccionada entre esas disciplinas.
Por todo lo anterior el resultado final del capítulo inicial de nuestro Oriel Álvarez Hidalgo no es satisfactorio: el autor, dentro del repertorio arqueológico cita a autores fundamentales en el desarrollo de esa disciplina en Chile, representantes del período pre científico o romántico de esa hermosa disciplina científica, tales como Ricardo Latcham (1910) y Max Uhle (1922), glorias y pioneros en el estudio de la prehistoria Chilena, pero, ambos, ampliamente superados por el ulterior desarrollo de la arqueología científica en nuestro país a partir de la década de los 60`s, teniendo como hito fundador la creación de la carrera universitaria de arqueología en la Universidad de Chile; las periodificaciones culturales y temporales postuladas por esos autores desde hace muchas décadas atrás ya no están vigentes. Por otro lado y en referencia ahora a los autores de la Historia Nacional, Oriel Álvarez Hidalgo cita a Francisco Frías y a Encina y Castedo, íconos de la Historia Patria o Nacional, quienes no hacen más que resumir las escasas certezas que se tenía de los Changos en su momento, y contribuyendo a crear nuevas mitologías simplificadoras y generalizantes sobre las identidades étnicas de Chile, utilizando conceptos étnicos equívocos, identificaciones defectuosas, en una lógica extraordinariamente errada: aquella que entiende a los indígenas viviendo con fronteras fijas, como esos mapas para niños, donde usted ve, querido lector, claramente donde vivía un pueblo y donde vivía el siguiente más al norte o al sur, como un mapamundi a colores, todo muy lejos de la forma en que los indígenas ocuparon los territorios, muchas veces entremezcladas muchas etnias y pueblos en un mismo territorio, sin la noción excluyente territorial que guía a los Estados-Nación actuales.
El segundo capítulo del texto de Oriel Álvarez Hidalgo, que como ya hemos dicho tituló “El Último Constructor de Balsas en Chile”, es una pieza hermosa sobre la historia de su familia, reconstruyendo la historia de su tronco familiar, situando en don Nicolás Vergara y en doña Emma Álvarez, sus abuelos, y en don Hilario, su bisabuelo paterno, los inicios de su notable clan familiar, todos conocedores del arte de la confección y uso de las balsas de cuero de lobo, que su padre, el personaje central de su libro, don Roberto Álvarez Álvarez, conoció también desde pequeño, y que transmitió a sus hijos, los hermanos mayores del nuestro autor reseñado y que finalmente se tradujo en la construcción de las últimas balsas de cuero de lobo que hoy existen, como testimonio de esa tecnología que los Changos utilizaron desde muy temprano en las costas del Océano Pacífico. Oriel Álvarez es muy claro en eso: su familia conservó el conocimiento de esa tecnología que provenía de los Changos, pero no decían ser pertenecedores a esa etnia; la construcción de Balsas de cuero de lobo terminó siendo una reliquia tecnológica conservada sin muchas otras referencias a la cultura Changa; que hasta hoy la cultura popular local asuma que don Roberto fue “el último Chango” no pasa de ser un muy merecido reconocimiento, aunque en realidad don Roberto fue, tal como lo plantea su hijo y autor del texto, solo el último constructor de balsas de cuero de lobo, lo que no deja de ser altamente valorable y motivo de legítimo orgullo para sus nutridos descendientes.
Este capítulo posee gran interés, ya que trata sobre la multifacética manera de habitar el territorio que los Huasquinos tenían hasta muy avanzado el siglo XX, heredada de las anteriores redes sociales, muchas de ellas nacidas en épocas netamente indígenas, basadas en un acceso a recursos diferenciados y estacionales, tanto en épocas del año como los distintos pisos altitudinales, es decir, los recursos, ya sea forrajeros, pesqueros, leñeros, hortícolas, etc., estaban repartidos de manera archipielágica en el territorio, por lo que sus habitantes podían ser pescadores, crianceros, pirquineros, trabajadores asalariados, etc., en distintos momentos, incluso de un mismo año.
La misma familia de don Roberto asume que las labores de pesca y caza de lobo marino se conjugaba con la crianza de animales caprinos, los cuáles eran incluso llevados en bote por estaciones climáticas hasta la Isla de Chañaral de Aceituno, tal vez en esos momentos ya la isla comenzó a mostrar los primeros signos de depredación en su flora nativa, patrón tan tristemente típico de la actividad criancera caprina en el norte chico. Fruto de estas redes sociales se producía el trueque de productos costeros con aquellos productos agrícolas propios de los distintos tramos del valle del Huasco, utilizándose recuas de mulas o burros,  donde los huasquinos vallunos se contactaban con los huasquinos costeños, trayendo  harina de trigo, higos secos, harina tostada, nueces, arrope, pajarete y frutas para intercambian por pescados, mariscos frescos y el famoso pan de luche; del mismo modo los propios habitantes de la costa viajaban hasta los minerales cercanos llevando pescado fresco y mariscos secos, aunque en éstos casos el intercambio era monetario.
Oriel Álvarez nos cuenta que los patrones de movilidad de los últimos navegantes en balsas de cuero de lobo en la costa del Huasco iban, al menos hasta el año 1957, desde Caleta El Sarco por el norte hasta Punta Choros por el sur, además de los sabidos viajes desde la costa hasta la isla Chañaral de Aceituno, los que eran menos frecuentes ya que tales embarcaciones no eran adecuadas para enfrentar los fuertes oleajes y vientos, por ello las embarcaciones de cuero de lobo por lo general navegaban a no más de 100 metros mar afuera de la línea costera.
En este momento el relato de Oriel Alvarez Hidalgo se centra en la aparición de una figura legendaria de la arqueología chilena: Hans Niemeyer Fernandez, uno de los fundadores de la carrera universitaria de arqueología de la Universidad de Chile en la década del 60`, siendo él mismo ingeniero civil de profesión y arqueólogo autodidacta; don Hans tuvo mucho contacto con el valle del Huasco, particularmente interesantes fueron sus trabajos sobre los Cazadores Recolectores Arcaicos de los períodos Medio y Tardío en la costa de Huasco en 1967, posteriormente la determinación de una “Fase Huasco” para la cultura Molle propia del período Agroalfarero Temprano en 1970, fruto de su conocimiento previo de túmulos funerarios en la localidad de Pinte o en la quebrada de El Durazno ya en 1955; más interesantes aún fueron sus hallazgos de conchales de filiación Inka-Diaguita, es decir, del período Agroalfarero Intermedio Tardío precisamente en la misma isla Chañaral de Aceituno y Punta Choros en 1967; siendo la excavación del cementerio Inka Diaguita de Alto del Carmen, en 1971, su trabajo más conocido. Después de su alejamiento del Huasco y su posterior muerte la arqueología de nuestra zona nunca volvió a recobrar ese vigor, los actuales estudios arqueológicos en el Huasco, en su mayoría someras líneas base ligadas a proyectos de inversión, no pasan de ser prospecciones superficiales, sin investigación, ni excavaciones, destinadas a pavimentar el camino a la rapiña mercantil.
 posteriormente fueron construidas otras Don Hans fue el artífice de que la familia Álvarez volviera a construir balsas de cuero de lobo, si bien el conocimiento académico de que esos saberes aún pervivían en la zona de Chañaral de Aceituno es algo previo, rastreable a las noticias que entregara en 1940 don Guillermo Millie, conocido vecino vallenarino y Jorge Iribarren Charlín, otra lumbrera de la arqueología del norte chico; a moción de don Hans, don Roberto Álvarez, en 1965, accedió a construirle una balsa de cuero de lobo a la usanza tradicional, recordando trabajosamente la técnica que aprendiera en su infancia directamente de su padre, don Nicolás Vergara. Don Hans en persona premunió a don Roberto con las municiones para cazar a los lobos marinos de cuya piel se construirían las balsas, práctica aún legal en aquella época y que hoy por suerte no sería posible. La balsa resultante de ese trabajo es posible de apreciar en el Museo de La Serena;réplicas a escala, como la que estuvo en poder hasta hace muy poco del Museo Provincial del Huasco, la que fue lastimosamente escamoteada por el Museo Regional de Copiapó, ante la impavidez e ignorancia de las autoridades de la gobernación local de aquel momento, quienes permitieron que esa mala gestión pública se perpetrara, privándonos de un patrimonio único, hermoso, invaluable.
El tercer capítulo está dedicado a los aspectos técnicos relacionados a la construcción de las balsas de cuero de lobo, contados por el propio don Roberto Álvarez a Hans Niemeyer quién tomó registro de aquello, donde además se integraron las enseñanzas que el constructor dio a sus hijos mayores; Oriel Álvarez Hidalgo, el penúltimo de sus 13 hijos, no fue testigo presencial de esas acciones, ya que en esa misma época se fue a estudiar a La Serena, tal vez por lo mismo y gracias a ello fue Oriel quien escribió y documentó esos saberes ancestrales, aún activos en su infancia; su acercamiento a la educación formal, si bien le privó de asistir a esos eventos claves, le proveyó el instrumental necesario para guardar la memoria de su familia y de paso rescatar una tradición naviera de clara raíz indígena. En este capítulo se describen todos las técnicas involucradas desde la caza de los lobos marinos hasta los detalles constructivos más deliciosos de cómo se hicieron esas embarcaciones; sus pormenores están contenidos en el libro, lo dejamos abierto a todos los interesados en ello, la lectura de sus páginas es realmente interesante e instructivo.
En el cuarto capítulo y final, el autor hace una sucinta revisión sobre los usos históricos de las balsas de cuero de lobo, tanto del Chile colonial como del republicano; vemos aquí, al igual que  en el primer capítulo, la parte más débil del libro comentado hoy; se rescata el uso que se hizo de las balsas de cuero de lobo en el norte grande para el acercamiento y carguío de salitre desde la costa hasta los buques; del mismo modo se hace una corta relación de algunas fuentes históricas sobre la presencia y uso de balsas de cuero de lobo en la costas chilenas: desde Pedro Mariño de Lovera en 1550, pasando por Bernabé Cobo de 1630, así como Diego Barros Arana y la famosa carta de Ambrosio O`Higgins de 1789, enviada a la Corte Española, fechada en la ciudad de La Serena, donde asume la tarea de establecer “matrículas”, censos, de éstos indígenas que vivían en las costas chilenas, diseminados, intentando así su sujeción y control. Este capítulo, que pretende darle un contexto más amplio al uso de las balsas de cuero de lobo, cuyas referencias fueron escogidas por el autor de manera tan poco exhaustiva, no aportan mucho a su entretenido libro, además de presentar algunas omisiones demasiado evidentes, como por ejemplo obviar a nuestro paladín histórico local, don Luis Joaquín Morales, quien en su fenomenal libro “Historia del Huasco” de 1896, nos cuenta sobre los Changos del valle del Huasco y los intentos locales, también por parte de Ambrosio O`Higgins, por sedentarizarlos y reconvertirlos en agricultores, obteniendo en ello resultados menos que regulares, el propio Luis Joaquín Morales hace referencia a Joaco Torres “Indígena de moño, como los de antes”; otra omisión relevante y también cercana a nuestra zona es la famosa pintura de Mauricio Rugendas, que retrató la bahía de Coquimbo con presencia de balsas de cuero de lobo, en una época apenas anterior al surgimiento de la fotografía en Chile, por lo que Rugendas rescató en sus pinturas no solo a los changos, sino que a buena parte de la historia de los orígenes republicanos de Chile y su cultura.
En síntesis, el libro “El Ultimo Constructor de Balsas de Cuero de Lobo” nos parece muy interesante, ya que constituye una monografía familiar bien cuidada, con excelentes fotografías antiguas, un homenaje de un miembro de su familia a su tronco genealógico, depositario éste de los saberes constructivos navieros de la desaparecida cultura changa que habitó las costas de Chile y Perú por siglos, en ese contexto nos parece un bello aporte a la historia matria, a nuestra identidad multiforme, más allá de que al centrase solo en la familia Álvarez no menciona a otros constructores de balsas de cuero de lobo también locales, como los de Cruz Grande, contemporáneos a los de Chañaral de Aceituno y sobre quienes nos hubiera gustado saber algo más.
El autor comete errores al intentar inscribir su historia familiar dentro de un relato más amplio, nacional, en especial cuando intenta ir más allá de la construcción de la balsa de cuero de lobo y adentrarse en la cultura de Los Changos, cultura poco estudiada y poco esclarecida en la antropología y arqueología chilena, muchas veces confundida con otras identidades étnicas, en ese intento nuestro autor local, como muchos otros, fracasa lamentablemente; confunde la milenaria tradición naviera americana, nacida en los primeros habitantes paleoindios que llegan al continente vía Estrecho de Bering, que fueron, ahora lo sabemos, navegantes costeros más que caminantes nómades, con los últimos vestigios de esa tradición, que en tiempos históricos, muy actuales, llamamos tentativamente Changos; esa larga tradición indígena de adaptaciones al modo de vida marítimo estuvo presente en todos los períodos arqueológicos desde los últimos 14.000 años en Chile; más aún, los distintos reinos o señoríos altiplánicos también tuvieron sus propias colonias costeras, enclaves de esos proto-imperios altiplánicos establecidos en las costas, buscando tener acceso también a los recursos del mar, por lo que esas culturas, distintas, se mezclaron y volvieron a mezclar muchas veces, por ello lo que hoy llamamos como “Changos Históricos” no corresponde a un único pueblo indígena, ni siquiera a un pueblo, sino que a una simplificación conceptual para referirse a los remanentes de muchos pueblos indígenas costeros y no costeros mezclados entre sí, relictuales de un modo de vida que perduró por miles de años en las costas y al que muchas culturas, incluso agropecuarias de tierra adentro, como Diaguitas e Inkas, adoptaron total o parcialmente.
En el Huasco, en este territorio amplio que es mucho más que el valle geográfico mismo, en nuestro terruño, el fenómeno de los Changos se ha estudiado muy poco, a pesar de que sus últimos representantes perduraron hasta ya establecida la República, es por ello que el libro de Oriel Alvarez Hidalgo, a pesar de sus imprecisiones, insuficiencias y sus desiguales capítulos, nos sigue pareciendo meritorio, un justo homenaje de un hijo pródigo a su familia, huasquinos profundos, de Chañaral de Aceituno, emparentados con los troncos más antiguos de la zona, el solo hecho de poder aunque sea asomarnos a conocer un poco de su forma de vida, su percepción de los espacios, del territorio, de sus redes sociales, familiares, comerciales, etc., constituye ya una pieza valiosa para ir armando el aún misterioso mosaico humano del Huasco, variopinto, diverso, laborioso, polifacético y cautivante.

Ficha Técnica.
-Libro: “El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”.
-Autor: Oriel Álvarez Hidalgo.
-Primera edición, año 2003, Segunda Edición, 2012, Ediciones Mediodía en Punto, Vallenar.
-Precio referencial: $ 7.000

Franko Urqueta Torrejón, Taller Cultural José Martí, Pueblo Hundido, invierno de 2013.
E-Mail: culturadiaguita2006@gmail.com
En Twitter: @FURQUETA

UN MANUAL PARA PUBLICAR: TESIS,PAPERS, INVESTIGACIONES

A Manual for Writers of Research Papers, Theses, and Dissertations

of Research Papers, Theses,
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Chicago Style for Students & Researchers

Revised by Wayne C. Booth, Gregory Colomb, Joseph M. Williams,
and the University of Chicago Press Editorial Staff

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Now in its eighth edition, the manual has been fully updated to align with the sixteenth edition of The Chicago Manual of Style and to address the growing role of digital sources on academic research, while retaining its familiar three-part structure:

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With an appendix on paper format and submission that has been vetted by dissertation officials from across the country and a bibliography with the most up-to-date listing of critical resources available, A Manual for Writers remains the essential resource for students and their teachers.

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Medicina Ancestral Rapanui

El Renacer de la Medicina Ancestral

La comunidad rapanui contemporánea protagoniza un proceso de reivindicación política manifestada en diferentes fenómenos de la vida social. Uno de ellos es el renacer de la  medicina ancestral.

 En la isla funciona un antiguo hospital de campaña construido en los años setenta por los norteamericanos para ser enviado a Vietnam. El General Pinochet  lo adquirió para servir a los isleños. Con la creciente inmigración, el modesto personal especializado y el equipamiento técnico no han sido capaces de asegurar las elementales necesidades de los casi 5000 habitantes, ni de las decenas de miles de turistas que cada año visitan la isla.

 A fines del 2011 se espera inaugurar un edificio moderno y apto para los requerimientos de la salud de la población. Una de las innovaciones será la implementación oficial del Programa Especial de Salud de los Pueblos Indígenas, consistente en ofrecer un servicio basado en la medicina tradicional occidental complementado con la medicina ancestral rapanui. Su objetivo es imprimir al Hospital Hanga Roa un sentido intercultural, generando programas de recuperación de las prácticas ancestrales basado en plantas y terapias medicinales y  de programas de protección del medio ambiente.

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Este proyecto de integración  nació en el 2007 creándose la Mesa de Pueblo Originario o Mesa Pueblo Papa Ra’au del Hospital Hanga Roa (Resolución Nº 7296/2007 del Servicio de Salud Metropolitano Oriente). Sus integrantes son el Director del Hospital, Iván Sepúlveda Cid, la Asistente Social y Coordinadora General del Programa,Yolanda Nahoe y las especialistas rapanui Carmen Nahoe, Lory Paoa, Felicita Tepano, Pedro Hito, Berta Hey, Ruth Ika, Adriana Atamu, Pamela Hucke, Elsa Paté, Cristina Walter y Graciela Huke, la alma mater de todas. Graciela Huke es la Taote más antigua de la isla y hasta el dia de hoy  continúa preparando las plantas medicinales. A lo largo de estos cuatro años de trabajo, estas especialistas, herederas de los conocimientos de la medicina ancestral,  han tratado pacientes con diversas dolencias o enfermedades: resfríos, alergias, malestares estomacales, dolores de huesos, heridas, problemas de estrés, ayuda en post-parto, entre las más frecuentes, y para cada cual, poseen un tratamiento o terapia específica.

