Pandemia como crisis social y patrimonio “indeseado”. Una mirada desde la arqueología del presente

En el séptimo Conversatorio Virtual en Tiempos de Pandemia, participan Nuriluz Hermosilla (Departamento de Antropología, FACSO), Daniella Jofré (Departamento de Antropología, FACSO) y Lidia Rodríguez (Instituto Nacional de Antropología e Historia de México). Modera Andrés Gómez (Departamento de Antropología, FACSO). Fecha: lunes 25 de mayo 2020,

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Después de la tormenta. Arqueología de la represión en América Latina.

PDF Después de la tormenta.Arqueología de la represión en América Latina 
After the storm.Archaeology of repression in Latin America
Andrés ZARANKIN*, Melisa A. SALERNO**
*Departamento de Sociologia e Antropologia, FAFICH/UFMG. Antonio Carlos 6627. Belo Horizonte, Brasil.
zarankin@yahoo.com **Departamento de Investigaciones Prehistóricas y Arqueológicas, IMHICIHU/CONICET. Saavedra 15, 5to
piso (1380). Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. melisa_salerno@yahoo.com.ar
Recibido: 02-06-2008
Aceptado: 20-06-2008
RESUMEN
En este trabajo ofrecemos un panorama general sobre los estudios en “arqueología de la represión” (sensu Funari y Zarankin 2006), centrándonos en el caso de América Latina. Nos referimos a las investigaciones que discuten las prácticas represivas de las dictaduras de la región durante las décadas de 1960 y 1970.
PALABRAS CLAVE: Arqueología de la represión. América Latina. Dictaduras.
ABSTRACT
In this article we offer an overview of the studies on the “archaeology of repression” (sensu Funari and
Zarankin 2006), specifically focusing on the case of Latin America. We review different investigations that explore the repressive actions of dictatorial governments during the 1960s and 1970s.
KEY WORDS: Archaeology of repression. Latin America. Dictatorships.
SUMARIO 1. Introducción. 2. Breve historia de las dictaduras latinoamericanas. 3. Arqueología de la represión en América Latina.

4. Palabras finales.

1. Introducción
Durante las décadas de 1960 y 1970, América Latina –como tantas otras regiones del mundo– sufrió las consecuencias sociopolíticas de gobiernos dictatoriales. En un contexto internacional dominado por la Guerra Fría, miles de personas fueron perseguidas, detenidas, exiliadas, torturadas e incluso asesinadas por manifestar diversas formas de oposición.
Los discursos oficiales no sólo negaron la actuación represiva de los regímenes de turno, sino que también intentaron distorsionar la percepción de la realidad. Por un lado, la censura de los medios de comunicación, y el ocultamiento y destrucción de los documentos de estado fueron mecanismos comúnmente empleados por los sectores dominantes.
Por otra parte, la construcción de imágenes negativas sobre la “subversión” fue una de las estrategias especialmente diseñadas para legitimar la presencia de los dictadores como “guardianes de los intereses nde la patria”.
Durante la década de 1980, el retorno de la democracia posibilitó que América Latina despertara de un largo letargo. Al mismo tiempo que comenzaron a ganar fuerza las voces de los organismos de derechos humanos, algunos medios de comunicación decidieron hablar sobre el terrorismo de estado.

A medida que la represión retrocedía, las personas comenzaron a organizarse y reclamar verdad y justicia.
En este escenario, nuevas generaciones de arqueólogos asumieron el compromiso político de contribuir al esclarecimiento de los crímenes cometidos por los represores. De esta manera, intentaron desafiar el “saber-poder” (sensu Foucault 1988) de una disciplina científica, especialmente interesada en la prehistoria y la defensa de la neutralidad ideológica.Se iniciaron así los primeros estudios de un campo que recientemente fue denominado “arqueología dela represión” (sensu Funari y Zarankin 2006).
Partimos del presupuesto de que la arqueología posee el potencial para“democratizar” el pasado (sensu Funari 1999). Como ya mencionamos, la mayor parte de los documentos que hacen referencia a la actuación de las dictaduras excluye, minimiza
o distorsiona la presencia de los sectores afectados.
A diferencia de estos registros, la materialidad de los cuerpos, los objetos y el espacio participa en la cotidianeidad de todas las personas. Al centrarse en su análisis, la arqueología puede dar voz a los grupos silenciados, construyendo narrativas diferentes a los discursos dominantes (Bellelli y Tobin1985).

Este trabajo intenta ofrecer un panorama general sobre las investigaciones interesadas en discutir–desde una perspectiva arqueológica– las “estrategias”
represivas y las “tácticas” de resistencia a las dictaduras latinoamericanas (sensu De Certeau 1980).
2. Breve historia de las dictaduras latinoamericanas
En líneas generales, los regímenes dictatoriales se definen por oposición a los democráticos. Por este motivo, en primer término creemos necesario explicitar
algunos rasgos característicos de las democracias.
Sólo a partir de su contraposición podremos comprender mejor ciertas características básicas de las dictaduras.

De acuerdo a Przeworski et al. (2000), las democracias constituyen sistemas en
los que los puestos gubernamentales (principalmente, ejecutivos y legislativos) son ocupados mediante elecciones concursadas entre diversos partidos. En cambio, las dictaduras son regímenes en los que los gobernantes acceden a sus posiciones sin el desarrollo de este tipo de elecciones. Estas circunstancias se asocian con la ausencia de partidos políticos o la presencia de partidos únicos. Las dictaduras suelen
ser producto de golpes de estado; es decir, de cambios en las pautas de sucesión al poder (que pueden ser generados por los mismos gobernantes en ejercicio
de sus funciones o miembros de la oposición).
Desde el triunfo de los movimientos independentistas, América Latina sufrió una constante tensión entre gobiernos democráticos y dictatoriales (Meyer
y Mena 1989; Becker 2008). En esta primera sección del trabajo, describimos las dictaduras que  se desarrollaron en distintos países de la región durante
las décadas de 1960 y 1970. Sin lugar a dudas, cada uno de estos regímenes contó con características particulares, que dependieron de circunstancias socioculturales específicas (Davis 1995). A pesar de ello, creemos posible brindar un panorama general sobre sus rasgos. De esta manera, pretendemos comprender las principales razones que promovieron el silenciamiento y la distorsión de la historia del período. Asimismo, proponemos contextualizar los aportes que –desde hace algunos años– los arqueólogos intentan realizar a su entendimiento.
Las dictaduras latinoamericanas de 1960 y 1970 se encontraron especialmente lideradas por sectores militares. Estos últimos instauraron formas de gobierno características, usualmente conocidas como“juntas” (Feitlowitz 1999). Las juntas comprendieron comisiones integradas por diversos oficiales de las fuerzas armadas (ya sean de primera o segunda línea). Por lo general, los jefes de esas comisiones ejercieron funciones presidenciales. Una vez en el poder, los grupos militares instituyeron “leyes marciales”.
Éstas supusieron una serie de excepciones a la aplicación de las leyes ordinarias; es decir, al orden de cosas comúnmente establecido por la constitución.
En este contexto, las fuerzas militares contaron
con facultades extraordinarias para enfrentar “estados de emergencia” (situaciones en que las instituciones judiciales resultaban aparentemente incapaces de asegurar la paz y el bienestar de la nación).
De esta manera, los sectores en el poder se arrogaron el derecho de limitar y/o suspender las libertades civiles, dando lugar a juicios breves y castigos
severos.
Desde la Revolución Cubana de 1959, los movimientos de izquierda experimentaron un fuerte crecimiento en toda la región (Avelar 1999). Como señala Wright (2007), este desarrollo se manifestó en la creación y consolidación de grupos revolucionarios,
el aumento de las huelgas y manifestaciones, y el descontento y organización de los sectores campesinos y obreros. En algunos casos, los partidos de izquierda lograron alcanzar posiciones significativas en las elecciones democráticas. El gobierno populista de João Goulart en Brasil y el de Salvador Allende en Chile constituyen ejemplos de este proceso (Becker 2008).

En otras ocasiones, los movimientos de izquierda recurrieron a acciones militarizadas con el objetivo de desestabilizar los gobiernos de turno. De esta forma, se encontraron envueltos en acciones guerrilleras (Wright 2007). A pesar de su diversidad, las agrupaciones de izquierda en América Latina usualmente compartieron los fundamentos de la ideología marxista. En este sentido,destacaron las condiciones de desigualdad fomentadas por la economía capitalista y las posibilidades de construir una realidad social más justa.

Durante las décadas de 1960 y 1970, la mayor parte de los países de América Latina se transformó en regímenes dictatoriales. Entre éstos es necesario mencionar Argentina (1966-1973 y 1976-1983), Bolivia (1964-1982), Brasil (1964-1985), Chile(1973-1990),Ecuador (1963-1966), Honduras(1963-1971 y 1972-1982), Panamá (1968-1989), Perú (1968-1980) y Uruguay (1973-1985).

Mientras tanto, otros países contaron con gobiernos autoritarios que se remontaban a épocas anteriores.
La acción represiva de los gobiernos militares en América Latina se desarrolló en un contexto internacional dominado por la Guerra Fría (Acuña 2003); es decir, el enfrentamiento que –desde finales de la Segunda Guerra Mundial– se produjo entre dos sistemas de organización política, económica y social: el capitalismo (representado por los Estados Unidos de América) y el socialismo (representado por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Esta oposición se caracterizó por un estado de tensión permanente, sin una declaración formal de guerra.
Los Estados Unidos entendieron que el crecimiento de la izquierda en América Latina constituía una amenaza contra su seguridad nacional (Lernoux 1980). Por este motivo, decidieron apoyar la presencia de sectores militares que pudieran controlar los grupos que atentaban contra los fundamentos del sistema capitalista. Este apoyo se expresó en términos políticos, económicos y militares (lo que incluyó la prestación de servicios de inteligencia y la instrucción de los oficiales al mando).
Resulta posible identificar similitudes entre los mecanismos represivos utilizados por las dictaduras latinoamericanas durante el período de estudio. Muchas
de estas semejanzas permiten señalar la existencia de una estrategia concertada entre distintos países de la región (Acuña 2003). De acuerdo a la
información provista por algunos documentos desclasificados, en 1975 se implementó una campaña de represión política regional conocida como “Plan Cóndor” (McSherry 2002). Este programa de acción militar –que contó con el apoyo de los Estados Unidos–se desarrolló en el extremo sur del continente americano. Entre otros países, incorporó a Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Uruguay y Paraguay. En pocas palabras, el Plan Cóndor tuvo como objetivo generar acciones de inteligencia que permitieran perseguir y exterminar a los grupos opositores a las formas de gobierno implantadas.
Las dictaduras latinoamericanas experimentaron su desmoronamiento desde fines de la década de 1970. Este proceso se inició en Ecuador (1979), y se extendió a Perú (1980), Honduras (1981), Bolivia y El Salvador (1982), Argentina (1983), Brasil (1984 Guatemala y Uruguay (1985), Chile y Paraguay (1989), Nicaragua y Panamá (1990), entre otros países (Rico 1997).

En la mayor parte de los casos, la caída de los gobiernos militares no se encontró
asociada con procesos revolucionarios abruptos (Catterberg 1989). Por el contrario, se halló estrechamente vinculada con factores nacionales e internacionales de larga duración (Rico 1997).

Por un lado, hacia fines de 1970 los regímenes autoritarios experimentaron profundas crisis económicas, políticas y sociales como resultado de medidas implementadas en el pasado. Por otra parte, durante el mismo período comenzaron a sufrir las consecuencias de un contexto internacional adverso. En este sentido, el fin de la Guerra Fría dificultó que los sectores militares continuaran utilizando el temor al comunismo como principal justificación de su presencia.
Tras la caída de las dictaduras, los familiares de las víctimas y las organizaciones de derechos humanos contaron con la posibilidad de hacer oír sus protestas
sobre los excesos cometidos por los sectores militares.

Por primera vez, la mayor parte de los latinoamericanos sintió una creciente necesidad de conocer su historia política reciente. Este movimiento fue inicialmente impulsado por las investigaciones que intentaban reunir pruebas para procesar a los culpables de los actos represivos. Asimismo, fue proseguido por numerosos trabajos realizados por sobrevivientes e investigadores en ciencias sociales.

Desde la década de 1980, los arqueólogos comenzaron
a interesarse por el estudio de las consecuencias
de las dictaduras. En ese momento, los profesionales no sólo contaron con un mayor grado de libertad para llevar adelante sus trabajos; también
se vieron favorecidos por un escenario académico internacional que desafiaba las pretensiones científicas del positivismo. Los trabajos englobados bajo
el rótulo de “postprocesualismo” destacaron la importancia
de integrar la variabilidad cultural, la especificidad de los contextos locales, las voces de los sectores marginados y el compromiso político de los investigadores (Trigger 1990; Van Pool y Van
Pool 1999).

La discusión de la historia oficial de los gobiernos militares en América Latina presentó diversos resultados. En el ámbito judicial, los efectos obtenidos
fueron parciales. Si bien algunos miembros de las fuerzas armadas fueron enjuiciados, no siempre se pudo castigar a los oficiales de alto rango (Rico
1997). Conviene señalar que en la mayor parte de los países de la región la transición hacia la democracia fue pautada por los mismos gobiernos dictatoriales.
Ello permitió que los jefes militares se encontraran protegidos por sus múltiples conexiones con los nuevos sectores gobernantes. A pesar de estas circunstancias, las investigaciones sobre dictaduras en América Latina obtuvieron importantes logros a escala nacional e internacional. Estos trabajos no sólo desafiaron las historias sugeridas por el poder oficial. También desarrollaron un creciente proceso de concienciación sobre los riesgos de las dictaduras e influyeron en algunas de las cartas internacionales sobre derechos humanos que se encuentran vigentes en la actualidad (Wright 2007).
3. Arqueología de la represión en América Latina
Desde sus orígenes en la década de 1980, los proyectos sobre arqueología de la represión en América Latina comparten un compromiso político-social
con la búsqueda de la verdad. A pesar de ello, cada uno de estos trabajos articula diferentes intereses y objetivos específicos. A continuación, realizamos
un esfuerzo por sistematizar la diversidad identificada1
. Para ello proponemos agrupar los análisis efectuados según sus principales ejes de discusión.Entre éstos destacamos: 1) las reflexiones teóricas sobre arqueología de la represión, memoria y usos del pasado; 2) la recuperación e identificación de
restos de personas desaparecidas; 3) el estudio de centros clandestinos de detención; 4) el análisis de objetos asociados a la represión; 5) el estudio de casos
representativos.
3.1. Reflexiones teóricas sobre arqueología de
la represión, memoria y usos del pasado
Son varios los investigadores interesados en discutir las bases epistemológicas,conceptuales y metodológicas de la arqueología de la represión en
América Latina (Funari y Vieira de Oliveira 2006;
Haber 2006; López Mazz 2006). Algunos interrogantes planteados incluyen: ¿cuál es el objetivo de los trabajos desarrollados en el marco de una arqueología
de la represión? ¿De qué manera deben ser abordados los temas analizados? ¿Cuáles son los efectos de este tipo de estudios en el contexto académico y el contexto sociocultural más amplio?
¿Qué marcos teóricos pueden ser incorporados o desarrollados por los arqueólogos? ¿Cuáles son las particularidades de trabajar con los aspectos materiales de la represión?

Dentro de esta orientación, en los últimos años se han generado diferentes espacios de diálogo en congresos y jornadas.

El I y II Encuentro Internacional sobre el Análisis de la Prácticas Sociales Genocidas (Buenos Aires, 2003  y 2007),  el simposio Historias Desaparecidas (IV Reunión Internacional de Teoría Arqueológica en América del Sur, Catamarca, 2007) y la mesa Archaeology and the Failures of Modernity (World Archaeological Congress VI, Dublin, 2008) constituyen algunos ejemplos de ello.
Probablemente, uno de los primeros artículos que
propone generar una reflexión teórica sobre los estudios en arqueología de la represión sea Archaeology of the Desaparecidos (Bellelli y Tobin 1985).
Este trabajo fue escrito cuando se desarrollaron los primeros juicios a los militares responsables de cometer actos de represión en el contexto de la última
dictadura argentina. El principal objetivo de Bellelli y Tobin consistió en alentar a los arqueólogos a comprometerse políticamente con la búsqueda de la verdad. A partir de ello, los autores enfatizaron que la disciplina ofrecía las herramientas necesarias para colaborar en el esclarecimiento del secuestro y desaparición de miles de personas.
Siguiendo esta misma línea de discusión, diversos investigadores actualmente reflexionan sobre las formas en que la arqueología puede analizar las
consecuencias del terrorismo de estado, generando información sobre hechos que permanecieron largamente silenciados.

Algunos trabajos que plantean ideas interesantes son Una mirada arqueológica a
la represión política en Uruguay; 1971-1985 y Arqueología
de la Represión y la Resistencia en Amé-rica Latina (1960-1980.

En el primer caso, José María López Mazz (2006) considera las particularidades que caracterizan el registro arqueológico de la violencia política y sus diversas formas de resistencia.
En el segundo, Pedro Funari y Andrés Zarankin (2006) definen la “arqueología de la represión” como un área de estudios especialmente orientada a desafiar la historia oficial de las acciones represivas mediante el análisis de materialidades.

De esta manera,los autores plantean que las investigaciones desarrolladas por esta perspectiva comúnmente se encuentran asociadas con el estudio
cada de 1990. A lo largo de su desarrollo, este proyecto encontró diferentes obstáculos que impidieron finalizarlo. Entre otros factores, los autores consideran
que la continuidad de funcionarios de la dictadura durante los gobiernos democráticos comúnmente limitó la viabilidad de este tipo de estudios.
Mientras tanto, en “Tortura, verdad, represión, Arqueología”
Alejandro Haber (2006) establece una desafiante comparación simbólica entre las representaciones de la conquista europea de América en
el siglo XVI y las dictaduras militares del continente en el siglo XX. En este sentido, señala que el establecimiento de “regímenes de verdad” en arqueología comúnmente condicionó (y aún condiciona) las miradas sobre el exterminio de miles de personas.
3.2. Recuperación e identificación de restos de personas asesinadas
Sin lugar a dudas, la “desaparición de personas” fue una de las fórmulas más siniestras empleadas por las dictaduras latinoamericanas para eliminar asus opositores. Por lo general, implicó el secuestro de las víctimas mediante la actuación de grupos paramilitares que funcionaron como organizaciones
clandestinas del estado. En este contexto, el destino final de las personas usualmente permaneció desconocido por sus allegados y el resto de la sociedad.
Según María Celeste Perosino (2007), la desaparición supuso un estado de “detención indefinida”;una especie de suspensión entre la vida y la muerte
que logró prolongarse más allá de la duración de las dictaduras.

A partir de ello, creemos posible afirmar que los mecanismos represivos constituyeron estrategias fundamentadas en la desinformación. Éstas no sólo buscaron negar la existencia de los secuestros y asesinatos, dejando a la población sin capacidad de reacción. También intentaron garantizar la impunidad de los perpetradores, manteniéndolos alejados de las acusaciones que se pudieran efectuar en su contra.
Fueron necesarios varios años para que la sociedad descubriera que la mayor parte de los desaparecidos fueron asesinados, y sus cuerpos terminaron destruidos o escondidos en distintas localizaciones.
En el caso argentino, el General Videla (primer presidente de la Junta Militar que gobernó el país durante la última dictadura) intentó justificar la desaparición
de personas de la siguiente manera:

“No,no se podía fusilar. Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina, cambiante,
traicionera, no se hubiera bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil, 10 mil, 30 mil. No había otra manera. Había que desaparecerlos. Es lo que enseñaban los manuales
de la represión en Argelia, en Vietnam. Estuvimos todos de acuerdo. ¿Dar a conocer dónde están los restos? Pero ¿qué es lo que podíamos señalar? ¿El mar, el Río de la Plata, el Riachuelo? Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas. Pero luego se planteó: si se dan por muertos, enseguida vienen las preguntas que no se pueden responder: quién  mató, dónde, cómo” (Seoane 2001: 215).

En América Latina, los regímenes dictatoriales hicieron desaparecer a miles de personas de todas las edades y ocupaciones (ver figura 1). Ni vivos ni
muertos, los desaparecidos fueron personas cuyas historias de vida fueron interrumpidas por las circunstancias que rodearon el secuestro y detención
(Funari y Zarankin 2006). Como mencionamos anteriormente, la arqueología puede ayudar a recuperar y reconstruir su memoria. ¿Qué pasó con las víctimas? ¿Dónde están? Éstas son algunas de las preguntas que distintos grupos de antropólogos forenses están intentando resolver en la actualidad. Desde 1984, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) desarrolla tareas interdisciplinarias con el objetivo de detectar, exhumar e identificar los cuerpos de cientos de personas definidas como “NN” (es decir, individuos sin “ningún nombre” o identidad conocida). Este trabajo lo transformó en uno de los equipos de antropología forense más reconocidos a nivel mundial (EAAF 1991, 1992, 1993; Doretti y Fondebrider 2001) (Tabla 1).
Las tareas del EAAF se iniciaron con el retorno de la democracia a la Argentina. En 1983, varios organismos de derechos humanos –que contaban con cierto apoyo del gobierno estatal– decidieron investigar cuál fue el destino de las personas desaparecidas durante la última dictadura. Fue así que las Madres de Plaza de Mayo invitaron al país a distintos especialistas con el propósito de que colaborarán en la búsqueda de las víctimas. Entre otros profesionales,resulta importante mencionar la presencia de Clyde Snow (uno de los antropólogos forenses de mayor prestigio en el mundo). A lo largo de su carrera, Snow había logrado desarrollar una serie de
procedimientos para “leer” diversos tipos de datos contenidos en los esqueletos. Éstos constituían herramientas útiles para identificar los restos de personas con fines judiciales (Segura 2005). Teniendo en cuenta estas técnicas, Snow decidió entrenar a un pequeño grupo de estudiantes y jóvenes graduados en arqueología que finalmente conformaron el EAAF.
Desde sus orígenes, los estudios desarrollados por el EAAF permitieron conocer las estrategias represivas utilizadas por gobiernos autoritarios de Argentina,y otros países de América Latina y el mundo.
En el caso argentino, los primeros trabajos consistieron en excavar tumbas de NN, donde se constató la existencia de individuos con signos de tortura y asesinato (muchas veces enterrados en fosas comunes). La evidencia sobre las circunstancias que rodearon la muerte de las personas se utilizó frecuentemente en juicios contra los responsables de los crímenes. Asimismo, muchos restos fueron y aún continúan siendo identificados y devueltos a los familiares. En este sentido, vale la pena señalar que
desde el año 2007 el EAAF ha puesto en marcha la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas. Este proyecto tiene el objetivo de aumentar la identificación de individuos mediante la recolección de muestras de ADN (sangre de familiares y restos óseos de las víctimas) que serán comparadas de forma masiva (EAAF 2008).
Siguiendo el ejemplo del EAAF, muchos países latinoamericanos incluyeron en sus equipos médico-legales la presencia de antropólogos forenses. En el año 2003, se creó la Asociación Latinoamericana de Antropología Forense (ALAF 2007).

Esta organización contribuyó a la consolidación de este campo de estudio en la región. Existen diversos investigadores y equipos de trabajo que actualmente desarrollan actividades de antropología forense en América Latina. En Guatemala, la Fundación de Antropología Forense investiga los asesinatos cometidos por las fuerzas represivas durante el conflicto armado que enfrentó al país en las últimas décadas (Suasnávar y Moller 1999).

En el caso de Chile, Iván Cáceres analiza la destrucción de enterramientos clandestinos por parte de los militares como forma de ocultar los actos desarrollados durante la dictadura (Cáceres 1992, 2004; Carrasco et
al. 2003, 2004).

Por su parte, José Vicente Rodríguez Cuenca (2004) realiza un estudio sobre la matanza ocurrida en 1985 en el Palacio de Justicia de Colombia. Asimismo, un equipo dirigido por José María López Mazz (2006, 2007) efectúa exploraciones en diversos cuarteles militares uruguayos con el objetivo de identificar fosas clandestinas.

Además de los grupos de trabajo mencionados, equipos peruanos, nicaragüenses y de otras nacionalidades se encuentran interesados en el estudio de los actos genocidas producidos por el terrorismo de estado.
3.2.1. Estudios de Centros Clandestinos de Detención
La desaparición de personas durante los gobiernos dictatoriales generalmente estuvo asociada a otro dispositivo represivo: los “Centros Clandestinos de Detención” (CCD). Estos campos de concentración actuaron como prisiones donde los secuestrados
eran mantenidos en cautiverio por días, meses e incluso años. Los CCD constituyeron espacios donde se interrogaba a las personas de forma sistemática mediante el empleo de procedimientos de tortura.
Sin lugar a dudas, su carácter clandestino los convirtió
en una especie de “no-lugares”, lo cual significó que su existencia no fue oficialmente reconocida por las autoridades gubernamentales (Zarankin y
Niro 2006).

Frente a estas circunstancias, los represores pudieron decidir de forma completamente libre el destino de quienes se encontraban en su interior.
Los CCD buscaron destruir la identidad de los detenidos. La privación de la visión, la limitación del movimiento, la aplicación de torturas, la falta de alimentos, las condiciones climáticas extremas, laprohibición de la comunicación y la sustitución de
los nombres por códigos constituyeron algunos delos dispositivos empleados en estos espacios. Éstos tuvieron como principal centro de atención la corporalidad y subjetividad de los secuestrados, transformándolos en “desaparecidos”. Los CCD representaron un nuevo modelo punitivo, construido a partir de elementos de diversos sistemas represivos (tanto modernos como antiguos).

Tal vez por las dimensiones de violencia que asumió el terrorismo de estado (y el carácter de laboratorio que los Estados Unidos otorgaron al país con el objetivo de contener el avance de las ideologías de izquierda), Argentina fue uno de los casos donde existió una mayor cantidad de CCD. Según informes de organismos de derechos humanos, entre 1976 y 1983 hubo más de 550 centros, por los que pasaron aproximadamente 30.000 personas. Estas circunstancias finalmente
dieron lugar al nacimiento de varios proyectos arqueológicos interesados en excavar estos sitios.
Uno de los principales proyectos de excavación de un CCD en Argentina fue el del “Club Atlético”, cuyo plan de trabajo se inició en 2002 con el auspicio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (Weissel 2002).

Una de las particularidades de este proyecto fue que la dirección de las tareas se encontró  a cargo de una Comisión compuesta por representantes
de organizaciones de derechos humanos,el gobierno de la ciudad, familiares de desaparecidos, sobrevivientes del centro y diversos profesionales
(ingenieros, arquitectos y arqueólogos). Por lo tanto, las propuestas de los arqueólogos sólo representaron una perspectiva entre otras posibles.
Frente a estas circunstancias, sus ideas debieron ser continuamente consensuadas en el marco de la comisión.
En el año 2003, parte de los objetivos y la metodología de trabajo fueron modificados como consecuencia de una nueva convocatoria (Bianchi Villelli y Zarankin 2003a, 2003b). Las metas del proyecto se reordenaron en función de dos ejes diferentes:
por un lado, generar un estudio sobre la arquitectura y la organización espacial del CCD; por otra parte, construir una memoria material sobre la represión del período (Zarankin y Niro 2006).
Dentro de esta línea de estudio, podemos destacar las tareas realizadas en Mansión Seré o Atila (un CCD localizado en el municipio de Morón, en la provincia de Buenos Aires). En el año 2000, un grupo de estudiantes de la Universidad de Buenos Aires
inició un proyecto de excavación que se transformó en el primer trabajo de su tipo en Argentina. Las actividades se centraron en la reconstrucción de la memoria del lugar, para lo que se conjugaron testimonios de vecinos y sobrevivientes con evidencias materiales recuperadas durante las excavaciones (Bozzuto
et al. 2004). Otras investigaciones que están desarrollándose
desde hace algunos años incluyen el “Pozo de Rosario” en Santa Fe (Bianchi et al. 2008) y el “Pozo de Vargas” en Tucumán. Los resultados de los trabajos presentados en este apartado permiten comprender los aspectos funcionales y simbólicos de los CCD,definiéndolos como instrumentos fundamentales
de los sistemas represivos de Argentina y América Latina.
3.2.2. Análisis de objetos asociados a la represión
El estudio de la materialidad de los mecanismos represivos no sólo depende de la posibilidad de analizar el espacio construido de los CCD. Dentro y fuera de esos lugares, también se pusieron en juego diversas expresiones de la cultura material que desarrollaron un lugar preponderante en los procesos de dominación y resistencia de las personas. Uno de los trabajos que se enmarca en esta línea de estudios es “Algo Habrán Hecho…” La Construcción de la Categoría “Subversivo” y los Procesos de Remodelación de Identidades a través del Cuerpo y el Vestido (Argentina, 1976-1983). En este caso, Melisa Salerno (2007) utiliza documentos oficiales para
comprender las formas en que el vestido y la apariencia de los sectores perseguidos pudieron ser utilizados por los regímenes militares para construir y estigmatizar la categoría “subversivo”.

Desde esta misma perspectiva, la autora analiza testimonios de sobrevivientes y restos de vestimenta recuperados en diversas exhumaciones conducidas por el EAAF con el objetivo de discutir los mecanismos represivos empleados por el estado para destruir la categoría “subversivo” que anteriormente había elaborado.
Teniendo en cuenta estas ideas, Salerno señala que las transformaciones en la apariencia de las personas durante su cautiverio y muerte (principalmente mediante el desnudo, la tortura y los cambios de vestido) contribuyeron al desdibujamiento de sus identidades y la construcción de su condición de “desaparecidos”.
Siguiendo esta línea de análisis de la cultura material, otros trabajos se han interesado por discutir las particularidades de los procesos de resistencia.
En Rayando tras los Muros: Graffiti e Imaginario Político-Simbólico en el Cuartel San Carlos (Caracas, Venezuela), Rodrigo Navarrete y Ana María López (2006) interpretan el imaginario carcelario a partir del análisis de graffitis y otras expresiones figurativas
y textuales localizadas en los recintos del Cuartel San Carlos. Para los autores, estas “manifestaciones parietales” representan formas alternativas mediante las cuales los prisioneros intentaron reinventar la realidad en que se encontraban inmersos.
Por su parte, en Una mirada arqueológica a larepresión política en Uruguay; 1971-1985 José María López Mazz (2006) plantea la posibilidad de discutir situaciones de resistencia entre los presos políticos de la última dictadura militar uruguaya. Desde
este enfoque, su estudio propone abordar la materialidad de las situaciones de fuga o de pequeñas conductas cotidianas (como la construcción de juguetes) que permitieron escapar a la violencia impuesta por las fuerzas de la represión.

3.2.3. Estudio de casos significativos
Muchas veces, los proyectos que tienen más difusión en los medios de comunicación corresponden con lo que hemos denominado “casos de estudio emblemáticos”. Éstos dependen del interés que despiertan ciertos personajes y eventos históricos directamente vinculados con la actuación de las fuerzas represivas en la región. Sin lugar a dudas, el proyecto que ganó mayor notoriedad en los últimos años fue el de la búsqueda de los restos del Che Guevara.
En 1997, el arqueólogo cubano Roberto Rodrí- guez Suárez (junto con un equipo compuesto por investigadores de diversos países) localizó y recuperó los restos del líder revolucionario en Bolivia (Rodríguez Suárez 2006). En este caso, el éxito del proyecto
radicó en la utilización de una metodología específica que involucró técnicas analíticas propias de la antropología forense y la arqueología.
En el caso de México, Patricia Fournier y José Martínez Herrera (2006) discutieron los sucesos ocurridos en 1969 cuando el gobierno desencadenó la represión de una manifestación estudiantil pacífica que se desarrollaba en la Plaza de las Tres Culturas.
Según se sabe, en esa ocasión cientos de estudiantes y personas comunes fueron masacradas por el aparato represivo del estado. Después de 40 años,
no se ha terminado de esclarecer lo sucedido, los cuerpos de muchas víctimas continúan desaparecidos y los culpables no han sido castigados. Patricia Fournier y José Martínez Herrera consideran que dentro de este panorama la arqueología se transforma en una herramienta privilegiada “para la recuperación
de la memoria”. En este sentido, la disciplina no sólo puede develar lo que realmente ocurrió en la Plaza de las Tres Culturas, sino que también puede contribuir a localizar los muertos y desparecidos en el evento.
4. Palabras finales
Durante décadas, la arqueología latinoamericana se mantuvo alejada del análisis de la represión, las dictaduras y sus consecuencias, e incluso cerró los
ojos ante estos fenómenos. Sólo a partir del retorno de la democracia, nuevas generaciones de arqueólogos comenzaron a interesarse por este campo de estudio. Sin embargo, en la mayor parte de los casos los trabajos se realizaron de forma aislada. Ello se debió a diversos factores. Por un lado, los sectores asociados a las dictaduras extendieron su poder (o incluso lo aumentaron) durante los gobiernos democráticos,
obstaculizando parte de las investigaciones sobre este tema. Por otra parte, diversos arqueólogos se mostraron reticentes a participar en proyectos interesados en el estudio de la represión, ya sea por encontrarse afectados por el recuerdo de la
persecución ideológica o por haber participado directamente en ella. Por último, los ideales positivistas de una arqueología científica y neutral impidieron el desarrollo de cualquier forma de compromiso político por parte de diversos profesionales del área.
Si bien los trabajos en arqueología de la represión continúan siendo minoritarios, el panorama anteriormente descrito ha comenzado a transformarse.
En líneas generales, la arqueología no sólo ha contribuido a comprender el funcionamiento de los sistemas que hacen desaparecer a las personas. También ha colaborado con la construcción de una memoria material del genocidio. El desarrollo de nuevos espacios de producción científica en América Latina ha permitido generar un diálogo fructífero entre los profesionales, demostrando las semejanzas y diferencias de los procesos represivos en distintos países de la región. Asimismo, estos espacios de trabajo han abierto la posibilidad de sistematizar un conjunto de estudios que anteriormente se presentaba como fragmentario y desarticulado. Actualmente, el desafío es asegurar la continuidad de los trabajos y fomentar la creación de nuevas investigaciones.
En síntesis, la arqueología latinoamericana cada vez se encuentra más comprometida con las causas sociales. Desde esta perspectiva, se halla dispuesta a asumir la responsabilidad de investigar los sucesos ocurridos durante las dictaduras. A pesar de los intentos de ocultamiento y distorsión de quienes participaron en los gobiernos autoritarios, los resultados obtenidos permiten ser optimistas y confiar en que se puede contar otra historia.

AGRADECIMIENTOS
Agradecemos a María Celeste Perosino por sus contribuciones con la bibliografía sobre los antecedentes históricos de la represión en el Cono Sur. A Alfredo González Ruibal por invitarnos a participar en este volumen.
NOTA
1. Los ejemplos mencionados tan sólo constituyen una muestra parcial y fueron seleccionados en función de casos conocidos por los autores.
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El investigador en la sociedad digitalizada. Nuevas etnografías y ciberespacio: reformulaciones metodológicas.

CULTURA & POLÍTICA @ CIBERESPACIO
1er Congreso ONLINE del Observatorio para la CiberSociedad

En septiembre de 2002 el Observatorio para la CiberSociedad celebró su primer Congreso ONLINE bajo el título “Cultura & Política @ CiberEspacio”.
Comunicaciones – Grupo 10
El investigador en la sociedad digitalizada
Coordinación: Jordi Colobrans (jcolo97@lix.intercom.es)
http://cibersociedad.rediris.es/congreso
Nuevas etnografías y ciberespacio:
reformulaciones metodológicas.
Anastasia Téllez Infantes
Universidad Miguel Hernández, Elche
nasta70@hotmail.com y atellez@umh.es
Resumen
En esta comunicación nos planteamos cómo hacer antropología en, sobre y a través del ciberespacio y la necesaria adaptación metodológica de la investigación etnográfica. Y ello, porque defendemos que las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (N.T.I.C.) y en especial Internet, se constituyen en técnicas de investigación. En segundo lugar, este contexto ciberespacial es un campo de estudio donde podemos analizar la interacción de los individuos o informantes cibernautas y la creación de una denominada “cibercultura” en la Red. Y, por último, otro ineludible tema de análisis antropológico son las repercusiones y transformaciones socioculturales que estas N.T.I.C. y este nuevo “mundo virtual” están generando en el “mundo real” de algunos usuarios.
Abstract
In this paper we think about how make anthropology in,about and through the ciberspace and the necessary methodological adaptation of the investigation. And it, because we defend that the New Technologies of the Information and the Communication (N.T.I.C.) and especially Internet, they are constituted in technical of investigation. In second place, this context is a study field where we can analyze the interaction of the people or informants and the creation of a denominated “ciberculture” in the Net. And, lastly, other unavoidable topic of anthropological analysis is the repercussions and social transformations that these N.T.I.C. and this new virtual world is generating in the real world of some users.
Palabras claves
Metodología etnográfica, Nuevas Tecnologías, Internet, investigación antropológica, realidad virtual, ciberantropología, ciberespacio.

Introducción
En esta comunicación nos planteamos cómo hacer antropología en, sobre y a través del ciberespacio y la necesaria adaptación metodológica de la investigación etnográfica. Y ello, porque, en primer lugar, defendemos que las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (N.T.I.C.) y en especial Internet, se constituyen en herramientas o técnicas de trabajo en la investigación, tanto en el proceso etnográfico (recogida de datos y organización de la información) como el producto etnográfico (la presentación y difusión de los resultados). En segundo lugar, este contexto ciberespacial es un campo de estudio donde podemos analizar la interacción de los indivíduos o informantes cibernautas y la creación de una denominada “cibercultura” en la Red. Y, por último, consideramos que otro ineludible tema de análisis son las repercusiones y transformaciones socioculturales que estas N.T.I.C. y este nuevo “mundo virtual” están generando en el “mundo real” de algunos usuarios.
Por ello, vamos a discutir la forma en que podemos realizar lo que se viene denominando etnografía de la cibercultura, para profundizar en el nuevo terreno que se abre para los antropólogos en Internet, centrando el debate en la cuestión de si el clásico método etnográfico es válido para el estudio de las relaciones sociales y la cultura a través de la World Web Wide (WEB).

Nos detendremos pues en cuestionar si las herramientas conceptuales que usamos en el trabajo etnográfico del mundo real pueden utilizarse en este nuevo escenario virtual.
Como apunta Picciolo (1998) “la Antropología puede aportar algo al estudio de un espacio nuevo, donde se están generando nuevas reglas y donde por primera vez hay un contacto multiétnico generalizado. Ese espacio nuevo no se ubica en ninguna parte y genera sus propias reglas”.

Por un lado, las propias observaciones del investigador pueden considerarse como un hecho etnográfico al igual que las acciones y el discurso de los informantes en el ciberespacio. Por otra parte, nuestra disciplina tiene mucho que decir “acerca de los ritos de pasaje por los que discurre un internauta antes y después de una inmersión en la realidad virtual; así como el hecho de que la red internet permite un permanente y generalizado intercambio de distintas visiones del mundo” (Picciuolo, 1998).
Si pretendemos cuestionar la investigación antropológica en el contexto de Internet y las N.T.I.C. en general, se hace preciso admitir lo complejo y difícil que a priori resulta delimitar el objeto de estudio y las particularidades que conlleva. Y esta necesidad de replanteamiento metodológico no sólo ocurre en nuestra disciplina, sino en general en todas las Ciencias Sociales.
Como señala Mayans (2002, e.p.) “el estudio de las formas y manifestaciones de la tele-presencia es un área de trabajo pertinente para los etnógrafos de lo cibersocial, puesto que en estas formas y manifestaciones se va a descubrir la materia prima de las relaciones sociales trenzadas a través de las comunicaciones mediadas por ordenador”.
Aunque aún nos falta la perspectiva histórica y el paso de algunos años para poder evaluar el fenómeno de cambio sociocultural que las N.T.I.C están produciendo en el mundo (occidental) ello no es óbice para mantener la ensimismada postura y la hasta hoy no merecida importancia que tales fenómenos culturales tienen para el gremio antropológico.*
Individuos y comunidades enteras están fijando su atención en una realidad distinta de la que consensuamos como tradicional. Una realidad donde el espacio físico deja de tener importancia, donde ciertas decisiones son tomadas con ayuda de la función random, donde la imagen corporal no es -a priori- necesaria para las relaciones sociales… “Nos estamos refiriendo a la creación y actualización permanente que requiere mantener en funcionamiento lo que la cibernética llama Isomorfismo de los Modelos de Representación de la Realidad y comunmente es conocido como Realidad Virtual” (Picciuolo, 1998).
En opinión de Faura (1998) “la telefonía móvil, la sofisticación de los sistemas de información y, como factor más espectacular, la aparición de las grandes redes informáticas y la nueva cultura que éstas han creado, la cibercultura, son campos abonados para la investigación de la antropología, campos que por todo lo que representan actualmente merecen tener un papel importante dentro de nuestra disciplina”. Así pues, opinamos que la antropología cuenta con las herramientas teóricas y metodológicas apropiadas para la comprensión de los revolucionarios escenarios que plantea, como ciencia de la diversidad y de las comunicaciones, las profundas transformaciones que conllevan las N.T.I.C. y la cibernética en general.
La cibercultura y el ciberespacio
Plantearnos investigar etnográficamente en y través de Internet nos induce en primer lugar, a la delimitación de nuestro marco conceptual y objeto de estudio, y ello nos obliga a definir algunos nuevos conceptos tales como cibercultura, ciberespacio y ciberantropología, en busca del estudio de la “ciberotredad”.
Autores como Downey, Dumit y Williams (1995) definieron la ciberantropología como la antropología cultural de la ciencia y la tecnología. Los antropólogos cuando se hace referencia a las nuevas tecnologías, y más concretamente cuando hablan de estudiar el fenómeno del ciberespacio, suelen tender a analizar el impacto que éste nuevo fenómeno tecnológico está produciendo sobre las diversas y variadas culturas en que está inmerso el ser humano (Faura, 2000). Aunque en nuestra opinión la ciberantropología abarcaría muchos más aspectos.
Fue en la conferencia anual de la American Anthropological Association de 1992, donde se reconoció académicamente los conceptos de cibercultura y ciberespacio y se caracterizó a la ciberantropología como la rama que estudia las relaciones entre los humanos y las máquinas en un contexto histórico en que las N.T.I.C. se transforman en agentes de producción social y cultural de tal magnitud, como para que el eje mismo de los procesos de acumulación se articule ya sobre la información y la sociedad post-industrial se identifique con una sociedad del conocimiento (Hauser, 2000). En esta conferencia se definió la ciberantropología (cybor anthropology) como el “estudio etnográfico de las relaciones entre los humanos y las máquinas en este final del siglo XX en el que las nuevas tecnologías sirven como agentes de producción social y cultural” (Faura, 1998).
Por su parte, en la reunión de la American Anthropological Association del año 1995 “ya se constató un crecimiento de este tipo de estudios y una reorientación en la dirección de investigar las comunidades electrónicas desde el punto de vista de los contextos donde las tecnologías del ordenador se desarrollan, la interacción entre los diseñadores y los usuarios y las comunidades que resultan de esta interacción, a veces imaginadas e inventadas, pero capaces de crear nuevas identidades, los cyborgs, y los vecinos electrónicos que pueden vivir en regiones y comunidades físicas y virtuales” (Faura, 1998)

La investigación etnográfica se centraría, entre otras cosas, en los entornos sociales y las relaciones sociales que sus informantes, usuarios, establecen a través de Internet. Al respecto, diversos autores sostienen que hay que tener presente el mundo real de quienes estudiamos en el mundo virtual, es decir, el contexto cultural de los usuarios de Internet que analizamos en nuestra investigación, pues las fronteras entre ambos mundos está difuminada e interconectada. El mundo virtual es un mundo de flujos e interconexiones, de tiempo encriptado e intermitente, de “no lugares” ciberespaciales y de “lugares con identidad propia” a modo de contextos de sociabilidad formal e informal. En este mundo virtual el etnógrafo debe saber sumergirse con empatía entre sus informantes, presentarse siguiendo los códigos de conducta establecidos, dominando el mundo simbólico y por supuesto el lenguaje propio.
A la hora de definir la cultura que el antropólogo analiza a través y en la WEB, la denominada cibercultura, hay que, por un lado, acotar la comunidad de estudio, y por otro, entender el ciberespacio como unidad de observación tempo-espacial diferente.
Refiriéndonos al espacio “no podemos decir que sea distinto, por la sencilla razón de que en la inmersión no existe el espacio. Uno nunca sabe si esta visitando una WEB en su mismo pueblo o en las antípodas. Para el cibernauta el espacio es un tema irrelevante. Aunque siendo algo tan importante en el mundo real (sin espacio físico no habría mundo real) sería interesante investigar qué rituales devuelven al internauta su control del espacio físico” (Picciuolo, 1998). Igualmente deberemos investigar cómo el espacio virtual puede generar acciones en el mundo real, como por ejemplo la huelga de usuarios antiglobalización contra algunas “cumbres internacionales” o la de cibernautas contra grandes empresas de telefonía, o los encuentros “cara a cara” entre personas que se conocieron en la red.
En cuanto al tiempo cuando el etnógrafo está navegando-investigando en el ciberespacio, cambia sustancialmente la configuración de la atención, puesto que en el ciberespacio el tiempo parece que transcurre a una velocidad distinta que en el mundo real (Picciuolo, 1998).
En este ciberespacio el antropólogo encuentra “otros distantes” y “otros cercanos” al mismo tiempo y de forma entrelazada, siendo la mayoría de ellos sujetos de contextos “urbanos” y “occidentales”.
En palabras de Hauser (2000) “los flujos sociales contemporáneos, basados en circuitos de impulsos electrónicos y nódulos de sistemas tecnológicos interconectados que soportan relaciones humanas, son ya un producto de la cultura cibernética, que asume la turbulencia como campo de acción, a la vez que han generado la “tercera ola de la cibernética”, caracterizada por los fenómenos de “emergencia” y están históricamente determinados por el nacimiento y desarrollo de las redes humanas con soporte tecnológico, es decir, por las nuevas tecnologías de información y comunicación”. Nuevas redes en Internet e interacciones sociales que se sustentan en nuevos códigos y lenguajes que el antropólogo debe conocer en su investigación, nos referimos principalmente a los iconos, puesto que son los símbolo más utilizados en la WEB. Puesto que la iconografía es uno de los factores más determinantes dentro del ciberespacio, y esta iconografía ayuda a unificar a la llamada cibercultura pues todos conocen perfectamente el significado de cada uno de sus símbolos. También podemos citar el caso de los denominados emoticons o símbolos utilizados por los internautas para expresar su estado de ánimo en momentos y entornos en que se produce una relación más directa entre interlocutores, como es el caso del correo electrónico y de los denominados chats o conversaciones en tiempo real (Faura, 2000).

