El investigador en la sociedad digitalizada. Nuevas etnografías y ciberespacio: reformulaciones metodológicas.

CULTURA & POLÍTICA @ CIBERESPACIO
1er Congreso ONLINE del Observatorio para la CiberSociedad

En septiembre de 2002 el Observatorio para la CiberSociedad celebró su primer Congreso ONLINE bajo el título “Cultura & Política @ CiberEspacio”.
Comunicaciones – Grupo 10
El investigador en la sociedad digitalizada
Coordinación: Jordi Colobrans (jcolo97@lix.intercom.es)
http://cibersociedad.rediris.es/congreso
Nuevas etnografías y ciberespacio:
reformulaciones metodológicas.
Anastasia Téllez Infantes
Universidad Miguel Hernández, Elche
nasta70@hotmail.com y atellez@umh.es
Resumen
En esta comunicación nos planteamos cómo hacer antropología en, sobre y a través del ciberespacio y la necesaria adaptación metodológica de la investigación etnográfica. Y ello, porque defendemos que las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (N.T.I.C.) y en especial Internet, se constituyen en técnicas de investigación. En segundo lugar, este contexto ciberespacial es un campo de estudio donde podemos analizar la interacción de los individuos o informantes cibernautas y la creación de una denominada “cibercultura” en la Red. Y, por último, otro ineludible tema de análisis antropológico son las repercusiones y transformaciones socioculturales que estas N.T.I.C. y este nuevo “mundo virtual” están generando en el “mundo real” de algunos usuarios.
Abstract
In this paper we think about how make anthropology in,about and through the ciberspace and the necessary methodological adaptation of the investigation. And it, because we defend that the New Technologies of the Information and the Communication (N.T.I.C.) and especially Internet, they are constituted in technical of investigation. In second place, this context is a study field where we can analyze the interaction of the people or informants and the creation of a denominated “ciberculture” in the Net. And, lastly, other unavoidable topic of anthropological analysis is the repercussions and social transformations that these N.T.I.C. and this new virtual world is generating in the real world of some users.
Palabras claves
Metodología etnográfica, Nuevas Tecnologías, Internet, investigación antropológica, realidad virtual, ciberantropología, ciberespacio.

Introducción
En esta comunicación nos planteamos cómo hacer antropología en, sobre y a través del ciberespacio y la necesaria adaptación metodológica de la investigación etnográfica. Y ello, porque, en primer lugar, defendemos que las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (N.T.I.C.) y en especial Internet, se constituyen en herramientas o técnicas de trabajo en la investigación, tanto en el proceso etnográfico (recogida de datos y organización de la información) como el producto etnográfico (la presentación y difusión de los resultados). En segundo lugar, este contexto ciberespacial es un campo de estudio donde podemos analizar la interacción de los indivíduos o informantes cibernautas y la creación de una denominada “cibercultura” en la Red. Y, por último, consideramos que otro ineludible tema de análisis son las repercusiones y transformaciones socioculturales que estas N.T.I.C. y este nuevo “mundo virtual” están generando en el “mundo real” de algunos usuarios.
Por ello, vamos a discutir la forma en que podemos realizar lo que se viene denominando etnografía de la cibercultura, para profundizar en el nuevo terreno que se abre para los antropólogos en Internet, centrando el debate en la cuestión de si el clásico método etnográfico es válido para el estudio de las relaciones sociales y la cultura a través de la World Web Wide (WEB).

Nos detendremos pues en cuestionar si las herramientas conceptuales que usamos en el trabajo etnográfico del mundo real pueden utilizarse en este nuevo escenario virtual.
Como apunta Picciolo (1998) “la Antropología puede aportar algo al estudio de un espacio nuevo, donde se están generando nuevas reglas y donde por primera vez hay un contacto multiétnico generalizado. Ese espacio nuevo no se ubica en ninguna parte y genera sus propias reglas”.

Por un lado, las propias observaciones del investigador pueden considerarse como un hecho etnográfico al igual que las acciones y el discurso de los informantes en el ciberespacio. Por otra parte, nuestra disciplina tiene mucho que decir “acerca de los ritos de pasaje por los que discurre un internauta antes y después de una inmersión en la realidad virtual; así como el hecho de que la red internet permite un permanente y generalizado intercambio de distintas visiones del mundo” (Picciuolo, 1998).
Si pretendemos cuestionar la investigación antropológica en el contexto de Internet y las N.T.I.C. en general, se hace preciso admitir lo complejo y difícil que a priori resulta delimitar el objeto de estudio y las particularidades que conlleva. Y esta necesidad de replanteamiento metodológico no sólo ocurre en nuestra disciplina, sino en general en todas las Ciencias Sociales.
Como señala Mayans (2002, e.p.) “el estudio de las formas y manifestaciones de la tele-presencia es un área de trabajo pertinente para los etnógrafos de lo cibersocial, puesto que en estas formas y manifestaciones se va a descubrir la materia prima de las relaciones sociales trenzadas a través de las comunicaciones mediadas por ordenador”.
Aunque aún nos falta la perspectiva histórica y el paso de algunos años para poder evaluar el fenómeno de cambio sociocultural que las N.T.I.C están produciendo en el mundo (occidental) ello no es óbice para mantener la ensimismada postura y la hasta hoy no merecida importancia que tales fenómenos culturales tienen para el gremio antropológico.*
Individuos y comunidades enteras están fijando su atención en una realidad distinta de la que consensuamos como tradicional. Una realidad donde el espacio físico deja de tener importancia, donde ciertas decisiones son tomadas con ayuda de la función random, donde la imagen corporal no es -a priori- necesaria para las relaciones sociales… “Nos estamos refiriendo a la creación y actualización permanente que requiere mantener en funcionamiento lo que la cibernética llama Isomorfismo de los Modelos de Representación de la Realidad y comunmente es conocido como Realidad Virtual” (Picciuolo, 1998).
En opinión de Faura (1998) “la telefonía móvil, la sofisticación de los sistemas de información y, como factor más espectacular, la aparición de las grandes redes informáticas y la nueva cultura que éstas han creado, la cibercultura, son campos abonados para la investigación de la antropología, campos que por todo lo que representan actualmente merecen tener un papel importante dentro de nuestra disciplina”. Así pues, opinamos que la antropología cuenta con las herramientas teóricas y metodológicas apropiadas para la comprensión de los revolucionarios escenarios que plantea, como ciencia de la diversidad y de las comunicaciones, las profundas transformaciones que conllevan las N.T.I.C. y la cibernética en general.
La cibercultura y el ciberespacio
Plantearnos investigar etnográficamente en y través de Internet nos induce en primer lugar, a la delimitación de nuestro marco conceptual y objeto de estudio, y ello nos obliga a definir algunos nuevos conceptos tales como cibercultura, ciberespacio y ciberantropología, en busca del estudio de la “ciberotredad”.
Autores como Downey, Dumit y Williams (1995) definieron la ciberantropología como la antropología cultural de la ciencia y la tecnología. Los antropólogos cuando se hace referencia a las nuevas tecnologías, y más concretamente cuando hablan de estudiar el fenómeno del ciberespacio, suelen tender a analizar el impacto que éste nuevo fenómeno tecnológico está produciendo sobre las diversas y variadas culturas en que está inmerso el ser humano (Faura, 2000). Aunque en nuestra opinión la ciberantropología abarcaría muchos más aspectos.
Fue en la conferencia anual de la American Anthropological Association de 1992, donde se reconoció académicamente los conceptos de cibercultura y ciberespacio y se caracterizó a la ciberantropología como la rama que estudia las relaciones entre los humanos y las máquinas en un contexto histórico en que las N.T.I.C. se transforman en agentes de producción social y cultural de tal magnitud, como para que el eje mismo de los procesos de acumulación se articule ya sobre la información y la sociedad post-industrial se identifique con una sociedad del conocimiento (Hauser, 2000). En esta conferencia se definió la ciberantropología (cybor anthropology) como el “estudio etnográfico de las relaciones entre los humanos y las máquinas en este final del siglo XX en el que las nuevas tecnologías sirven como agentes de producción social y cultural” (Faura, 1998).
Por su parte, en la reunión de la American Anthropological Association del año 1995 “ya se constató un crecimiento de este tipo de estudios y una reorientación en la dirección de investigar las comunidades electrónicas desde el punto de vista de los contextos donde las tecnologías del ordenador se desarrollan, la interacción entre los diseñadores y los usuarios y las comunidades que resultan de esta interacción, a veces imaginadas e inventadas, pero capaces de crear nuevas identidades, los cyborgs, y los vecinos electrónicos que pueden vivir en regiones y comunidades físicas y virtuales” (Faura, 1998)

La investigación etnográfica se centraría, entre otras cosas, en los entornos sociales y las relaciones sociales que sus informantes, usuarios, establecen a través de Internet. Al respecto, diversos autores sostienen que hay que tener presente el mundo real de quienes estudiamos en el mundo virtual, es decir, el contexto cultural de los usuarios de Internet que analizamos en nuestra investigación, pues las fronteras entre ambos mundos está difuminada e interconectada. El mundo virtual es un mundo de flujos e interconexiones, de tiempo encriptado e intermitente, de “no lugares” ciberespaciales y de “lugares con identidad propia” a modo de contextos de sociabilidad formal e informal. En este mundo virtual el etnógrafo debe saber sumergirse con empatía entre sus informantes, presentarse siguiendo los códigos de conducta establecidos, dominando el mundo simbólico y por supuesto el lenguaje propio.
A la hora de definir la cultura que el antropólogo analiza a través y en la WEB, la denominada cibercultura, hay que, por un lado, acotar la comunidad de estudio, y por otro, entender el ciberespacio como unidad de observación tempo-espacial diferente.
Refiriéndonos al espacio “no podemos decir que sea distinto, por la sencilla razón de que en la inmersión no existe el espacio. Uno nunca sabe si esta visitando una WEB en su mismo pueblo o en las antípodas. Para el cibernauta el espacio es un tema irrelevante. Aunque siendo algo tan importante en el mundo real (sin espacio físico no habría mundo real) sería interesante investigar qué rituales devuelven al internauta su control del espacio físico” (Picciuolo, 1998). Igualmente deberemos investigar cómo el espacio virtual puede generar acciones en el mundo real, como por ejemplo la huelga de usuarios antiglobalización contra algunas “cumbres internacionales” o la de cibernautas contra grandes empresas de telefonía, o los encuentros “cara a cara” entre personas que se conocieron en la red.
En cuanto al tiempo cuando el etnógrafo está navegando-investigando en el ciberespacio, cambia sustancialmente la configuración de la atención, puesto que en el ciberespacio el tiempo parece que transcurre a una velocidad distinta que en el mundo real (Picciuolo, 1998).
En este ciberespacio el antropólogo encuentra “otros distantes” y “otros cercanos” al mismo tiempo y de forma entrelazada, siendo la mayoría de ellos sujetos de contextos “urbanos” y “occidentales”.
En palabras de Hauser (2000) “los flujos sociales contemporáneos, basados en circuitos de impulsos electrónicos y nódulos de sistemas tecnológicos interconectados que soportan relaciones humanas, son ya un producto de la cultura cibernética, que asume la turbulencia como campo de acción, a la vez que han generado la “tercera ola de la cibernética”, caracterizada por los fenómenos de “emergencia” y están históricamente determinados por el nacimiento y desarrollo de las redes humanas con soporte tecnológico, es decir, por las nuevas tecnologías de información y comunicación”. Nuevas redes en Internet e interacciones sociales que se sustentan en nuevos códigos y lenguajes que el antropólogo debe conocer en su investigación, nos referimos principalmente a los iconos, puesto que son los símbolo más utilizados en la WEB. Puesto que la iconografía es uno de los factores más determinantes dentro del ciberespacio, y esta iconografía ayuda a unificar a la llamada cibercultura pues todos conocen perfectamente el significado de cada uno de sus símbolos. También podemos citar el caso de los denominados emoticons o símbolos utilizados por los internautas para expresar su estado de ánimo en momentos y entornos en que se produce una relación más directa entre interlocutores, como es el caso del correo electrónico y de los denominados chats o conversaciones en tiempo real (Faura, 2000).

Junto al conocimiento del lenguaje de la red el antropólogo debe conocer los valores y las representaciones ideológicas principales del entorno ciberespacial en el que investiga. Así necesitará saber cuáles son los “valores centrales” dentro del ciberespacio, entre los que algunos estudiosos destacan como claves el individualismo, la iniciativa y la igualdad de oportunidades (Faura, 2000). Valores y comportamientos compartidos por muchos cibernautas a quienes se les considera que han desarrollado una “nueva cultura” en Internet, la denominada “nueva ideología californiana”.
Por otra parte, la existencia de esta sociabilidad en la WEB sólo es factible por determinados acuerdos sociales entre los usuarios que hacen posible que la realidad virtual y el mundo real se relacionen. Los acuerdos son la interface entre el mundo real y el ciberespacio. Así, es la intención de los usuarios, antes, y después, lo que permite la interrelación entre el ciberespacio y el mundo real y para que este triángulo funcione se están poniendo en juego no sólo protocolos de comunicación sino también contactos económicos e interculturales (Picciuolo, 1998).
Como destacan algunos autores (Hauser, 2000) en los últimos años se han realizado estudios sobre la interacción real o virtual entre diseñadores, usuarios y comunidades y se han llevado a cabo investigaciones aplicadas de corte etnográfico, en el marco preferente de alianzas estratégicas con la industria para comprender y orientar los comportamientos, expectativas y consumo de los actores. Pero aún queda mucho por hacer y debatir desde nuestra disciplina.
El trabajo de campo en la web
Consideramos que el trabajo de campo en la WEB, o lo que se suele llamar etnografía online o del “mundo virtual” presenta características muy diferentes al trabajo de campo en las tradicionales etnografías del “mundo real”.
Por un lado, para realizar el trabajo de campo en el ciberespacio se hace imprescindible tejer una red de informantes sin enredarse en ella, donde el investigador tiene que poner en juego contínuamente el compromiso y la negociación con ellos, lidiando con la subjetividad y la intersubjetividad. Y la inmersión en el campo se realiza a través de la interactuación y la socialización con los sujetos seleccionados en la WEB.
Como afirma Velasco (2002) “(…) el trabajo de campo es la situación necesaria para que el investigador sea copartícipe de las experiencias de los otros, coparticipación que es más la razón de ser del trabajo de campo como experiencia. La coparticipación se logra introduciéndose en los circuitos de la comunicación y enmarañándose en las redes sociales de los otros”. Redes sociales en las que tanto el antropólogo como sus informantes desempeñan determinados roles, que en numerosas ocasiones varían según el contexto en el que interactúen y la intencionalidad que se posea en ese momento y en ese espacio (un canal concreto de Internet Relay Chat [IRC], un mailing list, un foro de discusión, una freenet, etc.). Redes, que en el ciberespacio se difuminan y crean y recrean en un continuo proceso donde los factores que el investigador controla son aún más impredecibles que los que usualmente intenta manejar en el mundo no virtual.
Mucho se ha discutido en la última década sobre la interferencia del investigador en el contexto interlocutorio, en la escena que analiza, en la realidad en la que se introduce en su investigación. En nuestro caso, el antropólogo se sumerge en el ciberespacio del mismo modo que lo hacen sus informantes, necesitando obviamente un proceso de socialización que a partir del extrañamiento y la empatía le posibilite aprehender los fenómenos culturales que investiga. De esta forma se convierte en un sujeto interactuante con el contexto de estudio y con las personas que analiza. Y su presencia modela e interfiere esa propia realidad virtual desde el momento que aparece en las pantallas de sus informantes usuarios de la red, se presenta en sus foros de discusión o participa en un canal de chat de IRC. Porque puede introducirse a través de un servidor y “navegar” o “surfear” por todos los sitios WEB, donde encontrará miles de usuarios, potenciales informantes, para quienes ese espacio virtual se convierte en pauta cultural y contexto de interacción social.
Como en todo trabajo de campo uno de los aspectos que debe saber evitar el antropólogo es no convertirse en “nativo cibernético”, y si lo hace, al menos ser consciente de ello y procurar un proceso de distanciamiento que le permita volver a recuperar su capacidad de extrañamiento y objetividad.
Cuando los sujetos-objeto de estudio están en el ciberespacio la distancia entre investigador e informantes se transforma; ahora el pretender alejar lo cercano y acercar lo lejano se difumina con contornos tempo-espaciales distintos, aunque la aspiración al relativismo cultural siempre debe estar presente. Por ejemplo, al participar en un chat el antropólogo debe conocer los códigos de comunicación, las expresiones, juegos de palabras, y símbolos escritos a través de los cuales los informantes se comunican. Es por ello, por lo que se hace preciso, por ejemplo, al entrar en un canal de chat conocer los rituales de saludo, de reconocimiento, de despedida y el cómo concertar una cita o “quedada” en el “mundo real”.
Otro de los elementos a los que debe enfrentarse el investigador al realizar su etnografía en Internet es el no control de muchas variables tales como: la propia presencia de los informantes que busca, el “lugar virtual” donde se encuentra, el tiempo que va a permanecer conectado a la red, etc. Es decir, en su trabajo de campo el etnógrafo debe considerar una serie de casuísticas que no puede dominar. Debe admitir su incapacidad para controlar la relación interlocutoria con sus informantes, al igual que le ocurre en el “mundo real”.
A su vez, existen nuevas estrategias de investigación en la WEB que nos posibilitan analizar las trayectorias de nuestros informantes, los vínculos y portales a los que acuden, los canales de chat que frecuentan, el cómo, cuándo y para qué, los protocolos particulares y comunes que utiliza, etc.
Por otra parte, el antropólogo puede participar en conferencias internacionales en contextos virtuales del ciberespacio, creando debates y recogiendo experiencias de sus informantes, independientemente del lugar físico donde se encuentren. Como afirma Hauser (2000) “la comunicación a distancia teniendo un claro sustento en la dimensión espacial y siendo ésta precisamente el ámbito de su definición, no ha incorporado de la misma manera una reflexión sobre el factor temporal que conlleva”. Además, ahora el etnógrafo gracias al soporte tecnológico tiene acceso inmediato, casi instantáneo, a grandes cantidades de datos desde cualquier lugar y en cualquier momento.
De otro lado, en el ciberespacio las relaciones que se establecen son diferentes a las del “mundo real” pues “los individuos se ven agrupados por intereses comunes o temáticas, concentrándose alrededor de forums o grupos de discusión, sin tener en cuenta cualquier otro condicionante social, siempre que estos no se antepongan a los intereses del grupo en cuestión. Desde un primer momento, el proceso globalizador queda totalmente patente y más si lo comparamos con los diferentes niveles de relación que se establecen en la vida cotidiana. Todos formamos parte de un entorno cultural y dentro de él desarrollamos uno o más roles que configuran nuestra vida” (Faura, 1998). Roles que en muchas ocasiones se esconden tras el anonimato que posibilita Internet y que nos enfrenta a una forma de interrelación y sociabilidad anónima, donde los sujetos pueden recrear su propia identidad.
Refiriéndonos al anonimato que permite la interacción social en Internet, y las condiciones de privacidad y seguridad de, por ejemplo IRC, nos interesa reflexionar como propone Mayans (2000) sobre la posibilidad que tienen tanto nuestros informantes como el propio antropólogo de construir personalidades e identidades ficticias o de proteger las reales en estos entornos cada vez más masivos pues la comunicación y la identificación se establece a través de un nick tanto dentro de un canal público como de una charla privada.
Aunque Internet no es anónimo, y cuando los usuarios se refieren al anonimato, a lo que en realidad hacen referencia es a que su vida ‘real’ y su vida online no se mezclen (Mayans, 2002, e.p.). Porque uno de los mayores atractivos de las comunicaciones interactivas en Internet se basa, no tanto en el concepto de anonimato, sino en la capacidad para establecer una personalidad que no depende del aspecto físico o connotaciones ‘reales’ de quien está tras el teclado (Mayans, 2002, e.p.).
Con respecto a los dilemas éticos que se nos pueden presentar en el trabajo de campo en el ciberespacio varios son los aspectos que proponemos para la reflexión. Por un lado, la transparencia en la investigación puede venir facilitada si el etnógrafo tiene su propia página WEB donde remitir a los informantes que soliciten conocer más en detalle la investigación. De este modo el investigador puede clarificar sus objetivos, su proyecto y publicar online algunos artículos y resultados de su estudio que a su vez pueden ser debatidos y juzgados por sus propios informantes. Este proceso de retroalimentación implica que la construcción del conocimiento, en este proceso de recogida de información, se hace con la coparticipación del investigador y los informantes.
Tal y como señalan algunos antropólogos (Uimonen, 2002) la recogida de información en el ciberespacio presenta a menudo diversos dilemas sobre la autoría de los textos: por una parte algunos documentos se hallan en la Red como publicaciones oficiales, mientras que otros son mensajes y opiniones personales colgados en mailing list y grupos y foros de discusión. Es en el segundo caso, cuando el antropólogo se plantea la autoría y divulgación, con o sin consentimiento de sus autores, de las opiniones personales referidas. Así, puede optar por ocultar la identidad del informante o bien intentar ponerse en contacto con él a través de e-mail y pedirle su consentimiento para la divulgación o publicación de su mensaje.
Por otra parte, las N.T.I.C se presentan para el antropólogo como útiles y nuevas técnicas de investigación tanto en la recogida de datos como en el proceso de redacción y producción del producto o texto etnográfico resultado de nuestra investigación. Sirva de ejemplo, utilizar el correo electrónico como una excelente herramienta a la hora de contactar con informantes por primera vez y para realizar entrevistas. De algún modo viene a sustituir o complementar la interacción con los informantes cara a cara. Otras técnicas o útiles para la investigación antropológica son los newsgroups, listserves, chatrooms, netmeeting y las videoconferencias.
De otro lado, el antropólogo debe detenerse en el análisis del discurso en la WEB, tanto del texto como de la imagen (estática y/o en movimiento). Y es que consideramos tanto el texto como la imagen en la WEB como fuente directa de información sobre los contenidos culturales que podemos analizar en la etnografía del ciberespacio.

Entendemos que el soporte básico en Internet es el texto, es decir, la principal vía de comunicación entre los usuarios de la Red es el texto escrito, lo cual nos lleva a interpretar la cultura como si de un texto se tratase. Texto en el que el inglés se presenta como la lengua hegemónica y uniformizante. Pero no nos estamos refiriendo a un texto escrito y “muerto” sino en continuo proceso de redacción, de remodelación de autocorrección por parte de sus propios protagonistas, nuestros informantes.
Como bien afirma Mayans (2002, e.p.) “el hecho de que por primera vez en la historia una gran masa de población disponga de un instrumento a través del cual establecer vínculos sociales de forma anónima e incorpórea (con todo lo que la incorporeidad supone) en espacios públicos y en lo que se llama ‘tiempo real’ (es decir, de forma inmediata) ya es, de por sí, algo llamativo. Si además, el medio que para ello utilizan es de tipo textual, nos encontramos ante un fenómeno lingüístico y social de considerable magnitud”.
A su vez, el investigador debe analizar cómo se construye el discurso científico y cómo se traduce en la cotidianidad de los sujetos cibernautas, los usos sociales de las nuevas tecnologías en diversos contextos culturales.
Junto al texto, en Internet encontramos la imagen en sucesión, el vídeo como un nuevo “texto simbólico” que debemos descifrar y analizar antropológicamente. Este soporte, el audiovisual en la WEB, es más rápido que el texto y nos exige a los investigadores socializarnos en esta cibercultura para poder entender y descodificar las imágenes y las representaciones ideológicas que las sustentan. Puesto que la imagen en Internet es un producto cultural, una manifestación artística si se quiere, cargada de representaciones ideológicas llenas de información interpretable.
Así pues, para realizar estudios etnográficos en el soporte tecnológico de Internet se hace preciso considerar tanto las imágenes como el texto como elementos centrales para el análisis y la deconstrucción de los discursos, puesto que es necesario estudiar el formato de los materiales o datos etnográficos que se utilizan en y para la comunicación en este denominado ciberespacio.
Reflexiones finales
En esta comunicación nos hemos centrado en reflexionar sobre la necesaria adaptación metodológica que los antropólogos debemos acometer para realizar estudios en el ciberespacio. Puesto que la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación nos plantea diversas cuestiones metodológicas sobre las que es preciso discutir, tales como: el trabajo de campo en Internet, la ética del antropólogo y el anonimato de los informantes-usuarios, la realización de entrevistas a los informantes a través del correo electrónico, los grupos de chat como grupos de discusión, etc.
Así pues, abogamos por la pertinencia de la investigación antropológica en Internet y la nueva sociedad de la información, lo cual conlleva inevitable y convenientemente la innovación experimental y nuevas reorientaciones de investigación que van más allá de lo hasta ahora establecida desde los modelos clásicos de la etnografía y su modelo académico tradicional. Como afirma Picciuolo (1998) lo más importante es poner a prueba nuestras propias ideas y herramientas conceptuales, nuestra experiencia en la observación de las conductas y aspectos cognitivos del ser humano en un nuevo ambiente, el ciberespacio. Puede que se trate simplemente de adaptar nuestra herramienta en la recolección de datos o en la interpretación de los mismos y también puede ocurrir que se estén generando situaciones nuevas, que requieran incluso repensar el paradigma que nos está sustentando.
Siguiendo a Hauser (2000) afirmamos que la cibernética es una ciencia de la comunicación y ha sido el gran campo de desarrollo de los últimos cincuenta años. Así, la irrupción masiva de la comunicación tecnológica ha provocado profundas transformaciones, de enorme velocidad de realización y que afectan todos los campos de la actividad humana, sería impensable que no afectaran la vida académica. Cierto es que vivimos en la cibercultura y también de alguna manera ya somos aunque no nos demos cuenta “cyborgs” es decir, seres que han incorporado las máquinas y sus producciones a sus organismos (Hauser, 2000).
Porque como ha señalado Hauser (2000) “la utilización del soporte tecnológico se constituye en un imperativo de impactos profundos en las diversas áreas de la actividad humana. La educación superior no sólo es un ámbito preferencial, sino que constituye un laboratorio privilegiado, tanto para la aplicación como para la reflexión acerca de los efectos de las TICs en el proceso de transmisión de conocimientos”.
Por ello, queremos concluir estas páginas destacando la importancia que estas nuevas tecnologías de la información y la comunicación presentan como recursos didácticos en la docencia de la antropología y la creación de universidades virtuales, portales temáticos en Internet, redes académicas internacionales, publicaciones electrónicas, y un largo etc. que depende, en gran medida, de nosotros.
BIBLIOGRAFÍA
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Downey, G.L., Dumit, J. y Williams, S. (1995) “Cyborg Anthropology”, Cultural Anthropology, 10 (2)
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Haraway, D. J. (1995) [1991] Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza, Madrid: Ediciones Cátedra
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Mayans, J. (2002, en prensa) “Metáforas Ciborg. Narrativas y fábulas de las nuevas tecnologías como espacio de reflexión social”. Comunicación presentada en el I Congrés de l’Institut de Tecno-ètica y en proceso de publicación en las correspondientes Actas del evento. http://cibersociedad.rediris.es/mayans
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Picciuolo Valls Ibiza, J.L. (1998) “Dentro y fuera de la pantalla. Apuntes para una Etnografía del Ciberespacio”. 1er Congreso Virtual de Antropología y Arqueología, Ciberespacio, Octubre de 1998, http://www.naya.org.ar/congreso
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http://freenet-in-a.cwru.edu
NOTAS
1 Dra. ANASTASIA TÉLLEZ INFANTES, profesora de la Licenciatura de Antropología Social y Cultural en la Universidad Miguel Hernández de Elche (Alicante)
Universidad Miguel Hernández (www.umh.es)
División Departamental de Antropología Social y Cultural
Avda. del Ferrocarril, s/n
Edificio Torreblanca, 2ª planta. Elche 03202 (Alicante)
nasta70@hotmail.com y atellez@umh.es

Nota : este trabajo de fecha  marca los inicios de la metodología de la Antropología Virtual. En 2017 hay un corpus establecido que permite evaluar esta metodología

PUBLICACIONES PRIMER CONGRESO ON LINE

LISTADO COMPLETO DE COMUNICACIONES

[110 comunicaciones]

Lugares de memoria de la Dictadura en Chile. Memorialización incompleta.

Lugares de memoria de la dictadura en Chile Memorialización incompleta en el barrio Cívico de Santiago

  • Autores: Roberto Fernández
  • Localización: Bitácora Urbano-Territorial, ISSN-e 0124-7913, Vol. 1, Nº. 25, 2015 (Ejemplar dedicado a: La ciudad y el hábitat en el posconflicto en Colombia y el mundo)
  • Idioma: español
  • Resumen
    • Desde el regreso a la democracia en 1990, la memorialización del espacio público en Chile mediante la construcción de lugares de memoria ha sido una forma de abordar tanto la reparación simbólica a las víctimas, como la instalación de una cultura del “Nunca Más” que asegure que no se repitan los atropellos a los derechos humanos ocurridos durante la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990).
    • Como señalan diversos autores, la memorialización del espacio público a través de los lugares de memoria ha tenido avances notables. Sin embargo, en el presente artículo se sostiene que este proceso de memorialización ha sido parcial e insuficiente en el barrio Cívico  de Santiago de Chile porque no condice ni con su relevancia como espacio público, ni con los hechos ocurridos ahí durante el golpe de Estado.
    • Para fundamentar esta interpretación, se analizan las intervenciones urbanas realizadas por el gobierno central en ese entorno y se proponen algunas hipótesis que permiten comprender las causas de dicha memorialización incompleta.

50 años del Primer Congreso Internacional de Arqueología

50 años del Primer Congreso Internacional de Arqueología

FECHA: 21 NOVIEMBRE, 2013

Fernando Orellana

Fernando Orellana Torres

Director General de Postgrado

Universidad Católica del Norte

 

En las décadas de 1950 y 1960 se concretaban en Chile cambios importantes en los métodos técnicos e interpretaciones de esta disciplina.

La Dirección General de Postgrado de la Universidad Católica del Norte organizó un evento recordatorio de los 50 años del Primer Congreso Internacional de Arqueología, realizado entre los días 6 y 13 de enero del año 1963, en San Pedro de Atacama, en las instalaciones del recién inaugurado Museo de la Universidad del Norte.

En esa reunión científica se encontraron diferentes especialistas chilenos y extranjeros, profesores y alumnos, autoridades de diferentes instituciones e, incluso, en la inauguración participaron los ministros de Estado, del gobierno del presidente Jorge Alessandri, los señores Ernesto Pinto Larraguibe y Julio Philippi.

Los importantes hallazgos arqueológicos efectuados entre 1955 y 1962 por el Padre Le Paige y sus colaboradores atacameños interesaban a la comunidad científica de Chile y a la de los países limítrofes.

Por esos años -décadas de 1950 y 1960- se concretaban en Chile cambios importantes en los métodos técnicos e interpretaciones de la arqueología. Antiguos y nuevos museos, centros de investigación y carreras recién creadas no solo investigaban y publicaban de acuerdo con la nueva arqueología, sino que además iniciaban la formación especializada de arqueólogos.

En estos nuevos ambientes científico-académicos, el Congreso de 1963 inició sus sesiones de trabajo.

Se puede leer en las Actas publicadas por los Anales de la Universidad que se presentaron ponencias de los investigadores chilenos Gustavo le Paige (Presidente del Congreso), Hans Niemeyer, Carlos Munizaga, Jorge Kaltwasser, Percy Dauelsberg, Luis Álvarez, Julio Montané, Mario Orellana (Secretario General del Congreso) y Lautaro Núñez.

 

 Padre Gustavo Le Paige,presidente del Congreso

 

Por los investigadores extranjeros expusieron Alberto Rex González y Dick Ibarra Grasso. También presentó un trabajo el prehistoriador Osvaldo Menghin. Este estudioso, como Julio Montané -según se nos informó-, no acudieron finalmente a San Pedro de Atacama.

Igualmente, participaron la doctora Grete Mostny, del Museo de Historia Natural; el arquitecto Roberto Montandón, delegado del Consejo de Monumentos Nacionales, y Jorge Iribarren, director del Museo Arqueológico de la Serena.

Entre los estudiantes universitarios presentes en ese Congreso estuvieron distinguidas (os) especialistas: Silvia Quevedo, Julie Palma, Mario Rivera, Osvaldo Silva, y Gonzalo Ampuero.

También es importante mencionar que es en San Pedro de Atacama, en este Congreso de 1963, donde se formó la Sociedad Chilena de Arqueología. Esta institución, fundamental para el futuro desarrollo de la arqueología de Chile, también cumplió 50 años, recayendo su primer directorio en los investigadores Hans Niemeyer F. (Presidente), Jorge Iribarren Ch., Julio Montané M., Mario Orellana R., y Virgilio Schiappacasse F. (Directores).

Nuestra Universidad sigue desarrollando la investigación y la docencia de postgrado en San Pedro de Atacama, y esperamos que así se mantenga por muchos años, en colaboración con las distintas comunidades atacameñas.

El recuerdo de tan prestigioso evento científico no puede quedar guardado en la memoria de unos pocos, porque el Congreso Internacional forma parte de la memoria histórica de la Universidad Católica del Norte.

La presencia de soldados rapanui en la Guerra del Pacífico. Cristian Moreno Pakarati

Introducción.

La presencia de soldados rapanui en la Guerra del Pacífico, conflicto armado entre Chile y sus vecinos del norte, Perú y Bolivia, es algo que se escucha frecuentemente entre los isleños contemporáneos. ¿Qué hay de cierto en esta leyenda?

Tres nombres se asocian a la participación rapanui en la guerra: Juan Tepano Rano, Iovani Araki Ti’a y José “Tairenga” Pirivato. Especialmente los dos primeros, que dejaron numerosa descendencia, reciben una gran cantidad de menciones entre sus makupuna y hinarere siendo una gran fuente de orgullo familiar. No se han encontrado aún registros de la época que den cuenta de su participación en la Guerra, sin embargo no hay duda de que . Tampoco hay dudas de su participación en el Ejército de Chile entre ese año y 1900. Sin embargo esto fue veinte años después de la Guerra. ¿Es posible que se hayan entrelazado estos eventos con la Guerra? ¿Cuál fue realmente su participación en las fuerzas armadas? ¿Hubo soldados rapanui en la Guerra del Pacífi co? Con la evidencia disponible intentamos dilucidar parcialmente este enigma. ¿Chile y Rapanui aliados?