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Elsa Paté nos cuenta que una de sus funciones es apoyar los partos en la maternidad del hospital y aplicar la técnica de piedras calientes: Una vez nacido el bebe, les realizo una visita a las mamás; primero enciendo una fogata,  pongo las piedras, después las envuelvo en hojas de higuerilla y las coloco alrededor del vientre de la paciente. Las piedras cumplen la función de absorber todo el aire en el interior de  la mujer y antes de los  tres meses el cuerpo vuelve a  su estructura anterior .  Elisa Hermosilla, diagnosticada por un psiquiatra, padece depresión congénita, hoy nos cuenta que: “ arrastro esta enfermedad hace muchos años y nunca he sido constante en los tratamientos, el año pasado cuando vine a ver al médico me preguntaron si quería probar la terapia de Armonización con Carmen Nahoe, acepté y encontré que hubo un cambio positivo. Antes dormía muy mal y cuando me aplicaba esta terapia lograba dormir relajada. “

Además de la terapia de piedras calientes y la  fitoterapia o terapia a base de plantas medicinales, también se implementan tratamientos basadas en  masajes de cuerpo completo llamados Tauromi, en armonización  y terapias de barro. Desde pequeños nos nutrimos con todo este saber, recuerdo que desde muy niña mi abuela me enseñaba los nombres y me indicaba los beneficios y propiedades de cada planta y afirmaba que cuando grande sería una Taote señala  Pamela Hucke.  Por otro lado, Elsa Paté nos cuenta… mi bisabuelo materno era partero y mi bisabuela paterna fue una de las primeras mujeres que trabajó el Matua Puaa. El Matua Pua´a es hoy un elemento central y considerado sagrado en la farmacopea botánica isleña y se encuentra fundamentalmente en el interior del volcán Rano Kau, considerado étnicamente como el lugar más cargado de Mana o fuerza espiritual. La búsqueda de la planta dentro del volcán está mediada por una serie de restricciones y precauciones. El comportamiento ritual de la persona es ir sola, al amanecer, de ayuno previo, tanto de comida como sexual, no hablar con nadie que se encuentre en el camino y no pensar en nada más que en el objetivo preciso con la prohibición de comer los frutos que el Rano Kau ofrece a sus visitantes. Es un camino del sacrificio  que el isleño no debe romper por un depreciable deseo personal. Así Las cosas, no quedan dudas sobre la importancia cultural del remedio. 

 Aquellos visitantes interesados en la medicina natural, pueden solicitar una hora en la sección de orientación médica y estadística (SOME) en el hospital de Hanga Roa, se les realizará un diagnóstico, luego se aplicará un tratamiento y posteriormente se les hace una evaluación, todo sin costo alguno.

«El 5 de septiembre va a salir el sol de todas maneras”. Este y otros plebiscitos. Hitos en la historia de Chile.1812 a 2022

Los otros plebiscitos en la historia de Chile: cómo se vivió cada consulta desde 1812 a 2022

Collage de Patricio Vera

En la antesala de la jornada electoral de este domingo, The Clinic recopiló información acerca de los 8 plebiscitos que se han celebrado en el país desde 1812 en adelante. Asimismo, en un intento por definir el ambiente sociopolítico de cada votación, cuatro historiadores comparten su conocimiento sobre estas coyunturas. “El plebiscito por excelencia es el del Sí y el No de 1988”, afirma, por ejemplo, Rafael Sagredo, Premio Nacional de Historia 2022.

No cabe duda de que el plebiscito de salida de este 4 de septiembre es un hito en la historia de Chile. Ese día, la ciudadanía está convocada a las urnas para votar Apruebo o Rechazo a la propuesta de Constitución que emanó de la Convención Constituyente, luego de un largo proceso político gatillado por el estallido social de 2019.

Desde 1812 a la fecha, al menos 8 plebiscitos, entendidos como un mecanismo para que los ciudadanos expresen su acuerdo o no con determinadas decisiones legales o políticas, se han celebrado en el país.

Cada uno de estos eventos reviste una particular importancia para su época; y las reglas del juego, así como el ambiente que se respiraba previo a cada votación, han ido mutando a lo largo del tiempo. A comienzos del siglo XIX, por ejemplo, la cantidad de electores apenas alcanzaba los cientos, y sus votos quedaban registrados en un libro, perdiéndose cualquier viso de anonimato. Y para qué hablar de los plebiscitos en dictadura, cuando el miedo marcaba la pauta, y los registros electorales -en las votaciones de 1978 y 1980- derechamente no existían.

Ad-portas de la jornada electoral de este domingo, The Clinic recopiló datos de cada una de estas consultas pasadas. Asimismo, en un esfuerzo por definir el panorama sociopolítico de cada período, cuatro historiadores comparten su conocimiento sobre estas coyunturas, mientras intentan establecer paralelos, si es que los hay, con el presente.

Es una votación con características inéditas, donde se ratificará un texto diseñado por una Convención también única, sumado a la cantidad récord de participación que se espera debido a la obligatoriedad del voto. No obstante, Chile ha sido escenario de otros plebiscitos en el pasado, en contextos que comparten algunas similitudes y también muchas diferencias con el contexto actual.

“El plebiscito por excelencia es el del Sí y el No de 1988”, adelanta, por ejemplo, Rafael Sagredo, Premio Nacional de Historia 2022.

El primer ciclo de plebiscitos: 1812, 1817 y 1818

En los albores de Chile, el concepto de sufragar era sumamente distinto a lo que es ahora: sólo participaban un puñado de electores hombres, parte de la élite, que cumplieran ciertas condiciones como ser mayores de 21 años, tuviesen propiedades y supieran leer y escribir.

Ese sistema de voto censitario consideraba entonces a los “vecinos más importantes de Santiago y de las capitales provinciales”, explica Cristián Fuentes, académico Escuela de Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central. Por lo mismo, “era bastante limitado el padrón”.

En estricto rigor, el primer plebiscito de nuestra historia nacional fue convocado en 1812 por José Miguel Carrera, por entonces presidente de la Junta Previsional de Gobierno. El llamado fue a ratificar el Reglamento Constitucional Provisorio, compuesto por 27 artículos que establecían un marco político para el país.

Reglamento Constitucional Provisorio de 1812.

Carrera determinó que el texto debía ser aprobado por los ciudadanos, para lo que se abrió un libro por tres días, entre el 27 y 30 de octubre de ese año. Así, quienes apoyaban el proyecto estampaban públicamente y sin anonimato su firma en el registro. En total, hubo 315 firmantes, todos pobladores de Santiago.

Similar mecanismo se utilizó en la consulta para aprobar el acta de independencia de Chile en 1817, así como para el plebiscito de 1818, cuando se dio el visto bueno a una nueva Constitución Política. En este último hito, el proyecto de Carta Magna fue plebiscitado mediante la instalación de dos libros públicos -para su firma- en las parroquias del país, desde Coquimbo a Cauquenes. Uno de estos libros recogía los nombres de los ciudadanos a favor, y el otro, de los que estaban en contra.

Ningún ciudadano firmó en contra, siendo la Constitución aprobada por unanimidad. El temor a ser apuntado como simpatizante de la Corona Española, en tiempos independentistas, pesó en ese fenómeno, asegura un documento de la Biblioteca Nacional del Congreso.

Según Aníbal Pérez, académico de la Escuela de Historia de la Universidad Diego Portales, estos tres plebiscitos tienen características comunes. En primer lugar, son procesos “dirigidos por esta élite, que va a ser la que lidere el ciclo de revolución e independencia”. Asegura que esa élite, compuesta exclusivamente por hombres, “va a ser, más menos, la que perdura durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX. Sujetos que eran terratenientes, en su mayoría, y algunos sectores que venían de la burocracia del imperio español, que se pasan al bando revolucionario”.

Por lo mismo, Pérez asevera que se buscaba dar legitimidad “intra-élite” a la forma de Estado que se estaba construyendo, y que “estaba en disputa”. En esa línea, destaca la inexistencia de un ambiente “competitivo” en la sociedad: “Las decisiones más bien se ratificaban en las urnas, pero lo que había aquí era una negociación política previa, y un acuerdo político previo intra-élite”.

Eso no quita que la población estuviese enterada de la discusión pública. Así lo plantea Cristián Fuentes, principalmente “porque ya había periódicos”, como la Aurora de Chile (1812). “Se conocía lo que se estaba conversando, pero efectivamente era una pequeña cocina” la que tomaba decisiones.

La Constitución de 1925

El plebiscito de 1925, para aprobar la Constitución que impulsó el Presidente Arturo Alessandri Palma, estuvo marcado por una antesala de descontento en la población. La “cuestión social” de fines del siglo XIX y principios del XX, un período de malestar para las clases obreras debido al vertiginoso proceso de industrialización, echó a andar un conjunto de movimientos sociales que fueron duramente reprimidos por las fuerzas del Estado.

“Chile se encontraba en la fase terminal de la república parlamentaria, esa que se inauguró con la derrota del Presidente Balmaceda en la guerra civil de 1891”, explica el historiador y académico de la Universidad de Chile, Sergio Grez. Ese régimen político, que Grez califica de “parlamentarismo sui generis” debido a que se aplicó una “reinterpretación” de la Constitución de 1833, de carácter presidencialista, es otro factor importante para entender este período histórico.

A eso se sumaba, dice Grez, la “maduración a niveles absolutamente críticos de la cuestión social”, con una “proliferación de la pobreza, mortalidad infantil, marginación, el hábitat miserable, etc”, que vino acompañado de la emergencia de un movimiento obrero con “formas más radicales de lucha y representación”.

Y la respuesta del Estado y los estamentos oligárquicos, agrega el historiador, se basaban “en la posición negacionista frente a la cuestión social”, mediante una represión feroz de los movimientos populares. Destaca al menos “cinco grandes masacres” en el marco de esa represión, como la de la Escuela Santa María de Iquique en 1907.

Después de 1907, Grez sostiene que las “élites políticas comenzaron a percibir que solo con represión, el movimiento obrero y popular no iba a ser contenido”. Así idearon una estrategia más “astuta”, otorgando “concesiones, reformas sociales, leyes sociales, y mecanismos de conciliación y arbitraje destinados a envolver y cooptar a una parte de la dirigencia obrera”. Eso explica, en parte, la llegada al poder del “gran presidente reformista Alessandri Palma” en 1920, aunque la represión -y las matanzas de obreros- continuaron.

El gobierno de Alessandri Palma fue turbulento. El Congreso bloqueó sus principales reformas sociales, que sólo avanzaron tras la presión de los militares a los legisladores en 1924, en el episodio conocido como “ruido de sables”.

También hubo dos golpes de estado. Uno a fines de 1924 -que sacó a Alessandri-, y otro a principios de 1925, que selló su retorno. Cuando en 1925 Alessandri Palma volvió a tomar las riendas del país, lo hizo con la promesa de abrir un proceso para redactar una nueva Constitución, a través de una Asamblea Constituyente.

En paralelo al llamado de Alessandri, el Partido Comunista (PC) y la Federación de Obreros de Chile (FOCH) gestaron una “Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales”, conocida también como “la constituyente chica, que sesionó durante varios días en el Teatro Municipal de Santiago desde el 8 de marzo de 1925”, con más de mil representantes, apunta Grez. En esa instancia había un clima de fuertes tensiones internas: cuenta Grez, citando archivos de prensa, que en la última sesión de la Asamblea, la policía tuvo que ordenar el desalojo del Teatro Municipal, por los enfrentamientos que se estaban dando adentro.

Más allá de estos sucesos, Alessandri finalmente desechó la idea de redactar la Constitución en una Asamblea Constituyente de carácter nacional. Terminó designando “a dedo”, recoge Grez, a los miembros de dos comisiones. Una estaba destinada a discutir un anteproyecto de Constitución, y la otra fijaría los mecanismos para su aprobación y posterior ratificación.

La que realmente funcionó fue la que diseñó el texto, que era presidida “ni más ni menos por Alessandri”, que Grez considera un “político muy inteligente”. En la comisión, el mandatario introdujo a representantes de diversos sectores, incluso del PC. Grez confirma que “formó un cuerpo constituyente a la medida de su proyecto”, que era presidencialista, lo que era mal visto por los partidos, que se decantaban por ese “parlamentarismo sui generis”.

Entonces, en la comisión “empezaron a ponerle trabas al proyecto, que no avanzaba”, señala Grez. Pero Alessandri supo dirigir el proceso a través de su liderazgo performático –“él gritaba, amenazaba con que se iba a ir”-, invitando además a un general del Ejército a las sesiones, para meter presión. “Era una amenaza velada de un tercer golpe de Estado en menos de un año”, si es que la nueva Constitución no veía la luz.

https://www.theclinic.cl/2022/08/31/un-momento-constitucional-y-una-oportunidad/embed/#?secret=1FNgM9jVZS#?secret=h5JfaJFoA7

Según el recuento del historiador, la comisión funcionó entre el 18 de abril y el 23 de agosto de 1925, en 33 sesiones, con un promedio de asistencia de 12 personas.

Para ratificar el texto, Alessandri convocó a un plebiscito vinculante el 30 de agosto de 1925 con un mes de anticipación, en el cuál podrían participar sólo hombres mayores de 21 años, inscritos en el registro electoral, y que no fuesen analfabetos. Un total de 296.259 personas estaban habilitadas para votar.

Los ciudadanos tuvieron que elegir entre tres cédulas de voto: la roja de aprobación del proyecto; una azul, que de acuerdo con Grez era “obra de los disidentes, en un bloque de radicalesconservadores comunistas; mira el bloque curioso”, y que llevaba una serie de proposiciones destinadas a “recortar el poder del Ejecutivo, como por ejemplo, la posibilidad de que el Congreso acusara y destituyera al presidente”; y una blanca que postulaba “buscar otros procedimientos para reestablecer la normalidad institucional del país”, sin otorgar mayores definiciones acerca de cómo esto se haría.

Aquí hay una anécdota interesante: la “jubilación acelerada” del por entonces Contralor General Héctor Humeres. “Le correspondía jubilarse, y el tipo le dijo a Pinochet que él no tenía las atribuciones o el marco general para llamar a un plebiscito, porque en estricto rigor, él aún no era un presidente legal. Entonces rápidamente se aceleró la jubilación de él, colocando a Sergio Fernández, que será después uno de los cofundadores de la UDI y ministro de Pinochet”, relata el historiador Aníbal Pérez.

El ambiente de aquellos tiempos, agrega Pérez, era “relativamente triunfalista”, debido a que la dictadura se encontraba en una suerte de punto alto, gracias a que “hay resultados económicos relativamente positivos, hay crecimiento económico, hay mayor capacidad de consumo y deuda… Las reformas neoliberales están en su peak”.

En la papeleta del plebiscito del 4 de enero de 1978, cuyas opciones eran “Sí” y “No”, se planteó la siguiente pregunta: “Frente a la agresión internacional desatada en contra de nuestra Patria, respaldo al Presidente Pinochet en su defensa de la dignidad de Chile, y reafirmo la legitimidad del Gobierno de la República para encabezar soberanamente el proceso de institucionalidad del país”.

Papeleta del plebiscito de 1978.

Supuestamente, de unos 5.566.000 votantes, el 78,7% se decantó por el “Sí”, frente a un 21,3% del “No”. Sin embargo, estos resultados han sido puestos en duda, incluso con acusaciones de fraude, al no existir registros electorales, en medio de un panorama de censura a los medios de comunicación y movimientos políticos opositores.

De hecho, para el padrón, puntualiza Cristián Fuentes, la dictadura hacía “una estimación a partir del Censo. Lo mismo en el plebiscito del 80”. Entonces, afirma que no existe ninguna “base” para sustentar las cifras. Más todavía, destaca cómo “hay lugares donde votó más de un 100% del padrón”.

Rafael Sagredo, historiador y académico de la Universidad Católica -que recientemente fue galardonado con el Premio Nacional de Historia 2022- admite que él votó en el 78. Recuerda que no había ninguna plataforma o vía para hacer campaña o difundir la opción de votar “No”. “La gente que votó ‘No’, entre las cuales me incluyo, votó con miedo”, dice, indicando además que la papeleta era traslúcida, por lo que se podía identificar el voto de cada persona. Sagredo va más allá, y cuestiona llamar el hecho un “plebiscito”, decantándose por la idea de que fue, más bien, una “maniobra por la cual la dictadura buscaba legitimarse”. “Llamarlo plebiscito es casi enaltecer al dictador”, sintetiza.

Tampoco existieron registros electorales para el plebiscito del 11 de septiembre de 1980, cuando se ratificó la Constitución Política del mismo año, y que se mantiene vigente hasta hoy. Según los datos de la época, presuntamente votaron más de 6.271.000 personas, triunfando el “Sí” con un 67%. Por entonces, la participación era obligatoria para chilenos y chilenas mayores de 18 años, incluyendo analfabetos y no videntes, además extranjeros que tuviesen residencia legal en Chile.

Papeleta para el plebiscito del 11 de septiembre de 1980.

El contexto económico del 80, rescata Cristián Fuentes, era relativamente optimista. “Los productos importados eran muy baratos, porque el dólar tenía una paridad fija de 39 pesos, pero la industria nacional comienza a desaparecer. Aun así, hay una sensación de que la plata es fácil de conseguir, así como los créditos”.

Pero el escenario para el plebiscito de 1988, en términos sociales, políticos y económicos, cambió completamente. Aníbal Pérez sostiene que el fantasma de la crisis económica del ’82, junto a un renovado movimiento de la ciudadanía, hacía que el marco de la elección diese un vuelco. “La movilización social del 83 para adelante fue tan alta que hizo tambalear a la dictadura. Y es tanto el impacto que tiene eso, que todos los partidos empiezan a reagruparse”, dice.

A ese panorama se sumaron una oleada de presiones externas. “El Departamento de Estado norteamericano, el Vaticano, la Organización Económica de la Comunidad Europea, presionan para que existan normas mínimas y básicas en el plebiscito del 88”, cuenta Pérez. Surgió así “cierto nivel de libertades públicas”, con la reapertura de los registros electorales – luego de la creación del Servel en 1986- y la posibilidad de participar en franjas televisivas.

“El plebiscito del 88 va a marcar el inicio de un clivaje histórico en términos políticos, que es el clivaje dictadura/democracia. Ese es el eje central de la cuestión. Había desconfianza, incluso de las personas que llamaban a votar que ‘No’. Pero no les quedaba de otra: el análisis era que, entre participar y no participar, tenían que participar”, resume Pérez.