Junto al conocimiento del lenguaje de la red el antropólogo debe conocer los valores y las representaciones ideológicas principales del entorno ciberespacial en el que investiga. Así necesitará saber cuáles son los “valores centrales” dentro del ciberespacio, entre los que algunos estudiosos destacan como claves el individualismo, la iniciativa y la igualdad de oportunidades (Faura, 2000). Valores y comportamientos compartidos por muchos cibernautas a quienes se les considera que han desarrollado una “nueva cultura” en Internet, la denominada “nueva ideología californiana”.
Por otra parte, la existencia de esta sociabilidad en la WEB sólo es factible por determinados acuerdos sociales entre los usuarios que hacen posible que la realidad virtual y el mundo real se relacionen. Los acuerdos son la interface entre el mundo real y el ciberespacio. Así, es la intención de los usuarios, antes, y después, lo que permite la interrelación entre el ciberespacio y el mundo real y para que este triángulo funcione se están poniendo en juego no sólo protocolos de comunicación sino también contactos económicos e interculturales (Picciuolo, 1998).
Como destacan algunos autores (Hauser, 2000) en los últimos años se han realizado estudios sobre la interacción real o virtual entre diseñadores, usuarios y comunidades y se han llevado a cabo investigaciones aplicadas de corte etnográfico, en el marco preferente de alianzas estratégicas con la industria para comprender y orientar los comportamientos, expectativas y consumo de los actores. Pero aún queda mucho por hacer y debatir desde nuestra disciplina.
El trabajo de campo en la web
Consideramos que el trabajo de campo en la WEB, o lo que se suele llamar etnografía online o del “mundo virtual” presenta características muy diferentes al trabajo de campo en las tradicionales etnografías del “mundo real”.
Por un lado, para realizar el trabajo de campo en el ciberespacio se hace imprescindible tejer una red de informantes sin enredarse en ella, donde el investigador tiene que poner en juego contínuamente el compromiso y la negociación con ellos, lidiando con la subjetividad y la intersubjetividad. Y la inmersión en el campo se realiza a través de la interactuación y la socialización con los sujetos seleccionados en la WEB.
Como afirma Velasco (2002) “(…) el trabajo de campo es la situación necesaria para que el investigador sea copartícipe de las experiencias de los otros, coparticipación que es más la razón de ser del trabajo de campo como experiencia. La coparticipación se logra introduciéndose en los circuitos de la comunicación y enmarañándose en las redes sociales de los otros”. Redes sociales en las que tanto el antropólogo como sus informantes desempeñan determinados roles, que en numerosas ocasiones varían según el contexto en el que interactúen y la intencionalidad que se posea en ese momento y en ese espacio (un canal concreto de Internet Relay Chat [IRC], un mailing list, un foro de discusión, una freenet, etc.). Redes, que en el ciberespacio se difuminan y crean y recrean en un continuo proceso donde los factores que el investigador controla son aún más impredecibles que los que usualmente intenta manejar en el mundo no virtual.
Mucho se ha discutido en la última década sobre la interferencia del investigador en el contexto interlocutorio, en la escena que analiza, en la realidad en la que se introduce en su investigación. En nuestro caso, el antropólogo se sumerge en el ciberespacio del mismo modo que lo hacen sus informantes, necesitando obviamente un proceso de socialización que a partir del extrañamiento y la empatía le posibilite aprehender los fenómenos culturales que investiga. De esta forma se convierte en un sujeto interactuante con el contexto de estudio y con las personas que analiza. Y su presencia modela e interfiere esa propia realidad virtual desde el momento que aparece en las pantallas de sus informantes usuarios de la red, se presenta en sus foros de discusión o participa en un canal de chat de IRC. Porque puede introducirse a través de un servidor y “navegar” o “surfear” por todos los sitios WEB, donde encontrará miles de usuarios, potenciales informantes, para quienes ese espacio virtual se convierte en pauta cultural y contexto de interacción social.
Como en todo trabajo de campo uno de los aspectos que debe saber evitar el antropólogo es no convertirse en “nativo cibernético”, y si lo hace, al menos ser consciente de ello y procurar un proceso de distanciamiento que le permita volver a recuperar su capacidad de extrañamiento y objetividad.
Cuando los sujetos-objeto de estudio están en el ciberespacio la distancia entre investigador e informantes se transforma; ahora el pretender alejar lo cercano y acercar lo lejano se difumina con contornos tempo-espaciales distintos, aunque la aspiración al relativismo cultural siempre debe estar presente. Por ejemplo, al participar en un chat el antropólogo debe conocer los códigos de comunicación, las expresiones, juegos de palabras, y símbolos escritos a través de los cuales los informantes se comunican. Es por ello, por lo que se hace preciso, por ejemplo, al entrar en un canal de chat conocer los rituales de saludo, de reconocimiento, de despedida y el cómo concertar una cita o “quedada” en el “mundo real”.
Otro de los elementos a los que debe enfrentarse el investigador al realizar su etnografía en Internet es el no control de muchas variables tales como: la propia presencia de los informantes que busca, el “lugar virtual” donde se encuentra, el tiempo que va a permanecer conectado a la red, etc. Es decir, en su trabajo de campo el etnógrafo debe considerar una serie de casuísticas que no puede dominar. Debe admitir su incapacidad para controlar la relación interlocutoria con sus informantes, al igual que le ocurre en el “mundo real”.
A su vez, existen nuevas estrategias de investigación en la WEB que nos posibilitan analizar las trayectorias de nuestros informantes, los vínculos y portales a los que acuden, los canales de chat que frecuentan, el cómo, cuándo y para qué, los protocolos particulares y comunes que utiliza, etc.
Por otra parte, el antropólogo puede participar en conferencias internacionales en contextos virtuales del ciberespacio, creando debates y recogiendo experiencias de sus informantes, independientemente del lugar físico donde se encuentren. Como afirma Hauser (2000) “la comunicación a distancia teniendo un claro sustento en la dimensión espacial y siendo ésta precisamente el ámbito de su definición, no ha incorporado de la misma manera una reflexión sobre el factor temporal que conlleva”. Además, ahora el etnógrafo gracias al soporte tecnológico tiene acceso inmediato, casi instantáneo, a grandes cantidades de datos desde cualquier lugar y en cualquier momento.
De otro lado, en el ciberespacio las relaciones que se establecen son diferentes a las del “mundo real” pues “los individuos se ven agrupados por intereses comunes o temáticas, concentrándose alrededor de forums o grupos de discusión, sin tener en cuenta cualquier otro condicionante social, siempre que estos no se antepongan a los intereses del grupo en cuestión. Desde un primer momento, el proceso globalizador queda totalmente patente y más si lo comparamos con los diferentes niveles de relación que se establecen en la vida cotidiana. Todos formamos parte de un entorno cultural y dentro de él desarrollamos uno o más roles que configuran nuestra vida” (Faura, 1998). Roles que en muchas ocasiones se esconden tras el anonimato que posibilita Internet y que nos enfrenta a una forma de interrelación y sociabilidad anónima, donde los sujetos pueden recrear su propia identidad.
Refiriéndonos al anonimato que permite la interacción social en Internet, y las condiciones de privacidad y seguridad de, por ejemplo IRC, nos interesa reflexionar como propone Mayans (2000) sobre la posibilidad que tienen tanto nuestros informantes como el propio antropólogo de construir personalidades e identidades ficticias o de proteger las reales en estos entornos cada vez más masivos pues la comunicación y la identificación se establece a través de un nick tanto dentro de un canal público como de una charla privada.
Aunque Internet no es anónimo, y cuando los usuarios se refieren al anonimato, a lo que en realidad hacen referencia es a que su vida ‘real’ y su vida online no se mezclen (Mayans, 2002, e.p.). Porque uno de los mayores atractivos de las comunicaciones interactivas en Internet se basa, no tanto en el concepto de anonimato, sino en la capacidad para establecer una personalidad que no depende del aspecto físico o connotaciones ‘reales’ de quien está tras el teclado (Mayans, 2002, e.p.).
Con respecto a los dilemas éticos que se nos pueden presentar en el trabajo de campo en el ciberespacio varios son los aspectos que proponemos para la reflexión. Por un lado, la transparencia en la investigación puede venir facilitada si el etnógrafo tiene su propia página WEB donde remitir a los informantes que soliciten conocer más en detalle la investigación. De este modo el investigador puede clarificar sus objetivos, su proyecto y publicar online algunos artículos y resultados de su estudio que a su vez pueden ser debatidos y juzgados por sus propios informantes. Este proceso de retroalimentación implica que la construcción del conocimiento, en este proceso de recogida de información, se hace con la coparticipación del investigador y los informantes.
Tal y como señalan algunos antropólogos (Uimonen, 2002) la recogida de información en el ciberespacio presenta a menudo diversos dilemas sobre la autoría de los textos: por una parte algunos documentos se hallan en la Red como publicaciones oficiales, mientras que otros son mensajes y opiniones personales colgados en mailing list y grupos y foros de discusión. Es en el segundo caso, cuando el antropólogo se plantea la autoría y divulgación, con o sin consentimiento de sus autores, de las opiniones personales referidas. Así, puede optar por ocultar la identidad del informante o bien intentar ponerse en contacto con él a través de e-mail y pedirle su consentimiento para la divulgación o publicación de su mensaje.
Por otra parte, las N.T.I.C se presentan para el antropólogo como útiles y nuevas técnicas de investigación tanto en la recogida de datos como en el proceso de redacción y producción del producto o texto etnográfico resultado de nuestra investigación. Sirva de ejemplo, utilizar el correo electrónico como una excelente herramienta a la hora de contactar con informantes por primera vez y para realizar entrevistas. De algún modo viene a sustituir o complementar la interacción con los informantes cara a cara. Otras técnicas o útiles para la investigación antropológica son los newsgroups, listserves, chatrooms, netmeeting y las videoconferencias.
De otro lado, el antropólogo debe detenerse en el análisis del discurso en la WEB, tanto del texto como de la imagen (estática y/o en movimiento). Y es que consideramos tanto el texto como la imagen en la WEB como fuente directa de información sobre los contenidos culturales que podemos analizar en la etnografía del ciberespacio.

Entendemos que el soporte básico en Internet es el texto, es decir, la principal vía de comunicación entre los usuarios de la Red es el texto escrito, lo cual nos lleva a interpretar la cultura como si de un texto se tratase. Texto en el que el inglés se presenta como la lengua hegemónica y uniformizante. Pero no nos estamos refiriendo a un texto escrito y “muerto” sino en continuo proceso de redacción, de remodelación de autocorrección por parte de sus propios protagonistas, nuestros informantes.
Como bien afirma Mayans (2002, e.p.) “el hecho de que por primera vez en la historia una gran masa de población disponga de un instrumento a través del cual establecer vínculos sociales de forma anónima e incorpórea (con todo lo que la incorporeidad supone) en espacios públicos y en lo que se llama ‘tiempo real’ (es decir, de forma inmediata) ya es, de por sí, algo llamativo. Si además, el medio que para ello utilizan es de tipo textual, nos encontramos ante un fenómeno lingüístico y social de considerable magnitud”.
A su vez, el investigador debe analizar cómo se construye el discurso científico y cómo se traduce en la cotidianidad de los sujetos cibernautas, los usos sociales de las nuevas tecnologías en diversos contextos culturales.
Junto al texto, en Internet encontramos la imagen en sucesión, el vídeo como un nuevo “texto simbólico” que debemos descifrar y analizar antropológicamente. Este soporte, el audiovisual en la WEB, es más rápido que el texto y nos exige a los investigadores socializarnos en esta cibercultura para poder entender y descodificar las imágenes y las representaciones ideológicas que las sustentan. Puesto que la imagen en Internet es un producto cultural, una manifestación artística si se quiere, cargada de representaciones ideológicas llenas de información interpretable.
Así pues, para realizar estudios etnográficos en el soporte tecnológico de Internet se hace preciso considerar tanto las imágenes como el texto como elementos centrales para el análisis y la deconstrucción de los discursos, puesto que es necesario estudiar el formato de los materiales o datos etnográficos que se utilizan en y para la comunicación en este denominado ciberespacio.
Reflexiones finales
En esta comunicación nos hemos centrado en reflexionar sobre la necesaria adaptación metodológica que los antropólogos debemos acometer para realizar estudios en el ciberespacio. Puesto que la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación nos plantea diversas cuestiones metodológicas sobre las que es preciso discutir, tales como: el trabajo de campo en Internet, la ética del antropólogo y el anonimato de los informantes-usuarios, la realización de entrevistas a los informantes a través del correo electrónico, los grupos de chat como grupos de discusión, etc.
Así pues, abogamos por la pertinencia de la investigación antropológica en Internet y la nueva sociedad de la información, lo cual conlleva inevitable y convenientemente la innovación experimental y nuevas reorientaciones de investigación que van más allá de lo hasta ahora establecida desde los modelos clásicos de la etnografía y su modelo académico tradicional. Como afirma Picciuolo (1998) lo más importante es poner a prueba nuestras propias ideas y herramientas conceptuales, nuestra experiencia en la observación de las conductas y aspectos cognitivos del ser humano en un nuevo ambiente, el ciberespacio. Puede que se trate simplemente de adaptar nuestra herramienta en la recolección de datos o en la interpretación de los mismos y también puede ocurrir que se estén generando situaciones nuevas, que requieran incluso repensar el paradigma que nos está sustentando.
Siguiendo a Hauser (2000) afirmamos que la cibernética es una ciencia de la comunicación y ha sido el gran campo de desarrollo de los últimos cincuenta años. Así, la irrupción masiva de la comunicación tecnológica ha provocado profundas transformaciones, de enorme velocidad de realización y que afectan todos los campos de la actividad humana, sería impensable que no afectaran la vida académica. Cierto es que vivimos en la cibercultura y también de alguna manera ya somos aunque no nos demos cuenta “cyborgs” es decir, seres que han incorporado las máquinas y sus producciones a sus organismos (Hauser, 2000).
Porque como ha señalado Hauser (2000) “la utilización del soporte tecnológico se constituye en un imperativo de impactos profundos en las diversas áreas de la actividad humana. La educación superior no sólo es un ámbito preferencial, sino que constituye un laboratorio privilegiado, tanto para la aplicación como para la reflexión acerca de los efectos de las TICs en el proceso de transmisión de conocimientos”.
Por ello, queremos concluir estas páginas destacando la importancia que estas nuevas tecnologías de la información y la comunicación presentan como recursos didácticos en la docencia de la antropología y la creación de universidades virtuales, portales temáticos en Internet, redes académicas internacionales, publicaciones electrónicas, y un largo etc. que depende, en gran medida, de nosotros.
BIBLIOGRAFÍA
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Picciuolo Valls Ibiza, J.L. (1998) “Dentro y fuera de la pantalla. Apuntes para una Etnografía del Ciberespacio”. 1er Congreso Virtual de Antropología y Arqueología, Ciberespacio, Octubre de 1998, http://www.naya.org.ar/congreso
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Uimonen, P. (2002) (página web visitada 20 mayo 2002) “Cyberanthropology: The Global Expansion of the Internet” en 2ª Congreso Virtual de Antropología. http://www.naya.org y URL: http://www.i-connect.ch/uimonen
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http://freenet-in-a.cwru.edu
NOTAS
1 Dra. ANASTASIA TÉLLEZ INFANTES, profesora de la Licenciatura de Antropología Social y Cultural en la Universidad Miguel Hernández de Elche (Alicante)
Universidad Miguel Hernández (www.umh.es)
División Departamental de Antropología Social y Cultural
Avda. del Ferrocarril, s/n
Edificio Torreblanca, 2ª planta. Elche 03202 (Alicante)
nasta70@hotmail.com y atellez@umh.es

Nota : este trabajo de fecha  marca los inicios de la metodología de la Antropología Virtual. En 2017 hay un corpus establecido que permite evaluar esta metodología

PUBLICACIONES PRIMER CONGRESO ON LINE

LISTADO COMPLETO DE COMUNICACIONES

[110 comunicaciones]

Lugares de memoria de la Dictadura en Chile. Memorialización incompleta.

Lugares de memoria de la dictadura en Chile Memorialización incompleta en el barrio Cívico de Santiago

  • Autores: Roberto Fernández
  • Localización: Bitácora Urbano-Territorial, ISSN-e 0124-7913, Vol. 1, Nº. 25, 2015 (Ejemplar dedicado a: La ciudad y el hábitat en el posconflicto en Colombia y el mundo)
  • Idioma: español
  • Resumen
    • Desde el regreso a la democracia en 1990, la memorialización del espacio público en Chile mediante la construcción de lugares de memoria ha sido una forma de abordar tanto la reparación simbólica a las víctimas, como la instalación de una cultura del “Nunca Más” que asegure que no se repitan los atropellos a los derechos humanos ocurridos durante la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990).
    • Como señalan diversos autores, la memorialización del espacio público a través de los lugares de memoria ha tenido avances notables. Sin embargo, en el presente artículo se sostiene que este proceso de memorialización ha sido parcial e insuficiente en el barrio Cívico  de Santiago de Chile porque no condice ni con su relevancia como espacio público, ni con los hechos ocurridos ahí durante el golpe de Estado.
    • Para fundamentar esta interpretación, se analizan las intervenciones urbanas realizadas por el gobierno central en ese entorno y se proponen algunas hipótesis que permiten comprender las causas de dicha memorialización incompleta.

50 años del Primer Congreso Internacional de Arqueología

50 años del Primer Congreso Internacional de Arqueología

FECHA: 21 NOVIEMBRE, 2013

Fernando Orellana

Fernando Orellana Torres

Director General de Postgrado

Universidad Católica del Norte

 

En las décadas de 1950 y 1960 se concretaban en Chile cambios importantes en los métodos técnicos e interpretaciones de esta disciplina.

La Dirección General de Postgrado de la Universidad Católica del Norte organizó un evento recordatorio de los 50 años del Primer Congreso Internacional de Arqueología, realizado entre los días 6 y 13 de enero del año 1963, en San Pedro de Atacama, en las instalaciones del recién inaugurado Museo de la Universidad del Norte.

En esa reunión científica se encontraron diferentes especialistas chilenos y extranjeros, profesores y alumnos, autoridades de diferentes instituciones e, incluso, en la inauguración participaron los ministros de Estado, del gobierno del presidente Jorge Alessandri, los señores Ernesto Pinto Larraguibe y Julio Philippi.

Los importantes hallazgos arqueológicos efectuados entre 1955 y 1962 por el Padre Le Paige y sus colaboradores atacameños interesaban a la comunidad científica de Chile y a la de los países limítrofes.

Por esos años -décadas de 1950 y 1960- se concretaban en Chile cambios importantes en los métodos técnicos e interpretaciones de la arqueología. Antiguos y nuevos museos, centros de investigación y carreras recién creadas no solo investigaban y publicaban de acuerdo con la nueva arqueología, sino que además iniciaban la formación especializada de arqueólogos.

En estos nuevos ambientes científico-académicos, el Congreso de 1963 inició sus sesiones de trabajo.

Se puede leer en las Actas publicadas por los Anales de la Universidad que se presentaron ponencias de los investigadores chilenos Gustavo le Paige (Presidente del Congreso), Hans Niemeyer, Carlos Munizaga, Jorge Kaltwasser, Percy Dauelsberg, Luis Álvarez, Julio Montané, Mario Orellana (Secretario General del Congreso) y Lautaro Núñez.

 

 Padre Gustavo Le Paige,presidente del Congreso

 

Por los investigadores extranjeros expusieron Alberto Rex González y Dick Ibarra Grasso. También presentó un trabajo el prehistoriador Osvaldo Menghin. Este estudioso, como Julio Montané -según se nos informó-, no acudieron finalmente a San Pedro de Atacama.

Igualmente, participaron la doctora Grete Mostny, del Museo de Historia Natural; el arquitecto Roberto Montandón, delegado del Consejo de Monumentos Nacionales, y Jorge Iribarren, director del Museo Arqueológico de la Serena.

Entre los estudiantes universitarios presentes en ese Congreso estuvieron distinguidas (os) especialistas: Silvia Quevedo, Julie Palma, Mario Rivera, Osvaldo Silva, y Gonzalo Ampuero.

También es importante mencionar que es en San Pedro de Atacama, en este Congreso de 1963, donde se formó la Sociedad Chilena de Arqueología. Esta institución, fundamental para el futuro desarrollo de la arqueología de Chile, también cumplió 50 años, recayendo su primer directorio en los investigadores Hans Niemeyer F. (Presidente), Jorge Iribarren Ch., Julio Montané M., Mario Orellana R., y Virgilio Schiappacasse F. (Directores).

Nuestra Universidad sigue desarrollando la investigación y la docencia de postgrado en San Pedro de Atacama, y esperamos que así se mantenga por muchos años, en colaboración con las distintas comunidades atacameñas.

El recuerdo de tan prestigioso evento científico no puede quedar guardado en la memoria de unos pocos, porque el Congreso Internacional forma parte de la memoria histórica de la Universidad Católica del Norte.

La presencia de soldados rapanui en la Guerra del Pacífico. Cristian Moreno Pakarati

Introducción.

La presencia de soldados rapanui en la Guerra del Pacífico, conflicto armado entre Chile y sus vecinos del norte, Perú y Bolivia, es algo que se escucha frecuentemente entre los isleños contemporáneos. ¿Qué hay de cierto en esta leyenda?

Tres nombres se asocian a la participación rapanui en la guerra: Juan Tepano Rano, Iovani Araki Ti’a y José “Tairenga” Pirivato. Especialmente los dos primeros, que dejaron numerosa descendencia, reciben una gran cantidad de menciones entre sus makupuna y hinarere siendo una gran fuente de orgullo familiar. No se han encontrado aún registros de la época que den cuenta de su participación en la Guerra, sin embargo no hay duda de que . Tampoco hay dudas de su participación en el Ejército de Chile entre ese año y 1900. Sin embargo esto fue veinte años después de la Guerra. ¿Es posible que se hayan entrelazado estos eventos con la Guerra? ¿Cuál fue realmente su participación en las fuerzas armadas? ¿Hubo soldados rapanui en la Guerra del Pacífi co? Con la evidencia disponible intentamos dilucidar parcialmente este enigma. ¿Chile y Rapanui aliados?

“Los nativos están felices con la creación del nuevo departamento. Antes se sentían muy aislados pero ahora están de hecho integrados a la patria. Nosotros, por nuestra parte, tenemos grandes esperanzas en esto. Los isleños van a saber lo que es la patria y conocerán su Historia. Existe el riesgo de que quieran quedarse, aunque confi amos en que los deberes militares los harán más responsables y regresen a divulgar lo que han conocido”. (General Sergio Castillo Aránguiz, agosto de 1966)

Cabe señalar que a la fecha de la Guerra del Pacífi co, entre los años 1879 y 1883, la Isla era independiente y no tenía relación alguna con Chile. Al inicio de la Guerra en el lejano Chile, Rapa Nui tenía como jefe a Mati Mereti, probablemente el hombre más anciano entre la escasísima población isleña que apenas superaba los cien habitantes. De todas maneras tras la visita del misionero católico Hipólito Roussel en 1878 trayendo de regreso desde Polinesia Francesa a los líderes Angata y Pakomio Maori Ure Kino, estos últimos comienzan a ejercer una influencia mayor en los destinos de la Isla. En 1882 el mismo clérigo Roussel desgina a Atamu Tekena como rey y a su esposa Uka a Hei como reina2. En Chile, por su parte, existía un gobierno liberal a cargo del presidente Anibal Pinto Garmendia, sucedido en 1881 por el también liberal Domingo Santa María González. Estos gobiernos carecían de 2 Un resumen de estos cambios de gobierno y la evolución del poder político en la isla se encuentra en  oposición política legal y se originaron en candidaturas únicas designadas por los mismos gobiernos salientes. A pesar de la distancia y la diferencia entre ambas culturas, existieron contactos que sirven como antecedentes para sus relaciones posteriores. Aparentemente, el primer contacto histórico de los isleños con la República de Chile se efectuó a través de la goleta Colo-Colo capitaneada por Leoncio Señoret en marzo o abril de 1837. Esta se dirigía a Australia llevando al destierro al ex presidente liberal chileno (y enemigo del gobierno de turno), general Ramón Freire, arribando a este país el 30 de junio. Sin embargo no hay ninguna evidencia de que este contacto haya tenido alguna consecuencia duradera y sólo quedan vagas referencias de la visita (Moncada 2008; Richards 2008: 67-69). Por aquella época la Isla era regida por una dictadura anual de la tribu vencedora de los rituales de la competencia del tangata manu. En Chile, en tanto, gobernaba hace seis años el presidente conservador General de Ejército José Joaquín Prieto Vial, ascendido al cargo tras la Batalla de Lircay en la que los conservadores derrotaron a los liberales e impusieron un nuevo gobierno. Sin embargo, la mayor parte de la historiografía chilena considera que el que llevaba las riendas del país era su ministro de hierro Diego Portales asesinado ese mismo año 1837. Algunas fuentes indican que la goleta Janequeo al mando de Buenaventura Martínez visitó la isla en 1842 pero no hay pruebas concluyentes de aquello3. Después de esto no hay nuevas visitas de barcos chilenos hasta 1870. Sin embargo, debe mencionarse la presencia en la década de 1860 de la Misión Católica francesa que operaba a través del eje Valparaíso-Hanga Roa-Pape’ete y tenía una de sus bases operacionales en el puerto chileno. Durante el período de actividad de esta Misión, en la sede de Vaihū, tomó parte el chileno Jorge Arenas y su esposa, llegados en diciembre de 1869 y convirtiéndose en los primeros chilenos residentes en la isla polinésica (sólo por 9 meses, hasta septiembre de 1870). En cuanto al primer rapanui en visitar Chile fue probablemente Petero Toroveri en agosto de 1869. Este acompañaba al misionero Gaspar Zumbohm en un viaje al continente, regresando a Rapa Nui en diciembre de ese mismo año (Ballesteros 1903: 73-74, 125- 126; Conte 1994: 123; Fischer 2005: 105). No existe evidencia de la visita de algún otro rapanui antes de esa época, aunque no se puede descartar que algún barco ballenero haya llevado algún tripulante de la isla hacia allá. Con todo, la palabra Chile probablemente no significaba nada para la gran mayoría de los rapanui en esta época. 3 La referencia original de esta visita corresponde al cónsul chileno en Callao, Tiburcio Cantuarias. Véase el análisis en Moncada (2008: 68) ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 14 –

¿Rapanui y Perú enemigos?

“Aquí hicieron un alto los expedicionarios y colocados en diversas posiciones, procedieron con sus armas a un fuego graneado para obligarles a salir de allí; pero, fracasado el intento, incendiaron el plantío, produciéndose una violenta escaramuza en la que los esclavistas perdieron 5 hombres y un intérprete a causa de las piedras de matá, “obsidiana”, lanzadas contra ellos” (…)”. (Jesús Conte, 1994, citando al cónsul Tiburcio Cantuarias) En cuanto a la relación con Perú, esta sí dejó consecuencias terribles en Rapa Nui. Los barcos privados de bandera peruana que zarpaban desde Callao con el objeto de obtener trabajadores polinésicos (canacas) para las haciendas limeñas causaron terribles estragos en la Isla. Sangrientas incursiones esclavistas de múltiples barcos como las de diciembre de 1862 y marzo de 1863 dejarían cicatrices que aún se manifi estan el día de hoy4. Quizás por la misma razón, las historias de rapanui participando en una guerra contra Perú (menos de 20 años después de estos raids) se mantienen con vigor hoy en día en una Isla mucho más globalizada. En cualquier caso es importante recordar que algunos de los nativos rapanui expatriados siguieron una nueva vida en Perú, incluso formando familias en algunos casos (McCall 1976: 102-103; Conte 1994: 69-70). Así, los rapanui con familias peruanas se encontraban en el frente enemigo de Chile durante aquellos años entre 1879 y 1883 aunque es difícil determinar si tuvieron algún tipo de participación en el conflicto mismo. Digno de mención es lo sucedido con otros esclavos en Perú durante la Guerra, los chinos coolies. Estos trabajaban en condiciones infrahumanas en Perú y durante las batallas se aliaron con las tropas del ejército chileno (Villalobos 2002: 219-220). ¿Habrá pasado algo similar con los polinésicos viviendo en Perú o estos defendieron los intereses de sus familias peruanas? En el contexto de la vida de los sobrevivientes rapanui en Perú encontramos las primeras historias de la tradición oral sobre isleños en la Guerra del Pacífico. Edmundo Edwards recopiló la siguiente historia de parte del Mayor del ejército chileno, el oficial rapanui Leviante Alejo Araki Araki (1922-1992): “La tradición oral nos cuenta que durante la batalla por la toma de Lima en 1879 [(sic), en realidad la toma de Lima fue en 1881] entre las tropas chilenas se encontraba un soldado rapanui y en el asalto a una trinchera se encontró con un compatriota moribundo a quien alcanzó a contarle que su familia aún vivía en Rapanui y luego de abrazarse, lloraron y el isleño murió en brazos de su compañero” (Edwards s/f: 20-21). 4 Los tres estudios principales de estos raids son los de McCall (1976), Maude (1981) y Conte (1994). Moreno, C. ─ – 15 – Sin embargo faltan detalles en este emotivo relato. ¿De qué clan o familia eran los protagonistas de esta historia? ¿En qué regimiento o batallón se encontraban en sus respectivos ejércitos? ¿Cuánto tiempo llevaban en estos países? Y aún si la historia no está basada en los hechos reales específicos es relevante preguntarse la razón por la que los rapanui insisten en incluir en un nivel mitológico a sus coterráneos y ancestros en dicho conflicto. Las expediciones de la O’Higgins en 1870 y 1875. “Vienen a bordo doce indijenas de la isla de Pascua, seis de ellos son muchachos huérfanos i están a cargo de los oficiales, i a los otros seis se les ha dado plaza de grumetes”. (Capitán Juan Williams Rebolledo, marzo de 1870) La evidencia más importante que sustenta la posible participación rapanui en la Guerra se encuentra por el lado chileno. Se trata de las primeras visitas chilenas signifi cativas a la Isla en el siglo XIX, algunos años antes de la Guerra. La corbeta O’Higgins realizó dos viajes en 1870 y 1875 como parte de la instrucción de los cadetes navales. El primer viaje, comandado por José Anacleto Goñi llegó a una isla que vivía un conflicto de intereses entre un aventurero y comerciante francés, Jean Baptiste Onésime Dutrou-Bornier, y la ya mencionada misión católica francesa liderada por Hippolyte Roussel. Los nativos rapanui habían aprovechado esta rivalidad para revivir sus rencillas tribales ancestrales. Agrupados en uno y otro bando, los isleños habían comenzado incluso a tener escaramuzas similares a los tiempos antiguos de luchas intertribales que estaban llevando la Isla a una situación bastante compleja. En este contexto, muchos rapanui pedían irse a Valparaíso, a espaldas de los misioneros católicos, para salir de la desastrosa situación en Rapa Nui (Centro de Cultura Naval y Marítima 1994: 53-55). Así es como el comandante Goñi acepta a bordo a 12 jóvenes isleños, la mayoría huérfanos desde las epidemias de viruela y tuberculosis que diezmaron la población en la década de 1860. Seis viajaron como cocineros y seis como grumetes5. Estos jóvenes rapanui enfermaron durante el viaje, pero gracias a una buena alimentación a bordo y a los cuidados del médico de la nave recobraron sus energías y todos llegaron a salvo al puerto boliviano de Mejillones a fi nes de febrero de 1870 y luego rumbo al sur hacia puertos chilenos. El seis de marzo de 1870 el periódico “La Patria” publica lo siguiente: “A las 2 hrs 30 ms fondeó ayer en esta bahía [Caldera] la corbeta de la armada 5 De la visita de la O’Higgins en 1870 quedaron por escrito el estudio de Ignacio Luis Gana (1903), el informe del médico Tomás Guillermo Bates (1903) y en un libro del Centro de Cultura Naval y Marítima (1994) donde se incluye un diario de navegación erróneamente atribuido al guardiamarina Emilio Luis Gana Castro. Este último diario en realidad fue llevado por el capitán de fragata Luis Alfredo Lynch, quien viajaba como instructor de los cadetes de la Escuela Naval en 1870. ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 16 – nacional O’Higgins, procedente de las islas de Pascua [sic]. Trae a bordo a los cadetes de la Escuela Naval, los de la Escuela de Marineros y doce indios naturales de la isla que voluntariamente los acompañan. Entre los objetos tomados de la isla se nota un gran trozo de piedra que representa una divinidad entre los indíjenas” (La Patria, 6 de marzo de 1870). De acuerdo con El Mercurio de Valparaíso del 7 de marzo 1870, “Tres de ellos solamente son ya hombres y los demás niños de 8 a 12 años”. El mismo diario menciona que: “El nombre de chileno les causaba sumo placer; y el peruano por el contrario. La razón que me dieron de este odio para con los últimos fue que no ha mucho tiempo estuvo en la isla un buque de guerra de esa república tomaron a viva fuerza a varios de los naturales y los maltrataron mucho, llevándoselos enseguida contra su voluntad” (El Mercurio, 7 de marzo de 1870). Después de estos acontecimientos, se pierde el rastro de estos jóvenes isleños en la prensa chilena. Sus nombres y apellidos fueron, por supuesto, cambiados a algunos más propios de Chile lo que complica aún más seguir su historia. Urge revisar los archivos navales en busca de estos grumetes rapanui con el fi n de obtener sus nuevos nombres y buscar información luego en los registros genealógicos para determinar si dejaron familia en Chile. Tan sólo nueve años después estalla la Guerra del Pacífico y habiendo seis grumetes rapanui y otros seis jóvenes isleños viviendo en el país, fueron, casi con certeza, movilizados para participar en el conflicto bélico. De hecho en la corbeta O’Higgins viajaban varios oficiales que luego serían héroes de la fase naval de la Guerra del Pacífi co. Existe la posibilidad de que algún otro rapanui haya sido embarcado en el siguiente viaje de la O’Higgins, en 1875, capitaneada por Juan Esteban López. De encontrarse información al respecto, la participación de los isleños en la Guerra es aún más probable. Los reconocimientos ofi ciales. “Juro, por Dios y por esta bandera, servir fielmente a mi patria, ya sea en mar, en tierra o en cualquier lugar, hasta rendir la vida si fuese necesario, cumplir con mis deberes y obligaciones militares conforme a las leyes y reglamentos vigentes, obedecer con prontitud y puntualidad las órdenes de mis superiores, y poner todo mi empeño en ser un soldado valiente, honrado y amante de mi patria.” (Juramento a la bandera del Ejército de Chile) Moreno, C. ─ – 17 – Desaparecida la pista de los grumetes rapanui llegados a bordo de la Baquedano recurrimos a fuentes más recientes con las que retornamos a los tres rapanui mencionados al inicio del artículo: Tepano, Araki y Pirivato. Los homenajes oficiales a soldados rapanui no se sustentan en información de época pero es interesante analizarla en su justa dimensión. En junio de 2002 el Museo del Regimiento de Infantería nº2, “Maipo” de Playa Ancha (en Valparaíso) incluyó una placa llamada “El Primer Soldado Pascuense”, escrita por Juan G. San Martín. En esta aparece una breve biografía de Juan Tepano, sin citar fuentes y que incluye algunos trozos muy interesantes. Por ejemplo: “Nace en 1866. A la edad de 13 años llega a Valparaíso a bordo del María Luisa, carguero inglés de la empresa Charles Brander. Contagiado por el entusiasmo de la juventud porteña de participar en la Guerra del Pacífico, se enrola en el Regimiento 2º de Línea ‘Maipo’, junto a sus coterráneos Juan Araki y José Fati, siendo embarcados al norte, a bordo del O’Higgins” (San Martín 2002). El resto del texto se centra en Tepano y señala que participó como tambor y ordenanza en la 4ta Compañía en las batallas de Chorrillos y Miraflores. Y con lujo de detalles indica su permanencia en el continente entre el fi nal de la Guerra en 1884 hasta la época de la Guerra Civil de 1891 en la cual también habría participado ya como Sargento 2º. Este no es el único reconocimiento oficial a la participación de soldados rapanui en dicha Guerra. En septiembre del año 2005 el Comandante en Jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, visita la isla y trae como obsequio para el Museo Antropológico Padre Sebastián Englert una vitrina histórico militar con una pintura representando a Iovani Araki Imanuiri (Juan Araki), soldado rapanui que, según este homenaje, habría participado como Sargento 2º en la Guerra del Pacífico. Esta placa también incluía homenaje a soldados rapanui más recientes como el mayor Leviante Araki Araki, nieto del anterior, y al sargento primero del regimiento reforzado nº1 “Topáter”, Luis Alberto Huki Hinojosa. El autor escuchó información de parte de habitantes de Placilla, en Chile, que señalan que el sargento Tepano participó de la Guerra Civil de 1891. Tan importante es esta historia que para el aniversario de la Batalla de Placilla (28 de agosto de 1891) del año 2010, las autoridades del pueblo invitaron a descendientes del soldado isleño para efectuar un hoko, antiguo ritual guerrero de los rapanui, en el museo de la localidad. ¿Qué ocurre con Tepano, Araki y Pirivato? “Algún tiempo después de su llegada a Valparaíso falleció S. M. el rei Riro Roko, y su primer ministro Juan Araki, a quien corresponde de derecho la corona de la ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 18 – isla de Pascua, no ha podido regresar a sus dominios por encontrarse gravemente enfermo de tisis en la ciudad de los Andes. Por esta razón y tal vez siguiendo alguna vieja costumbre, ocuparán el trono de Riro Roko los ministros y príncipes Tepalo y Pisibato, quienes desde su llegada a esta ciudad han sido hospedados en el cuartel del Maipú, habiendo hecho ambos el servicio de la guardia nacional”. (El Mercurio de Valparaíso, 8 de abril de 1900) “La reputación de Juan Tepano llega hasta Chile. Antes de mi partida me lo habían nombrado por todos lados como el mejor informante (…) La víspera, los indígenas que habían sido puestos al corriente de nuestras intenciones, repitieron su nombre varias veces. Era la historia viviente, el Baedecker de la Isla”. (Alfred Métraux, 1941) Una investigación llevada a cabo por el Departamento de Historia Militar chileno titulado “El Ejército y el Pueblo Rapanui” no encontró información alguna de la presencia de Tepano, Araki o Pirivato en la época de la Guerra del Pacífi co. Para esto se investigaron las Listas de “Revista de Comisario” del 2º de Línea entre 1879 y 1884 lo que no arrojó resultados positivos (Departamento de Historia Militar 2006). Con esto se descarta que alguno de los tres soldados más famosos de la Isla hayan participado, al menos con sus nombres reales, en dicho Batallón. De haber formado parte del Ejército chileno en la Guerra del Pacífico, sólo puede haber sido con otro nombre o en otra división. Algunos datos biográfi cos sobre estos soldados pueden dar claves: – Iovani Araki Ti’a era hijo de Arakilio Pua Ara Hoa (también llamado Aro Purunga a ‘Ao Ngatu) y Parapina Veri Hakatea. Se casó con Caroline Bornier el 12 de febrero de 1886 y aparece en el censo de Alexander Salmon de ese mismo año, titulado “Te Ingoa”. Esto revela que estaba en Hanga Roa durante la realización del censo, al igual que sus padres. Tuvo dos hijos que dejaron descendencia, Juan Araki Bornier (1886-1949) y Parapina Araki Bornier (1888-1964). Ninguno de los dos había nacido a principios de 1886 cuando se efectuó el censo. Hemos estimado la fecha de nacimiento de Iovani Araki para 1866. – José Pirivato era hijo de Mataroa Oroteme y Tuhi. Casado con María Putó Veri o Penga, no dejó descendencia. Aparece ya casado con su mujer en el censo de 1886, pero no hay duda de que era todavía muy joven. En 1902, un documento de la Armada redactado por Basilio Rojas calcula su edad en 30 años (Foerster 2010: 41), lo que daría una fecha de nacimiento hacia 1872. Nosotros estimamos su fecha de nacimiento hacia 1868. Es deportado de la Isla en 1902 y se pierde su rastro completamente. Moreno, C. ─ – 19 – – Juan Tepano Rano era hijo de Tepano Rano a Vavara a Rue y Paulina Victoria Veriamo a Huki. Se casó con María Ika Tetono (nacida el 23 de diciembre de 1882). En el censo de 1886 aparece como un adolescente soltero aún, viviendo en Hanga Roa. Sus padres aparecen vivos y casados. Sabemos que este fue el tercer matrimonio de su madre, Veriamo, y Juan fue el menor de sus hijos. De los tres es soldados rapanui, Tepano es sin duda el menor, aunque probablemente no por mucho. No tuvo hijos hasta 1903 cuando nace María Hiona, la mayor de 8 hermanos. Basándonos en censos del siglo XX y edades estimadas por Routledge, Métraux y Englert, consideramos que su fecha de nacimiento es, casi con certeza, 1872. Falleció el 8 de noviembre de 1947. Con esta información casi se puede descartar de plano que alguno de ellos haya tomado parte en la Guerra del Pacífico. También es improbable, más no imposible, que Tepano haya estado en Chile para la Guerra Civil de 1891. Esta es una posibilidad que quizás merece mayor análisis y una nueva investigación. Sin embargo, encontramos a los tres soldados rapanui formando parte del Ejército casi veinte años después. Aparentemente en Noviembre de 1897 (otras fuentes dicen en 1898), el rey electo Simeón Riro Kainga se dirige a Chile a bordo de la goleta de la Compañía de Merlet, María Luisa, a reclamar al presidente Federico Errázuriz el incumplimiento del Acuerdo de 1888. Junto a él viajaban Juan Tepano, Juan Araki y José Pirivato. Sin embargo el viaje terminaría en tragedia ya que Riro fue envenenado en Valparaíso por gente de la Compañía de Enrique Merlet. Algún tiempo después, Juan Araki (Iovani Araki Ti’a, hijo de Arakilio Pua ‘Ara Hoa) ingresa, el 14 de marzo de 1898, como Soldado de Bagaje a la Tercera Compañía del Segundo Batallón de Infantería “Maipo” en Valparaíso. Tepano y Pirivato, en tanto, ingresan el 13 de agosto del mismo año como soldados a la Primera Compañía en el mismo Segundo Batallón. El primero pasa a la Tercera Compañía en 1899. Ambos se licencian el 19 de abril de 1900, mientras se encontraban de viaje de regreso a la isla a bordo de la corbeta General Baquedano capitaneada por Arturo Wilson. Juan Araki, sin embargo, fallece el 11 de abril de 1900 en el hospital de San Felipe, enfermo de tuberculosis (Departamento de Historia Militar 2006: 85; El Mercurio 20 de abril de 1900). Teniendo esto en cuenta, la afirmación de que Araki, Tepano y Pirivato se dirigían “a cumplir con el servicio militar” (El Consejo 1988:302) no resiste análisis. José Pirivato probablemente sacó a relucir su entrenamiento militar, entre fines de 1901 e inicios de 1902, durante el levantamiento y rebelión contra la compañía ovejera de Enrique Merlet, administrada entonces por Horacio Cooper. Debido a esto fue deportado ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 20 – al continente junto a Nicolás “Grande” Teao Vi, Lázaro Ricardo Hitorangi y Ruperto Nai a Hotu’iti, tal como se atestigua en El Mercurio del 3 de septiembre de 1902: “A bordo del Baquedano trae el comandante a cuatro canacas de los principales cabecillas de la insurrección en contra del subdelegado” (El Mercurio, 3 de septiembre 1902; véase también Foerster 2010). Sin embargo se ignora su destino hasta la fecha. Juan Tepano Rano en tanto fue designado Cacique o Jefe, representante de los nativos rapanui, por el mismo capitán Basilio Rojas Velásquez, comandante de la Baquedano y quien se llevó a su ex compañero de guarnición José Pirivato. Estos destinos opuestos entre dos soldados rapanui marcan el final de una época entre las relaciones de los isleños con el Ejército. Ningún rapanui volvería a entrar a esta institución hasta mediados del siglo XX.