“Los nativos están felices con la creación del nuevo departamento. Antes se sentían muy aislados pero ahora están de hecho integrados a la patria. Nosotros, por nuestra parte, tenemos grandes esperanzas en esto. Los isleños van a saber lo que es la patria y conocerán su Historia. Existe el riesgo de que quieran quedarse, aunque confi amos en que los deberes militares los harán más responsables y regresen a divulgar lo que han conocido”. (General Sergio Castillo Aránguiz, agosto de 1966)

Cabe señalar que a la fecha de la Guerra del Pacífi co, entre los años 1879 y 1883, la Isla era independiente y no tenía relación alguna con Chile. Al inicio de la Guerra en el lejano Chile, Rapa Nui tenía como jefe a Mati Mereti, probablemente el hombre más anciano entre la escasísima población isleña que apenas superaba los cien habitantes. De todas maneras tras la visita del misionero católico Hipólito Roussel en 1878 trayendo de regreso desde Polinesia Francesa a los líderes Angata y Pakomio Maori Ure Kino, estos últimos comienzan a ejercer una influencia mayor en los destinos de la Isla. En 1882 el mismo clérigo Roussel desgina a Atamu Tekena como rey y a su esposa Uka a Hei como reina2. En Chile, por su parte, existía un gobierno liberal a cargo del presidente Anibal Pinto Garmendia, sucedido en 1881 por el también liberal Domingo Santa María González. Estos gobiernos carecían de 2 Un resumen de estos cambios de gobierno y la evolución del poder político en la isla se encuentra en  oposición política legal y se originaron en candidaturas únicas designadas por los mismos gobiernos salientes. A pesar de la distancia y la diferencia entre ambas culturas, existieron contactos que sirven como antecedentes para sus relaciones posteriores. Aparentemente, el primer contacto histórico de los isleños con la República de Chile se efectuó a través de la goleta Colo-Colo capitaneada por Leoncio Señoret en marzo o abril de 1837. Esta se dirigía a Australia llevando al destierro al ex presidente liberal chileno (y enemigo del gobierno de turno), general Ramón Freire, arribando a este país el 30 de junio. Sin embargo no hay ninguna evidencia de que este contacto haya tenido alguna consecuencia duradera y sólo quedan vagas referencias de la visita (Moncada 2008; Richards 2008: 67-69). Por aquella época la Isla era regida por una dictadura anual de la tribu vencedora de los rituales de la competencia del tangata manu. En Chile, en tanto, gobernaba hace seis años el presidente conservador General de Ejército José Joaquín Prieto Vial, ascendido al cargo tras la Batalla de Lircay en la que los conservadores derrotaron a los liberales e impusieron un nuevo gobierno. Sin embargo, la mayor parte de la historiografía chilena considera que el que llevaba las riendas del país era su ministro de hierro Diego Portales asesinado ese mismo año 1837. Algunas fuentes indican que la goleta Janequeo al mando de Buenaventura Martínez visitó la isla en 1842 pero no hay pruebas concluyentes de aquello3. Después de esto no hay nuevas visitas de barcos chilenos hasta 1870. Sin embargo, debe mencionarse la presencia en la década de 1860 de la Misión Católica francesa que operaba a través del eje Valparaíso-Hanga Roa-Pape’ete y tenía una de sus bases operacionales en el puerto chileno. Durante el período de actividad de esta Misión, en la sede de Vaihū, tomó parte el chileno Jorge Arenas y su esposa, llegados en diciembre de 1869 y convirtiéndose en los primeros chilenos residentes en la isla polinésica (sólo por 9 meses, hasta septiembre de 1870). En cuanto al primer rapanui en visitar Chile fue probablemente Petero Toroveri en agosto de 1869. Este acompañaba al misionero Gaspar Zumbohm en un viaje al continente, regresando a Rapa Nui en diciembre de ese mismo año (Ballesteros 1903: 73-74, 125- 126; Conte 1994: 123; Fischer 2005: 105). No existe evidencia de la visita de algún otro rapanui antes de esa época, aunque no se puede descartar que algún barco ballenero haya llevado algún tripulante de la isla hacia allá. Con todo, la palabra Chile probablemente no significaba nada para la gran mayoría de los rapanui en esta época. 3 La referencia original de esta visita corresponde al cónsul chileno en Callao, Tiburcio Cantuarias. Véase el análisis en Moncada (2008: 68) ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 14 –

¿Rapanui y Perú enemigos?

“Aquí hicieron un alto los expedicionarios y colocados en diversas posiciones, procedieron con sus armas a un fuego graneado para obligarles a salir de allí; pero, fracasado el intento, incendiaron el plantío, produciéndose una violenta escaramuza en la que los esclavistas perdieron 5 hombres y un intérprete a causa de las piedras de matá, “obsidiana”, lanzadas contra ellos” (…)”. (Jesús Conte, 1994, citando al cónsul Tiburcio Cantuarias) En cuanto a la relación con Perú, esta sí dejó consecuencias terribles en Rapa Nui. Los barcos privados de bandera peruana que zarpaban desde Callao con el objeto de obtener trabajadores polinésicos (canacas) para las haciendas limeñas causaron terribles estragos en la Isla. Sangrientas incursiones esclavistas de múltiples barcos como las de diciembre de 1862 y marzo de 1863 dejarían cicatrices que aún se manifi estan el día de hoy4. Quizás por la misma razón, las historias de rapanui participando en una guerra contra Perú (menos de 20 años después de estos raids) se mantienen con vigor hoy en día en una Isla mucho más globalizada. En cualquier caso es importante recordar que algunos de los nativos rapanui expatriados siguieron una nueva vida en Perú, incluso formando familias en algunos casos (McCall 1976: 102-103; Conte 1994: 69-70). Así, los rapanui con familias peruanas se encontraban en el frente enemigo de Chile durante aquellos años entre 1879 y 1883 aunque es difícil determinar si tuvieron algún tipo de participación en el conflicto mismo. Digno de mención es lo sucedido con otros esclavos en Perú durante la Guerra, los chinos coolies. Estos trabajaban en condiciones infrahumanas en Perú y durante las batallas se aliaron con las tropas del ejército chileno (Villalobos 2002: 219-220). ¿Habrá pasado algo similar con los polinésicos viviendo en Perú o estos defendieron los intereses de sus familias peruanas? En el contexto de la vida de los sobrevivientes rapanui en Perú encontramos las primeras historias de la tradición oral sobre isleños en la Guerra del Pacífico. Edmundo Edwards recopiló la siguiente historia de parte del Mayor del ejército chileno, el oficial rapanui Leviante Alejo Araki Araki (1922-1992): “La tradición oral nos cuenta que durante la batalla por la toma de Lima en 1879 [(sic), en realidad la toma de Lima fue en 1881] entre las tropas chilenas se encontraba un soldado rapanui y en el asalto a una trinchera se encontró con un compatriota moribundo a quien alcanzó a contarle que su familia aún vivía en Rapanui y luego de abrazarse, lloraron y el isleño murió en brazos de su compañero” (Edwards s/f: 20-21). 4 Los tres estudios principales de estos raids son los de McCall (1976), Maude (1981) y Conte (1994). Moreno, C. ─ – 15 – Sin embargo faltan detalles en este emotivo relato. ¿De qué clan o familia eran los protagonistas de esta historia? ¿En qué regimiento o batallón se encontraban en sus respectivos ejércitos? ¿Cuánto tiempo llevaban en estos países? Y aún si la historia no está basada en los hechos reales específicos es relevante preguntarse la razón por la que los rapanui insisten en incluir en un nivel mitológico a sus coterráneos y ancestros en dicho conflicto. Las expediciones de la O’Higgins en 1870 y 1875. “Vienen a bordo doce indijenas de la isla de Pascua, seis de ellos son muchachos huérfanos i están a cargo de los oficiales, i a los otros seis se les ha dado plaza de grumetes”. (Capitán Juan Williams Rebolledo, marzo de 1870) La evidencia más importante que sustenta la posible participación rapanui en la Guerra se encuentra por el lado chileno. Se trata de las primeras visitas chilenas signifi cativas a la Isla en el siglo XIX, algunos años antes de la Guerra. La corbeta O’Higgins realizó dos viajes en 1870 y 1875 como parte de la instrucción de los cadetes navales. El primer viaje, comandado por José Anacleto Goñi llegó a una isla que vivía un conflicto de intereses entre un aventurero y comerciante francés, Jean Baptiste Onésime Dutrou-Bornier, y la ya mencionada misión católica francesa liderada por Hippolyte Roussel. Los nativos rapanui habían aprovechado esta rivalidad para revivir sus rencillas tribales ancestrales. Agrupados en uno y otro bando, los isleños habían comenzado incluso a tener escaramuzas similares a los tiempos antiguos de luchas intertribales que estaban llevando la Isla a una situación bastante compleja. En este contexto, muchos rapanui pedían irse a Valparaíso, a espaldas de los misioneros católicos, para salir de la desastrosa situación en Rapa Nui (Centro de Cultura Naval y Marítima 1994: 53-55). Así es como el comandante Goñi acepta a bordo a 12 jóvenes isleños, la mayoría huérfanos desde las epidemias de viruela y tuberculosis que diezmaron la población en la década de 1860. Seis viajaron como cocineros y seis como grumetes5. Estos jóvenes rapanui enfermaron durante el viaje, pero gracias a una buena alimentación a bordo y a los cuidados del médico de la nave recobraron sus energías y todos llegaron a salvo al puerto boliviano de Mejillones a fi nes de febrero de 1870 y luego rumbo al sur hacia puertos chilenos. El seis de marzo de 1870 el periódico “La Patria” publica lo siguiente: “A las 2 hrs 30 ms fondeó ayer en esta bahía [Caldera] la corbeta de la armada 5 De la visita de la O’Higgins en 1870 quedaron por escrito el estudio de Ignacio Luis Gana (1903), el informe del médico Tomás Guillermo Bates (1903) y en un libro del Centro de Cultura Naval y Marítima (1994) donde se incluye un diario de navegación erróneamente atribuido al guardiamarina Emilio Luis Gana Castro. Este último diario en realidad fue llevado por el capitán de fragata Luis Alfredo Lynch, quien viajaba como instructor de los cadetes de la Escuela Naval en 1870. ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 16 – nacional O’Higgins, procedente de las islas de Pascua [sic]. Trae a bordo a los cadetes de la Escuela Naval, los de la Escuela de Marineros y doce indios naturales de la isla que voluntariamente los acompañan. Entre los objetos tomados de la isla se nota un gran trozo de piedra que representa una divinidad entre los indíjenas” (La Patria, 6 de marzo de 1870). De acuerdo con El Mercurio de Valparaíso del 7 de marzo 1870, “Tres de ellos solamente son ya hombres y los demás niños de 8 a 12 años”. El mismo diario menciona que: “El nombre de chileno les causaba sumo placer; y el peruano por el contrario. La razón que me dieron de este odio para con los últimos fue que no ha mucho tiempo estuvo en la isla un buque de guerra de esa república tomaron a viva fuerza a varios de los naturales y los maltrataron mucho, llevándoselos enseguida contra su voluntad” (El Mercurio, 7 de marzo de 1870). Después de estos acontecimientos, se pierde el rastro de estos jóvenes isleños en la prensa chilena. Sus nombres y apellidos fueron, por supuesto, cambiados a algunos más propios de Chile lo que complica aún más seguir su historia. Urge revisar los archivos navales en busca de estos grumetes rapanui con el fi n de obtener sus nuevos nombres y buscar información luego en los registros genealógicos para determinar si dejaron familia en Chile. Tan sólo nueve años después estalla la Guerra del Pacífico y habiendo seis grumetes rapanui y otros seis jóvenes isleños viviendo en el país, fueron, casi con certeza, movilizados para participar en el conflicto bélico. De hecho en la corbeta O’Higgins viajaban varios oficiales que luego serían héroes de la fase naval de la Guerra del Pacífi co. Existe la posibilidad de que algún otro rapanui haya sido embarcado en el siguiente viaje de la O’Higgins, en 1875, capitaneada por Juan Esteban López. De encontrarse información al respecto, la participación de los isleños en la Guerra es aún más probable. Los reconocimientos ofi ciales. “Juro, por Dios y por esta bandera, servir fielmente a mi patria, ya sea en mar, en tierra o en cualquier lugar, hasta rendir la vida si fuese necesario, cumplir con mis deberes y obligaciones militares conforme a las leyes y reglamentos vigentes, obedecer con prontitud y puntualidad las órdenes de mis superiores, y poner todo mi empeño en ser un soldado valiente, honrado y amante de mi patria.” (Juramento a la bandera del Ejército de Chile) Moreno, C. ─ – 17 – Desaparecida la pista de los grumetes rapanui llegados a bordo de la Baquedano recurrimos a fuentes más recientes con las que retornamos a los tres rapanui mencionados al inicio del artículo: Tepano, Araki y Pirivato. Los homenajes oficiales a soldados rapanui no se sustentan en información de época pero es interesante analizarla en su justa dimensión. En junio de 2002 el Museo del Regimiento de Infantería nº2, “Maipo” de Playa Ancha (en Valparaíso) incluyó una placa llamada “El Primer Soldado Pascuense”, escrita por Juan G. San Martín. En esta aparece una breve biografía de Juan Tepano, sin citar fuentes y que incluye algunos trozos muy interesantes. Por ejemplo: “Nace en 1866. A la edad de 13 años llega a Valparaíso a bordo del María Luisa, carguero inglés de la empresa Charles Brander. Contagiado por el entusiasmo de la juventud porteña de participar en la Guerra del Pacífico, se enrola en el Regimiento 2º de Línea ‘Maipo’, junto a sus coterráneos Juan Araki y José Fati, siendo embarcados al norte, a bordo del O’Higgins” (San Martín 2002). El resto del texto se centra en Tepano y señala que participó como tambor y ordenanza en la 4ta Compañía en las batallas de Chorrillos y Miraflores. Y con lujo de detalles indica su permanencia en el continente entre el fi nal de la Guerra en 1884 hasta la época de la Guerra Civil de 1891 en la cual también habría participado ya como Sargento 2º. Este no es el único reconocimiento oficial a la participación de soldados rapanui en dicha Guerra. En septiembre del año 2005 el Comandante en Jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, visita la isla y trae como obsequio para el Museo Antropológico Padre Sebastián Englert una vitrina histórico militar con una pintura representando a Iovani Araki Imanuiri (Juan Araki), soldado rapanui que, según este homenaje, habría participado como Sargento 2º en la Guerra del Pacífico. Esta placa también incluía homenaje a soldados rapanui más recientes como el mayor Leviante Araki Araki, nieto del anterior, y al sargento primero del regimiento reforzado nº1 “Topáter”, Luis Alberto Huki Hinojosa. El autor escuchó información de parte de habitantes de Placilla, en Chile, que señalan que el sargento Tepano participó de la Guerra Civil de 1891. Tan importante es esta historia que para el aniversario de la Batalla de Placilla (28 de agosto de 1891) del año 2010, las autoridades del pueblo invitaron a descendientes del soldado isleño para efectuar un hoko, antiguo ritual guerrero de los rapanui, en el museo de la localidad. ¿Qué ocurre con Tepano, Araki y Pirivato? “Algún tiempo después de su llegada a Valparaíso falleció S. M. el rei Riro Roko, y su primer ministro Juan Araki, a quien corresponde de derecho la corona de la ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 18 – isla de Pascua, no ha podido regresar a sus dominios por encontrarse gravemente enfermo de tisis en la ciudad de los Andes. Por esta razón y tal vez siguiendo alguna vieja costumbre, ocuparán el trono de Riro Roko los ministros y príncipes Tepalo y Pisibato, quienes desde su llegada a esta ciudad han sido hospedados en el cuartel del Maipú, habiendo hecho ambos el servicio de la guardia nacional”. (El Mercurio de Valparaíso, 8 de abril de 1900) “La reputación de Juan Tepano llega hasta Chile. Antes de mi partida me lo habían nombrado por todos lados como el mejor informante (…) La víspera, los indígenas que habían sido puestos al corriente de nuestras intenciones, repitieron su nombre varias veces. Era la historia viviente, el Baedecker de la Isla”. (Alfred Métraux, 1941) Una investigación llevada a cabo por el Departamento de Historia Militar chileno titulado “El Ejército y el Pueblo Rapanui” no encontró información alguna de la presencia de Tepano, Araki o Pirivato en la época de la Guerra del Pacífi co. Para esto se investigaron las Listas de “Revista de Comisario” del 2º de Línea entre 1879 y 1884 lo que no arrojó resultados positivos (Departamento de Historia Militar 2006). Con esto se descarta que alguno de los tres soldados más famosos de la Isla hayan participado, al menos con sus nombres reales, en dicho Batallón. De haber formado parte del Ejército chileno en la Guerra del Pacífico, sólo puede haber sido con otro nombre o en otra división. Algunos datos biográfi cos sobre estos soldados pueden dar claves: – Iovani Araki Ti’a era hijo de Arakilio Pua Ara Hoa (también llamado Aro Purunga a ‘Ao Ngatu) y Parapina Veri Hakatea. Se casó con Caroline Bornier el 12 de febrero de 1886 y aparece en el censo de Alexander Salmon de ese mismo año, titulado “Te Ingoa”. Esto revela que estaba en Hanga Roa durante la realización del censo, al igual que sus padres. Tuvo dos hijos que dejaron descendencia, Juan Araki Bornier (1886-1949) y Parapina Araki Bornier (1888-1964). Ninguno de los dos había nacido a principios de 1886 cuando se efectuó el censo. Hemos estimado la fecha de nacimiento de Iovani Araki para 1866. – José Pirivato era hijo de Mataroa Oroteme y Tuhi. Casado con María Putó Veri o Penga, no dejó descendencia. Aparece ya casado con su mujer en el censo de 1886, pero no hay duda de que era todavía muy joven. En 1902, un documento de la Armada redactado por Basilio Rojas calcula su edad en 30 años (Foerster 2010: 41), lo que daría una fecha de nacimiento hacia 1872. Nosotros estimamos su fecha de nacimiento hacia 1868. Es deportado de la Isla en 1902 y se pierde su rastro completamente. Moreno, C. ─ – 19 – – Juan Tepano Rano era hijo de Tepano Rano a Vavara a Rue y Paulina Victoria Veriamo a Huki. Se casó con María Ika Tetono (nacida el 23 de diciembre de 1882). En el censo de 1886 aparece como un adolescente soltero aún, viviendo en Hanga Roa. Sus padres aparecen vivos y casados. Sabemos que este fue el tercer matrimonio de su madre, Veriamo, y Juan fue el menor de sus hijos. De los tres es soldados rapanui, Tepano es sin duda el menor, aunque probablemente no por mucho. No tuvo hijos hasta 1903 cuando nace María Hiona, la mayor de 8 hermanos. Basándonos en censos del siglo XX y edades estimadas por Routledge, Métraux y Englert, consideramos que su fecha de nacimiento es, casi con certeza, 1872. Falleció el 8 de noviembre de 1947. Con esta información casi se puede descartar de plano que alguno de ellos haya tomado parte en la Guerra del Pacífico. También es improbable, más no imposible, que Tepano haya estado en Chile para la Guerra Civil de 1891. Esta es una posibilidad que quizás merece mayor análisis y una nueva investigación. Sin embargo, encontramos a los tres soldados rapanui formando parte del Ejército casi veinte años después. Aparentemente en Noviembre de 1897 (otras fuentes dicen en 1898), el rey electo Simeón Riro Kainga se dirige a Chile a bordo de la goleta de la Compañía de Merlet, María Luisa, a reclamar al presidente Federico Errázuriz el incumplimiento del Acuerdo de 1888. Junto a él viajaban Juan Tepano, Juan Araki y José Pirivato. Sin embargo el viaje terminaría en tragedia ya que Riro fue envenenado en Valparaíso por gente de la Compañía de Enrique Merlet. Algún tiempo después, Juan Araki (Iovani Araki Ti’a, hijo de Arakilio Pua ‘Ara Hoa) ingresa, el 14 de marzo de 1898, como Soldado de Bagaje a la Tercera Compañía del Segundo Batallón de Infantería “Maipo” en Valparaíso. Tepano y Pirivato, en tanto, ingresan el 13 de agosto del mismo año como soldados a la Primera Compañía en el mismo Segundo Batallón. El primero pasa a la Tercera Compañía en 1899. Ambos se licencian el 19 de abril de 1900, mientras se encontraban de viaje de regreso a la isla a bordo de la corbeta General Baquedano capitaneada por Arturo Wilson. Juan Araki, sin embargo, fallece el 11 de abril de 1900 en el hospital de San Felipe, enfermo de tuberculosis (Departamento de Historia Militar 2006: 85; El Mercurio 20 de abril de 1900). Teniendo esto en cuenta, la afirmación de que Araki, Tepano y Pirivato se dirigían “a cumplir con el servicio militar” (El Consejo 1988:302) no resiste análisis. José Pirivato probablemente sacó a relucir su entrenamiento militar, entre fines de 1901 e inicios de 1902, durante el levantamiento y rebelión contra la compañía ovejera de Enrique Merlet, administrada entonces por Horacio Cooper. Debido a esto fue deportado ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 20 – al continente junto a Nicolás “Grande” Teao Vi, Lázaro Ricardo Hitorangi y Ruperto Nai a Hotu’iti, tal como se atestigua en El Mercurio del 3 de septiembre de 1902: “A bordo del Baquedano trae el comandante a cuatro canacas de los principales cabecillas de la insurrección en contra del subdelegado” (El Mercurio, 3 de septiembre 1902; véase también Foerster 2010). Sin embargo se ignora su destino hasta la fecha. Juan Tepano Rano en tanto fue designado Cacique o Jefe, representante de los nativos rapanui, por el mismo capitán Basilio Rojas Velásquez, comandante de la Baquedano y quien se llevó a su ex compañero de guarnición José Pirivato. Estos destinos opuestos entre dos soldados rapanui marcan el final de una época entre las relaciones de los isleños con el Ejército. Ningún rapanui volvería a entrar a esta institución hasta mediados del siglo XX.

Conclusiones.

La leyenda de los soldados rapanui en la Guerra del Pacífico tiene orígenes complejos donde una combinación de factores impulsan con fuerza una historia. Esta trasciende el ámbito inter-isla, llegando al continente mismo como podemos ver en los homenajes póstumos a los soldados Tepano y Araki en 2002 y 2005, respectivamente, además de los eventos en honor al primero en el pueblo de Placilla en Chile. La conformación de estos relatos de rapanui en la Guerra son todos relativamente nuevos. No hay mención a esto en ningún libro, artículo o documento sobre Pascua en la primera mitad del siglo XX. No es sorprendente la ausencia de información fidedigna sobre Araki y Pirivato, siendo que el primero murió en 1900 y el segundo desapareció en 1902. Sin embargo sí es relevante que ninguna fuente mencione a Tepano como soldado en la Guerra del Pacífico. Juan Tepano fue informante de Knoche, Valenzuela, Routledge, los comisionados navales de 1917, Estella, Rafael Edwards, MacMillan Brown, Métraux, Lavachery y Englert. Todos incluyen información biográfica sobre Tepano e incluso muchos mencionan su presencia en Chile donde aprendió a hablar bien el castellano y a leer y escribir. Interesantemente, en el censo de 1916 elaborado por José Ignacio Vives Solar se indica que sirvió en el Ejército de Chile. Lo mismo señala Walter Knoche (“el actual rey y que ha servido en el ejército chileno como sub-ofi cial”, Knoche 1912: 16) y Zósimo Valenzuela (“el tercero [Tepano] resistió la enfermedad y fue a sentar plaza de conscripto en el regimiento Maipo”, Valenzuela 1911: 959) así como todos los visitantes posteriores que hicieron uso de sus servicios como informante. Sin embargo, ninguno de los autores mencionados recibió o transmitió la información de que Tepano participó en la Guerra entre 1879 y 1883. Grant McCall, antropólogo australiano que pudo compartir en la isla con varios hijos de Tepano, tampoco Moreno, C. ─ – 21 – recibió esta información en su primera visita a la Isla en los años 70, sin embargo comenzó a escuchar estas historias desde la década del 80, al parecer de parte de los nietos del Cacique isleño6. Yo recibí el relato de la participación de Juan Tepano en la Guerra de parte de dos de sus nietos que aún quedan con vida: Santiago Tepano Kaituoe y Lucas Pakarati Tepano. En el caso de Juan Araki como soldado en la Guerra del Pacífico, la información probablemente se origina en su nieto, y también militar, Leviante Araki. El dibujo del soldado Araki con su uniforme del ejército es reproducido en el libro Pua Arahoa, traducción al español del Manuscrito E (Frontier 2008). Por lo mismo, la leyenda tuvo repercusiones dentro de las fuerzas armadas. En el ejército especialmente, se ha puesto énfasis en esta tradición para reforzar los lazos entre Chile y Rapa Nui. Es un elemento importante de la soberanía chilena en la isla la búsqueda de elementos, intereses o experiencias en común con una cultura tan distinta y tan distante como Rapa Nui. Todo esto, perpetúa la leyenda y la transmite a las nuevas generaciones de rapanui. La combinación de factores que se conjugan para dar origen a esta leyenda son: – El posible trasfondo real de soldados (o marinos) rapanui combatiendo en la guerra del Pacífi co: Estos serían los grumetes isleños que partieron con la O’Higgins en 1870. – La animosidad contra Perú en la Isla a raíz del origen de las expediciones esclavistas de 1862-1863. Este resentimiento continúa el día de hoy hasta cierto punto. – Las relaciones más profundas entre rapanui y chilenos desde la década de 1960 con un mayor mestizaje y mezcla cultural. Dentro de esto también cabe mencionar el regreso de personas rapanui al Ejército chileno en los años 50. – La innegable participación en el ejército de los soldados Tepano, Araki y Pirivato entre 1898 y 1900. Esto se entrelaza con la posible participación en la guerra del Pacífi co de los grumetes isleños. – Los homenajes a soldados rapanui por parte del Ejército y las autoridades chilenas son especialmente importantes para las nuevas generaciones de rapanui. Para alcanzar conclusiones más profundas es necesario un estudio exhaustivo de los archivos navales, de prensa, genealógicos y de registro civil en Valparaíso. Estos podrían otorgar nuevos antecedentes sobre los doce grumetes rapanui que llegaron en 1870 6 Comunicación personal, Agosto 2010. ─ Diciembre 2012 Num 1 ─ Biblioteca William Mulloy ─ Isla de Pascua – 22 – al continente. También es necesario ampliar este trabajo recopilando más versiones y analizando el imaginario que existe en isla sobre la participación de los soldados rapanui en los confl ictos bélicos chilenos del siglo XIX. Agradecimientos. Debo agradecer a Grant McCall y Steven Roger Fischer por los comentarios que me señalaron sobre el tema en el año 2010 y que me dieron una nueva perspectiva. Agradezco también a Natalia Pakomio por sus invaluables comentarios al manuscrito, a Rolf Foerster y a los nietos de Juan Tepano Rano (Iovani a Rano) que me relataron las historias de su antepasado en la Guerra del Pacífi co. Referencias Citadas. Ballesteros, José Ramón. 1903. “Isla de Pascua” en Biblioteca Geográfi ca e Histórica Chilena: La Isla de Pascua, L. Ignacio Silva A. (editor), volumen primero, pp. 73-147. Santiago: Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona. Bates, Tomás Guillermo. 1903. “Informe sobre los Nativos” en L. Ignacio Silva A. (editor) Biblioteca Geográfi ca e Histórica Chilena: La Isla de Pascua, volumen primero, pp. 49-52. Santiago: Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona. Centro de Cultura Naval y Marítima. 1994. Rumbo a Isla de Pascua: Diario de Navegación del Guardiamarina Emilio L. Gana Castro con Glosario Náutico. Valparaíso: Dirección de Educación de la Armada. Conte Oliveros, Jesús. 1994. Isla de Pascua: Horizontes Sombríos y Luminosos. Santiago: Centro de Investigación de la Imagen. Departamento de Historia Militar. 2006. “El Ejército y el Pueblo Rapanui” en Cuaderno de Historia Militar, nº2, pp. 47-114. Santiago. Impreso en los talleres del Instituto Geográfi co Militar. Edwards, Edmundo. S/F. Historia de Isla de Pascua 1800-1900. Fotocopias de los apuntes mecanografiados facilitados por don Hugo Salas Román. 163 fojas en el Fondo Varios, Volumen 1042. Archivo Nacional (Manuscrito). El Consejo de Jefes de Rapa Nui, Alberto Hotus y otros. 1988. Te Mau Hatu ‘O Rapa Nui: Los Soberanos de Rapa Nui. Pasado, presente y futuro. Santiago: Editorial Emisión y Centro de Estudios Políticos Latinoamericanos Simón Bolívar. Moreno, C. ─ – 23 – Fischer, Steven Roger. 2005. Island at the End of the World: The Turbulent History of Easter Island. London: Reaktion Books. Foerster, Rolf. 2010. “Voluntary Trip or Deportation? The Case of King Riroroko and Policies of Deportation on Easter Island (1897-1916)” en Rapa Nui Journal, vol.24 (2), pp. 36-46. Los Osos: Easter Island Foundation. Frontier, Arturo. 2008. Traducción de los escritos del Pua A Rahoa, La historia de la migración del primer rey Hotu Matu`a. Santiago: Pehuén Editores. Gana, Ignacio L. [Ignacio Luis]. 1903. “Descripción Científi ca de la Isla de Pascua” en Biblioteca Geográfi ca e Histórica Chilena: La Isla de Pascua, L. Ignacio Silva A. (editor), volumen primero, pp. 11-49. Santiago: Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona. Knoche, Walter. 1912. Tres Notas sobre la Isla de Pascua. Santiago de Chile: Imprenta Universitaria. Maude, H. E. [Henry Evans]. 1981. Slavers in Paradise: The Peruvian Slave Trade in Polynesia 1862-1864. Stanford: Stanford University Press. McCall, Grant. 1976. “European Impact on Easter Island: Response, Recruitment and the Polynesian Experience in Peru” en The Journal of Pacifi c History, Vol. 11, n°2 Labour Trade [Part 2], pp. 90-105. Moncada, Marcos. 2008. “La tradición naval respecto del primer buque chileno en Isla de Pascua” en Revista de Marina, nº 1-2008, pp. 62-71. Valparaíso. Moreno Pakarati, Cristián. 2011. “Rebelión, sumisión y mediación en Rapa Nui (1898-1915)” en La Compañía Explotadora de Isla de Pascua: Patrimonio, Memoria e Identidad en Rapa Nui, Claudio Cristino & Miguel Fuentes (eds.), pp. 75-89. Santiago: Escaparate ediciones. Richards, Rhys. 2008. Easter Island 1793 to 1861: Observations by Early Visitors Before the Slave Raids. Los Osos: Easter Island Foundation San Martín, Juan G. 2002. El Primer Soldado Pascuense. Placa en el Museo del Regimiento de Infantería nº2, “Maipo”, Playa Ancha, Valparaíso, Chile. Valenzuela, Zósimo. 1912. “La Isla de Pascua, 3ª parte” en La Revista Católica, vol. 13, nº 261. Santiago. Villalobos, Sergio. 2002. Chile y Perú: La Historia que nos une y nos separa. Santiago: Editorial Universitaria.

  1. Cristian_Moreno_Pakarati/publications

Libros históricos para estudio, consulta sobre el pueblo Mapuche

2015-09-20

Centro de Documentación Mapuche Ñuke Mapu

http://mapuche.info/index.php?kat=4&sida=6191

Libros históricos para estudio, consulta sobre el pueblo Mapuche (descarga en formato PDF)

Libros históricos para estudio, consulta sobre el pueblo Mapuche tanto en su estructura síquica y en su idiosincrasia, siendo la característica primaria del pueblo mapuche su fortaleza.

Nota: Estos documentos pertenece al patrimonio cultural comun, por lo que puede ser utilizado y reproducidos libremente.
Libros históricos para estudio, consulta sobre el pueblo Mapuche (descarga en formato PDF)

(más…)

Etnografía, aclarando conceptos .Video Pedagógico

Video Pedagógico que busca reflexionar sobre el que-hacer antropológico y su trabajo de campo: la ETNOGRAFIA. Desde un discurso polifónico y multitextual (uso de la escritura, la fotografía, el cine y/o el video) conversamos con los antropologos chilenos Michel Romieux, Daniel Quiroz, Roberto Morales, Guillermo Molina y Andre Menard. Y revisualizamos los trabajos de Bernardo Valenzuela (1950 / Cine 16mm), Carlos Munizaga (1961 / Fotografías impresas), Daniel Quiroz et al. (album)

<p><a href=”https://vimeo.com/9017915″>2001 / Yekusimaala / Etnografía, aclarando conceptos / 16 min</a> from <a href=”https://vimeo.com/elmanzano”>Felipe Maturana / El Manzano Pro</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Un Grito acerca de la dimensión laboral de los antropólogos/as chilenos en el contexto neoliberal .

  •  Señores/as
    Colegio de Antropólogos/as
    De mi consideración.
    Junto a saludarles quiero manifestarles una opinión/demanda/preocupación, a raíz de variadas
    experiencias –concepto central en nuestra profesión – en el ámbito laboral precarizado, como
    cualquier otro.
    Siendo un varón que ha estado desde sus inicios laborales, desde 2004-05, inmerso en la temática
    de género no es menor este tema al cual quiero aludir en esta petición, tanto personal como
    profesionalmente hablando.
    Desde mi titulación que no siento que haya habido un sentir de pertenecer a una comunidad de
    profesionales que configura una cierta preocupación conjunta. No pasa por pagar o no la
    colegiatura, o por recibir o no las cartas mensuales, manifestaciones por Internet a ciertas causas
    justas y más que legítimas en diferentes ámbitos sino por generar un quehacer compartido con
    quienes han optado por una profesión tan poco valorada en la actual sociedad, ni hablar de ser
    varón y “hacer” temas de género. Para que enumerarlas todas aquí sí solamente quisiera evocar
    algo de esas experiencias que seguramente más de alguno/a que lee estas líneas podrá
    imaginarse.
    Lo que he realizado, tanto académica como profesionalmente, en el campo de género ha sido a
    esfuerzo y costos personales – como cualquier mortal – y que, sin embargo, si no hay “contactos”
    no se logra nada. Masculinidad/es ha sido hace rato una temática emergente pero no se valida
    como tal ni se cuenta como un campo validado ni menos apreciado, a menos que esté la televisión
    o algo más público. Levantar legitimidad de una temática es difícil y manifiesto que esta demanda
    es algo que, específicamente, se viene gestando desde los 80´s en el mundo anglo, lentamente
    entró en el mundo hispanohablante en el 90´s y posterior a 2000 toma fuerza en América Latina, y
    Chile también. Ahora bien, género ha sido asociado históricamente al campo de “las mujeres”, y
    ha sido necesariamente así porque las razones obvias que ya mas o menos conocemos debido a
    ese proceso histórico del feminismo levantando causas justas, y necesarias, para las mujeres como
    una colectividad humana en una situación de desigualdad estructural. Entonces, ¿cómo hacerse
    presente en tanto varón heterosexual – y por tanto de la otra mitad privilegiada – en temas de
    género? Ciertamente ha sido difícil y, en parte, es el motivo por el cual estoy escribiendo estas
    palabras. Ahora bien, también es cierto que, laboralmente, he intentado en varias oportunidades
    insertarme laboralmente tanto en docencia como profesionalmente en el campo donde siento que
    tengo herramientas para estar y desde donde he tratado de enfocar mi quehacer profesional de
    manera coherente acumulando saberes y haceres que están enfocado en una temática que es y
    seguirá siendo necesario abordar en una país neoliberal y desigual como Chile. Hay todo una
    cosmovisión y nulo interés de abordar la temática de masculinidades como si fuera algo aparte de
    género y, peor aún, como si estuviera escondiendo una maquinaria contra lo ganado en materia
    de género por las feministas desde las sufragistas, desde Julieta Kirkwood, Elena Caffarena o
    tantas otras que desde su quehacer han motivado otras tantas destacadísimas mujeres en el
    campo de género. Demandar más visibilidad para la temática y cambiar la visión que se tiene de
    las masculinidades y género es para mí un tema importante porque claramente después de tanto
    intento de insertarme laboralmente desde mi perfil se topa con la perversidad del mundo laboral.
    Se exige doctorado pero es responsabilidad personal conseguir beca, se demanda doctorado para
    tener un puesto (estabilidad laboral) en una universidad pero nadie invierte en el capital humano.
    Ha habido profesionales que levantaron la temática en masculinidades pero que desde 1996 no
    han logrado instalar la temática como un punto de debate nacional en torno a cómo se configura
    las masculinidades, y también las feminidades, en un país como Chile.
    Otro de los temas que creo que no se está levantando, y tiene que ver como también nosotr@s
    como antropolog@s abordamos nuestra propia disciplina, es la temática de lo virtual. No puede
    ser que desde ya varias décadas no estamos debatiendo, en antropología, cómo está afectado la
    virtualidad en la comunidad, en el barrio, en temas de género y en el relacionamiento de las
    personas y como, finalmente, estamos construyendo cultura contemporánea. La antropología
    chilena debe hacerse cargo de mirar el fenómeno de internet como un fenómeno histórico
    material y simbólico vital para poder seguirle la pista a los procesos y mecanismo culturales que
    están configurando, hoy, la identidad chilena. No puede ser que la antropología chilena esté fuera
    de este campo temático y no tenga presencia en el debate para cambiar la visión que existe sobre
    la antropología como los que tratan a los indígenas. Hay procesos y evidencia de sobra que
    muestra que hemos, en la práctica, pasado ese umbral hace rato pero seguimos pegados y
    dependiendo de una visión totalmente anacrónica de “lo antropológico”. Hay quienes desde la
    precariedad máxima y sin siquiera un apoyo mínimo están desde sus casa y pagando sus cuentas
    para tener internet pensado sobre el fenómeno de Internet pero que no es tomado en cuenta
    para la reconfiguración disciplinaria que considero que es más que necesaria. No puede ser que la
    imagen que dejamos de la antropología sea Malinowski solamente. Debe ser un aporte que abra y
    diga que la antropología está tocando temáticas diversas y que entra a rebatirle/debatir
    sanamente las teorías, fenómenos y subjetividades puesta en escena en la/s cultura/s. Son
    destacados “los padres” pero invisibilizadas “las madres” de la antropología, y que efectivamente
    podemos hacer aportes desde temáticas novedosas y necesarias de la actualidad y no solo desde
    la contingencia.
    Por lo tanto, hago un llamado a que este gremio levante un debate serio y pausado, de aquí en
    adelante, sobre la dimensión laboral de antropólogos/as, desde la temática de masculindades y
    género, y de lo virtual, en la actualidad chilena. ¿Qué enfrentamos como dificultades? ¿Para qué
    se nos contrata? (Temáticas, campos e instituciones) ¿Cuál es la representación social que nos
    marca y pesa en tanto profesión que siento (desde el punto de vista del empleador/a) ni chicha ni
    limoná (Discurso tipo “no es psicólogo ni sociólogo sino uno que busca huesitos o se relaciona con
    los indígenas”) Creo que reside una pisca de responsabilidad en tanto colectividad social de
    levantar un debate sobre estas y temáticas asociadas. Masculinidad/es que ha sido mi caballito de
    lucha desde que me inicié como antropólogo no es un tema de políticas públicas ni debates
    sociales, y por tanto ni menos en ámbito de lo privado excepto por hitos escasísimos contados en
    una mano durante más de 13 años de trayectoria. Y eso, como cualquier mortal, no paga cuentas
    ni salda deudas, y de eso estamos lleno. Y sí hay responsabilidad personal e individual de – en
    buen chileno no “moverse” para conseguir trabajo. Pero la precarización laboral es justamente
    eso, pololitos por aquí y por allá, ser profesor taxi y más encima sin enfrentarlo, como colectividad,
    de manera conjunta ni solidaria como antropólogas/os es lo que me sorprende pero esto es un
    llamado para que se levante temáticas desde una colectividad como la instancia que creo
    correponde para debatir de NosOtros, un concepto que incluye, dinámicamente lo propio y lo
    ajena, campo en donde somos estudiosos y estudiados. Es un llamado, en conjunto con este
    concepto, de repensar la antropología desde la cotidianidad y desde la Mismidad.
    Hagámonos, pensémoslos y, por sobre todo, sintámonos.
    Se despide,
    Devanir da Silva Concha
    Santiago, 31 de Julio 2015.
  • Gracias, Devanir. Tu llamado es muy necesario y creo que llega en “buenahora”. El colegio es quizás los más cercano al concepto de comunidad antropológica que tenemos en Chile. No es casual que nos sea tan difícil sostener ese sueño. Pienso que el contexto neoliberal y nuestra desgarradora historia política y disciplinar permiten entender esa realidad de “archipiélago” que queremos transformar. Quisiera invitarte a reconstituir una comisión de Género (la hubo, en los peores años, durante la dictadura y después los colegas participantes se disgregaron en diversas instituciones y trayectorias). Tengo en la mente algunos nombres de colegas que trabajan masculinidades que te podría enviar “por el interno de FB”. Hoy me parece que se puede intentar un desarrollo transdisiplinar (hay contacto con algunos maestros que nos pueden ayudar). Quedo atento a tu respuesta. Y nuevamente, gracias por el Grito..