En la votación del 5 de octubre de 1988, participaron más de 7.251.000 electores, un 97,53% del total inscrito. El “No” triunfó con un 55,9% de los votos, mientras que el “Sí” se quedó con un 44%.

Un año después, el 30 de julio de 1989, se celebró un nuevo plebiscito, con el objetivo de aprobar 54 modificaciones a la Constitución de 1980, que establecerían un renovado marco legal para la transición a la democracia. Los contenidos de la reforma fueron pactados por el régimen militar junto a los partidos políticos, incluyendo a la oposición -menos el PC, todavía ilegal-.

Papeleta del plebiscito de 1989.

La participación fue, una vez más, superior al 90%, y el Apruebo se quedó con un 91,2%, según el recuento de la Biblioteca Nacional del Congreso.

“El plebiscito del 89 fue un acuerdo político para reformar algunas de las partes más duras o inaceptables de la Constitución del 80”, dice Sagredo, quien menciona un contexto social con menor polarización, basándose en la alta aprobación que registró la consulta. “Esto te habla de que el triunfo del ‘No’, el triunfo del cambio y de la democracia, y el triunfo de la efectiva ampliación de los derechos, descomprimió el ambiente”.

Cristián Fuentes define la votación del 89 en una frase: “Fue un trámite”

Plebiscitos del siglo XXI: 2020 y 2022

Tuvieron que pasar casi 30 años -y un estallido social- para que Chile celebrase un nuevo plebiscito. Las puertas para estas dos votaciones se abrieron con la firma del recordado “Acuerdo por la Paz” del 15 de noviembre de 2019, en aras de darle una salida institucional a las demandas expresadas en masivas movilizaciones que se tomaron el espacio público.

Ese 15 de noviembre, el Congreso y la clase política pactó consultar a la ciudadanía si deseaba iniciar el proceso para redactar una nueva Constitución, además de ponderar cuál debía ser el mecanismo para hacerlo.

El 25 de octubre de 2020, participaron más de 7.569.000 votantes de manera voluntaria, en un padrón que registraba a cerca de 14.855.000 ciudadanos, lo que corresponde a un 50,9%. Hasta entonces, fue el proceso electoral con mayor cantidad de votos emitidos en la historia de Chile.

La papeleta contenía dos preguntas. “¿Quiere usted una Nueva Constitución?”, fue la primera, donde el “Apruebo” concentró un 78,2% de las opciones. “¿Qué tipo de órgano debiera redactar la Nueva Constitución?”, fue la segunda. Ahí, ganó con un 79% la alternativa “Convención Constituyente”, frente al 21% de la “Convención Mixta”.

Pasó el tiempo, elección presidencial de por medio, y la Convención entregó la propuesta de texto Constitucional que se votará este domingo 4 de septiembre de 2022. Esta instancia tiene un cúmulo de elementos distintivos, que no se vieron en el plebiscito de entrada de 2020. Quizás lo más importante, y que analistas afirman dificulta los pronósticos de resultados, es su carácter de obligatorio: más de 15.173.000 votantes están convocados.

“Desde el punto de vista electoral, no tenemos un plebiscito con voto obligatorio, e inscripción obligatoria, desde el 4 de marzo de 1973”, dice Cristián Fuentes. “No sabemos cuánta gente va a votar. Hay estimaciones, que van desde los 9 millones y medio hasta los 12 millones y medio. Eso, estadísticamente, es lo mismo que decir que no sabemos”, sentencia.

En general, los cuatro historiadores consultados para este artículo coinciden en que este plebiscito presenta un escenario especial, a pesar de tener algunos elementos de “continuidad” con el resto de la historia chilena.

“Es inédito en la historia de Chile”, afirma Aníbal Pérez, quien lista factores como el proceso paritario y representativo en la Convención, con escaños reservados para pueblos indígenas, además de una serie de “mecanismos de control adecuados que exige una democracia moderna”, como la presencia del Servel, la disponibilidad de fondos públicos para que las personas hagan campaña, y la vigencia de derechos como la libertad de prensa y asociación, en medio de un sistema político multipartidista. “No conozco de un proceso más democrático que éste. Esa es la absoluta particularidad”, sentencia Pérez.

Ahora, en cuanto a la “continuidad”, el historiador releva cómo el proceso devino “desde una movilización social, que es de larga data en la historia de Chile, pero al mismo tiempo se ve el carácter pragmático de las elites políticas cuando ven la movilización social”. En ese sentido, este plebiscito “tiene ciertos aires a la situación del 25”, específicamente porque “el modelo de desarrollo entra en crisis”, mientras grupos de la élite política “están dispuestos a negociar y a reformar el sistema antes de que se caiga”. De todas formas, explicita que esa “continuidad” es “estirando el chicle”, ya que la elección de este 4 de septiembre es “muy particular”.

Según Sagredo, lo que distingue al plebiscito del domingo frente al resto está en las “cuatro condiciones” que definen el proceso constituyente, “que son plebiscito de entrada, elección particular de constituyentes, regla de los 2/3, y plebiscito de salida (…). Eso te garantiza, creo yo, la legitimidad. La voluntad popular hasta ahora ha sido consistente con una sola línea, de que tiene que haber reformas y avances en materia de derechos”.

Las reflexiones de Grez y Sagredo

Desde una perspectiva histórica, pero también en calidad de ciudadanos, tanto Sergio Grez como Rafael Sagredo comparten sus reflexiones en torno al plebiscito del fin de semana.

“El actual proceso constituyente es el resultado de la oposición y la relación, también dialéctica, entre dos fuerzas: primero la rebelión de octubre -que tenía como punto común reivindicaciones sociales que estaban en antagonismo con el modelo neoliberal-, con una exigencia de un proceso constituyente, democrático, participativo, para cambiar el sistema político. Por otro lado, está la fuerza opuesta, que es el noviembrismo. Esto es la reacción de la élite política, especialmente parlamentarias, ante esta irrupción que parecía no detenerse a pesar de la represión estatal, destinada a desviar esta tremenda fuerza social por un callejón lo más inocuo para el sistema. Lo más controlado posible”, opina Grez.

Agrega que el “Acuerdo por la Paz” del 15 de noviembre de 2019 “concedió un proceso constituyente, pero con la cancha rayada por el Parlamento”, debido a las disposiciones de que la Convención sólo podría aprobar normas con un quórum de 2/3, y sin contravenir los tratados internacionales a los que ha suscrito el país, “que son parte de lo que ata a Chile al modelo neoliberal internacional”.

“Aquí estamos frente a un proceso constituyente que sí, es más democrático que los anteriores, hay más participación ciudadana, pero que de comienzo a fin está determinado por este ADN. En el fondo, lo que va a ocurrir el domingo, no es si seguimos o no con la Constitución del 80, reformada en miles de aspectos, si es que gana el Apruebo. Lo que está en juego es el borrador a partir de la cual la casta parlamentaria va a continuar reformándolo. Lo ha dicho desde Boric hasta la UDI”, cierra Grez.

Por su parte, Sagredo dice “ser de los que piensa que esta representación del plebiscito del domingo como una cuestión dramática, épica, de que gane una u otra opción y se acaba el mundo… No creo en eso. Creo que esa representación es una forma de promover una de las posturas. Es lo más parecido a una campaña del terror, donde por supuesto, si ganara la opción Apruebo, el mundo se viene abajo. No creo que exista eso. El 5 de septiembre va a salir el sol de todas maneras”.

Aprovecha de hacer un paralelo con el plebiscito del 88, afirmando ver “un esfuerzo desesperado de algún sector” y de la “prensa convencional” de instalar esta idea de la “tragedia”, similar también a lo que recuerda de la UP, “con toda esa división terrible”, aunque claro, a una escala mayor a la de hoy.

“Estamos en una época de transformaciones. De adecuaciones de la institucionalidad. De un pacto social a la nueva sociedad que es Chile, que a su vez es parte del mundo occidental, y en donde la dignidad y el respeto, y los derechos de tercera y cuarta generación, y el cuidado de la naturaleza, tienen que estar presentes”, finaliza el Premio Nacional de Historia.

A 48 AÑOS DEL GOLPE MILITAR: Carta de los Cordones Industriales al presidente Salvador Allende

El 5 de septiembre de 1973, la Coordinadora Provincial de Cordones Industriales envió una carta al Presidente de la Unidad Popular Salvador Allende. En ella, le exigen medidas urgentes para evitar un golpe y dictadura militar.
Los Cordones Industriales eran una coordinación de base de los trabajadores que ocupaban y gestionaban cientos de empresas, que respondieron en las fábricas y en las calles los intentos de la reacción (como el Paro patronal de Octubre de 1972) y constituyeron un inicial organismo de poder obrero.

Verdeolivo

Reproducimos este documento histórico en el que la Coordinadora de Cordones Industriales señala a Salvador Allende la situación crucial en que se encuentran, el peligro inmediato de la dictadura militar y le exigen terminar la conciliación con la reacción y medidas para evitar el Golpe.

El 5 de septiembre de 1973, la Coordinadora Provincial de Cordones Industriales envió una carta al Presidente de la Unidad Popular Salvador Allende. En ella, le exigen medidas urgentes para evitar un golpe y dictadura militar.

Los Cordones Industriales eran una coordinación de base de los trabajadores que ocupaban y gestionaban cientos de empresas, que respondieron en las fábricas y en las calles los intentos de la reacción (como el Paro patronal de Octubre de 1972) y constituyeron un inicial organismo de poder obrero.

En esta carta le muestran a Allende la actitud moderada y conciliadora del Gobierno, que en vez de desarrollar la fuerza…

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Lugares de las Memorias

La memoria durante el siglo XX se ha venido trabajando desde dos perspectivas más o menos delimitadas pero contrapuestas entre sí, una de ellas, la individualidad y otra, la colectiva. Nos referiremos a la visión de la memoria colectiva pues la individual cada persona a partir de sus experiencias, enseñanzas y recuerdos la puede traer al presente.

La memoria se ha estudiado desde la Grecia clásica pues con ellos se funda el “arte de la memoria” a partir de relatos de los poetas y filósofos, por tanto, era una transmisión oral con lo cual, ya estamos dejando algo establecido, el lenguaje es la función principal y constructor para acometer dicho acto.

«La memoria permite conocer, denunciar y atender los atropellos de la sociedad actual, para evitar su olvido y naturalización, pues recupera las voces silenciadas y las experiencias de colectivos humanos»

Además del lenguaje, existen dos complementos que vienen a fortalecer lo anterior, como son las fechas y los lugares. En ese sentido, cuando se reúnen las sociedades van construyendo sus recuerdos. Dado lo anterior, Pierre Nora habla de “lugares de la memoria”, porque en esos lugares se configuran y almacenan los recuerdos (2009). Según Nora, la memoria es vida encarnada en grupos, cambiante, pendular entre el recuerdo y la amnesia, desatenta o más bien inconsciente de las deformaciones y manipulaciones, siempre aprovechable, particular y mágica por su efectividad.

Por lo esbozado hasta ahora, para que exista memoria también debe existir olvido, por tanto, ambas se relacionan y tienden a configurar las sociedades, en el sentido de que en la medida que una avanza el otro tiende a retroceder, cuando la memoria se incrementa el olvido se minimiza y viceversa.

El conflicto claramente es y será entre memoria y olvido. Este último se forja a partir del poder de los grupos dominantes y que por cuya presencia van modificando procesos, acuerdos, compromisos incluso, obligaciones institucionales. Por tanto, es un olvido impuesto desde los grupos que generalmente dominan abierta o secretamente las sociedades, pueden ser gubernamentales, académicas, políticas u eclesiales, en donde a través de las cuales imponen su punto de vista pues gozan de credibilidad y de poder. Cuando dicho olvido es impuesto silentemente, el mismo es aceptado y asumido por la sociedad, aparece la desmemoria y se transita lentamente hacia el olvido social.

Lo anterior, dos grandes pensadores ya lo plantearon Nietzsche (1874), “es necesario el olvido” y Todorov (1995), “es necesario olvidar”. No olvidemos que en Grecia se llegó a legalizar a través de decretos, el olvido. Dicho lo anterior, el olvido social lo utiliza el poder como mecanismo de control para narrar el pasado, relatar la historia de manera tal, que ellos son los únicos herederos reales del pasado. Tal aseveración también, la reafirma en abril del 2021, Pedro Güell, “octubre del 2019, ya es pasado… las tesis del malestar o las del origen del estallido, por acertadas que sean, ya no bastan para entender bien el presente”.

A partir de lo expresado y respondiendo a lo antepuesto, aparece un desafío por tercera vez, la memoria permite conocer, denunciar y atender los atropellos de la sociedad actual, para evitar su olvido y naturalización, pues recupera las voces silenciadas y las experiencias de colectivos humanos. Con ese caudal, nos habilita a abrirnos a otras formas de pensar, resolver problemas y salir de la enunciación en primera persona.

La ciudadanía con más o menos conciencia a partir de octubre del 2019 se transformó reiteradamente en sujeto activo dejando la pasividad y la inercia de 30 años de justicias en la medida de lo posible, con las luchas populares se tomaron los diversos espacios públicos donde quedaron huellas de memoria y que las clases dominantes respondieron con sus artefactos y dispositivos disciplinantes vigilando y castigando a cientos de miles, transformando a la ciudad en un campo de batalla. En el cual hubo heridos, detenidos y miles que manifestaron los abusos, anhelos y esperanzas… campo de batalla pendiente aun y por ende, ciudad en disputa todavía.

Para concluir, “la memoria nace cada día, con lo que significamos del pasado construimos la realidad en la que nos movemos, y por la memoria tiene sentido. La memoria nos remite a los orígenes, a lo fundacional, a lo que se encuentra al inicio de nuestras intenciones, de las intenciones edificantes de una nación, de una sociedad. Hay que saber qué hay en la raíz, en el comienzo, para averiguar así si hemos desviado el desviado el camino, y entonces sabernos conducir, porque cuando se olvidan los principios se olvidan los fines. Cuando se olvida el pasado el único futuro que queda es el olvido, y el olvido es la única muerte que mata de verdad” (Mendoza, 2005).

Bibliografía:

Nora, Pierre. (2009). Les lieux de memoire. Santiago de Chile: Lom Ediciones.

Mendoza, Jorge. (2005). Exordio a la memoria colectiva y el olvido social en Athenea Digital – número 8.

Tomado de: elquinto poder.cl

Por: Andrés Vera Quiroz

Verdeolivo

Foto: AVQ (12 febrero 2021)

La memoria durante el siglo XX se ha venido trabajando desde dos perspectivas más o menos delimitadas pero contrapuestas entre sí, una de ellas,la individualidad y otra, la colectiva.Nos referiremos a la visión de la memoria colectiva pues la individual cada persona a partir de sus experiencias, enseñanzas y recuerdos la puede traer al presente.

La memoria se ha estudiado desde la Grecia clásica pues con ellos se funda el“arte de la memoria”a partir de relatos de los poetas y filósofos, por tanto, era una transmisión oral con lo cual, ya estamos dejando algo establecido, el lenguaje es la función principal y constructor para acometer dicho acto.

«La memoria permite conocer, denunciar y atender los atropellos de la sociedad actual, para evitar su olvido y naturalización, pues recupera las voces silenciadas y las experiencias de colectivos humanos»

Además del lenguaje, existen…

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El Homo Antena y el capitalismo salvaje en un “clic” – Por José Luis Lanao | La Tecl@ Eñe Revista

El Homo Antena y el capitalismo salvaje en un “clic”

– Por José Luis Lanao

Cada vez más conectados y cada vez más solos, en la era del circuito de control global a través de los gigantes tecnológicos, hemos llegado a un grado de sumisión colectiva que es el núcleo de esta Modernidad: el producto somos los humanos.

El lugar que antes ocupaba Dios hoy lo ocupa tu celular. Es tu conciencia. Lo sabe todo de ti. Duerme bajo tu almohada, y será el delator que va a justificar en tu contra si un día caes en manos de la justicia. Hay algo excesivo que fatiga, no solo en la apropiación del tiempo, sino en la hipervisibilidad que ofrece la vida conectada. El homo antena de la posmodernidad navega cómodo desde lo alto del Sinaí por los secretos y miserias de la humanidad, por sus perversiones, confidencias, sueños, deseos inconfesables y realidades fusiladas de noticias falsas. Puede que un día debamos celebrar la fiesta del sacrificio del cordero de Google para recuperar el don de la intimidad en un mundo que navega por el universo con semejante gallinero a cuesta.La búsqueda del placer sensorial representa una de las paradojas más crueles de la sociedad actual: a una siempre creciente posibilidad de experimentarlo corresponde una mayor incapacidad de obtenerlo o disfrutarlo. Se inscribe en un contexto donde el contacto se produce más a través del medio tecnológico que de la vida real, y no solo hace que la realidad parezca decepcionante, sino que se presenta, a su vez, como una vía de escape que alimenta en el individuo la ilusión de protección frente a la posibilidad de fracaso. Así, la tecnología se convierte en una excusa. La acción interactiva parece ofrecer sensaciones más intensas que las reales, al no estar condicionada por la ansiedad o la vulnerabilidad que el contacto directo puede provocar. Se manifiesta así una obsesión irrefrenable que se autoalimenta. Con la ilusión de reducir la sensación de soledad se evoluciona hacia una soledad por hiperconexión. Cada vez más conectados, y cada vez más solos. No se conoce en la historia un amo del imperio con semejante poder de dominación. Una forma de capitalismo sin precedentes que se ha abierto paso a codazos a través del conocimiento y monitorización de nuestras pequeñas existencias. Un sumidero de la soberanía personal que nos engaña por partida doble; en primer lugar, cuando hacemos entrega de nuestros datos a cambio de unos servicios relativamente triviales y, en segundo lugar, cuando esos datos después son utilizados para personalizar y estructurar nuestro mundo de una manera que no es transparente ni deseable.La externalización de la intimidad está rentabilizada por el poder financiero dominante. Los gigantes tecnológicos codician miradas absortas para subastarlas en un frenético mercado de la atención. La competición consiste en lograr más ojos en tanto canjeables como nueva forma de valor. Aunque no interesemos expresamente, interesa que participemos del circuito de control global: que al compartir lo que hacemos la rueda gire, dejemos rastros, y esto exija a otros a pronunciarse, portar el poder de dejar huellas y datos para pronosticarnos, siendo parte activa de los modos de control y de productividad. Los productos y servicios del capitalismo de vigilancia no son los objetos de un intercambio de valor. No establecen unas reciprocidades constructivas entre productor y consumidor. Son operaciones extractivas en las que se empaquetan nuestras experiencias personales para convertirlas en productos. En definitiva, el producto somos nosotros. Esta tiranía provocada por una oligarquía feudal y salvaje es una especie de golpe incruento, aparentemente indoloro y amable, sin tanques en las calles, pero que llega al fondo de lo que pretende, la dependencia masiva de las obsesiones que nos inyecta. En esa sumisión colectiva está el núcleo de la Modernidad. Ese cepo que anida en la naturaleza de nuestra “razón” y que percibe las cosas “como poseyendo una especie de eternidad inocente”, recordando a Spinoza.En este tiempo de desapacible desmesura el acrónimo FAAMG (Facebook, Apple, Amazon, Microsoft y Google) acaba de alcanzar un valor bursátil de 9 billones de dólares, una cifra semejante al PIB de Gran Bretaña, Alemania, Italia y España juntos. En este realismo de “dickensiana” desesperanza el presidente ejecutivo de Google, Eric Schmidt, manifestaba: “Si nos dan más información de ustedes, de sus amigos, podemos mejorar la calidad de nuestras búsquedas. No nos hace falta que tecleen  nada. Sabemos dónde están, sabemos dónde han estado. Podemos saber, más o menos, que están pensando”. Nítido como el espolón del diablo.Hemos llegado al punto de la tragedia identitaria de levantarnos cada mañana abriendo Instagram para comprobar si todavía existimos. Es necesario volver al “clic” de la vida verdadera. Admirar lo minúsculo. El ruido cristalino de las acequias, la sombra serena de los limoneros. Aquella siesta con sonido a chicharras, con una penumbra de maderas entornadas, con una brisa que infle los visillos y transmita un olor a membrillo, mientras las horas siguen su camino de media tarde para que la puesta de sol te sorprenda, para merecer el sol que se funde en el horizonte. Y luego esperar la noche para contemplar un cielo lleno de halógenos y desear que ese milagro se produzca mañana. Ese sencillo deleite de la olorosa vida corta, que, en definitiva, es lo único que tenemos.