Conclusiones.

La leyenda de los soldados rapanui en la Guerra del Pacífico tiene orígenes complejos donde una combinación de factores impulsan con fuerza una historia. Esta trasciende el ámbito inter-isla, llegando al continente mismo como podemos ver en los homenajes póstumos a los soldados Tepano y Araki en 2002 y 2005, respectivamente, además de los eventos en honor al primero en el pueblo de Placilla en Chile. La conformación de estos relatos de rapanui en la Guerra son todos relativamente nuevos. No hay mención a esto en ningún libro, artículo o documento sobre Pascua en la primera mitad del siglo XX. No es sorprendente la ausencia de información fidedigna sobre Araki y Pirivato, siendo que el primero murió en 1900 y el segundo desapareció en 1902. Sin embargo sí es relevante que ninguna fuente mencione a Tepano como soldado en la Guerra del Pacífico. Juan Tepano fue informante de Knoche, Valenzuela, Routledge, los comisionados navales de 1917, Estella, Rafael Edwards, MacMillan Brown, Métraux, Lavachery y Englert. Todos incluyen información biográfica sobre Tepano e incluso muchos mencionan su presencia en Chile donde aprendió a hablar bien el castellano y a leer y escribir. Interesantemente, en el censo de 1916 elaborado por José Ignacio Vives Solar se indica que sirvió en el Ejército de Chile. Lo mismo señala Walter Knoche (“el actual rey y que ha servido en el ejército chileno como sub-ofi cial”, Knoche 1912: 16) y Zósimo Valenzuela (“el tercero [Tepano] resistió la enfermedad y fue a sentar plaza de conscripto en el regimiento Maipo”, Valenzuela 1911: 959) así como todos los visitantes posteriores que hicieron uso de sus servicios como informante. Sin embargo, ninguno de los autores mencionados recibió o transmitió la información de que Tepano participó en la Guerra entre 1879 y 1883. Grant McCall, antropólogo australiano que pudo compartir en la isla con varios hijos de Tepano, tampoco Moreno, C. ─ – 21 – recibió esta información en su primera visita a la Isla en los años 70, sin embargo comenzó a escuchar estas historias desde la década del 80, al parecer de parte de los nietos del Cacique isleño6. Yo recibí el relato de la participación de Juan Tepano en la Guerra de parte de dos de sus nietos que aún quedan con vida: Santiago Tepano Kaituoe y Lucas Pakarati Tepano. En el caso de Juan Araki como soldado en la Guerra del Pacífico, la información probablemente se origina en su nieto, y también militar, Leviante Araki. El dibujo del soldado Araki con su uniforme del ejército es reproducido en el libro Pua Arahoa, traducción al español del Manuscrito E (Frontier 2008). Por lo mismo, la leyenda tuvo repercusiones dentro de las fuerzas armadas. En el ejército especialmente, se ha puesto énfasis en esta tradición para reforzar los lazos entre Chile y Rapa Nui. Es un elemento importante de la soberanía chilena en la isla la búsqueda de elementos, intereses o experiencias en común con una cultura tan distinta y tan distante como Rapa Nui. Todo esto, perpetúa la leyenda y la transmite a las nuevas generaciones de rapanui. La combinación de factores que se conjugan para dar origen a esta leyenda son: – El posible trasfondo real de soldados (o marinos) rapanui combatiendo en la guerra del Pacífi co: Estos serían los grumetes isleños que partieron con la O’Higgins en 1870. – La animosidad contra Perú en la Isla a raíz del origen de las expediciones esclavistas de 1862-1863. Este resentimiento continúa el día de hoy hasta cierto punto. – Las relaciones más profundas entre rapanui y chilenos desde la década de 1960 con un mayor mestizaje y mezcla cultural. Dentro de esto también cabe mencionar el regreso de personas rapanui al Ejército chileno en los años 50. – La innegable participación en el ejército de los soldados Tepano, Araki y Pirivato entre 1898 y 1900. Esto se entrelaza con la posible participación en la guerra del Pacífi co de los grumetes isleños. – Los homenajes a soldados rapanui por parte del Ejército y las autoridades chilenas son especialmente importantes para las nuevas generaciones de rapanui. Para alcanzar conclusiones más profundas es necesario un estudio exhaustivo de los archivos navales, de prensa, genealógicos y de registro civil en Valparaíso. Estos podrían otorgar nuevos antecedentes sobre los doce grumetes rapanui que llegaron en 1870 6 Comunicación personal, Agosto 2010. ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 22 – al continente. También es necesario ampliar este trabajo recopilando más versiones y analizando el imaginario que existe en isla sobre la participación de los soldados rapanui en los confl ictos bélicos chilenos del siglo XIX. Agradecimientos. Debo agradecer a Grant McCall y Steven Roger Fischer por los comentarios que me señalaron sobre el tema en el año 2010 y que me dieron una nueva perspectiva. Agradezco también a Natalia Pakomio por sus invaluables comentarios al manuscrito, a Rolf Foerster y a los nietos de Juan Tepano Rano (Iovani a Rano) que me relataron las historias de su antepasado en la Guerra del Pacífi co. Referencias Citadas. Ballesteros, José Ramón. 1903. “Isla de Pascua” en Biblioteca Geográfi ca e Histórica Chilena: La Isla de Pascua, L. Ignacio Silva A. (editor), volumen primero, pp. 73-147. Santiago: Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona. Bates, Tomás Guillermo. 1903. “Informe sobre los Nativos” en L. Ignacio Silva A. (editor) Biblioteca Geográfi ca e Histórica Chilena: La Isla de Pascua, volumen primero, pp. 49-52. Santiago: Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona. Centro de Cultura Naval y Marítima. 1994. Rumbo a Isla de Pascua: Diario de Navegación del Guardiamarina Emilio L. Gana Castro con Glosario Náutico. Valparaíso: Dirección de Educación de la Armada. Conte Oliveros, Jesús. 1994. Isla de Pascua: Horizontes Sombríos y Luminosos. Santiago: Centro de Investigación de la Imagen. Departamento de Historia Militar. 2006. “El Ejército y el Pueblo Rapanui” en Cuaderno de Historia Militar, nº2, pp. 47-114. Santiago. Impreso en los talleres del Instituto Geográfi co Militar. Edwards, Edmundo. S/F. Historia de Isla de Pascua 1800-1900. Fotocopias de los apuntes mecanografiados facilitados por don Hugo Salas Román. 163 fojas en el Fondo Varios, Volumen 1042. Archivo Nacional (Manuscrito). El Consejo de Jefes de Rapa Nui, Alberto Hotus y otros. 1988. Te Mau Hatu ‘O Rapa Nui: Los Soberanos de Rapa Nui. Pasado, presente y futuro. Santiago: Editorial Emisión y Centro de Estudios Políticos Latinoamericanos Simón Bolívar. Moreno, C. ─ – 23 – Fischer, Steven Roger. 2005. Island at the End of the World: The Turbulent History of Easter Island. London: Reaktion Books. Foerster, Rolf. 2010. “Voluntary Trip or Deportation? The Case of King Riroroko and Policies of Deportation on Easter Island (1897-1916)” en Rapa Nui Journal, vol.24 (2), pp. 36-46. Los Osos: Easter Island Foundation. Frontier, Arturo. 2008. Traducción de los escritos del Pua A Rahoa, La historia de la migración del primer rey Hotu Matu`a. Santiago: Pehuén Editores. Gana, Ignacio L. [Ignacio Luis]. 1903. “Descripción Científi ca de la Isla de Pascua” en Biblioteca Geográfi ca e Histórica Chilena: La Isla de Pascua, L. Ignacio Silva A. (editor), volumen primero, pp. 11-49. Santiago: Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona. Knoche, Walter. 1912. Tres Notas sobre la Isla de Pascua. Santiago de Chile: Imprenta Universitaria. Maude, H. E. [Henry Evans]. 1981. Slavers in Paradise: The Peruvian Slave Trade in Polynesia 1862-1864. Stanford: Stanford University Press. McCall, Grant. 1976. “European Impact on Easter Island: Response, Recruitment and the Polynesian Experience in Peru” en The Journal of Pacifi c History, Vol. 11, n°2 Labour Trade [Part 2], pp. 90-105. Moncada, Marcos. 2008. “La tradición naval respecto del primer buque chileno en Isla de Pascua” en Revista de Marina, nº 1-2008, pp. 62-71. Valparaíso. Moreno Pakarati, Cristián. 2011. “Rebelión, sumisión y mediación en Rapa Nui (1898-1915)” en La Compañía Explotadora de Isla de Pascua: Patrimonio, Memoria e Identidad en Rapa Nui, Claudio Cristino & Miguel Fuentes (eds.), pp. 75-89. Santiago: Escaparate ediciones. Richards, Rhys. 2008. Easter Island 1793 to 1861: Observations by Early Visitors Before the Slave Raids. Los Osos: Easter Island Foundation San Martín, Juan G. 2002. El Primer Soldado Pascuense. Placa en el Museo del Regimiento de Infantería nº2, “Maipo”, Playa Ancha, Valparaíso, Chile. Valenzuela, Zósimo. 1912. “La Isla de Pascua, 3ª parte” en La Revista Católica, vol. 13, nº 261. Santiago. Villalobos, Sergio. 2002. Chile y Perú: La Historia que nos une y nos separa. Santiago: Editorial Universitaria.

  1. Cristian_Moreno_Pakarati/publications

Libros históricos para estudio, consulta sobre el pueblo Mapuche

2015-09-20

Centro de Documentación Mapuche Ñuke Mapu

http://mapuche.info/index.php?kat=4&sida=6191

Libros históricos para estudio, consulta sobre el pueblo Mapuche (descarga en formato PDF)

Libros históricos para estudio, consulta sobre el pueblo Mapuche tanto en su estructura síquica y en su idiosincrasia, siendo la característica primaria del pueblo mapuche su fortaleza.

Nota: Estos documentos pertenece al patrimonio cultural comun, por lo que puede ser utilizado y reproducidos libremente.
Libros históricos para estudio, consulta sobre el pueblo Mapuche (descarga en formato PDF)

(más…)

Etnografía, aclarando conceptos .Video Pedagógico

Video Pedagógico que busca reflexionar sobre el que-hacer antropológico y su trabajo de campo: la ETNOGRAFIA. Desde un discurso polifónico y multitextual (uso de la escritura, la fotografía, el cine y/o el video) conversamos con los antropologos chilenos Michel Romieux, Daniel Quiroz, Roberto Morales, Guillermo Molina y Andre Menard. Y revisualizamos los trabajos de Bernardo Valenzuela (1950 / Cine 16mm), Carlos Munizaga (1961 / Fotografías impresas), Daniel Quiroz et al. (album)

<p><a href=”https://vimeo.com/9017915″>2001 / Yekusimaala / Etnografía, aclarando conceptos / 16 min</a> from <a href=”https://vimeo.com/elmanzano”>Felipe Maturana / El Manzano Pro</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Un Grito acerca de la dimensión laboral de los antropólogos/as chilenos en el contexto neoliberal .

  •  Señores/as
    Colegio de Antropólogos/as
    De mi consideración.
    Junto a saludarles quiero manifestarles una opinión/demanda/preocupación, a raíz de variadas
    experiencias –concepto central en nuestra profesión – en el ámbito laboral precarizado, como
    cualquier otro.
    Siendo un varón que ha estado desde sus inicios laborales, desde 2004-05, inmerso en la temática
    de género no es menor este tema al cual quiero aludir en esta petición, tanto personal como
    profesionalmente hablando.
    Desde mi titulación que no siento que haya habido un sentir de pertenecer a una comunidad de
    profesionales que configura una cierta preocupación conjunta. No pasa por pagar o no la
    colegiatura, o por recibir o no las cartas mensuales, manifestaciones por Internet a ciertas causas
    justas y más que legítimas en diferentes ámbitos sino por generar un quehacer compartido con
    quienes han optado por una profesión tan poco valorada en la actual sociedad, ni hablar de ser
    varón y “hacer” temas de género. Para que enumerarlas todas aquí sí solamente quisiera evocar
    algo de esas experiencias que seguramente más de alguno/a que lee estas líneas podrá
    imaginarse.
    Lo que he realizado, tanto académica como profesionalmente, en el campo de género ha sido a
    esfuerzo y costos personales – como cualquier mortal – y que, sin embargo, si no hay “contactos”
    no se logra nada. Masculinidad/es ha sido hace rato una temática emergente pero no se valida
    como tal ni se cuenta como un campo validado ni menos apreciado, a menos que esté la televisión
    o algo más público. Levantar legitimidad de una temática es difícil y manifiesto que esta demanda
    es algo que, específicamente, se viene gestando desde los 80´s en el mundo anglo, lentamente
    entró en el mundo hispanohablante en el 90´s y posterior a 2000 toma fuerza en América Latina, y
    Chile también. Ahora bien, género ha sido asociado históricamente al campo de “las mujeres”, y
    ha sido necesariamente así porque las razones obvias que ya mas o menos conocemos debido a
    ese proceso histórico del feminismo levantando causas justas, y necesarias, para las mujeres como
    una colectividad humana en una situación de desigualdad estructural. Entonces, ¿cómo hacerse
    presente en tanto varón heterosexual – y por tanto de la otra mitad privilegiada – en temas de
    género? Ciertamente ha sido difícil y, en parte, es el motivo por el cual estoy escribiendo estas
    palabras. Ahora bien, también es cierto que, laboralmente, he intentado en varias oportunidades
    insertarme laboralmente tanto en docencia como profesionalmente en el campo donde siento que
    tengo herramientas para estar y desde donde he tratado de enfocar mi quehacer profesional de
    manera coherente acumulando saberes y haceres que están enfocado en una temática que es y
    seguirá siendo necesario abordar en una país neoliberal y desigual como Chile. Hay todo una
    cosmovisión y nulo interés de abordar la temática de masculinidades como si fuera algo aparte de
    género y, peor aún, como si estuviera escondiendo una maquinaria contra lo ganado en materia
    de género por las feministas desde las sufragistas, desde Julieta Kirkwood, Elena Caffarena o
    tantas otras que desde su quehacer han motivado otras tantas destacadísimas mujeres en el
    campo de género. Demandar más visibilidad para la temática y cambiar la visión que se tiene de
    las masculinidades y género es para mí un tema importante porque claramente después de tanto
    intento de insertarme laboralmente desde mi perfil se topa con la perversidad del mundo laboral.
    Se exige doctorado pero es responsabilidad personal conseguir beca, se demanda doctorado para
    tener un puesto (estabilidad laboral) en una universidad pero nadie invierte en el capital humano.
    Ha habido profesionales que levantaron la temática en masculinidades pero que desde 1996 no
    han logrado instalar la temática como un punto de debate nacional en torno a cómo se configura
    las masculinidades, y también las feminidades, en un país como Chile.
    Otro de los temas que creo que no se está levantando, y tiene que ver como también nosotr@s
    como antropolog@s abordamos nuestra propia disciplina, es la temática de lo virtual. No puede
    ser que desde ya varias décadas no estamos debatiendo, en antropología, cómo está afectado la
    virtualidad en la comunidad, en el barrio, en temas de género y en el relacionamiento de las
    personas y como, finalmente, estamos construyendo cultura contemporánea. La antropología
    chilena debe hacerse cargo de mirar el fenómeno de internet como un fenómeno histórico
    material y simbólico vital para poder seguirle la pista a los procesos y mecanismo culturales que
    están configurando, hoy, la identidad chilena. No puede ser que la antropología chilena esté fuera
    de este campo temático y no tenga presencia en el debate para cambiar la visión que existe sobre
    la antropología como los que tratan a los indígenas. Hay procesos y evidencia de sobra que
    muestra que hemos, en la práctica, pasado ese umbral hace rato pero seguimos pegados y
    dependiendo de una visión totalmente anacrónica de “lo antropológico”. Hay quienes desde la
    precariedad máxima y sin siquiera un apoyo mínimo están desde sus casa y pagando sus cuentas
    para tener internet pensado sobre el fenómeno de Internet pero que no es tomado en cuenta
    para la reconfiguración disciplinaria que considero que es más que necesaria. No puede ser que la
    imagen que dejamos de la antropología sea Malinowski solamente. Debe ser un aporte que abra y
    diga que la antropología está tocando temáticas diversas y que entra a rebatirle/debatir
    sanamente las teorías, fenómenos y subjetividades puesta en escena en la/s cultura/s. Son
    destacados “los padres” pero invisibilizadas “las madres” de la antropología, y que efectivamente
    podemos hacer aportes desde temáticas novedosas y necesarias de la actualidad y no solo desde
    la contingencia.
    Por lo tanto, hago un llamado a que este gremio levante un debate serio y pausado, de aquí en
    adelante, sobre la dimensión laboral de antropólogos/as, desde la temática de masculindades y
    género, y de lo virtual, en la actualidad chilena. ¿Qué enfrentamos como dificultades? ¿Para qué
    se nos contrata? (Temáticas, campos e instituciones) ¿Cuál es la representación social que nos
    marca y pesa en tanto profesión que siento (desde el punto de vista del empleador/a) ni chicha ni
    limoná (Discurso tipo “no es psicólogo ni sociólogo sino uno que busca huesitos o se relaciona con
    los indígenas”) Creo que reside una pisca de responsabilidad en tanto colectividad social de
    levantar un debate sobre estas y temáticas asociadas. Masculinidad/es que ha sido mi caballito de
    lucha desde que me inicié como antropólogo no es un tema de políticas públicas ni debates
    sociales, y por tanto ni menos en ámbito de lo privado excepto por hitos escasísimos contados en
    una mano durante más de 13 años de trayectoria. Y eso, como cualquier mortal, no paga cuentas
    ni salda deudas, y de eso estamos lleno. Y sí hay responsabilidad personal e individual de – en
    buen chileno no “moverse” para conseguir trabajo. Pero la precarización laboral es justamente
    eso, pololitos por aquí y por allá, ser profesor taxi y más encima sin enfrentarlo, como colectividad,
    de manera conjunta ni solidaria como antropólogas/os es lo que me sorprende pero esto es un
    llamado para que se levante temáticas desde una colectividad como la instancia que creo
    correponde para debatir de NosOtros, un concepto que incluye, dinámicamente lo propio y lo
    ajena, campo en donde somos estudiosos y estudiados. Es un llamado, en conjunto con este
    concepto, de repensar la antropología desde la cotidianidad y desde la Mismidad.
    Hagámonos, pensémoslos y, por sobre todo, sintámonos.
    Se despide,
    Devanir da Silva Concha
    Santiago, 31 de Julio 2015.
  • Gracias, Devanir. Tu llamado es muy necesario y creo que llega en “buenahora”. El colegio es quizás los más cercano al concepto de comunidad antropológica que tenemos en Chile. No es casual que nos sea tan difícil sostener ese sueño. Pienso que el contexto neoliberal y nuestra desgarradora historia política y disciplinar permiten entender esa realidad de “archipiélago” que queremos transformar. Quisiera invitarte a reconstituir una comisión de Género (la hubo, en los peores años, durante la dictadura y después los colegas participantes se disgregaron en diversas instituciones y trayectorias). Tengo en la mente algunos nombres de colegas que trabajan masculinidades que te podría enviar “por el interno de FB”. Hoy me parece que se puede intentar un desarrollo transdisiplinar (hay contacto con algunos maestros que nos pueden ayudar). Quedo atento a tu respuesta. Y nuevamente, gracias por el Grito..

Devanir Da Silva Concha

Gracias a ti por responder y ver lo que hay detrás de mis palabras y grito ahogado, y ahora quizás un poco menos. Esto nace de una necesidad producto de algunos años de docencia comprometida al tema pero empobrecida, activismo con compañeros dentro del tema de masculinidades que se conjuga en mi identidad como antropologo (con historia personal globalizada) en un país que necesita de cientistas sociales que hagan carne lo que pasa en términos diciplinarios. O sea hacer carne la noción de comunidad, hacer carne reflexividad, hacer carne trabajo de campo, y hacer carne el NosOtros en el quehacer no solo antropológicos como si fuera un ghetto epistemológico sino de las ciencias sociales en general. Ciertamente para poder pensar nos no solo como cientistas sociales sino también como hombres (en términos de género) dentro del ejercicio académico. Entonces, más que mesa de género y masculinidades, que por cierto que me gustaría poder contribuir a rearmar porque tengo varias apreciaciones en esa linea, es levantar dos lineas de debate y reflexión antropológica que no están siendo tomadas en cuenta y están fuera del debate entorno a cuestiones centrales. Quedo a disposición de conformar y revitalizar la comisión que mencionas Rodrigo Sepúlveda y me dispongo a hacer un llamado desde esa instancia que tenga que ver con el tema diciplinario/laboral, y de manera secundaria pero no menos importante de género/masculinidades y tema virtual.

Alfonso E Madrid

Devanir, valiente e iconoclasta tu llamado de atención. Hacer público el casi sempiterno oximorón “secreto a viva voz”, de todo conocimiento, que concluye en una profesión, dentro de una sociedad neolliberal- capitalista que tan bien adjetiva y describe Beatriz Preciado en su Testo Yonqui,* es un desafio a todo un sistema construido y estampado en nuestros cuerpos sapiens , a sangre, sudor y lagrimas,
El guante está lanzado y leo con beneplácito que Rodrigo Sepulveda lo recoje, espero conocer de avances y retrocesos, y más que eso, poder palpar las diferencias a traves de la red. Habrá que construir en ese imaginario colectivo, particularmente chileno, y desde la antropología, ese concepto que verte Manuel Castells con respecto a las transformaciones : “Las instituciones deben ser cambiadas desde fuera”, tu has dado un primer paso con esta carta a éstas necesaria transformaciones, las describes, las identificas. Modestamente me sumo a una eventual colaboración y mucha suerte. Slds.

*Testo Yonqui.   La autora analiza el modo en que las estructuras políticas y de poder determinan (con frecuente violencia) la experiencia de la propia persona, la vivencia de nuestro cuerpo y, en consecuencia, el papel social que desempeñamos

Estar fuera de Internet te margina

Lenguaje y crisis política. ..Todos parlotean ruidosamente, pero nadie escucha

Lenguaje y crisis política

Normalistas retiran propaganda electoral en Chilpancingo. Foto: Germán Canseco
Normalistas retiran propaganda electoral en Chilpancingo.
Foto: Germán Canseco

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Quizá la manera más profunda de abordar la crisis del país sea analizarla desde el lenguaje. Olvidamos con frecuencia que el mundo de lo humano está hecho de palabras y, en consecuencia, de sentido. Si ellas vacilan, si los significados –que están en las palabras– se pierden, la vida política y social también se desmorona. Octavio Paz lo dijo en una síntesis espléndida: “Cuando los significados se corrompen, las sociedades se pierden y se prostituyen”.

¿Dónde empezó la corrupción del lenguaje? Es difícil decirlo. Georges Steiner ha dedicado una vasta y profunda obra a intentar comprenderlo. Pero podemos decir que una de sus causas es la velocidad tecnológica de los medios y la ausencia de silencio que provocan. Si algo caracteriza a nuestra sociedad es la reducción del lenguaje a una simultaneidad sucesiva de mensajes sin sustancia ni sustento. En la infinidad de páginas electrónicas, de mails, de programas noticiosos de radio y televisión, de Twitter, de Facebook, de chats, de WhatsApp, todos parlotean ruidosamente, todos creen tener algo importante que decir, pero nadie escucha, porque no hay ni silencio ni contenido sobre el cual pensar. Cuando llega a haber uno, la ausencia de silencio y atención en el escucha o en el lector –otra forma de la escucha–, y la deformación de su lenguaje, son tales que el receptor no llega a comprender nada y sus respuestas son tan imbéciles como su falta de atención.

Para confirmarlo basta con entrar en una de las numerosas páginas electrónicas de los diarios, leer en silencio un buen artículo de un analista político y dirigirse a los comentarios que lo acompañan. Lo que uno encuentra allí es un montón de lugares comunes y críticas que nada tienen que ver con la tesis y el contenido del artículo. Ese caos lingüístico, esa ausencia de entendimiento, esa verborrea –ajena a la sintaxis y a la ortografía– que pasa de la idiotez al insulto, tiene su correlato en la violencia diaria, en el caos social, en la ausencia de contenidos políticos de los supuestos candidatos a puestos de elección, y en la ignorancia, el cinismo, la frivolidad y la estupidez casi orgánica de nuestros gobernantes. El ejemplo más explícito hoy –para no remontarnos hasta Vicente Fox– es el actual presidente de la República y su familia.

La privación de lecturas serias –leer exige un ejercicio profundo del silencio y atención–, la reducción del lenguaje a un mero acto informativo, la pérdida de los significados –no sabemos ya lo que las palabras denotan, su significación real– y el constreñimiento del habla o de la escritura a un puñado de términos manidos por los medios, sólo pueden redundar en lo que hoy vivimos: la destrucción de la vida social y política.

Esta degradación del lenguaje tiene, sin embargo, un antecedente en México: la inhumanidad de la clase política que, desde que terminó la Revolución y se instauró el priismo, ha embrutecido el lenguaje. Ella –aun antes de la revolución tecnológica de los medios de comunicación– no ha dejado de emplearlo para justificar la falsía política. No hay mentira, por más burda que sea, que no justifique tercamente; no hay crueldad, por más abyecta y espeluznante que se presente, que no disculpe o encubra en la inane verborrea de la politiquería.

La desintegración del lenguaje por la velocidad de los medios de comunicación no podría haber alcanzado los grados de corrupción y de inanidad que éste tiene si antes los maestros de la vida política, es decir, de la ciudad –los gobernantes–, no lo hubieran pervertido y embrutecido.

Por ello, la poesía y el teatro –donde el lenguaje guarda los significados profundos de lo humano y de la vida política– han sido desplazados al lugar del espectáculo o, en el mejor de los casos, al nicho de lo íntimo. Han perdido su capacidad para refundar la vida social.

Antiguamente –pienso en los profetas del mundo hebreo o en los trágicos del mundo helénico– tenían el poder de interpelar a una nación, denunciar sus atrocidades y recomponer los significados. “En Las troyanas –escribe Steiner– Eurípides poseía la autoridad poética para comunicar al público ateniense la injusticia del saqueo de Melos, para comunicarlo y reprocharlo. Aún había proporción entre la crueldad y la capacidad de reacción de la imaginación”. Hoy ya no tienen ese poder. Cuando llegan a tenerlo –pienso en el zapatismo o en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, dos movimientos llenos de poesía– es sólo un breve destello que pronto es tragado por la velocidad del lenguaje vacío de los medios, de la politiquería y de las dosis diarias de horror que nos hacen tragar hasta insensibilizarnos para las nuevas atrocidades.

Mientras –parafraseo a Steiner– en nuestros periódicos, en nuestras aulas, en nuestras leyes, en nuestros medios de comunicación, en nuestra lectura y en nuestros actos no podamos devolver al lenguaje algún grado de claridad y seriedad a sus significados, nos hundiremos cada vez más en el caos y sus violencias, o sea en el infierno: el territorio de la mudez, la atrocidad y el no sentido. Una civilización que corrompe sus palabras no sobrevivirá mucho tiempo.

*

Javier Sicilia – Wikiquote

“Yo, yo, yo” parece ser el mantra de hoy. La moda del culto a la imagen

El síndrome Selfie: de la moda al narcisismo

¿La egolatría es una reacción inevitable en las plataformas sociales?

Un análisis describe cómo el uso excesivo de Facebook y Twitter despierta el narciso de los usuarios. Pese a que lo consideran una moda, especialistas alertan sobre sus efectos.

Si hace poco ya os hablábamos sobre La obsesión por estar conectados a través de los dispositivos móviles hoy os hablamos de los tan conocidos “selfies”

¿Existe el síndrome “selfie”? Las redes sociales nos han convertido en narcisistas.

“Selfie”, ¿qué dicen de ti tus fotos?

Si eres fanático de compartir autorretratos (selfies) en redes sociales o conoces a alguien así, esta información te interesa, ya que expertos aseguran que al hacerlo reiteradamente podrían estar expresándose ciertas necesidades… ¿Tú qué opinas?

Bajo el hashtag (etiqueta) #me o #selfie, que suele acompañar a los autorretratos, miles de personas publican sus fotos en redes sociales; tan sólo en Facebook se calcula que circulan más de 240 mil millones pero, ¿por qué lo hacen? Los motivos varían:

Por diversión.
Para presumir logros.
Como mensaje para alguien.
Para compartir momentos.

Aunque no se debe generalizar, expertos en Psicología advierten que exponer excesivamente la vida personal también podría hablar de sujetos con baja autoestima, quienes buscan aprobación y aceptación de los demás.

Sociólogos y psiquiatras coinciden en que la gente exhibe solamente lo que quiere mostrar, construyéndose así una identidad que se pone a consideración de los demás para recibir retroalimentación y ser validada.

Por ello, hay quienes consideran la tendencia selfie como acto de vanidad que indica narcisismo, o bien, falta de autoestima que se traduce en necesidad de autoafirmación y construcción de la identidad.

El síndrome del “Selfie”

Pero ¿qué es un “selfie”? El acto de autofotografiarse mediante un Smartphone o, incluso, una cámara web mientras estamos comiendo sushi en nuestro restaurante japonés favorito, nos compramos unas camisetas último modelo o tomamos algo, y la subida de dichas fotos a la red (claro que siempre que hacemos algo que no esté muy alcance de una mayoría en crisis) se llama Selfie.

Junto con los avances de la tecnología y el auge de las redes sociales, los “Selfies” se autoretratan una y otra vez en la misma postura. Ésta se repite vez tras vez y es posteada casi que instantáneamente en sus perfiles sociales. A partir de aquí, su mayor preocupación es cuántos “me gusta” o cuántos “retweets” va a recibir la foto en cuestión. Y, si, además, nos dedican uno o más comentarios, la popularidad aumenta como la espuma…

Selfie, término que fue elegido en 2012 por la revista Time, como uno de los que marcaron tendencia año.

“Yo, yo, yo” parece ser el mantra de hoy. ¿Nos estaremos volviendo narcisistas en la cultura digital? Tomarse una foto de uno mismo ocasionalmente puede ser algo divertido si no nos lo tomamos en serio. Sin embargo, cuando vemos a personas que se toman fotos cada cinco minutos, en todas las poses y circunstancias posibles, para postearlas en las redes sociales y cambiar su perfil a diario, algo nos hace ruido.

¿Sabías que en Instagram hay: 36 millones de fotos tagueadas (o etiquetadas) con la palabra “selfie”, 96 millones con “yo” y no sabemos cuántas más del estilo, que no tienen ninguna etiqueta. La popularidad del selfie parece sugerir algo más allá de lo frívolo.

¿Se trata de soledad, inseguridad, vanidad? ¿Te ha tocado ver a mujeres que en un evento social se toman un selfie a manera de espejo? Lo que llama la atención es que no lo hacen fuera de las miradas; al contrario, lo hacen frente a todos. Pero ¿Qué nos dicen los estudios?

Según los especialista en redes sociales, los usuarios elaboran, diariamente, una pequeña novela de su vida en donde Facebook es el espejo y Twitter el megáfono social, en busca de likes o follows
: “Dado que empieza el tema de la aceptación de los demás, el usuario tiende a hacerse adictivo a que le den un me gusta, por eso la necesidad de presumir lo que se está haciendo siempre”.

El sitio web Best Computer Science Schools detalla mediante una infografía que esta tendencia de las redes sociales, está convirtiendo a los sujetos en narcisistas ya que, mediante las autofotografías se revela cómo muchos usuarios persiguen la vanidad y la admiración de sus atributos físicos e intelectuales lo cual puede conllevar problemas psicológicos como depresión, trastornos obsesivos – compulsivos y dismorfofobia, por citar solo algunos.

Selfies, adictos a los autorretratos

La palabra de origen inglés selfie define no solamente a los autorretratos, también a aquellos sujetos obsesionados con publicarlos y compartirlos, necesidad basada, indican expertos, en moda social caracterizada por la idea de que sólo existe lo que está en los medios.

Al respecto, un estudio de las universidades de Birmingham, Edimburgo y Heriot-Watt, en Reino Unido, realizado con apoyo de 500 usuarios de la red social más grande del mundo, Facebook, reveló que quienes publican selfies de forma exagerada suelen tener relaciones más superficiales y peor sentido de la intimidad, y que es esta última característica la que aleja a las personas acostumbradas al trato “cara a cara” (vida “analógica”), para quienes la exposición pública debilita el vínculo afectivo que existe en la vida real.

Sin embargo, expertos aclaran que en los últimos años, especialmente para los “nativos digitales” (aquellos nacidos a partir de 1980), el concepto de amistad e intimidad ya no implica necesariamente presencia física. Por ello, son las personas jóvenes quienes con mayor frecuencia buscan la aceptación de la gente mediante redes sociales, de modo que publicar selfies puede ser contraproducente si no reciben la retroalimentación esperada, dañando así su autoestima.

Pese a ello, investigadores advierten que nos acercamos a la “Web 3.0”, donde los usuarios se convierten en consumidores de lo que producen (prosumers), de ahí la creciente moda de tomar, publicar y comentar autorretratos que reflejan, incluso, íntimos estados emocionales que perfilan la identidad.

#me, fotos que dicen quién soy

El uso desmedido de las redes sociales refleja, en sus jóvenes usuarios, signos narcisistas, reportó un análisis de The Best Computer Science Schools, un fenómeno que han identificado como el “síndrome selfie”.

¿Cómo es un narcisista?

Es un trastorno de la personalidad que implica la preocupación por sí mismo y sobre cómo es percibido por los demás. El narcisista está interesado por la satisfacción de su vanidad y la admiración de sus propios atributos físicos e intelectuales.

¿Les suena? Posiblemente, las redes sociales hayan contribuido a que la sociedad, en general, se haya vuelto más narcisista. Diversos estudios confirman esta teoría. Así,Facebook y Twitter son dos de las redes sociales que más han promovido esta tendencia selfie. En este sentido, los investigadores destacan que la gente que escribe mucho en Facebook demuestra tener una personalidad bastante insegura y narcisista. ¿Y los que saturan su timeline de Twitter con aspectos de su vida cotidiana? Igualmente ; significa que necesitan la aprobación de los demás y son, por tanto, narcisistas.

¿ Cuáles son las características de un narcisista?

Los síntomas de una persona narcisista:

1) No escucha, sólo oye para ver cómo descarta, niega, descalifica o ignora el comentario del otro.
2) Se preocupa por sí mismo. Suele ser egoísta, estar interesado en su propio bien. Si es generoso, generalmente responde a sus propios intereses.
3) Se siente por encima de todos, superior a los demás; las reglas no aplican a su persona o situación.
4) Intolerante a la crítica. Suele tener un concepto inflado de sí mismo y de su importancia; sin embargo, cualquier pequeña crítica negativa lo tumba.
5) No aceptan responsabilidad. Suelen echarle la culpa a otros de las cosas que van mal.
6) Son explosivos. Cualquier pequeñez los enoja y los puede sacar de sus cabales

Efectos negativos del abuso de las redes sociales

Según diferentes estudios, el uso excesivo de las redes sociales puede producir problemas psicológicos como:

Déficit de Atención e Hiperactividad
Depresión
Trastorno Obsesivo-Compulsivo
Trastorno de Personalidad Narcisista
Trastornos esquizoafectivo y esquizotípico
Hipocondria
Adicción
Algunas señales de alarma se disparan antes de que una afición se convierta en una adicción. Aquí te decimos cuales son las señales de alarma.

Los efectos psicológicos del abuso de las redes sociales

Facebook
– Los usuarios de Facebook tienden más a tener personalidades narcisistas o inseguros
– Las personas con puntuaciones más altas en narcisismo fueron aquellas que realizaban actualizaciones frecuentes de los estados, publicaban fotos de ellos mismos y usaban frases o lemas para autoalabarse
– Una encuesta 2012 de los abogados matrimonialistas, muestra que Facebook había estado implicado en ⅓ de todas las solicitudes de divorcio el año anterior

Twitter
– En un estudio de estudiantes universitarios de la Universidad de Michigan, se encontró que los que puntuaron más alto en narcisismo también publicaban de forma más continua en Twitter.
– Los usuarios más jóvenes usan Twitter para ampliar sus círculos sociales y difundir puntos de vista.

La moda del culto a la imagen

Lo que ha hecho el fenómeno de los selfies y el narcisismo es enfocarse a la imagen. Nos ha puesto en la mano un mecanismo que quizá muchos deseábamos tener antes, pero no había los medios.

Se puede hacer de esto un círculo virtuoso, potenciando la imagen positiva o atractiva; o un círculo vicioso al resaltar una imagen negativa; sin contar con las personas que no ponen una imagen verdadera de sí mismos. Por supuesto, no todos son críticas a este narcisismo elevado, puesto que los “like” o los “follow” de la imagen subida puede ocasionar un aumento de la autoestima que, quizás, antes se encontraba por los suelos. Ya se sabe que nunca están demás las palabras bonitas.

Al realizar estos autoretratos, los “selfies” suelen sentirse superiores a los demás pero también, suelen irritarse rápidamente y no son capaces de aceptar las críticas, y les encanta fotografiarse con alguna herramienta electrónica.

SELFIES ALREDEDOR DEL MUNDO”>http://www.slideshare.net/maditabalnco/the-selfie-phenomenon-around-de-globe”&gt;

Marxismo cultural

Marxismo cultural

Marxismo Cultural se refiere a una escuela o rama del marxismo que analiza la cultura como el factor decisivo en la opresión planteado, en lugar de los factores económicos que Karl Marx enfatizó.1 Una consecuencia del marxismo occidental (especialmente Antonio Gramsci y la Escuela de Frankfurt) y la búsqueda de popularidad en la década de 1960 como los estudios culturales, el marxismo cultural sostiene que existen estructuras de poder opresivas dentro de los artefactos culturales tradicionales de la sociedad occidental como el capitalismo, el nacionalismo, la familia nuclear, el género, la raza o la identidad cultural,1 y que el objetivo del marxismo cultural es utilizar métodos de Marx (por ejemplo, el materialismo dialéctico) dentro de la academia para exponer y desafiar a esa “hegemonía capitalista”.

En la política actual, el término también se ha utilizado para describir un conjunto de valores que se ejecutan en la oposición directa de los principios básicos de la sociedad occidental y la religión cristiana2 mediante la promoción de los valores occidentales fundamentales como atrasados, obsoletos u opresiva. Este programa es visto como el verdadero propósito detrás de la corrección política y el multiculturalismo, que se identifican con el marxismo cultural.3 4 Este uso es popular entre algunos expertos políticos de habla inglesa de derecha, que se ven en una guerra cultural con marxistas asumen haber subvertido las instituciones occidentales como escuelas, universidades, medios de comunicación, la industria del entretenimiento y las iglesias más principales.5

Explicación de la teoría del marxismo cultural

Somos, en términos de Marx, “un conjunto de relaciones sociales” y vivimos nuestras vidas en el centro de la intersección de un número de relaciones sociales desiguales en base a estructuras jerárquicamente relacionadas entre sí que, en conjunto, definen la especificidad histórica de los modos capitalistas de producción y reproducción y calzar sus manifestaciones observables.

Martha E. Gimenez, Marxismo y CLases, género y raza: Repensando la Trilogía6

Según el profesor de UCLA y crítico teórico Douglas Kellner, “Muchos teóricos marxistas del siglo 20, desde Georg Lukács, Antonio Gramsci, Ernst Bloch, Walter Benjamin y TW Adorno a Fredric Jameson y Terry Eagleton emplean la teoría marxista para analizar las formas culturales en relación con su producción, sus implicaciones con la sociedad y la historia, y su impacto e influencia en el público y la vida social “.7 8 Los investigadores han utilizado diversos tipos de crítica social marxista para analizar los artefactos culturales.

Escuela de Frankfurt y la teoría crítica

La Escuela de Frankfurt es el nombre que generalmente se usa para referirse a un grupo de estudiosos que se han asociado en un momento u otro durante varias décadas con el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Frankfurt, como Theodor W. Adorno, Max Horkheimer, Ernst Bloch, Walter Benjamin, Erich Fromm, Herbert Marcuse, Wolfgang Fritz Haug y Jürgen Habermas. En la década de 1930 el Instituto de Investigación Social fue obligado a salir de Alemania por el ascenso del Partido Nazi. En 1933, el Instituto fue de Alemania a Ginebra. A continuación, se trasladó a Nueva York en 1934, donde se convirtió en afiliada con la Universidad de Columbia. Su revista Zeitschrift für Sozialforschung fue consecuencia renombrado estudios en Filosofía y Ciencias Sociales. Fue en ese momento en que gran parte de su importante labor comenzó a surgir, después de haber obtenido una buena acogida en el mundo académico americano y Inglés.

Entre las obras principales de la Escuela de Frankfurt, que aplica las categorías marxistas para el estudio de la cultura eran Adorno “en la música popular”, que fue escrito con George Simpson y publicado en Estudios de Filosofía y Ciencias Sociales en 1941 y argumentó que la música popular fue, por diseño y promoción”, totalmente antagónica al ideal de la individualidad en una sociedad liberal libre”,9 de Adorno y Horkheimer “La industria cultural: Ilustración como engaño de masas”, originalmente un capítulo en la Dialéctica de la Ilustración (1947), que argumentó que la cultura refuerza “el poder absoluto del capitalismo”,10 y la “industria de la cultura reconsiderado”, una radio conferencia 1963 por Adorno.11

A partir de 1945 una serie de estos marxistas sobrevivientes volvió a oeste y de la Alemania Oriental. Adorno y Horkheimer regresaron a Frankfurt en 1953 y restableció el Instituto. En Alemania Occidental a finales de 1950 y comienzos de 1960, un renovado interés en el marxismo producido una nueva generación de marxistas que participan en asuntos tales como el análisis de las transformaciones culturales que tienen lugar en el capitalismo fordista, el impacto de los nuevos tipos de música popular y el arte de las culturas tradicionales y el mantenimiento de la integridad política del discurso en la esfera pública.12 Este renovado interés se ejemplifica por la revista Das Argument. La tradición de pensamiento asociada a la Escuela de Frankfurt es la Teoría Crítica.

Birmingham School y los estudios culturales

El trabajo de la Escuela de Frankfurt y del pensador marxista Antonio Gramsci fue particularmente influyente en la década de 1960, y tuvo un gran impacto en el desarrollo de los estudios culturales, especialmente en Gran Bretaña. Como Douglas Kellner escribe:

El marxismo cultural fue muy influyente en el mundo occidental, especialmente en la década de 1960, cuando Marx pensaba que era de lo más prestigioso y procreador( sería preferible otro término). Los teóricos como Roland Barthes y el grupo Tel Quel en Francia; Galvano Della Volpe, Lucio Colletti y otros en Italia; Fredric Jameson, Terry Eagleton y la cohorte de 1960 quiene representaban a los radicales culturales en el mundo de habla inglesa, y un gran número de teóricos a lo largo del mundo utiliza el marxismo cultural para desarrollar modos de los estudios culturales que analizan la producción, interpretación y recepción de bienes culturales dentro de las condiciones socio-históricas concretas que habían impugnado efectos y usos políticos e ideológicos. Una de las formas más famosas e influyentes de los estudios culturales, inicialmente bajo la influencia del marxismo cultural, surgió en el Centro de Estudios Culturales Contemporáneos de Birmingham, Inglaterra dentro de un grupo conocidos como la Escuela de Birmingham.7

Véase también

Referencias

  1. Merquior, J.G. (1986). Western Marxism, University of California Press/Paladin Books, ISBN 0586084541
  2. http://www.westernrevival.org/who_stole_our_culture.htm
  3. http://destoryculturalmarxism.blogspot.de/2013/01/what-is-cultural-marxism.html
  4. http://www.worldviewweekend.com/worldview-times/article.php?articleid=4104
  5. http://www.thevoicemagazine.com/culture/politics/christians-fight-against-cultural-marxism.html
  6. Marxism and Class, Gender and Race: Rethinking the Trilogy, by Martha E. Gimenez, Published (2001) in Race, Gender and Class, Vol. 8, No. 2, pp. 23-33.
  7. Douglas Kellner, “Cultural Marxism and Cultural Studies,”http://www.gseis.ucla.edu/faculty/kellner/essays/culturalmarxism.pdf, circa 2004.
  8. Douglas Kellner, “Herbert Marcuse,” Illuminations, University of Texas, http://www.uta.edu/huma/illuminations/kell12.htm.
  9. On popular music“. Originally published in: Studies in Philosophy and Social Science, New York: Institute of Social Research, 1941, IX, 17-48. See Gordon Welty “Theodor Adorno and the Culture Industry” (1984).
  10. Theodor W. Adorno and Max Horkheimer “Enlightment as mass deception” Dialectic of Enlightenment. London: Verso, 1979, 120-167 (originally published as: Dialektik der Aufklärung. Amsterdam: Querido, 1947). On-line the University of Groningen website and Marxist Internet Archive. See Gordon Welty “Theodor Adorno and the Culture Industry” (1984).
  11. Lecture in the International Radio University Program over the Hessian Broadcasting System which was published in German in 1967, English translation in New German Critique, 6, Fall 1975, 12-19 (translated by Anson G. Rabinbach). See Gordon Welty “Theodor Adorno and the Culture Industry” (1984).
  12. e.g. Jürgen Habermas (1962 trans 1989) The Structural Transformation of the Public Sphere: An Inquiry into a category of Bourgeois Society, Polity, Cambridge.