Devanir Da Silva Concha

Gracias a ti por responder y ver lo que hay detrás de mis palabras y grito ahogado, y ahora quizás un poco menos. Esto nace de una necesidad producto de algunos años de docencia comprometida al tema pero empobrecida, activismo con compañeros dentro del tema de masculinidades que se conjuga en mi identidad como antropologo (con historia personal globalizada) en un país que necesita de cientistas sociales que hagan carne lo que pasa en términos diciplinarios. O sea hacer carne la noción de comunidad, hacer carne reflexividad, hacer carne trabajo de campo, y hacer carne el NosOtros en el quehacer no solo antropológicos como si fuera un ghetto epistemológico sino de las ciencias sociales en general. Ciertamente para poder pensar nos no solo como cientistas sociales sino también como hombres (en términos de género) dentro del ejercicio académico. Entonces, más que mesa de género y masculinidades, que por cierto que me gustaría poder contribuir a rearmar porque tengo varias apreciaciones en esa linea, es levantar dos lineas de debate y reflexión antropológica que no están siendo tomadas en cuenta y están fuera del debate entorno a cuestiones centrales. Quedo a disposición de conformar y revitalizar la comisión que mencionas Rodrigo Sepúlveda y me dispongo a hacer un llamado desde esa instancia que tenga que ver con el tema diciplinario/laboral, y de manera secundaria pero no menos importante de género/masculinidades y tema virtual.

Alfonso E Madrid

Devanir, valiente e iconoclasta tu llamado de atención. Hacer público el casi sempiterno oximorón “secreto a viva voz”, de todo conocimiento, que concluye en una profesión, dentro de una sociedad neolliberal- capitalista que tan bien adjetiva y describe Beatriz Preciado en su Testo Yonqui,* es un desafio a todo un sistema construido y estampado en nuestros cuerpos sapiens , a sangre, sudor y lagrimas,
El guante está lanzado y leo con beneplácito que Rodrigo Sepulveda lo recoje, espero conocer de avances y retrocesos, y más que eso, poder palpar las diferencias a traves de la red. Habrá que construir en ese imaginario colectivo, particularmente chileno, y desde la antropología, ese concepto que verte Manuel Castells con respecto a las transformaciones : “Las instituciones deben ser cambiadas desde fuera”, tu has dado un primer paso con esta carta a éstas necesaria transformaciones, las describes, las identificas. Modestamente me sumo a una eventual colaboración y mucha suerte. Slds.

*Testo Yonqui.   La autora analiza el modo en que las estructuras políticas y de poder determinan (con frecuente violencia) la experiencia de la propia persona, la vivencia de nuestro cuerpo y, en consecuencia, el papel social que desempeñamos

Estar fuera de Internet te margina

Lenguaje y crisis política. ..Todos parlotean ruidosamente, pero nadie escucha

Lenguaje y crisis política

Normalistas retiran propaganda electoral en Chilpancingo. Foto: Germán Canseco
Normalistas retiran propaganda electoral en Chilpancingo.
Foto: Germán Canseco

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Quizá la manera más profunda de abordar la crisis del país sea analizarla desde el lenguaje. Olvidamos con frecuencia que el mundo de lo humano está hecho de palabras y, en consecuencia, de sentido. Si ellas vacilan, si los significados –que están en las palabras– se pierden, la vida política y social también se desmorona. Octavio Paz lo dijo en una síntesis espléndida: “Cuando los significados se corrompen, las sociedades se pierden y se prostituyen”.

¿Dónde empezó la corrupción del lenguaje? Es difícil decirlo. Georges Steiner ha dedicado una vasta y profunda obra a intentar comprenderlo. Pero podemos decir que una de sus causas es la velocidad tecnológica de los medios y la ausencia de silencio que provocan. Si algo caracteriza a nuestra sociedad es la reducción del lenguaje a una simultaneidad sucesiva de mensajes sin sustancia ni sustento. En la infinidad de páginas electrónicas, de mails, de programas noticiosos de radio y televisión, de Twitter, de Facebook, de chats, de WhatsApp, todos parlotean ruidosamente, todos creen tener algo importante que decir, pero nadie escucha, porque no hay ni silencio ni contenido sobre el cual pensar. Cuando llega a haber uno, la ausencia de silencio y atención en el escucha o en el lector –otra forma de la escucha–, y la deformación de su lenguaje, son tales que el receptor no llega a comprender nada y sus respuestas son tan imbéciles como su falta de atención.

Para confirmarlo basta con entrar en una de las numerosas páginas electrónicas de los diarios, leer en silencio un buen artículo de un analista político y dirigirse a los comentarios que lo acompañan. Lo que uno encuentra allí es un montón de lugares comunes y críticas que nada tienen que ver con la tesis y el contenido del artículo. Ese caos lingüístico, esa ausencia de entendimiento, esa verborrea –ajena a la sintaxis y a la ortografía– que pasa de la idiotez al insulto, tiene su correlato en la violencia diaria, en el caos social, en la ausencia de contenidos políticos de los supuestos candidatos a puestos de elección, y en la ignorancia, el cinismo, la frivolidad y la estupidez casi orgánica de nuestros gobernantes. El ejemplo más explícito hoy –para no remontarnos hasta Vicente Fox– es el actual presidente de la República y su familia.

La privación de lecturas serias –leer exige un ejercicio profundo del silencio y atención–, la reducción del lenguaje a un mero acto informativo, la pérdida de los significados –no sabemos ya lo que las palabras denotan, su significación real– y el constreñimiento del habla o de la escritura a un puñado de términos manidos por los medios, sólo pueden redundar en lo que hoy vivimos: la destrucción de la vida social y política.

Esta degradación del lenguaje tiene, sin embargo, un antecedente en México: la inhumanidad de la clase política que, desde que terminó la Revolución y se instauró el priismo, ha embrutecido el lenguaje. Ella –aun antes de la revolución tecnológica de los medios de comunicación– no ha dejado de emplearlo para justificar la falsía política. No hay mentira, por más burda que sea, que no justifique tercamente; no hay crueldad, por más abyecta y espeluznante que se presente, que no disculpe o encubra en la inane verborrea de la politiquería.

La desintegración del lenguaje por la velocidad de los medios de comunicación no podría haber alcanzado los grados de corrupción y de inanidad que éste tiene si antes los maestros de la vida política, es decir, de la ciudad –los gobernantes–, no lo hubieran pervertido y embrutecido.

Por ello, la poesía y el teatro –donde el lenguaje guarda los significados profundos de lo humano y de la vida política– han sido desplazados al lugar del espectáculo o, en el mejor de los casos, al nicho de lo íntimo. Han perdido su capacidad para refundar la vida social.

Antiguamente –pienso en los profetas del mundo hebreo o en los trágicos del mundo helénico– tenían el poder de interpelar a una nación, denunciar sus atrocidades y recomponer los significados. “En Las troyanas –escribe Steiner– Eurípides poseía la autoridad poética para comunicar al público ateniense la injusticia del saqueo de Melos, para comunicarlo y reprocharlo. Aún había proporción entre la crueldad y la capacidad de reacción de la imaginación”. Hoy ya no tienen ese poder. Cuando llegan a tenerlo –pienso en el zapatismo o en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, dos movimientos llenos de poesía– es sólo un breve destello que pronto es tragado por la velocidad del lenguaje vacío de los medios, de la politiquería y de las dosis diarias de horror que nos hacen tragar hasta insensibilizarnos para las nuevas atrocidades.

Mientras –parafraseo a Steiner– en nuestros periódicos, en nuestras aulas, en nuestras leyes, en nuestros medios de comunicación, en nuestra lectura y en nuestros actos no podamos devolver al lenguaje algún grado de claridad y seriedad a sus significados, nos hundiremos cada vez más en el caos y sus violencias, o sea en el infierno: el territorio de la mudez, la atrocidad y el no sentido. Una civilización que corrompe sus palabras no sobrevivirá mucho tiempo.

*

Javier Sicilia – Wikiquote

“Yo, yo, yo” parece ser el mantra de hoy. La moda del culto a la imagen

El síndrome Selfie: de la moda al narcisismo

¿La egolatría es una reacción inevitable en las plataformas sociales?

Un análisis describe cómo el uso excesivo de Facebook y Twitter despierta el narciso de los usuarios. Pese a que lo consideran una moda, especialistas alertan sobre sus efectos.

Si hace poco ya os hablábamos sobre La obsesión por estar conectados a través de los dispositivos móviles hoy os hablamos de los tan conocidos “selfies”

¿Existe el síndrome “selfie”? Las redes sociales nos han convertido en narcisistas.

“Selfie”, ¿qué dicen de ti tus fotos?

Si eres fanático de compartir autorretratos (selfies) en redes sociales o conoces a alguien así, esta información te interesa, ya que expertos aseguran que al hacerlo reiteradamente podrían estar expresándose ciertas necesidades… ¿Tú qué opinas?

Bajo el hashtag (etiqueta) #me o #selfie, que suele acompañar a los autorretratos, miles de personas publican sus fotos en redes sociales; tan sólo en Facebook se calcula que circulan más de 240 mil millones pero, ¿por qué lo hacen? Los motivos varían:

Por diversión.
Para presumir logros.
Como mensaje para alguien.
Para compartir momentos.

Aunque no se debe generalizar, expertos en Psicología advierten que exponer excesivamente la vida personal también podría hablar de sujetos con baja autoestima, quienes buscan aprobación y aceptación de los demás.

Sociólogos y psiquiatras coinciden en que la gente exhibe solamente lo que quiere mostrar, construyéndose así una identidad que se pone a consideración de los demás para recibir retroalimentación y ser validada.

Por ello, hay quienes consideran la tendencia selfie como acto de vanidad que indica narcisismo, o bien, falta de autoestima que se traduce en necesidad de autoafirmación y construcción de la identidad.

El síndrome del “Selfie”

Pero ¿qué es un “selfie”? El acto de autofotografiarse mediante un Smartphone o, incluso, una cámara web mientras estamos comiendo sushi en nuestro restaurante japonés favorito, nos compramos unas camisetas último modelo o tomamos algo, y la subida de dichas fotos a la red (claro que siempre que hacemos algo que no esté muy alcance de una mayoría en crisis) se llama Selfie.

Junto con los avances de la tecnología y el auge de las redes sociales, los “Selfies” se autoretratan una y otra vez en la misma postura. Ésta se repite vez tras vez y es posteada casi que instantáneamente en sus perfiles sociales. A partir de aquí, su mayor preocupación es cuántos “me gusta” o cuántos “retweets” va a recibir la foto en cuestión. Y, si, además, nos dedican uno o más comentarios, la popularidad aumenta como la espuma…

Selfie, término que fue elegido en 2012 por la revista Time, como uno de los que marcaron tendencia año.

“Yo, yo, yo” parece ser el mantra de hoy. ¿Nos estaremos volviendo narcisistas en la cultura digital? Tomarse una foto de uno mismo ocasionalmente puede ser algo divertido si no nos lo tomamos en serio. Sin embargo, cuando vemos a personas que se toman fotos cada cinco minutos, en todas las poses y circunstancias posibles, para postearlas en las redes sociales y cambiar su perfil a diario, algo nos hace ruido.

¿Sabías que en Instagram hay: 36 millones de fotos tagueadas (o etiquetadas) con la palabra “selfie”, 96 millones con “yo” y no sabemos cuántas más del estilo, que no tienen ninguna etiqueta. La popularidad del selfie parece sugerir algo más allá de lo frívolo.

¿Se trata de soledad, inseguridad, vanidad? ¿Te ha tocado ver a mujeres que en un evento social se toman un selfie a manera de espejo? Lo que llama la atención es que no lo hacen fuera de las miradas; al contrario, lo hacen frente a todos. Pero ¿Qué nos dicen los estudios?

Según los especialista en redes sociales, los usuarios elaboran, diariamente, una pequeña novela de su vida en donde Facebook es el espejo y Twitter el megáfono social, en busca de likes o follows
: “Dado que empieza el tema de la aceptación de los demás, el usuario tiende a hacerse adictivo a que le den un me gusta, por eso la necesidad de presumir lo que se está haciendo siempre”.

El sitio web Best Computer Science Schools detalla mediante una infografía que esta tendencia de las redes sociales, está convirtiendo a los sujetos en narcisistas ya que, mediante las autofotografías se revela cómo muchos usuarios persiguen la vanidad y la admiración de sus atributos físicos e intelectuales lo cual puede conllevar problemas psicológicos como depresión, trastornos obsesivos – compulsivos y dismorfofobia, por citar solo algunos.

Selfies, adictos a los autorretratos

La palabra de origen inglés selfie define no solamente a los autorretratos, también a aquellos sujetos obsesionados con publicarlos y compartirlos, necesidad basada, indican expertos, en moda social caracterizada por la idea de que sólo existe lo que está en los medios.

Al respecto, un estudio de las universidades de Birmingham, Edimburgo y Heriot-Watt, en Reino Unido, realizado con apoyo de 500 usuarios de la red social más grande del mundo, Facebook, reveló que quienes publican selfies de forma exagerada suelen tener relaciones más superficiales y peor sentido de la intimidad, y que es esta última característica la que aleja a las personas acostumbradas al trato “cara a cara” (vida “analógica”), para quienes la exposición pública debilita el vínculo afectivo que existe en la vida real.

Sin embargo, expertos aclaran que en los últimos años, especialmente para los “nativos digitales” (aquellos nacidos a partir de 1980), el concepto de amistad e intimidad ya no implica necesariamente presencia física. Por ello, son las personas jóvenes quienes con mayor frecuencia buscan la aceptación de la gente mediante redes sociales, de modo que publicar selfies puede ser contraproducente si no reciben la retroalimentación esperada, dañando así su autoestima.

Pese a ello, investigadores advierten que nos acercamos a la “Web 3.0”, donde los usuarios se convierten en consumidores de lo que producen (prosumers), de ahí la creciente moda de tomar, publicar y comentar autorretratos que reflejan, incluso, íntimos estados emocionales que perfilan la identidad.

#me, fotos que dicen quién soy

El uso desmedido de las redes sociales refleja, en sus jóvenes usuarios, signos narcisistas, reportó un análisis de The Best Computer Science Schools, un fenómeno que han identificado como el “síndrome selfie”.

¿Cómo es un narcisista?

Es un trastorno de la personalidad que implica la preocupación por sí mismo y sobre cómo es percibido por los demás. El narcisista está interesado por la satisfacción de su vanidad y la admiración de sus propios atributos físicos e intelectuales.

¿Les suena? Posiblemente, las redes sociales hayan contribuido a que la sociedad, en general, se haya vuelto más narcisista. Diversos estudios confirman esta teoría. Así,Facebook y Twitter son dos de las redes sociales que más han promovido esta tendencia selfie. En este sentido, los investigadores destacan que la gente que escribe mucho en Facebook demuestra tener una personalidad bastante insegura y narcisista. ¿Y los que saturan su timeline de Twitter con aspectos de su vida cotidiana? Igualmente ; significa que necesitan la aprobación de los demás y son, por tanto, narcisistas.

¿ Cuáles son las características de un narcisista?

Los síntomas de una persona narcisista:

1) No escucha, sólo oye para ver cómo descarta, niega, descalifica o ignora el comentario del otro.
2) Se preocupa por sí mismo. Suele ser egoísta, estar interesado en su propio bien. Si es generoso, generalmente responde a sus propios intereses.
3) Se siente por encima de todos, superior a los demás; las reglas no aplican a su persona o situación.
4) Intolerante a la crítica. Suele tener un concepto inflado de sí mismo y de su importancia; sin embargo, cualquier pequeña crítica negativa lo tumba.
5) No aceptan responsabilidad. Suelen echarle la culpa a otros de las cosas que van mal.
6) Son explosivos. Cualquier pequeñez los enoja y los puede sacar de sus cabales

Efectos negativos del abuso de las redes sociales

Según diferentes estudios, el uso excesivo de las redes sociales puede producir problemas psicológicos como:

Déficit de Atención e Hiperactividad
Depresión
Trastorno Obsesivo-Compulsivo
Trastorno de Personalidad Narcisista
Trastornos esquizoafectivo y esquizotípico
Hipocondria
Adicción
Algunas señales de alarma se disparan antes de que una afición se convierta en una adicción. Aquí te decimos cuales son las señales de alarma.

Los efectos psicológicos del abuso de las redes sociales

Facebook
– Los usuarios de Facebook tienden más a tener personalidades narcisistas o inseguros
– Las personas con puntuaciones más altas en narcisismo fueron aquellas que realizaban actualizaciones frecuentes de los estados, publicaban fotos de ellos mismos y usaban frases o lemas para autoalabarse
– Una encuesta 2012 de los abogados matrimonialistas, muestra que Facebook había estado implicado en ⅓ de todas las solicitudes de divorcio el año anterior

Twitter
– En un estudio de estudiantes universitarios de la Universidad de Michigan, se encontró que los que puntuaron más alto en narcisismo también publicaban de forma más continua en Twitter.
– Los usuarios más jóvenes usan Twitter para ampliar sus círculos sociales y difundir puntos de vista.

La moda del culto a la imagen

Lo que ha hecho el fenómeno de los selfies y el narcisismo es enfocarse a la imagen. Nos ha puesto en la mano un mecanismo que quizá muchos deseábamos tener antes, pero no había los medios.

Se puede hacer de esto un círculo virtuoso, potenciando la imagen positiva o atractiva; o un círculo vicioso al resaltar una imagen negativa; sin contar con las personas que no ponen una imagen verdadera de sí mismos. Por supuesto, no todos son críticas a este narcisismo elevado, puesto que los “like” o los “follow” de la imagen subida puede ocasionar un aumento de la autoestima que, quizás, antes se encontraba por los suelos. Ya se sabe que nunca están demás las palabras bonitas.

Al realizar estos autoretratos, los “selfies” suelen sentirse superiores a los demás pero también, suelen irritarse rápidamente y no son capaces de aceptar las críticas, y les encanta fotografiarse con alguna herramienta electrónica.

SELFIES ALREDEDOR DEL MUNDO”>http://www.slideshare.net/maditabalnco/the-selfie-phenomenon-around-de-globe”&gt;

Marxismo cultural

Marxismo cultural

Marxismo Cultural se refiere a una escuela o rama del marxismo que analiza la cultura como el factor decisivo en la opresión planteado, en lugar de los factores económicos que Karl Marx enfatizó.1 Una consecuencia del marxismo occidental (especialmente Antonio Gramsci y la Escuela de Frankfurt) y la búsqueda de popularidad en la década de 1960 como los estudios culturales, el marxismo cultural sostiene que existen estructuras de poder opresivas dentro de los artefactos culturales tradicionales de la sociedad occidental como el capitalismo, el nacionalismo, la familia nuclear, el género, la raza o la identidad cultural,1 y que el objetivo del marxismo cultural es utilizar métodos de Marx (por ejemplo, el materialismo dialéctico) dentro de la academia para exponer y desafiar a esa “hegemonía capitalista”.

En la política actual, el término también se ha utilizado para describir un conjunto de valores que se ejecutan en la oposición directa de los principios básicos de la sociedad occidental y la religión cristiana2 mediante la promoción de los valores occidentales fundamentales como atrasados, obsoletos u opresiva. Este programa es visto como el verdadero propósito detrás de la corrección política y el multiculturalismo, que se identifican con el marxismo cultural.3 4 Este uso es popular entre algunos expertos políticos de habla inglesa de derecha, que se ven en una guerra cultural con marxistas asumen haber subvertido las instituciones occidentales como escuelas, universidades, medios de comunicación, la industria del entretenimiento y las iglesias más principales.5

Explicación de la teoría del marxismo cultural

Somos, en términos de Marx, “un conjunto de relaciones sociales” y vivimos nuestras vidas en el centro de la intersección de un número de relaciones sociales desiguales en base a estructuras jerárquicamente relacionadas entre sí que, en conjunto, definen la especificidad histórica de los modos capitalistas de producción y reproducción y calzar sus manifestaciones observables.

Martha E. Gimenez, Marxismo y CLases, género y raza: Repensando la Trilogía6

Según el profesor de UCLA y crítico teórico Douglas Kellner, “Muchos teóricos marxistas del siglo 20, desde Georg Lukács, Antonio Gramsci, Ernst Bloch, Walter Benjamin y TW Adorno a Fredric Jameson y Terry Eagleton emplean la teoría marxista para analizar las formas culturales en relación con su producción, sus implicaciones con la sociedad y la historia, y su impacto e influencia en el público y la vida social “.7 8 Los investigadores han utilizado diversos tipos de crítica social marxista para analizar los artefactos culturales.

Escuela de Frankfurt y la teoría crítica

La Escuela de Frankfurt es el nombre que generalmente se usa para referirse a un grupo de estudiosos que se han asociado en un momento u otro durante varias décadas con el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Frankfurt, como Theodor W. Adorno, Max Horkheimer, Ernst Bloch, Walter Benjamin, Erich Fromm, Herbert Marcuse, Wolfgang Fritz Haug y Jürgen Habermas. En la década de 1930 el Instituto de Investigación Social fue obligado a salir de Alemania por el ascenso del Partido Nazi. En 1933, el Instituto fue de Alemania a Ginebra. A continuación, se trasladó a Nueva York en 1934, donde se convirtió en afiliada con la Universidad de Columbia. Su revista Zeitschrift für Sozialforschung fue consecuencia renombrado estudios en Filosofía y Ciencias Sociales. Fue en ese momento en que gran parte de su importante labor comenzó a surgir, después de haber obtenido una buena acogida en el mundo académico americano y Inglés.

Entre las obras principales de la Escuela de Frankfurt, que aplica las categorías marxistas para el estudio de la cultura eran Adorno “en la música popular”, que fue escrito con George Simpson y publicado en Estudios de Filosofía y Ciencias Sociales en 1941 y argumentó que la música popular fue, por diseño y promoción”, totalmente antagónica al ideal de la individualidad en una sociedad liberal libre”,9 de Adorno y Horkheimer “La industria cultural: Ilustración como engaño de masas”, originalmente un capítulo en la Dialéctica de la Ilustración (1947), que argumentó que la cultura refuerza “el poder absoluto del capitalismo”,10 y la “industria de la cultura reconsiderado”, una radio conferencia 1963 por Adorno.11

A partir de 1945 una serie de estos marxistas sobrevivientes volvió a oeste y de la Alemania Oriental. Adorno y Horkheimer regresaron a Frankfurt en 1953 y restableció el Instituto. En Alemania Occidental a finales de 1950 y comienzos de 1960, un renovado interés en el marxismo producido una nueva generación de marxistas que participan en asuntos tales como el análisis de las transformaciones culturales que tienen lugar en el capitalismo fordista, el impacto de los nuevos tipos de música popular y el arte de las culturas tradicionales y el mantenimiento de la integridad política del discurso en la esfera pública.12 Este renovado interés se ejemplifica por la revista Das Argument. La tradición de pensamiento asociada a la Escuela de Frankfurt es la Teoría Crítica.

Birmingham School y los estudios culturales

El trabajo de la Escuela de Frankfurt y del pensador marxista Antonio Gramsci fue particularmente influyente en la década de 1960, y tuvo un gran impacto en el desarrollo de los estudios culturales, especialmente en Gran Bretaña. Como Douglas Kellner escribe:

El marxismo cultural fue muy influyente en el mundo occidental, especialmente en la década de 1960, cuando Marx pensaba que era de lo más prestigioso y procreador( sería preferible otro término). Los teóricos como Roland Barthes y el grupo Tel Quel en Francia; Galvano Della Volpe, Lucio Colletti y otros en Italia; Fredric Jameson, Terry Eagleton y la cohorte de 1960 quiene representaban a los radicales culturales en el mundo de habla inglesa, y un gran número de teóricos a lo largo del mundo utiliza el marxismo cultural para desarrollar modos de los estudios culturales que analizan la producción, interpretación y recepción de bienes culturales dentro de las condiciones socio-históricas concretas que habían impugnado efectos y usos políticos e ideológicos. Una de las formas más famosas e influyentes de los estudios culturales, inicialmente bajo la influencia del marxismo cultural, surgió en el Centro de Estudios Culturales Contemporáneos de Birmingham, Inglaterra dentro de un grupo conocidos como la Escuela de Birmingham.7

Véase también

Referencias

  1. Merquior, J.G. (1986). Western Marxism, University of California Press/Paladin Books, ISBN 0586084541
  2. http://www.westernrevival.org/who_stole_our_culture.htm
  3. http://destoryculturalmarxism.blogspot.de/2013/01/what-is-cultural-marxism.html
  4. http://www.worldviewweekend.com/worldview-times/article.php?articleid=4104
  5. http://www.thevoicemagazine.com/culture/politics/christians-fight-against-cultural-marxism.html
  6. Marxism and Class, Gender and Race: Rethinking the Trilogy, by Martha E. Gimenez, Published (2001) in Race, Gender and Class, Vol. 8, No. 2, pp. 23-33.
  7. Douglas Kellner, “Cultural Marxism and Cultural Studies,”http://www.gseis.ucla.edu/faculty/kellner/essays/culturalmarxism.pdf, circa 2004.
  8. Douglas Kellner, “Herbert Marcuse,” Illuminations, University of Texas, http://www.uta.edu/huma/illuminations/kell12.htm.
  9. On popular music“. Originally published in: Studies in Philosophy and Social Science, New York: Institute of Social Research, 1941, IX, 17-48. See Gordon Welty “Theodor Adorno and the Culture Industry” (1984).
  10. Theodor W. Adorno and Max Horkheimer “Enlightment as mass deception” Dialectic of Enlightenment. London: Verso, 1979, 120-167 (originally published as: Dialektik der Aufklärung. Amsterdam: Querido, 1947). On-line the University of Groningen website and Marxist Internet Archive. See Gordon Welty “Theodor Adorno and the Culture Industry” (1984).
  11. Lecture in the International Radio University Program over the Hessian Broadcasting System which was published in German in 1967, English translation in New German Critique, 6, Fall 1975, 12-19 (translated by Anson G. Rabinbach). See Gordon Welty “Theodor Adorno and the Culture Industry” (1984).
  12. e.g. Jürgen Habermas (1962 trans 1989) The Structural Transformation of the Public Sphere: An Inquiry into a category of Bourgeois Society, Polity, Cambridge.

Otras lecturas

Tipos de Investigación científica. Franck Morales

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Por Frank Morales

Existen varios tipos de investigación científica dependiendo del método y de los fines que se persiguen. La investigación, de acuerdo conSabino (2000), se define como “un esfuerzo que se emprende para resolver un problema, claro está, un problema de conocimiento” (p. 47).

Actualización de enlaces: 2 de mayo de 2014

Por su lado Cervo y Bervian (1989) la definen como “una actividad encaminada a la solución de problemas. Su Objetivo consiste en hallar respuesta a preguntas mediante el empleo de procesos científicos” (p. 41).

Ahora bien, desde el punto de vista puramente científico, la investigación es un proceso metódico y sistemático dirigido a la solución de problemas o preguntas científicas, mediante la producción de nuevos conocimientos, los cuales constituyen la solución o respuesta a tales interrogantes.

La investigación puede ser de varios tipos, y en tal sentido se puede clasificar de distintas maneras, sin embargo es común hacerlo en función de su nivel, su diseño y su propósito. Sin embargo, dada la naturaleza compleja de los fenómenos estudiados, por lo general, para abordarlos es necesario aplicar no uno sino una mezcla de diferentes tipos de investigación. De hecho es común que hallar investigaciones que son simultáneamente descriptivas y transversales, por solo mencionar un caso.

El nivel de investigación: Este se refiere al grado de profundidad con que se aborda un fenómeno u objeto de estudio. Así, en función de su nivel el tipo de investigación puede ser Descriptiva,Exploratoria o Explicativa.

1. Investigación Descriptiva:

En las investigaciones de tipo descriptiva, llamadas también investigaciones diagnósticas, buena parte de lo que se escribe y estudia sobre lo social no va mucho más allá de este nivel. Consiste, fundamentalmente, en caracterizar un fenómeno o situación concreta indicando sus rasgos más peculiares o diferenciadores.

En la ciencia fáctica, la descripción consiste, segúnBunge, en responder a las siguientes cuestiones:

– ¿Qué es? > Correlato.
– ¿Cómo es? > Propiedades.
– ¿Dónde está? > Lugar.
– ¿De qué está hecho? > Composición.
– ¿Cómo están sus partes, si las tiene, interrelacionadas? > Configuración.
– ¿Cuánto? > Cantidad

El objetivo de la investigación descriptiva consiste en llegar a conocer las situaciones, costumbres y actitudes predominantes a través de la descripción exacta de las actividades, objetos, procesos y personas. Su meta no se limita a la recolección de datos, sino a la predicción e identificación de las relaciones que existen entre dos o más variables. Los investigadores no son meros tabuladores, sino que recogen los datos sobre la base de una hipótesis o teoría, exponen y resumen la información de manera cuidadosa y luego analizan minuciosamente los resultados, a fin de extraer generalizaciones significativas que contribuyan al conocimiento.

1.1. Etapas de la investigación descriptiva:

1.      Examinan las características del problema escogido.

2.      Lo definen y formulan sus hipótesis.

3.      Enuncian los supuestos en que se basan las hipótesis y los procesos adoptados.

4.      Eligen los temas y las fuentes apropiados.

5.      Seleccionan o elaboran técnicas para la recolección de datos.

6.      Establecen, a fin de clasificar los datos, categorías precisas, que se adecuen al propósito del estudio y permitan poner de manifiesto las semejanzas, diferencias y relaciones significativas.

7.      Verifican la validez de las técnicas empleadas para la recolección de datos.

8.      Realizan observaciones objetivas y exactas.

9.      Describen, analizan e interpretan los datos obtenidos, en términos claros y precisos.

 

1.2. Recolección de datos de la investigación descriptiva:

En el informe de la investigación se señalan los datos obtenidos y la naturaleza exacta de la población de donde fueron extraídos. La población —a veces llamada universo o agregado— constituye siempre una totalidad. Las unidades que la integran pueden ser individuos, hechos o elementos de otra índole. Una vez identificada la población con la que se trabajará, entonces se decide si se recogerán datos de la población total o de una muestra representativa de ella. El método elegido dependerá de la naturaleza del problema y de la finalidad para la que se desee utilizar los datos.

Población total: Muchas veces no es difícil obtener información acerca de todas las unidades que componen una población reducida, pero los resultados no pueden aplicarse a ningún otro grupo que no sea el estudiado.

Muestra de la población: Cuando se trata de una población excesivamente amplia se recoge la información a partir de unas pocas unidades cuidadosamente seleccionadas, ya que si se aborda cada grupo, los datos perderían vigencia antes de concluir el estudio. Si los elementos de la muestra representan las características de la población, las generalizaciones basadas en los datos obtenidos pueden aplicarse a todo el grupo.

1.3. Expresión de datos de la investigación descriptiva:

Los datos descriptivos se expresan en términoscualitativos y cuantitativos. Se puede utilizar uno de ellos o ambos a la vez.

Cualitativos (mediante símbolos verbales): Se usan en estudios cuyo objetivo es examinar la naturaleza general de los fenómenos. Los estudios cualitativos proporcionan una gran cantidad de información valiosa, pero poseen un limitado grado de precisión, porque emplean términos cuyo significado varía para las diferentes personas, épocas y contextos. Los estudios cualitativos contribuyen a identificar los factores importantes que deben ser medidos. (Visión cientificista).

Cuantitativos (por medio de símbolos matemáticos): Los símbolos numéricos que se utilizan para la exposición de los datos provienen de un cálculo o medición. Se pueden medir las diferentes unidades, elementos o categorías identificables.