Logroño, España, 11 de marzo de 2022.

*Periodista y ex jugador de fútbol. Campeón mundial juvenil Tokio 1979.

Origen: El Homo Antena y el capitalismo salvaje en un “clic” – Por José Luis Lanao | La Tecl@ Eñe Revista

Cuatro Viajes de Exploración, Melancolía y Compasión

Cuatro Viajes de Exploración, Melancolía y Compasión

Por Abraham Paulsen Bilbao 1, profesor del Instituto de Geografía de la UC | apaulsen@uc.cl

Un recorrido por las memorias de los sacerdotes y científicos de principios del siglo XX, Martin Gusinde y Alberto De Agostini, nos lleva a reconocer parte de la tradición e historia de los pueblos indígenas de la Patagonia a través de un análisis geográfico cultural.

La posibilidad de “ver” a Dios como eje del rumbo de los individuos y las sociedades, plantea la necesidad de reflexionar acerca del concepto de lo divino que caracteriza al sentido epocal de la realidad en las ciencias y humanidades. En la geografía, la pregunta acerca de Dios reclama ser abordada con el auxilio de una ética aplicada al ser humano en tanto productor paisajístico y constructor de utopías que se anidan en el seno material de un locus cultural. Desde esta perspectiva, la sola lectura de las Sagradas Escrituras, más los aportes de múltiples filósofos 2 —desde Emmanuel Levinas y Søren Kierkegaard hasta Tzvetan Todorov 3—, posibilitan el reconocimiento del otro como un igual que se comprende mediado por su cultura y un contexto natural en el que despliega su existencia. En la disciplina geográfica, la igualdad en derechos y dignidad ha sido abordada en temáticas tales como justicia ambiental y espacial, compasión y empatía ante riesgos, desastres y amenazas socioambientales, conflictos territoriales, derechos históricos, entre otros aspectos. En los tópicos descritos predomina la tesis de la igualdad de los seres humanos en términos de su dignidad.

«LAS NOTAS DE PRIMERA MANO QUE AMBOS CIENTÍFICOS NOS LEGARON PERMITEN ADVERTIR LA SENSACIÓN MUTUA DE QUE UN MUNDO PARADISÍACO Y ORIGINARIO ESTABA EXTINGUIÉNDOSE APOCALÍPTICAMENTE JUNTO AL CAMBIO DE SIGLO, GENERÁNDOSE DAÑOS IRREPARABLES EN LA NATURALEZA Y EN LAS ETNIAS QUE LO POBLABAN.»

En la obra del sacerdote y científico Alberto De Agostini —misionero salesiano en Tierra del Fuego (1883-1960)— es posible identificar una conciencia participativa multilineal por su forma de percibir y comprender la naturaleza4. Lo anterior se replica también en los escritos del sacerdote, etnólogo, explorador y antropólogo Martin Gusinde (1886-1969), testigo privilegiado del conflicto entre dos cosmovisiones respecto de la tierra, que terminó por ser uno de los detonantes del genocidio de la etnia selk’nam u ona que poblaba la Patagonia chilena. Ambos religiosos lograron integrar, sin mayores contradicciones, las inquietudes científicas y espirituales que se distinguen en sus relatos autobiográficos testimoniales acerca de los parajes inhóspitos del territorio sur austral de un Chile que se estaba construyendo y de sus habitantes. Las notas de primera mano que ambos científicos nos legaron permiten advertir la sensación mutua de que un mundo paradisíaco y originario estaba extinguiéndose apocalípticamente junto al cambio de siglo, generándose daños irreparables en la naturaleza y en las etnias que lo poblaban, que Gusinde definió como “tres tribus indias locales, situadas en el archipiélago que se encuentra en la terminación meridional del continente americano. Aquí viven los Selk’nam como cazadores nómadas, y los Yámanas (Yaganes) y Alacalufes (Kawésqar) como nómadas acuáticos”5.

En efecto, el modelo de Estado nación imperante a principios del siglo pasado y últimos años del período decimonónico se caracterizó por la consolidación de la soberanía territorial mediante la instalación de migrantes seducidos por concesiones de tierras y el usufructo cuasigratuito de recursos. Así se ideó e implementó en la región de la Frontera y en la Patagonia chilena; instalándose por esta vía un sistema de propiedad privada que rápidamente entró en conflicto con las concepciones ancestrales de las etnias amerindias que valoraban la tierra como sustrato o escenario de una existencia constituida por humanos y no humanos, seres materiales y espirituales. Gusinde describió tal crisis informando que en 1919 contabilizaba 269 selk’nam, “sin tomar en cuenta los mestizos”6, pero para 1931 quedaban solo 84 “en condiciones lamentables”7.

Algunos actores institucionales responsabilizaron a los indígenas del retraso en los ritmos de explotación de los recursos naturales de la zona, lo que aportó a su desprotección ante la violencia de los colonos y que explica la merma demográfica descrita por Gusinde. Tal percepción se ejemplifica en la siguiente declaración del gobernador de Magallanes inserta en la Memoria cuya redacción formaba parte de las obligaciones propias del cargo: “Dos factores hai que tomar en consideración para explicar ese atraso [económico de la Región de Magallanes respecto del resto de la Patagonia]. Desde luego la Tierra del Fuego, casi desconocida, poblada de indijenas que creían que las ovejas colocadas en su suelo eran producto de la tierra, era un campo poco apropiósito para el establecimiento de industrias. Han tenido éstas que luchar contra las depredaciones de los indios i sufrir graves quebrantos que han hecho mas lento su desarrollo. Ahora mismo que hai relativamente una numerosa poblacion blanca, alambrado, etc., los indígenas hacen robos frecuentes causando graves perjuicios”8.

Memoria del Gobernador de Magallanes, Manuel Señoret, 1896. Fuente: Memoria chilena.

El documento también alude a que el incremento de población migrante —a causa de mayores cantidades de asignaciones de títulos de dominio, concesiones y derechos de explotación— fue reduciendo el hábitat de los onas y amenazando su supervivencia a causa de las restricciones que les imponían para la caza en sectores designados como estancias y poblaciones. “Posteriormente ha llegado la ‘Sociedad Esplotadora de Tierra del Fuego’ i ha principiado a ocupar su inmenso lote de tierras i estendiendo sus cercos por aquí o por allá, ha estrechado mas aun en el campo que daba sustento a los indígenas i la lucha con ellos ha cobrado nuevo vigor y recrudescencia”9.

Gusinde criticó y denunció el holocausto, asociándolo a que “en los círculos americanos y europeos no existía una opinión muy favorable sobre los fueguinos. A partir del año ochenta del pasado siglo [XIX], habíanse esparcido por los poco escrupulosos estancieros y buscadores de oro, una serie de noticias tendenciosas acerca de los fueguinos, con las que querían justificar como legítima defensa sus actos criminales y sus premeditadas matanzas contra los ‘peligrosos salvajes’”10. Los “peligrosos salvajes” motivaron cuatro viajes del sacerdote a parajes que se transformaban a costa de la desaparición de las etnias, en los cuales convivió con estos grupos, generalmente clanes o familias, como uno más al que los yaganes apodaron  Schamakuschindschis, aludiendo a su condición de fotógrafo.

GUSINDE Y LOS FUEGUINOS

Mujer Kawésqar con sus chicos. Alberto De Agostini.
Imágen del libro: Andes patagónicos: viajes de exploración a la cordillera patagónica austral

Largos pasajes de sus relatos corresponden a descripciones subjetivas del colapso que, a su juicio, se aceleraba pues “estas regiones tristes no se distinguían tampoco por una flora o fauna que llamara la atención”11. Estas formas de prosopopeya se repiten frecuentemente a propósito de la asociación de la idea de muerte al paisaje que estaba siendo transformado, el cual es recordado y resignificado melancólicamente, como también los sufridos habitantes, quienes “allí en sus frágiles canoas, surcan los innumerables canales del archipiélago de Cabo de Hornos. Se abrigan al pie de las desnudas rocas y al borde de los impenetrables bosques contra los terribles y helados huracanes”12

Este sacerdote de la congregación del Verbo Divino denunció esta masacre, movido por la “compasión por su destino” 13, pues los onas no fueron “apreciados debidamente”14, al contrario, eran asesinados como situación cúlmine del trato indigno e inhumano que les daban chilenos y migrantes. En algunas secciones de su obra habla el sacerdote, en otras el científico, la mayoría de las veces, el ser humano empático, compasivo y sufriente que pretende presentar los resultados de sus “cuatro viajes en forma definitiva, [por lo cual se alegra] de tener la oportunidad de agradecer cordial y sinceramente a cada una de las personas que [le] prestaron ayuda valiosa, no solo por consideración a [su] persona, sino para fomentar las ciencias del Hombre”15.

«EL SISTEMA DE PROPIEDAD PRIVADA RÁPIDAMENTE ENTRÓ EN CONFLICTO CON LAS CONCEPCIONES ANCESTRALES DE LAS ETNIAS AMERINDIAS QUE VALORABAN LA TIERRA COMO SUSTRATO O ESCENARIO DE UNA EXISTENCIA CONSTITUIDA POR HUMANOS Y NO HUMANOS, SERES MATERIALES Y ESPIRITUALES.»

En su segundo viaje, Gusinde declara que se ha “amoldado a su ser, tan íntimamente, que [ha] sentido con ellos y como ellos”16. “Mucho más de lo que al principio se previó, se habían ido demorando mis trabajos de investigación en la Tierra del Fuego. Cuatro veces llegué a partir de Santiago de Chile, donde entonces vivía y tenía mi trabajo, para dirigirme al lejano sur donde pasé en total dos años y medio, en estrecha convivencia con los indios. Me presenté a ellos como un amigo para comprenderlos y poder conocer sus características culturales. Para mí no constituían los indios objeto de malsana curiosidad; y por eso nos comprendimos tan bien desde un principio. De un viaje a otro se iban estrechando cada vez más los lazos de nuestra mutua confianza, y llegué a ser considerado miembro activo de su comunidad india, pudiendo tomar parte en sus actos sociales más venerados”17, fundamentó.

Además de la amistad, desde un principio la compasión fue parte de la comunicación del científico, compartiendo las diversas formas de dolor y sufrimiento que experimentan los indígenas aun cuando no sufre él directamente. Vio de cerca la violencia a la que eran sometidos y que él consideraba inmerecida. Esta forma de comunicación es efectivamente “con-pasión” o “padecer-con”18, se transforma en un componente importante del capital social de individuos, organizaciones y sociedades. De algún modo, la actitud del etnólogosacerdote puede iluminar a los actuales cientistas humanos y sociales en función de mantener vivos en el proceso de búsqueda de la verdad, resguardos éticos y otros referidos a la mantención de adecuados niveles de compromiso social, de manera que “el otro” al cual se investiga nunca sea cosificado o transformado en un mero objeto necesario en la búsqueda de respuestas, pero no “como quien está frente a nosotros tal como es”, como reclaman religiones monoteístas e ideologías seculares.

APRENDIZAJES PARA LOS TIEMPOS QUE CORREN

Cazadores Selk’nam con vestiduras originales, hacia 1920. Martin Gusinde.

El fenómeno de los holocaustos étnicos le parece a la mayor parte de la población chilena propio de otros parajes o lo sindican como parte de la historia negra de la Segunda Guerra Mundial. Poco o casi nada se conoce acerca del holocausto selk’nam y otras etnias fueguinas, que acompañó el proceso de colonización propiciado por el Estado. Demostraron este hecho los resultados del análisis de las entrevistas telefónicas realizadas para este proyecto a 42 actores locales e institucionales residentes en las regiones de Aysén y Magallanes y la Antártida chilena, quienes desconocían o conocían solo someramente a los selk’nam, el área que poblaron, los eventos que determinaron su exterminio y aspectos relacionados con la vida y obra de Martin Gusinde.

En la actualidad, tal ignorancia aporta a la invisibilización de diversas formas de infringir o denegar los derechos pasados y presentes, y puede significar que, como antes, poco importe la suerte de los conjuntos alternos a los restantes grupos sociales. Además, en un contexto espaciotemporal donde se discute activamente el rol de las instituciones que otrora conformaban el andamiaje social (familia, iglesia, escuela), vale destacar y relevar ejemplos concretos de defensa de los derechos de los más vulnerables por parte de personeros de la Iglesia y la existencia de espíritus libres que lograron, en las acciones, vincular fe y razón, acompañando las tareas espirituales con un prolífico trabajo científico que buscó concretarse en propuestas de cambio a situaciones de injusticia social y ambiental.

ALGUNAS CONCLUSIONES REFERIDAS AL ETHOS COLONIZADOR

Como en otros sectores donde se expandió la República de Chile durante los siglos XIX y comienzos del XX, el proceso de colonización de la Patagonia se sostuvo en la asignación de derechos de propiedad a los interesados por participar en los procesos de ocupación de tierras sin que ello implicara alguna consideración a los derechos de las etnias fundantes. En lenguaje contemporáneo, los derechos de propiedad de los colonos se impusieron a los derechos territoriales de los fueguinos, quienes fueron ignorados en el proceso de construcción republicana, no así los espacios que habitaban, pues fueron estos los que entregaron a nuevos propietarios, como lo demuestra el trabajo de García para el caso de la isla Navarino y que corresponde a una práctica habitual que se aplicó en todo el extremo sur de Chile19.

«LOS ONAS NO FUERON “APRECIADOS DEBIDAMENTE”, AL CONTRARIO, ERAN ASESINADOS COMO SITUACIÓN CÚLMINE DEL TRATO INDIGNO E INHUMANO QUE LES DABAN CHILENOS Y MIGRANTES.»

En función del beneficio obtenido, los nuevos colonizadores practicaron drástica y permanentemente una política de hostilidad contra los habitantes patagónicos con el fin de asegurar sus dominios y pertenencias, cuyo paroxismo fue la aniquilación de la etnia selk’nam y otras australes y las acciones implementadas durante el mismo siglo con motivo de la anexión de los territorios de la Araucanía a Chile20. A partir de las políticas de colonización impulsadas por el Estado chileno desde el último tercio del siglo XIX, se
instaló en la Patagonia y en la Araucanía una cosmovisión opuesta destinada al dominio y control espacial, implementando un modelo de organización territorial estadocéntrico capitalista en un contexto en el que la legislación chilena —tal como en el resto del mundo— consideraba legal la delegación, bajo la forma de asignaciones individuales, de la soberanía a privados en diversas formas sin ningún tipo de impedimento y, como lo permitían las directrices teóricas proporcionadas por la filosofía política y la teoría de las relaciones internacionales de la época, que visualizaban al Estado como la única institución territorial, asimilable a una persona cuyo cuerpo era la expresión de su soberanía21.