Otras lecturas

Tipos de Investigación científica. Franck Morales

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Por Frank Morales

Existen varios tipos de investigación científica dependiendo del método y de los fines que se persiguen. La investigación, de acuerdo conSabino (2000), se define como “un esfuerzo que se emprende para resolver un problema, claro está, un problema de conocimiento” (p. 47).

Actualización de enlaces: 2 de mayo de 2014

Por su lado Cervo y Bervian (1989) la definen como “una actividad encaminada a la solución de problemas. Su Objetivo consiste en hallar respuesta a preguntas mediante el empleo de procesos científicos” (p. 41).

Ahora bien, desde el punto de vista puramente científico, la investigación es un proceso metódico y sistemático dirigido a la solución de problemas o preguntas científicas, mediante la producción de nuevos conocimientos, los cuales constituyen la solución o respuesta a tales interrogantes.

La investigación puede ser de varios tipos, y en tal sentido se puede clasificar de distintas maneras, sin embargo es común hacerlo en función de su nivel, su diseño y su propósito. Sin embargo, dada la naturaleza compleja de los fenómenos estudiados, por lo general, para abordarlos es necesario aplicar no uno sino una mezcla de diferentes tipos de investigación. De hecho es común que hallar investigaciones que son simultáneamente descriptivas y transversales, por solo mencionar un caso.

El nivel de investigación: Este se refiere al grado de profundidad con que se aborda un fenómeno u objeto de estudio. Así, en función de su nivel el tipo de investigación puede ser Descriptiva,Exploratoria o Explicativa.

1. Investigación Descriptiva:

En las investigaciones de tipo descriptiva, llamadas también investigaciones diagnósticas, buena parte de lo que se escribe y estudia sobre lo social no va mucho más allá de este nivel. Consiste, fundamentalmente, en caracterizar un fenómeno o situación concreta indicando sus rasgos más peculiares o diferenciadores.

En la ciencia fáctica, la descripción consiste, segúnBunge, en responder a las siguientes cuestiones:

– ¿Qué es? > Correlato.
– ¿Cómo es? > Propiedades.
– ¿Dónde está? > Lugar.
– ¿De qué está hecho? > Composición.
– ¿Cómo están sus partes, si las tiene, interrelacionadas? > Configuración.
– ¿Cuánto? > Cantidad

El objetivo de la investigación descriptiva consiste en llegar a conocer las situaciones, costumbres y actitudes predominantes a través de la descripción exacta de las actividades, objetos, procesos y personas. Su meta no se limita a la recolección de datos, sino a la predicción e identificación de las relaciones que existen entre dos o más variables. Los investigadores no son meros tabuladores, sino que recogen los datos sobre la base de una hipótesis o teoría, exponen y resumen la información de manera cuidadosa y luego analizan minuciosamente los resultados, a fin de extraer generalizaciones significativas que contribuyan al conocimiento.

1.1. Etapas de la investigación descriptiva:

1.      Examinan las características del problema escogido.

2.      Lo definen y formulan sus hipótesis.

3.      Enuncian los supuestos en que se basan las hipótesis y los procesos adoptados.

4.      Eligen los temas y las fuentes apropiados.

5.      Seleccionan o elaboran técnicas para la recolección de datos.

6.      Establecen, a fin de clasificar los datos, categorías precisas, que se adecuen al propósito del estudio y permitan poner de manifiesto las semejanzas, diferencias y relaciones significativas.

7.      Verifican la validez de las técnicas empleadas para la recolección de datos.

8.      Realizan observaciones objetivas y exactas.

9.      Describen, analizan e interpretan los datos obtenidos, en términos claros y precisos.

 

1.2. Recolección de datos de la investigación descriptiva:

En el informe de la investigación se señalan los datos obtenidos y la naturaleza exacta de la población de donde fueron extraídos. La población —a veces llamada universo o agregado— constituye siempre una totalidad. Las unidades que la integran pueden ser individuos, hechos o elementos de otra índole. Una vez identificada la población con la que se trabajará, entonces se decide si se recogerán datos de la población total o de una muestra representativa de ella. El método elegido dependerá de la naturaleza del problema y de la finalidad para la que se desee utilizar los datos.

Población total: Muchas veces no es difícil obtener información acerca de todas las unidades que componen una población reducida, pero los resultados no pueden aplicarse a ningún otro grupo que no sea el estudiado.

Muestra de la población: Cuando se trata de una población excesivamente amplia se recoge la información a partir de unas pocas unidades cuidadosamente seleccionadas, ya que si se aborda cada grupo, los datos perderían vigencia antes de concluir el estudio. Si los elementos de la muestra representan las características de la población, las generalizaciones basadas en los datos obtenidos pueden aplicarse a todo el grupo.

1.3. Expresión de datos de la investigación descriptiva:

Los datos descriptivos se expresan en términoscualitativos y cuantitativos. Se puede utilizar uno de ellos o ambos a la vez.

Cualitativos (mediante símbolos verbales): Se usan en estudios cuyo objetivo es examinar la naturaleza general de los fenómenos. Los estudios cualitativos proporcionan una gran cantidad de información valiosa, pero poseen un limitado grado de precisión, porque emplean términos cuyo significado varía para las diferentes personas, épocas y contextos. Los estudios cualitativos contribuyen a identificar los factores importantes que deben ser medidos. (Visión cientificista).

Cuantitativos (por medio de símbolos matemáticos): Los símbolos numéricos que se utilizan para la exposición de los datos provienen de un cálculo o medición. Se pueden medir las diferentes unidades, elementos o categorías identificables.

1.4. Tipos de investigación descriptiva:

Tomando en cuenta que las siguientes categorías no son rígidas, muchos estudios pueden encuadrarse sólo en alguna de estas áreas, y otros corresponden a más de una de ellas. Encuestas, estudio deInterrelaciones y estudios de Desarrollo

1. Estudios tipo encuesta.

Se llevan a cabo cuando se desea encontrar la solución de los problemas que surgen en organizaciones educacionales, gubernamentales, industriales o políticas. Se efectúan minuciosas descripciones de los fenómenos a estudiar, a fin de justificar las disposiciones y prácticas vigentes o elaborar planes más inteligentes que permitan mejorarlas. Su objetivo no es sólo determinar el estado de los fenómenos o problemas analizados, sino también en comparar la situación existente con las pautas aceptadas. El alcance de estos estudios varía considerablemente; pueden circunscribirse a una nación, región, Estado, sistema escolar de una ciudad o alguna otra unidad. Los datos pueden extraerse a partir de toda la población o de una muestra cuidadosamente seleccionada. La información recogida puede referirse a un gran número de factores relacionados con el fenómeno o sólo a unos pocos aspectos recogidos. Su alcance y profundidad dependen de la naturaleza del problema.

2. Estudios de interrelaciones.

Si el objeto es identificar las relaciones que existen entre los hechos para lograr una verdadera comprensión del fenómeno a estudiar, los estudios de esta índole son los estudios de casos, estudioscausales comparativos y estudios de correlación.

Estudio de casos: 

El educador realiza una investigación intensiva de una unidad social o comunidad. Para ello recoge información acerca de la situación existente en el momento en que realiza su tarea, las experiencias y condiciones pasadas y las variables ambientales que ayudan a determinar las características específicas y conducta de la unidad. Después de analizar las secuencias e interrelaciones de esos factores, elabora un cuadro amplio e integrado de la unidad social, tal como ella funciona en la realidad. El interés en los individuos no es considerándolo como personalidad única, sino como tipos representativos. Se reúnen los datos a partir de una muestra de sujetos cuidadosamente seleccionados y se procuran extraer generalizaciones válidas sobre la población que representa la muestra. El objetivo de los estudios de casos consiste en realizar una indagación a profundidad dentro de un marco de referencia social; las dimensiones o aspectos de dicho marco dependen de la naturaleza del caso estudiado.

Un estudio de casos debe incluir una considerable cantidad de información acerca de las personas, grupos y hechos con los cuales el individuo entra en contacto y la naturaleza de sus relaciones con aquéllos. Los seres humanos desarrollan una constante interacción con diversos factores ambientales, por eso es imposible comprender su conducta sin examinar tales relaciones. Los datos deben provenir de muchas fuentes. Se puede interrogar a los sujetos mediante entrevistas o cuestionarios y pedirles que evoquen experiencias pasadas o sus deseos y expectativas presentes. Se estudian documentos personales como diarios y cartas, efectuando distintas mediciones físicas, psicológicas o sociológicas. Se puede interrogar a padres, hermanos y amigos de los sujetos, analizar archivos de los tribunales, escuelas, hospitales, empresas o instituciones sociales.

Los estudios de casos son similares a las encuestas, pero en ellos hay un estudio intensivo de una cantidad limitada de casos representativos, en lugar de reunir datos de pocos aspectos de un gran número de unidades sociales. Tiene un alcance más limitado pero es más exhaustivo que el de encuestas, y le da más importancia a los factores cualitativos.

Estudios causales comparativos: 

Si además de pretender descubrir como es un fenómeno se quiere saber de qué manera y por qué ocurre, entonces se comparan semejanzas y diferencias que existen entre fenómenos, para descubrir los factores o condiciones que parecen acompañar o contribuir a la aparición de ciertos hechos y situaciones. Por la complejidad y naturaleza de los fenómenos sociales, es menester estudiar las relaciones de causalidad. Este tipo de estudio se usa en los casos en que los investigadores no pueden manejar una variable independiente y establecer los controles requeridos en los experimentos.

En un estudio causal comparativo el investigador analiza la situación vital en la cual los sujetos han experimentado el fenómeno que se quiere investigar. Después de estudiar las semejanzas y diferencias que hay entre dos situaciones, entonces podrá describir los factores que parecen explicar la presencia del fenómeno en una situación y su ausencia en la otra. Esta investigación tiene su origen por el método utilizado por John Stuart Millpara descubrir las situaciones causales, que establece que “si dos o más instancias del fenómeno investigado tienen sólo una circunstancia en común, en la cual todas las instancias concuerdan, es la causa (o efecto) del fenómeno dado”. Este método proporciona al investigador la doble posibilidad de control sobre sus conclusiones acerca de las relaciones de causalidad.

Las dificultades posibles de explicar los fenómenos en este tipo de estudios reside en la imposibilidad de establecer un control más allá de poner a prueba tantas hipótesis alternativas como sea posible;

– si al estudiar el problema el factor produce un efecto determinado no se incluye entre los puntos considerados, entonces no será posible averiguar la causa (si se desea hallar las posibles causas de los fenómenos y desechar los factores aleatorios se debe poseer suficiente información general acerca de tales fenómenos y elaborar cuidadosamente sus procedimientos de observación);

– al exigir que sea un solo factor el que determine la aparición o ausencia de un fenómeno, muchas veces en los fenómenos sociales complejos se obedece a múltiples causas; cuando dos variables se hallan relacionadas entre sí es difícil determinar cuál de ellas es la causa y cuál el efecto;

– al intentar clasificar a los sujetos en grupos dicotómicos a fin de establecer comparaciones entre ellos, los fenómenos sociales sólo presentan similitudes si los incluimos en las más amplias categorías, aunque sabemos que los hechos sociales no se clasifican automáticamente en categorías exclusivas (por lo general la comparación entre dos variables indefinidas proporciona escasa información útil sobre el fenómeno que se pretende explicar);

– cuando se trata de estudios en los que se comparan situaciones normales, la tarea de seleccionar no requiere los mismos cuidados y precauciones que en el caso de los estudios experimentales, generalmente resulta difícil hallar grupos de elementos que sean similares en todos sus aspectos, excepto en lo que respecta al hecho de hallarse expuestos a una variable distinta (siempre existe el peligro de que los grupos presenten diferencias en relación con otras dimensiones -salud, inteligencia, antecedentes familiares, experiencia anterior- que pueden afectar los resultados del estudio).

Estudios de correlación: 

Se utilizan para determinar la medida en que dos variables se correlacionan entre sí, es decir el grado en que las variaciones que sufre un factor se corresponden con las que experimenta el otro. Las variables pueden hallarse estrecha o parcialmente relacionadas entre sí, pero también es posible que no exista entre ellas relación alguna. Puede decirse, en general, que la magnitud de una correlación depende de la medida en que los valores de dos variables aumenten o disminuyan en la misma o en diferente dirección.

Si los valores de dos variables aumentan o disminuyen de la misma manera, existe una correlación positiva; si, en cambio, los valores de una variable aumentan en tanto que disminuyen los de la otra, se trata de una correlación negativa; y si los valores de una variable aumentan, los de la otra pueden aumentar o disminuir, entonces hay poca o ninguna correlación. En consecuencia la gama de correlaciones se extiende desde la perfecta correlación negativa hasta la no correlación o la perfecta correlación positiva. Las técnicas de correlación son muy útiles en los estudios de carácter predictivo.

Si bien el coeficiente de correlación sólo permite expresar en términos cuantitativos el grado de relación que dos variables guardan entre sí, no significa que tal relación sea de orden causal. Para interpretar el significado de una relación se debe recurrir al análisis lógico, porque la computación estadística no dilucida el problema. Sus riesgos son los mismos que en los estudios causales comparativos.

3. Estudios de desarrollo:

Consiste en determinar no sólo las interrelaciones y el estado en que se hallan los fenómenos, sino también en los cambios que se producen en el transcurso del tiempo. En él se describe el desarrollo que experimentan las variables durante un lapso que puede abarcar meses o años. Abarca estudios decrecimiento y de tendencia.

Los estudios de crecimiento se refieren a la identificación de los diversos factores interrelacionados que influyen sobre el crecimiento en sus diferentes etapas, saber en qué momento se tornan observables los diversos aspectos y cuándo surgen, permanecen estacionarios, alcanzan su desarrollo óptimo y, finalmente, decaen. Para el estudio del desarrollo humano se usan dos métodos: las técnicas lineales y las de corte transversal. En ambos tipos de investigación, se deben efectuar una serie de observaciones sistemáticas.

El objetivo de las técnicas lineales es medir el grado de crecimiento de determinados niños en diferentes edades, por ejemplo; y en los de corte transversal no se medirían los mismos niños a intervalos regulares, sino se efectuaría un registro de medidas de diferentes niños pertenecientes a distintos grupos de edad.

Los estudios de corte transversal incluyen generalmente a una mayor cantidad de sujetos, y describen un número menos de factores de crecimiento que los estudios lineales. La técnica de corte transversal se usa con más frecuencia por su bajo costo y porque ocupa menos tiempo; la técnica lineal es el más adecuado para estudiar el desarrollo humano.

Ambas técnicas plantean problemas de muestreo: en los de corte transversal es posible que los diferentes sujetos de cada nivel de edad no sean comparables; los lineales obtienen información de un número limitado de sujetos, sin la confiabilidad de muestras más amplias, asimismo la dificultad para el investigador de evaluar y perfeccionar con cierta frecuencia sus técnicas, pues una vez iniciada la investigación no es posible interrumpirla para modificar o mejorar los procedimientos empleados. Para estudios lineales hacen falta apoyos económicos y un equipo de trabajo ininterrumpido durante años.

Los estudios de tendencia consisten en obtener datos sobre aspectos sociales, económicos y políticos y en analizarlos posteriormente para identificar las tendencias fundamentales y predecir los hechos que pueden producirse en el futuro. En ellos se combinan a veces técnicas históricas, documentales y las que se usan en las encuestas. Resulta aventurado formular predicciones basadas en los datos de tendencia social, porque las condiciones económicas, los avances tecnológicos, las guerras, las aspiraciones individuales y otros hechos imprevisibles pueden modificar de manera repentina el curso esperado de los acontecimientos.

A causa de los innumerables factores impredictibles que pueden ejercer influencia sobre los fenómenos sociales, la duración de los análisis de tendencia afecta en una medida considerable la validez de la predicción; la mayoría de las predicciones de largo alcance constituyen meras estimaciones, en tanto que las que se refieren a lapsos más breves gozan de mayores posibilidades de certeza.

1.5. Evaluación de la investigación descriptiva:

Algunos problemas con que suelen tropieza los investigadores se refieren a examen crítico de los materiales originales, el vocabulario técnico, la formulación de hipótesis, la observación y experimentación, y la generalización y predicción.

2. Investigación Exploratoria:

Es aquella que se efectúa sobre un tema u objeto desconocido o poco estudiado, por lo que sus resultados constituyen una visión aproximada de dicho objeto, es decir, un nivel superficial de conocimiento. Este tipo de investigación, de acuerdo con Sellriz (1980) pueden ser:

a) Dirigidos a la formulación más precisa de un problema de investigación , dado que se carece de información suficiente y de conocimiento previos del objeto de estudio , resulta lógico que la formulación inicial del problema sea imprecisa. En este caso la exploración permitirá obtener nuevo datos y elementos que pueden conducir a formular con mayor precisión las preguntas de investigación.

b) Conducentes al planteamiento de una hipótesis: cuando se desconoce al objeto de estudio resulta difícil formular hipótesis acerca del mismo. La función de la investigación exploratoria es descubrir las bases y recabar información que permita como resultado del estudio, la formulación de una hipótesis. Las investigaciones exploratorias son útiles por cuanto sirve para familiarizar al investigador con un objeto que hasta el momento le era totalmente desconocido, sirve como base para la posterior realización de una investigación descriptiva, puede crear en otros investigadores el interés por el estudio de un nuevo tema o problema y puede ayudar a precisar un problema o a concluir con la formulación de una hipótesis.

3. Investigación Explicativa:

Se encarga de buscar el porqué de los hechos mediante el establecimiento de relaciones causa-efecto. En este sentido, los estudios explicativos pueden ocuparse tanto de la determinación de las causas (investigación postfacto), como de los efectos (investigación experimental), mediante laprueba de hipótesis. Sus resultados y conclusiones constituyen el nivel más profundo de conocimientos.

La investigación explicativa intenta dar cuenta de un aspecto de la realidad, explicando su significatividad dentro de una teoría de referencia, a la luz de leyes o generalizaciones que dan cuenta de hechos o fenómenos que se producen en determinadas condiciones.

Dentro de la investigación científica, a nivel explicativo, se dan dos elementos:

– Lo que se quiere explicar: se trata del objeto, hecho o fenómeno que ha de explicarse, es el problema que genera la pregunta que requiere una explicación.

– Lo que se explica: La explicación se deduce (a modo de una secuencia hipotética deductiva) de un conjunto de premisas compuesto por leyes, generalizaciones y otros enunciados que expresan regularidades que tienen que acontecer. En este sentido, la explicación es siempre una deducción de una teoría que contiene afirmaciones que explican hechos particulares.

Referencias:

1.  Investigación descriptiva (s/f). [Documento en línea]. Disponible:http://www.mistareas.com.ve/investigacion-descriptiva.htm [Consulta: 2010, Mayo 18]

2.  Investigación Explicativa (s/f). [Documento en línea]. Disponible:http://www.mistareas.com.ve/investigacion-explicativa.htm [Consulta: 2010, Mayo 18]

3.  La investigación descriptiva (s/f). [Documento en línea]. Disponible:http://noemagico.blogia.com/2006/091301-la-investigacion-descriptiva.php [Consulta: 2010, Mayo 18]

4.  Tipo de Estudio o Tipo de Investigación (s/f). [Documento en línea]. Disponible:http://www.mistareas.com.ve/Tipo-de-estudio-tipo-de-investigacion.htm [Consulta: 2010, Mayo 18]

Mayo 18th, 2010

 

Frank Morales:

Licenciado en Educación, mención Matemática Universidad de Los Andes. Magíster Scientarium mención Gerencia y Liderazgo Universidad Fermín Toro.

“El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”, y Don Hans Niemeyer.

 
 
 

10. Balsas de Cuero de Lobo

En esta décima entrega trataremos de un libro muy reciente, nos referimos a “El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”, originalmente aparecido en el año 2003, cuyo autor, don Oriel Álvarez Hidalgo, acaba de reeditar el año recién pasado, con el apoyo de la Agrupación de Turismo Delfines de Caleta Chañaral de Aceituno y el aporte económico del Gobierno Regional de Atacama, a través del proyecto: “Edición de libro Balsa de Cuero de lobo, como muestra del rescate del hombre y la mujer Chango” del año 2012.
Hemos elegido éste libro para la presente entrega por contener variados motivos de interés: en primer lugar porque trata de la temática indígena, que en nuestra historia matria local no ha sido suficientemente desarrollada, en segundo lugar por ser el fruto del trabajo de un autor freirinense prolífico, cuyas obras mayores serán también reseñada en el futuro cercano, y en tercer lugar por tratarse de una monografía orgullosamente de tipo familiar, que desde ese lugar íntimo aspira a realizar un aporte más amplio.
En éstas sencillas reseñas hemos venido planteando el concepto de Historia Matria o Matriohistoria, en contraposición a la historia patria o historia total; entre ambas establecemos una tensión relativa, donde nuestras preferencias se inclinan decididamente en favor de la Historia Matria, de nuestra tierra, del terruño amado, espacio físico y poético, concreto e imaginado; la historia matria es la de nuestra identidad, tiene olor, color, concretitud, es abierta e incluyente, es decir invita a otros a hacerse parte; desde un punto de vista metodológico la Historia Matria no rehúye de las crónicas familiares, a diferencia de la historia patria, que busca lo general; la historia matria nuestra asume orgullosamente las monografías personales, las fotografías de época, los diarios antiguos y actuales; la historia matria, por lo tanto, también incluye a los hechos únicos, aquellos a los que la historia total les resta importancia ya que no puede abordarlos por no ser generales; para nosotros, en cambio, el hecho único es valioso, su irrepetibilidad no es un inconveniente, al contrario, lo hace más valioso, fundante, propio, nos da sentido, identidad; es bajo esta lógica local, nuestra, como trataremos el libro “El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”.
El autor comienza su texto asumiendo que se trata de un libro patrimonial de la familia Álvarez Hidalgo, legítimos y antiguos habitantes del Huasco Profundo, cuya tronco familiar fue y sigue siendo en gran medida la Caleta Chañaral de Aceituno.
Su libro se compone de 4 capítulos, a saber: I. Introducción Histórica; II. El Último Constructor de Balsas de Chile; III. Método de Construcción de las Últimas Balsas en Caleta Chañaral de Aceituno; y IV.  Apunte de Otros Empleos de la Balsa y Relatos en la Historia de la Colonia; comentaremos cada uno de esos capítulos e iremos intentando extraer sus más notables implicancias para el conocimiento de nuestra historia matria.
En el capítulo inicial nuestro autor reseñado intenta plantear una síntesis general sobre el modo de vida prehistórico de los primeros hombres de la costa, llegados con la gran migración que produjo el poblamiento americano inicial, donde a poco andar inserta la denominación “Chango” como resultado histórico de ese modus vivendis de larga data en nuestro continente; éste es el capítulo más débil de todo su texto, debido a que intenta vanamente mezclar el discurso arqueológico con el discurso histórico, siendo disciplinas diferentes tanto en su teoría como en sus metodologías, difícilmente por ello traducibles en un discurso unitario; finalmente, y a modo de corolario Oriel Álvarez Hidalgo cita a fuentes etnohistóricas referidas a los Changos, donde se funden arqueología e historia en un maridaje nunca muy bien avenido, ya que la Etnohistoria es una rama actual de la Historia que trata sobre un período temporal arduamente disputado tanto por la historia como por la arqueología histórica, por tratarse de un período y objeto de estudio que ya cuenta con fuentes escritas generadas por los primeros cronistas españoles y luego chilenos, (Ámbito propio de la Historia), pero el sujeto investigado son indígenas que dejaron huellas materiales de su existencia desde su llegada a América hasta su extinción o pervivencia hasta el presente (Ámbito propio de la Arqueología Prehistórica e Histórica), de allí que la Etnohistoria sea una zona de intersección muy friccionada entre esas disciplinas.
Por todo lo anterior el resultado final del capítulo inicial de nuestro Oriel Álvarez Hidalgo no es satisfactorio: el autor, dentro del repertorio arqueológico cita a autores fundamentales en el desarrollo de esa disciplina en Chile, representantes del período pre científico o romántico de esa hermosa disciplina científica, tales como Ricardo Latcham (1910) y Max Uhle (1922), glorias y pioneros en el estudio de la prehistoria Chilena, pero, ambos, ampliamente superados por el ulterior desarrollo de la arqueología científica en nuestro país a partir de la década de los 60`s, teniendo como hito fundador la creación de la carrera universitaria de arqueología en la Universidad de Chile; las periodificaciones culturales y temporales postuladas por esos autores desde hace muchas décadas atrás ya no están vigentes. Por otro lado y en referencia ahora a los autores de la Historia Nacional, Oriel Álvarez Hidalgo cita a Francisco Frías y a Encina y Castedo, íconos de la Historia Patria o Nacional, quienes no hacen más que resumir las escasas certezas que se tenía de los Changos en su momento, y contribuyendo a crear nuevas mitologías simplificadoras y generalizantes sobre las identidades étnicas de Chile, utilizando conceptos étnicos equívocos, identificaciones defectuosas, en una lógica extraordinariamente errada: aquella que entiende a los indígenas viviendo con fronteras fijas, como esos mapas para niños, donde usted ve, querido lector, claramente donde vivía un pueblo y donde vivía el siguiente más al norte o al sur, como un mapamundi a colores, todo muy lejos de la forma en que los indígenas ocuparon los territorios, muchas veces entremezcladas muchas etnias y pueblos en un mismo territorio, sin la noción excluyente territorial que guía a los Estados-Nación actuales.
El segundo capítulo del texto de Oriel Álvarez Hidalgo, que como ya hemos dicho tituló “El Último Constructor de Balsas en Chile”, es una pieza hermosa sobre la historia de su familia, reconstruyendo la historia de su tronco familiar, situando en don Nicolás Vergara y en doña Emma Álvarez, sus abuelos, y en don Hilario, su bisabuelo paterno, los inicios de su notable clan familiar, todos conocedores del arte de la confección y uso de las balsas de cuero de lobo, que su padre, el personaje central de su libro, don Roberto Álvarez Álvarez, conoció también desde pequeño, y que transmitió a sus hijos, los hermanos mayores del nuestro autor reseñado y que finalmente se tradujo en la construcción de las últimas balsas de cuero de lobo que hoy existen, como testimonio de esa tecnología que los Changos utilizaron desde muy temprano en las costas del Océano Pacífico. Oriel Álvarez es muy claro en eso: su familia conservó el conocimiento de esa tecnología que provenía de los Changos, pero no decían ser pertenecedores a esa etnia; la construcción de Balsas de cuero de lobo terminó siendo una reliquia tecnológica conservada sin muchas otras referencias a la cultura Changa; que hasta hoy la cultura popular local asuma que don Roberto fue “el último Chango” no pasa de ser un muy merecido reconocimiento, aunque en realidad don Roberto fue, tal como lo plantea su hijo y autor del texto, solo el último constructor de balsas de cuero de lobo, lo que no deja de ser altamente valorable y motivo de legítimo orgullo para sus nutridos descendientes.
Este capítulo posee gran interés, ya que trata sobre la multifacética manera de habitar el territorio que los Huasquinos tenían hasta muy avanzado el siglo XX, heredada de las anteriores redes sociales, muchas de ellas nacidas en épocas netamente indígenas, basadas en un acceso a recursos diferenciados y estacionales, tanto en épocas del año como los distintos pisos altitudinales, es decir, los recursos, ya sea forrajeros, pesqueros, leñeros, hortícolas, etc., estaban repartidos de manera archipielágica en el territorio, por lo que sus habitantes podían ser pescadores, crianceros, pirquineros, trabajadores asalariados, etc., en distintos momentos, incluso de un mismo año.
La misma familia de don Roberto asume que las labores de pesca y caza de lobo marino se conjugaba con la crianza de animales caprinos, los cuáles eran incluso llevados en bote por estaciones climáticas hasta la Isla de Chañaral de Aceituno, tal vez en esos momentos ya la isla comenzó a mostrar los primeros signos de depredación en su flora nativa, patrón tan tristemente típico de la actividad criancera caprina en el norte chico. Fruto de estas redes sociales se producía el trueque de productos costeros con aquellos productos agrícolas propios de los distintos tramos del valle del Huasco, utilizándose recuas de mulas o burros,  donde los huasquinos vallunos se contactaban con los huasquinos costeños, trayendo  harina de trigo, higos secos, harina tostada, nueces, arrope, pajarete y frutas para intercambian por pescados, mariscos frescos y el famoso pan de luche; del mismo modo los propios habitantes de la costa viajaban hasta los minerales cercanos llevando pescado fresco y mariscos secos, aunque en éstos casos el intercambio era monetario.
Oriel Álvarez nos cuenta que los patrones de movilidad de los últimos navegantes en balsas de cuero de lobo en la costa del Huasco iban, al menos hasta el año 1957, desde Caleta El Sarco por el norte hasta Punta Choros por el sur, además de los sabidos viajes desde la costa hasta la isla Chañaral de Aceituno, los que eran menos frecuentes ya que tales embarcaciones no eran adecuadas para enfrentar los fuertes oleajes y vientos, por ello las embarcaciones de cuero de lobo por lo general navegaban a no más de 100 metros mar afuera de la línea costera.
En este momento el relato de Oriel Alvarez Hidalgo se centra en la aparición de una figura legendaria de la arqueología chilena: Hans Niemeyer Fernandez, uno de los fundadores de la carrera universitaria de arqueología de la Universidad de Chile en la década del 60`, siendo él mismo ingeniero civil de profesión y arqueólogo autodidacta; don Hans tuvo mucho contacto con el valle del Huasco, particularmente interesantes fueron sus trabajos sobre los Cazadores Recolectores Arcaicos de los períodos Medio y Tardío en la costa de Huasco en 1967, posteriormente la determinación de una “Fase Huasco” para la cultura Molle propia del período Agroalfarero Temprano en 1970, fruto de su conocimiento previo de túmulos funerarios en la localidad de Pinte o en la quebrada de El Durazno ya en 1955; más interesantes aún fueron sus hallazgos de conchales de filiación Inka-Diaguita, es decir, del período Agroalfarero Intermedio Tardío precisamente en la misma isla Chañaral de Aceituno y Punta Choros en 1967; siendo la excavación del cementerio Inka Diaguita de Alto del Carmen, en 1971, su trabajo más conocido. Después de su alejamiento del Huasco y su posterior muerte la arqueología de nuestra zona nunca volvió a recobrar ese vigor, los actuales estudios arqueológicos en el Huasco, en su mayoría someras líneas base ligadas a proyectos de inversión, no pasan de ser prospecciones superficiales, sin investigación, ni excavaciones, destinadas a pavimentar el camino a la rapiña mercantil.
 posteriormente fueron construidas otras Don Hans fue el artífice de que la familia Álvarez volviera a construir balsas de cuero de lobo, si bien el conocimiento académico de que esos saberes aún pervivían en la zona de Chañaral de Aceituno es algo previo, rastreable a las noticias que entregara en 1940 don Guillermo Millie, conocido vecino vallenarino y Jorge Iribarren Charlín, otra lumbrera de la arqueología del norte chico; a moción de don Hans, don Roberto Álvarez, en 1965, accedió a construirle una balsa de cuero de lobo a la usanza tradicional, recordando trabajosamente la técnica que aprendiera en su infancia directamente de su padre, don Nicolás Vergara. Don Hans en persona premunió a don Roberto con las municiones para cazar a los lobos marinos de cuya piel se construirían las balsas, práctica aún legal en aquella época y que hoy por suerte no sería posible. La balsa resultante de ese trabajo es posible de apreciar en el Museo de La Serena;réplicas a escala, como la que estuvo en poder hasta hace muy poco del Museo Provincial del Huasco, la que fue lastimosamente escamoteada por el Museo Regional de Copiapó, ante la impavidez e ignorancia de las autoridades de la gobernación local de aquel momento, quienes permitieron que esa mala gestión pública se perpetrara, privándonos de un patrimonio único, hermoso, invaluable.
El tercer capítulo está dedicado a los aspectos técnicos relacionados a la construcción de las balsas de cuero de lobo, contados por el propio don Roberto Álvarez a Hans Niemeyer quién tomó registro de aquello, donde además se integraron las enseñanzas que el constructor dio a sus hijos mayores; Oriel Álvarez Hidalgo, el penúltimo de sus 13 hijos, no fue testigo presencial de esas acciones, ya que en esa misma época se fue a estudiar a La Serena, tal vez por lo mismo y gracias a ello fue Oriel quien escribió y documentó esos saberes ancestrales, aún activos en su infancia; su acercamiento a la educación formal, si bien le privó de asistir a esos eventos claves, le proveyó el instrumental necesario para guardar la memoria de su familia y de paso rescatar una tradición naviera de clara raíz indígena. En este capítulo se describen todos las técnicas involucradas desde la caza de los lobos marinos hasta los detalles constructivos más deliciosos de cómo se hicieron esas embarcaciones; sus pormenores están contenidos en el libro, lo dejamos abierto a todos los interesados en ello, la lectura de sus páginas es realmente interesante e instructivo.
En el cuarto capítulo y final, el autor hace una sucinta revisión sobre los usos históricos de las balsas de cuero de lobo, tanto del Chile colonial como del republicano; vemos aquí, al igual que  en el primer capítulo, la parte más débil del libro comentado hoy; se rescata el uso que se hizo de las balsas de cuero de lobo en el norte grande para el acercamiento y carguío de salitre desde la costa hasta los buques; del mismo modo se hace una corta relación de algunas fuentes históricas sobre la presencia y uso de balsas de cuero de lobo en la costas chilenas: desde Pedro Mariño de Lovera en 1550, pasando por Bernabé Cobo de 1630, así como Diego Barros Arana y la famosa carta de Ambrosio O`Higgins de 1789, enviada a la Corte Española, fechada en la ciudad de La Serena, donde asume la tarea de establecer “matrículas”, censos, de éstos indígenas que vivían en las costas chilenas, diseminados, intentando así su sujeción y control. Este capítulo, que pretende darle un contexto más amplio al uso de las balsas de cuero de lobo, cuyas referencias fueron escogidas por el autor de manera tan poco exhaustiva, no aportan mucho a su entretenido libro, además de presentar algunas omisiones demasiado evidentes, como por ejemplo obviar a nuestro paladín histórico local, don Luis Joaquín Morales, quien en su fenomenal libro “Historia del Huasco” de 1896, nos cuenta sobre los Changos del valle del Huasco y los intentos locales, también por parte de Ambrosio O`Higgins, por sedentarizarlos y reconvertirlos en agricultores, obteniendo en ello resultados menos que regulares, el propio Luis Joaquín Morales hace referencia a Joaco Torres “Indígena de moño, como los de antes”; otra omisión relevante y también cercana a nuestra zona es la famosa pintura de Mauricio Rugendas, que retrató la bahía de Coquimbo con presencia de balsas de cuero de lobo, en una época apenas anterior al surgimiento de la fotografía en Chile, por lo que Rugendas rescató en sus pinturas no solo a los changos, sino que a buena parte de la historia de los orígenes republicanos de Chile y su cultura.
En síntesis, el libro “El Ultimo Constructor de Balsas de Cuero de Lobo” nos parece muy interesante, ya que constituye una monografía familiar bien cuidada, con excelentes fotografías antiguas, un homenaje de un miembro de su familia a su tronco genealógico, depositario éste de los saberes constructivos navieros de la desaparecida cultura changa que habitó las costas de Chile y Perú por siglos, en ese contexto nos parece un bello aporte a la historia matria, a nuestra identidad multiforme, más allá de que al centrase solo en la familia Álvarez no menciona a otros constructores de balsas de cuero de lobo también locales, como los de Cruz Grande, contemporáneos a los de Chañaral de Aceituno y sobre quienes nos hubiera gustado saber algo más.
El autor comete errores al intentar inscribir su historia familiar dentro de un relato más amplio, nacional, en especial cuando intenta ir más allá de la construcción de la balsa de cuero de lobo y adentrarse en la cultura de Los Changos, cultura poco estudiada y poco esclarecida en la antropología y arqueología chilena, muchas veces confundida con otras identidades étnicas, en ese intento nuestro autor local, como muchos otros, fracasa lamentablemente; confunde la milenaria tradición naviera americana, nacida en los primeros habitantes paleoindios que llegan al continente vía Estrecho de Bering, que fueron, ahora lo sabemos, navegantes costeros más que caminantes nómades, con los últimos vestigios de esa tradición, que en tiempos históricos, muy actuales, llamamos tentativamente Changos; esa larga tradición indígena de adaptaciones al modo de vida marítimo estuvo presente en todos los períodos arqueológicos desde los últimos 14.000 años en Chile; más aún, los distintos reinos o señoríos altiplánicos también tuvieron sus propias colonias costeras, enclaves de esos proto-imperios altiplánicos establecidos en las costas, buscando tener acceso también a los recursos del mar, por lo que esas culturas, distintas, se mezclaron y volvieron a mezclar muchas veces, por ello lo que hoy llamamos como “Changos Históricos” no corresponde a un único pueblo indígena, ni siquiera a un pueblo, sino que a una simplificación conceptual para referirse a los remanentes de muchos pueblos indígenas costeros y no costeros mezclados entre sí, relictuales de un modo de vida que perduró por miles de años en las costas y al que muchas culturas, incluso agropecuarias de tierra adentro, como Diaguitas e Inkas, adoptaron total o parcialmente.
En el Huasco, en este territorio amplio que es mucho más que el valle geográfico mismo, en nuestro terruño, el fenómeno de los Changos se ha estudiado muy poco, a pesar de que sus últimos representantes perduraron hasta ya establecida la República, es por ello que el libro de Oriel Alvarez Hidalgo, a pesar de sus imprecisiones, insuficiencias y sus desiguales capítulos, nos sigue pareciendo meritorio, un justo homenaje de un hijo pródigo a su familia, huasquinos profundos, de Chañaral de Aceituno, emparentados con los troncos más antiguos de la zona, el solo hecho de poder aunque sea asomarnos a conocer un poco de su forma de vida, su percepción de los espacios, del territorio, de sus redes sociales, familiares, comerciales, etc., constituye ya una pieza valiosa para ir armando el aún misterioso mosaico humano del Huasco, variopinto, diverso, laborioso, polifacético y cautivante.

Ficha Técnica.
-Libro: “El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”.
-Autor: Oriel Álvarez Hidalgo.
-Primera edición, año 2003, Segunda Edición, 2012, Ediciones Mediodía en Punto, Vallenar.
-Precio referencial: $ 7.000

Franko Urqueta Torrejón, Taller Cultural José Martí, Pueblo Hundido, invierno de 2013.
E-Mail: culturadiaguita2006@gmail.com
En Twitter: @FURQUETA

UN MANUAL PARA PUBLICAR: TESIS,PAPERS, INVESTIGACIONES

A Manual for Writers of Research Papers, Theses, and Dissertations

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With an appendix on paper format and submission that has been vetted by dissertation officials from across the country and a bibliography with the most up-to-date listing of critical resources available, A Manual for Writers remains the essential resource for students and their teachers.

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¿Incorporación social de migrantes colombianos en Chile?: vulnerabilidad y lucha por el reconocimiento *

Nicolás Gissi-Barbieri **Sebastián Polo Alvis ***

La movilidad humana global y Sur-Sur se ha incrementado de manera considerable en las últimas tres décadas (Organización Internacional para las Migraciones [OIM] 2011) y ha generado una renovada necesidad de reflexión sobre la temática, considerando sus dimensiones económicas, políticas y culturales. En particular, los desplazamientos dentro de América Latina han aumentado intensamente durante los últimos diez años y Chile concentra en la actualidad el mayor flujo inmigratorio regional (Comisión Económica para América Latina [Cepal] y Organización Internacional del Trabajo [OIT] 2017), que ya no solo proviene de las fronterizas poblaciones de Perú, Argentina y Bolivia como lo era históricamente. Estas nuevas realidades han generado múltiples desafíos para la convivencia pluricultural y el desarrollo social en las ciudades y han convocado el interés científico de las ciencias sociales. Especial atención y debate ha suscitado la discusión en torno a cómo se insertan los migrantes a la sociedad de acogida, por lo que se hace necesario investigar cómo se genera este proceso, en el contexto y desafío de la construcción de sociedades culturalmente plurales.

Según los datos del Censo 2017 (Instituto Nacional de Estadísticas [INE] 2018), en Chile habría 746.465 migrantes que representan el 4,3 % de la población nacional y se caracterizan por un perfil etario joven (15-44 años). Sin embargo, de acuerdo a los últimos datos del INE (2018) y del Departamento de Extranjería y Migración (DEM), en este país habría 1.251.225 migrantes que estarían representando el 6,6 % de la población total. Los principales países de los que provienen los inmigrantes son de Latinoamérica y el Caribe: en primer lugar, venezolanos, con 288.233 personas; después, Perú, con 223.923; en tercer lugar, haitianos, con 179.338; y en cuarto lugar, Colombia, con 146.582 personas inmigrantes.

Especialmente en el caso de Colombia, los conflictos políticos, la violencia interna y el alto nivel de inseguridad que rige en sus principales ciudades —altamente segregadas y con amplia economía informal— han incrementado el malestar y el miedo y, como consecuencia, han impulsado la movilidad durante el siglo XXI (Martínez y Orrego 2016). Dichas condiciones serían resultado de procesos enmarcados en un contexto de recrudecimiento paulatino del conflicto armado interno en Colombia durante los años noventa y principios del siglo XXI, en los cuales se manifestarían problemáticas críticas como el desplazamiento interno masivo y la salida de refugiados hacia países como Estados Unidos, Ecuador, Panamá y Costa Rica (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados [Acnur] 2016). A partir de ello, “la percepción de inseguridad producida por el conflicto armado y sus elementos conexos […] se han convertido en principios que constriñen las actividades y expectativas de migrantes prospectivos” (Palma 2015, 11).

A mediados de los 2000, tendría lugar la tercera ola migratoria, la de mayor dimensión estadística en la historia de Colombia (Mejía 2012). Dentro de los procesos migratorios de la diáspora colombiana, a partir de ese momento se ha identificado una progresiva transformación frente a los destinos de migración y una diversificación de los países de recepción, entre los que se destacan regiones de Europa occidental, así como otros destinos no tradicionales en América Latina (Echeverri 2005; Polloni y Matus 2011). Tras este periodo, uno de los principales destinos de migración sería Chile, en el que “en 2014 hubo 25.038 colombianos, lo cual significa que, en comparación con 2002, se experimentó un aumento sustancial de 511 %” (Polo y Serrano 2018b, 173). Sin embargo, el crecimiento de esta población no se detendría allí: de acuerdo con los registros censales recientes (INE 2018), se registra la presencia de 108.001 colombianos en Chile para 2017 (figura 1), lo cual indica que el número de colombianos se cuadruplicó entre los dos últimos registros conocidos.

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Figura 1. Población extranjera total discriminada por principales nacionalidades (1992-2017)

Importantes retos económicos y políticos ha debido enfrentar Colombia en las últimas tres décadas, debido al colapso en los precios internacionales del café —la principal fuente de recursos del país durante gran parte del siglo XX—, así como otros escenarios complejos como la crisis financiera de 1999, recrudecida por el terremoto de Armenia. Sumado a ello, otros factores como la crisis petrolera por el colapso de los precios internacionales desde 2014 y el auge del conflicto armado en un contexto de expansión del tráfico de drogas desde hace ya seis décadas propiciarían las condiciones para el crecimiento de la migración y el refugio de un gran número de colombianos. Estos conflictos han forzado a muchas personas a desplazarse internamente o a abandonar su país natal, entre los cuales hay un total de 4.700.000 colombianos/as que residen en el exterior desde hace ya siete años (Polo y Serrano 2019). Así mismo, se estima la presencia de 224.080 refugiados, de los cuales se registran 5.882 en Chile para 2017 (Acnur 2018). Este sector se caracteriza por tener perfiles y localizaciones muy heterogéneos y, en su mayoría, se han establecido en la región metropolitana (63.614), en la de Antofagasta (19.493) y en la de Valparaíso (4.673) (INE 2018; Cepal 2018b).