1.4. Tipos de investigación descriptiva:

Tomando en cuenta que las siguientes categorías no son rígidas, muchos estudios pueden encuadrarse sólo en alguna de estas áreas, y otros corresponden a más de una de ellas. Encuestas, estudio deInterrelaciones y estudios de Desarrollo

1. Estudios tipo encuesta.

Se llevan a cabo cuando se desea encontrar la solución de los problemas que surgen en organizaciones educacionales, gubernamentales, industriales o políticas. Se efectúan minuciosas descripciones de los fenómenos a estudiar, a fin de justificar las disposiciones y prácticas vigentes o elaborar planes más inteligentes que permitan mejorarlas. Su objetivo no es sólo determinar el estado de los fenómenos o problemas analizados, sino también en comparar la situación existente con las pautas aceptadas. El alcance de estos estudios varía considerablemente; pueden circunscribirse a una nación, región, Estado, sistema escolar de una ciudad o alguna otra unidad. Los datos pueden extraerse a partir de toda la población o de una muestra cuidadosamente seleccionada. La información recogida puede referirse a un gran número de factores relacionados con el fenómeno o sólo a unos pocos aspectos recogidos. Su alcance y profundidad dependen de la naturaleza del problema.

2. Estudios de interrelaciones.

Si el objeto es identificar las relaciones que existen entre los hechos para lograr una verdadera comprensión del fenómeno a estudiar, los estudios de esta índole son los estudios de casos, estudioscausales comparativos y estudios de correlación.

Estudio de casos: 

El educador realiza una investigación intensiva de una unidad social o comunidad. Para ello recoge información acerca de la situación existente en el momento en que realiza su tarea, las experiencias y condiciones pasadas y las variables ambientales que ayudan a determinar las características específicas y conducta de la unidad. Después de analizar las secuencias e interrelaciones de esos factores, elabora un cuadro amplio e integrado de la unidad social, tal como ella funciona en la realidad. El interés en los individuos no es considerándolo como personalidad única, sino como tipos representativos. Se reúnen los datos a partir de una muestra de sujetos cuidadosamente seleccionados y se procuran extraer generalizaciones válidas sobre la población que representa la muestra. El objetivo de los estudios de casos consiste en realizar una indagación a profundidad dentro de un marco de referencia social; las dimensiones o aspectos de dicho marco dependen de la naturaleza del caso estudiado.

Un estudio de casos debe incluir una considerable cantidad de información acerca de las personas, grupos y hechos con los cuales el individuo entra en contacto y la naturaleza de sus relaciones con aquéllos. Los seres humanos desarrollan una constante interacción con diversos factores ambientales, por eso es imposible comprender su conducta sin examinar tales relaciones. Los datos deben provenir de muchas fuentes. Se puede interrogar a los sujetos mediante entrevistas o cuestionarios y pedirles que evoquen experiencias pasadas o sus deseos y expectativas presentes. Se estudian documentos personales como diarios y cartas, efectuando distintas mediciones físicas, psicológicas o sociológicas. Se puede interrogar a padres, hermanos y amigos de los sujetos, analizar archivos de los tribunales, escuelas, hospitales, empresas o instituciones sociales.

Los estudios de casos son similares a las encuestas, pero en ellos hay un estudio intensivo de una cantidad limitada de casos representativos, en lugar de reunir datos de pocos aspectos de un gran número de unidades sociales. Tiene un alcance más limitado pero es más exhaustivo que el de encuestas, y le da más importancia a los factores cualitativos.

Estudios causales comparativos: 

Si además de pretender descubrir como es un fenómeno se quiere saber de qué manera y por qué ocurre, entonces se comparan semejanzas y diferencias que existen entre fenómenos, para descubrir los factores o condiciones que parecen acompañar o contribuir a la aparición de ciertos hechos y situaciones. Por la complejidad y naturaleza de los fenómenos sociales, es menester estudiar las relaciones de causalidad. Este tipo de estudio se usa en los casos en que los investigadores no pueden manejar una variable independiente y establecer los controles requeridos en los experimentos.

En un estudio causal comparativo el investigador analiza la situación vital en la cual los sujetos han experimentado el fenómeno que se quiere investigar. Después de estudiar las semejanzas y diferencias que hay entre dos situaciones, entonces podrá describir los factores que parecen explicar la presencia del fenómeno en una situación y su ausencia en la otra. Esta investigación tiene su origen por el método utilizado por John Stuart Millpara descubrir las situaciones causales, que establece que “si dos o más instancias del fenómeno investigado tienen sólo una circunstancia en común, en la cual todas las instancias concuerdan, es la causa (o efecto) del fenómeno dado”. Este método proporciona al investigador la doble posibilidad de control sobre sus conclusiones acerca de las relaciones de causalidad.

Las dificultades posibles de explicar los fenómenos en este tipo de estudios reside en la imposibilidad de establecer un control más allá de poner a prueba tantas hipótesis alternativas como sea posible;

– si al estudiar el problema el factor produce un efecto determinado no se incluye entre los puntos considerados, entonces no será posible averiguar la causa (si se desea hallar las posibles causas de los fenómenos y desechar los factores aleatorios se debe poseer suficiente información general acerca de tales fenómenos y elaborar cuidadosamente sus procedimientos de observación);

– al exigir que sea un solo factor el que determine la aparición o ausencia de un fenómeno, muchas veces en los fenómenos sociales complejos se obedece a múltiples causas; cuando dos variables se hallan relacionadas entre sí es difícil determinar cuál de ellas es la causa y cuál el efecto;

– al intentar clasificar a los sujetos en grupos dicotómicos a fin de establecer comparaciones entre ellos, los fenómenos sociales sólo presentan similitudes si los incluimos en las más amplias categorías, aunque sabemos que los hechos sociales no se clasifican automáticamente en categorías exclusivas (por lo general la comparación entre dos variables indefinidas proporciona escasa información útil sobre el fenómeno que se pretende explicar);

– cuando se trata de estudios en los que se comparan situaciones normales, la tarea de seleccionar no requiere los mismos cuidados y precauciones que en el caso de los estudios experimentales, generalmente resulta difícil hallar grupos de elementos que sean similares en todos sus aspectos, excepto en lo que respecta al hecho de hallarse expuestos a una variable distinta (siempre existe el peligro de que los grupos presenten diferencias en relación con otras dimensiones -salud, inteligencia, antecedentes familiares, experiencia anterior- que pueden afectar los resultados del estudio).

Estudios de correlación: 

Se utilizan para determinar la medida en que dos variables se correlacionan entre sí, es decir el grado en que las variaciones que sufre un factor se corresponden con las que experimenta el otro. Las variables pueden hallarse estrecha o parcialmente relacionadas entre sí, pero también es posible que no exista entre ellas relación alguna. Puede decirse, en general, que la magnitud de una correlación depende de la medida en que los valores de dos variables aumenten o disminuyan en la misma o en diferente dirección.

Si los valores de dos variables aumentan o disminuyen de la misma manera, existe una correlación positiva; si, en cambio, los valores de una variable aumentan en tanto que disminuyen los de la otra, se trata de una correlación negativa; y si los valores de una variable aumentan, los de la otra pueden aumentar o disminuir, entonces hay poca o ninguna correlación. En consecuencia la gama de correlaciones se extiende desde la perfecta correlación negativa hasta la no correlación o la perfecta correlación positiva. Las técnicas de correlación son muy útiles en los estudios de carácter predictivo.

Si bien el coeficiente de correlación sólo permite expresar en términos cuantitativos el grado de relación que dos variables guardan entre sí, no significa que tal relación sea de orden causal. Para interpretar el significado de una relación se debe recurrir al análisis lógico, porque la computación estadística no dilucida el problema. Sus riesgos son los mismos que en los estudios causales comparativos.

3. Estudios de desarrollo:

Consiste en determinar no sólo las interrelaciones y el estado en que se hallan los fenómenos, sino también en los cambios que se producen en el transcurso del tiempo. En él se describe el desarrollo que experimentan las variables durante un lapso que puede abarcar meses o años. Abarca estudios decrecimiento y de tendencia.

Los estudios de crecimiento se refieren a la identificación de los diversos factores interrelacionados que influyen sobre el crecimiento en sus diferentes etapas, saber en qué momento se tornan observables los diversos aspectos y cuándo surgen, permanecen estacionarios, alcanzan su desarrollo óptimo y, finalmente, decaen. Para el estudio del desarrollo humano se usan dos métodos: las técnicas lineales y las de corte transversal. En ambos tipos de investigación, se deben efectuar una serie de observaciones sistemáticas.

El objetivo de las técnicas lineales es medir el grado de crecimiento de determinados niños en diferentes edades, por ejemplo; y en los de corte transversal no se medirían los mismos niños a intervalos regulares, sino se efectuaría un registro de medidas de diferentes niños pertenecientes a distintos grupos de edad.

Los estudios de corte transversal incluyen generalmente a una mayor cantidad de sujetos, y describen un número menos de factores de crecimiento que los estudios lineales. La técnica de corte transversal se usa con más frecuencia por su bajo costo y porque ocupa menos tiempo; la técnica lineal es el más adecuado para estudiar el desarrollo humano.

Ambas técnicas plantean problemas de muestreo: en los de corte transversal es posible que los diferentes sujetos de cada nivel de edad no sean comparables; los lineales obtienen información de un número limitado de sujetos, sin la confiabilidad de muestras más amplias, asimismo la dificultad para el investigador de evaluar y perfeccionar con cierta frecuencia sus técnicas, pues una vez iniciada la investigación no es posible interrumpirla para modificar o mejorar los procedimientos empleados. Para estudios lineales hacen falta apoyos económicos y un equipo de trabajo ininterrumpido durante años.

Los estudios de tendencia consisten en obtener datos sobre aspectos sociales, económicos y políticos y en analizarlos posteriormente para identificar las tendencias fundamentales y predecir los hechos que pueden producirse en el futuro. En ellos se combinan a veces técnicas históricas, documentales y las que se usan en las encuestas. Resulta aventurado formular predicciones basadas en los datos de tendencia social, porque las condiciones económicas, los avances tecnológicos, las guerras, las aspiraciones individuales y otros hechos imprevisibles pueden modificar de manera repentina el curso esperado de los acontecimientos.

A causa de los innumerables factores impredictibles que pueden ejercer influencia sobre los fenómenos sociales, la duración de los análisis de tendencia afecta en una medida considerable la validez de la predicción; la mayoría de las predicciones de largo alcance constituyen meras estimaciones, en tanto que las que se refieren a lapsos más breves gozan de mayores posibilidades de certeza.

1.5. Evaluación de la investigación descriptiva:

Algunos problemas con que suelen tropieza los investigadores se refieren a examen crítico de los materiales originales, el vocabulario técnico, la formulación de hipótesis, la observación y experimentación, y la generalización y predicción.

2. Investigación Exploratoria:

Es aquella que se efectúa sobre un tema u objeto desconocido o poco estudiado, por lo que sus resultados constituyen una visión aproximada de dicho objeto, es decir, un nivel superficial de conocimiento. Este tipo de investigación, de acuerdo con Sellriz (1980) pueden ser:

a) Dirigidos a la formulación más precisa de un problema de investigación , dado que se carece de información suficiente y de conocimiento previos del objeto de estudio , resulta lógico que la formulación inicial del problema sea imprecisa. En este caso la exploración permitirá obtener nuevo datos y elementos que pueden conducir a formular con mayor precisión las preguntas de investigación.

b) Conducentes al planteamiento de una hipótesis: cuando se desconoce al objeto de estudio resulta difícil formular hipótesis acerca del mismo. La función de la investigación exploratoria es descubrir las bases y recabar información que permita como resultado del estudio, la formulación de una hipótesis. Las investigaciones exploratorias son útiles por cuanto sirve para familiarizar al investigador con un objeto que hasta el momento le era totalmente desconocido, sirve como base para la posterior realización de una investigación descriptiva, puede crear en otros investigadores el interés por el estudio de un nuevo tema o problema y puede ayudar a precisar un problema o a concluir con la formulación de una hipótesis.

3. Investigación Explicativa:

Se encarga de buscar el porqué de los hechos mediante el establecimiento de relaciones causa-efecto. En este sentido, los estudios explicativos pueden ocuparse tanto de la determinación de las causas (investigación postfacto), como de los efectos (investigación experimental), mediante laprueba de hipótesis. Sus resultados y conclusiones constituyen el nivel más profundo de conocimientos.

La investigación explicativa intenta dar cuenta de un aspecto de la realidad, explicando su significatividad dentro de una teoría de referencia, a la luz de leyes o generalizaciones que dan cuenta de hechos o fenómenos que se producen en determinadas condiciones.

Dentro de la investigación científica, a nivel explicativo, se dan dos elementos:

– Lo que se quiere explicar: se trata del objeto, hecho o fenómeno que ha de explicarse, es el problema que genera la pregunta que requiere una explicación.

– Lo que se explica: La explicación se deduce (a modo de una secuencia hipotética deductiva) de un conjunto de premisas compuesto por leyes, generalizaciones y otros enunciados que expresan regularidades que tienen que acontecer. En este sentido, la explicación es siempre una deducción de una teoría que contiene afirmaciones que explican hechos particulares.

Referencias:

1.  Investigación descriptiva (s/f). [Documento en línea]. Disponible:http://www.mistareas.com.ve/investigacion-descriptiva.htm [Consulta: 2010, Mayo 18]

2.  Investigación Explicativa (s/f). [Documento en línea]. Disponible:http://www.mistareas.com.ve/investigacion-explicativa.htm [Consulta: 2010, Mayo 18]

3.  La investigación descriptiva (s/f). [Documento en línea]. Disponible:http://noemagico.blogia.com/2006/091301-la-investigacion-descriptiva.php [Consulta: 2010, Mayo 18]

4.  Tipo de Estudio o Tipo de Investigación (s/f). [Documento en línea]. Disponible:http://www.mistareas.com.ve/Tipo-de-estudio-tipo-de-investigacion.htm [Consulta: 2010, Mayo 18]

Mayo 18th, 2010

 

Frank Morales:

Licenciado en Educación, mención Matemática Universidad de Los Andes. Magíster Scientarium mención Gerencia y Liderazgo Universidad Fermín Toro.

“El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”, y Don Hans Niemeyer.

 
 
 

10. Balsas de Cuero de Lobo

En esta décima entrega trataremos de un libro muy reciente, nos referimos a “El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”, originalmente aparecido en el año 2003, cuyo autor, don Oriel Álvarez Hidalgo, acaba de reeditar el año recién pasado, con el apoyo de la Agrupación de Turismo Delfines de Caleta Chañaral de Aceituno y el aporte económico del Gobierno Regional de Atacama, a través del proyecto: “Edición de libro Balsa de Cuero de lobo, como muestra del rescate del hombre y la mujer Chango” del año 2012.
Hemos elegido éste libro para la presente entrega por contener variados motivos de interés: en primer lugar porque trata de la temática indígena, que en nuestra historia matria local no ha sido suficientemente desarrollada, en segundo lugar por ser el fruto del trabajo de un autor freirinense prolífico, cuyas obras mayores serán también reseñada en el futuro cercano, y en tercer lugar por tratarse de una monografía orgullosamente de tipo familiar, que desde ese lugar íntimo aspira a realizar un aporte más amplio.
En éstas sencillas reseñas hemos venido planteando el concepto de Historia Matria o Matriohistoria, en contraposición a la historia patria o historia total; entre ambas establecemos una tensión relativa, donde nuestras preferencias se inclinan decididamente en favor de la Historia Matria, de nuestra tierra, del terruño amado, espacio físico y poético, concreto e imaginado; la historia matria es la de nuestra identidad, tiene olor, color, concretitud, es abierta e incluyente, es decir invita a otros a hacerse parte; desde un punto de vista metodológico la Historia Matria no rehúye de las crónicas familiares, a diferencia de la historia patria, que busca lo general; la historia matria nuestra asume orgullosamente las monografías personales, las fotografías de época, los diarios antiguos y actuales; la historia matria, por lo tanto, también incluye a los hechos únicos, aquellos a los que la historia total les resta importancia ya que no puede abordarlos por no ser generales; para nosotros, en cambio, el hecho único es valioso, su irrepetibilidad no es un inconveniente, al contrario, lo hace más valioso, fundante, propio, nos da sentido, identidad; es bajo esta lógica local, nuestra, como trataremos el libro “El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”.
El autor comienza su texto asumiendo que se trata de un libro patrimonial de la familia Álvarez Hidalgo, legítimos y antiguos habitantes del Huasco Profundo, cuya tronco familiar fue y sigue siendo en gran medida la Caleta Chañaral de Aceituno.
Su libro se compone de 4 capítulos, a saber: I. Introducción Histórica; II. El Último Constructor de Balsas de Chile; III. Método de Construcción de las Últimas Balsas en Caleta Chañaral de Aceituno; y IV.  Apunte de Otros Empleos de la Balsa y Relatos en la Historia de la Colonia; comentaremos cada uno de esos capítulos e iremos intentando extraer sus más notables implicancias para el conocimiento de nuestra historia matria.
En el capítulo inicial nuestro autor reseñado intenta plantear una síntesis general sobre el modo de vida prehistórico de los primeros hombres de la costa, llegados con la gran migración que produjo el poblamiento americano inicial, donde a poco andar inserta la denominación “Chango” como resultado histórico de ese modus vivendis de larga data en nuestro continente; éste es el capítulo más débil de todo su texto, debido a que intenta vanamente mezclar el discurso arqueológico con el discurso histórico, siendo disciplinas diferentes tanto en su teoría como en sus metodologías, difícilmente por ello traducibles en un discurso unitario; finalmente, y a modo de corolario Oriel Álvarez Hidalgo cita a fuentes etnohistóricas referidas a los Changos, donde se funden arqueología e historia en un maridaje nunca muy bien avenido, ya que la Etnohistoria es una rama actual de la Historia que trata sobre un período temporal arduamente disputado tanto por la historia como por la arqueología histórica, por tratarse de un período y objeto de estudio que ya cuenta con fuentes escritas generadas por los primeros cronistas españoles y luego chilenos, (Ámbito propio de la Historia), pero el sujeto investigado son indígenas que dejaron huellas materiales de su existencia desde su llegada a América hasta su extinción o pervivencia hasta el presente (Ámbito propio de la Arqueología Prehistórica e Histórica), de allí que la Etnohistoria sea una zona de intersección muy friccionada entre esas disciplinas.
Por todo lo anterior el resultado final del capítulo inicial de nuestro Oriel Álvarez Hidalgo no es satisfactorio: el autor, dentro del repertorio arqueológico cita a autores fundamentales en el desarrollo de esa disciplina en Chile, representantes del período pre científico o romántico de esa hermosa disciplina científica, tales como Ricardo Latcham (1910) y Max Uhle (1922), glorias y pioneros en el estudio de la prehistoria Chilena, pero, ambos, ampliamente superados por el ulterior desarrollo de la arqueología científica en nuestro país a partir de la década de los 60`s, teniendo como hito fundador la creación de la carrera universitaria de arqueología en la Universidad de Chile; las periodificaciones culturales y temporales postuladas por esos autores desde hace muchas décadas atrás ya no están vigentes. Por otro lado y en referencia ahora a los autores de la Historia Nacional, Oriel Álvarez Hidalgo cita a Francisco Frías y a Encina y Castedo, íconos de la Historia Patria o Nacional, quienes no hacen más que resumir las escasas certezas que se tenía de los Changos en su momento, y contribuyendo a crear nuevas mitologías simplificadoras y generalizantes sobre las identidades étnicas de Chile, utilizando conceptos étnicos equívocos, identificaciones defectuosas, en una lógica extraordinariamente errada: aquella que entiende a los indígenas viviendo con fronteras fijas, como esos mapas para niños, donde usted ve, querido lector, claramente donde vivía un pueblo y donde vivía el siguiente más al norte o al sur, como un mapamundi a colores, todo muy lejos de la forma en que los indígenas ocuparon los territorios, muchas veces entremezcladas muchas etnias y pueblos en un mismo territorio, sin la noción excluyente territorial que guía a los Estados-Nación actuales.
El segundo capítulo del texto de Oriel Álvarez Hidalgo, que como ya hemos dicho tituló “El Último Constructor de Balsas en Chile”, es una pieza hermosa sobre la historia de su familia, reconstruyendo la historia de su tronco familiar, situando en don Nicolás Vergara y en doña Emma Álvarez, sus abuelos, y en don Hilario, su bisabuelo paterno, los inicios de su notable clan familiar, todos conocedores del arte de la confección y uso de las balsas de cuero de lobo, que su padre, el personaje central de su libro, don Roberto Álvarez Álvarez, conoció también desde pequeño, y que transmitió a sus hijos, los hermanos mayores del nuestro autor reseñado y que finalmente se tradujo en la construcción de las últimas balsas de cuero de lobo que hoy existen, como testimonio de esa tecnología que los Changos utilizaron desde muy temprano en las costas del Océano Pacífico. Oriel Álvarez es muy claro en eso: su familia conservó el conocimiento de esa tecnología que provenía de los Changos, pero no decían ser pertenecedores a esa etnia; la construcción de Balsas de cuero de lobo terminó siendo una reliquia tecnológica conservada sin muchas otras referencias a la cultura Changa; que hasta hoy la cultura popular local asuma que don Roberto fue “el último Chango” no pasa de ser un muy merecido reconocimiento, aunque en realidad don Roberto fue, tal como lo plantea su hijo y autor del texto, solo el último constructor de balsas de cuero de lobo, lo que no deja de ser altamente valorable y motivo de legítimo orgullo para sus nutridos descendientes.
Este capítulo posee gran interés, ya que trata sobre la multifacética manera de habitar el territorio que los Huasquinos tenían hasta muy avanzado el siglo XX, heredada de las anteriores redes sociales, muchas de ellas nacidas en épocas netamente indígenas, basadas en un acceso a recursos diferenciados y estacionales, tanto en épocas del año como los distintos pisos altitudinales, es decir, los recursos, ya sea forrajeros, pesqueros, leñeros, hortícolas, etc., estaban repartidos de manera archipielágica en el territorio, por lo que sus habitantes podían ser pescadores, crianceros, pirquineros, trabajadores asalariados, etc., en distintos momentos, incluso de un mismo año.
La misma familia de don Roberto asume que las labores de pesca y caza de lobo marino se conjugaba con la crianza de animales caprinos, los cuáles eran incluso llevados en bote por estaciones climáticas hasta la Isla de Chañaral de Aceituno, tal vez en esos momentos ya la isla comenzó a mostrar los primeros signos de depredación en su flora nativa, patrón tan tristemente típico de la actividad criancera caprina en el norte chico. Fruto de estas redes sociales se producía el trueque de productos costeros con aquellos productos agrícolas propios de los distintos tramos del valle del Huasco, utilizándose recuas de mulas o burros,  donde los huasquinos vallunos se contactaban con los huasquinos costeños, trayendo  harina de trigo, higos secos, harina tostada, nueces, arrope, pajarete y frutas para intercambian por pescados, mariscos frescos y el famoso pan de luche; del mismo modo los propios habitantes de la costa viajaban hasta los minerales cercanos llevando pescado fresco y mariscos secos, aunque en éstos casos el intercambio era monetario.
Oriel Álvarez nos cuenta que los patrones de movilidad de los últimos navegantes en balsas de cuero de lobo en la costa del Huasco iban, al menos hasta el año 1957, desde Caleta El Sarco por el norte hasta Punta Choros por el sur, además de los sabidos viajes desde la costa hasta la isla Chañaral de Aceituno, los que eran menos frecuentes ya que tales embarcaciones no eran adecuadas para enfrentar los fuertes oleajes y vientos, por ello las embarcaciones de cuero de lobo por lo general navegaban a no más de 100 metros mar afuera de la línea costera.
En este momento el relato de Oriel Alvarez Hidalgo se centra en la aparición de una figura legendaria de la arqueología chilena: Hans Niemeyer Fernandez, uno de los fundadores de la carrera universitaria de arqueología de la Universidad de Chile en la década del 60`, siendo él mismo ingeniero civil de profesión y arqueólogo autodidacta; don Hans tuvo mucho contacto con el valle del Huasco, particularmente interesantes fueron sus trabajos sobre los Cazadores Recolectores Arcaicos de los períodos Medio y Tardío en la costa de Huasco en 1967, posteriormente la determinación de una “Fase Huasco” para la cultura Molle propia del período Agroalfarero Temprano en 1970, fruto de su conocimiento previo de túmulos funerarios en la localidad de Pinte o en la quebrada de El Durazno ya en 1955; más interesantes aún fueron sus hallazgos de conchales de filiación Inka-Diaguita, es decir, del período Agroalfarero Intermedio Tardío precisamente en la misma isla Chañaral de Aceituno y Punta Choros en 1967; siendo la excavación del cementerio Inka Diaguita de Alto del Carmen, en 1971, su trabajo más conocido. Después de su alejamiento del Huasco y su posterior muerte la arqueología de nuestra zona nunca volvió a recobrar ese vigor, los actuales estudios arqueológicos en el Huasco, en su mayoría someras líneas base ligadas a proyectos de inversión, no pasan de ser prospecciones superficiales, sin investigación, ni excavaciones, destinadas a pavimentar el camino a la rapiña mercantil.
 posteriormente fueron construidas otras Don Hans fue el artífice de que la familia Álvarez volviera a construir balsas de cuero de lobo, si bien el conocimiento académico de que esos saberes aún pervivían en la zona de Chañaral de Aceituno es algo previo, rastreable a las noticias que entregara en 1940 don Guillermo Millie, conocido vecino vallenarino y Jorge Iribarren Charlín, otra lumbrera de la arqueología del norte chico; a moción de don Hans, don Roberto Álvarez, en 1965, accedió a construirle una balsa de cuero de lobo a la usanza tradicional, recordando trabajosamente la técnica que aprendiera en su infancia directamente de su padre, don Nicolás Vergara. Don Hans en persona premunió a don Roberto con las municiones para cazar a los lobos marinos de cuya piel se construirían las balsas, práctica aún legal en aquella época y que hoy por suerte no sería posible. La balsa resultante de ese trabajo es posible de apreciar en el Museo de La Serena;réplicas a escala, como la que estuvo en poder hasta hace muy poco del Museo Provincial del Huasco, la que fue lastimosamente escamoteada por el Museo Regional de Copiapó, ante la impavidez e ignorancia de las autoridades de la gobernación local de aquel momento, quienes permitieron que esa mala gestión pública se perpetrara, privándonos de un patrimonio único, hermoso, invaluable.
El tercer capítulo está dedicado a los aspectos técnicos relacionados a la construcción de las balsas de cuero de lobo, contados por el propio don Roberto Álvarez a Hans Niemeyer quién tomó registro de aquello, donde además se integraron las enseñanzas que el constructor dio a sus hijos mayores; Oriel Álvarez Hidalgo, el penúltimo de sus 13 hijos, no fue testigo presencial de esas acciones, ya que en esa misma época se fue a estudiar a La Serena, tal vez por lo mismo y gracias a ello fue Oriel quien escribió y documentó esos saberes ancestrales, aún activos en su infancia; su acercamiento a la educación formal, si bien le privó de asistir a esos eventos claves, le proveyó el instrumental necesario para guardar la memoria de su familia y de paso rescatar una tradición naviera de clara raíz indígena. En este capítulo se describen todos las técnicas involucradas desde la caza de los lobos marinos hasta los detalles constructivos más deliciosos de cómo se hicieron esas embarcaciones; sus pormenores están contenidos en el libro, lo dejamos abierto a todos los interesados en ello, la lectura de sus páginas es realmente interesante e instructivo.
En el cuarto capítulo y final, el autor hace una sucinta revisión sobre los usos históricos de las balsas de cuero de lobo, tanto del Chile colonial como del republicano; vemos aquí, al igual que  en el primer capítulo, la parte más débil del libro comentado hoy; se rescata el uso que se hizo de las balsas de cuero de lobo en el norte grande para el acercamiento y carguío de salitre desde la costa hasta los buques; del mismo modo se hace una corta relación de algunas fuentes históricas sobre la presencia y uso de balsas de cuero de lobo en la costas chilenas: desde Pedro Mariño de Lovera en 1550, pasando por Bernabé Cobo de 1630, así como Diego Barros Arana y la famosa carta de Ambrosio O`Higgins de 1789, enviada a la Corte Española, fechada en la ciudad de La Serena, donde asume la tarea de establecer “matrículas”, censos, de éstos indígenas que vivían en las costas chilenas, diseminados, intentando así su sujeción y control. Este capítulo, que pretende darle un contexto más amplio al uso de las balsas de cuero de lobo, cuyas referencias fueron escogidas por el autor de manera tan poco exhaustiva, no aportan mucho a su entretenido libro, además de presentar algunas omisiones demasiado evidentes, como por ejemplo obviar a nuestro paladín histórico local, don Luis Joaquín Morales, quien en su fenomenal libro “Historia del Huasco” de 1896, nos cuenta sobre los Changos del valle del Huasco y los intentos locales, también por parte de Ambrosio O`Higgins, por sedentarizarlos y reconvertirlos en agricultores, obteniendo en ello resultados menos que regulares, el propio Luis Joaquín Morales hace referencia a Joaco Torres “Indígena de moño, como los de antes”; otra omisión relevante y también cercana a nuestra zona es la famosa pintura de Mauricio Rugendas, que retrató la bahía de Coquimbo con presencia de balsas de cuero de lobo, en una época apenas anterior al surgimiento de la fotografía en Chile, por lo que Rugendas rescató en sus pinturas no solo a los changos, sino que a buena parte de la historia de los orígenes republicanos de Chile y su cultura.
En síntesis, el libro “El Ultimo Constructor de Balsas de Cuero de Lobo” nos parece muy interesante, ya que constituye una monografía familiar bien cuidada, con excelentes fotografías antiguas, un homenaje de un miembro de su familia a su tronco genealógico, depositario éste de los saberes constructivos navieros de la desaparecida cultura changa que habitó las costas de Chile y Perú por siglos, en ese contexto nos parece un bello aporte a la historia matria, a nuestra identidad multiforme, más allá de que al centrase solo en la familia Álvarez no menciona a otros constructores de balsas de cuero de lobo también locales, como los de Cruz Grande, contemporáneos a los de Chañaral de Aceituno y sobre quienes nos hubiera gustado saber algo más.
El autor comete errores al intentar inscribir su historia familiar dentro de un relato más amplio, nacional, en especial cuando intenta ir más allá de la construcción de la balsa de cuero de lobo y adentrarse en la cultura de Los Changos, cultura poco estudiada y poco esclarecida en la antropología y arqueología chilena, muchas veces confundida con otras identidades étnicas, en ese intento nuestro autor local, como muchos otros, fracasa lamentablemente; confunde la milenaria tradición naviera americana, nacida en los primeros habitantes paleoindios que llegan al continente vía Estrecho de Bering, que fueron, ahora lo sabemos, navegantes costeros más que caminantes nómades, con los últimos vestigios de esa tradición, que en tiempos históricos, muy actuales, llamamos tentativamente Changos; esa larga tradición indígena de adaptaciones al modo de vida marítimo estuvo presente en todos los períodos arqueológicos desde los últimos 14.000 años en Chile; más aún, los distintos reinos o señoríos altiplánicos también tuvieron sus propias colonias costeras, enclaves de esos proto-imperios altiplánicos establecidos en las costas, buscando tener acceso también a los recursos del mar, por lo que esas culturas, distintas, se mezclaron y volvieron a mezclar muchas veces, por ello lo que hoy llamamos como “Changos Históricos” no corresponde a un único pueblo indígena, ni siquiera a un pueblo, sino que a una simplificación conceptual para referirse a los remanentes de muchos pueblos indígenas costeros y no costeros mezclados entre sí, relictuales de un modo de vida que perduró por miles de años en las costas y al que muchas culturas, incluso agropecuarias de tierra adentro, como Diaguitas e Inkas, adoptaron total o parcialmente.
En el Huasco, en este territorio amplio que es mucho más que el valle geográfico mismo, en nuestro terruño, el fenómeno de los Changos se ha estudiado muy poco, a pesar de que sus últimos representantes perduraron hasta ya establecida la República, es por ello que el libro de Oriel Alvarez Hidalgo, a pesar de sus imprecisiones, insuficiencias y sus desiguales capítulos, nos sigue pareciendo meritorio, un justo homenaje de un hijo pródigo a su familia, huasquinos profundos, de Chañaral de Aceituno, emparentados con los troncos más antiguos de la zona, el solo hecho de poder aunque sea asomarnos a conocer un poco de su forma de vida, su percepción de los espacios, del territorio, de sus redes sociales, familiares, comerciales, etc., constituye ya una pieza valiosa para ir armando el aún misterioso mosaico humano del Huasco, variopinto, diverso, laborioso, polifacético y cautivante.

Ficha Técnica.
-Libro: “El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”.
-Autor: Oriel Álvarez Hidalgo.
-Primera edición, año 2003, Segunda Edición, 2012, Ediciones Mediodía en Punto, Vallenar.
-Precio referencial: $ 7.000

Franko Urqueta Torrejón, Taller Cultural José Martí, Pueblo Hundido, invierno de 2013.
E-Mail: culturadiaguita2006@gmail.com
En Twitter: @FURQUETA

UN MANUAL PARA PUBLICAR: TESIS,PAPERS, INVESTIGACIONES

A Manual for Writers of Research Papers, Theses, and Dissertations

of Research Papers, Theses,
and Dissertations

Chicago Style for Students & Researchers

Revised by Wayne C. Booth, Gregory Colomb, Joseph M. Williams,
and the University of Chicago Press Editorial Staff

book coverThe gold standard for generations, fully revised for today’s writers and researchers.

Kate Turabian literally wrote the book on the successful completion and submission of the student paper. Her Manual for Writers of Research Papers, Theses, and Dissertations, created from her years of experience with research projects across all fields, has sold more than nine million copies since it was first published in 1937.

Now in its eighth edition, the manual has been fully updated to align with the sixteenth edition of The Chicago Manual of Style and to address the growing role of digital sources on academic research, while retaining its familiar three-part structure:

  • A thorough introduction to the steps in the research and writing process, including formulating questions, reading critically, building arguments, and revising drafts
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  • Comprehensive guidance on all matters of editorial style, with recommendations on punctuation, capitalization, spelling, abbreviations, table formatting, and the use of quotations

With an appendix on paper format and submission that has been vetted by dissertation officials from across the country and a bibliography with the most up-to-date listing of critical resources available, A Manual for Writers remains the essential resource for students and their teachers.

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Hij@s del Exilio. Doble Castigo

Doble Castigo: Los Hijos del Destierro

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por Leonor Quinteros Ochoa (*).

La conducción de vida de la mayoría de las personas se caracteriza principalmente por rutinas diarias, que le conceden al diario vivir estabilidad y permanencia.


Cuando los seres humanos son puesto bajo presión frente a catástrofes naturales, sociales, económicas o políticas, deben dejar el ambiente que les es familiar para internarse en contextos sociales desconocidos. Se quiebran las rutinas y se debe hacer esfuerzos por adaptarse a nuevos modelos de gestión de la vida familiar. Un ejemplo de aquello es el destino de las familias chilenas, que tuvieron que dejar el país forzadamente tras el golpe de estado en Chile.

Las dificultades que trae consigo llevar una vida en un país desconocido y extraño se han detallado en varios relatos autobiográficos y estudios académicos. Sin embargo, la mirada se centra principalmente en los individuos, en su mayoría hombres. El destino de los demás miembros de la familia no ha sido considerado con mayor profundidad.

En el siguiente estudio se ofrecen los resultados de una investigación sobre las familias exiliadas en Alemania (tanto en la República Democrática Alemana como en la Alemania Federal), con especial énfasis en la compleja situación biográfica de los hijos e hijas de los chilenos y chilenas exiliadas (1).

Gestión de vida durante el exilio en Alemania

Tras el golpe de estado el 11 de septiembre de 1973 del general Augusto Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende, comienza para muchos chilenos una dolorosa partida al exilio. Se estima que desde 1973 a 1989 tuvieron que dejar por fuerza mayor el país alrededor de 1.600.000 personas.