NOTAS

  1. Proyecto financiado por el XV Concurso de Investigación y Creación para Académicos, organizado por la Dirección de Pastoral y Cultura Cristiana en conjunto con la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
  2. Henriksen, J-O., “Christ in Postmodern Philosophy: Gianni Vattimo, René Girard and Slavoj Zizek”, Ars Disputandi, 2010. Disponible en https://doi.org/10. 1080/15665399.2010.10820009; Howitt, R., “Scale and the other: Levinas and geography”, Geoforum, 2002. Disponible en https://doi.org/10.1016/S0016-7185(02)00006-4; Lévinas, E., De otro modo que ser, o más allá de la esencia, Editorial Sígueme, 2011; Westphal, M., “Levinas and Kierkegaard in dialogue”, 2008. Disponible en https://doi.org/10.5860/choice.46-2011; Kierkegaard, S., Temor y temblor, colección Metrópoly, 1987; Kierkegaard, S., “Training in Christianity”, 2015. Disponible en https://doi.org/10.5840/thought194520133; Kierkegaard, S., “Problema I”, en Kierkegaard’s Writings, VI, volumen 6, 2018. Disponible en https://doi.org/10.2307/j.ctt24hrjx.8; Penner, M. B., “Kierkegaard on Faith and the Self: Collected Essays”, en Faith and Philosophy, 2010. Disponible en https://doi.org/10.5840/faithphil20102719; Berríos, F., “El método antropológico-trascendental de Karl Rahner como hermenéutica teológica del mundo y de la praxis”, en Teología y Vida, 2004. Disponible en https://doi.org/10.4067/s0049-34492004000200011; Blondel, M., La acción (1893): Ensayo de una crítica de la vida y de una ciencia de la práctica, BAC normal, 1995; González Montes, A., Fundamentación de la fe, Ágape, 1994; Sullivan, J., “Christian credibility in Maurice Blondel”, en Heythrop Journal – Quarterly Review of Philosophy and Theology, 2016. Disponible en https://doi.org/10.1111/heyj.12010; Dardel,
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  3. Todorov, T., Los abusos de la memoria, Cartaphilus, 2000; El hombre desplazado, Buenos Aires: Taurus – Alfaguara, 2008; Nosotros y los otros. Reflexión sobre la diversidad humana, Madrid: Siglo XXI Editores, 2010.
  4. Paulsen Bilbao, A. “La matriz MATAN: Una propuesta de análisis
    paisajístico, mediante el uso de fotografías documentales, históricas y/o patrimoniales de los Andes patagónicos chilenos de principios del siglo XX”, en Revista de Geografía Espacios 7(13), 2017a, pp. 72-98.
  5. Gusinde, M., Fueguinos. Hombres primitivos en la tierra del fuego, Sevilla: G.E.H.A., 1951, pág. 19
  6. Gusinde, M., El mundo espiritual de los Selk’nam, Santiago: Serindígena Ediciones, 2008, pág. 7.
  7. Ibídem.
  8. Gobernación de Magallanes, Memoria del gobernador de Magallanes. La Tierra del Fuego i sus naturales, Santiago: Imprenta Nacional, 1896, pp. 13-14.
  9. pág. 24. 10. Gusinde, Fueguinos, op. cit., pp. 19-20.
  10. Gusinde, Fueguinos, op. cit., pp. 19-20.
  11. Gusinde, M., Expedición a la Tierra del Fuego. Informe de jefe de sección, Santiago: Imprenta Cervante, 1920, pág. 17.
  12. Gusinde, M., “Expedición a la Tierra del Fuego. Informe de jefe de sección”, en Publicaciones del Museo de Etnología y Antropología de Chile, Santiago: Imprenta Cervante, 1922, tomo II, pág. 422..
  13. Gusinde, El mundo espiritual, op. cit.
  14. Ibídem
  15. Ibíd., pág. 8.
  16. Gusinde, Expedición, op. cit., pág. 148.
  17. Gusinde, Los fueguinos, op. cit., pág. 383.
  18. Singer, T. y Klimecki, O. M., “Empathy and compassion”, en Current Biology, 2014a. Disponible en https://doi.org/10.1016/j.cub.2014.06.054
  19. García Oteiza, S., “Documentos inéditos para la historia de Magallanes. Mensura de Isla Navarino, 1929-1930”, en Magallania 44(1), 2016, pp. 267-286.
  20. Bengoa, J., Historia del pueblo mapuche: Siglos XIX y XX, Santiago: Ediciones Sur, 1985.
  21. Elden, S., “Thinking territory politically”, en Political Geography, 2010. Disponible en https://doi.org/10.1016/j.polgeo.2010.02.013; Kolers, A., “América Latina en las teorías de los derechos territoriales”, en Revista de Ciencia Política, 2017a. Disponible en https://doi.org/10.4067/S0718-090X2017000300737

¿Incorporación social de migrantes colombianos en Chile?: vulnerabilidad y lucha por el reconocimiento *

Nicolás Gissi-Barbieri **Sebastián Polo Alvis ***

La movilidad humana global y Sur-Sur se ha incrementado de manera considerable en las últimas tres décadas (Organización Internacional para las Migraciones [OIM] 2011) y ha generado una renovada necesidad de reflexión sobre la temática, considerando sus dimensiones económicas, políticas y culturales. En particular, los desplazamientos dentro de América Latina han aumentado intensamente durante los últimos diez años y Chile concentra en la actualidad el mayor flujo inmigratorio regional (Comisión Económica para América Latina [Cepal] y Organización Internacional del Trabajo [OIT] 2017), que ya no solo proviene de las fronterizas poblaciones de Perú, Argentina y Bolivia como lo era históricamente. Estas nuevas realidades han generado múltiples desafíos para la convivencia pluricultural y el desarrollo social en las ciudades y han convocado el interés científico de las ciencias sociales. Especial atención y debate ha suscitado la discusión en torno a cómo se insertan los migrantes a la sociedad de acogida, por lo que se hace necesario investigar cómo se genera este proceso, en el contexto y desafío de la construcción de sociedades culturalmente plurales.

Según los datos del Censo 2017 (Instituto Nacional de Estadísticas [INE] 2018), en Chile habría 746.465 migrantes que representan el 4,3 % de la población nacional y se caracterizan por un perfil etario joven (15-44 años). Sin embargo, de acuerdo a los últimos datos del INE (2018) y del Departamento de Extranjería y Migración (DEM), en este país habría 1.251.225 migrantes que estarían representando el 6,6 % de la población total. Los principales países de los que provienen los inmigrantes son de Latinoamérica y el Caribe: en primer lugar, venezolanos, con 288.233 personas; después, Perú, con 223.923; en tercer lugar, haitianos, con 179.338; y en cuarto lugar, Colombia, con 146.582 personas inmigrantes.

Especialmente en el caso de Colombia, los conflictos políticos, la violencia interna y el alto nivel de inseguridad que rige en sus principales ciudades —altamente segregadas y con amplia economía informal— han incrementado el malestar y el miedo y, como consecuencia, han impulsado la movilidad durante el siglo XXI (Martínez y Orrego 2016). Dichas condiciones serían resultado de procesos enmarcados en un contexto de recrudecimiento paulatino del conflicto armado interno en Colombia durante los años noventa y principios del siglo XXI, en los cuales se manifestarían problemáticas críticas como el desplazamiento interno masivo y la salida de refugiados hacia países como Estados Unidos, Ecuador, Panamá y Costa Rica (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados [Acnur] 2016). A partir de ello, “la percepción de inseguridad producida por el conflicto armado y sus elementos conexos […] se han convertido en principios que constriñen las actividades y expectativas de migrantes prospectivos” (Palma 2015, 11).

A mediados de los 2000, tendría lugar la tercera ola migratoria, la de mayor dimensión estadística en la historia de Colombia (Mejía 2012). Dentro de los procesos migratorios de la diáspora colombiana, a partir de ese momento se ha identificado una progresiva transformación frente a los destinos de migración y una diversificación de los países de recepción, entre los que se destacan regiones de Europa occidental, así como otros destinos no tradicionales en América Latina (Echeverri 2005; Polloni y Matus 2011). Tras este periodo, uno de los principales destinos de migración sería Chile, en el que “en 2014 hubo 25.038 colombianos, lo cual significa que, en comparación con 2002, se experimentó un aumento sustancial de 511 %” (Polo y Serrano 2018b, 173). Sin embargo, el crecimiento de esta población no se detendría allí: de acuerdo con los registros censales recientes (INE 2018), se registra la presencia de 108.001 colombianos en Chile para 2017 (figura 1), lo cual indica que el número de colombianos se cuadruplicó entre los dos últimos registros conocidos.

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Figura 1. Población extranjera total discriminada por principales nacionalidades (1992-2017)

Importantes retos económicos y políticos ha debido enfrentar Colombia en las últimas tres décadas, debido al colapso en los precios internacionales del café —la principal fuente de recursos del país durante gran parte del siglo XX—, así como otros escenarios complejos como la crisis financiera de 1999, recrudecida por el terremoto de Armenia. Sumado a ello, otros factores como la crisis petrolera por el colapso de los precios internacionales desde 2014 y el auge del conflicto armado en un contexto de expansión del tráfico de drogas desde hace ya seis décadas propiciarían las condiciones para el crecimiento de la migración y el refugio de un gran número de colombianos. Estos conflictos han forzado a muchas personas a desplazarse internamente o a abandonar su país natal, entre los cuales hay un total de 4.700.000 colombianos/as que residen en el exterior desde hace ya siete años (Polo y Serrano 2019). Así mismo, se estima la presencia de 224.080 refugiados, de los cuales se registran 5.882 en Chile para 2017 (Acnur 2018). Este sector se caracteriza por tener perfiles y localizaciones muy heterogéneos y, en su mayoría, se han establecido en la región metropolitana (63.614), en la de Antofagasta (19.493) y en la de Valparaíso (4.673) (INE 2018; Cepal 2018b).

Ahora bien, no solo los grupos más vulnerables se movilizan desde y hacia países del sur, sino que una parte de estas migraciones es protagonizada por sujetos de estratos medios y altos, algunos con estudios técnicos y superiores. La diversidad de sexo, clase / estrato social, nivel educacional y “raza” caracteriza y distingue los recientes flujos Sur-Sur, lo que también incide en los patrones que siguen sus trayectorias migratorias y la concentración socioeconómica que enfrentan en los barrios residenciales a los cuales tienen acceso en las ciudades de destino (Gissi-Barbieri y Ghio-Suárez 2017).

De este modo, el problema de investigación que planteamos en este texto se cuestiona: ¿cuáles son los factores socioculturales y experiencias de vida que participan en los procesos de incorporación social de migrantes provenientes de Colombia que residen hoy en Chile? Nuestro propósito es interpretar y analizar sus procesos migratorios y de inserción en la ciudad de Santiago, considerando sus proyectos y trayectorias migratorias, con sus continuidades y contradicciones en el tiempo.Contexto y causas de la migración colombiana en ChileSección:EscogerInicio de páginaResumenContexto y causas de la m… <<Marco teórico: exclusión …Aspectos metodológicos, p…ConclusionesReferenciasCITING ARTICLES

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Dentro de las diversas condiciones que propiciaron la tercera ola migratoria de la diáspora colombiana durante los años 2000, se manifestó una diversificación de sus destinos migratorios a nivel regional y transcontinental. Dentro de América Latina, algunas de las razones que influyeron en la expansión de esta movilidad colombiana se deben, por una parte, a que la región en su conjunto ha logrado crecer en términos económicos, lo que se traduce entre otras cosas en un incremento en el empleo (OIM 2015). Por otra parte, uno de los principales incentivos a la migración se ha dado gracias “al auge económico del sector exportador en Chile, caracterizado por el ingreso de grandes flujos de divisas resultantes de los dividendos del cobre, en consonancia con un sector exportador diversificado y una política macroeconómica enfocada a un desarrollo sustentable” (Polo y Serrano 2018b, 173).

Sin embargo, es necesario precisar algunos elementos del caso migratorio estudiado en el presente texto. A pesar de que existen condiciones económicas y de facilidad logística para el arribo de nuevos migrantes colombianos, lo cual señala un incremento sostenido durante los últimos diez años, las leyes que delimitan el entramado de la política migratoria chilena están en condición de obsolescencia. Hasta el 2018, el soporte legislativo referido para los asuntos migratorios en Chile estaba regido por el Decreto Ley n.° 1094 de 1975 y la Ley de Extranjería promulgada por el Decreto Supremo n.° 597 de 1984; jurisprudencia expedida durante el régimen militar de Pinochet, bajo condiciones de cierre a las migraciones como un fenómeno securitizado que representaba una latente amenaza al orden establecido. Ahora bien, dentro de estas condiciones, a pesar de las tendencias expuestas anteriormente y de los avances que ha habido para la actualización del régimen legislativo migratorio, como lo fueron la Ley n.° 19.476 de 1996 y la Ley n.° 20.430 de 2010 en materia de asilo, refugio y protección de derechos humanos, existieron algunos vacíos que han minado las condiciones óptimas de adaptación e incorporación social de los migrantes. Según la OIM:

resulta fundamental modificar la ley de modo de que se ajuste a la realidad actual de la migración y a la normativa internacional vigente sobre los derechos de los trabajadores migrantes. Asimismo, se requiere contar con una política de carácter nacional que otorgue lineamientos para abordar de manera coordinada e integrada las distintas dimensiones de la migración. Una modificación legislativa debiera, entre otras cosas, garantizar el derecho a residencia, sin que quede vinculado a un contrato de trabajo, algo que está señalado en los acuerdos en materia de residencia alcanzados en el marco del Mercosur. La discusión respecto de una política migratoria debe convocar a los distintos actores involucrados en la temática migratoria. Un actor clave que ha estado más bien ausente en este tipo de discusiones, es la sociedad civil. Resulta central generar mecanismos para facilitar el diálogo y la participación conjunta en la discusión y elaboración de propuestas y política migratoria. Las organizaciones nutren de información y actúan como puente entre la población migrante y la institucionalidad, facilitando, por ejemplo, el traspaso de información respecto de las medidas implementadas. (2011, 90)

Ahora bien, ante la aclaración ulterior sobre las condiciones legales para el desarrollo de la migración, los desplazamientos colombianos tuvieron su expansión por condiciones paralelas ante un mismo proceso. Por un lado, hubo un crecimiento considerable entre 2003 y 2009, periodo en el que se registró la llegada de 7.989 personas (figura 2). Dicho crecimiento, conjugado con una expansión paralela de los demás flujos migratorios que incrementarían el volumen de colombianos en la región, sería determinante para el surgimiento de una nueva tendencia migratoria. Además de considerar las diversas razones de atracción derivadas del auge económico, de las ventajas comparativas en condiciones laborales y niveles de ingreso, la oferta educativa, entre otros elementos, también resalta la segunda gran tendencia de la migración colombiana en Chile: el efecto llamado, derivado de los procesos de reasentamiento de refugiados.

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Figura 2. Colombianos por año de llegada (1900-2017)

Respecto a dicho fenómeno, en comparación con el aporte nominal de las migraciones regulares de colombianos en el exterior:

no han sido de gran representación nominal respecto al total de refugiados colombianos en el exterior, [pero] sí han configurado los procesos migratorios en la región del Norte Grande de Chile. El principal elemento que dio inicio a una política de protección y regularización de refugiados se remonta a la suscripción de Chile al programa de reasentamiento de Acnur, con el cual se pretendió dar una solución perentoria a aquellos refugiados que tuvieran complicaciones de protección, o serios problemas de integración en sus primeros países de asilo que provenían de países como Costa Rica y Ecuador. (Polo y Serrano 2018b, 176)

Como resultado de los efectos colaterales del conflicto armado en Colombia entre 2002 y 2010, el escalamiento de los combates y operaciones militares a lo largo del territorio derivó en la salida de un considerable número de colombianos hacia países como Ecuador, en búsqueda de ser admitidos bajo condición de refugio. Asimismo, tras la suscripción de Chile al Programa de Reasentamiento de 1999 liderado por Acnur, cientos de refugiados palestinos, yugoslavos, afganos y colombianos se han venido reasentando en este país, por ejemplo, en el área de la frontera norte, en ciudades como Arica, Antofagasta, Iquique y Calama (Acnur, 2013, 2019).

Con el progresivo avance de la institucionalidad chilena referente a la Ley n.° 19.476 de 1996 sobre el levantamiento de las deportaciones y de las detenciones por condición de irregularidad fronteriza, conjugado con los grandes réditos económicos de las regiones del Norte Grande con el auge exportador minero, se propiciaron las condiciones adecuadas para desarrollar un proceso migratorio en red que permitiría generar lógicas autónomas. Por ejemplo, la predominancia de colombianos provenientes de la región pacífica de Colombia, específicamente del Valle del Cauca (Vicuña y Rojas, eds., 2015), también implicó una articulación con los procesos de reasentamiento de Acnur desde Ecuador. Gracias a la relativa proximidad espacial y cultural de este país respecto a Chile, se desarrollaría una tendencia migratoria de desplazamiento terrestre que tendría un principal impacto en la zona fronteriza con Perú:

Según la Policía de Investigaciones de Chile (PDI), en los puestos fronterizos terrestres existentes en Arica y Parinacota (Chacalluta, Chungará y Visviri) ha habido un total de 65.711 registros entre 2010 y 2013, de los cuales un 99 % corresponden a Chacalluta. Se observa crecimiento de los flujos tanto de ingreso como de salida en esos puntos. Estos datos contribuyen a la hipótesis de que la migración de colombianos se ha hecho por medio de diversas experiencias de viaje y en ciertas condiciones del migrante. (Polo y Serrano 2018b, 176)

Sin embargo, entre 2012 y 2017 se experimentaría el mayor ingreso de colombianos a Chile, un periodo caracterizado por las negociaciones de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP). A pesar de ser un avance que significaría el fin a una guerra de más de cincuenta años contra un actor armado que ha influido en procesos de desplazamiento interno, la latencia del accionar de las FARC-EP sería aprovechada en favor de otros actores armados que buscan sacar provecho de la ventana de oportunidad generada por las negociaciones de paz. Asimismo, es de destacar también que el crecimiento durante este periodo podría obedecer a la consolidación de la comunidad colombiana en Chile, acompañada de otros procesos de re-emigración provenientes de Argentina:

Con la llegada de Mauricio Macri a la Presidencia del país en 2015, diversos hechos que influyeron en el contexto económico de la sociedad argentina, como el progresivo desmontaje de los sistemas de subsidios a los servicios públicos y al consumo y la liberación del cepo cambiario a las divisas, generaron un progresivo encarecimiento del costo de vida, lo cual puede dar explicación a una reversión de la tendencia de las migraciones colombianas hacia Argentina de la última década. […] Por tanto, es posible considerar que la población colombiana en Argentina tiende a estar experimentando un escenario de transición económica que ha derivado en un progresivo deterioro de la economía que, con las consecuentes reformas económicas realizadas desde 2015, han derivado en unas condiciones que han sido menos favorables para la proliferación de la migración. (Polo y Serrano 2018a, 147)

Ahora bien, dentro de la evolución de las tendencias migratorias de los colombianos en los países del Cono Sur, es necesario comprender que varios condicionamientos de la diáspora están directamente afectados por el panorama político, económico y social del país emisor. No obstante, es clave convenir que esos procesos migratorios implican una aproximación a procesos de adaptación social que pretenden acomodar la existencia de estas poblaciones dentro de nuevos entramados sociales que les den condiciones de aceptación y actividad para el desarrollo de sus vidas y proyectos en condiciones dignas. Por lo tanto, es necesario acentuar la importancia de los procesos de incorporación social como un proceso de recalificación social para el migrante y que, así como son una oportunidad para la adhesión exitosa y la vinculación completa de estas comunidades, también son escenarios en los que se presentan casos de exclusión y discriminación que obstaculizan la adaptación de estas dentro del orden social y económico del país receptor. A continuación, se ahondará sobre los entramados teóricos de exclusión e incorporación social1.