Ahora bien, no solo los grupos más vulnerables se movilizan desde y hacia países del sur, sino que una parte de estas migraciones es protagonizada por sujetos de estratos medios y altos, algunos con estudios técnicos y superiores. La diversidad de sexo, clase / estrato social, nivel educacional y “raza” caracteriza y distingue los recientes flujos Sur-Sur, lo que también incide en los patrones que siguen sus trayectorias migratorias y la concentración socioeconómica que enfrentan en los barrios residenciales a los cuales tienen acceso en las ciudades de destino (Gissi-Barbieri y Ghio-Suárez 2017).

De este modo, el problema de investigación que planteamos en este texto se cuestiona: ¿cuáles son los factores socioculturales y experiencias de vida que participan en los procesos de incorporación social de migrantes provenientes de Colombia que residen hoy en Chile? Nuestro propósito es interpretar y analizar sus procesos migratorios y de inserción en la ciudad de Santiago, considerando sus proyectos y trayectorias migratorias, con sus continuidades y contradicciones en el tiempo.Contexto y causas de la migración colombiana en ChileSección:EscogerInicio de páginaResumenContexto y causas de la m… <<Marco teórico: exclusión …Aspectos metodológicos, p…ConclusionesReferenciasCITING ARTICLES

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Dentro de las diversas condiciones que propiciaron la tercera ola migratoria de la diáspora colombiana durante los años 2000, se manifestó una diversificación de sus destinos migratorios a nivel regional y transcontinental. Dentro de América Latina, algunas de las razones que influyeron en la expansión de esta movilidad colombiana se deben, por una parte, a que la región en su conjunto ha logrado crecer en términos económicos, lo que se traduce entre otras cosas en un incremento en el empleo (OIM 2015). Por otra parte, uno de los principales incentivos a la migración se ha dado gracias “al auge económico del sector exportador en Chile, caracterizado por el ingreso de grandes flujos de divisas resultantes de los dividendos del cobre, en consonancia con un sector exportador diversificado y una política macroeconómica enfocada a un desarrollo sustentable” (Polo y Serrano 2018b, 173).

Sin embargo, es necesario precisar algunos elementos del caso migratorio estudiado en el presente texto. A pesar de que existen condiciones económicas y de facilidad logística para el arribo de nuevos migrantes colombianos, lo cual señala un incremento sostenido durante los últimos diez años, las leyes que delimitan el entramado de la política migratoria chilena están en condición de obsolescencia. Hasta el 2018, el soporte legislativo referido para los asuntos migratorios en Chile estaba regido por el Decreto Ley n.° 1094 de 1975 y la Ley de Extranjería promulgada por el Decreto Supremo n.° 597 de 1984; jurisprudencia expedida durante el régimen militar de Pinochet, bajo condiciones de cierre a las migraciones como un fenómeno securitizado que representaba una latente amenaza al orden establecido. Ahora bien, dentro de estas condiciones, a pesar de las tendencias expuestas anteriormente y de los avances que ha habido para la actualización del régimen legislativo migratorio, como lo fueron la Ley n.° 19.476 de 1996 y la Ley n.° 20.430 de 2010 en materia de asilo, refugio y protección de derechos humanos, existieron algunos vacíos que han minado las condiciones óptimas de adaptación e incorporación social de los migrantes. Según la OIM:

resulta fundamental modificar la ley de modo de que se ajuste a la realidad actual de la migración y a la normativa internacional vigente sobre los derechos de los trabajadores migrantes. Asimismo, se requiere contar con una política de carácter nacional que otorgue lineamientos para abordar de manera coordinada e integrada las distintas dimensiones de la migración. Una modificación legislativa debiera, entre otras cosas, garantizar el derecho a residencia, sin que quede vinculado a un contrato de trabajo, algo que está señalado en los acuerdos en materia de residencia alcanzados en el marco del Mercosur. La discusión respecto de una política migratoria debe convocar a los distintos actores involucrados en la temática migratoria. Un actor clave que ha estado más bien ausente en este tipo de discusiones, es la sociedad civil. Resulta central generar mecanismos para facilitar el diálogo y la participación conjunta en la discusión y elaboración de propuestas y política migratoria. Las organizaciones nutren de información y actúan como puente entre la población migrante y la institucionalidad, facilitando, por ejemplo, el traspaso de información respecto de las medidas implementadas. (2011, 90)

Ahora bien, ante la aclaración ulterior sobre las condiciones legales para el desarrollo de la migración, los desplazamientos colombianos tuvieron su expansión por condiciones paralelas ante un mismo proceso. Por un lado, hubo un crecimiento considerable entre 2003 y 2009, periodo en el que se registró la llegada de 7.989 personas (figura 2). Dicho crecimiento, conjugado con una expansión paralela de los demás flujos migratorios que incrementarían el volumen de colombianos en la región, sería determinante para el surgimiento de una nueva tendencia migratoria. Además de considerar las diversas razones de atracción derivadas del auge económico, de las ventajas comparativas en condiciones laborales y niveles de ingreso, la oferta educativa, entre otros elementos, también resalta la segunda gran tendencia de la migración colombiana en Chile: el efecto llamado, derivado de los procesos de reasentamiento de refugiados.

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Figura 2. Colombianos por año de llegada (1900-2017)

Respecto a dicho fenómeno, en comparación con el aporte nominal de las migraciones regulares de colombianos en el exterior:

no han sido de gran representación nominal respecto al total de refugiados colombianos en el exterior, [pero] sí han configurado los procesos migratorios en la región del Norte Grande de Chile. El principal elemento que dio inicio a una política de protección y regularización de refugiados se remonta a la suscripción de Chile al programa de reasentamiento de Acnur, con el cual se pretendió dar una solución perentoria a aquellos refugiados que tuvieran complicaciones de protección, o serios problemas de integración en sus primeros países de asilo que provenían de países como Costa Rica y Ecuador. (Polo y Serrano 2018b, 176)

Como resultado de los efectos colaterales del conflicto armado en Colombia entre 2002 y 2010, el escalamiento de los combates y operaciones militares a lo largo del territorio derivó en la salida de un considerable número de colombianos hacia países como Ecuador, en búsqueda de ser admitidos bajo condición de refugio. Asimismo, tras la suscripción de Chile al Programa de Reasentamiento de 1999 liderado por Acnur, cientos de refugiados palestinos, yugoslavos, afganos y colombianos se han venido reasentando en este país, por ejemplo, en el área de la frontera norte, en ciudades como Arica, Antofagasta, Iquique y Calama (Acnur, 2013, 2019).

Con el progresivo avance de la institucionalidad chilena referente a la Ley n.° 19.476 de 1996 sobre el levantamiento de las deportaciones y de las detenciones por condición de irregularidad fronteriza, conjugado con los grandes réditos económicos de las regiones del Norte Grande con el auge exportador minero, se propiciaron las condiciones adecuadas para desarrollar un proceso migratorio en red que permitiría generar lógicas autónomas. Por ejemplo, la predominancia de colombianos provenientes de la región pacífica de Colombia, específicamente del Valle del Cauca (Vicuña y Rojas, eds., 2015), también implicó una articulación con los procesos de reasentamiento de Acnur desde Ecuador. Gracias a la relativa proximidad espacial y cultural de este país respecto a Chile, se desarrollaría una tendencia migratoria de desplazamiento terrestre que tendría un principal impacto en la zona fronteriza con Perú:

Según la Policía de Investigaciones de Chile (PDI), en los puestos fronterizos terrestres existentes en Arica y Parinacota (Chacalluta, Chungará y Visviri) ha habido un total de 65.711 registros entre 2010 y 2013, de los cuales un 99 % corresponden a Chacalluta. Se observa crecimiento de los flujos tanto de ingreso como de salida en esos puntos. Estos datos contribuyen a la hipótesis de que la migración de colombianos se ha hecho por medio de diversas experiencias de viaje y en ciertas condiciones del migrante. (Polo y Serrano 2018b, 176)

Sin embargo, entre 2012 y 2017 se experimentaría el mayor ingreso de colombianos a Chile, un periodo caracterizado por las negociaciones de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP). A pesar de ser un avance que significaría el fin a una guerra de más de cincuenta años contra un actor armado que ha influido en procesos de desplazamiento interno, la latencia del accionar de las FARC-EP sería aprovechada en favor de otros actores armados que buscan sacar provecho de la ventana de oportunidad generada por las negociaciones de paz. Asimismo, es de destacar también que el crecimiento durante este periodo podría obedecer a la consolidación de la comunidad colombiana en Chile, acompañada de otros procesos de re-emigración provenientes de Argentina:

Con la llegada de Mauricio Macri a la Presidencia del país en 2015, diversos hechos que influyeron en el contexto económico de la sociedad argentina, como el progresivo desmontaje de los sistemas de subsidios a los servicios públicos y al consumo y la liberación del cepo cambiario a las divisas, generaron un progresivo encarecimiento del costo de vida, lo cual puede dar explicación a una reversión de la tendencia de las migraciones colombianas hacia Argentina de la última década. […] Por tanto, es posible considerar que la población colombiana en Argentina tiende a estar experimentando un escenario de transición económica que ha derivado en un progresivo deterioro de la economía que, con las consecuentes reformas económicas realizadas desde 2015, han derivado en unas condiciones que han sido menos favorables para la proliferación de la migración. (Polo y Serrano 2018a, 147)

Ahora bien, dentro de la evolución de las tendencias migratorias de los colombianos en los países del Cono Sur, es necesario comprender que varios condicionamientos de la diáspora están directamente afectados por el panorama político, económico y social del país emisor. No obstante, es clave convenir que esos procesos migratorios implican una aproximación a procesos de adaptación social que pretenden acomodar la existencia de estas poblaciones dentro de nuevos entramados sociales que les den condiciones de aceptación y actividad para el desarrollo de sus vidas y proyectos en condiciones dignas. Por lo tanto, es necesario acentuar la importancia de los procesos de incorporación social como un proceso de recalificación social para el migrante y que, así como son una oportunidad para la adhesión exitosa y la vinculación completa de estas comunidades, también son escenarios en los que se presentan casos de exclusión y discriminación que obstaculizan la adaptación de estas dentro del orden social y económico del país receptor. A continuación, se ahondará sobre los entramados teóricos de exclusión e incorporación social1.

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Migrar e insertarse hoy en día a nuevos países resulta particularmente difícil en un contexto económico global signado por el neoliberalismo y por el aumento de las restricciones migratorias a escala mundial. Balibar ha destacado recientemente la relación paradójica entre un concepto de ciudadanía universalizado y ciertas formas de exclusión interior, característicos de la política de la era posnacional y posliberal, en la cual la situación de los inmigrantes implica el efecto combinado de las exclusiones interiores de clase y de “raza”: “La categoría de exclusión resulta entonces compleja, heterogénea, pero también representa un sitio privilegiado […] para las actuales condiciones de la ciudadanía” (2013, 111-112).

En este marco mundial, los escenarios sociolaborales de los migrantes Sur-Sur se han visto transformados durante las últimas tres décadas por las decisiones de los gobiernos latinoamericanos —como los actuales de Colombia y Chile— de adoptar prácticas neoliberales a cambio de la apertura comercial al mercado global —así como recibir ayuda financiera— por medio de los tratados internacionales de comercio. Estos contextos económicos suelen generar una precarización, creada por la degradación de las relaciones de trabajo y de las protecciones ligadas a ellas, esto es, por la crisis de la sociedad salarial. La mayoría de los hoy denominados excluidos fue invalidada por la coyuntura de la transformación reciente de las reglas del juego social y económico. Son los “supernumerarios”. La exclusión social ha devenido así en la “cuestión social” por excelencia (Castel 2015).

De este modo, la anterior seguridad laboral —de las décadas de 1960 y 1970— que las industrias tendieron a generar se ha visto mermada por la flexibilidad laboral y el empleo informal, lo que ha aumentado los riesgos y la inseguridad (Bauman 2006), especialmente en las grandes urbes. Estos cambios en el nivel macro han redundado en que suele ser insuficiente el esfuerzo individual de quien migra a ciudades latinoamericanas tanto del propio país (desplazamiento interno) como de otros países.

Comenzamos entonces exponiendo el emergente enfoque que hace referencia a los procesos de exclusión e incorporación social, modelo teórico que se ha desarrollado precisamente para dar cuenta de estas transformaciones en las sociedades nacionales y de cómo tales mutaciones han impactado en las familias e individuos. El enfoque de exclusión social se ha desarrollado especialmente en Francia, Italia y los países nórdicos europeos desde la década de 1970. Es un modelo que entiende la pobreza como un fenómeno global y se centra en los procesos, los sujetos y la multidimensionalidad de las desventajas. Inicialmente, el modelo de exclusión social hizo referencia tanto a los problemas sociales de los inmigrantes como a los de los discapacitados, enfermos crónicos, desempleados de larga data (viejos obreros) y jóvenes desempleados, entre otros, dentro su propia sociedad: la gente que se encontraba “fuera” de la sociedad, “extramuros”, los no ciudadanos. Sin embargo, en sus inicios, esta interpretación pecó de dualista: los individuos estaban integrados o excluidos, lo cual simplificaba la realidad social.

Castel (2015), Tezanos (2002) y Balibar (2013) han presentado un esquema más complejo, en el que la sociedad no se encuentra fracturada en dos grandes grupos, sino separada al menos en tres “áreas”. De este modo, a partir de un esquema circular, han denominado al núcleo como integración, a la zona que lo circunda como vulnerabilidad social y al área periférica como exclusión, a la vez que han destacado la precariedad creciente de los distintos estratos de la sociedad:

el punto esencial para destacar es que hoy es imposible trazar fronteras claras entre estas ‘zonas’. Los sujetos integrados devienen vulnerables particularmente por la precarización de las relaciones de trabajo y los vulnerables caen todos los días en lo que llamamos ‘la exclusión’. Pero hay que ver en esto un efecto de los procesos que atraviesa el conjunto de la sociedad y se originan en el centro y no en la periferia de la vida social. Por ejemplo, en la decisión de la empresa de jugar a fondo la carta de la flexibilidad o en la elección del capital financiero de invertir en el exterior. (Castel 2015, 24)

La exclusión es así un proceso dinámico asociado a la estructura económica y urbana, que puede ser permanente o intermitente y pasar de una situación de vulnerabilidad a otra de aislamiento y dependencia. Entre la vulnerabilidad y la integración encontramos incluso una cuarta área, la inserción, que significa hacerse un lugar entre los otros, al lado, cerca de los integrados, pero no conjuntamente, sin lograr una interacción igualitaria con estos. La integración social aparece entonces como un largo proceso que se ha de recorrer —y de preservar, para quienes lo hayan logrado— y en el que se deben superar diferentes etapas que dependerán de los distintos puntos de partida de cada individuo o grupo, para lo cual puede que no solo encuentren barreras institucionales, sino también en la comunidad nacional o en sectores de esta. Como lo destaca Balibar:

Las cosas son mucho más complicadas en la práctica, puesto que hay toda suerte de grados en la ciudadanía activa […], y sobre todo una zona gris en la que figuran individuos que no están ni completamente incluidos ni completamente excluidos […] la realidad está hecha de un conflicto no resuelto, en permanente evolución, que se despliega en lo medular entre las bambalinas de la ciudadanía (o en otra escena de la política) y que tiene por objeto las violencias discriminatorias, las desigualdades de estatus y de derechos, cuya ‘materia’ antropológica es sexual, racial, religiosa, cultural […]. Esta zona gris aparece no solo como una zona de indecisión entre la inclusión y la exclusión, sino como una zona en que la exclusión es indirectamente reclamada al Estado representativo por una cuasi comunidad de semi-ciudadanos, o de ciudadanos inseguros de sus derechos y de su reconocimiento. (Balibar 2013, 111)

El mal o falso reconocimiento (Taylor 1993; Thayer 2013) y la mala distribución o el mantenimiento de las desigualdades sociales tienden a generar procesos de exclusión, en los que “determinadas personas están en la sociedad sin ser de la sociedad”, como afirmara Louis de Bonald en el siglo XVIII. En palabras de Honneth:

la inclusión de los miembros de la sociedad tiene lugar siempre a través de los mecanismos de reconocimiento mutuo, pues así es como aprenden los individuos a afirmarse intersubjetivamente en determinados aspectos o facetas de sus personalidades […] este proceso de inclusión también puede entenderse como un mecanismo mediado por el lenguaje, los gestos o los medios de comunicación con los que los individuos consiguen la ‘visibilidad’ pública. (2010, 185)

Ahora bien, esta lucha por el reconocimiento implica tres formas o esferas: la de los afectos cercanos, del amor; la de las relaciones de igualdad, del derecho; y la de la participación económica, de la solidaridad. La primera hace referencia al desarrollo de la autoconfianza en los individuos; para que esto se produzca, se debe generar un entorno donde exista seguridad afectiva y se reconozca la dignidad de los sujetos. En el plano del derecho, el reconocimiento habilita a los individuos a emitir juicios públicos y se pasa a ser valorado como sujeto político. Por último, la esfera de la solidaridad implica la valoración de cada persona como un agente que participa desde sus particularidades en el ámbito del empleo o trabajo (Honneth 2010).

Más allá de lo económico, la exclusión se refiere entonces a lo social, lo político y lo cultural, a la interconexión entre estas dimensiones y, en definitiva, a la falta de participación en el intercambio social en general. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) entiende la exclusión social como un fenómeno multidimensional que implica tres dimensiones: económica, política y cultural, que se acumulan con el propósito de diferenciar la capacidad de grupos sociales e individuos para cambiar su posición en la sociedad. En concordancia con esta perspectiva, Gacitúa y Davis (2000) señalan que la exclusión social se puede definir como la imposibilidad de un sujeto o grupo social para participar efectivamente en relación con estos tres niveles: (i) económico, en términos de privación material y acceso a mercados y servicios que garanticen las necesidades básicas; (ii) político, en cuanto a carencia de derechos civiles que permitan la participación ciudadana; (iii) sociocultural, referido al desconocimiento de las identidades de género, generacionales, étnicas o religiosas.

Ahora bien, la exclusión social implica tanto una dimensión temporal como espacial. La dimensión temporal indica que la exclusión es el resultado de la acumulación de factores de riesgo en circunstancias históricas particulares. Para comprender los “estados” de exclusión, debemos reubicarlos en un proceso, pues son el resultado de diferentes trayectorias que los marcan. En la mayoría de los casos, como sostiene Castel, “la exclusión designa actualmente situaciones que traducen una degradación con respecto a una posición anterior” (2015, 24). La dimensión espacial se refiere a que la exclusión responde a la interacción de múltiples factores que se articulan en un territorio determinado; de ahí conceptos clásicos como marginados (al margen) y suburbios, cuyos pobladores tienen un difícil acceso al centro o a los centros urbanos, por lo cual quedan “inmovilizados” y se generan guetos, “espacios cerrados escindidos de la comunidad” (Donzelot 2012, 31). Del mismo modo, el concepto contiene tanto un aspecto objetivo como subjetivo. El aspecto objetivo considera las condiciones efectivas, como la ubicación espacial, la dificultad de acceder al mercado laboral debido a un bajo nivel de escolaridad o el desconocimiento de una lengua. El aspecto subjetivo considera la representación social o imaginarios que los sujetos han elaborado de dichas condiciones, de cómo se perciben a sí mismos y de las estrategias que desarrollan para superarlas.

Pensando en la aplicación de este enfoque a realidades latinoamericanas, García Canclini (2004) ha afirmado que al modelo de la desigualdad entre clases —característico de los análisis realizados en Europa, como por ejemplo los de Bourdieu (1998)— hay que sumar y articular en América Latina el modelo de la diferencia. Más aún: la problemática de la desigualdad y de la diferencia ha girado hacia el enfoque de la inclusión/exclusión tanto en los discursos hegemónicos como en el pensamiento crítico. Ahora bien, los tres modelos son necesariamente complementarios: “necesitamos pensarnos a la vez como diferentes, desiguales y desconectados” (García 2004, 79) —o similares, iguales y conectados—. Y es que la sociedad es concebida en el mundo pos/moderno o tardío/capitalista —más que nunca, como ha señalado Castells (1991)— como una red o un conjunto de redes interconectadas. Al respecto, sostiene García Canclini:

La relativa unificación globalizada de los mercados no se siente perturbada por la existencia de diferentes y desiguales: una prueba es el debilitamiento de estos términos y su reemplazo por los de inclusión o exclusión. ¿Qué significa el predominio de este vocabulario? La sociedad, concebida antes en términos de estratos y niveles, o distinguiéndose según identidades étnicas o nacionales, es pensada ahora bajo la metáfora de la red. Los incluidos son quienes están conectados, y sus otros son los excluidos, quienes ven rotos sus vínculos al quedarse sin trabajo, sin casa, sin conexión. […] Ahora el mundo se presenta dividido entre quienes tienen domicilio fijo, documentos de identidad y de crédito, acceso a la información y el dinero, y, por otro lado, los que carecen de tales conexiones. […] En América Latina, aunque no solo aquí, es particularmente notable la desconexión escenificada en los ámbitos de la informalidad, donde se puede tener trabajo, pero sin derechos sociales ni estabilidad. (2004, 73-74)Aspectos metodológicos, proceso migratorio e incorporación de los colombianos en Chile: etapas, vulnerabilidades y reconocimientoSección:EscogerInicio de páginaResumenContexto y causas de la m…Marco teórico: exclusión …Aspectos metodológicos, p… <<ConclusionesReferenciasCITING ARTICLES

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Durante el trabajo de campo realizado entre los años 2015 y 2018 en las comunas de Santiago-Centro, Recoleta, Providencia y Quilicura, en la ciudad capital de Santiago, se realizaron entrevistas en profundidad a cuarenta mujeres y hombres de nacionalidad colombiana2, de los cuales en este artículo citamos los testimonios de doce, quienes al momento de la entrevista tenían entre tres y diez años de residencia en el país. Estas comunas fueron seleccionadas para dar cuenta etnográficamente de la heterogeneidad social y urbana de la capital, respectivamente centro, pericentro (Recoleta y Providencia) y periferia, espacios en los que se están desarrollando nuevas formas de segregación y mezcla social, debido a la modificación en la escala de la segregación social durante la última década.

Para realizar este análisis cualitativo, los participantes relataron cómo fue la experiencia de su llegada a Chile, qué hechos han sido positivos, negativos o extraños en su convivencia con chilenos, especialmente respecto a los ámbitos económico, político y cultural de la incorporación o exclusión social. El contenido de las entrevistas fue analizado por medio de una malla temática que se construyó a partir de la pauta de entrevista. El proceso de codificación se realizó paralelamente al de categorización, incluyendo categorías emergentes. Finalmente, se utilizó el software Atlas.ti® versión 7.0 para visualizar patrones y difundir los resultados. Esta producción de datos primarios se complementó con la búsqueda de información en las bases de datos estatales, las Encuestas de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) de 2017, el Censo 2017 (INE 2018) y el Departamento de Extranjería y Migración (DEM) del Ministerio del Interior y Seguridad Pública.

Entonces, dentro del panorama del colectivo colombiano en Chile, es necesario concebir las diversas fases de dicho flujo migratorio como un proceso dinámico y cambiante durante los últimos treinta años. La década de 1990 supuso un tiempo de transformación política, económica y social en Chile a causa de la transición democrática tras el plebiscito de 1988, que implicó también una reapertura del país a nuevas migraciones. Dentro de los testimonios de los entrevistados sobre los colombianos “pioneros” que migraron en los noventa, es posible resaltar una particularidad del migrante colombiano: su recursividad en tiempo de anonimato social, a causa de ser una comunidad desconocida para el chileno, que se sumaba a la peruana:

era en todo el país. Y muchos afincados, pero eran curiosos. O sea, como sí, chévere, el colombiano trabaja mucho, el colombiano es el tipo que monta un restaurante en el último piso de un centro comercial y vende el almuerzo más barato. El colombiano no es el peruano que le gusta vender minutos a celular. Al colombiano le gusta más como vender joyas, como más dedicado al comercio, ¿sí? Entonces a montar las famosas cabinas telefónicas y todo ese tipo de cosas era lo usual en esos años. ¿Mi madre?, nada. Mi mamá se dedicó fue a trabajar en casas que la contratan para que llegue a las 8 de la mañana y se vaya a las 5 de la tarde y ya, y le consignan en dólares […]. En ese entonces, mi madre, pues, pertenecía casi que a un grupo de pioneros. Porque, cuando ella se va, dos años después, ella empieza a llamar gente. Ella se va para Santiago. (Entrevistado 1, 2016)

A partir de ello, el efecto llamado tendría lugar gracias a las facilidades económicas y laborales que ofrecería el país. Dentro de las diversas categorías de caracterización y medición establecidas en el Migrant Integration Policy Index (MIPI), la vigencia previa de un estado de desconocimiento de los colombianos en Chile supuso una ventana de oportunidad para iniciar un proceso de adaptabilidad paulatina, debido a su particularidad, y el tamaño de su población pudo facilitar un proceso de incorporación por las posibilidades de establecerse dentro de un entorno de movilidad laboral y residencia permanente que permitiera una avanzada logística para promover la inmigración hacia este país. No solamente por la progresiva expansión económica que experimentaría Chile durante los años 1990 y 2000, sino también por la facilidad de adaptarse en la sociedad chilena en el inicio de dicho proceso migratorio, de la cual su ventaja comparativa era el ofrecimiento de una mano de obra barata:

Entonces, bueno, por un lado, no debo olvidar que mucha de la gente que empezó a partir en el 2003, 2004, 2005, eran muy jóvenes, pero por otro motivo, ¿sí? Y es porque empezaron a aparecer avisos por toda la red de que necesitaban gente, especialmente, en el área de contabilidad y de web master, o sea, de vainas de construcción de redes de información, ¿sí? Resulta que nosotros, cuando llegamos allá, la mano de obra es más barata que la… no, no, no… la de aquí, o sea, nuestro concepto mental es que no necesitamos tanto dinero. El chileno cobra mucho más, ¿sí? Entonces los chilenos empezaron a contratar, ni siquiera era muy por debajo, era un poco por debajo. Pero como estaban contratando cincuenta ingenieros de sistemas, pues se terminaron ahorrando miles de dólares al contratarlos anualmente a los colombianos, porque aquí nos pagaban muy poco. Entonces, allá, el chileno que ya había venido aquí sabía que “no, marica, este man se le camella por 800 dólares, no necesita más. Este otro huevón me pide 3.000: suerte”. Y eso se llenó de colombianos fue así. Fue así la verdadera migración. Porque al norte, la de Antofagasta y todo eso, tiene otras razones. Mucha de esa gente quería quedarse en Brasil y no pudo, porque en el Brasil de Lula hubo muchas oportunidades de conseguir vivienda. Entonces, eso hizo que gente del Valle y de todo esto eso se fueran vola’os para Brasil y, paila, no se pudieron quedar. Siguieron hacia abajo y, en Antofagasta, encontraron todo el negocio minero. (Entrevistado 1, 2016)

Además de las condiciones anteriormente enunciadas, los procesos migratorios al norte de Chile se caracterizaron por la existencia de un mercado de exportación minera que se avizoraba en auge, de acuerdo con factores de atracción derivados de las buenas experiencias de los colombianos reubicados en el Norte Grande de Chile, tras las iniciativas promovidas por Acnur para la reubicación de colombianos refugiados provenientes de países como Ecuador, Panamá y Costa Rica (Polo y Serrano 2018b). Sin embargo, estas particularidades del efecto llamado incidirían directamente en la incorporación de la comunidad colombiana en Chile, ya que gran parte de la población que se trasladó estaba directamente conectada con un perfil migratorio caracterizado por personas que sufrieron las consecuencias del recrudecimiento del conflicto armado en los años 2000. La vulnerabilidad socioeconómica de estas poblaciones, junto con las diferencias culturales e incluso “raciales”, generaron escenarios adversos para la incorporación de esta población dentro de la sociedad chilena. Desde los postulados de Balibar (2013), es posible dilucidar que este proceso ha consistido directamente en un esfuerzo sostenido de la población colombiana por salir de la “zona gris” en la que siguen, en el ejercicio de revalidar sus condiciones de migrantes en pleno ejercicio de derechos y libertades.

Ahora bien, se plantean perspectivas complementarias sobre la llegada de colombianos a Chile, según las experiencias personales y de sus redes sociales. Uno de los entrevistados, que participa en un colectivo de migrantes, precisa sobre su experiencia de migración en Antofagasta, la segunda ciudad con más colombianos en Chile:

En mi caso, yo creo que mi caso es muy particular. Muy distinto, porque, en realidad, aquí me enviaron como misionero de mi iglesia. Fui como asignado, específicamente, al norte de Chile. […] Y así fue como conocí el norte de Chile. Entonces, luego volví, que ya es distinto, porque ya venía para ejercer mi profesión. Estaba yo allá trabajando y quería, siempre había tenido el deseo de venir, de volver, pero ya como para ejercer la profesión. Para tener una experiencia en el exterior que es algo como bien valorado en Colombia. Entonces, esa era una de las cosas, de las metas que tenía, ¿cierto? Era ejercer mi profesión en el exterior y, pues, ¿qué mejor que acá? Que, pues, ya tenía una red de contactos. Ya tenía amigos y demás. Pero […] fueron personas que fueron asignadas aquí como país de refugio. Eran personas que eran víctimas de la violencia en Colombia y el Acnur que, en ese momento, era el que estaba viendo estos casos de refugio, de la ONU, ellos les dieron a algunas de esas personas un país transitorio que fue Ecuador. Siempre, cuando ellos eligen un país para estas personas, tienen que reunir ciertas condiciones… por ejemplo, similares en cuanto a clima, en cuanto a condiciones geográficas, ¿cierto?, similares al lugar de origen y, aparte, que cuente con las condiciones sociales y económicas para poder desarrollar su proyecto de vida. Para poder reponerse y poder levantarse. Entonces, eso fue, digamos, parte de lo que pasó con los primeros que llegaron acá. Bueno, después ellos fueron trayendo a sus familias y amigos y, de esa manera, pues se fue, digamos, haciendo famosa Antofagasta como la ciudad de destino. (Entrevistado 3, 2016)

Por un tema de que Chile es muy famoso en este momento en Colombia porque hay trabajo, ¿sí?, entonces la gente se está viniendo mucho a trabajar acá porque hay construcción… porque está más en vías de desarrollo Chile que Colombia, digamos. (Entrevistado 7, 2017)

Los interlocutores afirman una extendida creencia en Colombia de que en Chile hay trabajo, lo que se constituye como la principal atracción para migrar. La idea del “sueño chileno” como imaginario del migrante colombiano ha venido calando dentro de los escenarios de decisión de los migrantes prospectivos en Colombia, puesto que estos discursos son los que, según Palma (2015), han tenido la posibilidad de construir y revalidarse en el tiempo y han sido nutridos por la comprobación vía la propia experiencia. Esta idea de la prosperidad conlleva además nuevas prácticas y nuevas estrategias de incorporación social y de reactivación económica de la población migrante como mecanismos de fortalecimiento de la red social que le atrajo a migrar. Al consolidarse las redes sociales transnacionales en Chile, se facilita el proceso de inserción de los recién llegados, lo que potencia aún más la migración (Gissi-Barbieri y Ghio-Suárez 2017). Cabe destacar que el idioma español y la religión cristiana tienen un rol facilitador que, junto al aumento de las barreras para migrar a Europa y Estados Unidos, llevan a algunos a preferir Chile. Sin embargo, los interlocutores resaltan la creciente dificultad de ingresar al país. Se reiteran factores como la discriminación como agentes que pueden frenar la regularización migratoria, el acceso a derechos fundamentales e incluso la reagrupación familiar. Ante una paulatina variación en la percepción de los colombianos como migrantes, en la que se destaca el aumento de los niveles de discriminación y controles sociales, tanto de la población nacional como por parte de algunas autoridades e instituciones estatales, el siguiente entrevistado indica:

No, es que la persona de PDI [Policía de Investigaciones de Chile], solamente con la vista, detectaba quién entra y quién no. Así es la cruda realidad. ¿Por qué?, porque yo, en ese momento, viajaba con mi abuela, una prima y el esposo de mi prima. ¿Qué pasó? Bueno, mi abuela y mi prima, que pudieron pasar la frontera, la persona del PDI les dijo: “Ustedes pueden pasar, pero los otros dos hombres no, porque ustedes vienen acá es a trabajar, no como turistas”. Entonces, yo le decía: “Pero ¿cómo voy a dejar pasar a mi abuela sola si yo vengo con ella? Y además yo no vengo acá a hacer cosas malas. Yo soy técnico de auxiliar contable y soy técnico diseñador de software, y estoy estudiando una carrera en logística empresarial”, y le mostré el carnet, pero esa carrera quedó, pues no la pude culminar. Él me decía: “No, ustedes no pueden pasar. Ustedes vienen acá a trabajar o a hacer otro tipo de cosas”. Pero yo decía: “Pero ¿cómo voy a dejarla pasar? O sea, yo vengo acá a hacer un aporte, no de pronto a hacer esas cosas que dicen que hacen los colombianos en Antofagasta”. Me dijo: “No”. Pues mi abuela pasó y yo me devolví a Lima. (Entrevistado 5, 2016)

Así, al revisar los diversos testimonios, es posible identificar dos elementos que cambian desde 2010 la percepción de los procesos de incorporación social de los colombianos en Chile: la masificación de la migración y las transformaciones económicas de la economía chilena. Gran parte de dicho cambio se da por consecuencia del crecimiento inusitado del número de colombianos en Chile entre 2003 y 2015, lo que ha modificado las percepciones sobre su posición en el país y ha aumentado los prejuicios por nacionalidad, clase/estrato y “raza”, tres factores que se suman en el caso de los afrocolombianos, principalmente originarios de Cali, Buenaventura y el Pacífico colombiano. Este cambio de escenario tiende a dificultar el reconocimiento, especialmente en la esfera del derecho (relaciones de igualdad).

Los estereotipos de género también están presentes en los discursos analizados. Por ejemplo, algunas entrevistadas explican que las mujeres chilenas tienen actitudes de desconfianza y agresividad hacia ellas, que derivan de sus celos y de la mala interpretación de la forma de expresarse de las colombianas:

Yo hay veces atiendo y les digo a los hombres: “Hola, mi amor, ¿desean almorzar?”. Y me dicen ellas: “Él no es amor suyo, él es amor mío” y “Oye, que nosotros en Colombia le decimos ‘mi amor’”. (Entrevistada 11, 2017)

De este modo, como señala el enfoque de la interseccionalidad, se refuerzan mutuamente los factores de nacionalidad, clase, “raza” y género. Se destaca que “Ahora no nos quieren ni ver”:

Efectivamente. Se vio el cambio total. Al principio, todos éramos admirados y ahora no nos quieren ni ver. No quieren conversar con nosotros. En general, la mujer es muy maltratada igual, porque generalmente la mujer acá es muy celosa y piensa que las colombianas, por ser bonitas, porque se visten bien, porque son como más esmeradas en su personalidad, más esmeradas en su hogar, más consentidoras de su familia, ellas creen que vienen a quitarles, a dañarles los hogares. Entonces, eso también se ve reflejado mucho. El maltrato entre las mujeres. La mujer chilena no quiere para nada a la colombiana. Ya sea un, este, que son más bonitas, de que son más entretenidas, de que bailan mejor, bueno, muchísimas cosas características buenas que tiene la colombiana y, desafortunadamente, sin demeritar a las chilenas, no lo tienen. La colombiana huele rico, se viste bien, se prepara para salir a su trabajo súper bien. Con su personalidad, también agrada mucho a las personas y, desafortunadamente, la chilena no tiene esa personalidad. Entonces, ellas, en vez de decir “ya, voy a cambiar”, no, ellas rechazan totalmente a la mujer colombiana. (Entrevistado 4, 2016)

El color de la piel es un factor prioritario en las maneras en que colombianas y colombianos describen como positiva o negativa su experiencia en Chile y sus posibilidades de reconocimiento en la esfera de los afectos primarios (relaciones de cercanía) y, por tanto, de real incorporación en el país. Por último, se resalta la vulnerabilidad del colombiano en cuanto población estigmatizada a través de lugares comunes asociados con el narcotráfico y la prostitución, entre otros, que constituyen vías peyorativas para “catalogarlos” y que cuestionan incluso la dignidad de los migrantes:

Pero, realmente pues han sido muy tenaz, porque aquí te catalogan a ti como, pues, como colombiano se te abren puertas porque saben que somos trabajadores. Pero también han llegado muchos grupos de personas que han venido a hacer, a darnos mala imagen dentro del país, dentro de Chile. Y esto ha generado que, en un momento dado, nos juzguen a todos por igual. O sea, “son ladrones, venden droga, las mujeres prostitutas”, una cantidad de cosas que afectan la visión de realmente del gran número del colectivo de colombianos que somos. Muy poco vienen tal vez a hacer eso, y los otros vienen a hacer, pues unos poquitos vienen a dañar la imagen, pero pues muchas veces se nota más lo malo que lo positivo. Entonces, en ese momento fue muy difícil, fue difícil. (Entrevistado 6, 2016)

Son muchos los entrevistados afrodescendientes que comentan haber sido víctimas de racismo y desprecio por parte de chilenos e incluso lo han llegado a calificar como la parte más difícil de su trayectoria migratoria:

Pues lastimosamente termina a veces en golpes […] me dicen “negro yo-no-séqué”. (Entrevistado 8, 2017)

Te miran, así como de mala forma o como que tú estás esperando la micro y, si hay varios negros, no te paran. (Entrevistado 9, 2017)

La peor… cuando uno sale y le dicen cosas malas. Que hasta de maraca la tratan a uno que… “se oscureció”, le dicen cosas así, cosas del color. (Entrevistado 10, 2017)

Según algunos de los discursos, las producciones internacionales para la televisión sobre esta temática han influido en la expansión de este estereotipo:

Esa fama nosotros mismos nos encargamos de venderla, porque sacamos teleseries de narcotráfico, prostitución, todo eso, entonces nosotros mismos nos hacemos la mala fama. (Entrevistado 12, 2017)

Los procesos de incorporación social de los/as colombianos/as en Santiago están marcados así por distintas situaciones que tienden a generar incertidumbres y muchas veces frustran el denominado “sueño chileno”. En estas trayectorias se destacan las visas —especialmente la visa sujeta a contrato, asociada a múltiples abusos— y las relaciones con los servicios públicos, así como los estereotipos y el racismo hacia los afrodescendientes (Echeverri 2016), como puntos críticos. En el ámbito laboral tiende a haber en cambio una valoración de la actitud, capacidad de emprendimiento y aporte al trabajo en equipo de los colombianos, que implican un reconocimiento en la esfera de la solidaridad (intercambios económicos).

Cabe acotar que, en algunas situaciones, la condición identitaria de nacionalidad no ha sido relevante y no ha generado exclusión desde los chilenos. Es el caso de las protestas estudiantiles de 2011, lucha social sobre la que se relatan algunas experiencias, en donde prima la condición mutua de estudiantes:

Yo, la verdad, pues fue un tema que me parece que también vale la pena como estudiar, y fue que hubo muchos de los extranjeros que van a Chile y es que no hicieron amistad con muchos chilenos, sino con extranjeros de otros países. Entonces, mis compañeros me decían: “Vamos a marchar a la Alameda”. Y entonces, por un momento, yo decía: “Bueno, pero yo soy extranjero, yo qué hago allá, ¿no?”. Pero el hecho de usted estar metido, ver la lucha estudiantil, ver cómo todos los sectores se unen, digamos, en este caso particular, no se hablaban ni de izquierdas ni derechas. O sea, usted veía marchar a los pinochetistas con los allendistas, firmes todos, pendientes, pues, del tema educativo […]. Yo, en primer momento, fui dirigente de una vaina en Colombia que se llamaba la GEC [Grupos Estudiantiles Confederados], que esa vaina fue la semilla de lo que hoy es la MANE [Mesa Amplia Nacional Estudiantil]. Y yo, pues, obviamente, de venir de esa escuela, pues yo me integré inmediatamente al movimiento estudiantil chileno. Yo en las marchas y en las asambleas, me encontraba con gente de todo el mundo. Estudiantes de Brasil, de Argentina, de Francia, de todo lado. O sea, era una cosa impresionante y eso fue muy interesante. No nos rechazaban, ni nos discriminaban, ni nos decían como: “Bueno, ¿y usted qué hace acá?, usted no es de acá”. Ahí nosotros teníamos una calidad que era la calidad de todos, y esa era la calidad de estudiante. Independientemente de la nacionalidad, éramos todos estudiantes. (Entrevistado 2, 2016)

Vale la pena resaltar esta particularidad en el proceso de migración que, con relación a los procesos políticos y sociales desarrollados en Chile durante los últimos años, es clave mencionar que hay una unidad en términos de participación política, si bien estas condiciones pueden ser directamente soslayadas por la condición del migrante en su proceso de vinculación, así como de la fuerza o causa política que lo adopte. A raíz de ello, es válido comentar que, aunque existen procesos de discriminación de la población colombiana en Chile, existen unos límites que han condicionado este rechazo y que, en algunas situaciones, la condición de nacionalidad no parece un impedimento para ser agentes de cambio en los procesos políticos y sociales del país. Sin embargo, ¿hasta qué punto está vinculado el colombiano dentro de este tipo de tensiones sociales? Queda abierta la pregunta por si los procesos de incorporación y vinculación de los colombianos en Chile obedecen a un principio auténtico de inclusión de esta población para su beneficio y participación o si se trata de una instrumentalización basada en una promesa de garantía de derechos y libertades.

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La incorporación o exclusión de los colombianos en Chile ha dependido del momento de llegada, de su color de piel, de su género y de su calificación, de si se tiene título universitario o no. A su llegada a dicho país, generalmente se ven enfrentados por imágenes preconcebidas sobre lo que significa tener esta nacionalidad —ya sean estas positivas o negativas— y a distorsiones simplificadoras sobre Colombia, principalmente referidas a violencia y narcotráfico. Estos estereotipos aumentaron desde el año 2010, cuando se empezó a percibir en Chile una cierta “invasión” de extranjeros, principalmente originarios del suroeste de Colombia. Hasta el 2010 las experiencias de incorporación solían ser exitosas, de acuerdo a las expectativas personales. Al asociarse en el imaginario de los chilenos la nacionalidad colombiana con la “raza” negra, producto de una mayoría de afrodescendientes provenientes desde Cali y sus alrededores, se reforzaron los estereotipos que articulaban nación con color de piel, estrato socioeconómico pobre y bajo nivel educacional.

A estos factores se suma el género, pues las mujeres chilenas, como concuerdan las migrantes colombianas, les tendrían a estas últimas cierto temor por percibirlas más extrovertidas. Se ha generado así una sexualización de las mujeres colombianas, quienes sin embargo observan que las normas de orden de género en Chile resultan más favorables a la independencia de las mujeres que aquellas existentes en Colombia.

El individuo recién llegado percibe a los chilenos desde las diferencias culturales y la sensación de incomprensión. Los discursos de los entrevistados revelan la distancia entre los imaginarios sociales adquiridos antes de partir y la experiencia vivida, así como más rupturas que confirmaciones durante los primeros años frente al denominado “sueño chileno”, pese a las facilidades que genera el uso de una misma lengua y una religiosidad semejante, aunque menos activa en el caso chileno. Se destaca que la “forma de ser” de los chilenos sería fría y distante, en oposición a la calidez de los vínculos de la sociedad colombiana. Esto se manifiesta incluso en la mala calidad que brindan los servicios públicos en Santiago, especialmente los asociados a los trámites que deben hacer los migrantes, lo cual tiende a un mal reconocimiento, especialmente en el plano político-jurídico.

Poco a poco, sin embargo, se va superando este choque cultural inicial, se disminuyen las incomprensiones y se reinterpreta la cultura local. De este modo, se suele generar la deseada incorporación e incluso arraigo (residencia estable, proyección a permanecer en Chile) pese a la permanencia de los lazos transnacionales con los familiares y amigos que residen en Colombia o que migraron a otros países del mundo. Estas diferencias culturales vividas durante los dos primeros años devienen en una oportunidad, pues abren la posibilidad de complementariedad, lo cual se expresa en el cada vez mayor acceso y buena acogida de los colombianos en el sector servicio, donde se los reconoce como buenos trabajadores. La incorporación en el mundo laboral pasa a ser clave para lograr ser reconocidos en Chile como “buenos migrantes”. En este sentido, se otorga un reconocimiento en el plano de la participación económica, desde el cual se ejerce una valoración a partir de su contribución en el ámbito del empleo. Se van generando así amistades y parejas y un paulatino proceso de mestizaje cultural, que es más evidente en las comidas, bailes y negocios del sector estético.