Más de la mitad de los exiliados tenían entre 25 y 35 años y estaban casados (Norambuena 2000). Muchas familias se fueron juntos al exilio, lo que lleva a Gaillard (1992) a definir el exilio chileno como un “exilio familiar“.

Los entrevistados que vivieron el golpe de estado a temprana edad recuerdan el evento como un episodio traumático. Muchos pasaron por la experiencia de traición, abandono e incluso robo de bienes familiares de parte de otros miembros de la familia y vecinos. Fue también el inicio de una larga separación con los abuelos, amigos de infancia y otros miembros de la familia que previo al golpe eran cercanos.

Comienza un largo viaje para estas jóvenes familias, sin saber qué podría pasar en un futuro lejano y cercano. Se fueron llevando lo que podían cargar, y dependieron en gran medida de la ayuda de los grupos de solidaridad por Chile en Alemania, del Estado alemán, y de organismos internacionales como la ACNUR.

Los modelos de vida conocidos y familiares ya no existen en Alemania. Con dificultad logran los jóvenes padres y madres desarrollar una vida familiar estable. Muchos adultos sufren las consecuencias psicológicas del desarraigo, y concentran toda su energía en la idea de un pronto regreso; cuestión que también influye en el desgano y apatía en aprender el idioma alemán.

De esta “falta de habla” de los padres exiliados, resulta también una “pérdida de orientación” en el extranjero (Schimpf-Herken 1992).

De a poco se van integrando las madres y padres chilenos exiliados en Alemania. Estudian, trabajan o se dedican a las labores del hogar. Muchas madres exiliadas deben enfrentar una doble carga: Dado a la impronta cultural de roles de género se hacen cargo de las labores del hogar y trabajan remuneradamente en diferentes lugares.

Sin el apoyo de las redes y familia extendida chilena, muchas mujeres sufren depresión y estrés (Rebolledo 2003; Maurin 2005: 350-353). Debido a la fuerte orientación psicológica y social hacia el regreso a Chile, había una tercera actividad que demandó trabajo y dedicación: la continuación de las actividades políticas en el exilio.

Se organizan toda clase de eventos sociales y políticos tanto dentro y fuera de Alemania, para continuar la lucha contra la dictadura en Chile. Sobre todo los hombres dedican gran parte de su tiempo a estos eventos; muchos de los entrevistados confiesan haber visto muy poco a sus papás en la vida familiar cotidiana.

Debido a todas las actividades de los padres y de las madres, los hijos e hijas se educan y desarrollan en Alemania con bastante libertad e independencia. Aprovechan todas las ofertas que ofrece el Estado alemán: asisten regularmente a colegios, guarderías, eventos infantiles y excursiones. Muchos pasan largas horas junto con otros niños y otras familias.

Martin lo explica de la siguiente manera:

“Apenas veía a mis viejos por sus actividades políticas, prácticamente sólo los fines de semana, mis padres descansaron en el Estado“.

Las competencias y habilidades sociales de los hijos e hijas se transformaron en un factor de gran importancia dentro de la familia. Se convirtieron en protectores y lobistas para sus padres y hermanos menores. Les explican y aclaran a los padres los códigos culturales alemanes, los acompañan hacer trámites, al supermercado, al médico, son traductores de sus padres en los colegios, con los vecinos alemanes, con las autoridades.

Traducen textos políticos y se hacen parte de las actividades e ideas políticas de sus padres.

De este modo los hijos e hijas de los exiliados chilenos ejercen un rol central y activo en la gestión de vida de las familias exiliadas. Se integran muy bien y rápidamente en Alemania (Espina/Sanhueza 2014), y obtienen pronto una autonomía relativa en la vida cotidiana alemana.

Su rápida adaptación los convierte en creadores de su propia autonomía. De ahí que no es extraño corroborar que efectivamente, el tiempo en el exilio es evaluado positivamente por los entrevistados. Años más tarde, ya en Chile, recuerdan sin excepción con nostalgia y mucho cariño su infancia en Alemania.

La relación con la familia extendida chilena

Uno de los objetivos afectivos más importantes durante el exilio fue el mantener un vínculo con la familia extendida chilena, a pesar de la distancia. Antes del golpe de estado, la familia cumplía un rol social y cultural relevante en el desarrollo de la vida cotidiana (Rebolledo: 2005).

Muchas decisiones y procesos de vida familiar se realizan y se acuerdan en conjunto con la familia extendida. Para mantener el amor y el espíritu de la “gran familia chilena“, se realizan una serie de actividades cotidianas durante el exilio: cartas, postales paquetes con productos chilenos, envío de casetes con la voz de los abuelos, primos y amigos entre otros.

Es así como los hijos e hijas desarrollan un imaginario panegírico social y cultural sobre Chile y su familia.

Sin embargo, estos actos simbólicos no suplen la pérdida de la convivencia diaria con la familia extendida. Como los otros miembros de la familia no viven en el exilio, sino que en Chile, se les hace necesario a los hijos e hijas el crear una familia “de repuesto” durante el exilio.

Los entrevistados hablan de tíos, tías, y sobre todo, abuelas y abuelos que no son parientes sanguíneos directos, pero que en la práctica cotidiana asumen tareas familiares, apoyando así la estadía durante el exilio de toda la familia chilena.

Cualquiera puede ser potencialmente un “familiar de repuesto“; sólo debe existir un vínculo, cercanía y sobre todo, vida cotidiana. Vecinos alemanes, amigos y amigas de los padres exiliados, también otros chilenos o latinoamericanos. Marco afirma al respecto:

“Yo pienso que todos los que vivieron con nosotros en Alemania y que estaban para nosotros, eran nuestra familia. Todos”.

Los límites entre familia y otras comunidades se desvanecen de este modo, así como la gestión de vida familiar y no-familiar. La principal razón por establecer una “familia de repuesto” es la necesidad afectiva, pero también se transforma en una importante fuente de confianza y conocimiento sobre costumbres alemanas y/o latinoamericanas.

Los entrevistados afirman haber tomado la iniciativa. Están convencidos que fueron protagonistas en la creación de estos nuevos lazos familiares. Tanja lo explica de la siguiente manera:

“No estoy segura si realmente extrañé a mis abuelos en Chile, o que me hicieron falta. Nunca sentí que los echaba de menos, porque en barrio donde vivía había mucha gente viejita (…) yo tomé la iniciativa, me refiero a adoptar a una abuela y un abuelo. Yo adopté… así lo digo, ¿me entiendes? Nunca fuimos niños débiles en el exilio. “

Expresiones similares realizan otros entrevistados. El acto de adoptar se relaciona normalmente con una actividad que realizan personas adultas; sin embargo, los hijos e hijas del exilio califican esta actividad como una capacidad de producción propia, y de la cual se sienten orgullosos.

Se puede distinguir con claridad que los hijos e hijas tuvieron un rol central para la gestión de vida familiar en el exilio. La capacidad de adaptación e integración en la sociedad alemana fueron imprescindibles para una vida cotidiana estable y una transformación exitosa en la gestión de vida durante el exilio.

Sin embargo, tal éxito no se observa al regresar a Chile, como se expondrá a continuación.

La experiencia del regreso a Chile

En 1983 se le permite oficialmente el regreso a un grupo de exiliados, y una vez finalizada la dictadura militar regresa en 1989 una gran parte de los exiliados a Chile.

Muchas esperanzas se truncan al volver a un Chile prácticamente desconocido y cambiado, y la reintegración se ve dificultada por problemas económicos y sociales. (Pinto 2013; Maureira 2014).

La ética matrimonial “juntos en el exilio” pierde sentido en Chile y muchos padres y madres exiliadas se separan en suelo chileno. Los conflictos familiares, las dificultades económicas aumentan; pero a pesar de todo aquello, aun así el regreso significó para la mayoría de los padres y madres un alivio, pues terminaban años de desarraigo, nostalgia y lejanía con la familia y seres queridos.

Sin embargo, el regreso se desarrolla de una manera diferente en las biografías de los hijos e hijas de exiliados chilenos. Comienza el exilio de los hijos e hijas, al abandonar Alemania, el lugar donde se habían educado y formado sus primeras amistades y vínculos significativos.

Muchas veces contra la voluntad de los adolescentes, niños y niñas, se abandonan amigos y las familias “de repuesto” de un día a otro.

El quiebre radical que sufrieran los padres al partir al destierro se repite nuevamente, esta vez, sobre todo para los hijos e hijas de los exiliados. Hasta el día de hoy, la mayoría de los entrevistados recuerda el regreso a Chile como una experiencia difícil y dolorosa.

Describen el regreso sobre todo como una experiencia de pérdida: se pierde el contexto social familiar, se pierden vínculos con seres queridos; grupos de amigos, tan importante en la adolescencia; y deben hacer esfuerzos por cambiar o erradicar competencias y habilidades aprendidas, puesto que en Chile, éstas pierden sentido cultural y social.

Los hijos e hijas regresan o “llegan” a Chile con un nivel de español deficiente o nulo, no conocen los códigos culturales chilenos. Muchos nacieron en Alemania y nunca tuvieron un contacto significativo con Chile, su cultura y gente.

La autonomía que vivían en Alemania se pierde: ahora, en edad adolescente o pre-adolescente dependen de la ayuda de terceros para adaptarse a Chile, y sólo cuentan con sus padres; pues el resto de las personas sólo las conocen por cartas o fotografías.

Necesitan el apoyo de sus padres, que están viviendo sus propias crisis debido al regreso a un Chile nuevo, que poco tiene que ver con el país que dejaron años atrás. No todos los padres retornados están en condiciones psicológicas, sociales y económicas para atender a sus hijos e hijas, pues viven sus propios problemas de adaptación.

Los hijos e hijas comienzan a sentirse solos e incomprendidos

En Alemania los hijos e hijas crecieron imaginando Chile a través de vivas fantasías. Chile un país dictatorial y cruel, pero también con una idílica naturaleza, cultura y convivencia familiar (Jedlicki 2014).

Una entrevistada, Dominique conceptualiza la nostalgia vivida durante el exilio como un “romanticismo de cordillera“.

Desde el punto de vista social, las expectativas relacionadas con este imaginario no se cumplieron con el regreso. La familia extendida no coincide con el imaginario infantil creado durante el exilio. Los entrevistados se encuentran con familiares que eran abiertamente pinochetistas o de derecha, y que se molestan por la forma de vestirse, de hablar y comportarse de los niños y adolescentes recién llegados.

Se les exige a los entrevistados comportarse y hablar como “chilenos“.

Esta exigencia, directa o a veces sutil y encubierta es considerada dolorosa por la mayoría de los entrevistados. Todavía en plena dictadura, muchos padres retornados les exigen a sus hijos ocultar su estadía en Alemania y negar que estuvieron en el exilio, por temor a represalias, especialmente los hijos e hijas que vivieron en la RDA.

A otros entrevistados se les exige dejar de hablar alemán, “porque son chilenos“y a comportarse como tales. Muchos entrevistados recuerdan haber sufrido burlas de parte de familiares y compañeros de colegio por su modo de hablar y de vestirse.

Esta situación lleva a tensiones y conflictos dentro de la familia; y muchos hijos e hijas optan por alejarse de la familia extendida chilena y refugiarse en el amor hacia su madre y padre, únicos testigos de su estadía en el exilio y de su infancia en Alemania. Otros entrevistados mantienen hoy contacto con su familia extendida, pero reconocen no sentir vínculos emocionales muy fuertes o significativos.

De modo que tras el regreso no es posible reactivar automáticamente las relaciones familiares extendidas, y la construcción de una gestión de vida familiar extendida no siempre resulta posible; todo esto a pesar de los esfuerzos por mantener los lazos afectivos con la familia chilena durante el exilio.

Por lo tanto, el vínculo sanguíneo familiar por sí mismo no lleva a una reintegración y establecimientos de vínculos afectivos per se. Las partes familiares realizaron su gestión de vida separados, alejados; y tras el regreso no se pudo compensar esta ausencia de manera automática.

La gestión de vida individual y familiar de toda la composición familiar no pudieron ser unidas sólo por estar basadas en “lazos sanguíneos“.

Tras el regreso aumentan los problemas de identidad y la dificultad para adaptarse en la vida cotidiana chilena. Prácticamente todos los entrevistados usan la misma palabra para expresar este sentimiento: el sentirse “raros“o “extraterrestres“ en relación a su familia chilena.

Tras algún período de fallidos intentos por adaptarse a Chile, muchos deciden regresar a Alemania, y optan por un quiebre radical con la familia chilena. Otros permanecen en Chile, pero sólo logran una adaptación relativa tras mucho esfuerzo. Una integración satisfactoria, desde el punto de vista subjetivo, no se logra cumplir en la mayoría de los entrevistados. Casi todos siempre tienen en mente la posibilidad de emigrar de Chile, o emprender una nueva vida en otro lugar.

Muchos hijos e hijas de exiliados chilenos en Alemania llevan heridas profundas y difíciles de describir por ellos mismos. Dieciocho entrevistados llevan años de tratamiento psicológico. Sus diagnósticos son diversos: depresión, síndrome de ansiedad, síndrome de Ulises entre otros.

Algunos son tratados con psicotrópicos para combatir estados de depresión, en otros se constata un consumo regular a intensivo de marihuana. Un tercio de los entrevistados sufre o sufrió una enfermedad autoinmune, que adquirieron de niños o adolescentes tras el regreso a Chile. Un claro reflejo de las dificultades por adaptarse a una vida normal en Chile.

Esta situación coincide con los estudios del PIDEE en los años 80 en Chile, donde se pudo constatar que existían hijos e hijas de retornados chilenos que sufrían de enfermedades psicosomáticas y depresión infantil y adolescente (Baeza 1989).

Dominique, quien falleció debido al Lupus, una enfermedad autoinmune me explica su experiencia llorando:

“Es un sentimiento de sobrevivencia. Hice de todo, traté hacer de todo para adaptarme (…) Intenté todo lo posible (…) En algún momento sentí que ya no me iba a adaptar, sufro un quiebre emocional, y comienza mi enfermedad. Porque te sientes sola en la familia, incomprendida, extraterrestre”.

Dominique no logra activar el sentido de una gestión de vida funcional en Chile tras el regreso. Fallece en marzo de 2018 en Santiago debido a las consecuencias del destierro. En el presente artículo quiero recordarla (2).

Experiencias similares, sin consecuencias tan nefastas sufren o sufrieron muchos entrevistados. Reflexionan a menudo cómo habría sido su vida sin exilio, cómo habría sido vivir una identidad chilena si no hubiese habido un golpe de Estado, cómo habría sido una infancia en Chile, junto a todos los miembros familiares.

Su lenguaje y pensamiento es de tipo condicional, y esto se aprecia al revisar el uso del lenguaje de los entrevistados al momento de la entrevista. Sin embargo, también hay otros entrevistados que entienden su “rareza” como un factor positivo.

Se definen como personas cosmopolitas e independientes. La experiencia de haber creado una familia “adoptiva” en el exilio los lleva a una definición de familia no-tradicional. Casi todos los entrevistados ejercen actividades solidarias, culturales y políticas a través de sus profesiones y oficios. Alejandra lo explica de la siguiente manera:

“Creo que todos nosotros, sin importar donde estemos, en nuestros trabajos y profesiones (…) somos sujetos pensantes, críticos, y educamos hijos valiosos, multiculturales, que serán un aporte para la sociedad (…). Aprendimos a ser siempre solidarios, de ayudar, de hacer un aporte, sin importar donde estemos“.

A pesar de las experiencias dolorosas del destierro y la negación del derecho de vivir, crecer y educarse junto a la familia chilena, los entrevistados no niegan la experiencia vivida; es reconocido y se asume plenamente por todos los entrevistados.

La identidad cosmopolita de los hijos e hijas de exiliados traspasa los límites de las fronteras y de los lazos sanguíneos.

En perspectiva

Los estudios recientes sobre gestión de vida se han basado en modelos estables y demarcados. Se han invisibilizado los desafíos relacionados con cambios extremos productos de la migración y el exilio.

El estudio aquí presentado se basa en los testimonios de hijos e hijas de exiliados chilenos que vivieron entre 10 y 15 años en Alemania (RFA y RDA), donde pasaron toda su infancia.

El estudio logra demostrar, que los niños desarrollan durante el exilio capacidades que han sido subestimadas; pues apoyaron activamente la gestión de vida familiar durante el exilio, colaborando así con la formación de una nueva vida familiar en el destierro.

Asimismo, por su capacidad de crear lazos con familias “de repuesto“ al “adoptar“ activamente adultos alemanes y latinoamericanos, contribuyeron en la creación de una familia extendida en el exilio, más allá de los lazos sanguíneos.

Se puede agregar, que la inserción en la vida cotidiana alemana fue facilitada por el apoyo incondicional de los grupos de solidaridad por Chile en dichos países. Hasta hoy los contactos y el afecto continúan.

El apoyo recibido es recordado positivamente por los hijos e hijas del exilio, lo que también explica la importancia de una política actual de una “cultura de bienvenida” en el manejo de refugiados en Europa. Demuestra los efectos positivos para las familias refugiadas a largo plazo.

(*) Socióloga Mg. en Teoría Social, Universidad Arturo Prat, Iquique, Chile. La autora vivió su infancia en la RFA, desde 1977 a 1985 en la ciudad de Tubinga. Su padre fue liberado de la prisión perpetua gracias a la acción solidaria del filósofo alemán Ernst Bloch.

Artículo publicado por la revista alemana “Zeitpolitisches Magazin”, julio 2018.

Fuente: Alainet

Notas:

1. El estudio se realizó en una estadía de seis meses en el Instituto de la Juventud en Múnich en 2017 (DJI) bajo guía de la Dr. Karin Jurczyk. El estudio se basa en 19 entrevistas retrospectivas de hijos e hijas de exiliados chilenos, que nacieron en Alemania occidental y oriental, o que llegaron antes de los 10 años de edad a esos países tras el golpe de estado de 1973. Hoy viven en Alemania o en Chile, respectivamente. Las entrevistas se realizaron tanto en Chile como en Alemania y se analizó su contenido bajo la perspectiva teórica „Doing Family“ (Jurczyk/Lange/Thiessen 2014).

2. Dominique fue gestora de la fundación del grupo de hijas e hijos del exilio, un foro de hijos e hijas de exiliados chilenos, quienes hoy se constituyeron como ONG hace algunos meses atrás. (https://www.facebook.com/groups/1463165160415970/).

Bibliografía

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Voß, G. Günter / Weihrich, Margit (Hg.): Tagaus tagein. Neue Beiträge zur Soziologie alltäglicher Lebensführung. München und Mering: Rainer Hampp Verlag.

“Treasures Decoded” Easter Island Heads

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Memorias y transmisiones: experiencias migratorias en México, Haití y Centroamérica

El Instituto de las Américas es una Agrupación de Interés Científico (Groupement d’intérêt scientifique o GIS por su sigla en francés) que federa los estudios franceses sobre el continente americano en ciencias humanas y sociales. Su organización como red le permite asociar profesores, investigadores y expertos de la información científica, socios no académicos de los círculos económicos, políticos y de medios de comunicación. El Instituto promueve diferentes enfoques científicos en una perspectiva comparatista, transamericana y transdisciplinaria, contribuyendo así a la emergencia de nuevas problemáticas y a la afirmación de la excelencia francesa en la investigación y de los estudios superiores.

Semana de América Latina y del Caribe

Antiguamente Jornada de América Latina y del Caribe creado en 2011 por el Senado francés, la Semana de América Latina y del Caribe se oficializó tal cual en 2014, llevado a cabo cada año con el soporte del ministerio francés de Asuntos Exteriores. En 2019 se celebrará su sexto aniversario, dónde se organizarán manifestaciones científicas y artísticas en toda Francia y en México del 23 de mayo al 8 de junio. De tal manera, el objetivo de esta Semana es el de celebrar las relaciones entre Francia y el continente americano destacando el trabajo en diversas disciplinas: economía, investigación científica, cultura, educación, historia, literatura.

El Centro de Estudios Mexicanos y Centro-Americanos

Creado en 1983, el CEMCA, Unidad Mixta de los Institutos Franceses de Investigación en el Extranjero (UMIFRE 16), comporta dos tutelas: la del Ministerio de Europa y de Asuntos Extranjeros (MEAE) y la del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS). Su sede principal se encuentra en la Ciudad de México y su antena en la ciudad de Guatemala. Actualmente, agrupa a 5 investigadores estatutarios de tiempo completo, 30 doctorandos afiliados y más de 40 investigadores asociados. Junto con su equipo administrativo, el CEMCA funge como un apoyo a la investigación ya sea en antropología, sociología, historia, historia del arte o arqueología, y como una base logística para todos los investigadores y todas las instituciones francesas y extranjeras que deseen utilizar sus servicios. El CEMCA también es una casa editorial que publica coediciones con universidades y centros de investigación mexicanos y centroamericanos.

Ponentes invitados

10h – 12h Presentación/Debate del libro “Sobrevivientes. Ciudadanos del mundo” de Pascal Ustin Dubuisson.

Pascal Ustin Dubuisson es un joven escritor de 25 años, originario de Puerto Príncipe, Haití. En 2016, emprende un largo periplo cuyo objetivo es alcanzar Estados Unidos. Esta travesía lo hará recorrer diez países latinoamericanos. Frente a un contexto de políticas migratorias restrictivas y sin más opciones para cruzar la frontera, el autor y varios compatriotas acaban instalándose en Tijuana. De ahí empezará la escritura de su libro «Sobrevivientes, ciudadanos del mundo», una manera de sublimar su propia experiencia migratoria. El libro se transforma entonces en un testimonio individual y colectivo de la migración haitiana en México. Fue escrito en francés y traducido al creole y español. Actualmente se encuentra en proceso de traducción al inglés. Pascal es organizador comunitario y activista en la organización Espacio Migrante. Actualmente se prepara para regresar a la universidad y estudiar negocios internacionales en Tijuana. También es el padre de un maravilloso Tijuanense. Vive en Rosarito con su hijo de 9 meses y su pareja.

15h- 17h Proyección/Debate del documental “Down The Line” de Michelle Salord

Estudiante de doctorado franco-mexicana en sociología y antropología visual y coordinadora del polo México del Instituto de las Américas, Michelle Salord hace una tesis sobre migraciones centroamericanas en México y procesos de asentamiento en la Universidad Paris 7 – URMIS. De una familia multicultural y bilingüe, se orientó rápidamente hacia las temáticas en torno a la migración que pudo trabajar a lo largo de su formación académica y experiencia laboral. Tras una formación clásica en sociología y en antropología en Burdeos y un master especializado en “migraciones y relaciones interétnicas” en la universidad de Paris 7, decide integrar una nueva formación en antropología visual que la prepara a la realización documental y a los dispositivos ligeros de rodaje. Paralelamente, trabajó en el Comité del Film Etnográfico, ubicado en el museo del Hombre en Paris y fundado por el cineasta y antropólogo francés Jean Rouch, donde descubre la obra del cineasta antropólogo francés y ayuda en la organización del Festival Internacional Jean Rouch. De esas experiencias vendrá su primer documental «Down The Line », realizado en un albergue de migrantes en el sur de México y hecho con la colaboración de varios migrantes centroamericanos viviendo temporalmente en el albergue.

Museo Memoria y Tolerancia

Revista Encartes. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS)

Encartes es una revista digital multimedia en ciencias sociales del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), de El Colegio de la Frontera Norte (El Colef) y de Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) cuyo fin es la publicación de artículos y reseñas que sean producto de investigación y aporten resultados originales a este campo. Su publicación será semestral, publicando un número non en primavera y un par en otoño. Se prevé difundir los resultados de investigación en diferentes registros audiovisuales y multimedia; alentar la publicación de ensayos científicos multi-códigos, y construir un espacio virtual que genere foros de debate interdisciplinarios. Su diseño, aunque novedoso, responde a los índices de indexación de conacyt e internacionales. La publicación de este material está sujeta a un arbitraje riguroso, científico e imparcial. Asimismo, la revista cuenta con un foro para el diálogo y discusión científica con otras disciplinas y saberes que procuran la difusión amplia del conocimiento científico.

Las nuevas plataformas electrónicas pueden ser aprovechadas para publicar incorporando lenguajes, géneros y formas de interacción innovadoras. Encartes integra diversos registros etnográficos a los que recurren los antropólogos en sus procesos de investigación, incluyendo el material audiovisual (grabaciones de audio, videos o fotografías) que al ser encartados complementan el material de la revista.

Nuestra visión

Nos proponemos hacer de Encartes una alternativa a las revistas existentes en ciencias sociales de lengua hispana enlazando la palabra y la imagen en un novedoso esfuerzo por ampliar los ámbitos de los diálogos y debates académicos, que consideramos son fuentes de estímulo para la producción de conocimiento. Contemplamos hacer uso de las ofertas tecnológicas contemporáneas para lograr establecer un puente entre generaciones académicas de lecto-escritura y de producción y lectura de la imagen. Al encartar, incluimos, porque el diálogo ha de reunir a todas las voces si se quiere que cumpla sus propósitos de abrir y ampliar los horizontes de la creación. Con estos propósitos de incluir y acompañar inicia su camino la revista.

“Abriendo el “abanico de color” de la resistencia femenina: prisión política, tortura y mujeres en Chile”

Abriendo el “abanico de color” de la resistencia femenina: prisión política, tortura y mujeres en Chile”

Patricia Herrera fue detenida el 27 de junio de 1974, tenía 20 años y era estudiante universitaria. Pasó por los centros clandestinos de la detención Londres 38, Cuatro Álamos y Tres Álamos en Santiago, lugares donde fue brutalmente torturada, y posteriormente fue forzada a salir al exilio. El 10 de diciembre de 2010, Herrera, con la organización feminista Humanas, presentó una querella por tortura sexual, el primero de su tipo en Chile. En esa ocasión sostuvo: “no sólo es conmigo, es con las mujeres que pasaron las torturas y que hoy son detenidas desaparecidas, por lo que para mí es un compromiso de por vida”; su abogada, Camila Maturana agregó: “Es necesario visibilizar esta problemática que ha estado oculta. Esto es muy delicado. La forma de violencia que vivieron ellas es extremadamente cruel y personal. No es fácil hacer lo que Patricia hace hoy día, es una mujer muy valiente”.1

Recientemente, el 28 de mayo de 2014, Nieves Ayress, Alejandra Holzapfel, Soledad Castillo y Nora Brito – con el apoyo de la Corporación Parque de la Paz Villa Grimaldi – presentaron otra querella, esta vez por violencia sexual política, que también fue acogida por tribunales. Estas nuevas querellas y la atención mediática que han generado demuestran claramente que ya estamos hablando, y cada día más, del tema de la tortura sexual en Chile. No obstante, los textos sobre la tortura ejercida en contra de las mujeres han tendido a ser mayoritariamente descriptivos, una denuncia. Aquí rescataremos en algo el tono de denuncia que tienen los testimonios de las mujeres sobrevivientes 22 de la tortura en Chile, particularmente sus perspectivas en cuanto la manera en que esa tortura fue generizada y sexualizada, como también presentaremos un argumento coherente y constante con respecto a las variadas estrategias, individuales y colectivas, que las mujeres utilizaron a la hora de resistir la tortura, incluso en las situaciones más límites. No obstante, es también importante recordar, a la misma vez, que no todas las “resistencias” eran siempre del mismo grado, ni tampoco que todas las mujeres necesariamente “resistieron”. También hubo instancias de negociación, cooptación, y abierta colaboración; como señala Pilar Calveiro: “...la oposición entre el héroe y el traidor es una oposición falsa, más que por injusta, porque sencillamente resulta insuficiente para describir la complejidad del problema. No hay aquí una gama de grises sino todo un abanico de color que incluye muchos otros tonos.”3 De esta manera, exploraremos las complejas, y a veces contradictorias, memorias de las mujeres sobrevivientes de la prisión política en Chile durante la dictadura.

Ahora, antes de trabajar las narrativas de las mujeres sobrevivientes es necesario aclarar algunos de las premisas teóricas que guían nuestro análisis, como también revisar el estado de arte que existe en torno a las temáticas de la “nueva izquierda”, la prisión política, y el género. En primer lugar, es menester entrar a definir con más precisión qué queremos decir a la hora de hablar de “resistencia” dentro del contexto de la prisión política. De manera más general, es común asociar el término “resistencia” con actos de carácter popular de lucha, en gran parte debido a la influencia marxista y gramsciana, donde existen políticas y culturas de “dominación” (hegemónicas; de élites) y “resistencia” (contra hegemónicas; del pueblo/lo subalterno). Esta tendencia tiene raíces, además, en las luchas anti-fascistas en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, que se llamaban derechamente “La Resistencia” en países como Francia e Italia. Durante los años 60 y 70 – y dentro de un contexto mundial donde se fue rápidamente expandiendo distintas formas de guerra de guerrillas y luchas anti-coloniales – “resistencia” también solía ser ocupada como eufemismo de “violencia justa”. Así una serie de pensadores de izquierda – muchos de los cuales también fueron militantes activos, como Frantz Fanon, Che Guevara, Regis Debray, Jean-Paul Sartre y AntonioNegri – inspiraban una generación entera en diferentes continentes con la posibilidad de doblarle la mano a la dominación hegemónica capitalista e imperialista a través de la resistencia, o “poder”, popular. En las palabras de Fanon: “En la descolonización hay, pues, exigencia de un replanteamiento integral de la situación colonial. Su definición puede encontrarse, si se quiere describirla con precisión, en la frase bien conocida: “los últimos serán los primeros”. La descolonización es la comprobación de esa frase. Por eso, en el plano de la rescripción, toda descolonización es un logro. Expuesta en su desnudez, la descolonización permite adivinar a través de todos sus poros, balas sangrientas, cuchillos sangrientos. Porque si los últimos deben ser los primeros, no puede ser sino tras un afrontamiento decisivo y a muerte de los dos protagonistas. Esa voluntad afirmada de hacer pasar a los últimos a la cabeza de la fila, de hacerlos subir a un ritmo (demasiado rápido, dicen algunos) los famosos escalones que definen a una sociedad organizada, no puede triunfar sino cuando se colocan en la balanza todos los medios incluida, por supuesto, la violencia.”4

Durante los años 70 y 80 en muchos países latinoamericanos también se hacía referencia a una “resistencia” organizada a los regímenes autoritarios. Pero en el contexto de la persecución masiva y el autoritarismo, estas resistencias asumían diferentes formas y se canalizaban a través de diferentes discursos y prácticas. Mientras algunos grupos, como el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) en Chile seguían una línea similar a los grupos armados de los años 60 y 70 – proponiendo una insurrección popular y un fin a la dictadura vía las armas ‒, esto no fue la norma. De hecho, en este período es más común asociar la “resistencia” a las dictaduras con las tácticas de la no-violencia activa y los movimientos sociales, particularmente los grupos de derechos humanos. De esta manera, conceptos como la “ciudadanía activa” y la “participación desde abajo” (desde los grassroots como se decía en inglés) empezaban a informar nuestros entendimientos de lo que significaba “resistencia”. Esto se fue cruzando, además, con discursos de grupos de mujeres, tanto feministas como pobladoras y familiares de personas tocadas por violaciones de los derechos humanos, que levantaban el tema de una cultura de la “vida”, en contraste en la cultura de la “muerte” de la dictadura. Así se fue formando un concepto de “resistencia” que tenía mucho más que ver con la no-violencia de figuras como Martin Luther King Jr. o Gandhi, y menos con figuras del período previo que justificaban el uso de la violencia. En el contexto de la prisión política, además, las tácticas de resistencia no-violenta también fueron frecuentemente empleadas, tales como las huelgas de hambre o la negación de cumplir con reglamentos básicos de la cotidianidad carcelaria. Fue en este momento histórico de los años 80, además, cuando se empezaba a investigar empíricamente con más detalle las resistencias históricas de los campesinos y obreros, particularmente desde la teoría del “poder” o “las armas” de los débiles, como lo plantean Elizabeth Janeway y James Scott, respectivamente.5 Esto, acompañado por un giro hacia los estudios subalternos y campesinos en la Historia Social, tuvo como resultado un rescate de las múltiples y diversas maneras en que los/as campesinos/as mostraban su disentimiento y ejercían la “infrapolítica”, para utilizar un término de Scott, en sus resistencias cotidianas. El estudio de Steve Stern sobre la violencia de género y las mujeres en México durante el S.XIX también plantea formas generizadas de esta infrapolítica, tales como la magia negra, la propagación de los rumores, y la apelación a los “pactos patriarcales”; todas éstas estrategias implementadas por las mujeres a la hora de prevenir y resistir la violencia contra ellas.6

No obstante, a la hora de entender la resistencia en el contexto de la prisión política tenemos que volcar nuestra mirada teórica hacia otros referentes, principalmente por el hecho que estamos hablando de resistencias dentro de espacios que son, de por sí, fundamentalmente jerárquicos, autoritarios, coercitivos y violentos (como el centro de tortura o la cárcel). Aunque puede parecer un cierto tipo de “sentido común” a estas alturas, vale recordar que dentro del esquema del régimen autoritario – que asigna un rol privilegiado a la función de la persecución y la prisión política – existen ciertos sujetos marcados por el Estado como “no deseables” y fuertemente perseguidos. En el contexto de las dictaduras latinoamericanas, esta persecución se canalizó principalmente por la Doctrina de Seguridad Nacional que tildó de “enemigos internos” a ciudadanos/as asociados/as con la izquierda (o sospechados de ser así).7 La implementación de proyectos de “policidio“, como lo llama Steve Stern, donde se buscó “extirpar” el cáncer marxista del cuerpo socio-político dentro de las Américas y en el contexto de la Guerra Fría, significó un fuerte giro hacia el autoritarismo y el terrorismo de Estado. Así millones de militantes y simpatizantes de izquierda fueron secuestrados, torturados, exonerados o exiliados y cientos de miles de estos no aparecieron nunca más, formando parte de las largas listas de ejecutados/as y desaparecidos/as.