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Migrar e insertarse hoy en día a nuevos países resulta particularmente difícil en un contexto económico global signado por el neoliberalismo y por el aumento de las restricciones migratorias a escala mundial. Balibar ha destacado recientemente la relación paradójica entre un concepto de ciudadanía universalizado y ciertas formas de exclusión interior, característicos de la política de la era posnacional y posliberal, en la cual la situación de los inmigrantes implica el efecto combinado de las exclusiones interiores de clase y de “raza”: “La categoría de exclusión resulta entonces compleja, heterogénea, pero también representa un sitio privilegiado […] para las actuales condiciones de la ciudadanía” (2013, 111-112).

En este marco mundial, los escenarios sociolaborales de los migrantes Sur-Sur se han visto transformados durante las últimas tres décadas por las decisiones de los gobiernos latinoamericanos —como los actuales de Colombia y Chile— de adoptar prácticas neoliberales a cambio de la apertura comercial al mercado global —así como recibir ayuda financiera— por medio de los tratados internacionales de comercio. Estos contextos económicos suelen generar una precarización, creada por la degradación de las relaciones de trabajo y de las protecciones ligadas a ellas, esto es, por la crisis de la sociedad salarial. La mayoría de los hoy denominados excluidos fue invalidada por la coyuntura de la transformación reciente de las reglas del juego social y económico. Son los “supernumerarios”. La exclusión social ha devenido así en la “cuestión social” por excelencia (Castel 2015).

De este modo, la anterior seguridad laboral —de las décadas de 1960 y 1970— que las industrias tendieron a generar se ha visto mermada por la flexibilidad laboral y el empleo informal, lo que ha aumentado los riesgos y la inseguridad (Bauman 2006), especialmente en las grandes urbes. Estos cambios en el nivel macro han redundado en que suele ser insuficiente el esfuerzo individual de quien migra a ciudades latinoamericanas tanto del propio país (desplazamiento interno) como de otros países.

Comenzamos entonces exponiendo el emergente enfoque que hace referencia a los procesos de exclusión e incorporación social, modelo teórico que se ha desarrollado precisamente para dar cuenta de estas transformaciones en las sociedades nacionales y de cómo tales mutaciones han impactado en las familias e individuos. El enfoque de exclusión social se ha desarrollado especialmente en Francia, Italia y los países nórdicos europeos desde la década de 1970. Es un modelo que entiende la pobreza como un fenómeno global y se centra en los procesos, los sujetos y la multidimensionalidad de las desventajas. Inicialmente, el modelo de exclusión social hizo referencia tanto a los problemas sociales de los inmigrantes como a los de los discapacitados, enfermos crónicos, desempleados de larga data (viejos obreros) y jóvenes desempleados, entre otros, dentro su propia sociedad: la gente que se encontraba “fuera” de la sociedad, “extramuros”, los no ciudadanos. Sin embargo, en sus inicios, esta interpretación pecó de dualista: los individuos estaban integrados o excluidos, lo cual simplificaba la realidad social.

Castel (2015), Tezanos (2002) y Balibar (2013) han presentado un esquema más complejo, en el que la sociedad no se encuentra fracturada en dos grandes grupos, sino separada al menos en tres “áreas”. De este modo, a partir de un esquema circular, han denominado al núcleo como integración, a la zona que lo circunda como vulnerabilidad social y al área periférica como exclusión, a la vez que han destacado la precariedad creciente de los distintos estratos de la sociedad:

el punto esencial para destacar es que hoy es imposible trazar fronteras claras entre estas ‘zonas’. Los sujetos integrados devienen vulnerables particularmente por la precarización de las relaciones de trabajo y los vulnerables caen todos los días en lo que llamamos ‘la exclusión’. Pero hay que ver en esto un efecto de los procesos que atraviesa el conjunto de la sociedad y se originan en el centro y no en la periferia de la vida social. Por ejemplo, en la decisión de la empresa de jugar a fondo la carta de la flexibilidad o en la elección del capital financiero de invertir en el exterior. (Castel 2015, 24)

La exclusión es así un proceso dinámico asociado a la estructura económica y urbana, que puede ser permanente o intermitente y pasar de una situación de vulnerabilidad a otra de aislamiento y dependencia. Entre la vulnerabilidad y la integración encontramos incluso una cuarta área, la inserción, que significa hacerse un lugar entre los otros, al lado, cerca de los integrados, pero no conjuntamente, sin lograr una interacción igualitaria con estos. La integración social aparece entonces como un largo proceso que se ha de recorrer —y de preservar, para quienes lo hayan logrado— y en el que se deben superar diferentes etapas que dependerán de los distintos puntos de partida de cada individuo o grupo, para lo cual puede que no solo encuentren barreras institucionales, sino también en la comunidad nacional o en sectores de esta. Como lo destaca Balibar:

Las cosas son mucho más complicadas en la práctica, puesto que hay toda suerte de grados en la ciudadanía activa […], y sobre todo una zona gris en la que figuran individuos que no están ni completamente incluidos ni completamente excluidos […] la realidad está hecha de un conflicto no resuelto, en permanente evolución, que se despliega en lo medular entre las bambalinas de la ciudadanía (o en otra escena de la política) y que tiene por objeto las violencias discriminatorias, las desigualdades de estatus y de derechos, cuya ‘materia’ antropológica es sexual, racial, religiosa, cultural […]. Esta zona gris aparece no solo como una zona de indecisión entre la inclusión y la exclusión, sino como una zona en que la exclusión es indirectamente reclamada al Estado representativo por una cuasi comunidad de semi-ciudadanos, o de ciudadanos inseguros de sus derechos y de su reconocimiento. (Balibar 2013, 111)

El mal o falso reconocimiento (Taylor 1993; Thayer 2013) y la mala distribución o el mantenimiento de las desigualdades sociales tienden a generar procesos de exclusión, en los que “determinadas personas están en la sociedad sin ser de la sociedad”, como afirmara Louis de Bonald en el siglo XVIII. En palabras de Honneth:

la inclusión de los miembros de la sociedad tiene lugar siempre a través de los mecanismos de reconocimiento mutuo, pues así es como aprenden los individuos a afirmarse intersubjetivamente en determinados aspectos o facetas de sus personalidades […] este proceso de inclusión también puede entenderse como un mecanismo mediado por el lenguaje, los gestos o los medios de comunicación con los que los individuos consiguen la ‘visibilidad’ pública. (2010, 185)

Ahora bien, esta lucha por el reconocimiento implica tres formas o esferas: la de los afectos cercanos, del amor; la de las relaciones de igualdad, del derecho; y la de la participación económica, de la solidaridad. La primera hace referencia al desarrollo de la autoconfianza en los individuos; para que esto se produzca, se debe generar un entorno donde exista seguridad afectiva y se reconozca la dignidad de los sujetos. En el plano del derecho, el reconocimiento habilita a los individuos a emitir juicios públicos y se pasa a ser valorado como sujeto político. Por último, la esfera de la solidaridad implica la valoración de cada persona como un agente que participa desde sus particularidades en el ámbito del empleo o trabajo (Honneth 2010).

Más allá de lo económico, la exclusión se refiere entonces a lo social, lo político y lo cultural, a la interconexión entre estas dimensiones y, en definitiva, a la falta de participación en el intercambio social en general. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) entiende la exclusión social como un fenómeno multidimensional que implica tres dimensiones: económica, política y cultural, que se acumulan con el propósito de diferenciar la capacidad de grupos sociales e individuos para cambiar su posición en la sociedad. En concordancia con esta perspectiva, Gacitúa y Davis (2000) señalan que la exclusión social se puede definir como la imposibilidad de un sujeto o grupo social para participar efectivamente en relación con estos tres niveles: (i) económico, en términos de privación material y acceso a mercados y servicios que garanticen las necesidades básicas; (ii) político, en cuanto a carencia de derechos civiles que permitan la participación ciudadana; (iii) sociocultural, referido al desconocimiento de las identidades de género, generacionales, étnicas o religiosas.

Ahora bien, la exclusión social implica tanto una dimensión temporal como espacial. La dimensión temporal indica que la exclusión es el resultado de la acumulación de factores de riesgo en circunstancias históricas particulares. Para comprender los “estados” de exclusión, debemos reubicarlos en un proceso, pues son el resultado de diferentes trayectorias que los marcan. En la mayoría de los casos, como sostiene Castel, “la exclusión designa actualmente situaciones que traducen una degradación con respecto a una posición anterior” (2015, 24). La dimensión espacial se refiere a que la exclusión responde a la interacción de múltiples factores que se articulan en un territorio determinado; de ahí conceptos clásicos como marginados (al margen) y suburbios, cuyos pobladores tienen un difícil acceso al centro o a los centros urbanos, por lo cual quedan “inmovilizados” y se generan guetos, “espacios cerrados escindidos de la comunidad” (Donzelot 2012, 31). Del mismo modo, el concepto contiene tanto un aspecto objetivo como subjetivo. El aspecto objetivo considera las condiciones efectivas, como la ubicación espacial, la dificultad de acceder al mercado laboral debido a un bajo nivel de escolaridad o el desconocimiento de una lengua. El aspecto subjetivo considera la representación social o imaginarios que los sujetos han elaborado de dichas condiciones, de cómo se perciben a sí mismos y de las estrategias que desarrollan para superarlas.

Pensando en la aplicación de este enfoque a realidades latinoamericanas, García Canclini (2004) ha afirmado que al modelo de la desigualdad entre clases —característico de los análisis realizados en Europa, como por ejemplo los de Bourdieu (1998)— hay que sumar y articular en América Latina el modelo de la diferencia. Más aún: la problemática de la desigualdad y de la diferencia ha girado hacia el enfoque de la inclusión/exclusión tanto en los discursos hegemónicos como en el pensamiento crítico. Ahora bien, los tres modelos son necesariamente complementarios: “necesitamos pensarnos a la vez como diferentes, desiguales y desconectados” (García 2004, 79) —o similares, iguales y conectados—. Y es que la sociedad es concebida en el mundo pos/moderno o tardío/capitalista —más que nunca, como ha señalado Castells (1991)— como una red o un conjunto de redes interconectadas. Al respecto, sostiene García Canclini:

La relativa unificación globalizada de los mercados no se siente perturbada por la existencia de diferentes y desiguales: una prueba es el debilitamiento de estos términos y su reemplazo por los de inclusión o exclusión. ¿Qué significa el predominio de este vocabulario? La sociedad, concebida antes en términos de estratos y niveles, o distinguiéndose según identidades étnicas o nacionales, es pensada ahora bajo la metáfora de la red. Los incluidos son quienes están conectados, y sus otros son los excluidos, quienes ven rotos sus vínculos al quedarse sin trabajo, sin casa, sin conexión. […] Ahora el mundo se presenta dividido entre quienes tienen domicilio fijo, documentos de identidad y de crédito, acceso a la información y el dinero, y, por otro lado, los que carecen de tales conexiones. […] En América Latina, aunque no solo aquí, es particularmente notable la desconexión escenificada en los ámbitos de la informalidad, donde se puede tener trabajo, pero sin derechos sociales ni estabilidad. (2004, 73-74)Aspectos metodológicos, proceso migratorio e incorporación de los colombianos en Chile: etapas, vulnerabilidades y reconocimientoSección:EscogerInicio de páginaResumenContexto y causas de la m…Marco teórico: exclusión …Aspectos metodológicos, p… <<ConclusionesReferenciasCITING ARTICLES

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Durante el trabajo de campo realizado entre los años 2015 y 2018 en las comunas de Santiago-Centro, Recoleta, Providencia y Quilicura, en la ciudad capital de Santiago, se realizaron entrevistas en profundidad a cuarenta mujeres y hombres de nacionalidad colombiana2, de los cuales en este artículo citamos los testimonios de doce, quienes al momento de la entrevista tenían entre tres y diez años de residencia en el país. Estas comunas fueron seleccionadas para dar cuenta etnográficamente de la heterogeneidad social y urbana de la capital, respectivamente centro, pericentro (Recoleta y Providencia) y periferia, espacios en los que se están desarrollando nuevas formas de segregación y mezcla social, debido a la modificación en la escala de la segregación social durante la última década.

Para realizar este análisis cualitativo, los participantes relataron cómo fue la experiencia de su llegada a Chile, qué hechos han sido positivos, negativos o extraños en su convivencia con chilenos, especialmente respecto a los ámbitos económico, político y cultural de la incorporación o exclusión social. El contenido de las entrevistas fue analizado por medio de una malla temática que se construyó a partir de la pauta de entrevista. El proceso de codificación se realizó paralelamente al de categorización, incluyendo categorías emergentes. Finalmente, se utilizó el software Atlas.ti® versión 7.0 para visualizar patrones y difundir los resultados. Esta producción de datos primarios se complementó con la búsqueda de información en las bases de datos estatales, las Encuestas de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) de 2017, el Censo 2017 (INE 2018) y el Departamento de Extranjería y Migración (DEM) del Ministerio del Interior y Seguridad Pública.

Entonces, dentro del panorama del colectivo colombiano en Chile, es necesario concebir las diversas fases de dicho flujo migratorio como un proceso dinámico y cambiante durante los últimos treinta años. La década de 1990 supuso un tiempo de transformación política, económica y social en Chile a causa de la transición democrática tras el plebiscito de 1988, que implicó también una reapertura del país a nuevas migraciones. Dentro de los testimonios de los entrevistados sobre los colombianos “pioneros” que migraron en los noventa, es posible resaltar una particularidad del migrante colombiano: su recursividad en tiempo de anonimato social, a causa de ser una comunidad desconocida para el chileno, que se sumaba a la peruana:

era en todo el país. Y muchos afincados, pero eran curiosos. O sea, como sí, chévere, el colombiano trabaja mucho, el colombiano es el tipo que monta un restaurante en el último piso de un centro comercial y vende el almuerzo más barato. El colombiano no es el peruano que le gusta vender minutos a celular. Al colombiano le gusta más como vender joyas, como más dedicado al comercio, ¿sí? Entonces a montar las famosas cabinas telefónicas y todo ese tipo de cosas era lo usual en esos años. ¿Mi madre?, nada. Mi mamá se dedicó fue a trabajar en casas que la contratan para que llegue a las 8 de la mañana y se vaya a las 5 de la tarde y ya, y le consignan en dólares […]. En ese entonces, mi madre, pues, pertenecía casi que a un grupo de pioneros. Porque, cuando ella se va, dos años después, ella empieza a llamar gente. Ella se va para Santiago. (Entrevistado 1, 2016)

A partir de ello, el efecto llamado tendría lugar gracias a las facilidades económicas y laborales que ofrecería el país. Dentro de las diversas categorías de caracterización y medición establecidas en el Migrant Integration Policy Index (MIPI), la vigencia previa de un estado de desconocimiento de los colombianos en Chile supuso una ventana de oportunidad para iniciar un proceso de adaptabilidad paulatina, debido a su particularidad, y el tamaño de su población pudo facilitar un proceso de incorporación por las posibilidades de establecerse dentro de un entorno de movilidad laboral y residencia permanente que permitiera una avanzada logística para promover la inmigración hacia este país. No solamente por la progresiva expansión económica que experimentaría Chile durante los años 1990 y 2000, sino también por la facilidad de adaptarse en la sociedad chilena en el inicio de dicho proceso migratorio, de la cual su ventaja comparativa era el ofrecimiento de una mano de obra barata:

Entonces, bueno, por un lado, no debo olvidar que mucha de la gente que empezó a partir en el 2003, 2004, 2005, eran muy jóvenes, pero por otro motivo, ¿sí? Y es porque empezaron a aparecer avisos por toda la red de que necesitaban gente, especialmente, en el área de contabilidad y de web master, o sea, de vainas de construcción de redes de información, ¿sí? Resulta que nosotros, cuando llegamos allá, la mano de obra es más barata que la… no, no, no… la de aquí, o sea, nuestro concepto mental es que no necesitamos tanto dinero. El chileno cobra mucho más, ¿sí? Entonces los chilenos empezaron a contratar, ni siquiera era muy por debajo, era un poco por debajo. Pero como estaban contratando cincuenta ingenieros de sistemas, pues se terminaron ahorrando miles de dólares al contratarlos anualmente a los colombianos, porque aquí nos pagaban muy poco. Entonces, allá, el chileno que ya había venido aquí sabía que “no, marica, este man se le camella por 800 dólares, no necesita más. Este otro huevón me pide 3.000: suerte”. Y eso se llenó de colombianos fue así. Fue así la verdadera migración. Porque al norte, la de Antofagasta y todo eso, tiene otras razones. Mucha de esa gente quería quedarse en Brasil y no pudo, porque en el Brasil de Lula hubo muchas oportunidades de conseguir vivienda. Entonces, eso hizo que gente del Valle y de todo esto eso se fueran vola’os para Brasil y, paila, no se pudieron quedar. Siguieron hacia abajo y, en Antofagasta, encontraron todo el negocio minero. (Entrevistado 1, 2016)

Además de las condiciones anteriormente enunciadas, los procesos migratorios al norte de Chile se caracterizaron por la existencia de un mercado de exportación minera que se avizoraba en auge, de acuerdo con factores de atracción derivados de las buenas experiencias de los colombianos reubicados en el Norte Grande de Chile, tras las iniciativas promovidas por Acnur para la reubicación de colombianos refugiados provenientes de países como Ecuador, Panamá y Costa Rica (Polo y Serrano 2018b). Sin embargo, estas particularidades del efecto llamado incidirían directamente en la incorporación de la comunidad colombiana en Chile, ya que gran parte de la población que se trasladó estaba directamente conectada con un perfil migratorio caracterizado por personas que sufrieron las consecuencias del recrudecimiento del conflicto armado en los años 2000. La vulnerabilidad socioeconómica de estas poblaciones, junto con las diferencias culturales e incluso “raciales”, generaron escenarios adversos para la incorporación de esta población dentro de la sociedad chilena. Desde los postulados de Balibar (2013), es posible dilucidar que este proceso ha consistido directamente en un esfuerzo sostenido de la población colombiana por salir de la “zona gris” en la que siguen, en el ejercicio de revalidar sus condiciones de migrantes en pleno ejercicio de derechos y libertades.