Finalmente, se identifican tres etapas en el proceso de incorporación de los colombianos en Chile. Una primera fase positiva, asociada a la década de 1990 e inicios del siglo XXI, particularmente para quienes tienen títulos universitarios; una segunda fase más difícil, de mayor rechazo a los extranjeros en general y de aumento de los estereotipos sobre la población colombiana (narcos, prostitutas) desde el 2010, pues se percibiría en Chile un exceso de migrantes; y finalmente, una tercera etapa emergente desde abril del 2018, cuando la reforma migratoria planteada por el actual gobierno para “ordenar la casa” ha generado un clima hostil hacia la migración —especialmente de haitianos—, en el que se han aumentado las restricciones a la entrada y se ha cuestionado incluso el derecho a migrar, como se señaló en el contexto de la reciente discusión respecto al Pacto Global sobre Migración.ReferenciasSección:EscogerInicio de páginaResumenContexto y causas de la m…Marco teórico: exclusión …Aspectos metodológicos, p…ConclusionesReferencias <<CITING ARTICLES

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Anexo

Figura 3. Colombianos por grupo de sexo, estado civil, condición de actividad e inactividad (1992-2017)

Figura 4. Colombianos por rama de actividad laboral en ejercicio (1992-2017)

Figura 5. Número de refugiados colombianos en Chile (2002-2017)

Figura 6. Dispersión territorial de la población colombiana en Chile (2017)

* Presentamos aquí resultados del proyecto Fondecyt de Iniciación “Migración y procesos de integración y exclusión social de colombianos y mexicanos en Chile. Estudio comparativo de dos casos de movilidad intra-latinoamericana” y del proyecto “U-Nómades. Red de Investigación Socio-Antropológica en Migraciones, Relaciones Interculturales y Políticas Públicas”, Programa U-Redes, de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo, Universidad de Chile, así como de las pesquisas de entrevistas realizadas en el marco de la agenda de investigación del Semillero de Migraciones Colombianas al Exterior (Semicoex) de la Universidad del Rosario, Colombia. Los autores agradecemos a estas instituciones por su apoyo y a los revisores que aportaron con sus comentarios para mejorar este artículo.

** Doctor en Antropología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Antropólogo social de la Universidad de Chile. Académico del Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile. Coordinador de la Red de Estudios Migratorios U-Nómades de la Universidad de Chile. ✉ ngissi@uchile.cl

*** Maestrando en Economía de las Políticas Públicas de la Universidad del Rosario, Colombia. Politólogo de la Universidad del Rosario, Colombia. Docente y director del Semillero de Migraciones Colombianas al Exterior de la Línea de investigación sobre Dinámicas y Asuntos Internacionales del Grupo de Estudios Políticos Internacionales (GEPI), Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales, Universidad del Rosario, Colombia. ✉ sebastian.polo@urosario.edu.co

1 Para mayor información sociodemográfica y geográfica sobre la población migrante colombiana en Chile, remitirse a las figuras 3, 4, 5 y 6 en el anexo (N. del editor).

2 En este artículo se numera a los entrevistados (1, 2, etc.) para mantener el anonimato de los participantes del estudio.Anterior

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Información bibliográfica

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Esta atracción por sumergirse y conectarse con mundos lejanos y desconocidos, a través de hurgar los elementos que seguían transportando los caravaneros, en los años cuarenta, para intercambiarlos por productos del oasis y del puerto de Iquique, llenaban su imaginación y curiosidad. Esta atracción de enfrentar nuevos desafíos y abrir ignorados derroteros, como los antiguos caravaneros que conectaban mundos distantes y exóticos a lo largo y ancho de los territorios de los países andinos como Perú, Bolivia, Argentina y Chile, marcó su personalidad hasta su muerte.Luis Briones nació en una oficina salitrera, pero creció en Pica, un típico oasis de la Pampa del Tamarugal en pleno Desierto de Atacama. Tenía más de 80 años, pero físicamente representaba muchos menos. Mentalmente era un personaje mayor por sus conocimientos y sabiduría que fue adquiriendo a través de su incansable e inalcanzable tranco para caminar, observar y registrar en su prodigiosa memoria y sus cuadernos de campo, vívidas expresiones de lo que se escondía en pequeños rincones medio tapados por las arenas del desierto; todo lo cual lo transformó en un ilustrado habitante de este territorio. A su casa, ubicada en un esquina arenosa y soleada entre Pica y Matilla que bautizó como Poromita, llegaba todo tipo de gente, me comentó más de una vez Ani Valentin quien lo acompañó por más de 50 años en esta aventura espacial. Estudiantes, arqueólogos, arquitectos, músicos, políticos, productores de TV, entre otros, venidos desde distintas partes del país y del exterior, incluyendo al suscrito, nos acercábamos a Poromita para escuchar y aprender de su sabiduría y experiencia, que relataba de manera cinematográfica, con gestos y sonidos, o dibujando en el suelo y apuntando hacia distintas direcciones en el horizonte, para dar respuesta a las consultas de los visitantes. De esta manera, Lucho o Lalo, como lo conocía todo el mundo, se transformaba sin ostentación en una especie de verdadera “Luchopedia”, un libro que siempre estaba abierto, interactivo, para el que no se necesitaban claves, ni citas especiales. El respaldo de su enciclopedia, se encontraba en sus cuadernos de campo, con apuntes, croquis y dibujos a escala, hechos a mano alzada, de miles de paneles con geoglifos que registró minuciosamente desde los años sesenta. Esto significó que su retiro de la universidad, más que sacarlo de la vida académica, lo mantuvo activo y creativo, llevándolo continuamente a seguir descubriendo o revisitando las huellas de los antiguos habitantes del Desierto, materializadas en senderos, geoglifos y apachetas milenarias o centenarias. Hace pocos meses atrás había comenzado la tarea de reproducir, siguiendo la vieja escuela del papel diamante o mantequilla, los dibujos de sus cuadernos, unos verdaderos calcos en miniatura que además guardaba en su envidiable memoria fotográfica. Intentaba con ello ordenar “Luchopedia”, pero en realidad, en este proceso podía revisitar lugares a los que ya no podía volver físicamente; una evocación que le permitía repasar y refrescar en su memoria figuras que había registrado en el siglo pasado; una manera también de acercarse a los caravaneros que posiblemente repasaban o reparaban geoglifos que habían dibujado en viajes anteriores. Como los viejos caravaneros este ilustrado habitante del Desierto de Atacama emprendió un último viaje, desde Poromita, al que volverá en alma, pero no en cuerpo por lo que seguiremos cultivando por él y con él la pasión por el desierto y para que su legado, “la Luchopedia”, no quede tapada por las arenas que el viento sopla sobre la pampa. Este sabio de Pica fue profesor de la Universidad de Chile, sede Arica y luego profesor de la Universidad de Tarapacá, su dedicación a la defensa y difusión de los geoglifos y del patrimonio arqueológico en general, lo hicieron merecedor del Premio Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural de Chile, destinado a quienes “contribuyen significativamente al rescate y puesta en valor de la memoria patrimonial del país”. Como fue su deseo, sus cenizas serán esparcidas en la pampa frente a alguno de los “cerros pintados” de geoglifos.Luis Briones en su incansable misión de registrar los geoglifos encriptados en las laderas del De

Origen: “Cabros viene barco”. En memoria de Luis Briones Morales, ilustrado habitante del Desierto de Atacama

CHILE, FEMINISTA DE LOS AÑOS 70, MARTA ZABALETA, HACIENDO MEMORIA (2010)

Marta R. Zabaleta* del Frente de Mujeres Revolucionarias del MIR chileno, años 70“NO ME ARREPIENTO DE NADA” x victoria aldunate/bloga memoria feminista 2010 La escuché hablar sobre el ”trabajo doméstico invisible” en Villarrica, el verano de 1971. Fue una charla muy sencilla en vocabulario. Recuerdo que las mujeres quedaron encantadas por escuchar a alguien que le ponía palabras a lo que ellas no podían decir… existía un alto grado de analfabetismo, timidez, humildad y violencia intrafamiliar, tanto, que ni siquiera se atrevieron a contarle a sus maridos lo que escucharon en esa reunión… Fue hace casi 40 años.La hija de una dirigenta regional de Villarrica (sur de Chile), Cecilia Burgos Conejeros, escuchó ese día el mensaje del Frente de Mujeres Revolucionarias -Organización que ni siquiera parece haber registrado el historiador Luis Vitale, también militante del MIR, en su Cronología Comentada del Movimiento de Mujeres en Chile-. Era Marta Zabaleta la que hablaba, argentina, militante del MIR chileno y feminista latinoamericana ya en ese tiempo. Fue en la época de la UP, Unidad Popular, la coalición de partidos de izquierda que hizo posible los 3 años de Allende en el gobierno chileno.  “IDEAS RARAS” “Imagina mi emoción con la carta de esta persona. Ahora ella vive en el exilio, creo que ya es abuela… Yo tampoco he olvidado cuando fuimos a la población en Villarrica. Con   unas casitas de 4 x 4 metros cuadrados, no más, no tenían ni vidrios y sólo piso de tierra, era gente trabajadora, pero sin recursos, que vivían en condiciones muy precarias. Eso no lo tomaban en cuenta las visitadoras sociales de ese tiempo, que culpabilizaban a las mujeres diciéndoles que sus guaguas se enfermaban de diarreas e infecciones porque ellas no desinfectaban bien las mamaderas… El trato clasista, racista y machista típico, también entre nosotros. Yo un día me quedé hasta el final en una reunión vecinal convocada por esas compañeras de los servicios de asistencia social y de repente, me  paré, me presente y hablé de los derechos de las mujeres, pero alguien dijo: ¡Por qué habla ella si es argentina! ¡Les viene a poner ideas raras a “nuestras” mujeres en la cabeza!… el acostumbrado discurso de la UP, xenófobo además… querían evolución, pero con las mujeres sometidas”.Fuiste cofundadora en Concepción del Frente de Mujeres Revolucionarias ¿Cómo fue ese feminismo? Sí, tres de las fundadoras no éramos chilenas, dos argentinas y una francesa que se suicidó no mucho después cuando murió su amante, Luciano Cruz (1), ella era muy buena persona, feminista y socialista también. Me prestó muy importante bibliografía. De acuerdo a mi concepción de lo que es el feminismo como movimiento, entre el 70 y el 73, sólo se puede hablar de que había algunas mujeres feministas en Chile, y tal vez también, un puñado de hombres pro-feministas. Nuestro grupo, por ejemplo, constaba de 13 mujeres como mucho, en sus inicios. Fue creado en 1971 y empezó con clases vespertinas gratis, dadas por mí en la escuela de Economía y Administración de la Universidad de Concepción.¿Cómo eran esas clases? Eran en la Universidad. Iban dirigidas a estudiantes de ambos sexos. Asistía quien quería, pero básicamente lo hacían integrantes del Movimiento Universitario de Izquierda (MUI), que era el frente de masas universitario del MIR. Un artículo que recuerdo de la bibliografía elegida fue sobre la invisibilidad del trabajo doméstico, escrito por la socióloga argentina Isabel Larguía y que publicó “Monthly Review Press”, en Nueva York. Esa revista era excelente, producida por los mejores economistas marxistas de la época, como Paul Barán y Paul Sweezy, salía también en versión castellana, y era distribuida en Chile por Lucho Benado, militante del Partido Socialista.También discutíamos en esas clases, el manifiesto constitutivo del Frente de Mujeres Revolucionarias, FMR que habíamos redactado en reuniones de mujeres hechas en mi casa.¿Iban dirigidas a sólo estudiantes de Universidad?  Las de la Universidad, sí, pero un equipo de dos hombres, estudiantes de medicina, un abogado, y dos mujeres, Cristina Haydee Araya y yo, dábamos clases y asesorábamos al Sindicato de Empleadas Domésticas de Concepción, Chillán y Temuco, en temas propuestos por ellas mismas. Temas legales, de vivienda, sexuales y laborales. Llegaban muchas a estas clases. Al margen del Frente de Mujeres, en mi base de cuadros del MIR escribíamos con tres colegas varones, charlas de educación política para el frente de masas trabajadoras del MIR, el Frente de Trabajadores Revolucionarios, FTR. Luego las dábamos en los sindicatos, en las minas de Lota y Coronel, en las fábricas estatizadas, en los astilleros de Talcahuano, entre otros. Yo decidí ponerles  diálogo y quedaron bastante amenas. Escribimos unas 25, y cuatro de ellas fueron dedicadas por mí al tema de la mujer, incluyendo los problemas de discriminación en el lugar de trabajo, de pareja y de violencia del marido, generalmente asociada al alcoholi

Origen: CHILE, FEMINISTA DE LOS AÑOS 70, MARTA ZABALETA, HACIENDO MEMORIA (2010)

Cóndor en Roma: la búsqueda de justicia continúa | Puchero

En la última audiencia de apelación del Juicio Cóndor, se pidió cadena perpetua para el imputado chileno Pedro Octavio Espinoza Bravo y se aportaron nuevas pruebas a la justicia

22.05.2019

Por Tania Rocha

 

El lunes 13 de mayo se reanudaron las audiencias de apelación en el Juicio Cóndor. Hubo dos momentos cruciales ese día. Por un lado, se volvió a incorporar al juicio al imputado chileno, Pedro Octavio Espinoza Bravo, el segundo en comando de la policía secreta chilena (DINA) después de Manuel Contreras. Por el otro, el abogado Andrea Speranzoni analizó en detalle las nuevas pruebas documentales, cuya anexión la Corte de Apelación había autorizado anteriormente, en diciembre de 2018

Francesco Mollace. Foto cortesía de Janaina Cesar

Después de meses de silencio, el imputado Espinoza Bravo finalmente respondió a las notificaciones enviadas por el tribunal y, en esta última audiencia, se pudo volver a sumar al juicio. En consecuencia, el Procurador General de la República, Francesco Mollace, pidió pena de cadena perpetua para él. Expresándose al respecto, el abogado del estado italiano, Luca Ventrella, afirmó de forma contundente que la absolución de Espinoza Bravo formaba parte de esas “absoluciones misteriosas y desconcertantes de la sentencia de primera instancia”. Ventrella resaltó el papel clavel y apical de Espinoza Bravo, como responsable de las operaciones en Villa Grimaldi, uno de los más crueles centros clandestinos de la DINA en Santiago, y su rol de comando dentro de las estructuras de la misma policía secreta chilena.

Acto seguido, Andrea Speranzoni, abogado de la República Oriental del Uruguay y de varios familiares de víctimas chilenas y uruguayas, empezó su intervención frente a los jueces. Habiendo logrado la incorporación de varios nuevos documentos de prueba en esta segunda etapa del juicio, el abogado se extendió por varias horas analizando en detalle la prueba recopilada durante su reciente viaje al Cono Sur. Speranzoni destacó que la distancia temporal y geográfica que separaba a los jueces de los delitos bajo su consideración, se podía superar gracias al esfuerzo por reconstruir los crímenes de lesa humanidad dentro de la misma sala del tribunal. En su largo relato, Speranzoni recordó el origen de la expresión “Nunca Más” en los años sucesivos a los delitos del Holocausto y la Segunda Guerra Mundial. En un recorrido que empezó desde Núremberg, llegando hasta los tribunales de Ruanda y de Yugoslavia, pasando por Latinoamérica, el abogado recordó los conceptos de delitos de indiferencia, tomado de la jurisprudencia francesa, y de terrorismo de estado y plan sistemático, de la justicia argentina.

 

Andrea Speranzoni. Foto cortesía de Janaina Cesar

Con un abordaje cronológico, Speranzoni partió desde el golpe de Pinochet en Chile de septiembre de 1973, definiéndolo como un “nudo fundamental que llevó a los militares chilenos a generar una metodología criminal transnacional, con protocolos de acción entre las fuerzas conjuntas de la región”. Recordó en particular el caso de Juan José Montiglio Murúa, hijo de inmigrantes italianos, y miembro del Grupo de Amigos Personales (GAP) de Salvador Allende. Ese fatídico día del golpe, el 11 de septiembre de 1973, Juan nunca abandonó al presidente en La Moneda. Además, previendo lo que podía llegar a pasar, hasta se preocupó de destruir un archivo que contenía  los datos de otros miembros del GAP y de asistentes de Allende, para protegerlos a ellos y a sus familias. En mayo de 2017, meses después de la sentencia de primera instancia, los familiares de Montiglio finalmente pudieron identificar algunos de sus restos después de más de 40 años desde su desaparición.

Juan José Montiglio Murúa. Foto cortesía de Alejandro, Tamara y Ana Montiglio

Pasando a los casos de Uruguay, Speranzoni subrayó la relevancia de las nuevas pruebas documentales que se habían podido incorporar al juicio. El abogado entregó una memoria escrita de más de 200 páginas a la Corte y, durante su exposición, resumió algunos de los puntos claves. En relación con el imputado uruguayo, Jorge Néstor Troccoli, acusado de 20 homicidios de militantes uruguayos en el exilio en Buenos Aires entre fines de 1977 y comienzo de 1978, el abogado reseñó algunos de los nuevos documentos de archivo, como también las fichas de los detenidos, “que no habían sido analizadas por la corte de primera instancia.” Con una lectura cruzada entre los varios elementos de prueba, nuevos y viejos, desde los legajos militares, las comunicaciones de la Embajada, hasta los documentos del recién hallado archivo de la Computadora los Fusileros Navales (FUSNA), el abogado remarcó como Troccoli había estado involucrado a todo nivel, desde la preparación y la planificación de los secuestros, hasta su participación directa en las olas de detenciones en Argentina. El abogado resaltó el desempeño de Troccoli como jefe de inteligencia S2 del FUSNA y posteriormente, desde fines de 1977 y por todo 1978, como oficial de enlace entre el FUSNA y la ESMA, actuando directamente en territorio argentino en las mismas fechas en que las víctimas fueron apresadas.

De la misma forma, Speranzoni analizó el rol del coronel José Nino Gavazzo, quien en las últimas semanas ha ocupado los titulares de varios periódicos en Uruguay. De forma parecida, el abogado analizó el legajo militar del coronel para demostrar cómo él mismo era responsable de muchos asesinatos de exiliados uruguayos, secuestrados en Buenos Aires entre mayo y octubre de 1976, a raíz de su rol como jefe de operaciones del Sistema Cóndor en esas mismas fechas. Speranzoni también incluyó en su análisis a otros imputados uruguayos, tanto de la Armada como del Ejército, que también habían sido absueltos en primera instancia, demostrando que en realidad ellos también habían tenido un papel importante en los homicidios bajo imputación.

Los abogados Giancarlo Maniga y Nicola Brigida cerraron las intervenciones ese día. Por un lado Maniga se explayó sobre el caso del exiliado uruguayo, Daniel Banfi, asesinado en Buenos Aires en 1974, remarcando cómo Argentina se había convertido en una trampa cruel para él y su familia. Evocó cómo, ya antes de la fundación oficial de Cóndor a finales de 1975, existía una coordinación represiva entre los países de la región, donde figuras como el excomisario de la policía uruguaya, Hugo Campos Hermida, actuaban con absoluta impunidad en Argentina ya en 1974, persiguiendo y deteniendo a los refugiados ahí.

Giancarlo Maniga y Aurora Meloni (Viuda de Daniel Banfi). Foto cortesía de Janaina Cesar

Por último, Brigida en apenas pocos minutos generó paralelismos con algunos de los peores crímenes de la mafia, como el secuestro y asesinato del pequeño Giuseppe Di Matteo, un niño de 12 años a comienzo de los años 1990, recordando al tribunal que posee “todos los instrumentos necesarios para tumbar la sentencia de primera instancia y cumplir con los códigos y las reglas procesales”. Hablando directamente a los jueces populares, Brigida les recordó que “tienen una oportunidad única de hacer justicia.”

La próxima audiencia está agendada para el 21 de junio con las intervenciones de los últimos abogados de los familiares de las víctimas, mientras que el 28 se esperan los alegatos de la defensa. La Corte tiene previsto dictar su veredicto el 8 de julio.

 

Tania Rocha

Autor/a: Tania Rocha

Viajera inquieta, bailarina, soñadora. No tengo fronteras. Me gusta hacer preguntas y buscar respuestas. Adoro leer e intento escribir. Corazón latinoamericano desde Guayasamín en el Norte, pasando por Machu Picchu y Valparaíso, llegando a La Cumparsita y Joaquín Torres García en el Sur.

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Golpe militar argentino de 1976: lo que sabía Estados Unidos | Archivo de seguridad nacional

Washington, DC, 23 de marzo de 2021 – “[El almirante] Massera buscó la oportunidad de hablar en privado conmigo”, informó el embajador de Estados Unidos en Argentina, Robert Hill, en un cable enviado una semana antes del golpe después de reunirse con un líder golpista. “[Él] dijo que no era ningún secreto que los militares podrían tener que entrar en un vacío político muy pronto”. Los documentos publicados hoy registran el conocimiento del gobierno de los EE. UU. De los conspiradores, sus preparativos para el golpe y sus planes potenciales para lo que los funcionarios del Departamento de Estado describieron como “gobierno militar por un período prolongado y de una severidad sin precedentes”. Muestran que Estados Unidos avisó “discretamente” a los militares más de un mes antes del golpe de Estado que Washington reconocería al nuevo régimen. En el primer informe sustantivo al secretario de Estado Henry Kissinger sobre un “posible golpe de Estado en Argentina”, a mediados de febrero de 1976, el subsecretario de Estado William Rogers señaló la probabilidad de violaciones de derechos humanos después de una toma militar. “Es de esperar que [el gobierno militar] sea amistoso con Estados Unidos”, advirtió a Kissinger. “Sin embargo, al intensificar la lucha contra la guerrilla, es casi seguro que un gobierno militar argentino incurrirá en violaciones de derechos humanos que generen críticas internacionales. Esto podría llevar a presiones públicas y del Congreso de Estados Unidos que complicarían nuestras relaciones con el nuevo régimen ”. Anticipándose a los problemas con Estados Unidos por la represión contra la subversión que implementarían ,Quizás para discutir ese mismo tema, los documentos muestran que el ejército argentino buscó reunirse con Kissinger antes del golpe, una idea desalentada por el Embajador Hill. El 13 de febrero de 1976, Hill se reunió con un empresario estadounidense nacido en Argentina llamado “Mr. Carnicero ”quien le informó que“ varios oficiales militares de alto rango le han pedido que coordine una reunión entre un representante militar apropiado y el secretario Kissinger ”para que puedan explicar por qué necesitaban tomar el poder y buscar garantías de pronto reconocimiento. El embajador rechazó esa idea con el argumento de que “tal reunión, si llegara a ser de conocimiento público, podría malinterpretarse en detrimento de los propios oficiales y del secretario Kissinger”. En un pasaje revelador, A medida que se acercaba el Día D del golpe, el ejército argentino pareció acercarse a otros actores políticos influyentes. En una misión que sigue imbuida de misterio, cables del FBI y del Departamento de Estado revelaron que el director retirado de la Agencia de Inteligencia de Defensa, el teniente general Daniel O. Graham, llegó a Buenos Aires apenas 12 días antes del golpe, acompañado por el archiconservador senador. Jesse Helms y sus ayudantes. Temiendo que la presencia de Graham (quien se había desempeñado como subdirector de la CIA antes de asumir el mando de la DIA) desencadenara rumores de la participación de Estados Unidos en los preparativos del golpe, el embajador Hill lo instó a abandonar rápidamente el país. “Espero que este problema haya quedado atrás”, cablegrafió Hill a Washington más tarde. “Sin embargo, podría haber sido extremadamente vergonzoso como mínimo y, como mucho, muy perjudicial para nuestras relaciones. Según los documentos, el propio Embajador Hill decidió abandonar el país el 17 de marzo antes del golpe, para contrarrestar las esperadas acusaciones de conocimiento y participación de Estados Unidos. “Por lo tanto, creo que es lo mejor para el Gobierno de los Estados Unidos que continúe con mis planes como si no tuviéramos una advertencia”, cablegrafió Hill al Departamento de Estado mientras se preparaba para su partida. “El hecho de que estaría fuera del país cuando el golpe realmente caiga sería, creo, un hecho a nuestro favor que indica la no participación de la Embajada y el Gobierno de los Estados Unidos”. Justo un día antes de que ocurriera el golpe, el Embajador Hill informó al Consejo de Seguridad Nacional que Washington necesitaba estar listo para enfrentarse al ejército argentino. “Mientras [este documento] se está redactando, Argentina está en un estado de cambio”, advirtió Hill al NSC. “Argentina ha sido uno de nuestros principales interlocutores y es poco probable que esto cambie ni siquiera bajo un nuevo gobierno … porque no importa quién pueda reemplazar inmediatamente a la Sra. Perón (si es reemplazada y cuándo), el hecho es que Argentina

Origen: Golpe militar argentino de 1976: lo que sabía Estados Unidos | Archivo de seguridad nacional

Deja de narrar la pandemia como una historia de guerra

Las historias inspiran acción, así que vamos a contar las que enfatizan la solidaridad y el cuidado

Es fácil entender por qué la narrativa de la batalla es atractiva. Nos atribuye agencia en un momento en que nos sentimos impotentes, con pocas armas para combatir un virus sin cura y sin vacunación. En lugar de posicionarnos como víctimas pasivas, la narrativa de la guerra nos convierte en soldados valientes en una lucha contra un enemigo común. Para los líderes políticos, la retórica de la guerra es una forma conveniente de transmitir la gravedad de la situación y justificar una legislación de emergencia y la suspensión de ciertos derechos fundamentales.

Pero no somos soldados y esto no es una guerra. Usar metáforas de guerra para atribuir agencia a los pacientes, los trabajadores de la salud y el público en general es profundamente problemático.

Primero, hablar de pacientes que “luchan por sus vidas” corre el riesgo de implicar que aquellos que sobreviven lucharon tan duro que lo lograron, mientras que aquellos que no lograron sobrevivir perdieron la batalla porque su espíritu de lucha no era lo suficientemente fuerte.

El mismo problema se relaciona con el uso del lenguaje de la guerra para describir a los pacientes con cáncer como “luchadores”. Mientras pasaba por extenuantes tratamientos contra el cáncer de mama el año pasado, me sorprendió la frecuencia con la que me elogiaban por luchar tan duro. Tuve que lidiar, no solo con la impactante perspectiva de no ver nunca crecer a mis hijos, sino también con el ‘optimismo normativo’: la presión de tener el tipo de espíritu de lucha que se ajusta a la narrativa culturalmente preferida de la lucha contra el cáncer.

Pero no hay investigaciones que sugieran que un fuerte espíritu de lucha nos ayudaría a sobrevivir al cáncer o al coronavirus. De hecho, la investigación indica lo contrario: las metáforas militares dañan a los pacientes con cáncer . Aquellos que se recuperan del cáncer o del Covid-19 son afortunados, pero no deben ser elogiados por ganar una batalla exitosa, como tampoco se debe culpar a los que mueren por no luchar lo suficientemente duro. Nadie quiere morir de estas enfermedades. La supervivencia depende del acceso a cuidados y tratamientos eficaces, sujetos a desigualdades estructurales, así como de mecanismos biológicos como el sistema inmunológico del paciente, más que de rasgos psicológicos como el valor o el optimismo.

El lenguaje de la batalla puede llevarnos a apoyar tales suposiciones incluso cuando no pensamos explícitamente de esta manera. Por ejemplo, cuando Boris Johnson fue tratado por Covid-19 en cuidados intensivos, el presidente Trump declaró que estaría bien porque es tan “especial” y una “persona tan fuerte”: “Fuerte. Resuelto. No se rinde. No se rinde “. ¿Son los que “pierden la batalla” personas débiles? ¿Mueren porque se rinden?

Como pacientes potenciales, se nos insta a prepararnos para la pelea manteniéndonos en forma y alerta. Esto crea una ilusión de control, como si la catástrofe solo afectara a las personas que no logran ser soldados fuertes y alertas en la guerra contra el “enemigo invisible”. Se nos dice que la mayoría de los que se enferman gravemente con el coronavirus tienen problemas de salud subyacentes, a menudo vinculados a estilos de vida menos que óptimos.

Pero la verdad es que la vida es frágil y nadie es invulnerable. Cualquiera puede enfermarse. No tenía factores de riesgo conocidos y, sin embargo, contraje cáncer a una edad temprana, de la nada. Me hizo darme cuenta de cuánto estaba gobernada mi vida por esa ilusión de control. Pensé que si me mantenía súper en forma, comía una dieta saludable, tenía hijos pequeños, los amamantaba durante mucho tiempo y hacía todas las demás “cosas correctas”, entonces nada podría salir tan mal. Nunca fumé y nunca tuve sobrepeso, sin embargo, las células comenzaron a dividirse en mi seno de manera incontrolable. Simplemente tuve mala suerte y solo el tiempo dirá si el cáncer regresa. De manera similar, en la pandemia actual, también tenemos que aprender a vivir con una incertidumbre fundamental y una falta de control.

En segundo lugar, los profesionales de la salud son agentes cruciales en el esfuerzo por detener la pandemia, pero no son soldados. Los médicos practican la agencia para tomar decisiones vitales sobre el tratamiento y la atención mientras intentan mantener con vida a los pacientes. Los investigadores de todo el mundo son agentes clave en el esfuerzo conjunto para desarrollar pruebas, medicamentos y vacunas. Pero lo que practican los profesionales de la salud es el cuidado, no la guerra. El acceso universal a la atención médica es esencial para las perspectivas de paz .

La narrativa de la guerra se utiliza como discurso legitimador. Las guerras inevitablemente tienen bajas. Las guerras requieren sacrificio. La narrativa de los héroes de guerra se utiliza para justificar poner en riesgo a los trabajadores de la salud

Desde <https://www.opendemocracy.net/en/transformation/stop-narrating-pandemic-story-war/>

Hanna Meretoja19 de mayo de 2020

“La polémica del Proyecto Camelot en Chile ”

Ramiro Hernández Romero presenta el artículo “La polémica del Proyecto Camelot en Chile”, el estudio de la polémica suscitada en el país andino, entre 1964 y 1965. Su contexto nos lleva a rememorar la propuesta del Departamento de Defensa de Estados Unidos a un grupo de antropólogos y sociólogos para llevar a cabo una investigación con el fin de medir y predecir las causas de la insurgencia en Chile. Sin embargo, como afirma Hernández Romero, la medida al intentar concretarse provocó una gran controversia que involucró a varios grupos nacionales: sociólogos, antropólogos, un sector de la prensa y hasta la Cámara de Diputados del Congreso Nacional de Chile. El proyecto, como sostiene el artículo, fue considerado “una forma de espionaje e intervención a la soberanía nacional que luego profundizó la cancelación y abrió un estado de alerta para que no se aplicara un proyecto similar”

La polémica del Proyecto Camelot en Chile The controversy of the Camelot Project in Chile A controvérsia do Projeto Camelot no Chile

Ramiro Hernández Romero* 1

Resumen: El artículo estudia la polémica del Proyecto Camelot en Chile entre 1964 y 1965. El Departamento de Defensa de Estados Unidos propuso a un grupo de antropólogos y sociólogos llevar a cabo una investigación con el fin de medir y predecir las causas de la insurgencia en Chile; sin embargo, al intentar concretarse, provocó gran controversia que involucró a algunos grupos sociales chilenos. Los cuales fueron, en primer lugar, los sociólogos. En segundo lugar, la prensa: El Siglo, Las Noticias de Última Hora, Clarín, El Día y El Mercurio. Por último, la Cámara de Diputados del Congreso Nacional de Chile. Lo consideraron una forma de espionaje e intervención a la soberanía nacional. Luego profundizó la cancelación y abrió un “estado de alerta” para que no se aplicara un proyecto similar.

Palabras Clave: Camelot, S.O.R.O, Chile, antropólogos, sociólogos.