Sin embargo, y como otros académicos como Juan Corradi, Manuel Antonio Garretón y Jean Franco han dejado en claro, el secuestro, la tortura y la desaparición forzada de ciertos dirigentes políticos puntuales tenía un doble efecto: por un lado, promovía la desarticulación de la organización socio-político y ponía fin a un proyecto político, pero, por otro lado, también infundía, de manera masiva, el terror y el miedo.8 Por tanto, es importante recordar que los centros de tortura no sólo funcionaban como lugares aislados donde se aplicaban ciertos tipos de apremios físicos y psicológicos, sino que también fueron los engranajes más profundos del proyecto de cambio socio-político que se buscaba implantar. Esto fue el modelo neoliberal ‒ a la usanza del “American way of life” de Estados Unidos, individualista y consumista – que Naomi Klein identifica como el principal objetivo del “shock” perpetrado por las dictaduras.9 Es importante no dejar de lado este aspecto socio-económico ni mirar a la tortura sólo como una práctica aislada y propia de las dictaduras latinoamericanas. En el caso de Chile, este “shock” también fue reflejado en el deseo de “volver hacia atrás” y proteger “los valores” hetero-patriarcales de Dios, familia y patria, ya que se buscaba “re-fundar” la nación a través de la “buena crianza” de los niños dentro de la familia “tradicional” y cristiana.10

La bibliografía sobre la represión autoritaria y la prisión política en Latinoamérica es enorme y no pretendemos pasarla en su enteridad en este pequeño texto. Pero es relevante notar dos tendencias grandes que marcaron la producción de esta literatura en sus diversas fases. Por un lado, es común encontrar, dentro de la bibliografía sobre la violencia política latinoamericana, referencias frecuentes al Holocausto y los campos de concentración. Tal vez por lo mismo, la mayoría de las primeras representaciones del terrorismo de Estado de las dictaduras latinoamericanas, tales como el libro del periodista judío-argentino Jacobo Timerman, Preso sin nombre, celda sin número, de 1982, la película La noche de los lápices de Héctor Olivera, estrenada en 1986o el informe de la Conadep, Nunca Más, publicado por primera vez en 1984, destacaban, de manera explícita e implícita, las semejanzas entre los campos de concentración nazi y los centros clandestinos de detención (CCD) en Argentina, como también las similitudes entre la estrategia de Nachtund nebel (Noche y niebla) en Alemania y los secuestros y desapariciones forzadas del Cono Sur. Tal vez en menor medida, pero no menos importante, también hubo una incorporación superficial de algunos estereotipos del Holocausto que iban a ser reclamados posteriormente por historiadores/as especialistas: por un lado, la idea, muy refutada actualmente, de la víctima judía como inherentemente “pasiva”, según los textos fundacionales de los estudios del Holocausto de Bruno Bettelheim y Raúl Hilberg11; y por otro lado, la tendencia de excluir la variable de género a la hora de pensar la violencia, los campos de concentración y la exterminación.12

A la misma vez, hay otra faceta importante dentro de la literatura sobre las dictaduras latinoamericanas: un énfasis pronunciado en el fenómeno de los detenidos desaparecidos y sus familiares, tal vez por el mismo éxito y presencia mediática de estos últimos como protagonistas de partidos políticos y grupos de derechos humanos. Algunos académicos, como Emilio Crenzel y Hugo Vezzetti, han propuesto que estos factores contribuyeron a la reificación de las “víctimas inocentes”, y el blanqueamiento de la militancia política de muchos de los presos políticos y desaparecidos en las narrativas de los informes de las comisiones de la verdad y los juicios en Argentina.13 La falta de referencia a los grupos armados y partidos políticos también tendía a ocultar la naturaleza colectiva de la experiencia de prisión política y las maneras en que los presos/as políticos/as podían resistir y ser solidarios/as dentro de las condiciones físicas más abismantes. Finalmente, los informes de las comisiones de la verdad no sólo “blanqueaban” el factor político, sino también el factor de género, ya que en las narrativas se refieren a hombres como las principales víctimas o a lo universal de “las víctimas”; en ambos casos se excluye, de entrada, las experiencias de las mujeres presas y el análisis de género.14 Todo lo señalado hasta ahora significó un silenciamiento relativamente grande a la hora de tomar en cuenta la narrativa de las presas políticas y sus experiencias dentro de los centros de tortura hasta bien adentrada la década de los 90.

Con la excepción del texto de Ximena Bunster, “Surviving Beyond Fear”, publicado en Estados Unidos en 1985, no hubo muchos textos académicos que trataron, directamente, el tema de la tortura sexual y las presas políticas chilenas durante los años 80.15 Muchas mujeres entrevistadas aluden al miedo de hablar durante este período, tanto por el factor preponderante de que Chile seguía en dictadura, como también por otras razones, como el hecho de sentir pudor, de no querer “achacar” a la familia o la pareja, o de no sentirse psicológicamente preparada todavía como para enfrentar memorias tan dolorosas. No obstante, hubo algunas mujeres valiosas, particularmente en el exilio, que igual prestaban testimonio sobre la tortura que habían padecido en Chile en diferentes foros de los derechos humanos, como los de la ONU, organizaciones internacionales de derechos humanos como Amnistía o Human Rights Watch, o partidos políticos o sindicatos solidarios con ciertos partidos chilenos, presos políticos o exiliados. Muchas mujeres ex presas políticas que estaban en el extranjero también empezaban a explorar el mundo del feminismo, donde encontraban discursos y prácticas muy útiles a la hora de trabajar la violencia contra la mujer y la resistencia de las mujeres.

En 1994, y ya en plena transición, se publicó un libro que incluía testimonios de mujeres activistas de derechos humanos, feministas y sobrevivientes de la tortura, Una Historia Necesaria: Mujeres en Chile: 1973-1990, de Edda Gaviola, Eliana Largo y Sandra Palestro, que fue bien fundacional en la historiografía feminista y bien innovador en su metodología, ya que es uno de los primeros que se hace desde la Historia Oral (se hicieron más de 50 entrevistas con mujeres en varias regiones de Chile) y la Historia Reciente, y donde además se construyó su narrativa desde las subjetividades y sensibilidades de las mismas investigadoras.16 Como señalan las autoras al cerrar la Presentación su libro: “Hemos reconstituido una historia hecha de silencios, de memorias fragmentadas, acalladas desde fuera y desde dentro. Para nosotras, hacer este trabajo significó mil veces un dolor que no podemos explicitar aquí. Muchas veces tuvimos que parar…quizás sea más sano vivir el daño que hacer como que no existió. Sólo el contento que nos producía des-cubrir lo que entre todas habíamos hecho nos impulsaba a seguir, a pesar de nosotras mismas.”17 Esta estrategia feminista de “visibilizar” las memorias fragmentadas de mujeres sobrevivientes y dejar un fuerte testimonio de “denuncia”, tenía fuertes raíces en los grupos feministas de concientización que tipificaban los años 80, como también en la publicación tan exitosa del testimonio de la guatemalteca maya-quiché Rigoberta Menchú, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1992.

Para fines de los años 90, salió otro libro bien importante dentro de la bibliografía sobre presos políticos, aunque no tuviera una perspectiva explícita de género: Poder y desaparición, de Pilar Calveiro. Este libro fue extremadamente importante en el desarrollo de estudios sobre los/as presos/as políticos/as y la tortura en Latinoamérica, ya que documentó, con mucho detalle, el ciclo del secuestro, tortura y “traslado” (desaparición forzada) que caracterizaba la prisión política en Argentina, como también la manera en que se iban configurando el poder y la identidad dentro de los “chupaderos”. Que Calveiro misma fue sobreviviente – aunque no escribiera desde el “yo” y utilizara un lenguaje más bien académico – igual ayuda a darle una gran cuota de autenticidad como también le permite, según mi evaluación, entrar en temáticas típicamente consideradas como “tabú” a la hora de hablar de la presión política. Un tema que ya vimos en la introducción, fue la complejidad de ser “héroe” o “traidor”, lo cual Calveiro deconstruye en su totalidad y plantea reemplazar con un “abanico de colores” para representar los comportamientos, actitudes y acciones de los/as presos/as dentro de las condiciones límites de un centro de tortura. También aporta un valioso análisis de la razón por la cual no hubo una participación más activa de los/as sobrevivientes en las construcciones de la memoria post-dictatorial: “El sobreviviente siente que él vivió mientras que otros, la mayoría, murieron. Sabe que no permaneció vivo porque fuera mejor y, en muchos casos, tiende a pensar que precisamente los mejores murieron (…) [Y] Si aquél que se fuga de un campo de concentración es sospechoso, el que sobrevive lo es muchísimo más. Poco importa su resistencia, la habilidad que haya desplegado para engañar o burlar a sus captores, las solidaridades de las que haya sido capaz. La sociedad quiere entender por qué está vivo y él no puede explicarlo, de manera que casi automáticamente se lo condena a la exclusión y su vida se convierte en la prueba misma de su culpabilidad, cualquiera que ésta sea.”18

Después de este libro de Calveiro y al entrar al siglo XXI, hubo un cierto tipo de “boom” en los estudios de la memoria y la historia oral en Latinoamérica, tal vez mejor encapsulado en el proyecto grande del SSRC sobre memoria en el Cono Sur, liderado por Elizabeth Jelin y Steve Stern. Este giro hacia la teorización de lo testimonial y la memoria, también tiene un componente fuerte de género, visto en las obras de la misma Jelin, Nelly Richard y Leonor Arfuch.19 A un nivel más empírico también hay cada vez más producción a nivel latinoamericano dedicada al análisis de género de los grupos de “nueva izquierda” de los años 60 y 70, como también al estudio de las mujeres en su paso posterior por la prisión política y el exilio.20 Dentro de mucha de esta literatura se pone énfasis en la manera en que los grupos de “nueva izquierda” mantuvieron valores profundamente masculinos y heteronormativos, como también la forma en que las mujeres dentro de los centros de tortura fueron castigadas por transgredir las normas heteropatriarcales de ser buenas madres y esposas. Además, como señala Cristina Wolff: “Nas memórias de muitas mulheres participantes da luta de esquerda armada no Cone Sul nos finais dos anos 1960 e início dos anos 1970, é muito claro um sentimento de amargura com relação às organizações das quais elas faziam parte. As acusações são muitas, e fortes: as mulheres raramente chegavam a postos de direção, tinham que estar a todo instante provando que eram confiáveis, corajosas e fortes, e elas tinham que se desligar de tudo o que representava sua feminilidade para serem levadas a sério. Além disso, a elas eram costumeiramente delegadas tarefas consideradas como secundárias.”21

En Chile las mujeres participaron ampliamente y de manera diversa dentro de los movimientos socio-políticos de los 70. Las mujeres de derecha, principalmente de clase media hacia arriba, participaron en grandes números en el Poder Femenino22 como también en el Partido Demócrata Cristiano. Como señala Gwynn Thomas, este tipo de movilización política tendía a resaltar el lugar de la mujer como buena madre-esposa cristiana dentro de la familia para movilizarla como opositora al gobierno de la UP.23 Durante el período de Allende, las mujeres de izquierda tuvieron un rol en los partidos políticos, los grupos armados, las organizaciones de base en las poblaciones, los centros de madres, y los sindicatos de campesinos y obreros que apoyaban a la UP, aunque ese rol fue casi siempre enunciado y entendido desde el prisma de lo “femenino”. Además, como la izquierda en Chile siempre puso, desde principios del siglo XX, un gran énfasis en la necesidad de conseguir un “sueldo familiar” y proteger la mujer del trabajo – reasignándola al lugar “natural” del hogar y la crianza de los hijos – no hubo una conciencia de la manera en que las mujeres dentro de la casa también podían ser reprimidas, ni tampoco ningún análisis real del valor del trabajo no remunerado de las mujeres dentro del hogar.24

No obstante, por otro lado, esta incapacidad de ver los cruces entre género y clase también fue bien común durante los años 70, y no sólo en Chile. Esto tendría como resultado que incluso dentro de los círculos más leales a la UP no hubo ningún cuestionamiento, o cuestionamientos sólo muy parciales y bien silenciados, del orden tradicional de la familia y el rol de la mujer dentro de esa familia. Por el contrario, las mujeres de izquierda hablaban de la liberación de la mujer dentro del proyecto socialista: la mujer y el hombre eran “complementarios”, con roles específicos de género. La mujer debía aportar al socialismo, a través de su rol de buena madre – educando a futuras generaciones socialistas – y buena esposa – apoyando a su marido obrero en la casa. Lo que se está planteando aquí, claramente, es un rechazo hacia el feminismo de segunda ola que existía en el norte durante ese momento, considerado por muchos/as como “burgués” y “foráneo”, justo cuando los imperativos culturales del momento tenían que ser “populares”, nacionales y anti-imperialistas.25 Por supuesto que hubo cambios culturales que se iniciaron en esta década para no volverse nunca más hacia atrás – la llegada de las pastillas anticonceptivas a Chile en 1966 y la correspondiente baja en el número de hijos/as por familia, la creciente minimización de la importancia de llegar virgen al matrimonio y la posibilidad, incluso, de formar pareja fuera del matrimonio, y la entrada cada vez más masiva de las mujeres a las universidades y el trabajo – todos estos cambios siguieron firmemente de pie en las décadas después. Pero no debemos pasar por alto, tampoco, que seguía existiendo una corriente poderosa de conservadurismo en temas de género en Chile, promovida por el peso sociocultural combinado de la Iglesia Católica, la moralidad paternalista del Estado, y los valores burgueses de las familias “bien constituidas”. Ni hablar de las mujeres lesbianas o trans, cuyas identidades fueron frecuentemente vividas, si es que podían ser vividas, con altos grados de clandestinidad por la violencia y la discriminación cotidiana que enfrentaban.26

En las palabras de la conocida socióloga feminista Teresa Valdés, “Lo que pasa con la UP hoy en día es que depende de cómo tú la miras. Desde la perspectiva de la UP, lo que les ofrecieron [a las mujeres] tuvo como resultado un aumento extraordinario en la participación femenina…No hubo una consciencia de género ni nada así. Pero sí hubo mucha participación de mujeres.”27 Por tanto, aunque las participación de las mujeres de izquierda en los movimientos socio-políticos tendía a ser rígidamente demarcada por los roles “apropiados de su sexo”, igual hubo una participación importante en el proyecto socialista y existen numerosos ejemplos donde su participación informó e inclinó el balance de poder hacia una mayor igualdad entre los géneros. En un contexto de alta politización de la familia, la comunidad, y el campo, no debe sorprender que hubiese sido así, ya que las mujeres también jugaban roles que les asignaban grandes responsabilidades: velar por la casa, pero también por la educación y la salud de su comunidad.

Dentro de este contexto, las mujeres de izquierda que decidieron formar parte de los partidos políticos y los grupos armados de los años 70 son de un perfil diverso. En primer lugar, la gran mayoría de las mujeres de izquierda, si participaron en algún partido político, participaron en el Partido Socialista (PS), el Partido Comunista (PC) o el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR). Según el Informe Valech, que nos puede dar una cierta idea de la participación política delas mujeres al momento del golpe y durante la dictadura posterior, de las detenidas, 751 fueron del PC, 577 del PS, y 263 del MIR-FPMR, aunque tal vez lo que más llama la atención es que 442 mujeres sólo fueron “simpatizantes de izquierda” y 1.179 mujeres no tenían ninguna militancia política al momento de su detención.28 Las mujeres, al igual que los hombres, fueron relativamente jóvenes, de un universo de 3.399 mujeres, 2.063 (60,7%) tenían 30 años o menos al momento de su detención.29 Y por lo mismo no nos debe sorprender que casi un cuarto de ellas (22,45%) fueran estudiantes de colegio o universidad al momento de su detención.30

Pero, pese a algunas similitudes generales entre las mujeres de izquierda, también existieron diferencias entre las mujeres del PS, PC o MIR. Las mujeres del Partido Socialista o Comunista claramente tenían perfiles más públicos y reconocidos como mujeres “políticas” – a veces ejerciendo cargos dentro del gobierno de Allende – que las mujeres miristas, porque la misma estructura del MIR – que fue clandestino para la mayoría de su existencia – significó que la militancia de estas mujeres fuera frecuentemente clandestina también. O sea, podían participar mujeres del MIR en el gobierno de Allende – y de hecho participaron en grandes números – pero muchas no tenían el mismo perfil “público” de militancia que sus colegas socialistas y comunistas y, por tanto, a veces fueron menos “expuestas” a la represión inmediata de los primeros días después del golpe, cuando ocurrieron las detenciones políticas más masivas en Chile. Además, fue bastante común para mujeres del PS o PC ser de familias enteras de esa línea política, con las familias comunistas siendo particularmente unidas y politizadas por las experiencias históricas de la Ley Maldita de 194831 y los vaivenes del movimiento obrero y los sectores populares durante el siglo XX en Chile. En el contexto post-golpe, sin embargo, estas familias enteras, identificadas ahora como “indeseables”, podrían ser blancos de la represión y el terror.

En el caso de las mujeres miristas, aunque éstas podían ser de familias de izquierda, no fue siempre la regla y, de hecho, fue bastante común que hubo mujeres miristas que salían de familias de clase media y media-alta, incluso del corazón del Partido Nacional (de derecha) y el Partido Demócrata Cristiano, aunque también hubo algunas de familias radicales, socialistas e, incluso, comunistas. Por lo mismo, hubo mujeres miristas que fueron más politizadas dentro de sus contextos escolares o laborales, y menos en lo familiar, aunque no siempre era así. En el caso de mujeres miristas que venían de familias latifundistas de derecha está claro que se unieron al MIR para emprender proyectos radicalmente opuestos a los de sus padres, mientras en el caso de mujeres miristas de familias campesinas y obreras podía existir una cierta cercanía ideológica entre padres e hijas. En todo caso, para las mujeres miristas de familias indiferentes u opuestas a sus posiciones políticas, era común que se iban a ir distanciando de sus entornos tradicionales de familia y amigos y que el MIR mismo se transformara en un tipo de “familia”. Ahí, dentro de esta nueva “familia” política, las mujeres se desplegaban en todas las facetas de la vida, tanto personales como organizacionales. Ya que hubo una cantidad no menor de mujeres y hombres relativamente jóvenes en el MIR, también era frecuente que se formaban parejas, e incluso matrimonios con hijos, dentro del mismo grupo, ya que fue el espacio donde más pasaban su tiempo y se socializaban.

Pese a estas diferencias entre mujeres de diferentes vertientes de la izquierda en Chile, el 11 de septiembre de 1973 significó para todas ellas una gran ruptura en sus vidas y un giro hacia experiencias que serían, desde ese punto en adelante, marcadas por la ausencia, la violencia y el dolor. Más allá de las detenciones de ellas, sus compañeros/as de lucha, y sus familiares y parejas, también hubo un cambio brusco en términos de lo cotidiano y los valores que el nuevo régimen autoritario buscaba resaltar. Similar a otras dictaduras del Cono Sur de ese entonces, el gobierno de Pinochet fue estructurado por sobre patrones de género que valoraban el rol “tradicional” de la madre-esposa como cuidadora de las próximas generaciones, y, por tanto, del proyecto de nación. Por lo tanto, este mismo constructo discursivo conservador sobre la mujer fue llevado a la práctica dentro de la represión ejercida por los agentes del estado en distintos contextos – en la casa durante un allanamiento, en la calle durante una protesta, en la comisaría después de un arresto, o en los centros clandestinos de detención. En cada uno de estos lugares se ejercieron violencias que tomaron, en muchos casos, formas generizadas y sexualizadas. En los centros de detención, se agudizó la violencia de género ya que las mujeres fueron castigadas y torturadas no sólo por ser supuestas “guerrilleras” sino también por haber transgredido las fronteras aceptables de género y nación según el discurso dictatorial. Además, tanto para las mujeres como para los hombres, la violencia sexual fue utilizada para humillar y “quebrar” (o “ablandar”) a los prisioneros dentro y fuera de la sala de tortura; en el caso de las mujeres, esta violencia fue tan común y corriente que llegó a ser considerada espantosamente “rutinaria” por las prisioneras. Necesidades cotidianas, como ir al baño o lavarse, fueron frecuentemente aprovechadas por los guardias y los soldados para cometer abusos sexuales.

Dentro de estas condiciones, en extremo represivas, también existieron instancias de resistencia, que se articulaban desde una solidaridad entre las mujeres presas o entre los presos más generalmente. Aquí, las cosas más pequeñas – una palabra susurrada, un pedazo de pan o una caricia después de una sesión de tortura – podían significar mucho para la persona que estaba ahí, atrapada dentro de un sistema carcelario que buscaba borrarle toda identidad personal y política. Como veremos, muchas mujeres recuerden una solidaridad muy fuerte expresada en torno a las mujeres más enfermas, las embarazadas y las ancianas, como también destacan estrategias colectivas concretas para la resistencia y el autocuidado. Una vez en libre plática – una vez que salieran de los centros de tortura más clandestinos – estas mujeres pudieron ampliar y profundizar sus relaciones de amistad con otras. Hablan de la organización de múltiples comités y colectivos dentro de los espacios carcelarios que buscaban mejorar la situación de las presas mujeres, formando espacios de “carreta común” para compartir alimentos o espacios de aprendizaje, con lecturas, debates, teatro y manualidades, que unían a muchas mujeres por períodos relativamente largos de tiempo. Incluso hubo instancias donde mujeres presas empezaban a organizar, desde la cárcel misma, las primeras denuncias de violaciones de los derechos humanos, que llegarían a su fruición una vez fuera, en COPACHI o en la Vicaríade la Solidaridad en Chile, o dentro de las redes del exilio europeo y latinoamericano.

Además, no es menor el detalle de que varias mujeres sitúan sus primeras aproximaciones al feminismo dentro del espacio de la cárcel y el exilio. Para ellas, estar presa o encontrarse en el exilio también significó tener el tiempo para analizar su militancia, su relación de pareja, y sus decisiones familiares y hubo una cantidad no menor de mujeres que empezaban a aplicarles a estos análisis una mirada feminista. Por lo mismo, es bien importante tomar en cuenta que los testimonios de las mujeres – todas recopiladas en archivos orales que se establecieron después del año 200032 33 – reflejan estos procesos de reflexión y construcción de la memoria. Desde el presente, y, en muchos casos, desde una mirada informada por el feminismo, las mujeres ex presas políticas tienden a reconocer con bastante destreza los aspectos generizados y sexualizados de su paso por la prisión política. Por ejemplo, un componente importante aquí fue el “castigo” que los torturadores decían quererles infligir por haber sido militantes mujeres, y, por tanto, putas y “malas madres.” Desde la perspectiva de los torturadores, además, no se entendía con cabalidad la razón por la cual las mujeres se habían metido en la política, asumiendo que tenía que ser por algún hombre. Al recordar los discursos de sus represores, muchas mujeres destacaban no sólo la crueldad, sino también su evidente machismo.

“[…]el hecho de ser mujer es aprovechado para poder eh destruirte. Por ejemplo, el hecho que nosotras fuéramos militantes fue para ellos era sinónimo, y nos decían, ustedes son putas. Ustedes están solamente por esto porque están con un hombre, entonces son iguales a las putas y no tienen…perdón y por lo tanto, ustedes merecen esto que les está pasando. ¿No? (…) Es como que ahí tú te enfrentaste a este desprecio absoluto hacia las mujeres, hasta considerarlas como inferiores a los hombres, a considerar que no tenían derecho a participar en un mundo con participación ciudadana, con participación política…ese no es tu espacio, porque no podrías haber estado en tu casa, como hacen las “buenas mujeres” (hace comillas con manos), todo eso era muy…muy fuerte, tremendamente fuerte.”34 35

“Y, por supuesto, aquí se daba, te digo, la expresión machista poh. En, en todo su esplendor. Porque a mí me pegaban, bueno me pegaban por ser mirista, me pegaban porque había dejado mi hijo botado (mirada de sorpresa hacia la cámara), me pegaban porque según ellos las miristas éramos peligrosas en la cama que con un AK en la mano, eso era lo que decían. Entonces con cuanto compañero con quien te habían ubicado, era amante, o sea. Te pegaban (enumerando con los dedos de la mano izquierda, tirando cada dedo hacia abajo con mano derecha) por puta, por mala madre, por andar metida en cosas de hombres – porque eso es para los hombres no para las mujeres – (sonríe). Eso por una parte, y, por otra parte, porque se abusaba mucho ehhh sexualmente. ¿Ya? Desde la desnudez, porque para una mujer no es lo mismo que para un hombre, estar desnudo con los brazos abiertos, piernas abiertas, y con todo eso y vendada, vendada, con una almohada en la boca que te estrangula el grito, si no puedes ni gritar y que te meten electrodos por todos los orificios ahí también hay una exacerbación de la cosa sexual. Y como, como utilizan eso ellos.”36

En términos de lo cotidiano dentro de los centros de tortura y las prisiones, también existieron una serie de situaciones no higiénicas que se fueron transformando en torturas a pequeña escala. Por ejemplo, por un lado, existió todo lo que tenía que ver con las infecciones transmitidas sexualmente que no se podían cuidar bien y que desembocaban en problemas serios de salud.

“Yo me acuerdo que en mi caso…esta cosa de las llaves con electricidad que aplicaban al interior de la vagina y que eran las mismas llaves que le aplicaban en los anos de los compañeros o sobre sus (mira hacia abajo), sus penes. Bueno, muchas de nosotras pasamos, estábamos con metrorragia, con sangrados, con…muchas con infecciones. Yo me acuerdo que tenía una guata que parecía embarazada – y tenía mucho susto de estar embarazada porque había sido violada además – entonces… (se cambia de posición en asiento, mira a la distancia), saqué unas infecciones me acuerdo cuando estaba en incomunicado y después en libre plática eso de levantarme muchas muchas veces para ir al baño por estas infecciones urinarias. Yo recién me vine a sanar cuando salí en libertad, meses después.”37

Otra situación de este tipo fue la falta de acceso al agua y a las toallas higiénicas cuando las mujeres tenían su menstruación. Algunas mujeres recordaron, patentemente, por ejemplo, el tema del olor y como los guardias las humillaban por eso, tapando las narices y diciendo cosas como “¿Cómo está la pescadería?”38

En general, hubo recuerdos muy fuertes y traumáticos sobre todo lo que tenía que ver con ir al baño, por la presencia de los guardias y la posibilidad de ser violadas. Vale recordar que este tipo de experiencias caen “fuera” de lo que tradicionalmente se concibe como “tortura” o como el espacio “explícito” de los torturadores. No obstante, son recuerdos patentes del ambiente de terror dentro de la prisión política, que resaltan la manera en que la violencia fue generizada y sexualizada de manera rutinaria.

“Al frente había un baño. Ayyy y allá me pasaron cosas terribles (frota una parte de la cabeza) es que con la tortura de allá había sufrido la desfloración. Por lo tanto, empecé a menstruar. Después me sacó en la noche un hombre oh no era terrible eso (mira hacia un lado) me sacaba en la noche y no habían…no había toalla higiénica ni ninguna de esas cosas, me pasaban paños y él me los ponía y era una cosa espantosa. Me acuerdo que un día reclamé de eso yo. Al jefe, que no sé quién era, y (…) me dijo, “No tenemos chupaca…chupasangres en el grupo” (pausa y mira al entrevistador). “No, no tenemos chupasangres en el grupo”. Pero de esa vez nunca más apareció ese hombre en la noche. O sea igual algo sirvió”.39

“Ir al baño, ese era otro problema. Y eso había que suplicar para poder ir, para que te sacaran ehhh y ahí estaba la solidaridad más, más, más linda. Porque siempre a uno le cedía el paso a otro para ir hasta que asumimos que mejor hacerse nomás (con gesto de resignación en hombros). Ehh porque no te iban a sacar y cuando te sacaban tenías riesgo de que te violaran, había muchos comentarios de compañeras que iban ido al baño y les habían sido violadas nada más que en el momento de ir al baño, ni siquiera dentro de un proceso de tortura. Entonces empezamos a…eso…a decir, Ok, mejor no corramos riesgo.”40

En estas dos narrativas, el espacio del baño, con la presencia de los guardias, fue considerado por las presas como sumamente peligroso. De hecho, en el caso de la segunda mujer, ella habla, incluso, de la decisión de orinar encima de sí misma en vez de acudir al baño justo por el miedo a la violación.

No obstante, aunque algunas mujeres juraban que no hubo diferencias en los malos tratos por clase, género ni etnia, otras sí recordaban algunos tratos diferenciados por clase, profesión o status marital. Por ejemplo, una que, estando embarazada, era una “señora con libreta” y no clasificada como “puta” por su clase social.41 Otra mujer, también de clase alta y de “buena familia”, sentía que no sabían qué hacer con ella porque era una “buena chica”, algo que ella misma intentaba ocupar para su propio bien, fingiendo no saber nada ni conocer a nadie, aunque no logró sostener esta estrategia a la larga.42 Una mujer de Puerto Montt, ya una profesora reconocida en la zona y de trayectoria respetada, recordó:

“Eran de los que me servían un tecito o de los que me preguntaban cosas, decían, por ejemplo, “yo,” me decían, “no entiendo como una mujer como usted, una mujer culta, ehh puede ser comunista. Porque los comunistas son todos unos tontos útiles. Los utilizan y ¿cómo usted puede caer en eso?”43

Sin embargo, es necesario señalar, que, aunque estas mujeres señalaron ciertas diferencias de trato que percibieron, de igual manera, fueron todas maltratadas y torturadas. Por ejemplo, en el último caso, esta profesora respetada fue pateada en el suelo por un guardia con tanta brutalidad que se quebraron varias costillas y su nariz, todo por ser “marxista” y porque el guardia había llegado borracho y con ganas de pegarle en la noche. La mujer de “buena familia” del párrafo anterior fue violentada sexualmente repetidas veces por un guardia de Cuatro Álamos,

“Sufríamos constantemente apremios físicos…y (jugando con aros y dedos de las manos), acosos sexuales (…) por los guardias y, específicamente, por el jefe, denominado el “Larguirucho”. Y era espantoso, un asco, un asco total. Esperaba que fuera tarde y esperaba que ya estabas dentro de la cama y empezaba a abrir las puertas e iba a tocarnos y a meter la mano por debajo la cama.”44

Pese al hecho que las condiciones de la tortura y la prisión política fueron indudablemente horrorosas, las mujeres presas lograron activar redes, a veces precarias por la naturaleza de su ambiente, de solidaridad y autocuidado dentro de estos espacios. Generalmente, esto se dio entre mujeres presas, pero también hubo algunas instancias mencionadas de la bondad puntual de un par de guardias hombres, como “El Beto” o “El Mauro” (Carlos Carrasco Matus), este último un caso conocido ya que éste fue un guardia brutalmente torturado y asesinado por sus pares. Se ensañaron con él después de percatarse del hecho que “El Mauro” estaba ayudando a los presos a comunicarse con sus familias y amigos. Llama la atención la poca solidaridad de género entre las mujeres guardias o agentes del estado y las mujeres presas y, de hecho, hay varias menciones de cómo mujeres de la DINA, como Humilde Ramos o Ingrid Olderock, fueron particularmente terribles y violentas durante las sesiones de tortura. Igual rechazo provocaron las mujeres colaboradoras de la DINA, como Luz Arce, Marcia Merino (la “Flaca Alejandra”) y María Alicia Uribe (la “Carola”), todas mencionadas en relación a la violencia y la traición dentro de los centros de tortura.

También existió solidaridad entre hombres y mujeres presos/as, aunque no se podían ver, físicamente, con mucha frecuencia, particularmente en contextos de incomunicación. No obstante, en el último caso de la mujer que estaba siendo vejada sexualmente, con otras compañeras presas, por el “Larguirucho”, por ejemplo, se formuló una estrategia de denuncia de la violencia sexual en conjunto con los presos varones. Ellas tenían que gritar y hacer escándalo con platos, servicio y barrotes para que los hombres las escucharan e hicieran lo mismo, activando, de esa manera, la respuesta de los otros guardias y la posibilidad de reclamar. Aunque esta estrategia demuestra la solidaridad de algunos hombres presos con el tema de la violencia sexual ejercida contra las mujeres presas, también evidencia los límites de la solidaridad dentro de un espacio carcelario: el “Larguirucho” simplemente terminó llevándolas a su oficina, donde las abusaba en privacidad y sin tener que temer de que se produjera un “escándalo” entre los presos.45

Más allá de la solidaridad entre hombres y mujeres presos/as, lo que más existía, y lo que más se recuerda, era la solidaridad entre mujeres, probablemente debido al hecho que en muchas instancias de la prisión política hubo una estricta separación de espacios por sexo biológico. Una mujer lo recordaba como “lo mejor del ser humano salió allí como también lo peor del ser humano,”46 notando como las mujeres compartían ropa, frazadas y camas (más bien catres sin colchones) y la poca comida que recibían, al punto de convertirse en una especie de familia. Muchas recuerdan también el especial cuidado que la mujeres tenían frente a las ancianas, embarazadas y adolescentes. En particular, después de las sesiones de tortura se valoraba la solidaridad de las otras de la pieza de mujeres en Villa Grimaldi:

“En la pieza de mujeres, eh, fue bonita la solidaridad entre mujeres. Yo siempre encuentro que entre las presas hubo mucha solidaridad, mucho afecto. Cuando me traían de la pieza de tortura, siempre las compañeras al lado, hacernos cariño, a preguntar si necesitaba algo, qué me dolía, y ese efecto ese amor de unas con otras, es muy importante.”47

Esta misma mujer de la cita anterior también pasó por la Venda Sexy, un centro de tortura notoriamente conocido por sus vejaciones sexuales. Ahí, y justo por el aspecto más sexual de las torturas, las mujeres también inventaron otra estrategia de sobrevivencia y autocuidado.

“Logramos darnos cuenta en la Venda Sexy, donde fundamentalmente (mirando hacia abajo) eran torturas sexuales, violaciones y todo eso que, que, los tipos no les gustaba eh tomar a las mujeres cuando estaban con la menstruación. Entonces, nos organizamos en la Venda que, había una compañera que estaba herida de bala entonces sacamos trapitos y ella, todavía con su sangre, les dejaba trapitos en el baño o cuando alguna compañera estaba efectivamente sangrando de la menstruación, dejaba sus trapos en el baño, escondidos en un lugar que organizamos y todasandábamos con la menstruación (sonrisa). Entonces los tipos decían, “¡Y esta también está con la regla!” (en voz brusca como gritando). ¿ahh? Y no estábamos con la regla, pero logramos captar…y era una forma de defendernos, de protegernos (sus ojos se ponen vidriosos) y de organizarnos.”48

Al pasar a libre plática, y por ende a prisiones que podían ser de más largo tiempo, muchas mujeres también se encontraban en una situación carcelaria que ya empezaba a asumir ciertos aspectos de lo rutinario Por ejemplo, una mujer socialista que estaba en Isla Teja fuera de Valdivia, recordó:

“…momentos que pasamos gratos, con nuestras colegas, nuestras amigas, nuestras compañeras, conversando, preparando nuestras comiditas, hacíamos turnos para los aseos para…(pausa larga) preparar nuestras comidas. Éramos muy solidarias. Ayudábamos harto a nuestras compañeras, a nuestros compañeros que al frente estaban.”49

Y otra también resaltó el espacio carcelario como una oportunidad para el estudio, incluso del feminismo de ese entonces. Como dijo una mujer mirista que fue detenida en el sur a principios de los años 80 por el fracaso de la Operación Retorno:

“Y bueno lo otro era las horas de estudio individual y las horas de discusión colectiva, tanto discusión política como de los temas que empezaban a ser… algo que fue muy importante para nosotras, que fue todos los temas feministas: teoría, bueno, lo que podíamos más de la teoría. Y, además, a mí me empezó a llegar mucho material, mucho material de ese lado, del lado feminista. De Italia, me suscribieron a revistas que me llegaban, otras suscripciones que me llegaron…El Lilit, que no me acuerdo de las siglas, qué era, pero era todo un centro de estudios, también de feministas. Me llegaba mucho, mucho material. Entonces, estudiábamos. Bueno ahí en esos años me leí El Segundo Sexo de la Simone de Beauvoir (sonriendo) que no lo leía en la cárcel no lo iba a leer porque es tan grueso. Entonces había todo un trabajo digamos.”50

No obstante, al escuchar los testimonios de las mujeres es también importante reconocer que estos espacios carcelarios podían ser muy complejos, no sólo sitios de represión y resistencia, sino también sitios donde se podían producir tensiones entre las presas y donde el objetivo de la resistencia solidaria entre todas no fue siempre posible. A un nivel muy básico esto se podía dar, por ejemplo, entre los distintos tipos de presas, como las “políticas” y las “comunes”:

“Empezamos a reclamar porque, por ejemplo, era una tortura que para efectos de las fiestas del campo que habían o las redadas de los prostíbulos llegaban estas mujeres al pabellón donde nosotros también estábamos se correteaban a cuchillo limpio con los gillete en las manos. Nosotros muchas veces teníamos que escondernos debajo las camas. Era una cosa de terror que vivíamos. Nosotros no estábamos acostumbrados a eso.”51

Pero, más allá de estas diferencias de convivencia entre las dos presas, también hubo profundas diferencias que giraban en torno al eje de delatar/no delatar. Aquí es muy difícil, desde el presente, captar todas las sutilezas de lo que estaba pasando en ese momento, particularmente porque en el presente es generalmente de acuerdo común dentro de los/as testimoniantes que hablar de los/as delatores/as es completamente tabú. Por tanto, siguen ahí, nombrados/as y no nombrados/as, hombres y mujeres sin identidad, ni tampoco pasado (las únicas excepciones son “los/as imperdonables” que pasaron al otro bando, como Luz Arce, donde sí hay denuncias constantes y claras). Ahí hay muchos códigos que seguramente sólo son descifrables entre ellos/as, de los/as que pasaron por experiencias compartidas de la militancia y la prisión política y que salieron al otro lado para hablar con el lenguaje denso y polisémico de los sobrevivientes. Muchas mujeres, desde el presente, exhiben un alto nivel de análisis reflexivo sobre el tema, como si ya hubiesen pasado mucho tiempo analizando el fenómeno, hasta llegar a una especie de paz: que no pueden “juzgar”, que hubo gente que no estaba en “condiciones”, que tal vez habría sido diferente si fuese su hijo torturado frente sus ojos.