Ahora bien, se plantean perspectivas complementarias sobre la llegada de colombianos a Chile, según las experiencias personales y de sus redes sociales. Uno de los entrevistados, que participa en un colectivo de migrantes, precisa sobre su experiencia de migración en Antofagasta, la segunda ciudad con más colombianos en Chile:

En mi caso, yo creo que mi caso es muy particular. Muy distinto, porque, en realidad, aquí me enviaron como misionero de mi iglesia. Fui como asignado, específicamente, al norte de Chile. […] Y así fue como conocí el norte de Chile. Entonces, luego volví, que ya es distinto, porque ya venía para ejercer mi profesión. Estaba yo allá trabajando y quería, siempre había tenido el deseo de venir, de volver, pero ya como para ejercer la profesión. Para tener una experiencia en el exterior que es algo como bien valorado en Colombia. Entonces, esa era una de las cosas, de las metas que tenía, ¿cierto? Era ejercer mi profesión en el exterior y, pues, ¿qué mejor que acá? Que, pues, ya tenía una red de contactos. Ya tenía amigos y demás. Pero […] fueron personas que fueron asignadas aquí como país de refugio. Eran personas que eran víctimas de la violencia en Colombia y el Acnur que, en ese momento, era el que estaba viendo estos casos de refugio, de la ONU, ellos les dieron a algunas de esas personas un país transitorio que fue Ecuador. Siempre, cuando ellos eligen un país para estas personas, tienen que reunir ciertas condiciones… por ejemplo, similares en cuanto a clima, en cuanto a condiciones geográficas, ¿cierto?, similares al lugar de origen y, aparte, que cuente con las condiciones sociales y económicas para poder desarrollar su proyecto de vida. Para poder reponerse y poder levantarse. Entonces, eso fue, digamos, parte de lo que pasó con los primeros que llegaron acá. Bueno, después ellos fueron trayendo a sus familias y amigos y, de esa manera, pues se fue, digamos, haciendo famosa Antofagasta como la ciudad de destino. (Entrevistado 3, 2016)

Por un tema de que Chile es muy famoso en este momento en Colombia porque hay trabajo, ¿sí?, entonces la gente se está viniendo mucho a trabajar acá porque hay construcción… porque está más en vías de desarrollo Chile que Colombia, digamos. (Entrevistado 7, 2017)

Los interlocutores afirman una extendida creencia en Colombia de que en Chile hay trabajo, lo que se constituye como la principal atracción para migrar. La idea del “sueño chileno” como imaginario del migrante colombiano ha venido calando dentro de los escenarios de decisión de los migrantes prospectivos en Colombia, puesto que estos discursos son los que, según Palma (2015), han tenido la posibilidad de construir y revalidarse en el tiempo y han sido nutridos por la comprobación vía la propia experiencia. Esta idea de la prosperidad conlleva además nuevas prácticas y nuevas estrategias de incorporación social y de reactivación económica de la población migrante como mecanismos de fortalecimiento de la red social que le atrajo a migrar. Al consolidarse las redes sociales transnacionales en Chile, se facilita el proceso de inserción de los recién llegados, lo que potencia aún más la migración (Gissi-Barbieri y Ghio-Suárez 2017). Cabe destacar que el idioma español y la religión cristiana tienen un rol facilitador que, junto al aumento de las barreras para migrar a Europa y Estados Unidos, llevan a algunos a preferir Chile. Sin embargo, los interlocutores resaltan la creciente dificultad de ingresar al país. Se reiteran factores como la discriminación como agentes que pueden frenar la regularización migratoria, el acceso a derechos fundamentales e incluso la reagrupación familiar. Ante una paulatina variación en la percepción de los colombianos como migrantes, en la que se destaca el aumento de los niveles de discriminación y controles sociales, tanto de la población nacional como por parte de algunas autoridades e instituciones estatales, el siguiente entrevistado indica:

No, es que la persona de PDI [Policía de Investigaciones de Chile], solamente con la vista, detectaba quién entra y quién no. Así es la cruda realidad. ¿Por qué?, porque yo, en ese momento, viajaba con mi abuela, una prima y el esposo de mi prima. ¿Qué pasó? Bueno, mi abuela y mi prima, que pudieron pasar la frontera, la persona del PDI les dijo: “Ustedes pueden pasar, pero los otros dos hombres no, porque ustedes vienen acá es a trabajar, no como turistas”. Entonces, yo le decía: “Pero ¿cómo voy a dejar pasar a mi abuela sola si yo vengo con ella? Y además yo no vengo acá a hacer cosas malas. Yo soy técnico de auxiliar contable y soy técnico diseñador de software, y estoy estudiando una carrera en logística empresarial”, y le mostré el carnet, pero esa carrera quedó, pues no la pude culminar. Él me decía: “No, ustedes no pueden pasar. Ustedes vienen acá a trabajar o a hacer otro tipo de cosas”. Pero yo decía: “Pero ¿cómo voy a dejarla pasar? O sea, yo vengo acá a hacer un aporte, no de pronto a hacer esas cosas que dicen que hacen los colombianos en Antofagasta». Me dijo: “No”. Pues mi abuela pasó y yo me devolví a Lima. (Entrevistado 5, 2016)

Así, al revisar los diversos testimonios, es posible identificar dos elementos que cambian desde 2010 la percepción de los procesos de incorporación social de los colombianos en Chile: la masificación de la migración y las transformaciones económicas de la economía chilena. Gran parte de dicho cambio se da por consecuencia del crecimiento inusitado del número de colombianos en Chile entre 2003 y 2015, lo que ha modificado las percepciones sobre su posición en el país y ha aumentado los prejuicios por nacionalidad, clase/estrato y “raza”, tres factores que se suman en el caso de los afrocolombianos, principalmente originarios de Cali, Buenaventura y el Pacífico colombiano. Este cambio de escenario tiende a dificultar el reconocimiento, especialmente en la esfera del derecho (relaciones de igualdad).

Los estereotipos de género también están presentes en los discursos analizados. Por ejemplo, algunas entrevistadas explican que las mujeres chilenas tienen actitudes de desconfianza y agresividad hacia ellas, que derivan de sus celos y de la mala interpretación de la forma de expresarse de las colombianas:

Yo hay veces atiendo y les digo a los hombres: “Hola, mi amor, ¿desean almorzar?”. Y me dicen ellas: “Él no es amor suyo, él es amor mío” y “Oye, que nosotros en Colombia le decimos ‘mi amor’”. (Entrevistada 11, 2017)

De este modo, como señala el enfoque de la interseccionalidad, se refuerzan mutuamente los factores de nacionalidad, clase, “raza” y género. Se destaca que “Ahora no nos quieren ni ver”:

Efectivamente. Se vio el cambio total. Al principio, todos éramos admirados y ahora no nos quieren ni ver. No quieren conversar con nosotros. En general, la mujer es muy maltratada igual, porque generalmente la mujer acá es muy celosa y piensa que las colombianas, por ser bonitas, porque se visten bien, porque son como más esmeradas en su personalidad, más esmeradas en su hogar, más consentidoras de su familia, ellas creen que vienen a quitarles, a dañarles los hogares. Entonces, eso también se ve reflejado mucho. El maltrato entre las mujeres. La mujer chilena no quiere para nada a la colombiana. Ya sea un, este, que son más bonitas, de que son más entretenidas, de que bailan mejor, bueno, muchísimas cosas características buenas que tiene la colombiana y, desafortunadamente, sin demeritar a las chilenas, no lo tienen. La colombiana huele rico, se viste bien, se prepara para salir a su trabajo súper bien. Con su personalidad, también agrada mucho a las personas y, desafortunadamente, la chilena no tiene esa personalidad. Entonces, ellas, en vez de decir “ya, voy a cambiar”, no, ellas rechazan totalmente a la mujer colombiana. (Entrevistado 4, 2016)

El color de la piel es un factor prioritario en las maneras en que colombianas y colombianos describen como positiva o negativa su experiencia en Chile y sus posibilidades de reconocimiento en la esfera de los afectos primarios (relaciones de cercanía) y, por tanto, de real incorporación en el país. Por último, se resalta la vulnerabilidad del colombiano en cuanto población estigmatizada a través de lugares comunes asociados con el narcotráfico y la prostitución, entre otros, que constituyen vías peyorativas para “catalogarlos” y que cuestionan incluso la dignidad de los migrantes:

Pero, realmente pues han sido muy tenaz, porque aquí te catalogan a ti como, pues, como colombiano se te abren puertas porque saben que somos trabajadores. Pero también han llegado muchos grupos de personas que han venido a hacer, a darnos mala imagen dentro del país, dentro de Chile. Y esto ha generado que, en un momento dado, nos juzguen a todos por igual. O sea, “son ladrones, venden droga, las mujeres prostitutas”, una cantidad de cosas que afectan la visión de realmente del gran número del colectivo de colombianos que somos. Muy poco vienen tal vez a hacer eso, y los otros vienen a hacer, pues unos poquitos vienen a dañar la imagen, pero pues muchas veces se nota más lo malo que lo positivo. Entonces, en ese momento fue muy difícil, fue difícil. (Entrevistado 6, 2016)

Son muchos los entrevistados afrodescendientes que comentan haber sido víctimas de racismo y desprecio por parte de chilenos e incluso lo han llegado a calificar como la parte más difícil de su trayectoria migratoria:

Pues lastimosamente termina a veces en golpes […] me dicen “negro yo-no-séqué”. (Entrevistado 8, 2017)

Te miran, así como de mala forma o como que tú estás esperando la micro y, si hay varios negros, no te paran. (Entrevistado 9, 2017)

La peor… cuando uno sale y le dicen cosas malas. Que hasta de maraca la tratan a uno que… “se oscureció”, le dicen cosas así, cosas del color. (Entrevistado 10, 2017)

Según algunos de los discursos, las producciones internacionales para la televisión sobre esta temática han influido en la expansión de este estereotipo:

Esa fama nosotros mismos nos encargamos de venderla, porque sacamos teleseries de narcotráfico, prostitución, todo eso, entonces nosotros mismos nos hacemos la mala fama. (Entrevistado 12, 2017)

Los procesos de incorporación social de los/as colombianos/as en Santiago están marcados así por distintas situaciones que tienden a generar incertidumbres y muchas veces frustran el denominado “sueño chileno”. En estas trayectorias se destacan las visas —especialmente la visa sujeta a contrato, asociada a múltiples abusos— y las relaciones con los servicios públicos, así como los estereotipos y el racismo hacia los afrodescendientes (Echeverri 2016), como puntos críticos. En el ámbito laboral tiende a haber en cambio una valoración de la actitud, capacidad de emprendimiento y aporte al trabajo en equipo de los colombianos, que implican un reconocimiento en la esfera de la solidaridad (intercambios económicos).

Cabe acotar que, en algunas situaciones, la condición identitaria de nacionalidad no ha sido relevante y no ha generado exclusión desde los chilenos. Es el caso de las protestas estudiantiles de 2011, lucha social sobre la que se relatan algunas experiencias, en donde prima la condición mutua de estudiantes:

Yo, la verdad, pues fue un tema que me parece que también vale la pena como estudiar, y fue que hubo muchos de los extranjeros que van a Chile y es que no hicieron amistad con muchos chilenos, sino con extranjeros de otros países. Entonces, mis compañeros me decían: “Vamos a marchar a la Alameda”. Y entonces, por un momento, yo decía: “Bueno, pero yo soy extranjero, yo qué hago allá, ¿no?”. Pero el hecho de usted estar metido, ver la lucha estudiantil, ver cómo todos los sectores se unen, digamos, en este caso particular, no se hablaban ni de izquierdas ni derechas. O sea, usted veía marchar a los pinochetistas con los allendistas, firmes todos, pendientes, pues, del tema educativo […]. Yo, en primer momento, fui dirigente de una vaina en Colombia que se llamaba la GEC [Grupos Estudiantiles Confederados], que esa vaina fue la semilla de lo que hoy es la MANE [Mesa Amplia Nacional Estudiantil]. Y yo, pues, obviamente, de venir de esa escuela, pues yo me integré inmediatamente al movimiento estudiantil chileno. Yo en las marchas y en las asambleas, me encontraba con gente de todo el mundo. Estudiantes de Brasil, de Argentina, de Francia, de todo lado. O sea, era una cosa impresionante y eso fue muy interesante. No nos rechazaban, ni nos discriminaban, ni nos decían como: “Bueno, ¿y usted qué hace acá?, usted no es de acá”. Ahí nosotros teníamos una calidad que era la calidad de todos, y esa era la calidad de estudiante. Independientemente de la nacionalidad, éramos todos estudiantes. (Entrevistado 2, 2016)

Vale la pena resaltar esta particularidad en el proceso de migración que, con relación a los procesos políticos y sociales desarrollados en Chile durante los últimos años, es clave mencionar que hay una unidad en términos de participación política, si bien estas condiciones pueden ser directamente soslayadas por la condición del migrante en su proceso de vinculación, así como de la fuerza o causa política que lo adopte. A raíz de ello, es válido comentar que, aunque existen procesos de discriminación de la población colombiana en Chile, existen unos límites que han condicionado este rechazo y que, en algunas situaciones, la condición de nacionalidad no parece un impedimento para ser agentes de cambio en los procesos políticos y sociales del país. Sin embargo, ¿hasta qué punto está vinculado el colombiano dentro de este tipo de tensiones sociales? Queda abierta la pregunta por si los procesos de incorporación y vinculación de los colombianos en Chile obedecen a un principio auténtico de inclusión de esta población para su beneficio y participación o si se trata de una instrumentalización basada en una promesa de garantía de derechos y libertades.

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La incorporación o exclusión de los colombianos en Chile ha dependido del momento de llegada, de su color de piel, de su género y de su calificación, de si se tiene título universitario o no. A su llegada a dicho país, generalmente se ven enfrentados por imágenes preconcebidas sobre lo que significa tener esta nacionalidad —ya sean estas positivas o negativas— y a distorsiones simplificadoras sobre Colombia, principalmente referidas a violencia y narcotráfico. Estos estereotipos aumentaron desde el año 2010, cuando se empezó a percibir en Chile una cierta “invasión” de extranjeros, principalmente originarios del suroeste de Colombia. Hasta el 2010 las experiencias de incorporación solían ser exitosas, de acuerdo a las expectativas personales. Al asociarse en el imaginario de los chilenos la nacionalidad colombiana con la “raza” negra, producto de una mayoría de afrodescendientes provenientes desde Cali y sus alrededores, se reforzaron los estereotipos que articulaban nación con color de piel, estrato socioeconómico pobre y bajo nivel educacional.

A estos factores se suma el género, pues las mujeres chilenas, como concuerdan las migrantes colombianas, les tendrían a estas últimas cierto temor por percibirlas más extrovertidas. Se ha generado así una sexualización de las mujeres colombianas, quienes sin embargo observan que las normas de orden de género en Chile resultan más favorables a la independencia de las mujeres que aquellas existentes en Colombia.

El individuo recién llegado percibe a los chilenos desde las diferencias culturales y la sensación de incomprensión. Los discursos de los entrevistados revelan la distancia entre los imaginarios sociales adquiridos antes de partir y la experiencia vivida, así como más rupturas que confirmaciones durante los primeros años frente al denominado “sueño chileno”, pese a las facilidades que genera el uso de una misma lengua y una religiosidad semejante, aunque menos activa en el caso chileno. Se destaca que la “forma de ser” de los chilenos sería fría y distante, en oposición a la calidez de los vínculos de la sociedad colombiana. Esto se manifiesta incluso en la mala calidad que brindan los servicios públicos en Santiago, especialmente los asociados a los trámites que deben hacer los migrantes, lo cual tiende a un mal reconocimiento, especialmente en el plano político-jurídico.

Poco a poco, sin embargo, se va superando este choque cultural inicial, se disminuyen las incomprensiones y se reinterpreta la cultura local. De este modo, se suele generar la deseada incorporación e incluso arraigo (residencia estable, proyección a permanecer en Chile) pese a la permanencia de los lazos transnacionales con los familiares y amigos que residen en Colombia o que migraron a otros países del mundo. Estas diferencias culturales vividas durante los dos primeros años devienen en una oportunidad, pues abren la posibilidad de complementariedad, lo cual se expresa en el cada vez mayor acceso y buena acogida de los colombianos en el sector servicio, donde se los reconoce como buenos trabajadores. La incorporación en el mundo laboral pasa a ser clave para lograr ser reconocidos en Chile como “buenos migrantes”. En este sentido, se otorga un reconocimiento en el plano de la participación económica, desde el cual se ejerce una valoración a partir de su contribución en el ámbito del empleo. Se van generando así amistades y parejas y un paulatino proceso de mestizaje cultural, que es más evidente en las comidas, bailes y negocios del sector estético.

Finalmente, se identifican tres etapas en el proceso de incorporación de los colombianos en Chile. Una primera fase positiva, asociada a la década de 1990 e inicios del siglo XXI, particularmente para quienes tienen títulos universitarios; una segunda fase más difícil, de mayor rechazo a los extranjeros en general y de aumento de los estereotipos sobre la población colombiana (narcos, prostitutas) desde el 2010, pues se percibiría en Chile un exceso de migrantes; y finalmente, una tercera etapa emergente desde abril del 2018, cuando la reforma migratoria planteada por el actual gobierno para “ordenar la casa” ha generado un clima hostil hacia la migración —especialmente de haitianos—, en el que se han aumentado las restricciones a la entrada y se ha cuestionado incluso el derecho a migrar, como se señaló en el contexto de la reciente discusión respecto al Pacto Global sobre Migración.ReferenciasSección:EscogerInicio de páginaResumenContexto y causas de la m…Marco teórico: exclusión …Aspectos metodológicos, p…ConclusionesReferencias <<CITING ARTICLES

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Anexo

Figura 3. Colombianos por grupo de sexo, estado civil, condición de actividad e inactividad (1992-2017)

Figura 4. Colombianos por rama de actividad laboral en ejercicio (1992-2017)

Figura 5. Número de refugiados colombianos en Chile (2002-2017)

Figura 6. Dispersión territorial de la población colombiana en Chile (2017)

* Presentamos aquí resultados del proyecto Fondecyt de Iniciación “Migración y procesos de integración y exclusión social de colombianos y mexicanos en Chile. Estudio comparativo de dos casos de movilidad intra-latinoamericana” y del proyecto “U-Nómades. Red de Investigación Socio-Antropológica en Migraciones, Relaciones Interculturales y Políticas Públicas”, Programa U-Redes, de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo, Universidad de Chile, así como de las pesquisas de entrevistas realizadas en el marco de la agenda de investigación del Semillero de Migraciones Colombianas al Exterior (Semicoex) de la Universidad del Rosario, Colombia. Los autores agradecemos a estas instituciones por su apoyo y a los revisores que aportaron con sus comentarios para mejorar este artículo.