Abstract: The article studies the controversy of the Camelot Project in Chile between 1964 and 1965. The United States Department of Defense proposed to a group of anthropologists and sociologists to carry out an investigation in order to measure and predict the causes of the insurgency in Chile; however, when trying to materialize, it provoked great controversy that involved some Chilean social groups. Which were, first of all, the sociologists. Second, the press: El Siglo, Las Noticias de Última Hora, Clarín, El Día and El Mercurio. Finally, the Chamber of Deputies of the National Congress of Chile. They considered it a form of espionage and intervention to national sovereignty. Then he deepened the cancellation and opened an “alert status” so that a similar project would not be applied. Key Words: Camelot, S.O.R.O, Chile, anthropologists, sociologists. Resumo: O artigo estuda a controvérsia do Projeto Camelot no Chile entre 1964 e 1965. O Departamento de Defesa dos Estados Unidos propôs a um grupo de antropólogos e sociólogos a realização de uma investigação para medir e prever as causas da insurgência no Chile; no entanto, ao tentar se materializar, provocou grande controvérsia que envolveu alguns grupos sociais chilenos. Quais foram, antes de tudo, os sociólogos. Segundo, a imprensa: El Siglo, Las Noticias de Última Hora, Clarín, El Día e El Mercurio. Finalmente, a Câmara dos Deputados do Congresso Nacional do Chile. Eles consideraram uma forma de espionagem e intervenção à soberania nacional. Depois, aprofundou o cancelamento e abriu um “status de alerta” para que um projeto semelhante não fosse aplicado. Palavras Chave: Camelot, S.O.R.O, Chile, antropólogos, sociólogos. Recibido: 31 de julio de 2019. Aceptado: 26 de agosto de 2019. * Doctorante en Estudios Latinoamericanos; docente en la Licenciatura en Historia en la ENAH. Temas de especialización: historia de la práctica de los antropólogos e historia de los músicos de jazz en América Latina. Hernández Romero.- La polémica del Proyecto Camelot en Chile 112 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 Introducción El presente artículo estudia la polémica del Proyecto Camelot en Chile entre 1964 y 1965. Apareció luego de que el Departamento de Defensa de Estados Unidos había propuesto a un grupo de antropólogos y sociólogos estadounidenses (como Rex Hopper y Hugo Nutini, entre otros) que se llevara a cabo una investigación en Chile; sin embargo, al intentar concretarse, generó una intensa polémica en este país que repercutió a nivel nacional e internacional. Los grupos sociales que se involucraron fueron los sociólogos, la prensa (El Siglo, Las Noticias de Última Hora, Clarín, El Día y El Mercurio) y la Cámara de Diputados del Congreso Nacional de Chile. La intención fue, según Irving Louis Horowitz, “medir y pronosticar las causas de las revoluciones y la insurgencia en las regiones atrasadas del mundo. También se proponía buscar los medios para eliminar las causas o para bregar con revoluciones y actos de rebeldía” (1966). La estructura inicia con un pequeño análisis sobre la organización y producción de los proyectos. Éstos, con sus diferencias y similitudes, no eran nuevos, sino que se habían diseñado años atrás. Al tomar en cuenta sus antecedentes, nos permite entender desde cuándo existían y qué propósitos perseguían. Y luego continuar el análisis con la comprensión de la reacción, el rechazo y la discusión que provocaron sobre cada uno de los sectores sociales involucrados, para luego observar las consecuencias y resultados tanto para Chile como para Estados Unidos. Origen y expansión de los proyectos de investigación estadounidenses El gobierno estadounidense utilizó la sociología, la psicología y la antropología como instrumento para su expansión y dominación en el mundo. Los primeros experimentos los llevó a cabo durante la Primera Guerra Mundial, y los profundizó en el periodo de la segunda posguerra. Durante la Segunda Guerra Mundial se dio cuenta de la debilidad de sus fuerzas armadas, lo que lo obligó a impulsarlas y convertirlas en una de las maquinarias más poderosas del mundo. Organizó misiones que van desde el financiamiento en investigaciones básicas en todos los campos de la ciencia, hasta crear estrategias para impedir cualquier agresión del “enemigo”. El complejo militar estadounidense alcanzó con el tiempo un avance “en la mayor parte de los campos de la ciencia” para promover las investigaciones en sus instalaciones y en universidades del país con el fin de desarrollar estrategias político-militares (Bowers, 1971: 54). La Oficina de Investigación y Desarrollo Científicos (OIDC) promovió y fortaleció su poder político-militar tanto en lo material como intelectual utilizando De Raíz Diversa, vol. 7, núm. 13, enero-junio, pp. 111-136, 2020 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 113 las ciencias sociales. El 1947 el Congreso estadounidense aprobó la Ley de Seguridad Nacional para darle legalidad al uso de las ciencias sociales en las instituciones militares. Por su parte, el Consejo de Seguridad y Desarrollo (CSD) dio importancia al uso de las ciencias sociales, entre las que se encontraban la sociología, la psicología y la antropología, para el desarrollo de la industria militar. Según Bowers, en el mismo año el gobierno estadounidense organizó comisiones de científicos para organizar un consejo que coordinara una cantidad de proyectos de investigación en diversos campos científicos, y creó una comisión que se dedicaría especialmente a las investigaciones en ciencias sociales. El Departamento de Defensa organizó en 1949 tres centros de investigación dedicados a las ciencias sociales, y el Departamento del Ejército realizó contratos con universidades de Washington. El Departamento de Marina llevó a cabo sus propias investigaciones a través de la Oficina de Investigación Naval y la Oficina de Personal Naval (1971: 56). Las investigaciones realizadas en varias partes del mundo y en particular en América Latina, según Phillips Davison, tenían tres objetivos: primero, reunir datos, los cuales servirían para medir el impacto de la política exterior y los efectos por los cambios político-culturales de Estados Unidos que aplicaba en las distintas regiones del globo. Segundo, contribuir a adoptar políticas sobre problemas específicos. Tercero, capacitar u orientar a las personas de los países de todo el mundo donde habían sido afectados por la política estadounidense (1971: 218). Las formas de recolección de datos más utilizadas fueron las encuestas por muestreo, las entrevistas a profundidad y el análisis de contenido. Una de las primeras investigaciones en las que se involucraron los científicos sociales y las fuerzas armadas fue el Proyecto Troya, que se aplicó entre 1950 y 1951 en Canadá y Estados Unidos. Surgió por decisión del Departamento de Estado de Estados Unidos y apoyado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). El objetivo; obtener un estudio psicológico sobre las personas y el comportamiento de los grupos sociales en condiciones de guerra. El proyecto adquirió cierta legitimidad pues fomentó la idea de redescubrir problemas sociales que eran “resueltos” por las ciencias sociales. Con el advenimiento de la Guerra Fría se intensificaron las investigaciones en todo el mundo. Según Davison, en 1966 la Oficina de Información de Estados Unidos (OIEU) tenía un presupuesto de 500,000 dólares para recolectar información. Algunos organismos de las fuerzas armadas realizaron encuestas y otros estudios para recolectar datos e información psicológica en los lugares en que había impuesto bases militares. También en los lugares en donde consideraban que se encontraban sus “enemigos” (1971: 219). En la década de 1960, con la llegada de John F. Kennedy a la presidencia y luego de Lyndon B. Johnson, las ciencias sociales alcanzaron cierto privilegio en el terreno político y social. En ese marco, un conjunto de científicos sociales fue financiado para atender la política interna y externa de Estados Unidos, y atender los efectos Hernández Romero.- La polémica del Proyecto Camelot en Chile 114 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 político-sociales y culturales que provocaban sobre la población al tratar o conseguir neutralizarlos. Durante el periodo de la segunda posguerra, en torno a las ciencias sociales, su interés estaba centrado en desarrollar dos aspectos: 1) las teorías de la modernización; 2) la producción de análisis políticos, económicos y sociológicos en el extranjero, que eran los planteamientos de la política exterior estadounidense. Las actividades de recolección de datos de la Oficina de Información de Estados Unidos (OIEU), del Departamento de Defensa y del Departamento de Estado, contribuyeron a la formulación de políticas específicas, también para formulación de información y el mantenimiento de registros de información, en términos generales como particulares. Los funcionarios del Departamento de Estado regularmente usaban categorías sociológicas para transferir información de los lugares estudiados. Luego de enviar la información, las huellas de la terminología técnica utilizadas eran eliminadas, posiblemente para no dejar evidencias y no provocar alguna sospecha, protesta o denuncia, como se evidenció en la polémica del Proyecto Camelot en Chile en 1965. En 1963 se dio a conocer que el Departamento de Defensa gastaba 600,000 dólares en un estudio de área; mientras que el Departamento de Estado sólo gastó 84,000 en todo el programa de investigaciones de la Oficina de Inteligencia e Investigación. Esto se transformaría luego de la polémica internacional del Proyecto Camelot en Chile. La Oficina para el Desarrollo Internacional (ODI) había empleado recursos a partir de 1961 para la planificación y evaluación de los proyectos de desarrollo e investigación, la mayoría eran destinados a militares cuyo objetivo era la orientación política. Las decisiones en torno a la planificación de la política exterior del Departamento de Defensa dejaban muchas veces fuera a los civiles. Las investigaciones organizadas por la RAND Corporation tenían también aplicaciones más allá del ámbito militar, incluso fue una de las cuestiones que condujo a serias confrontaciones con los departamentos del Estado estadounidense. La polémica del Proyecto Camelot en Chile fue un acontecimiento que marcó una nueva relación entre el Departamento de Defensa y el Departamento de Estado de Estados Unidos, pues entraron en un conflicto que puso en crisis la credibilidad del primero, debido al control que ejercía y excluía al Departamento de Estado. Pero más allá de la confrontación entre estos departamentos, el citado proyecto representó una de tantas formas en que se expresó la Guerra Fría, y mostró que en los proyectos se dio una relación muy estrecha entre política y ciencias sociales para mantener el dominio de Estados Unidos en el mundo. La producción intelectual, simbólica y cultural que se les encargaba a los investigadores ligados directa o indirectamente a las instituciones como el Departamento de Defensa, no dejaba ser un apoyo indispensable para la planeación de la política exterior, y a su vez, para la expansión político-económica de Estados Unidos. De Raíz Diversa, vol. 7, núm. 13, enero-junio, pp. 111-136, 2020 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 115 En la posguerra, los interesados en financiar proyectos de investigación, con el propósito de ejercer control social y político, no solo fueron el Departamento de Defensa, el Departamento de Estado y la RAND Corporation, sino también las fundaciones filantrópicas privadas, como la Ford, la Rockefeller, la Carnegie, y la Duke Endowment, entre otras, quienes tuvieron un papel fundamental en la planeación y aplicación de la política en la Guerra Fría. Las fundaciones se distinguían, en primer lugar, en promover políticas para favorecer el mantenimiento del orden social; su objetivo fue ejercer influencia social, política, económica y cultural en diferentes regiones del mundo (Domhoff, 2003: 16). Entre otros medios, se encontraba el financiamiento a estudios que analizaban las políticas de los grupos sociales de los países atrasados que podrían cambiar sus condiciones existentes (Wschebor, 1979: 76). En segundo lugar, nacieron desde una vertiente intelectual; sus funcionarios y el personal en general estaban conformados por los más “destacados” científicos sociales de la comunidad académica. En tercer lugar, se consideran “exitosas” porque las condiciones en las que laboran los trabajadores intelectuales eran bajo una supuesta idea de “libertad” intelectual. Por último, las donaciones que realizaban las fundaciones tenían un carácter promocional; es decir, vender una idea que se basa en lo que autodenominaron filantropía. Las fundaciones poco a poco adquirieron mayor poder en Estados Unidos y en el mundo. Las que tuvieron que ver con las actividades relacionadas con la política exterior estadounidense en América Latina fueron la Fundación Ford y la Fundación Rockefeller, quienes destinaron un presupuesto importante para las universidades estadounidenses con el fin de llevar a cabo proyectos de investigación durante la década de 1960. El Proyecto Marginalidad en Argentina (1969), por ejemplo, sería un caso en el que se involucró la Fundación Ford, quien la financió y la organizó. En esos años triunfa la Revolución cubana (1959), y surge una serie de movimientos sociales que, influenciados por ésta, originarían cambios en el orden social y político en la región. Al mismo tiempo, las clases dominantes latinoamericanas y estadounidenses se reorganizarían porque los cambios suponían un “peligro” a sus intereses económicos y políticos. Por tanto, miraron, entre otras cosas, a los proyectos de investigación con la idea de desmovilizar y neutralizar a quienes luchaban por una nueva realidad. Así conoceremos formas de aplicación que se intensificaron en esta década como Camelot en Chile (1964), Simpático en Colombia (1965) (veáse Vidal, 1966), Estudio de Conflicto y Consenso en Venezuela y otros países (1965-1967), Colonia en Perú (1965) y Marginalidad en Argentina (1969). En todos los casos hubo reacción social en los países en que se presentaron. En Chile la única institución que se mantuvo firme para que se aplicara el proyecto fueron las fuerzas armadas (Rouquié, 1984). Hernández Romero.- La polémica del Proyecto Camelot en Chile 116 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 La polémica del Proyecto Camelot en Chile El Proyecto Camelot, por su forma, contenido e intención fue el primero que se intentó aplicar en Chile en la década de 1960. Las grandes movilizaciones sociales que se dieron desde años atrás, la reacción y preocupación de los grupos de poder conservadores frente a un contexto cambiante, provocaron inestabilidad social, política e incluso económica en el país. La realidad social, que vivía bajo el influjo de la Revolución cubana y la creciente polarización política interna, fue un periodo en el cual esta práctica se hizo común, no sólo en el país, sino en otras partes de América Latina. Incluso contribuyó de diferentes maneras al enraizamiento social de varias fuerzas protagonistas, entre las que se encontraban las estadounidenses. El Proyecto Camelot fue creado por la Special Operations Research Office (SORO) en 1963, una dependencia de la Universidad Americana. Lo había solicitado el Departamento de Defensa de Estados Unidos, y se contempló para aplicarse en el término de tres y medio a cuatro años. Los primeros pasos para la investigación empezaron cuando los sociólogos y antropólogos estadounidenses buscaron el personal que necesitaban. Sin embargo, al contactarse con los sociólogos chilenos, se encontraron ante un firme rechazo. A partir de entonces quedó prácticamente interrumpido. En ese contexto se conoce a nivel nacional e internacional, luego de que la prensa de izquierda oficial, El Siglo (del Partido Comunista de Chile), lo denuncia públicamente entre junio y diciembre de 1965. El diario usó mecanismos propagandísticos para rechazarlo. La intención era, por un lado, crear un impacto social y político con el fin de forzar a Estados Unidos a cancelarlo públicamente. Por el otro, denunciar a quiénes estaban detrás del proyecto. A partir de ese momento se van conociendo paulatinamente los investigadores que tenían que ver con el frustrado proyecto. Los sociólogos El antropólogo chileno-estadounidense Hugo Nutini, quien era profesor adjunto de antropología de la Universidad de Pittsburgh, había sido designado por la SORO, bajo condiciones discretas, cautelosas e incluso restringidas. No había sido contratado para trabajar en el proyecto, sino sólo se le pidió que buscara e informara sobre las posibilidades de conseguir personal académico para llevar a cabo la investigación. En dos periodos distintos inició los contactos en Chile. El primero entre el 22 de diciembre de 1964 y el 7 de enero de 1965. El segundo entre el 15 de abril y el 21 de diciembre del mismo año. En el primero se había contactado con Raúl Urzúa Frademan, director de la Escuela de Sociología de la Universidad Católica de Chile, a quien le presentó el proyecto, afirmando que se ubicaba dentro del plano De Raíz Diversa, vol. 7, núm. 13, enero-junio, pp. 111-136, 2020 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 117 multidisciplinario y que era financiado por la National Science Foundation, con un presupuesto de cinco y medio millones de dólares. El primero de los investigadores chilenos que rechazó la propuesta fue precisamente el profesor Urzúa, quien después de haberla analizado, consideró dos motivos para no laborar en el proyecto: 1) el sueldo para los investigadores era muy alto, lo que provocaría que migraran de otras áreas, 2) el interés de Nutini por conectarse con investigadores y no con instituciones de investigación (Barría, 1985). El 3 de mayo de 1965 Raúl Urzúa hizo saber a Nutini que no participaba, y afirmaba también que se encargaría de que ningún científico social lo hiciera. En aquel momento el sociólogo noruego Johan Galtung lo había informado sobre la intención del proyecto. Al mismo tiempo, Hugo Nutini se había contactado con Álvaro Bunster, secretario general de la Universidad de Chile, para informarle de la investigación. El 22 de abril de 1965 Hugo Nutini se entrevistó con Álvaro Bunster, Ricardo Lagos Escobar (del Instituto de Economía de la Universidad de Chile), Edmundo Fuenzalida Faivovich (de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), Andrés Bianchi Larré (del Centro Interamericano de Enseñanza Estadística) y Ximena Bunster Burotto (del Instituto Pedagógico y la Escuela de Psicología de la Universidad de Chile). En la reunión se le debatió a Hugo Nutini el origen, el propósito y el financiamiento del proyecto. Sobre todo porque consideraron que provenía del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Decía que no sabía nada al respecto y afirmaba que se retiraría (Barría, 1985). Álvaro Bunster publicó un informe el 2 de julio de 1965 en el diario El Mercurio sobre su postura. Afirmó que en el debate se le preguntó a Hugo Nutini si el Proyecto Camelot era financiado por el Departamento de Estado o Defensa, pero negó toda relación. Le parecieron extrañas algunas cosas que se plasmaban en el documento, pues dijo que “el proyecto no tenía rótulo correspondiente a su objeto sino que se designaba como ‘Camelot’” (p. 23). A Johan Galtung, funcionario del Peace Research Institute de Oslo, Noruega, le surgió la idea de difundir el proyecto. En el mes de marzo de 1965 había llegado a Chile como representante de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para realizar una estancia en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) por un periodo de cinco meses. Antes de su viaje a Chile había visitado la Universidad de Princeton, Nueva Jersey, Estados Unidos. Allí conoció por primera vez el proyecto, todavía sin saber su propósito. Durante su estancia en Chile, por medio de una carta en la que se le adjuntó una copia del memorándum, el director, Rex Hopper, lo invitó a participar. El sociólogo lo estudió y antes de emitir una respuesta consultó a intelectuales y científicos sociales de Oslo, Santiago y otros lugares de América Latina. Según Barría, la respuesta fue negativa, lo consideró “un insulto hacia América Latina, una región a la que tengo tanto afecto como el que profeso a la patria de usted” (p. 23), como una posible intervención del ejército estadounidense en Chile. No aceptó, no porque el Hernández Romero.- La polémica del Proyecto Camelot en Chile 118 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 ejército fuera una agencia del desarrollo, sino una agencia para el manejo del conflicto, que contenía aspectos imperialistas en el diseño de investigación, por eso le resultaba difícil aceptar que pudieran realizarse estudios con ese propósito. Los sociólogos utilizaron un lenguaje nacionalista y una actitud de rechazo al intervencionismo y justificaron su posición en la defensa de la soberanía; luego presentaron un par de conferencias para hacer público el proyecto. Eduardo Hamuy fue el encargado de presentarlas: la primera el 27 de mayo de 1965 en la Escuela de Economía, y la segunda el 9 de junio en el Centro de Estudios Socio-Económicos (CESO). A partir de ese momento el Proyecto Camelot quedó prácticamente interrumpido. La preocupación irrumpió luego de que Raúl Urzúa Frademan le entregara la documentación del proyecto al director del diario El Siglo, Jorge Insunza Becker. Luego éste la publicó y generó rechazo que pronto se expandió. El 12 de junio apareció la primera nota en la prensa sobre el citado proyecto. Al mismo tiempo comenzó a circular el Manual FM 31-15, Reglamento de Servicio del Ministerio del Ejército estadounidense titulado Operaciones contra Fuerzas Irregulares, fechado el 31 de mayo de 1961 (Barría, 1985). El Manual se vinculó con el Proyecto Camelot por la intención que perseguía: una guía para eliminar a las fuerzas guerrilleras. La intención, según los que lo cuestionaban, era la infiltración. Dicho Manual está dividido en cinco capítulos. En el primero, presentado como introducción, expresa los propósitos, alcances, términos utilizados, criterios básicos, bases ideológicas para la resistencia; organización de las fuerzas, actividades, táctica y factores políticos. En el subapartado titulado “Propósitos y alcances” se instituye el objetivo del Manual: proporcionar una guía a los comandantes y estados mayores de las fuerzas armadas en la misión de eliminar las fuerzas “irregulares”. En el Manual se fijó la supuesta naturaleza de estas fuerzas compuestas por unidades de fuerzas guerrilleras, elementos clandestinos de resistencia y su apoyo o partidarios, con el fin de destruirlas. Por “irregular” entendían a las fuerzas y operaciones no convencionales. Comprende las fuerzas de guerrilla, subversivas, de resistencia, terroristas, revolucionarias, organizaciones y métodos semejantes. El término se usaba como fuerzas “irregulares”, actividades “irregulares” u operaciones “contrairregulares”. Las actividades “irregulares” comprendían los actos con patrón militar, político, psicológico y económico aplicados sobre todo por los habitantes de un país con la supuesta intención de eliminar o debilitar un gobierno local (Department of the Army, 1961). Es decir, el objetivo era combatir las guerrillas, mientras que el del Proyecto Camelot prevenirlas. El gobierno chileno entró en franca controversia con el gobierno estadounidense: al parecer desconocía completamente el proyecto. El nivel de tensión que se generó se debió, por un lado, a la presión social que los grupos sociales ejercieron sobre el gobierno de Frei para denunciar al gobierno estadounidense por el citado proyecto. Por el otro, por el debate al interior de Estados Unidos, sobre todo entre los dos De Raíz Diversa, vol. 7, núm. 13, enero-junio, pp. 111-136, 2020 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 119 departamentos (Estado y Defensa) que se habían disputado desde años atrás la dirección de los proyectos. La prensa La primera nota se publicó el 12 de junio de 1965 por el diario del Partido Comunista El Siglo; decía: “Yanquis estudian invasión a Chile” (p. 1.). Denunciaba así el Proyecto Camelot cuyo financiamiento, según el diario, provenía del Departamento de Defensa de Estados Unidos, e intentaba ser ejecutado y organizado por la Oficina de Investigación de Operaciones Especiales de la Universidad Americana ubicada en Washington. Refería además que el proyecto atentaba contra la soberanía nacional. Luego de la primera publicación, provocó reacción social casi de manera unánime. El diario tenía como referente la política intervencionista del gobierno estadounidense. El caso que resaltó fue el de Guatemala cuando derrocó al gobierno de Juan Jacobo Arbenz Guzmán en 1954. Aunque también refería a la invasión a la República Dominicana y las experiencias en otras partes del mundo. Es decir, el diario que dirigía Jorge Insunza Becker refería lo que era Estados Unidos y los propósitos que perseguía. Las supuestas intenciones conspirativas del diario El Siglo no son sustentadas del todo como lo han querido ver algunos investigadores (Navarro y Quesada, 2010). Es cierto que utilizó la propaganda para generar impacto social de un proyecto que ya era un hecho que no se aplicaría, pero eso obedecía al mismo nivel que habían desatado los grupos de poder conservadores chilenos y estadounidenses poco tiempo atrás, cuando intervinieron en las elecciones de 1964 para favorecer la candidatura de Eduardo Frei Montalva a la presidencia, lo que los de izquierda llamaron “campaña del terror” (Casals, 2016). Los diarios de izquierda, como El Siglo, no hacían más que contrarrestar la de los que se agrupaban bajo la bandera del anticomunismo. Hacía unos pocos meses que éste había influido en las elecciones, por lo que les resultaba todavía fresca la situación. Además que continuaría por mucho tiempo, incluso después del golpe de Estado de 1973. Es decir, la propaganda generada por los grupos en disputa no se diferenciaba. Los medios de comunicación de izquierda usaron los mismos mecanismos para desprestigiar a sus oponentes y a quienes estaban detrás del proyecto. La guerra desatada entre los diferentes grupos, se expresaba en intensidad, estrategia y propósitos de manera semejante. Aunque a la de los conservadores se le inyectó más dinero, la cual pudo haber tenido mayor influencia en la sociedad chilena. En los siguientes días el diario El Siglo publicó fragmentos del proyecto. El asunto lo relacionó con temas diversos con el fin de encontrar todo vestigio necesario para reconstruir el proceso por el cual se intentaba llevar a cabo el Proyecto Camelot, ya que sólo se tenían fragmentos. Usó también la noción de espionaje, que se mostró en la nota del Hernández Romero.- La polémica del Proyecto Camelot en Chile 120 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 14 de junio titulada “Toda una red de espionaje mantienen yanquis en Chile” (p. 1.). Y luego publicó un facsímil en el que especificaba la intención y la participación de funcionarios estadounidenses y colaboradores chilenos. El espionaje, cabe decir, era muy bien conocido. La red de agentes de espionaje coordinada y dirigida por la CIA que se infiltró en Guatemala para derrocar a Jacobo Arbenz, generó preocupaciones en gran parte de América Latina, y sobre todo en Chile. Se sabía en Chile que desde tiempo atrás se habían infiltrado agentes estadounidenses en algunas instituciones del gobierno chileno, como lo demostró el historiador Luis Corvalán (2012). Las afirmaciones no estaban fuera de la realidad. La infiltración estadounidense en el Estado chileno era un hecho en el periodo de elecciones de 1964, cuando agentes de la CIA ayudaron a la candidatura de Eduardo Frei para ganar la presidencia. El diario lo refirió como una continuidad de la intervención de Estados Unidos; en aquel entonces sólo se sospechaba de la injerencia. Otra de las afirmaciones del diario refería a que se intentaba contratar al Instituto de Economía de la Universidad de Chile, cuyo responsable era Eduardo Hamuy. Estas afirmaciones fueron desmentidas un mes después en otro diario, El Mercurio. Académicos reclutados para misiones de espionaje llamados “agentes” fue un elemento que se sumó y se introdujo en la propaganda. La edición del 15 de junio de El Siglo publicó una nota que decía: “En la secretaría de la Universidad, desenmascarado el Plan Camelot” (p. 1). El diario mencionó que profesores chilenos, luego de reunirse y discutir el “Plan” con Hugo Nutini, repudiaron enérgicamente al “agente” del proyecto, pues tenía la finalidad de intervenir militarmente en Chile. Al mismo tiempo, el diario discutía también la posición de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Según la nota, Óscar Pinochet de la Barra, secretario de Relaciones Exteriores (1965-1968), había desmentido toda declaración en torno a la existencia del Proyecto Camelot. El Estado chileno tuvo un comportamiento ambiguo, no sólo frente a la existencia del proyecto, sino con Estados Unidos. Por los informes de la prensa de izquierda, el gobierno chileno titubeó al principio, pero luego entró en controversia con el estadounidense. Incluso, por las discusiones que luego se dieron, debido a la presión social y política, los enfrentamientos públicos entre El Siglo y el Estado forzaron a que aceptara la existencia del proyecto, y luego entraría en discusión con quien se creía que lo había organizado y financiado. El 9 de diciembre El Siglo tituló su nota: “Informe de la Comisión Investigadora. El Plan Camelot es real intento de espionaje yanqui en Chile. Las conclusiones de la Comisión Especial de la Cámara condenan abiertamente la intervención norteamericana a través de encuestas pseudocientíficas” (p. 1.). El diario publicó las conclusiones a las que había llegado la Comisión Especial Investigadora (CEI en adelante). Y el 18 de diciembre la tituló: “La condena del Camelot” (p. 1). Después de que dos días antes De Raíz Diversa, vol. 7, núm. 13, enero-junio, pp. 111-136, 2020 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 121 dicha comisión presentara a los diputados el informe sobre las conclusiones. Fue lo último que se publicó, o por lo menos ya no con la misma intensidad. El diario Las Noticias de Última Hora del Partido Socialista, no se diferenció de El Siglo. Habló de las actividades del gobierno de Frei frente al Proyecto Camelot y la intervención de Estados Unidos. En sus primeras notas publicadas a partir del 14 de junio, dos días después, las tituló: “Comprobado espionaje Yanqui en Chile” y “Un plan de espionaje yanqui motivó a una protesta oficial” (pp. 1 y 3). Advirtió que a través de la cancillería chilena había denunciado a la embajada estadounidense el malestar que había provocado al gobierno. Definió al Proyecto Camelot como “un sondeo de opinión pública” y refirió que, según Estados Unidos, buscaba investigar lo que consideró una “peligrosidad” que tenían las fuerzas de liberación nacional de Chile y América Latina. El proyecto, decía, había sido organizado por el Pentágono y era representado por un sociólogo reconocido: Rex Hopper. Quien, de manera indirecta, había invitado a Eduardo Hamuy del Centro de Estudios Socioeconómicos de la Universidad de Chile. A lo largo de los meses de junio, julio y agosto, el diario Las Noticias de Última Hora basó su discurso en referir al espionaje, a los agentes, a la intervención y a la violación de las normas de la soberanía nacional. No obstante, podemos encontrar dos elementos propagandísticos de la izquierda que no se diferenció de la experiencia vivida en las recientes elecciones. En primer lugar, el 8 de julio el diario publicó una nota que decía: “USA canceló ‘Plan Camelot’” (p. 16.). Aseveró que el Departamento de Defensa ratificó que el Proyecto Camelot había sido definitivamente abandonado, y que la ejecución no tendría lugar. No obstante, siguió publicando una información de un proyecto realizable; y otros grupos sociales que lo atacaban, seguían poniendo al proyecto como algo vigente. Al parecer, por la insistencia de algo poco creíble, podemos encontrar también que no todo era propaganda para deslegitimar a sus enemigos, sino que buscaban que el gobierno estadounidense reconociera el proyecto y lo diera por finalizado oficialmente. Consideraron que si seguía sin declararlo y cancelarlo públicamente, la intención de los estadounidenses por estudiar los medios para limitar las tentativas “comunistas” sería como algo probable. Es decir, el proyecto había sido cancelado casi un mes antes, debido al escaso apoyo que habían encontrado Hugo Nutini y Rex Hopper para contratar el personal, pero la prensa insistía en que se le diera fin de manera oficial, y para eso Estados Unidos tenía que aceptar que existía dicho proyecto, ya que se había organizado de manera discreta y quería mantenerlo así. De hecho, y como lo publicó poco después, al gobierno estadounidense no le quedó otra alternativa que aceptar que existía y que lo cancelaba oficialmente. Para la prensa, sobre todo para Las Noticias de Última Hora, resultaba un “triunfo” si lo conseguía, como precisamente lo publicó en una nota del 10 de julio que decía: “Victoria de la prensa popular en la cancelación del Plan Camelot” (p. 3). Hernández Romero.- La polémica del Proyecto Camelot en Chile 122 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 El segundo lugar, fue cuando el 29 de agosto publicó su nota con el título: “Plan Camelot también encuesta a mexicanos” (p. 15). Decía que el periodista mexicano del diario El Día de México, Ricardo Toraya, observaba que los estadounidenses estaban también aplicando el proyecto en este país. El diario crearía un estado de confusión con tal afirmación, y para contrarrestarlo citó las investigaciones realizadas por la International Research Associates en las que confirmaba su existencia. Mencionó que también se aplicaba en Perú y Colombia. Sin embargo, por la información que luego dieron a conocer los diputados del Congreso Nacional de Chile, pudo comprobarse que sólo se había presentado en este país. El Proyecto Camelot no tuvo tales alcances, como lo hizo creer el diario. La propaganda de la prensa de izquierda no se limitó en las evidencias, sino que quiso ampliar su estrategia creando una información poco creíble, una situación imaginaria y poco sustentada, pareciéndose cada vez más a la prensa conservadora. El diario Clarín, ligado en aquel entonces más a la democracia cristiana que a la izquierda, no se distinguió de El Siglo y de Las Noticias de Última Hora. Su primera nota la publicó el lunes 28 de junio con el título: “Bunster, secretario de la universidad, dio la entrada a Nutini, el espía del Plan Camelot” (p. 3). Refería a la red de espionaje y espías que la prensa de izquierda había construido desde su primera nota. Una característica que lo distinguió fue su ofensiva contra Álvaro Bunster, secretario general de la Universidad de Chile; aunque también contra el diario conservador El Mercurio. En la primera nota acusa a Álvaro Bunster de facilitarle los contactos al “agente” del proyecto, Hugo Nutini, para llevar a cabo la investigación. Además de que contaba con la complicidad de su hermana, la antropóloga Ximena Bunster. Consideró que meses antes había tenido contacto con el “agente” para afiliarse a la Sociedad Chilena de Antropología, siendo ésta directora de la institución. Clarín publicó el 29 de junio la nota: “Universidad remecida con participación de hermanos Bunster en el bochornoso affaire del Plan Camelot” (p. 3), en la que detalló la supuesta complicidad del secretario de la Universidad de Chile, Álvaro Bunster, y su hermana Ximena con Hugo Nutini, supuesto “agente” del Pentágono. Los calificó de patrocinadores del proyecto. Incluso afirmó que se habían llevado a cabo reuniones en la Escuela de Psicología con profesores y estudiantes en las que Hugo Nutini prometió apoyar una serie de investigaciones de “muestreo” para diversas comunidades. La finalidad, según el diario, era sondear el estado de ánimo colectivo y obtener conclusiones con fines imperialistas. En la nota del 10 de julio de Clarín titulada: “Álvaro Bunster está meditando su renuncia a la Universidad de Chile” (p. 16), se hablaba de un juicio sometido a Álvaro Bunster por su relación con el proyecto en el Consejo Universitario, que se dio luego de la publicación de una carta del rector de la Universidad de Chile, Eugenio González, dirigida al presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores. En dicha carta el rector De Raíz Diversa, vol. 7, núm. 13, enero-junio, pp. 111-136, 2020 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 123 reprochaba su actitud sobre el citado proyecto. Según el diario, en la reunión del Consejo Universitario se conformaron dos posiciones: una que abogaba por la censura a Álvaro Bunster, sostenida por el decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Julio Heisse González, y otra que defendía la comprensión del caso. Finalmente se aprobó la última. Esta era la manera como se interpretó la renuncia de Álvaro Bunster. Clarín observó la actividad del secretario de la Universidad de Chile y lo comparó con los organizadores y “agentes” del proyecto. Es decir, en la polémica se reunían varios elementos: el debate, la descalificación y la propaganda. El Mercurio, diario conservador, publicó muy pocas notas en torno al Proyecto Camelot. Fue el único de la prensa chilena que recibió financiamiento del gobierno estadounidense a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en 1964, como también lo demostró el historiador Luis Corvalán (2012). Su primera nota la publicó el 2 de julio, casi un mes después, con el título “Con referencia al Camelot” (p. 23), que es una declaración de Álvaro Bunster en la que se defiende del diario Clarín. El Mercurio intentó colocarse como un ente neutral para abrir la discusión a algunos de los sociólogos que la prensa de izquierda atacaba. Su participación en el debate parecía indirecta. Siguió las actividades e informes de Álvaro Bunster, la Universidad de Chile y su rector. Sin embargo, en una nota del 9 de julio dio a conocer su postura al decir que el proyecto había sido un “mal paso” en las relaciones entre Chile y Estados Unidos (p. 22). Incluso mostró su anticomunismo al afirmar la infiltración del comunismo en los organismos estatales estadounidenses, y en la que, según el diario, se dieron muestras de sabotaje al Departamento de Estado estadounidense y en algunos centros de investigación científicos. El diario reproducía la política persecutoria anticomunista al estilo estadounidense que se denominó “macartismo”. Los residuos y la influencia del macartismo estadounidense habían sido adaptados por el diario. En torno a esto, cabe decir, también, que se manifestaron relaciones de poder de una guerra interna propagandística que se dio dentro de la prensa chilena. El Mercurio, quien fuera pieza fundamental en la propaganda para asignar a Eduardo Frei en la presidencia, representaba la continuidad de un nuevo escenario de confrontaciones provocado por el proyecto. El diario conservador El Día de Chile publicó pocas notas y fue esporádicamente. El 7 de julio publicó su primera nota, casi un mes después, con el título “Será llamado a declarar el rector de la U. de Chile. La Cámara investigará el Plan Camelot” (p. 1), en la que informó que la Cámara de Diputados iniciará una investigación de los alcances políticos sobre el proyecto. Mencionó una posible reunión para debatir con el rector de la Universidad de Chile sobre el caso y los efectos que había tenido sobre el secretario general Álvaro Bunster. Publicó también dos declaraciones de los gobiernos de Chile y Estados Unidos. Una que se emitió en Santiago y otra en Washington. En la nota del sábado 17 de julio con el título “Se está realizando por orden del gobierno investigación Hernández Romero.- La polémica del Proyecto Camelot en Chile 124 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 secreta del Plan Camelot” (p. 1), afirmó que el gobierno chileno realizaba una investigación secreta e invitaba a que no abandonaran el país las personas que aparecen implicadas en el proyecto. Decía también que el canciller Pedro Jesús Rodríguez presentó una demanda al gobierno estadounidense sobre el citado proyecto. Mientras que el embajador de Chile en Estados Unidos, Radomiro Tomic, fue informado por el gobierno de ese país de que el “plan” era sólo una investigación que realizaba una universidad, y que el embajador estadounidense en Santiago no estaba enterado del proyecto. Las afirmaciones desconectadas o aisladas, y ciertas en cuanto a las personas involucradas, mostraban una forma de distracción y al mismo tiempo se construyó como espectáculo y consumo para espectadores, y no llegaban al fondo del problema. Eso también mostraba la dinámica de la propaganda. Una parte de los diarios que se sumaron al debate, no sólo fue para la descalificación, el debate y la propaganda, sino también y, sobre todo, para vender; porque de eso vivían algunos de ellos. Es decir, las notas “informativas” eran convertidas en mercaderías fabricadas para que el consumidor entrara en un mundo imaginario, pero que revertía la realidad y generaba confusión, en el que también no le permitía hacer cuestionamientos ni mucho menos preguntas. El ambiente polarizado que se había generado en Chile, también era la oportunidad para la satisfacción inmediatista, frívola y simplona de la prensa, incluyendo incluso a la de la izquierda. La propagada que montó desde el principio la prensa de izquierda pronto dejó de ser noticia y el caso pasó al olvido. La Cámara de Diputados del Congreso Nacional de Chile En el Congreso Nacional Chile se generó gran parte de las discusiones en torno al proyecto. El 12 de junio apareció la primera nota en la prensa que refería públicamente sobre su existencia. Cuatro días después, el miércoles 16 de junio, empezó a abordarse el asunto en la Cámara de Diputados. El diputado comunista Jorge Montes abrió el tema por primera vez; refirió a lo publicado por el diario El Siglo, y leyó uno de los pocos documentos oficiales que circulaban. Con base en este documento, el diputado criticó principalmente al Departamento de Defensa de los Estados Unidos por la organización del proyecto. Lo consideró como una actividad de espionaje presentada bajo la apariencia de investigación sociológica, que violaba las normas de la soberanía nacional. La intención del proyecto incluía no sólo a Chile sino a otros países de América Latina, Asia y África. Luego la mayoría de los diputados rechazaron el proyecto, coincidieron en que fue organizado por las fuerzas armadas estadounidenses, y exigieron la inmediata participación del Estado (Consideraciones sobre el llamado “Proyecto Camelot”, 1965: 1112). De Raíz Diversa, vol. 7, núm. 13, enero-junio, pp. 111-136, 2020 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 125 La siguiente reunión fue el 7 de julio en la que se discutió el asunto y se designó una CEI (Comisión Especial Investigadora) para llevar a cabo la pesquisa. La integraron diputados de diversos partidos políticos y se designó presidente a Andrés Aylwin Azócar. Las pruebas reunidas, las presiones sociales y la difusión por parte de la prensa, habían obligado a la Cámara de Diputados a estudiar detenidamente el caso. Incluso, en la sesión del 14 de julio, se solicitó un espacio en la sala para que la CEI pudiera sesionar y estudiarlo (Consideraciones sobre el llamado “Proyecto Camelot”, 1965: 1114). La CEI presentó su informe final el 16 de diciembre, luego de casi seis meses de investigación, de reuniones y discusiones. En él se detalla no sólo cada una de las sesiones, sino las personas e instituciones que directa o indirectamente se relacionaron con el citado proyecto, incluyendo a los sociólogos que la prensa señalaba de cómplices. Fueron 24 reuniones, de las que sumaron 65 horas y 2 minutos. También se reunió una cantidad de documentos que la Cámara de Diputados redactó, los cuales había dirigido a personas e instituciones de Chile y extranjeras con la finalidad de encontrar todo tipo de informe o documento relacionado con el Proyecto Camelot. Al extranjero se dirigió a Johan Galtung de Oslo, Noruega, a la Organización de los Estados Americanos (OEA), al Banco Interamericano de Desarrollo y a Washington D. C. En Chile, a instituciones administrativas y educativas. Según el informe, la CEI no sólo analizó el estudio, proyección y difusión del proyecto, sino también los organismos y personas del país y extranjeras que pudieron estar involucrados en las actividades de la vida nacional. De esta manera se comprende por qué la prensa también informaba de actividades que parecían ajenas el proyecto. Los diarios El Siglo, Las Noticias de Última Hora e incluso Clarín estuvieron enterados sobre lo que acontecía en el interior del Congreso Nacional de Chile (Informe de la Comisión Especial Investigadora, 1965: 3130). Jorge Inzunza Becker proporcionó un ejemplar del proyecto en inglés, quien lo había obtenido a través de Raúl Urzúa Frademann, y éste a su vez de Hugo Nutini. La CEI había obtenido de Eduardo Hamuy y Álvaro Bunster una copia del memorándum del proyecto que presentó el director, Rex Hopper, al sociólogo Johan Galtung. Otros materiales reunidos fueron los recortes de diarios publicados en Chile y en el extranjero, que referían al citado proyecto. De la misma manera obtuvo copias de la correspondencia entre el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile y la Casa Blanca. En estos documentos se encuentra la protesta realizada por el embajador chileno al Secretario de Estado estadounidense Dean Rusk. Después de analizar todos los documentos la CEI afirmó que los objetivos del Proyecto Camelot fueron: 1) Idear procedimientos para la evaluación del potencial para la guerra interna existente en el seno de las sociedades nacionales; 2) Determinar con precisión creciente Hernández Romero.- La polémica del Proyecto Camelot en Chile 126 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 y digna cada vez de mayor confianza, las medidas que un gobierno podría o estaría a punto de tomar para aliviar circunstancias y condiciones que hubieren sido evaluadas como elementales del potencial para la guerra interna, y 3) Evaluar la practicabilidad o posibilidad de prescribir lo característico de un sistema para la obtención y empleo de la información esencial que se requiere para la realización de lo indicado en los números precedentes (p. 3138). El proyecto tenía también como objetivo, según el informe, la construcción de un esquema teórico de investigación para aplicarse en países en proceso de desarrollo. La finalidad era que los gobiernos pudieran adoptar medidas para evitar tensiones sociales y evitar situaciones de insurgencia o de guerra interna. El informe mostró, por un lado, la importancia que tenían para los organizadores del proyecto los análisis en los tipos de tensión, lo que la sociología y sociólogos llaman “sistemas sociales”; por otro lado, las políticas gubernamentales que generan problemas sociales. En relación al estudio de tensión, destaca la guerra interna. En el informe se subrayan tres aspectos: el primero refiere a que la guerra interna puede ser estudiada como un modelo de un sistema social, con carácter descriptivo: “Significa una descripción del sistema social que en forma más o menos inmediata precede el estallido de la violencia en una comunidad. Esto es lo que se ha designado con el nombre de historia natural de la revolución” (p. 3138). La historia natural de la revolución, según la postura de los organizadores del proyecto, es la violencia revolucionaria, que aparece como expresión de la desintegración del sistema social. Al constituirse dicha desintegración, lo que muestra es el fracaso del sistema para satisfacer las necesidades básicas de la población. El segundo refiere a lo que define como: El desarrollo de grupos con objetivos revolucionarios o intenciones de carácter político extra legal puede ser indicador importante de violencia incipiente. Menos obvio pero no menos importante, la radicalización creciente de grupos reformistas puede ser evidencia de un aumento en la probabilidad de guerra interna (p. 3139). Un tercer aspecto lo compone el análisis sobre el individuo. A través de este supuesto pretendían conocer el momento en que un individuo podría actuar y conseguir cambios de las condiciones sociales, políticas y económicas existentes. Cada uno de estos elementos forma parte del esquema teórico, según muestra el informe. Destaca también el proceso para la ejecución del proyecto. En primer lugar, la planificación en dos etapas: la existencia de una etapa previa y otra programada para el futuro. En la etapa previa tenía planeado utilizar a 140 profesionales-año en un periodo de tres años y medio, los cuales serían seleccionados en un seminario que se había presentado en Estados Unidos en el verano de 1965. En segundo lugar, al financiamiento. Se destinó un presupuesto de US$ 4.500.000 para un término de 3 a 4 años aproximadamente. En tercer lugar, refiere al material científico que había sido utilizado De Raíz Diversa, vol. 7, núm. 13, enero-junio, pp. 111-136, 2020 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 127 en el pasado y trataba de revoluciones, el cual sería utilizado para elaborar hipótesis de trabajo en la aplicación del proyecto. En cuarto lugar, a la importancia de otras investigaciones similares, con el fin de compararlos y determinar analíticamente un mejor esquema. Según el informe, algunas de las investigaciones habían sido aplicadas en Turquía, Venezuela y Colombia por los sociólogos Frederic Frey y Jirt Nehnevajsa. En cuanto a lo programado para el futuro, tenía un programa de trabajo que se extendía hasta el año de 1968. Las labores, entre otras, consistían en la recolección de datos a través de la aplicación de encuestas de comprobación, además del análisis de los resultados (Informe de la Comisión Especial Investigadora, 1965: 3139). Con el fin de formular sus propias conclusiones, la CEI extrajo algunos elementos que consideró que era el propósito del Proyecto Camelot. En primer lugar, describe la definición, características, alcances y proyección. Con base en esto, menciona que no tenía un carácter científico, aunque se presentó en apariencia. Sus métodos de investigación tenían carácter de espionaje. Y afirmó que: Es un proyecto de investigación social que utiliza para sus fines todos los medios técnicos modernos, que está provisto de enormes recursos económicos, cuyo financiamiento emana del Departamento de Defensa norteamericano, y que está dirigido por la American University de Washington, con el objeto de determinar en Chile el potencial de guerra interna en nuestro país cuando a juicio de esta potencia extranjera lo fuere necesario (p. 3147). Definió al proyecto como un medio de intervención a la soberanía. No sólo era dirigido a Chile, sino también al resto de los países de América Latina, con base en la misma lógica que intervino en Cuba y en la Republica Dominicana, por lo que representaba una gravedad a los principios del derecho internacional. En ese sentido, el proyecto formó parte de un segmento importante de la nueva política internacional impulsada por algunos organismos políticos del Estado estadounidense para intervenir en la política interna de los Estados latinoamericanos cuando lo consideraban conveniente. Sobre todo para defender sus intereses y la seguridad de Estados Unidos (Informe de la Comisión Especial Investigadora, 1965: 3147-3148). En segundo lugar, refirió a la American University de Washington, al cuestionar su participación en el proyecto. La CEI determinó que el director y empleado de la American University y de la SORO fue el doctor Rex Hopper. En tercer lugar, refiere a la resolución respecto de las investigaciones sociológicas en el país. Muestra cómo la mayoría de los integrantes de la CEI, los sociólogos y profesores chilenos que habían declarado ante la Cámara de Diputados del Congreso Nacional de Chile, plasmaron su preocupación por los efectos que podría haber sobre las ciencias sociales en Chile. Por ejemplo, Vekemans afirmó que: Hernández Romero.- La polémica del Proyecto Camelot en Chile 128 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 Lo que me inquieta es que todo este incidente, la libertad de investigación podría salir dañada, recortada, reducida, limitada, cuando, a mi entender, tal libertad es, quizás, más radicalmente importante que las otras libertades que tanto defiende el régimen democrático: la libertad de opinión, o la libertad de prensa, por ejemplo. En el fondo, la libertad de investigación es casi previa a la libertad de prensa (p. 3152). Para impedir futuras investigaciones como el Proyecto Camelot, la CEI propuso instaurar un organismo que supervisara a los investigadores sociales en Chile. La propuesta fue aceptada y apoyada por algunos sociólogos, pero también rechazada por otros; sin embargo, fue finalmente aprobada. Dicha propuesta sería la antesala que instituyó después la organización del comportamiento y supervisión de las prácticas de los científicos sociales, o lo que se llama ahora la “ética”; pues poco después empezaron a adoptarse ciertas normas, entre otras, la creación de un colegio para agrupar a los investigadores sociales con el fin de sujetarse a una ética en su práctica profesional. Con el tiempo, las normas del quehacer del sociólogo cobrarían importancia en gran parte del mundo y particularmente en América Latina, que también influyó en el quehacer del antropólogo. Desde entonces se empezó a discutir y constituir lo que en esencia era la posibilidad de normar el quehacer del antropólogo y sociólogo bajo códigos éticos de conducta. En cuarto lugar refiere a la conclusión de las encuestas aplicadas por Roy Hansen a la Academia de Guerra de Chile en marzo de 1965. Roy Hansen realizó encuestas dirigidas a Oficiales de Alta Graduación en retiro para presentar una tesis doctoral en sociología en la Universidad de Berkeley. Éstas habían generado sospecha, y los integrantes de la CEI creían que tenían una relación un tanto cronológica como de fondo con el proyecto. Otra forma que encontraron para relacionarlas fue la similitud con las preguntas, pues según la CEI, tenían el objetivo de conocer la opinión y actuación de los encuestados frente a los conflictos internos. Algunos diputados afirmaron que no existía tal relación. Sin embargo, luego de analizar los documentos y de consultar a las personas involucradas, la CEI concluye que: 1) La absoluta inconveniencia que se realicen encuestas en el Ejército, y 2) Denunciar ante los pueblos y el ya autorizado al señor Roy Hansen para efectuar la investigación señalada anteriormente, la que es particularmente grave, pues no sólo contiene preguntas de carácter político, o ideológico, sino que, además, fue hecha por un ciudadano extranjero (p. 3155). La CEI concluyó que el proyecto era instrumento para la intervención, impulsada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Atentaba contra la dignidad, soberanía e independencia de los Estados y pueblos, y contra el derecho que tienen a la autodeterminación, principios consignados por el Derecho Internacional Americano. Planteó una serie de medidas: 1) prevenir a los pueblos con el fin de evitar una posible De Raíz Diversa, vol. 7, núm. 13, enero-junio, pp. 111-136, 2020 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 129 intervención; 2) exigir al gobierno de Chile que proteste ante la OEA por el carácter intervencionista del Proyecto Camelot y la violación en el orden jurídico americano; 3) recomendar al gobierno de Chile que denuncie ante la ONU la naturaleza del proyecto que atenta contra los principios de la Carta de las Naciones Unidas y la seguridad de las naciones; 4) exigir al gobierno de Chile que presente ante Estados Unidos la preocupación de la Cámara de Diputados de Chile por la política del Departamento de Defensa y otros organismos estatales, que se apartan de los principios consagrados por el Derecho Americano; 5) disponer ante la Cámara de Representantes de Estados Unidos los resultados de la investigación sobre el proyecto que realizó la Cámara de Diputados de Chile; 6) mostrar la protesta ante la American University de Washington por haberse prestado a realizar una investigación de ese tipo configurado como Proyecto Camelot; 7) adoptar ciertas normas: a) creación de un colegio para agrupar a los investigadores sociales con el fin de que se sujeten a su ética profesional, b) prohibición de encuestas a la Administración Pública, Fuerzas Armadas, Carabineros de Chile y Servicio de Investigaciones, c) exigir a la entidad las encuestas provenientes del extranjero; 8) expresar absoluta inconveniencia de que se realicen en el ejército encuestas que puedan tener significación política e ideológica; y 9) declarar a Hugo Nutini Paredes responsable de actos perjudiciales a la soberanía y dignidad nacionales, ejecutados por mandato de organismos extranjeros, razón por la cual se le prohíbe la entrada al territorio nacional. Con estas conclusiones y medidas la Cámara de Diputados cierra el caso (Informe de la Comisión Especial Investigadora, 1965: 3155-3157). Consecuencias y resultados para Chile y Estados Unidos El Proyecto Camelot nunca se concretó, pero el solo hecho de que se haya intentado, abrió las condiciones para que en el interior del país se vigilara sobre otra posible eventualidad. El país involucrado, Estados Unidos, se vio envuelto en una gran controversia en Chile, en su territorio y en otras partes del mundo. De alguna manera condicionó a los estadounidenses y les impuso límites para que nunca fuera el lugar, no sólo de un intento, sino de la planeación y aplicación de un proyecto con las mismas características. Aunque esto no quiere decir que fuera el fin de su intervención, sino que continuó años después, como se manifestó al apoyar el golpe de Estado de 1973. La CEI esperaba que sus conclusiones sirvieran para demandar a los involucrados. La información y las conclusiones que quedaran como evidencias de los objetivos del proyecto y quienes estaban detrás de su organización. El asunto fue importante para el resto de los países de América Latina, que no estaban exentos de un proyecto similar. De hecho, la Cámara de Diputados del Congreso Nacional de Chile se dirigió justamente al resto del sur del continente con el fin de que sirviera para prevenir a los pueblos. La Hernández Romero.- La polémica del Proyecto Camelot en Chile 130 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 denuncia, si bien no sirvió para alertar e impedir otros proyectos similares, pues continuaron aplicándose el Simpático (en Colombia), el Colonia (en Perú), y el Marginalidad (en Argentina) entre otros, las repercusiones en Chile, Estados Unidos y en el resto del continente frenaron toda posibilidad de la aplicación del Proyecto Camelot. La cancelación posibilitó a los grupos de izquierda a rearticular y acumular fuerzas en la lucha política y social en los siguientes años. Además, les brindó una mayor legitimidad en la segunda mitad de la década de los sesenta y hasta la llegada de Salvador Allende a la presidencia. Por otra parte, debilitó a los grupos de poder que habían financiado el proyecto. Uno de ellos fue el ejército, quien permaneció en absoluto silencio durante la polémica. Hasta hoy poco se ha señalado sobre su participación. Esto demuestra el poder que sigue teniendo en el país, lo que impide llevar a cabo una investigación fehaciente sobre su papel. La experiencia sobre el proyecto no generó ningún freno a la lucha social y política que se produjo en Chile durante la presidencia de Frei; tampoco algún signo de inestabilidad en su gobierno. En 1965 se habían intensificado las transformaciones sociales motivadas, en parte, por el Estado, y la lucha política en el seno del sistema social y de partidos en donde se encontraban los partidos de izquierda. Entre 1964 y 1965 se llevó a cabo la llamada “chilenización” del cobre. Esta modificación, si bien no mostró un cambio radical, sino una asociación casi subalterna del Estado con las empresas trasnacionales, fue el primer paso a un cambio que luego profundizó la Unidad Popular. Fue un antecedente para que después, en 1969, el gobierno de Frei firmara el convenio que se llamaría “nacionalización pactada”, con la que al gobierno le daba derecho a comprar 51% de las acciones (Mires, 2009: 336). Las tímidas reformas que aplicó el Estado habían fortalecido la lucha política y social. Cualquier intento de intromisión externa era enfrentado por la organización social. La política agraria, en la que el Estado elaboró una propuesta de expropiación tímida y muy generosa hacia los latifundistas, había provocado gran movilización social en el campo y en la ciudad. El retroceso político y social lo experimentaron más bien los grupos de poder político y económico estadounidenses y chilenos que habían apoyado la aplicación del proyecto. La lucha social que se dio en el país no sólo fue por este, sino principalmente por la política reformista impulsada por el gobierno, lo que ocasionó que los grupos de poder se hallaran cada vez más divididos, además de profundamente preocupados por la creciente movilidad social. El año en que se dio la polémica, la organización social se profundizó. El apogeo del Partido Comunista de Chile (PCCh), por ejemplo, apenas iniciaba y la cancelación del proyecto le otorgó mayor legitimidad social. Sobre todo después de 1964, en que el PCCh reorganizó su política luego de la derrota en las elecciones. Había fijado, primero, su política bajo la idea de la “vía pacífica al socialismo”, luego pasó por la “vía chilena al socialismo”, que permaneció hasta el año de 1973, en que se dio el golpe de Estado. Años en que consiguió una importante influencia en la De Raíz Diversa, vol. 7, núm. 13, enero-junio, pp. 111-136, 2020 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 131 sociedad chilena no sólo política sino también cultural y social. Era el periodo en que había abandonado su idea obrerista para permitir el ingreso de sectores profesionales, artistas e intelectuales, y el ingreso de las mujeres (Álvarez, 2014: 12). Imprimió una mayor participación para generar impacto político mediático, apoyado por el resto de la prensa de izquierda, que llevó a que en Chile y el continente, desde el norte hasta el sur, se conociera el Proyecto Camelot. También fue el partido, junto con el Partido Socialista (PS) y otros grupos de izquierda, que participó directa o indirectamente en la movilización social masiva de los próximos años. El PCCh fue una de las organizaciones más influyentes. Sin embargo, tuvo un papel moderado durante todos esos años. En su programa político imprimió su renuncia a la violencia revolucionaria para alcanzar el poder, o por lo menos hasta cierto grado. La derrota de los grupos que organizaron el proyecto no se comprende sólo por la acumulación de fuerzas que consiguió la organización social de quienes participaron en el cuestionamiento, sino por la organización y fuerza política de los comunistas organizados que tuvieron una fuerte presencia en el movimiento estudiantil, en el de los pobladores y campesinos, muchas veces disputados por la Democracia Cristiana (Álvarez, 2014: 30). De hecho, los comunistas habían ampliado su influencia en el mundo de la cultura. Consiguieron prestigio a nivel nacional e internacional. Entre los que se encuentran músicos y poetas como Víctor Jara y Pablo Neruda, respectivamente. En la década de los sesenta el partido también contaba con un diario que había iniciado dos décadas antes y que incluso competía con la prensa comercial. Esta cualidad lo llevó a tener las herramientas para difundir y combatir el proyecto. El PCCh tenía una red nacional de emisoras. Allí también llegó a transmitir programas radiales que tenían la finalidad de denunciarlo. Es decir, el PCCh era un partido bien organizado en todo el país en el momento en que estalló la polémica del Proyecto Camelot. A los militantes del Partido Socialista de Chile (PSC), sin embargo, no se les ubicó con tanta regularidad. Al estallar la polémica del proyecto y luego las conclusiones a las que llegó la CEI, las ciencias sociales chilenas y latinoamericanas no tuvieron resultados negativos por el caso. Desempeñaron un papel importante y gran participación en el gobierno de Frei, y continuaron desarrollándose durante la presidencia de Salvador Allende, pues el científico social no careció de legitimidad y prestigio para continuar con su oficio. Incluso, a principios de la década de 1970, se dio la profesionalización, expansión y consolidación, en donde la sociología tenía un lugar destacado (Garretón, 2014: 32). Las referencias a las que llegó la CEI para resguardar el carácter científico de la investigación sociológica y la prevención del uso indebido de las encuestas no tuvieron los efectos negativos que impidieran la realización plena y de total libertad en el oficio del sociólogo. La CEI hablaba de la creación de un colegio o entidad que agrupara a los investigadores sociales para sujetar la conducta del investigador en cuanto a su ética Hernández Romero.- La polémica del Proyecto Camelot en Chile 132 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 profesional, lo que tampoco impidió la realización del investigador. La CEI también había prohibido las encuestas que fueron aplicadas a las instituciones del Estado. Éste fue protegido frente a estudios cuantitativos realizados por personas nacionales o extranjeras. Sin embargo, nunca se dijo o se hizo nada sobre cómo proteger a los trabajadores y campesinos de eventuales investigaciones. Los sociólogos empleados por el gobierno de Frei gozaron de garantías plenas para realizar estudios a estos grupos sociales. La primera generación de cientistas sociales chilenos que surgió a mediados de los años sesenta halló un espacio e inclusión profesional en la creación de diagnósticos y políticas de reforma socioeconómica, popular y educativa. En la campaña de Eduardo Frei los científicos sociales gozaron de un papel significativo para impulsar su candidatura, y también como una base de apoyo durante todo el proceso de la política económica reformista del gobierno democratacristiano. La polémica del proyecto no perturbó las actividades de las ciencias sociales y los trabajadores intelectuales. Las irrupciones negativas a las ciencias sociales tuvieron otro sentido, sobre todo fue dirigido hacia los modelos explicativos sociológicos y antropológicos estadounidenses. En el año de 1967, sin embargo, en medio de la movilización estudiantil se generó un intenso debate y cuestionamiento sobre el proceso en el que vivía la comunidad universitaria. A partir de eso se llevó a cabo una reforma en la que se tuvo en cuenta el proyecto, pues apenas habían pasado poco menos de dos años. En ese debate también se discutió la dependencia académica chilena de los centros de financiamiento estadounidenses, como la Fundación Ford. Se plantearon algunos análisis y críticas que se debieron, por un lado, a la relación sobre la ayuda de las fundaciones y la injerencia en la dirección y administración de las instituciones universitarias chilenas. Por otro lado, a la política de reemplazo y formación de intelectuales que conducía a lo que llamaron una “colonización intelectual”. Estas discusiones se habían dado en el contexto de la movilización estudiantil y por la influencia que había tenido la polémica del Proyecto Camelot. A manera de conclusión El Proyecto Camelot fue un instrumento con el cual Estados Unidos pretendía estudiar a algunos sectores sociales en Chile. Un asunto que no era nuevo en el país, pues fue el contexto en el que desde algunos pocos años atrás se había infiltrado en las instituciones del gobierno chileno. Su organización y planeación proviene de un proceso de proyectos similares que se desplegó a partir de la segunda posguerra, pero que cobró mayor auge en la década de 1960. Una época de crisis del capitalismo, y sobre todo con la crisis de hegemonía estadounidense en América Latina, luego del triunfo de la Revolución cubana y la influencia que ésta ejerció en la región. La crisis política, económica y social que se profundizó en la década de 1960 en el país, De Raíz Diversa, vol. 7, núm. 13, enero-junio, pp. 111-136, 2020 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 133 generó nuevas condiciones que obligaron a los grupos de poder estadounidenses y latinoamericanos a reorganizarse. Las nuevas condiciones generaron rearticulaciones políticas en las formas de dominación que se plasmó en el proyecto. Creado en 1963 por la Special Operactions Research Office (SORO) de la Universidad Americana y solicitado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos para aplicarse en el país durante un lapso de cuatro años, el proyecto tenía el objetivo de estudiar la organización social y política de los obreros, campesinos y estudiantes; aunque también se habló de estudiar a algunas de las instituciones del Estado chileno. Su intención era neutralizar la lucha política y movilización social en Chile. Sin embargo, al intentar concretarse, encontró desde el principio un firme rechazo entre los sociólogos chilenos. El previo conocimiento que tenían sobre la intención y de quienes estaban detrás de él, los había prevenido para no involucrarse en la labor investigativa propuesta por los organizadores del Proyecto Camelot. Consideraron que se tenía la intención de intervenir en el país, y en cada oportunidad se manifestó su defensa a la soberanía nacional. Los sociólogos, preocupados por tal situación, decidieron presentarlo a la prensa, particularmente a la de izquierda. Los proyectos que organizaba y aplicaba Estados Unidos en el pasado, le dieron la razón a los grupos sociales chilenos que cuestionaron el proyecto, pues se dieron cuenta que detrás de toda la presentación estaba la idea de la expansión y el dominio en el país y en la región. El diario de izquierda que le dio mayor difusión fue El Siglo; aunque fue apoyado por otros como Las Noticias de Última Hora y Clarín, que publicaron una serie de notas y generaron una propaganda muy parecida a la que generó la prensa conservadora en las elecciones de 1964, con la intención de crear un impacto político y social. Lo que sirvió para deslegitimar el proyecto, obligar al gobierno estadounidense a aceptarlo públicamente y anularlo oficialmente. La estrategia les funcionó porque la izquierda salió fortalecida política y socialmente durante varios años, hasta la llegada de Salvador Allende. La reacción de los grupos de poder que estaban detrás del proyecto, sin embargo, se define finalmente, y en parte, en el golpe de Estado de 1973. La movilidad social en Chile y la legitimidad de los partidos de izquierda, frenó no solo el Proyecto Camelot, sino que obligó al gobierno estadounidense y a los grupos de poder conservadores en Chile a decidirse por la política de línea dura, es decir, por el golpe militar y las consecuencias que trajo después. Las desapariciones y el asesinato de miles de chilenos y de otras partes del mundo que se encontraban en el país, fue resultado, en parte, de la reacción conservadora. La polémica que había generado parcialmente la prensa no se entendió sin que la Cámara de Diputados del Congreso Nacional de Chile lo haya retomado y, a su vez, conformado una Comisión Especial Investigadora para estudiar detenidamente el Hernández Romero.- La polémica del Proyecto Camelot en Chile 134 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 caso. Éste concluye con una serie de medidas que no sólo desprestigiaron al gobierno estadounidense, sino que vigilaron y regularon el quehacer de los investigadores. Los resultados, por un lado, no tuvieron ningún efecto negativo en los investigadores (sociólogos) luego de las conclusiones sobre la investigación del proyecto, sino que su labor se fortaleció durante el gobierno de Eduardo Frei e incluso en el de Salvador Allende. Su labor, no obstante, fue seriamente afectada con la imposición de la dictadura más sangrienta que jamás haya tenido el país. Algunos perdieron su trabajo y fueron obligados a exiliarse, otros se conservaron en su trabajo pero bajo estricta vigilancia; no se recuperaron después de la caída de la dictadura, incluso se mantiene esta limitante hasta nuestros días. Por otro lado, al gobierno estadounidense le impidió volver a plantear o replantear un proyecto similar en Chile. El desprestigio internacional y las críticas que surgieron en el interior de Estados Unidos, sin embargo, no le impidieron pero sí lo debilitaron para continuar con la aplicación de otros proyectos similares, tales como el Simpático en Colombia, el Colonia en Perú o el Marginalidad en Argentina (Hernández, 2019). La polémica del Proyecto Camelot influyó en estos proyectos porque en cada uno sus organizadores y financiadores se encontraron ante firmes y enérgicos rechazos. Aunque se experimentaron de diferentes maneras, no dejaron de cuestionarlos. Lo que trajo como consecuencia que no sólo se aplicaran con una falta de credibilidad, sino se abandonan definitivamente en los primeros años de la década de 1970. Los sociólogos y antropólogos que habían sido pagados y que trabajaron parcialmente en los citados proyectos, se deslindaron después de enterarse de las intenciones que perseguían, y casi siempre justificaron su rechazo aludiendo a la intervención en sus países y su defensa a la soberanía nacional. La mayoría de los sociólogos latinoamericanos tenían conocimiento de lo que se planeaba en el fondo, esto justificó también su reacción. Recientemente se conoció, a través de David Price (2007), que el gobierno de Estados Unidos financió a un grupo de antropólogos para estudiar a la insurgencia en Irak y Afganistán, con el fin de contrarrestar su influencia, lo que generó con ello algunos comentarios y críticas sobre todo de los antropólogos quienes recordaron aquellos años en los que se dio la polémica del Proyecto Camelot y en menor medida del Proyecto Simpático. Con esta nueva experiencia Estados Unidos no conseguiría tampoco lo que pretendía: destruir a la insurgencia, pues su derrota fue cada vez más palpable. De Raíz Diversa, vol. 7, núm. 13, enero-junio, pp. 111-136, 2020 doi: http://dx.doi.org/10.22201/ppela.24487988e.2020.13.72349 135 Bibliografía ÁLVAREZ, R. (2014); Arriba los pobres del mundo. Cultura e identidad política del Partido Comunista de Chile. Entre la democracia y la dictadura. 1965-1990. Santiago de Chile: LOM. BARRÍA, G. P. (1985); El Proyecto Camelot. Orígenes, alcances y fundamentos. Santiago de Chile: Instituto de Estudios Internacionales. BOWERS, R. V. (1971); “La institución militar”, en P. F. Lazarsfeld (Et al), La sociología en las instituciones. Buenos Aires: Paidós, pp. 54-96. CASALS ARAYA, M. (2016); La creación de la amenaza roja. Del surgimiento del anticomunismo en Chile a la “campaña del terror” de 1964. Santiago de Chile: LOM. CORVALÁN MARQUEZ, L. (2012); La secreta obscenidad de la historia de Chile contemporáneo. Lo que dicen los documentos norteamericanos y otras fuentes documentales. 1962- 1976. Santiago de Chile: Ceibo. DAVISON, W. P. (1971); “La política exterior”, en P. F. Lazarsfeld (Et al), La sociología en las instituciones. Buenos Aires: Paidós, pp. 218- 246. DEPARTMENT OF THE ARMY (1961); Operations against Irregular Forces. FM 31-15. Department of the Army Field Manual. Whasington, D. C. DOMHOFF, G. W. (2003); ¿Quién gobierna Estados Unidos? México: Siglo XXI. GARRETÓN, M. A. (2014); Las ciencias sociales en la trama de Chile y América Latina. Estudios sobre transformaciones sociopolíticas y movimiento social. Santiago de Chile: LOM. MIRES, F. (2009); La rebelión permanente. Las revoluciones sociales en América Latina. México: Siglo XXI. NAVARRO, J. J. y QUESADA, F. (2010); “El Proyecto Camelot (1964-1965). La dependencia académica, entre el escándalo y el mito”, en F. Beigel (Dir.), Autonomía y dependencia académica. Universidad e investigación científica en un circuito periférico: Chile y Argentina (1950-1980). Buenos Aires: Biblos, pp. 145-167. ROUQUIÉ, A. (1984); El Estado militar en América Latina. México: Siglo XXI. WSCHEBOR, M. (1979); Imperialismo y universidades en América Latina. México: Diógenes. Hemerografía CLARÍN (junio-diciembre de 1965), Santiago de Chile. 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CÁMARA DE DIPUTADOS DEL CONGRESO NACIONAL DE CHILE, (1965); Informe de la Comisión Especial Investigadora de las proyecciones y difusión en Chile del “Plan Camelot”, pp. 3129-3411