“La tortura es un instrumento bárbaro que, que puede llegar a cualquier extremo, incluso hacerte hablar ¿no? El, la, el desafío ahí es cuánto aguantas en esta situación. Y el cuanto aguantas tiene que ver mucho, me entiendes tú, con, con…cuestiones que van mucho más allá de si tú eres valiente o no eres valiente ah? Tiene que ver con una cierta resistencia interna que te ha entregado la vida. Si no te la ha entregado ya es un problema muy, muy muy complicado ¿no? Porque de repente la gente decía que había que tener, como, firmeza ideológica (con leve sonrisa; entrevistador hace sonido como de no poder creer) para no caer. Pero, sobre todo, yo creo que había que tener adentro el caudal de, de seguridad en sí misma (toca su pecho con la mano izquierda) (…) Creo que es otra lección que hay que aprender, ¿no? (claro, respuesta de entrevistador) Que una cosa es que delatar por, por …por conseguir la venia de la gente, o para ¿me entiendes tú? O para contribuir con ellos. Y otra cosa es una persona, ¿me entiendes tú? destrozándose a sí misma, tenga que decir algo de alguien sin el ánimo que lo fueran a traer ni nada sino que “sí vivía en tal parte” o qué sé yo y ahí es donde se engancha con la otra cuestión.”52

Más allá de reflexiones más actuales sobre la tortura, en la práctica, en el momento mismo de la prisión política durante los años 70 y 80 hubo harto menos compasión respecto la entrega de información. Por más “inofensivas” que pudieran haber sido sus intenciones o por más apremios físicos y psicológicos que sufrieran, igual no se justificaba, particularmente desde las cúpulas de los partidos. O fuiste “leal”, tuviste “firmeza ideológica”, o fuiste traidor/a. Esto es muy complejo, porque como reconocen las mismas ex presas, al final, casi todas tuvieron que decir “algo”. Forzar el/la torturado/a a delatar fue uno de los principales objetivos de la tortura: que la persona entregara un/a compañero/a del partido (y ojalá alguien de mayor rango) para así seguir la pista de la represión política. Así, y bajo los extremos apremios psicológicos y físicos de la tortura, mucha gente, eventualmente, terminó entregando alguna información, aunque fuese más o menos verdadera, más o menos útil. En el momento de hablar no hubo nunca total certeza de si lo que tú hablaste iba a tener como resultado otra detenida, torturada o desaparecida; simplemente se podía intentar minimizar los daños, pero nunca hubo certeza de nada. Si lo que tú dijiste sí resultó ser útil – o si realmente empezaste a “cantar” con la tortura, nombrando personas, lugares, fechas o lo que fuera para salvarte a ti mismo – entonces podías sufrir severas consecuencias por parte de tu partido, si no fueses expulsado de una. Una mujer del MIR, cuyo compañero también era de la organización y que fue secuestrado con ella el mismo día – ella estando embarazada – recuerda que el rechazo hacia los delatores era tan fuerte que incluso podía llegar a marcar a su familia. Al hablar de la solidaridad de las mujeres en Tres Álamos, rescató una sensación generalizada de cercanía con las otras presas pero también habló de un episodio doloroso de rechazo:

“Una sola vez nomás sufrí. Que una vez una compañera (…) dijo que no iba a cuidar el hijo de un traidor y me dio mucha pena porque yo pensaba pero qué absurdo…¿cómo pensar así? ¿Si qué culpa tienen las guaguas? Entonces daban ese tipo de cosas de repente que…fue lo único traumático que viví pero no le dije nada porque en realidad (levanta hombros, mira hacia el lado) no….no era el momento de decirle nada. Ella estaba muy convencida de lo que decía.”53

Esto fue lejos de ser el único caso conflictivo que se dio en Tres Álamos por las sospechas de “colaboración”. De hecho, dos mujeres recuerdan la existencia de un Consejo de Ancianos del MIR que monitoreaba a los presos y juzgaba a los que delataban. Una de ellas fue considerada “bajo sospecho” por asociarse con ciertas personas, lo cual resultó en una bajada de estatus y rango dentro de la organización, y al ser reinstalada e iniciar una relación de correspondencia por carta con otro preso, que había sido quebrado por la tortura (un “mal comportamiento”) el Consejo le dijo que tenía que terminar de inmediato la relación, lo cual ella hizo porque era eso o dejar de pertenecer al MIR.54 Otra mujer, del Partido Comunista, tuvo la siguiente observación sobre las mujeres miristas dentro de Tres Álamos:

“La mayor dificultad, lo más curioso y doloroso que yo vi en ese lugar fue la discrepancia que había entre las mismas miristas. (empieza a apuntar el dedo al entrevistador) Lo terrible que era salir de la DINA a caer en las manos de las compañeras, como se increpaban y se maltrataban porque “¿quién dijo? ¿a quién entregaste? este está desparecido” (con voz de interrogatorio)….Eso es pero horroroso (termina de apuntar dedo). Es una etapa adicional que le pusieron las propias detenidas en hacer un tormento de las mismas compañeras (…) Eso fue una cuestión…no sé si se conversará. Porque yo puedo decirlo que yo lo viví. No sé si las miristas son capaces de reconocer eso que encontraban un doble tormento, un doble tormento.”55

En este trabajo, que forma parte de un proyecto de investigación que está en marcha sobre violencia de género en Chile, se ha tratado de visibilizar las experiencias de las mujeres presas políticas en Chile durante la dictadura, en todo su “abanico de color” como diría Calveiro, como también la manera en que el encierro y la tortura fueron tensionados por el género. A la misma vez, también es una reflexión sobre las instancias de resistencia, individual y colectiva, que lograron llevar a cabo estas mujeres, un aspecto que ha sido minimizado en la mayoría de los textos que tratan los temas de la prisión política y la tortura (con la parcial excepción de algunos textos de “denuncia” de índole más feminista). Como vimos en los testimonios de estas mujeres, se utilizaron muchas estrategias – algunas de la llamada “infrapolítica” de Scott – a la hora de tratar de resistir la violencia generizada y sexualizada: la solidaridad de compartir palabras, comida y ropa con otras presas; el escape mental colectivo de leer y comentar textos (algunos feministas), la confección de “engaños” a la hora de compartir toallas higiénicas ensangrentadas o la comprensión de “vergüenzas” compartidas, como tener que orinarse encima para evitar las violaciones en el baño. A la misma vez, hubo estrategias de resistencia entre géneros, como cuando los hombres presos hacían ruido y reclamaban por las violencias sexuales perpetradas en contra de las presas. Pero no todo fue miel sobre hojuelas; también hubo tensiones entre presas, de clase, como cuando las mujeres más burguesas de “buena familia”, las más educadas o las buenas madres “casadas con libreta” podían recibir, en algo, un trato diferenciado; también cuando las mujeres presas políticas se sentían “superiores” frente las presas comunes, que fueron retratadas, en muchos casos, como peligrosas y violentas. Además, el tema de la “firmeza ideológica” podía dividir muy fácilmente a las presas políticas, llevándolas a castigar colectivamente a ciertas mujeres delatoras, o sospechadas de serlo, tratándolas con desprecio por la mancha vergonzosa de la traición. Esto podría ser incluso un desprecio que excedía el/la preso/a en particular, extendiéndose a su pareja o familia, como vimos en el caso de una presa que se negó a cuidar el hijo de otra presa, por ser hijo de un supuesto “traidor”. Por tanto, y como resultado de lo que hemos visto a lo largo de este artículo, proponemos hacer más estudios sobre la prisión política que demuestren matices en cuanto el “abanico de color” de las experiencias de las mujeres presas políticas, donde podemos rescatar tanto aspectos de sufrimiento como también de resistencia; instancias de solidaridad, pero también de soledad, tensión y rechazo.

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1“Presentan querella por violencia sexual como tortura en dictadura,” Radio Bío-Bío, 7 de diciembre de 2010, http://www.biobiochile.cl/2010/12/07/presentan-querella-por-violencia-sexual-como-tortura-en-dictadura.shtml

2El uso de “sobrevivientes”, y no “víctimas”, es intencional y parte de la perspectiva feminista de este trabajo. De modo general, podríamos decir que ocupar variaciones del verbo “sobrevivir” pone el acento en la resiliencia de las mujeres y su capacidad de “elaborar” los traumas del pasado, tal como plantea Dominick LaCapra. No obstante, esta terminología no borra el hecho que también hubo momentos de victimización profunda para las presas políticas. Esta tensión entre “victimización” y “agencia” ha sido más explorada en la literatura sobre la violencia “doméstica”, pero también es aplicable a nuestro análisis, ya que también estamos tratando un tipo de violencia de género y el tema de sobrevivientes mujeres. Ver: Natalie SOKOLOFF e Ida DUPONT, 2005, p.3.

3Pilar CALVEIRO, 2001 [1998], p. 131.

4Frantz FANON, 1983 [1961], p. 17-18.

5Elizabeth JANEWAY, 1980; James SCOTT, 1986.

6Steve STERN, 1995.

7John DINGES, 2004; Daniel FEIERSTEIN, 2009; Greg GRANDIN, 2007; Peter KORNBLUH, 2003.

8Juan CORRADI, et. al., 1992; Jean FRANCO, 2013.

9Naomi KLEIN, 2007.

10Olga GRAU ET. AL., 1997; Julieta KIRKWOOD, 1986; Teresa VALDÉS, 1987; María Elena VALENZUELA, 1987.

11Bruno BETTLEHEIM, 1943; Raúl HILBERG, 1961.

12Sonja HEDGEPETH y Rochelle SAIDEL, 2010; Janet JACOBS, 2010.

13Emilio CRENZEL, 2008; Hugo VEZZETTI, 2002.

14Hillary HINER, 2009.

15Ximena BUNSTER, 1985.

16Edda GAVIOLA, ET.AL., 1994.

17GAVIOLA, ET. AL., p. 10.

18CALVEIRO, 2001 [1998], p. 160.

19Leonor ARFUCH 2013; Elizabeth JELIN, 2001; Nelly RICHARD, 1998, 1999, 2007.

20Victoria ALVAREZ, 2000; Andrea ANDÚJAR ET. AL., 2005, 2009; Edelmira CARRILLO, ET. AL., 2012; Débora D’Antonio, 2011; Marta DIANA, 1997; Lessie Jo FRAZIER Y Deborah COHEN, 2003; GIANORDOLI-NASCIMENTO ET. AL., 2012; Paola MARTINEZ, 2009; Alejandra OBERTI ET. AL, 2012; Alejandra OBERTI, 2013, Joana PEDRO ET. AL, 2011; Amelinha TELES y Rosalina LEITE, 2013; Tamara VIDAURRÁZAGA, 2007, Cristina WOLFF, 2011.

21WOLFF, 2011, p. 33.

22Michele MATTELART, 1980; Margaret POWER, 2009.

23Gwynn THOMAS, 2011.

24Thomas KLUBOCK, 1998; Karin ROSEMBLATT, 2000; Heidi TINSMAN, 2002.

25Francesca MILLER, 1991.

26Victor Hugo ROBLES, 2008.

27Julie SHAYNE, 2004, p. 77.

28INFORME VALECH, Cap. VII, p. 486.

29INFORME VALECH, Cap. VII, p. 485.

30INFORME VALECH, Cap. VII, p. 486.

31La Ley 8.987, “Ley de Defensa Permanente de la Democracia” (llamada popularmente en Chile como “Ley Maldita”), fue pasada en septiembre 1948 por el gobierno del presidente Gabriel González Videla, del Partido Radical y último gobernante del período del Frente Popular. Fue una ley pasada en el contexto de la Guerra Fría que proscribió el Partido Comunista y clausuró sus posibilidades de participación en el escenario político chileno. Fue derogada en 1958 y el PC volvió a participar libremente en la política hasta el golpe de Estado de 1973.

32Las historias orales ocupadas en este texto vienen de dos lugares: el Archivo Oral del Centro de Documentación del Museo de los Derechos Humanos y la Memoria y el Archivo Oral de la Corporación Parque por la Paz-Villa Grimaldi. Como parte de los requisitos de Villa Grimaldi se incluyen las siguientes frases, estipuladas por el archivo como necesarias a la hora de publicar cualquier trabajo a futuro: “Esta investigación utilizó como fuente de información la Colección del Archivo Oral de Villa Grimaldi de la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi. La autora agradece a la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi el acceso a los registros de la Colección. Todos los resultados del estudio son de responsabilidad de la autora y en nada comprometen a dicha Institución”. En lo personal, la autora también agradece, especialmente, la ayuda de Anahí Moya, quien está a cargo de este Archivo Oral.

33El Archivo Oral de Villa Grimaldi sólo permite la citación de los apellidos, y no los nombres de pila, de las mujeres entrevistadas. Al final de la ponencia hay un listado con todos los apellidos de las mujeres citadas con los datos de citación de sus entrevistas, que fueron grabadas en video y que son accesible por DVD en el archivo. Otras entrevistas utilizadas del Archivo Oral del Centro de Documentación del Museo de los Derechos Humanos y la Memoria también fueron grabadas en video. Ya que todos estos testimonios fueron grabados en video previamente existen algunas ventajas y algunas desventajas. Por un lado, la autora no pudo formular sus propias preguntas ni tampoco conocer personalmente a las entrevistadas, como dentro de las otras historias orales que sí hizo para este proyecto. Pero, por otro lado, la posibilidad de revisar video tenía la ventaja de poder anotar ciertas sutilezas de voz y lenguaje corporal que tal vez podrían pasar más desapercibidas dentro de una historia oral más tradicional.

34MATAMALA, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 72, Angostura, 10 de agosto de 2009.

35Toda cursiva dentro de las citas es ocupada para señalar un énfasis puesto en la palabra por la entrevistada y que fue notada por la autora (obviamente es una observación subjetiva de la autora también).

36OJEDA, Archivos de la Memoria en Chile, Proyecto Piloto Región Bíobío. Testimonio Arinda Ojeda, casa de la entrevistada, Concepción, 19 de junio de 2013.

37PEREZ, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 60, Santiago Centro, Santiago, 30 de marzo de 2009.

38BRITO,Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 33, Ñuñoa, Santiago, 13 de junio de 2008.

39CASTILLO, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 159, Peñalolén, Santiago, enero de 2012.

40MUÑOZ, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 87, Ñuñoa, Santiago, 14 de diciembre de 2009.

41BRITO, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 33, Ñuñoa, Santiago, 13 de junio de 2008.

42ROMERO, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 21, La Reina, Santiago, 29 de febrero de 2008.

43ALVARADO, Colección Archivo Oral, Centro de Documentación, Museo de los Derechos Humanos y la Memoria Archivos de la Memoria en Chile, Proyecto Piloto Región de los Ríos y los Lagos. Testimonio María Irma Alvarado Barría, Centro Cultural Diego Rivera, Puerto Montt, 27 de marzo de 2012.

44ROMERO, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 21, La Reina, Santiago, 29 de febrero de 2008.

45ROMERO, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 21, La Reina, Santiago, 29 de febrero de 2008.

46TAMBLAY, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 27, La Reina, Santiago, 30 de abril de 2008.

47HOLZAPFEL, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 94, Santiago Centro, Santiago, 1 de septiembre de 2009 y 9 de febrero de 2010.

48HOLZAPFEL, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 94, Santiago Centro, Santiago, 1 de septiembre de 2009 y 9 de febrero de 2010.

49E. PEREZ, Colección Archivo Oral, Centro de Documentación, Museo de los Derechos Humanos y la Memoria Archivos de la Memoria en Chile, Proyecto Piloto Región de los Ríos y los Lagos. Testimonios de Isla Teja, con Joel Asenjo, Luis Díaz, Pedro Mella, y Edita Pérez, Cárcel de Isla Teja, Valdivia, 14 de octubre de 2011.

50OJEDA, Archivos de la Memoria en Chile, Proyecto Piloto Región Bíobío. Testimonio Arinda Ojeda, casa de la entrevistada, Concepción, 19 de junio de 2013.

51ALVARADO, Colección Archivo Oral, Centro de Documentación, Museo de los Derechos Humanos y la Memoria Archivos de la Memoria en Chile, Proyecto Piloto Región de los Ríos y los Lagos. Testimonio María Irma Alvarado Barría, Centro Cultural Diego Rivera, Puerto Montt, 27 de marzo de 2012.

52BECKER, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 12, Peñalolén, Santiago, 9 de septiembre de 2007.

53BRITO, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 33, Ñuñoa, Santiago, 13 de junio de 2008.

54ROMERO, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 21, La Reina, Santiago, 29 de febrero de 2008.

55CASTILLO, Colección Archivo Oral de Villa Grimaldi. DVD Nº 159, Peñalolén, Santiago, enero de 2012.

Recibido: 16 de Enero de 2015; Aprobado: 15 de Marzo de 2015

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Del estallido social al estallido ocular – Letras En Línea / UAH

“Los rayados en los muros de las calles manifiestan el desacuerdo y

Origen: Del estallido social al estallido ocular – Letras En Línea / UAH

“Los rayados en los muros de las calles manifiestan el desacuerdo y pueden ser entendidos como la articulación de un logosdonde los sujetos abandonan su estatus parlante de la consigna ensordecedora, para inscribirse en la síntesis del texto y la imagen”, nos dice el poeta, guionista e investigador David Bustos, quien se entrega al análisis de dos famosos rayados que serían ni más ni menos que expresión de las nuevas estructuras político-sociales surgidas durante el inédito estallido social chileno.

El 18 de octubre se inició el estallido social que surgió en Santiago y, extendiéndose a distintas ciudades de Chile, ha durado hasta el día de hoy. La palabra estallido retrata el primer momento de la revuelta. Los estudiantes secundarios llevaban meses en paros y huelgas, cuando decidieron en masa saltar los torniquetes del metro. Ese acto de desobediencia civil es la puerta de entrada a la explosión social. La población que observaba expectante hace semanas por televisión los enfrentamientos estudiantiles con carabineros, sale a la calle. Entonces el malestar se extiende y multiplica. Los cuerpos que hasta el momento estaban regulados por la lógica policial, normalizados en su singularidad indistinta, rompen el cerco para abiertamente ir hacia el encuentro del otro.

Desde los rayados de muro quisiera analizar la revuelta estableciendo algunas consideraciones históricas. Partamos por uno de los rayados más populares: “No son treinta pesos son treinta años”, que alude a la demanda de los estudiantes secundarios por los treinta pesos de alza del pasaje de metro, pero añadiendo la variable histórica (“son treinta años”). ¿Hacia dónde apunta esa variable?

El modelo neoliberal chileno se implanta en la década de los ochenta, en plena dictadura de Pinochet y su objetivo principal es la privatización de todas aquellas áreas sensibles que dicen relación con lo público: el agua, las compañías eléctricas, el transporte público, la salud, las pensiones, la educación y un largo etc. Ese conjunto de medidas (un verdadero programa del shock) impuestas en esa época provienen en su mayoría de la doctrina económica de Milton Friedman (Premio Nobel, 1976) patrono de los economista chilenos que estudiaron en la sancta sanctorum de la Universidad de Chicago. El mercado es capaz de regular todos los bienes y servicios de una sociedad, incluyendo aquellos que por derecho deben estar asegurados y garantizados por el Estado. Parafraseando a Naomi Klein se trata de vender al mejor postor los pedazos del Estado.  Los “treinta años” se extraen de esa matriz, el quiebre institucional perpetrado por el Golpe de Estado es el punto de inicio, pero si restáramos —y fuéramos exactos con el rayado—  veríamos que no son treinta años: la aritmética nos arrojaría un aproximado de cuarenta seis. El punto no se hace en dictadura. O sea el rayado señala abiertamente a los gobiernos de la Concertación. “No son treinta pesos son treinta años” es una crítica evidente a los gobiernos “democráticos” que permitieron que el neoliberalismo se instalara mediante un cuerpo legislativo (Constitución de 1980, Jaime Guzmán mediante) capaz de resistir modificaciones con tal de mantener operativo el modelo. Por ejemplo, la neutralización de ambas cámaras (alta y baja) debido a los altos quórums o lo que era hasta hace poco el sistema binominal, equilibra la correlación de fuerzas políticas en el parlamento, haciendo que cualquier avance social demócrata (reformas), sea insustancial, aceptándose solo aquellas modificaciones que en la glosa, en la “letra chica”, transiten silenciosamente hacia la profundización del modelo neoliberal. También otra explicación de los “30 años” puede ser el corte etario de los autores del rayado. Entendiendo que ese tipo de intervención urbana proviene de un sector de la población que no ha superado los 35 años y que representa la fuerza impugnadora en las calles.

Este rodeo histórico no nos permite explicar en su totalidad las razones históricas del estallido social del 18 de octubre –las razones siempre serán mucho más extensas y complejas– pero sí nos ayuda a establecer algunas coordenadas del contexto desde donde proviene el estallido.

Observemos lo que Jacques Rancière señala respecto de la política:

“La política comienza precisamente allí donde dejan de equilibrarse pérdidas y ganancias, donde la tarea consiste en repartir las partes de lo común, en armonizar según la proporción geométrica las partes de comunidad y los títulos para obtener esas partes, las axiai que dan derecho a la comunidad. Para que la comunidad política sea más que un contrato entre personas que intercambian bienes o servicios, es preciso que la igualdad que reina en ella sea radicalmente diferente a aquella según la cual se intercambian las mercancías y se reparan los perjuicios”.[1]

El gran título de la explosión social que parece contener la sumatoria de las demandas sociales es la desigualdad. Una impugnación a la política, ya que en esta se debe necesariamente incluir a los representantes de la ciudadanía que forman parte del aparato del Estado y que fueron elegidos por voto ciudadano en “elecciones libres y democráticas”. Analizar la representación bajo ese tipo de elecciones –mediadas por los intereses económicos de los grandes capitales (casos de financiamiento irregular de la política), donde la ciudadanía, debido al voto voluntario vota menos del 50% del padrón electoral– provoca una distorsión de la representación. Este asunto se hace igualmente relevante cuando nos aproximamos al tema de la desigualdad y al presupuesto del desacuerdo.

“La política existe cuando el orden natural de la dominación es interrumpido por la institución de una parte de los que no tienen parte”[2] señala Rancière, o sea que la causa de que la política llegue tarde a la repartición aritmética “de los intercambios y reparaciones” induce a dos escenarios posibles, según el filósofo francés: al “orden de la dominación o el desorden de la revuelta”[3]. Señal inequívoca de que la interrupción de la revuelta social es un nuevo ordenamiento de la política.

Vale mencionar también que con la revuelta los cuerpos volvieron a encontrarse en un lugar común para redefinir las partes que los identifican. Vertebrados por una suma de demandas que cuestionan la representación del modelo económico, formulado bajo una estructura patriarcal, que se concibe desde la verticalidad del poder, el estallido social da paso a la voz de la calle, interrumpe el modo anterior gestionando un nuevo reparto de lo sensible donde se desorganizan ciertas comunidades para producir otras. Comunidades auto-convocadas, alejadas de los patrones hegemónicos de la Guerra fría (izquierda y derecha), que no reconocen jerarquía y que se constituyen desde la horizontalidad y la impugnación patriarcal al poder.

Los rayados en los muros de las calles manifiestan el desacuerdo y pueden ser entendidos como la articulación de un logos, donde los sujetos abandonan su estatus parlante de la consigna ensordecedora, para inscribirse en la síntesis del texto y la imagen. Marcas de apropiación, irrupciones en la propiedad privada que pueden ser detectadas en grupos específicos: feminismos, disidencias sexuales, ecologismos, anarquismos, resistencias mapuches, antipsiquiatría, movimientos de resistencia, etc.

Entonces los muros son el formato material perfecto donde se inscribe el logos, que es la palabra “apta para enunciar lo justo”.[4] Rancière señala que en esa dirección surge la política.  Recordemos que Rodolfo Walsh decía que las paredes son la imprenta de los pueblos. Lo que se observa entonces en los rayados, no es el ruido inarticulado, meras “voces que expresan agrado o sufrimiento”[5], sino más bien la inscripción de frases y dibujos que son nuevas formas de la división de lo sensible rearticuladas en el espacio público.

El siguiente rayado que nos interesa comentar aquí es “Vivir en Chile vale un ojo de la cara”, escrito en un muro cercano al metro Universidad Católica y que se encuentra acompañado del dibujo de dos ojos, uno de estos ensangrentado.

El último informe del INDH, realizado el 30 de diciembre del 2019, contabilizó un total de 359 casos de trauma ocular asociados a las manifestaciones. Uno de los casos más frecuentes es el traumatismo ocular con globo abierto (estallido ocular) provocado por la acción de balines antidisturbios. ¿Por qué los ojos se han transformado en la obsesión del blanco policial? ¿Qué relación tiene la vista con la represión política? ¿Se puede detectar un patrón en este tipo de mutilación?

El estallido social fue acompañado de una frase para el bronce: “Chile despertó”. Pero ¿de qué despertó? ¿del gran sueño neoliberal? ¿de su alienación en la sociedad de consumo? Ese despertar va acompañado de un volver a mirar la realidad, de un descubrir todo aquello que había sido banalizado y encontrarle un sentido crítico. Ese despertar de la mirada a los pocos días de la movilización social fue reprimido por la fuerza policial con los conocidos balines que fueron dirigidos a los ojos de los manifestantes. Como una forma de normalizar la mirada, volverla a un régimen anterior del reparto de lo sensible. Esta sanción civilizatoria tiene una larga data. Para Platón el intelecto era el “ojo de la mente”, o sea una forma suprema del Bien.[6] Sabemos que para el filósofo griego los ojos no eran instrumento de la visión sino que una forma de ver a través de ellos. Resulta interesante ese debate porque estamos ante dos acepciones del mirar, que tensa el análisis, una de corte material y hasta orgánico, y otra como modo de comprensión de la realidad. “Demócrito se arrancó los ojos para ver con su intelecto”.[7] El debate de la mirada está presente en el mundo helénico y la retórica pronto pasa a segundo plano, reduciendo asuntos verbales a figuras transparentes, de similitudes más que de diferencias (Aristóteles incluso afirmó en su Poética “que una buena metáfora es ver una similitud”[8]). Si nos quedamos con esta última idea podemos observar que el rayado “Vivir en Chile sale un ojo de la cara” cumple precisamente esa función de similitud comparativa. El alto costo de la vida y la pérdida ocular debido a la represión. Dos designaciones que señalan un litigio, económico y social por un lado, y por el otro el atropello a los derechos humanos. Como si manifestarse de manera pública y en oposición al sistema tuviera un costo que debe ser sancionado en este caso por la mutilación de la vista. Y si seguimos esa línea reflexiva la figura de la represión policial (normalizadora) sería la encargada de cobrar o hacer pagar ese costo (todo tiene su precio, dixit Milton Friedman). Esta lógica neoliberal puede parecer absurda, pero no si nos detenemos en los principios que movilizan al Estado chileno, que plaga el debate político con criterios economicistas y represivos.

También es relevante señalar que en un mundo dominado por la imagen y las pantallas, la vista cobra cierta superioridad en relación, por ejemplo, al oído. Y desde esa perspectiva la represión dirigida a la mutilación ocultar cobra un sentido estratégico en la neutralización del mirar. El manifestante que padece ese terrible trauma ocular, recibe un mensaje de amedrentamiento, que tiene como objetivo final el daño permanente, una huella normalizadora. El tatuaje de la represión en los cuerpos será imborrable.

A modo de conclusión se puede afirmar que, dada la connotación de la revuelta y desde la lectura de algunos rayados, que escapan a la mera denuncia, se puede sostener que el logos de su interrupción está rearticulando la política en la instauración de un desacuerdo que tiene un nuevo reparto de lo sensible. Hemos tomado como ejemplo de rayados “Vivir en Chile vale un ojo de la cara” y otro secundario “No son 30 pesos son 30 años” para reflexionar históricamente sobre las motivaciones del estallido y también desde las diferencias, significados y alcances simbólicos de ambos textos escritos en los muros.

Lo cierto es que desde el 18 de octubre en adelante surge una impugnación al orden establecido a la vieja política y nace un nuevo orden, donde los interlocutores del desacuerdo hablan desde racionalidades distintas, comparten y no un mismo logos. Esto no es ajeno al desplome del patriarcado como ordenamiento del poder. Sostener que esta revuelta no es política significa no entender sus reales motivaciones. Confundir sus principios de organización porque no reconocen estructuras políticas sociales convencionales y con eso desacreditar sus demandas es profundizar el desacuerdo. El problema es que el viejo orden de la política no tiene las herramientas para traducir esta estructura que por el momento sigue en el litigio de ejercer su derecho a hablar desde la transversalidad y nuevas comunidades desjerarquizadas. Los rayados en la muros de las ciudades son el mejor ejemplo de los sin nombre, de lo eternos excluidos de la comunidad que expresan ideas con sentido.


[1] Jacques. Rancière, El desacuerdo (Buenos Aires: Ediciones nueva visión, 1996), 18.

[2] Jacques. Rancière, El desacuerdo (Buenos Aires: Ediciones nueva visión, 1996), 25.

[3] Jacques. Rancière, El desacuerdo (Buenos Aires: Ediciones nueva visión, 1996), 32.

[4] Jacques. Rancière, El desacuerdo (Buenos Aires: Ediciones nueva visión, 1996), 37.

[5] Jacques. Rancière, El desacuerdo (Buenos Aires: Ediciones nueva visión, 1996), 36.

[6] Martin. Jay, Ojos abatidos (Madrid: Ediciones Akal, 2007), 29.

[7] Martin. Jay, Ojos abatidos (Madrid: Ediciones Akal, 2007), 30.

[8] Martin. Jay, Ojos abatidos (Madrid: Ediciones Akal, 2007), 34.

Comparación y evaluación en estudios de memoria.

Durante gran parte del mes pasado, he estado revisando las presentaciones para el primer Premio al Libro de la Memory Studies Association (MSA). Este año marca el inicio de una colaboración más estrecha entre esta revista Memory Studies y MSA, que incluye un número especial dedicado editado por miembros de la asociación. Esperamos que este sea un gran paso hacia adelante para mejorar la reflexión y el debate crítico sobre la naturaleza del campo y el trabajo académico que abarca, basándose en los intercambios animados que han sido una característica de la revista desde su lanzamiento en 2008.

Leer una selección de algunos de los trabajos emergentes más emocionantes en el área me ha dejado algunas reflexiones propias. Sin entrar en los detalles de las presentaciones individuales, el ganador del premio se dará a conocer en la conferencia de MSA en Madrid en junio de 2019, es evidente que, como campo, los Estudios de la Memoria tienen la suerte de contar con una impresionante gama de académicos de carrera temprana, que muestran una combinación de agudeza analítica e investigación creativa que muestra una gran promesa para el desarrollo futuro del campo. Además, la diversidad de temas y sitios de estudio son realmente impresionantes en su alcance internacional. Si bien la revista y MSA han sido predominantemente europeas y norteamericanas en membresía y contribuyentes, estas presentaciones muestran que se está produciendo un cambio hacia una relación diferente entre lo global y lo regional.

Dicho esto, al leer las presentaciones, uno se sorprende con la especificidad de la mayoría del trabajo, que normalmente se centra en un sitio nacional o regional en particular. Esto debe ser bienvenido, por supuesto, particularmente en los casos en que agrega elementos faltantes al mosaico de conocimiento de prácticas de memoria en entornos socioculturales y da voz a grupos subrepresentados. Sin embargo, plantea la cuestión de cómo juzgar la contribución hecha al campo como un todo por cada trabajo individual en ausencia de un comparador comúnmente acordado.

Una solución es recurrir a los estándares de cada disciplina contribuyente: historia, estudios de medios, sociología, psicología, etc. Si bien esto ayudaría a aclarar los méritos particulares de cada trabajo en sus propios términos, desplaza aún más el problema de la comparación, ya que la demostración de experiencia opera de diferentes maneras en todas las disciplinas. Dicho crudamente, las tendencias divergen entre la búsqueda del dominio del conocimiento de un período o práctica socio histórica particular, o de un cuerpo particular de debate teórico, o de un paradigma metodológico específico. Cada disciplina tiene su propia combinación de estas tendencias, pero tiende a poner un valor particular en una sobre las otras. Esto hace que las comparaciones listas entre disciplinas sean casi imposibles.

Para un campo verdaderamente interdisciplinario como los Estudios de la Memoria, superar el peso del pasado en la forma de disciplinas que contribuyen es una tarea importante. Si todavía estamos debatiendo la conveniencia de utilizar un concepto de casi 100 años de antigüedad como el de la “memoria colectiva” de Halbwachs, entonces es improbable cualquier avance repentino en el pensamiento. En parte, esto está ligado a una necesidad sentida de establecer definiciones comunes de la naturaleza de la memoria para aclarar las formas específicas en que las diferentes perspectivas contribuyen al campo en general. Pero esta idea de que el acuerdo en términos comunes es un precursor necesario para el desarrollo de un área está en desacuerdo con la comprensión contemporánea de la interdisciplinariedad (por ejemplo, Nowotny et al., 2001).), que enfatizan los factores sociales externos como motores de la investigación

Las partes interesadas y los financiadores a quienes, en última instancia, somos responsables, les importa más lo que podemos hacer con un concepto como ‘memoria colectiva’ en lugar del lugar que podría ocupar en última instancia en el firmamento teórico de los Estudios de la Memoria. Además, como sostienen sostienen Barry y Born (2013) , la retórica actual en torno a la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad a veces puede enmascarar hasta qué punto el trabajo emblemático reivindicado por disciplinas individuales fue en sí mismo el producto del compromiso interdisciplinario. Bartlett’s (1932) 

Recordando Es un excelente ejemplo aquí: un texto fundacional en la historia de la psicología que es, en realidad, un diálogo de múltiples capas con la antropología social. El olvido de los aspectos interdisciplinarios de la historia de una disciplina resulta en una sobre-reificación de sus modos de investigación y tradiciones.

No estoy sugiriendo que imaginemos un futuro post-disciplinario, donde la “memoria” y las formas en que podría estudiarse están totalmente en juego. Más bien, esa interdisciplinariedad aquí plantea dos cuestiones estrechamente vinculadas. El primero es el estado de las discusiones teóricas en ausencia de distinciones conceptuales claramente elaboradas y el exceso relativo de material empírico potencial al que recurrir. El segundo es el papel de la comparación como herramienta intelectual en relación con los diversos tipos de “datos” y, en última instancia, las diferentes prácticas académicas.

El ejemplo de Antropología Social es útil aquí. La reputación académica en esta disciplina proviene en parte de un vínculo cercano a un sitio de campo específico, que puede estar cerca o lejos de la ubicación institucional del investigador. Mantener una fidelidad al campo y, en particular, a los informantes de confianza, es un signo de calidad, por lo que los investigadores destacados son tan conocidos por quiénes han investigado como por lo que han investigado.En realidad han dicho sobre ellos.

 Hacer teoría en Antropología Social implica, entonces, no tanto la aplicación de un conjunto de categorías preexistentes a la investigación, sino más bien un esfuerzo sostenido para explorar cómo el mundo conceptual del campo en el que el investigador se habita puede ser yuxtapuesto con las tradiciones. de su disciplina. Por ejemplo, el largo trabajo de décadas de Marilyn Strathern en Melanesia le informa directamente sobre su reconceptualización de lo que las categorías de “persona” y “relación” podrían significar para la Antropología Social (ver Strathern, 2005).). De manera similar, el paradigma “multinatural” asociado con Eduardo Viveiros de Castro, que sostiene que la “naturaleza” puede considerarse como construida, mientras que la “cultura” se considera relativamente estable, desestabilizando así las claras distinciones entre naturaleza y cultura, surge de un compromiso prolongado con los amerindios. perspectivas (ver Viveiros de Castro, 2016 ).