** Doctor en Antropología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Antropólogo social de la Universidad de Chile. Académico del Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile. Coordinador de la Red de Estudios Migratorios U-Nómades de la Universidad de Chile. ✉ ngissi@uchile.cl

*** Maestrando en Economía de las Políticas Públicas de la Universidad del Rosario, Colombia. Politólogo de la Universidad del Rosario, Colombia. Docente y director del Semillero de Migraciones Colombianas al Exterior de la Línea de investigación sobre Dinámicas y Asuntos Internacionales del Grupo de Estudios Políticos Internacionales (GEPI), Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales, Universidad del Rosario, Colombia. ✉ sebastian.polo@urosario.edu.co

1 Para mayor información sociodemográfica y geográfica sobre la población migrante colombiana en Chile, remitirse a las figuras 3, 4, 5 y 6 en el anexo (N. del editor).

2 En este artículo se numera a los entrevistados (1, 2, etc.) para mantener el anonimato de los participantes del estudio.Anterior

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Información bibliográfica

Nicolás Gissi-Barbieri y Sebastián Polo Alvis. «¿Incorporación social de migrantes colombianos en Chile?: vulnerabilidad y lucha por el reconocimiento». Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología, n.o 38 (2020): 137-162. https://doi.org/10.7440/antipoda38.2020.07

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Mentalmente era un personaje mayor por sus conocimientos y sabiduría que fue adquiriendo a través de su incansable e inalcanzable tranco para caminar, observar y registrar en su prodigiosa memoria y sus cuadernos de campo, vívidas expresiones de lo que se escondía en pequeños rincones medio tapados por las arenas del desierto; todo lo cual lo transformó en un ilustrado habitante de este territorio. A su casa, ubicada en un esquina arenosa y soleada entre Pica y Matilla que bautizó como Poromita, llegaba todo tipo de gente, me comentó más de una vez Ani Valentin quien lo acompañó por más de 50 años en esta aventura espacial. Estudiantes, arqueólogos, arquitectos, músicos, políticos, productores de TV, entre otros, venidos desde distintas partes del país y del exterior, incluyendo al suscrito, nos acercábamos a Poromita para escuchar y aprender de su sabiduría y experiencia, que relataba de manera cinematográfica, con gestos y sonidos, o dibujando en el suelo y apuntando hacia distintas direcciones en el horizonte, para dar respuesta a las consultas de los visitantes. De esta manera, Lucho o Lalo, como lo conocía todo el mundo, se transformaba sin ostentación en una especie de verdadera “Luchopedia”, un libro que siempre estaba abierto, interactivo, para el que no se necesitaban claves, ni citas especiales. El respaldo de su enciclopedia, se encontraba en sus cuadernos de campo, con apuntes, croquis y dibujos a escala, hechos a mano alzada, de miles de paneles con geoglifos que registró minuciosamente desde los años sesenta. Esto significó que su retiro de la universidad, más que sacarlo de la vida académica, lo mantuvo activo y creativo, llevándolo continuamente a seguir descubriendo o revisitando las huellas de los antiguos habitantes del Desierto, materializadas en senderos, geoglifos y apachetas milenarias o centenarias. Hace pocos meses atrás había comenzado la tarea de reproducir, siguiendo la vieja escuela del papel diamante o mantequilla, los dibujos de sus cuadernos, unos verdaderos calcos en miniatura que además guardaba en su envidiable memoria fotográfica. Intentaba con ello ordenar “Luchopedia”, pero en realidad, en este proceso podía revisitar lugares a los que ya no podía volver físicamente; una evocación que le permitía repasar y refrescar en su memoria figuras que había registrado en el siglo pasado; una manera también de acercarse a los caravaneros que posiblemente repasaban o reparaban geoglifos que habían dibujado en viajes anteriores. Como los viejos caravaneros este ilustrado habitante del Desierto de Atacama emprendió un último viaje, desde Poromita, al que volverá en alma, pero no en cuerpo por lo que seguiremos cultivando por él y con él la pasión por el desierto y para que su legado, “la Luchopedia”, no quede tapada por las arenas que el viento sopla sobre la pampa. Este sabio de Pica fue profesor de la Universidad de Chile, sede Arica y luego profesor de la Universidad de Tarapacá, su dedicación a la defensa y difusión de los geoglifos y del patrimonio arqueológico en general, lo hicieron merecedor del Premio Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural de Chile, destinado a quienes “contribuyen significativamente al rescate y puesta en valor de la memoria patrimonial del país”. Como fue su deseo, sus cenizas serán esparcidas en la pampa frente a alguno de los “cerros pintados” de geoglifos.Luis Briones en su incansable misión de registrar los geoglifos encriptados en las laderas del De

Origen: “Cabros viene barco”. En memoria de Luis Briones Morales, ilustrado habitante del Desierto de Atacama

CHILE, FEMINISTA DE LOS AÑOS 70, MARTA ZABALETA, HACIENDO MEMORIA (2010)

Marta R. Zabaleta* del Frente de Mujeres Revolucionarias del MIR chileno, años 70“NO ME ARREPIENTO DE NADA” x victoria aldunate/bloga memoria feminista 2010 La escuché hablar sobre el ”trabajo doméstico invisible” en Villarrica, el verano de 1971. Fue una charla muy sencilla en vocabulario. Recuerdo que las mujeres quedaron encantadas por escuchar a alguien que le ponía palabras a lo que ellas no podían decir… existía un alto grado de analfabetismo, timidez, humildad y violencia intrafamiliar, tanto, que ni siquiera se atrevieron a contarle a sus maridos lo que escucharon en esa reunión… Fue hace casi 40 años.La hija de una dirigenta regional de Villarrica (sur de Chile), Cecilia Burgos Conejeros, escuchó ese día el mensaje del Frente de Mujeres Revolucionarias -Organización que ni siquiera parece haber registrado el historiador Luis Vitale, también militante del MIR, en su Cronología Comentada del Movimiento de Mujeres en Chile-. Era Marta Zabaleta la que hablaba, argentina, militante del MIR chileno y feminista latinoamericana ya en ese tiempo. Fue en la época de la UP, Unidad Popular, la coalición de partidos de izquierda que hizo posible los 3 años de Allende en el gobierno chileno.  “IDEAS RARAS” “Imagina mi emoción con la carta de esta persona. Ahora ella vive en el exilio, creo que ya es abuela… Yo tampoco he olvidado cuando fuimos a la población en Villarrica. Con   unas casitas de 4 x 4 metros cuadrados, no más, no tenían ni vidrios y sólo piso de tierra, era gente trabajadora, pero sin recursos, que vivían en condiciones muy precarias. Eso no lo tomaban en cuenta las visitadoras sociales de ese tiempo, que culpabilizaban a las mujeres diciéndoles que sus guaguas se enfermaban de diarreas e infecciones porque ellas no desinfectaban bien las mamaderas… El trato clasista, racista y machista típico, también entre nosotros. Yo un día me quedé hasta el final en una reunión vecinal convocada por esas compañeras de los servicios de asistencia social y de repente, me  paré, me presente y hablé de los derechos de las mujeres, pero alguien dijo: ¡Por qué habla ella si es argentina! ¡Les viene a poner ideas raras a “nuestras” mujeres en la cabeza!… el acostumbrado discurso de la UP, xenófobo además… querían evolución, pero con las mujeres sometidas”.Fuiste cofundadora en Concepción del Frente de Mujeres Revolucionarias ¿Cómo fue ese feminismo? Sí, tres de las fundadoras no éramos chilenas, dos argentinas y una francesa que se suicidó no mucho después cuando murió su amante, Luciano Cruz (1), ella era muy buena persona, feminista y socialista también. Me prestó muy importante bibliografía. De acuerdo a mi concepción de lo que es el feminismo como movimiento, entre el 70 y el 73, sólo se puede hablar de que había algunas mujeres feministas en Chile, y tal vez también, un puñado de hombres pro-feministas. Nuestro grupo, por ejemplo, constaba de 13 mujeres como mucho, en sus inicios. Fue creado en 1971 y empezó con clases vespertinas gratis, dadas por mí en la escuela de Economía y Administración de la Universidad de Concepción.¿Cómo eran esas clases? Eran en la Universidad. Iban dirigidas a estudiantes de ambos sexos. Asistía quien quería, pero básicamente lo hacían integrantes del Movimiento Universitario de Izquierda (MUI), que era el frente de masas universitario del MIR. Un artículo que recuerdo de la bibliografía elegida fue sobre la invisibilidad del trabajo doméstico, escrito por la socióloga argentina Isabel Larguía y que publicó “Monthly Review Press”, en Nueva York. Esa revista era excelente, producida por los mejores economistas marxistas de la época, como Paul Barán y Paul Sweezy, salía también en versión castellana, y era distribuida en Chile por Lucho Benado, militante del Partido Socialista.También discutíamos en esas clases, el manifiesto constitutivo del Frente de Mujeres Revolucionarias, FMR que habíamos redactado en reuniones de mujeres hechas en mi casa.¿Iban dirigidas a sólo estudiantes de Universidad?  Las de la Universidad, sí, pero un equipo de dos hombres, estudiantes de medicina, un abogado, y dos mujeres, Cristina Haydee Araya y yo, dábamos clases y asesorábamos al Sindicato de Empleadas Domésticas de Concepción, Chillán y Temuco, en temas propuestos por ellas mismas. Temas legales, de vivienda, sexuales y laborales. Llegaban muchas a estas clases. Al margen del Frente de Mujeres, en mi base de cuadros del MIR escribíamos con tres colegas varones, charlas de educación política para el frente de masas trabajadoras del MIR, el Frente de Trabajadores Revolucionarios, FTR. Luego las dábamos en los sindicatos, en las minas de Lota y Coronel, en las fábricas estatizadas, en los astilleros de Talcahuano, entre otros. Yo decidí ponerles  diálogo y quedaron bastante amenas. Escribimos unas 25, y cuatro de ellas fueron dedicadas por mí al tema de la mujer, incluyendo los problemas de discriminación en el lugar de trabajo, de pareja y de violencia del marido, generalmente asociada al alcoholi

Origen: CHILE, FEMINISTA DE LOS AÑOS 70, MARTA ZABALETA, HACIENDO MEMORIA (2010)

Cóndor en Roma: la búsqueda de justicia continúa | Puchero

En la última audiencia de apelación del Juicio Cóndor, se pidió cadena perpetua para el imputado chileno Pedro Octavio Espinoza Bravo y se aportaron nuevas pruebas a la justicia

22.05.2019

Por Tania Rocha

 

El lunes 13 de mayo se reanudaron las audiencias de apelación en el Juicio Cóndor. Hubo dos momentos cruciales ese día. Por un lado, se volvió a incorporar al juicio al imputado chileno, Pedro Octavio Espinoza Bravo, el segundo en comando de la policía secreta chilena (DINA) después de Manuel Contreras. Por el otro, el abogado Andrea Speranzoni analizó en detalle las nuevas pruebas documentales, cuya anexión la Corte de Apelación había autorizado anteriormente, en diciembre de 2018

Francesco Mollace. Foto cortesía de Janaina Cesar

Después de meses de silencio, el imputado Espinoza Bravo finalmente respondió a las notificaciones enviadas por el tribunal y, en esta última audiencia, se pudo volver a sumar al juicio. En consecuencia, el Procurador General de la República, Francesco Mollace, pidió pena de cadena perpetua para él. Expresándose al respecto, el abogado del estado italiano, Luca Ventrella, afirmó de forma contundente que la absolución de Espinoza Bravo formaba parte de esas “absoluciones misteriosas y desconcertantes de la sentencia de primera instancia”. Ventrella resaltó el papel clavel y apical de Espinoza Bravo, como responsable de las operaciones en Villa Grimaldi, uno de los más crueles centros clandestinos de la DINA en Santiago, y su rol de comando dentro de las estructuras de la misma policía secreta chilena.

Acto seguido, Andrea Speranzoni, abogado de la República Oriental del Uruguay y de varios familiares de víctimas chilenas y uruguayas, empezó su intervención frente a los jueces. Habiendo logrado la incorporación de varios nuevos documentos de prueba en esta segunda etapa del juicio, el abogado se extendió por varias horas analizando en detalle la prueba recopilada durante su reciente viaje al Cono Sur. Speranzoni destacó que la distancia temporal y geográfica que separaba a los jueces de los delitos bajo su consideración, se podía superar gracias al esfuerzo por reconstruir los crímenes de lesa humanidad dentro de la misma sala del tribunal. En su largo relato, Speranzoni recordó el origen de la expresión “Nunca Más” en los años sucesivos a los delitos del Holocausto y la Segunda Guerra Mundial. En un recorrido que empezó desde Núremberg, llegando hasta los tribunales de Ruanda y de Yugoslavia, pasando por Latinoamérica, el abogado recordó los conceptos de delitos de indiferencia, tomado de la jurisprudencia francesa, y de terrorismo de estado y plan sistemático, de la justicia argentina.

 

Andrea Speranzoni. Foto cortesía de Janaina Cesar

Con un abordaje cronológico, Speranzoni partió desde el golpe de Pinochet en Chile de septiembre de 1973, definiéndolo como un “nudo fundamental que llevó a los militares chilenos a generar una metodología criminal transnacional, con protocolos de acción entre las fuerzas conjuntas de la región”. Recordó en particular el caso de Juan José Montiglio Murúa, hijo de inmigrantes italianos, y miembro del Grupo de Amigos Personales (GAP) de Salvador Allende. Ese fatídico día del golpe, el 11 de septiembre de 1973, Juan nunca abandonó al presidente en La Moneda. Además, previendo lo que podía llegar a pasar, hasta se preocupó de destruir un archivo que contenía  los datos de otros miembros del GAP y de asistentes de Allende, para protegerlos a ellos y a sus familias. En mayo de 2017, meses después de la sentencia de primera instancia, los familiares de Montiglio finalmente pudieron identificar algunos de sus restos después de más de 40 años desde su desaparición.

Juan José Montiglio Murúa. Foto cortesía de Alejandro, Tamara y Ana Montiglio

Pasando a los casos de Uruguay, Speranzoni subrayó la relevancia de las nuevas pruebas documentales que se habían podido incorporar al juicio. El abogado entregó una memoria escrita de más de 200 páginas a la Corte y, durante su exposición, resumió algunos de los puntos claves. En relación con el imputado uruguayo, Jorge Néstor Troccoli, acusado de 20 homicidios de militantes uruguayos en el exilio en Buenos Aires entre fines de 1977 y comienzo de 1978, el abogado reseñó algunos de los nuevos documentos de archivo, como también las fichas de los detenidos, “que no habían sido analizadas por la corte de primera instancia.” Con una lectura cruzada entre los varios elementos de prueba, nuevos y viejos, desde los legajos militares, las comunicaciones de la Embajada, hasta los documentos del recién hallado archivo de la Computadora los Fusileros Navales (FUSNA), el abogado remarcó como Troccoli había estado involucrado a todo nivel, desde la preparación y la planificación de los secuestros, hasta su participación directa en las olas de detenciones en Argentina. El abogado resaltó el desempeño de Troccoli como jefe de inteligencia S2 del FUSNA y posteriormente, desde fines de 1977 y por todo 1978, como oficial de enlace entre el FUSNA y la ESMA, actuando directamente en territorio argentino en las mismas fechas en que las víctimas fueron apresadas.

De la misma forma, Speranzoni analizó el rol del coronel José Nino Gavazzo, quien en las últimas semanas ha ocupado los titulares de varios periódicos en Uruguay. De forma parecida, el abogado analizó el legajo militar del coronel para demostrar cómo él mismo era responsable de muchos asesinatos de exiliados uruguayos, secuestrados en Buenos Aires entre mayo y octubre de 1976, a raíz de su rol como jefe de operaciones del Sistema Cóndor en esas mismas fechas. Speranzoni también incluyó en su análisis a otros imputados uruguayos, tanto de la Armada como del Ejército, que también habían sido absueltos en primera instancia, demostrando que en realidad ellos también habían tenido un papel importante en los homicidios bajo imputación.

Los abogados Giancarlo Maniga y Nicola Brigida cerraron las intervenciones ese día. Por un lado Maniga se explayó sobre el caso del exiliado uruguayo, Daniel Banfi, asesinado en Buenos Aires en 1974, remarcando cómo Argentina se había convertido en una trampa cruel para él y su familia. Evocó cómo, ya antes de la fundación oficial de Cóndor a finales de 1975, existía una coordinación represiva entre los países de la región, donde figuras como el excomisario de la policía uruguaya, Hugo Campos Hermida, actuaban con absoluta impunidad en Argentina ya en 1974, persiguiendo y deteniendo a los refugiados ahí.

Giancarlo Maniga y Aurora Meloni (Viuda de Daniel Banfi). Foto cortesía de Janaina Cesar

Por último, Brigida en apenas pocos minutos generó paralelismos con algunos de los peores crímenes de la mafia, como el secuestro y asesinato del pequeño Giuseppe Di Matteo, un niño de 12 años a comienzo de los años 1990, recordando al tribunal que posee “todos los instrumentos necesarios para tumbar la sentencia de primera instancia y cumplir con los códigos y las reglas procesales”. Hablando directamente a los jueces populares, Brigida les recordó que “tienen una oportunidad única de hacer justicia.”

La próxima audiencia está agendada para el 21 de junio con las intervenciones de los últimos abogados de los familiares de las víctimas, mientras que el 28 se esperan los alegatos de la defensa. La Corte tiene previsto dictar su veredicto el 8 de julio.

 

Tania Rocha

Autor/a: Tania Rocha

Viajera inquieta, bailarina, soñadora. No tengo fronteras. Me gusta hacer preguntas y buscar respuestas. Adoro leer e intento escribir. Corazón latinoamericano desde Guayasamín en el Norte, pasando por Machu Picchu y Valparaíso, llegando a La Cumparsita y Joaquín Torres García en el Sur.

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