Violencia sexual en centros clandestinos de detención y cárceles. Género y Cautiverio

Dossier. Género y cautiverio en las últimas dictaduras militares del Cono Sur. Memorias y marcos sociales de escucha de la violencia sexual en centros clandestinos de detención y cárceles


Victoria Alvarez (IIEGE/UBA)

En los últimos años, de la mano del crecimiento del movimiento feminista y de mujeres y de importantes cambios en la legislación internacional, podemos advertir en el Cono Sur un lento proceso de visibilización de la violencia sexual a la que fueron sometidas las mujeres (y también algunos varones) en centros clandestinos de detención y cárceles durante las últimas dictaduras que asolaron la región.

El desarrollo de la investigación, el inicio del juzgamiento y la visibilización de la violencia sexual en el marco del terrorismo de Estado se inscriben en otras circulaciones discursivas que configuran el horizonte de expectativas actual y que son fundamentales para entender los cambios. Entre otras, se destacan las nuevas teorizaciones sobre cuestiones de género y preocupaciones como los feminicidios, el acoso y la trata de personas para la explotación sexual y la discusión sobre la ley de interrupción voluntaria del embarazo. En los últimos años, se han ido instalando debates y desarrollado políticas públicas con enfoque de género, contribuyendo a que temas durante muchos años relegados tomen estado público. En definitiva, el movimiento de mujeres y el feminismo crecieron y sus ideas se hicieron más conocidas y asumidas por más personas.

Por otra parte, los debates que se dieron a nivel internacional fueron también de suma importancia y proporcionaron herramientas para el tratamiento jurídico y la visibilización de la problemática en Argentina y en otros países del Cono Sur. En la década de los ‘90 comenzaron a plantearse discusiones jurídicas en torno a la violencia sexual en tanto violación específica de derechos humanos en el contexto de prácticas sistemáticas de violencia. En aquellos años, en los conflictos armados desatados en la ex Yugoslavia y en Ruanda, la violencia sexual contra las mujeres había sido una práctica muy generalizada, cobrando entonces la problemática una fuerte notoriedad internacional. Estas nuevas concepciones y desarrollos fueron estimulados por los movimientos feministas. En este caso fue de vital importancia la crítica que hicieron al concepto tradicional, abstracto y universalista de “derechos humanos”. Y cuando las experiencias sociales de las mujeres y de otros grupos subordinados ingresan en el debate público, todas las categorías asumidas como “neutras” son interpeladas por nuevas dimensiones hasta ese momento ocultas, mostrando espesores y disonancias en conceptos que se suponían universales.

En este contexto nacional e internacional algunas mujeres víctimas de violencia sexual en centros clandestinos de detención y cárceles comenzaron a poder narrar sus historias, enfatizando este aspecto antes relegado. Esta visibilización se manifiesta en el plano de la justicia y, al mismo tiempo, empezamos a encontrar producciones académicas, literarias y audiovisuales sobre la temática. Entre ellas, en Argentina, debemos destacar los libros Y nadie quería saber. Relatos sobre violencia contra las mujeres en el terrorismo de Estado (Bacci et al, 2012)[i] y Género y poder. Violencias de género en contextos de represión política y conflictos armados (Sonderéguer et al, 2012)[ii]. También debemos mencionar la realización de dos documentales: Lesa Humanidad (Luis Ponce, 2011) y Campo de batalla. Cuerpo de mujer (Fernando Álvarez, 2013). Por último, la publicación del libro Putas y guerrilleras (Lewin y Wornat, 2014)[iii].

Debemos destacar también una serie de artículos que, desde el feminismo, se proponen abordar estas temáticas. De ellos, cabe detenerse primeramente en dos que analizan la experiencia de las mujeres detenidas desaparecidas desde una perspectiva de género y dan cuenta de una sensibilidad muy aguda para pensar el tema. En primer lugar, resulta de gran relevancia el artículo “Entre lo público y lo privado: los testimonios sobre la violencia contra las mujeres en el terrorismo de Estado” de Claudia Bacci, María Capurro Robles, Alejandra Oberti y Susana Skura. A partir del relevamiento de entrevistas realizadas por el archivo audiovisual de Memoria Abierta (en el que ellas participan), las investigadoras analizan los testimonios de las sobrevivientes, muchos de los cuales hacen referencia a las distintas formas de violencia sexual que ellas o sus compañeras padecieron durante sus secuestros. Al mismo tiempo, reflexionan sobre las dificultades que muchas sobrevivientes tuvieron para dar cuenta de las experiencias vividas como mujeres durante su cautiverio: el silencio como dificultad para narrar determinados hechos y, en gran medida, la falta de disposición a escuchar por parte del entorno social, se reiteran en varios de los testimonios que las autoras recorren. Por último, señalan que la responsabilidad institucional y social de escuchar estos relatos y hacer lugar a los testimonios de quienes sufrieron no debiera ocluir una comprensión más integral y compleja de la experiencia que las sobrevivientes atravesaron. En tal sentido, señalan las autoras, resulta imprescindible comprender el proceso personal y social que atravesaron para llegar al presente pudiendo dar cuenta de su experiencia.

En la misma línea de este trabajo, cabe destacar el artículo “Terror, testimonio, y transmisión: Voces de mujeres sobrevivientes de centros clandestinos de detención en Argentina (1976-1983)” de Bárbara Sutton, en el que, a partir del minucioso análisis de 41 testimonios orales obrantes en Memoria Abierta, se propone reflexionar sobre el balance que las sobrevivientes realizan de su experiencia de cautiverio, sobre sus testimonios y, fundamentalmente, sobre el mensaje que ellas quieren transmitir con éstos. En tal sentido, Sutton destaca especialmente la agencia que pudieron desarrollar durante sus secuestros y que siguen desarrollando al testimoniar, estableciendo vínculos entre pasado, presente y futuro a través de sus voces. Como señala, escuchar sus testimonios no es sólo una cuestión de justicia de género, sino que también “implica la posibilidad de nutrir el presente y el futuro” (Sutton, 2015: 12) con aportes de mujeres portadoras de memorias de supervivencia y de resistencia, herramientas fundamentales para imaginar y construir sociedades con plena vigencia de los derechos humanos.

Si ampliamos la mirada al resto de los países del Cono Sur, encontramos que casi al mismo tiempo se dio un proceso similar de visibilización de estas memorias, siendo posible localizar interesantes trabajos de investigadoras que reflexionan sobre el cautiverio en centros clandestinos de detención o prisiones políticas desde una perspectiva de género. Y, fundamentalmente, sobre los cambios en los marcos sociales de escucha que se fueron dando en la región y que habilitaron estos procesos de visibilización, problematización y -en algunos casos- juzgamiento.

En tal sentido, vale la pena retomar el artículo “Violencias sexuales en las dictaduras de América Latina: ¿Quién quiere saber?” en el que la investigadora brasileña Mariana Joffily analiza las formas que asumió la memoria sobre la violencia política a lo largo del tiempo y los cambios en las concepciones de los organismos internacionales y de la justicia de los países latinoamericanos en relación a estas formas de violencia. En este sentido, la autora señala que –como mencionábamos más arriba- recién se pudieron constituir espacios de escucha para estas formas particulares de las violencias dictatoriales luego de una serie de conquistas sociales y jurídicas por la igualdad de género. Por ende, argumenta que, aunque el camino recorrido es apreciable, aún queda mucho por avanzar para dar visibilidad a las violencias cometidas, fundamentalmente contra las mujeres.

En esta misma línea cabe destacar el trabajo “¿El Nunca Más tiene género? Un análisis comparativo de las comisiones de la verdad en Chile y Argentina” de la feminista estadounidense Hillary Hiner. Preocupada por la histórica exclusión de los derechos de las mujeres de los derechos humanos, Hiner centra la mirada particularmente en las comisiones de la verdad porque considera que las mismas jugaron un rol importante en la fijación de discursos “legítimos” sobre el pasado y, al mismo tiempo, porque sostiene que “éstas moldean nuestras posibilidades del presente y el futuro” (Hiner, 2015: 254). Así, da cuenta de la forma en la que los informes chileno y argentino produjeron una memoria de características universalistas (y, por ende, androcéntrica) de las víctimas de las violaciones de los derechos humanos, marginalizando y silenciando las experiencias de las mujeres sobrevivientes, específicamente en cuanto la violencia sexual por ellas padecida. Analizando los contextos histórico-políticos de producción de estas “memorias emblemáticas” (en términos de Joffily[iv]), indaga en las causas y en las consecuencias de dicha exclusión.

De los intentos primarios de suspender las memorias subjetivizadas en aras de encontrar testimonios universales que dieran cuenta de las atrocidades sufridas por todos (y fundamentalmente por los desaparecidos, en masculino) en las últimas dictaduras, se fue llegando a un momento de recuperación de las memorias personales. Partiendo de la idea de que estamos frente a una nueva etapa donde las memorias de las mujeres sobrevivientes (específicamente las que fueron víctimas de distintas formas de violencia sexual) comienzan a encontrar un escenario más propicio para su difusión, las historiadoras uruguayas Jimena Alonso y Carla Larrobla, en su artículo “Memorias femeninas en el Uruguay pos-dictadura” realizan un recorrido analítico de las memorias femeninas del terrorismo de Estado en Uruguay, visibilizando las transformaciones en las condiciones de habla y escucha que han tenido dichas memorias. Asimismo, reflexionan sobre las características que tienen los testimonios de mujeres sobrevivientes: según señalan, en éstos no solamente se presentan las trayectorias militantes, sino también importantes aspectos de la vida cotidiana, los afectos, la maternidad, entre otras cuestiones; elementos ausentes en los discursos masculinos. Así, para Alonso y Larrobla (2014: 7) estas memorias “abren distintas puertas de entrada al pasado y permiten romper con una memoria dominada por los trayectos político-militantes”.

Poner en diálogo estos cuatro procesos dictatoriales y sus posteriores momentos de la memoria entraña una serie de desafíos y dificultades, entre los que se destaca fundamentalmente las divergencias cronológicas. Sin embargo, con sus diferencias y especificidades, estos procesos compartieron un marco general y presentan varios elementos significativos en común en lo que se refiere al tema que aquí abordamos. En primer lugar, vemos que en todos ellos se llevaron a cabo distintas formas de violencia sexual fundamentalmente contra las mujeres detenidas o secuestradas. En segundo lugar, se revela que durante muchos años hubo una fuerte ceguera respecto del género y la sexualidad que dificultó la conformación de marcos sociales de escucha para los testimonios específicos relativos a la violencia sexual.

A fin de cuentas, poner en diálogo estos trabajos permite rescatar la complejidad de un proceso que excede los límites nacionales y, al mismo tiempo, nos permite reflexionar sobre cómo las preocupaciones del presente han permitido volver la mirada sobre el pasado y reparar en problemáticas que antes habían permanecido invisibles.

Textos seleccionados para el dossier

 Alonso, Jimena y Larrobla, Carla (2014). Memorias femeninas en el Uruguay pos-dictadura.  Aletheia, Revista de la Maestría de Historia y Memoria, 5 (9), pp. 1-14. En: http://www.aletheia.fahce.unlp.edu.ar/numeros/numero-9/dossier-de-genero/memorias-femeninas-en-el-uruguay-pos-dictadura

– Bacci, Claudia, Capurro Robles, María, Oberti, Alejandra y Skura, Susana (2014). Entre lo público y lo privado: los testimonios sobre la violencia contra las mujeres en el terrorismo de Estado. Clapsidra, Revista Interdisciplinaria de Estudios sobre Memoria, 1, pp. 122-139. Recuperado de: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/clepsidra/article/view/BACCI

– Hiner, Hillary (2016). ¿El Nunca Más tiene género? Un análisis comparativo de las comisiones de la verdad en Chile y ArgentinaEstudos de Sociología, 20 (39), pp. 253-270. Recuperado de: https://periodicos.fclar.unesp.br/estudos/article/view/7551

– Joffily, Mariana (2016). Violencias sexuales en las dictaduras de América Latina: ¿Quién quiere saber?Revista internacional de Derechos Humanos, 24, pp. 1-14. Recuperado de: http://sur.conectas.org/es/quien-quiere-saber/

– Sutton, Bárbara (2015). Terror, testimonio, y transmisión: sobrevivientes de centros clandestinos de detención en Argentina (1976-1983)Revista Mora, Buenos Aires, 21 (1), pp. 5-23. Recuperado de: http://revistascientificas.filo.uba.ar/index.php/mora/article/view/2396

[i] Bacci, C., Capurro Robles, M., Oberti, A., Skura, S. (2012). Y nadie quería saber. Relatos sobre violencia contra las mujeres en el terrorismo de Estado en Argentina. Buenos Aires: Memoria Abierta.

[ii] Sondereguer, M. (2012). Género y poder. Violencias de género en contextos de represión política y conflictos armados. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes.

[iii] Lewin, M. y Wornat, O. (2014). Putas y guerrilleras. Buenos Aires: Planeta.

[iv] Joffily, M. (2010). Memória, gênero e repressão política no Cone Sul (1984-1991).  Revista Tempo e argumento, 2 (1), pp. 111-135.

Hij@s del Exilio. Doble Castigo

Doble Castigo: Los Hijos del Destierro

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por Leonor Quinteros Ochoa (*).

La conducción de vida de la mayoría de las personas se caracteriza principalmente por rutinas diarias, que le conceden al diario vivir estabilidad y permanencia.


Cuando los seres humanos son puesto bajo presión frente a catástrofes naturales, sociales, económicas o políticas, deben dejar el ambiente que les es familiar para internarse en contextos sociales desconocidos. Se quiebran las rutinas y se debe hacer esfuerzos por adaptarse a nuevos modelos de gestión de la vida familiar. Un ejemplo de aquello es el destino de las familias chilenas, que tuvieron que dejar el país forzadamente tras el golpe de estado en Chile.

Las dificultades que trae consigo llevar una vida en un país desconocido y extraño se han detallado en varios relatos autobiográficos y estudios académicos. Sin embargo, la mirada se centra principalmente en los individuos, en su mayoría hombres. El destino de los demás miembros de la familia no ha sido considerado con mayor profundidad.

En el siguiente estudio se ofrecen los resultados de una investigación sobre las familias exiliadas en Alemania (tanto en la República Democrática Alemana como en la Alemania Federal), con especial énfasis en la compleja situación biográfica de los hijos e hijas de los chilenos y chilenas exiliadas (1).

Gestión de vida durante el exilio en Alemania

Tras el golpe de estado el 11 de septiembre de 1973 del general Augusto Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende, comienza para muchos chilenos una dolorosa partida al exilio. Se estima que desde 1973 a 1989 tuvieron que dejar por fuerza mayor el país alrededor de 1.600.000 personas.

Más de la mitad de los exiliados tenían entre 25 y 35 años y estaban casados (Norambuena 2000). Muchas familias se fueron juntos al exilio, lo que lleva a Gaillard (1992) a definir el exilio chileno como un “exilio familiar“.

Los entrevistados que vivieron el golpe de estado a temprana edad recuerdan el evento como un episodio traumático. Muchos pasaron por la experiencia de traición, abandono e incluso robo de bienes familiares de parte de otros miembros de la familia y vecinos. Fue también el inicio de una larga separación con los abuelos, amigos de infancia y otros miembros de la familia que previo al golpe eran cercanos.

Comienza un largo viaje para estas jóvenes familias, sin saber qué podría pasar en un futuro lejano y cercano. Se fueron llevando lo que podían cargar, y dependieron en gran medida de la ayuda de los grupos de solidaridad por Chile en Alemania, del Estado alemán, y de organismos internacionales como la ACNUR.

Los modelos de vida conocidos y familiares ya no existen en Alemania. Con dificultad logran los jóvenes padres y madres desarrollar una vida familiar estable. Muchos adultos sufren las consecuencias psicológicas del desarraigo, y concentran toda su energía en la idea de un pronto regreso; cuestión que también influye en el desgano y apatía en aprender el idioma alemán.

De esta “falta de habla” de los padres exiliados, resulta también una “pérdida de orientación” en el extranjero (Schimpf-Herken 1992).

De a poco se van integrando las madres y padres chilenos exiliados en Alemania. Estudian, trabajan o se dedican a las labores del hogar. Muchas madres exiliadas deben enfrentar una doble carga: Dado a la impronta cultural de roles de género se hacen cargo de las labores del hogar y trabajan remuneradamente en diferentes lugares.

Sin el apoyo de las redes y familia extendida chilena, muchas mujeres sufren depresión y estrés (Rebolledo 2003; Maurin 2005: 350-353). Debido a la fuerte orientación psicológica y social hacia el regreso a Chile, había una tercera actividad que demandó trabajo y dedicación: la continuación de las actividades políticas en el exilio.

Se organizan toda clase de eventos sociales y políticos tanto dentro y fuera de Alemania, para continuar la lucha contra la dictadura en Chile. Sobre todo los hombres dedican gran parte de su tiempo a estos eventos; muchos de los entrevistados confiesan haber visto muy poco a sus papás en la vida familiar cotidiana.

Debido a todas las actividades de los padres y de las madres, los hijos e hijas se educan y desarrollan en Alemania con bastante libertad e independencia. Aprovechan todas las ofertas que ofrece el Estado alemán: asisten regularmente a colegios, guarderías, eventos infantiles y excursiones. Muchos pasan largas horas junto con otros niños y otras familias.

Martin lo explica de la siguiente manera:

“Apenas veía a mis viejos por sus actividades políticas, prácticamente sólo los fines de semana, mis padres descansaron en el Estado“.

Las competencias y habilidades sociales de los hijos e hijas se transformaron en un factor de gran importancia dentro de la familia. Se convirtieron en protectores y lobistas para sus padres y hermanos menores. Les explican y aclaran a los padres los códigos culturales alemanes, los acompañan hacer trámites, al supermercado, al médico, son traductores de sus padres en los colegios, con los vecinos alemanes, con las autoridades.

Traducen textos políticos y se hacen parte de las actividades e ideas políticas de sus padres.

De este modo los hijos e hijas de los exiliados chilenos ejercen un rol central y activo en la gestión de vida de las familias exiliadas. Se integran muy bien y rápidamente en Alemania (Espina/Sanhueza 2014), y obtienen pronto una autonomía relativa en la vida cotidiana alemana.

Su rápida adaptación los convierte en creadores de su propia autonomía. De ahí que no es extraño corroborar que efectivamente, el tiempo en el exilio es evaluado positivamente por los entrevistados. Años más tarde, ya en Chile, recuerdan sin excepción con nostalgia y mucho cariño su infancia en Alemania.

La relación con la familia extendida chilena

Uno de los objetivos afectivos más importantes durante el exilio fue el mantener un vínculo con la familia extendida chilena, a pesar de la distancia. Antes del golpe de estado, la familia cumplía un rol social y cultural relevante en el desarrollo de la vida cotidiana (Rebolledo: 2005).

Muchas decisiones y procesos de vida familiar se realizan y se acuerdan en conjunto con la familia extendida. Para mantener el amor y el espíritu de la “gran familia chilena“, se realizan una serie de actividades cotidianas durante el exilio: cartas, postales paquetes con productos chilenos, envío de casetes con la voz de los abuelos, primos y amigos entre otros.

Es así como los hijos e hijas desarrollan un imaginario panegírico social y cultural sobre Chile y su familia.

Sin embargo, estos actos simbólicos no suplen la pérdida de la convivencia diaria con la familia extendida. Como los otros miembros de la familia no viven en el exilio, sino que en Chile, se les hace necesario a los hijos e hijas el crear una familia “de repuesto” durante el exilio.

Los entrevistados hablan de tíos, tías, y sobre todo, abuelas y abuelos que no son parientes sanguíneos directos, pero que en la práctica cotidiana asumen tareas familiares, apoyando así la estadía durante el exilio de toda la familia chilena.

Cualquiera puede ser potencialmente un “familiar de repuesto“; sólo debe existir un vínculo, cercanía y sobre todo, vida cotidiana. Vecinos alemanes, amigos y amigas de los padres exiliados, también otros chilenos o latinoamericanos. Marco afirma al respecto:

“Yo pienso que todos los que vivieron con nosotros en Alemania y que estaban para nosotros, eran nuestra familia. Todos”.

Los límites entre familia y otras comunidades se desvanecen de este modo, así como la gestión de vida familiar y no-familiar. La principal razón por establecer una “familia de repuesto” es la necesidad afectiva, pero también se transforma en una importante fuente de confianza y conocimiento sobre costumbres alemanas y/o latinoamericanas.

Los entrevistados afirman haber tomado la iniciativa. Están convencidos que fueron protagonistas en la creación de estos nuevos lazos familiares. Tanja lo explica de la siguiente manera:

“No estoy segura si realmente extrañé a mis abuelos en Chile, o que me hicieron falta. Nunca sentí que los echaba de menos, porque en barrio donde vivía había mucha gente viejita (…) yo tomé la iniciativa, me refiero a adoptar a una abuela y un abuelo. Yo adopté… así lo digo, ¿me entiendes? Nunca fuimos niños débiles en el exilio. “

Expresiones similares realizan otros entrevistados. El acto de adoptar se relaciona normalmente con una actividad que realizan personas adultas; sin embargo, los hijos e hijas del exilio califican esta actividad como una capacidad de producción propia, y de la cual se sienten orgullosos.

Se puede distinguir con claridad que los hijos e hijas tuvieron un rol central para la gestión de vida familiar en el exilio. La capacidad de adaptación e integración en la sociedad alemana fueron imprescindibles para una vida cotidiana estable y una transformación exitosa en la gestión de vida durante el exilio.

Sin embargo, tal éxito no se observa al regresar a Chile, como se expondrá a continuación.

La experiencia del regreso a Chile

En 1983 se le permite oficialmente el regreso a un grupo de exiliados, y una vez finalizada la dictadura militar regresa en 1989 una gran parte de los exiliados a Chile.

Muchas esperanzas se truncan al volver a un Chile prácticamente desconocido y cambiado, y la reintegración se ve dificultada por problemas económicos y sociales. (Pinto 2013; Maureira 2014).

La ética matrimonial “juntos en el exilio” pierde sentido en Chile y muchos padres y madres exiliadas se separan en suelo chileno. Los conflictos familiares, las dificultades económicas aumentan; pero a pesar de todo aquello, aun así el regreso significó para la mayoría de los padres y madres un alivio, pues terminaban años de desarraigo, nostalgia y lejanía con la familia y seres queridos.

Sin embargo, el regreso se desarrolla de una manera diferente en las biografías de los hijos e hijas de exiliados chilenos. Comienza el exilio de los hijos e hijas, al abandonar Alemania, el lugar donde se habían educado y formado sus primeras amistades y vínculos significativos.

Muchas veces contra la voluntad de los adolescentes, niños y niñas, se abandonan amigos y las familias “de repuesto” de un día a otro.

El quiebre radical que sufrieran los padres al partir al destierro se repite nuevamente, esta vez, sobre todo para los hijos e hijas de los exiliados. Hasta el día de hoy, la mayoría de los entrevistados recuerda el regreso a Chile como una experiencia difícil y dolorosa.

Describen el regreso sobre todo como una experiencia de pérdida: se pierde el contexto social familiar, se pierden vínculos con seres queridos; grupos de amigos, tan importante en la adolescencia; y deben hacer esfuerzos por cambiar o erradicar competencias y habilidades aprendidas, puesto que en Chile, éstas pierden sentido cultural y social.

Los hijos e hijas regresan o “llegan” a Chile con un nivel de español deficiente o nulo, no conocen los códigos culturales chilenos. Muchos nacieron en Alemania y nunca tuvieron un contacto significativo con Chile, su cultura y gente.

La autonomía que vivían en Alemania se pierde: ahora, en edad adolescente o pre-adolescente dependen de la ayuda de terceros para adaptarse a Chile, y sólo cuentan con sus padres; pues el resto de las personas sólo las conocen por cartas o fotografías.

Necesitan el apoyo de sus padres, que están viviendo sus propias crisis debido al regreso a un Chile nuevo, que poco tiene que ver con el país que dejaron años atrás. No todos los padres retornados están en condiciones psicológicas, sociales y económicas para atender a sus hijos e hijas, pues viven sus propios problemas de adaptación.

Los hijos e hijas comienzan a sentirse solos e incomprendidos

En Alemania los hijos e hijas crecieron imaginando Chile a través de vivas fantasías. Chile un país dictatorial y cruel, pero también con una idílica naturaleza, cultura y convivencia familiar (Jedlicki 2014).

Una entrevistada, Dominique conceptualiza la nostalgia vivida durante el exilio como un “romanticismo de cordillera“.

Desde el punto de vista social, las expectativas relacionadas con este imaginario no se cumplieron con el regreso. La familia extendida no coincide con el imaginario infantil creado durante el exilio. Los entrevistados se encuentran con familiares que eran abiertamente pinochetistas o de derecha, y que se molestan por la forma de vestirse, de hablar y comportarse de los niños y adolescentes recién llegados.

Se les exige a los entrevistados comportarse y hablar como “chilenos“.

Esta exigencia, directa o a veces sutil y encubierta es considerada dolorosa por la mayoría de los entrevistados. Todavía en plena dictadura, muchos padres retornados les exigen a sus hijos ocultar su estadía en Alemania y negar que estuvieron en el exilio, por temor a represalias, especialmente los hijos e hijas que vivieron en la RDA.

A otros entrevistados se les exige dejar de hablar alemán, “porque son chilenos“y a comportarse como tales. Muchos entrevistados recuerdan haber sufrido burlas de parte de familiares y compañeros de colegio por su modo de hablar y de vestirse.

Esta situación lleva a tensiones y conflictos dentro de la familia; y muchos hijos e hijas optan por alejarse de la familia extendida chilena y refugiarse en el amor hacia su madre y padre, únicos testigos de su estadía en el exilio y de su infancia en Alemania. Otros entrevistados mantienen hoy contacto con su familia extendida, pero reconocen no sentir vínculos emocionales muy fuertes o significativos.

De modo que tras el regreso no es posible reactivar automáticamente las relaciones familiares extendidas, y la construcción de una gestión de vida familiar extendida no siempre resulta posible; todo esto a pesar de los esfuerzos por mantener los lazos afectivos con la familia chilena durante el exilio.

Por lo tanto, el vínculo sanguíneo familiar por sí mismo no lleva a una reintegración y establecimientos de vínculos afectivos per se. Las partes familiares realizaron su gestión de vida separados, alejados; y tras el regreso no se pudo compensar esta ausencia de manera automática.

La gestión de vida individual y familiar de toda la composición familiar no pudieron ser unidas sólo por estar basadas en “lazos sanguíneos“.

Tras el regreso aumentan los problemas de identidad y la dificultad para adaptarse en la vida cotidiana chilena. Prácticamente todos los entrevistados usan la misma palabra para expresar este sentimiento: el sentirse “raros“o “extraterrestres“ en relación a su familia chilena.

Tras algún período de fallidos intentos por adaptarse a Chile, muchos deciden regresar a Alemania, y optan por un quiebre radical con la familia chilena. Otros permanecen en Chile, pero sólo logran una adaptación relativa tras mucho esfuerzo. Una integración satisfactoria, desde el punto de vista subjetivo, no se logra cumplir en la mayoría de los entrevistados. Casi todos siempre tienen en mente la posibilidad de emigrar de Chile, o emprender una nueva vida en otro lugar.

Muchos hijos e hijas de exiliados chilenos en Alemania llevan heridas profundas y difíciles de describir por ellos mismos. Dieciocho entrevistados llevan años de tratamiento psicológico. Sus diagnósticos son diversos: depresión, síndrome de ansiedad, síndrome de Ulises entre otros.

Algunos son tratados con psicotrópicos para combatir estados de depresión, en otros se constata un consumo regular a intensivo de marihuana. Un tercio de los entrevistados sufre o sufrió una enfermedad autoinmune, que adquirieron de niños o adolescentes tras el regreso a Chile. Un claro reflejo de las dificultades por adaptarse a una vida normal en Chile.

Esta situación coincide con los estudios del PIDEE en los años 80 en Chile, donde se pudo constatar que existían hijos e hijas de retornados chilenos que sufrían de enfermedades psicosomáticas y depresión infantil y adolescente (Baeza 1989).

Dominique, quien falleció debido al Lupus, una enfermedad autoinmune me explica su experiencia llorando:

“Es un sentimiento de sobrevivencia. Hice de todo, traté hacer de todo para adaptarme (…) Intenté todo lo posible (…) En algún momento sentí que ya no me iba a adaptar, sufro un quiebre emocional, y comienza mi enfermedad. Porque te sientes sola en la familia, incomprendida, extraterrestre”.

Dominique no logra activar el sentido de una gestión de vida funcional en Chile tras el regreso. Fallece en marzo de 2018 en Santiago debido a las consecuencias del destierro. En el presente artículo quiero recordarla (2).

Experiencias similares, sin consecuencias tan nefastas sufren o sufrieron muchos entrevistados. Reflexionan a menudo cómo habría sido su vida sin exilio, cómo habría sido vivir una identidad chilena si no hubiese habido un golpe de Estado, cómo habría sido una infancia en Chile, junto a todos los miembros familiares.

Su lenguaje y pensamiento es de tipo condicional, y esto se aprecia al revisar el uso del lenguaje de los entrevistados al momento de la entrevista. Sin embargo, también hay otros entrevistados que entienden su “rareza” como un factor positivo.

Se definen como personas cosmopolitas e independientes. La experiencia de haber creado una familia “adoptiva” en el exilio los lleva a una definición de familia no-tradicional. Casi todos los entrevistados ejercen actividades solidarias, culturales y políticas a través de sus profesiones y oficios. Alejandra lo explica de la siguiente manera:

“Creo que todos nosotros, sin importar donde estemos, en nuestros trabajos y profesiones (…) somos sujetos pensantes, críticos, y educamos hijos valiosos, multiculturales, que serán un aporte para la sociedad (…). Aprendimos a ser siempre solidarios, de ayudar, de hacer un aporte, sin importar donde estemos“.

A pesar de las experiencias dolorosas del destierro y la negación del derecho de vivir, crecer y educarse junto a la familia chilena, los entrevistados no niegan la experiencia vivida; es reconocido y se asume plenamente por todos los entrevistados.

La identidad cosmopolita de los hijos e hijas de exiliados traspasa los límites de las fronteras y de los lazos sanguíneos.

En perspectiva

Los estudios recientes sobre gestión de vida se han basado en modelos estables y demarcados. Se han invisibilizado los desafíos relacionados con cambios extremos productos de la migración y el exilio.

El estudio aquí presentado se basa en los testimonios de hijos e hijas de exiliados chilenos que vivieron entre 10 y 15 años en Alemania (RFA y RDA), donde pasaron toda su infancia.

El estudio logra demostrar, que los niños desarrollan durante el exilio capacidades que han sido subestimadas; pues apoyaron activamente la gestión de vida familiar durante el exilio, colaborando así con la formación de una nueva vida familiar en el destierro.

Asimismo, por su capacidad de crear lazos con familias “de repuesto“ al “adoptar“ activamente adultos alemanes y latinoamericanos, contribuyeron en la creación de una familia extendida en el exilio, más allá de los lazos sanguíneos.

Se puede agregar, que la inserción en la vida cotidiana alemana fue facilitada por el apoyo incondicional de los grupos de solidaridad por Chile en dichos países. Hasta hoy los contactos y el afecto continúan.

El apoyo recibido es recordado positivamente por los hijos e hijas del exilio, lo que también explica la importancia de una política actual de una “cultura de bienvenida” en el manejo de refugiados en Europa. Demuestra los efectos positivos para las familias refugiadas a largo plazo.

(*) Socióloga Mg. en Teoría Social, Universidad Arturo Prat, Iquique, Chile. La autora vivió su infancia en la RFA, desde 1977 a 1985 en la ciudad de Tubinga. Su padre fue liberado de la prisión perpetua gracias a la acción solidaria del filósofo alemán Ernst Bloch.

Artículo publicado por la revista alemana “Zeitpolitisches Magazin”, julio 2018.

Fuente: Alainet

Notas:

1. El estudio se realizó en una estadía de seis meses en el Instituto de la Juventud en Múnich en 2017 (DJI) bajo guía de la Dr. Karin Jurczyk. El estudio se basa en 19 entrevistas retrospectivas de hijos e hijas de exiliados chilenos, que nacieron en Alemania occidental y oriental, o que llegaron antes de los 10 años de edad a esos países tras el golpe de estado de 1973. Hoy viven en Alemania o en Chile, respectivamente. Las entrevistas se realizaron tanto en Chile como en Alemania y se analizó su contenido bajo la perspectiva teórica „Doing Family“ (Jurczyk/Lange/Thiessen 2014).

2. Dominique fue gestora de la fundación del grupo de hijas e hijos del exilio, un foro de hijos e hijas de exiliados chilenos, quienes hoy se constituyeron como ONG hace algunos meses atrás. (https://www.facebook.com/groups/1463165160415970/).

Bibliografía

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Jurczyk, Karin/Lange, Andreas/Thiessen, Barbara (Hrsg.) (2014): Doing Family. Warum Familienleben heute nicht mehr selbstverständlich ist. Weinheim: Beltz Juventa.

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Voß, G. Günter / Weihrich, Margit (Hg.): Tagaus tagein. Neue Beiträge zur Soziologie alltäglicher Lebensführung. München und Mering: Rainer Hampp Verlag.