La comparación también tiene un lugar único en la antropología social. Cualquier acto de comparación se basa en un conjunto anterior de categorías y relaciones que proponen posibles similitudes y diferencias que constituyen “me gusta”. La capacitación en una disciplina dada implica aprender estas categorías y relaciones de manera que se conviertan en una sensibilidad, una cuestión de qué sabe bien y qué no. El desafío interdisciplinario de que se les pida que consideren un concepto diferente de memoria o forma de evidencia puede sentirse más bien como que se les sirva comida aparentemente no comestible. Debido a que la naturaleza misma de la realización de investigaciones en Antropología Social implica cierto grado de trabajo comparativo en entornos culturales, la comparación se considera como una práctica digna de investigación en sí misma.Bill Maurer (2005) ha promovido la opinión de que hacer comparaciones inesperadas o experimentales apuntalan un “razonamiento lateral” que puede producir ideas novedosas. En todos los casos, el hecho de hacer comparaciones o estudiar cómo hacen las comparaciones los demás es una forma de pensar en lugar de ser simplemente un ejercicio de aplicar lo que ya se conoce (ver Deville et al., 2016 ).

En Estudios de la memoria, tenemos una multitud de teorías diferentes y enfoques diferentes sobre qué es la teoría y cómo se formaliza. Esta falta de un vocabulario general claramente hace que para algunas conversaciones difíciles. Pero también tenemos grupos y entornos muy específicos con los que trabajamos. Deben ser parte de la conversación. Cuando los conceptos se basan adecuadamente en las relaciones y el universo conceptual de una forma particular de vida, dejan de ser materia de especulación abstracta y se convierten en instancias de una perspectiva vivida. Discutir un concepto sobre esta base significa comparar una o más perspectivas vividas con otra y preguntar cómo el concepto en cuestión podría impactar en ese mundo, qué diferencias podría hacer, qué tipo de interrupciones plantea. Las apuestas se vuelven muy diferentes. En lugar de buscar un común, En un marco teórico integrado, podemos, en cambio, trabajar para encontrar formas en que los mundos diversos puedan yuxtaponerse, sin fusionarse nunca por completo. Por ejemplo, en este número, entramos en los mundos de la “generación de abuelos” en la España post-franquista (Aguilar y Ramírez-Barat), el “movimiento paraguas” en Hong Kong (Lee et al) y la generación latchkey de Rumania. ‘(Pohrib). Todos los autores han logrado que estos mundos estén disponibles para la comunidad de académicos de la memoria al demostrar la realidad de la memoria tal como funcionó en cada uno. Un diálogo teórico podría comenzar luego preguntando qué diferencia haría para cada mundo que un concepto de otro entrara en él, si el concepto podría “vivir” en ese mundo o no. . Todos los autores han logrado que estos mundos estén disponibles para la comunidad de académicos de la memoria al demostrar la realidad de la memoria tal como funcionó en cada uno. Un diálogo teórico podría comenzar luego preguntando qué diferencia haría para cada mundo que un concepto de otro entrara en él, si el concepto podría “vivir” en ese mundo o no. Todos los autores han logrado que estos mundos estén disponibles para la comunidad de académicos de la memoria al demostrar la realidad de la memoria tal como funcionó en cada uno. Un diálogo teórico podría comenzar luego preguntando qué diferencia haría para cada mundo que un concepto de otro entrara en él, si el concepto podría “vivir” en ese mundo o no.

Los documentos de Quílez y Rueda sobre el cambio en la realización de documentales políticos españoles y Nagy sobre obituarios húngaros son notables al demostrar cómo una atención cercana a un aparente “me gusta” puede descubrir diferencias y transformaciones. Aquí, las prácticas comparativas del entorno particular, las formas en que se organizan las similitudes y las distinciones, se vuelven importantes. Pero la riqueza empírica de los documentos también nos permite hacer otros tipos de preguntas: cómo sería un documental “malo” o un obituario “inadecuado”, y qué nos diría esto sobre las prácticas comparativas particulares en sí mismas y las diferencias entre ellos. ? Luego podríamos preguntarnos qué es lo que dentro de estas prácticas parece perturbar las nociones existentes de memoria colectiva y cómo reformular el concepto sobre la base de estos casos específicos. También podemos considerar una comparación novedosa o experimental entre el análisis de Gustafsson del debate sobre la Gran Hambruna China en Weibo y el relato de Sodaro sobre el Museo Nacional Memorial del 11 de septiembre. Estos son mundos completamente diferentes en términos de medios, el período histórico que se recuerda, el contexto nacional y, sin duda, muchas otras características. La base para la comparación tendría que ser inventada especulativamente. Sin embargo, al obligarnos a hacerlo, comenzaríamos a desarrollar una forma de abstracción que se mantuviera enraizada en los mundos mismos, una especie de nivel intermedio situado en algún lugar entre el análisis empírico estricto y la teorización que sería diferente de una ubicación disciplinaria particular.

Entonces, ¿dónde deja eso el problema de establecer el valor de un trabajo para los Estudios de la Memoria? Proporciona algún criterio por encima de una contribución disciplinaria específica. El trabajo que hace que un mundo esté disponible para la comunidad académica, le permite convertirse en un objeto de debate en sus propios términos en lugar de servir como ejemplo de un enfoque conceptual existente, se vuelve enormemente importante. Al mismo tiempo, una descripción de las prácticas comparativas a través de las cuales se promulga la memoria dentro de ese mundo permite una conversación de lo que varios conceptos realmente hacen cuando se ven desde la perspectiva de ese mundo, lo que proporciona un enfoque diferente, y yo diría, igualmente productivo Ruta hacia la teorización. Finalmente, el trabajo que se hace susceptible de comparación extrayendo las idiosincrasias, las particularidades del mundo que describe, Tendría un papel crucial en permitir comparaciones experimentales. A veces, en un juego, es la pieza de forma irregular o la carta muy específica la que resulta crítica, en un momento dado, porque permite un movimiento que de otra manera sería imposible. Es la búsqueda de lo novedoso e inusual en lugar de lo universal y lo sintético lo que hace que las cosas avancen.

Barry, A, Nacido, G (eds) ( 2013 ) Interdisciplinariedad: Reconfiguraciones de las Ciencias Sociales y Naturales. Londres : Routledge . 
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Bartlett, FC ( 1932 ) Recordando: Un estudio en psicología experimental y social. Cambridge :Cambridge University Press . 
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Deville, J, Guggenheim, M, Hrdličková, Z (eds) ( 2016 ) Práctica de comparación: Lógica, relaciones, colaboraciones. Manchester : Mattering Press . 
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Maurer, B ( 2005 ) Vida mutua, limitada: banca islámica, monedas alternativas, razón lateral.Princeton, NJ : Princeton University Press . 
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Nowotny, H, Scott, P, Gibbons, M ( 2001 ) Repensando la ciencia, el conocimiento y el público en una era de incertidumbre. Cambridge : Polity Press . 
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Strathern, M ( 2005 ) Conexiones parciales. Ed actualizado Walnut Creek, CA : AltMira . 
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Viveiros de Castro, E ( 2016 ) The Relative Native: Ensayos sobre mundos conceptuales indígenas. Chicago, IL : HAU . 
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Book Review: Grassroots Activism and the Evolution of Transitional Justice: The Families of the Disappeared by Iosif Kovras | LSE Review of Books

In Grassroots Activism and the Evolution of Transitional Justice: The Families of the Disappeared, Iosif Kovras looks at the varying mobilisations of the families of the disappeared through four ca…

Origen: Book Review: Grassroots Activism and the Evolution of Transitional Justice: The Families of the Disappeared by Iosif Kovras | LSE Review of Books

En Activismo de base y la evolución de la justicia transicional: las familias de los desaparecidos ,  Iosif Kovras analiza las diferentes movilizaciones de las familias de los desaparecidos a través de cuatro estudios de caso: Chile, Chipre, Líbano y Sudáfrica. Encuentra Ebru Demir, enfatizando la importancia del contexto en la conformación de los objetivos y el éxito de los diferentes movimientos, esta es una contribución estimulante a la literatura crítica sobre la justicia transicional  .

El activismo de base y la evolución de la justicia transicional: las familias de los desaparecidos . Iosif Kovras. Prensa de la Universidad de Cambridge. 2017.


Mientras escribía esta reseña de un libro, estaba revisando las noticias y viendo el juicio de Ratko Mladić en vivo por televisión. Junto a esto, también leí los comentarios de algunos de mis amigos bosnios en Facebook sobre la decisión del tribunal. Una de estas amigas, Elmina Kulasić, todavía está buscando a sus abuelos desaparecidos. En su publicación, escribió: “El veredicto en el caso Mladić no traerá a nuestros seres queridos de vuelta, pero nos dará un atisbo de justicia y coraje para continuar nuestros esfuerzos en la búsqueda de la verdad y contrarrestar la negación del genocidio”.

Esta oración se corresponde con los argumentos en Activismo de base y la evolución de la justicia transicional: Las familias de los desaparecidos : el significado de los juicios para las familias de los desaparecidos depende de las dinámicas contextuales. Como lo subrayó mi amigo, el veredicto será una herramienta para que los bosnios contrarresten la negación del genocidio ya que, en el contexto bosnio, no hay una verdad compartida. Debido a la ausencia de esto, la decisión en sí parece haber sido el objetivo principal de las familias de los desaparecidos.

¿Pero las familias de los desaparecidos comparten los mismos objetivos en todos los contextos? Si no es así, ¿cómo y de qué manera se configuran los diferentes objetivos? Al responder estas preguntas, Iosif Kovras tiene un mensaje conciso: el contexto importa . Kovras analiza las diferentes movilizaciones de las familias de los desaparecidos a través de cuatro estudios de casos desafiantes: Chile, Chipre, Líbano y Sudáfrica, aunque las experiencias de muchos más países se destacan y se mencionan frecuentemente en todo el libro.

La pregunta principal que se aborda es: ‘¿por qué los grupos de víctimas en algunos países son atrapados en silencio, incluso después de varias décadas, mientras que otros grupos hacen que los responsables rindan cuentas?’ (3). Para responder a esta pregunta, Kovras ofrece un análisis comparativo en profundidad de los cuatro casos con sus resultados de justicia de transición divergentes. El libro se convierte en una respuesta a la brecha en la literatura al explorar el papel de los grupos de víctimas en los procesos de justicia transicional. Lo que también hace distintivo a este libro es que Kovras analiza las razones subyacentes a la pregunta de qué movimientos de las familias de los desaparecidos han sido “exitosos” al analizarlos dentro de sus contextos globales e históricos. En lugar de ver los fracasos en cualquier movilización de estas familias como la “causa” del fracaso en los procesos de justicia transicional,

Crédito de la imagen: Protesta fuera del palacio gubernamental bajo el régimen de Pinochet, Chile ( Kena Lorenzini, donada al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos CC POR 3.0 )

El libro propone un nuevo marco conceptual de recuperación de la verdad para los desaparecidos. En este marco, Kovras identifica tres niveles de recuperación de la verdad: el silencio institucionalizado; verdad forense y la verdad mas amplia. El silencio institucionalizado se refiere a aquellas sociedades que responden al problema de los desaparecidos mediante la promulgación de leyes de amnistía: Kovras llama a este tipo de verdad el nivel más estrecho de verdad (37). La verdad forense sugiere “un nivel muy estrecho de recuperación de la verdad, asociado con el proceso de exhumación, identificación y devolución de restos a las familias” (37). La verdad más amplia, como sugiere el término, se refiere a la revelación de la verdad en todos los aspectos mediante la realización de investigaciones efectivas para identificar a los responsables principales de las desapariciones en primer lugar (37). Kovras enfatiza que la verdad más amplia está más en línea con el Derecho Internacional. De hecho, en virtud de la Convención para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, los estados deben “llevar a cabo una investigación o investigación preliminar para establecer los hechos” (artículo 10.2 de la Convención), por lo que la “verdad más amplia” es lo que el Derecho Internacional obliga a los estados a perseguir.

Sin embargo, incluso en aquellos países que están implementando la ‘verdad más amplia’ según el cuadro que se presenta en el libro (44), Kovras destaca que es el papel desempeñado por los actores internacionales lo que permite a los países alcanzar esto. Para dar un ejemplo, Bosnia y Herzegovina se clasifica en una “verdad más amplia”, pero la discusión en el libro también ilustra el importante papel de las partes interesadas internacionales influyentes, por ejemplo, en el proceso de exhumación. Kovras enfatiza que sin la participación de organizaciones internacionales, sería imposible, para todos los propósitos prácticos, exhumar a 17,000 personas (de las 30,000 desaparecidas) que desaparecieron en los Balcanes (36) y alcanzar la “verdad más amplia” aquí. Así, aunque la tabla inicialmente parece simplista,

Entonces, ¿qué quieren y esperan las familias de los desaparecidos de la justicia transicional? La respuesta a esto es otra pregunta: ¿en qué contexto y qué familias? Kovras destaca las peticiones de las familias en cada caso por separado. Por ejemplo, en Argentina, las Madres de Plaza de Mayo adoptaron “una actitud intransigente, evidente en su lema principal” aparicion con vida “.(traerlos de vuelta con vida) ‘(72). Kovras señala que no solo las peticiones de las familias de los desaparecidos cambiaron con el tiempo, sino que tampoco fueron un grupo homogéneo con demandas unificadas. Si bien las Madres de la Plaza de Mayo exigieron información sobre el paradero de sus hijos, más tarde “a medida que aparecían más oportunidades, el llamado a la rendición de cuentas y la justicia punitiva se hicieron más fuertes” (72). Por otro lado, un consorcio de otros grupos familiares en Argentina, las Abuelas de Plaza de Mayo, dio prioridad a las exhumaciones, lo que de hecho fue un gran problema para las Madres, ya que podía “despolitizar el tema y desviarse del objetivo central del grupo”. , que en 1984 se había convertido en justicia punitiva para los perpetradores ‘(72).

La afirmación crucial de Kovras, por lo tanto, es que “la ley sigue las luchas sociales y políticas en las sociedades”. Esto también se superpone con los resultados del libro. Termina presentando el argumento de que los países cuyos períodos de transición son seguidos por la “democratización” tienen una posibilidad más realista de alcanzar la verdad más amplia (231). El Líbano se puede dar como ejemplo: el “silencio institucionalizado” en el Líbano es, según Kovras, “el resultado de las débiles instituciones democráticas y el fracaso del proceso democrático” (151). Dado que la “democratización” es esencial en el proceso de movilización de las familias de los desaparecidos, se podría haber asignado más espacio en el libro a una discusión sobre el significado de “democracia” y el proceso de “democratización”. Aquí, de nuevo, consistente con el propio argumento riguroso de Kovras, Los países también pasan por diferentes procesos de ‘democratización’. Una consideración de la relevancia y las interacciones entre las familias y los procesos democráticos habría enriquecido y profundizado aún más las discusiones.

En general, Kovras hace una importante contribución al poner de manifiesto la heterogeneidad de las familias de los desaparecidos, desafiando la literatura existente. Además de los análisis profundos y rigurosos de los estudios de caso, la terminología que utiliza Kovras también presenta una discusión original y estimulante. El libro se alía con la literatura crítica sobre la justicia transicional, ya que destaca y nos recuerda la importancia del contexto al analizar las familias de los desaparecidos.


Ebru Demir es un estudiante de doctorado de tercer año y tutor asociado en la Universidad de Sussex, Facultad de Derecho. Sus áreas de investigación son la justicia transicional; justicia transformadora mujer, paz y seguridad; y la consolidación de la paz en Bosnia y Herzegovina.

Nota: esta revisión proporciona las opiniones del autor, y no la posición del blog LSE Review of Books, o de la London School of Economics. 

 ARGENTINA: ¿VÍCTIMAS, FAMILIARES O CIUDADANOS?, LAS LUCHAS POR LA LEGITIMIDAD DE LA PALABRA

ARGENTINA: ¿VÍCTIMAS, FAMILIARES O CIUDADANOS?, LAS LUCHAS POR LA LEGITIMIDAD DE LA PALABRA“

¿Víctimas, familiares o ciudadanos?LAS LUCHAS POR LA LEGITIMIDAD DE LA PALABRA

”En los discursos sociales sobre la última dictadura argentina, las narrativas personales del sufrimiento tienen una carga de legitimidad enorme. El desafío histórico, plantea Elizabeth Jelin, es la ampliación del compromiso con el pasado que incluya a la ciudadanía en su conjunto. Un fragmento de “La lucha por el pasado” (Siglo XXI) en el que la autora pone la lupa sobre la construcción de la memoria social .La experiencia argentina puede ser tomada como un caso extremo del poder del “afectado directo” y de las narrativas personales del sufrimiento en las disputas  acerca de cuáles son las voces que “pueden hablar” del pasado dictatorial. En­ el período posdictatorial, la “verdad” se identificó poco a poco con la posición de “afectado directo”, primero en la voz de los parientes directos de las víctimas de la represión estatal (la figura emblemática son las Madres, complementadas posteriormente por la voz de H.I.J.O.S. y Herman@s). La voz de sobrevivientes de centros clandestinos de detención y de militantes y activistas de la época no estuvo presente con la misma fuerza en el espacio público sino hasta mucho después, y llegó a ocupar el centro de la escena pública casi treinta años después del golpe militar de 1976.La  presencia pública de la voz de familiares primero, sobrevivientes después, implicó un poder considerable en la definición de la agenda de reclamos alrededor del pasado dictatorial en el país. La­ noción de “verdad” y la legitimidad de la palabra (o, si queremos ser más extremos, la “propiedad” del tema) llegaron a encarnar en la experiencia personal y los vínculos­ familiares, en especial los genéticos. ­

Dentro del campo político progresista que se identifica con la denuncia y la condena al terrorismo de ­Estado, la presencia simbólica y el consiguiente poder político de estas voces en la esfera pública es muy fuerte y posee una carga de legitimidad enorme. ­La eficacia del familismo y del maternalismo primero, y más recientemente la identificación con la militancia setentista, implican la relegación o exclusión de otras voces sociales –­las ancladas en la ciudadanía o en una perspectiva más universal referida a la condición humana, por ejemplo ­en la discusión pública de los sentidos del pasado y las políticas a seguir en relación con él. ­El desafío­ histórico y político que se les presenta a los actores democráticos es transformar estas tendencias excluyentes, para extender el debate político y la participación a la ciudadanía en su conjunto.

La familia y el familismo en las políticas de la memoria .

La idea de familia y los lazos familiares ocupan en la ­Argentina un lugar muy particular a partir de la dictadura y el terrorismo de ­Estado. Los militares que tomaron el poder en 1976 usaron (y abusaron de) la referencia a la familia. Primero,­ el gobierno definió a la sociedad como un organismo constituido por células (familias). De­ esta forma, estableció un vínculo­ directo entre la estructura social y su raíz biológica, naturalizando los roles y valores familísticos. Existía­ sólo una forma, la forma “natural”, en que la sociedad argentina podía organizarse. A su vez, en la medida en que la metáfora de la familia se aplicaba a la nación como un todo, el padre Estado adquiría derechos inalienables sobre la moral y el destino físico de los ciudadanos. La­ imagen de la nación como “gran familia argentina” implicaba, de manera tácita, que sólo los “buenos chicos” eran verdaderamente argentinos.En­ este discurso, la autoridad paterna era fundamental. Se esperaba que los hijos e hijas acataran las obligaciones morales de obediencia no había lugar para ciudadanos y ciudadanas con derechos, para seres humanos con autonomía personal. En­ un mundo como ese, “natural” antes que social o cultural, el peligro del mal o la enfermedad venía “de afuera”: algún cuerpo extraño que invade y contagia. Y­ para restablecer el equilibrio natural era imprescindible una intervención quirúrgica que permitiera extraer y destruir los tejidos sociales infectados. El régimen militar, de esta forma, se transformaba en el padre protector que se haría cargo de la ardua responsabilidad de limpiar y proteger a su familia, ayudado por otros padres “menores”, que se ocuparían de controlar y disciplinar a los adolescentes rebeldes. Las publicidades estatales en la televisión preguntaban: “¿Sabe usted dónde está su hijo ahora?”, urgiendo a los padres a reproducir ad infinítum el trabajo de seguimiento, control e inteligencia que llevaban a cabo los militares. (…)¿Por qué las denuncias y demandas del movimiento de derechos humanos debían formularse en términos de parentesco? En el contexto político de la dictadura, la represión y la censura, las organizaciones políticas y los sindicatos estaban suspendidos. El uso que el discurso dictatorial hizo de la familia como unidad natural de la organización social tuvo su reflejo en parte del movimiento de derechos humanos: la denuncia y protesta de los familiares era, de hecho, la única que podía ser expresada. Después de todo, eran madres en busca de sus hijos…

La dictadura atribuía a los padres la responsabilidad final de prevenir o impedir que sus hijos se convirtieran en “subversivos”. Cuando los padres o madres se acercaban a alguna repartición gubernamental para preguntar por el destino de sus hijos, la respuesta era una acusación: ellos no sabían lo que estaban haciendo sus hijos porque no habían ejercido debidamente su autoridad paterna; si los y las jóvenes se transformaban en “subversivos”, se debía a deficiencias en la crianza familiar. De esta forma, la paradoja del régimen argentino de 1976-1983 (con similitudes en los otros regímenes militares del Cono­ Sur­ en la época) era que el lenguaje y la imagen de la familia constituían la metáfora central del gobierno militar; también la imagen central del discurso y las prácticas del movimiento de derechos humanos. La imagen paradigmática es la madre, simbolizada por las Madres de la Plaza de Mayo con sus pañuelos-pañales en la cabeza; la madre que deja su esfera privada “natural” de vida familiar para invadir la esfera pública en busca de su hijo secuestrado-desaparecido.

Los Familiares, las Madres y las Abuelas a partir de los años setenta, H.I.J.O.S (acrónimo­ de Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) veinte años después y Herman@s de Desaparecidos por la Verdad y la Justicia, ya en el siglo XXI, son las organizaciones que mantienen activas sus demandas de justicia, verdad y memoria. Lo más significativo es que estas agrupaciones entran en la esfera pública en el sentido literal (y biológico) de las relaciones de parentesco, antes que como metáforas o imágenes simbólicas de los lazos familiares.

A pesar de sus orientaciones contrapuestas y en conflicto, tanto en el gobierno militar como en el movimiento de derechos humanos se hablaba en la clave familiar de los lazos naturales y cercanos. Para unos, la familia era el control y la autoridad enmascarados como escudo de protección contra las amenazas y el mal. Para otros, el lazo familiar personalizado y privado justificaba y motivaba la acción pública con un doble propósito: por un lado, revertir la imagen de “mala familia” que los militares querían transmitir en relación con las familias de las víctimas, que presentaban a sus parientes víctimas como niños y niñas ejemplares, buenos estudiantes y miembros de familias armoniosas; en suma, como ideales o “normales”. Por otro lado, la pérdida familiar impulsaba la expansión de los lazos y sentimientos privados hacia la esfera pública y rompía de modo decisivo la frontera entre vida privada y ámbito público.

Esta aparición pública de los lazos familiares en la vida política es significativa, más allá de sus objetivos y su presencia. Implica­ una reconceptualización de la relación entre vida pública y privada. En la imagen que el movimiento de derechos humanos comunicó a la sociedad, el lazo de la familia con la víctima era la justificación básica que legitimaba la acción. Para el sistema judicial, en realidad, era el único. Sólo las víctimas sobrevivientes y los parientes directos eran considerados “afectados” en sus demandas de reparación –personalizadas e individualizadas–. Sin embargo, este familismo público y político plantea de­safíos y conlleva peligros en cuanto a su impacto cultural y político. Las Madres pueden haber generalizado su maternidad, con el eslogan de que todos los desaparecidos son hijos de todas las Madres. Al mismo tiempo, y como efecto de esta interpretación de la noción de familia, se crea una distancia –imposible de superar–en las movilizaciones públicas: entre quienes llevan la “verdad” del sufrimiento personal y privado y quienes se movilizan políticamente por la misma causa, pero presumiblemente por otros motivos que no son vistos como igualmente transparentes o legítimos. ­Es como si en la esfera pública del debate, la participación no fuera igualitaria, sino estratificada de acuerdo con la exposición pública del lazo familiar; razones ideológicas, políticas o éticas no parecen tener el mismo poder justificatorio a la hora de actuar en la esfera pública, excepto “acompañando” las demandas de los “afectados directos”.

De víctimas a sujetos de derecho. Verdad y justicia en la transición

El énfasis en el familismo transmite solamente una parte de la historia. El final de la dictadura y la instauración de un régimen constitucional en diciembre de 1983 implicaron la búsqueda de respuestas institucionales a las violaciones de los derechos humanos perpetradas por el régimen dictatorial. La manera en que el nuevo gobierno ajustaría cuentas con el pasado fue un componente central del establecimiento del estado de derecho. Los pasos siguientes apuntaron a transformar el escenario: del protagonismo central del sufrimiento de víctimas y familiares a otro escenario donde se reconocían los crímenes cometidos por el Estado­ y se buscaban procesos de condena y castigo a los victimarios. En ese proceso, las víctimas  despojadas de sus derechos y de su condición humana se constituirían en ciudadanos y ciudadanas reconocidos y legitimados.

(…) La confrontación entre las demandas del movimiento de derechos humanos y el nuevo gobierno fue intensa. El movimiento buscaba alguna forma legítima de castigo que pudiera servir al mismo tiempo como reafirmación de los valores éticos básicos de la democracia. En lugar de una comisión parlamentaria, el gobierno decidió que la investigación estuviera a cargo de una comisión independiente de “notables”: la Conadep.  (…) La Conadep fue la manera de indagar y dar a conocer lo sucedido, de saber y reconocer la verdad. Una vez logrado esto, vendría el tiempo de la justicia. El juicio mostraría si el estado de derecho podía imponerse por encima de la fuerza. Como ya se dijo, el despliegue del procedimiento jurídico, con todas las formalidades y los rituales, puso al Poder Judicial en el centro de la escena institucional: las víctimas se transformaron en “testigos”, los represores se tornaron “acusados”, y los actores políticos debieron transformarse en “observadores” de la acción de los jueces, que a su vez se presentaban como una autoridad “neutral” que definía la situación según reglas legítimas preestablecidas.

Con­ el juicio, el péndulo se movía desde las narrativas personales concretas, históricamente situadas, hacia las demandas universales ligadas a los derechos humanos. ­Como señaló un testigo (víctima de desaparición­ y de prolongado encarcelamiento), “el juicio eliminó esos testimonios fantasmas en la sociedad, puso a las víctimas como seres humanos, las igualó con el resto de los seres humanos” (Norberto­ Liwski, entrevista Cedes,­ 1/10/1990). El­ momento histórico del juicio implicaba el triunfo del estado de derecho, la transformación de la víctima en sujeto de derecho como corporización del nuevo régimen democrático. Los derechos ciudadanos igualitarios se reafirmaban. ­Al mismo tiempo, sin embargo, el sufrimiento y la necesidad de saldar cuentas no se abolían en ese acto, y la especificidad del nivel personal y familiar resurgiría de varias maneras, incluso quizá con más potencia.

En el registro de testimonios de la Conadep,­ y con mayor dramatismo en las audiencias del ­juicio, ocurría algo importante. La desaparición, la tortura y la detención clandestina implican la suspensión del lazo social y político. La relación entre víctima y victimario es una relación directa; no hay marco normativo social o político que la rija. La noción de víctima no refiere específicamente al grado de daño o sufrimiento vivido, sino a la condición radical de haber sido despojada de la voz y de los medios para probar lo ocurrido (Lyotard, 1988). La voz de la víctima no pertenece al mundo real reconocido; en tanto no hay medios para verificar nada de lo ocurrido en el contexto del terror arbitrario y el poder total, es como si nunca hubiera sucedido. De esta manera, las víctimas son empujadas al silencio o, cuando hablan, no se les cree. En contraste, la posición de sujeto de derecho implica que los adversarios en conflicto tienen acceso a una autoridad, a un tribunal que puede juzgar la verdad de lo que se alega según procedimientos y reglas que permiten presentar pruebas. El recurso a la ley implica un cambio radical en la posición de los oponentes, en tanto ambos son ahora reconocidos como partes del conflicto.

Los hechos de la represión política, que para muchos, de ambos lados, habían sido interpretados hasta entonces de acuerdo con un paradigma de “guerra” (que incluía a menudo el adjetivo “sucia”), eran ahora juzgados según el paradigma de las “violaciones a los derechos humanos”. Sin embargo, esta creciente conciencia sobre el estado de derecho y su corporización jurídica en el paradigma de los derechos humanos conlleva una paradoja: creer en un sujeto de derecho individual equivale a creer en un sujeto abstracto. La ley reinstala la condición humana de la víctima, pero, para hacerlo, abstrae su condición concreta, histórica y políticamente situada. De esta manera, el “estado de derecho” tiene el efecto de inhibir o borrar las perspectivas políticas y morales. En este sentido, una consecuencia de la instalación del paradigma jurídico, a partir del juicio a los ex comandantes, fue el enmascaramiento y el silenciamiento de identidades políticas sustantivas y de las confrontaciones ideológicas y políticas involucradas.

El resultado del juicio y la sentencia (en diciembre de 1985) excedió la condena a los ex comandantes. Antes­ que “saldar las cuentas con el pasado” de manera prácticamente definitiva, como esperaba el presidente Alfonsín,­ el veredicto abrió la puerta a más procesamientos y juicios.

La historia no termina aquí, sin embargo. Cuando el Estado abandonó el escenario de la construcción institucional, las iniciativas ligadas al pasado retornaron al espacio de los actores sociales, en especial las víctimas y sus familiares. Las Madres de Plaza de Mayo no interrumpieron sus acciones. Tampoco las Abuelas, ocupadas con los secuestros de niños y niñas y las adopciones ilegales. El movimiento de derechos humanos continuó con sus denuncias y demandas de justicia, aunque en los años siguientes presentó altibajos en su perfil público y su capacidad de movilización social.

La búsqueda de las abuelas, las pruebas de ADN y las identidades recuperadas

Los militares secuestraron e hicieron desaparecer a miles de personas. En muchos casos, niños y niñas fueron capturados con sus madres y padres. A veces, los niños secuestrados fueron devueltos a sus familiares –por lo general, sus abuelos–, pero no siempre. Los secuestros de mujeres jóvenes embarazadas llevaron a una doble búsqueda a los familiares: tuvieron que buscar a los jóvenes desaparecidos­ y, al mismo tiempo, a sus hijos. Las Abuelas de Plaza de Mayo comenzaron a organizarse y a elaborar su estrategia cuando, a fines de 1977, muchas mujeres se dieron cuenta (en alguna de las tantas e interminables visitas a sedes policiales, oficinas de gobierno, iglesias y embajadas) de que su caso no era único; que, además de buscar a sus hijos, debían intentar recuperar a sus nietos y nietas secuestrados o nacidos en cautiverio; esta última, una posibilidad alimentada por los rumores circulantes, que indicaban que los secuestradores mantenían con vida a las mujeres embarazadas en los centros clandestinos de detención hasta que daban a luz, para luego separarlas de sus bebés y hacerlas desaparecer. Lo que siguió fue darse cuenta de que esos niños y niñas  funcionaban como “botines de guerra”: eran apropiados y “adoptados” ilegalmente por los secuestradores mismos o entregados a otros, en su mayoría personas ligadas al aparato represivo.

Cuando quedó claro que no todos los niños y niñas secuestrados habían sido asesinados, y que a muchos les habían cambiado la identidad, las  Abuelas se movieron en dos direcciones: buscaron rastros y huellas para averiguar dónde podían estar los niños y buscaron apoyo internacional para prepararse para la hipotética situación de recuperación de su identidad. La comunidad científica internacional avanzó en las técnicas de estudios genéticos (…) Después de la transición al gobierno constitucional de 1983, se comenzó a trabajar para implementar un Banco Nacional de Datos Genéticos (creado finalmente en 1987) donde los familiares de niños secuestrados o nacidos en cautiverio pudieran depositar material genético para eventuales pruebas futuras. A su vez, en 1992 se estableció la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi).

Después  de treinta y cinco años, los niños y niñas secuestrados y nacidos en cautiverio ya son jóvenes adultos. Las  campañas de Abuelas se dirigen entonces a esos jóvenes; son campañas publicitarias, entre ellas, una con el siguiente mensaje: “Si tenés dudas acerca de tu identidad, contactate con Abuelas”. La restitución de la identidad es una intervención legal, psicológica, científica y social compleja. El sistema judicial es la instancia formal final que debe resolver los conflictos. (…) A menudo, los deseos y demandas de estos diversos actores el Estado que constata el crimen de secuestro y apropiación, el hijo y su derecho a la identidad pero también a la protección de su intimidad, los familiares y su derecho a la verdad, la sociedad que exige la verdad histórica no sólo no coinciden, sino que pueden chocar y entorpecerse. La resolución legal está en manos del Poder Judicial. Las otras corren por los carriles de la política, la subjetividad de los involucrados, los grupos sociales y las expresiones culturales. El impacto social y cultural de la restitución de la identidad es significativo, aunque difícil de calibrar. Existe un claro apoyo y admiración social por la labor de las Abuelas y por avanzar en el esclarecimiento y la restitución de la identidad de chicos secuestrados y nacidos en cautiverio. El banco genético y las pruebas de ADN son, sin dudas, herramientas fundamentales para esta tarea y refuerzan la creencia en que la prueba definitiva de la verdad descansa en la prueba de ADN, en la genética, en la biología y en la sangre (Penchaszadeh, 2012).

No obstante, el tema plantea una paradoja, con consecuencias sociales difíciles de prever. El recurso básico de la prueba genética se desarrolla  en un momento histórico en que la genética adquiere un fuerte protagonismo en temas familiares. Sin embargo, el parentesco y la familia son, en esencia, lazos sociales y culturales. ¿Cómo podrán las sociedades y los sistemas legales conciliar o confrontar las tensiones entre estas dos claves normativas? Sin duda, la sociedad argentina o mejor dicho, la sociedad mundial necesita dar una respuesta normativa a varios temas de manera simultánea: los dilemas éticos que conlleva la aplicación de técnicas reproductivas, las normas que rigen la adopción y el derecho de los hijos a conocer su filiación (introducido en la Convención­ sobre los Derechos del Niño), y los avances médicos que enfatizan las predisposiciones genéticas.  Dado el significado cultural y político de la recuperación de la identidad robada que la Argentina­ ha afrontado durante las últimas décadas y el sentido de “verdad” de las pruebas genéticas, nuestro país puede llegar a ser un caso testigo crucial para explorar la transformación de las interpretaciones sociales del vínculo entre biología y cultura en relación con la familia.

Sobrevivientes en la conmemoración pública

Las luchas por los sentidos del pasado se actualizan en los rituales y las conmemoraciones. ¿Quiénes protagonizan estos eventos? ¿Cuáles­ voces se expresan? ¿Con­ qué mensaje o interpretación? ­Cada 24 de marzo se conmemora la fecha del golpe militar de 1976. Es una fecha importante, que evoca significados diferentes para diversos actores sociales y políticos. En ese contexto, la del 24 de marzo de 2004 fue una conmemoración muy especial. Para nuestro argumento, cuentan dos elementos centrales: el protagonismo de los y las sobrevivientes, con fuerte presencia y legitimidad mediática, y el papel central ocupado por el entonces presidente Néstor Kirchner, no tanto en su rol de primer mandatario, lo cual hubiera sido toda una novedad dada la cuasi ausencia de la voz presidencial en conmemoraciones anteriores, sino en su identidad de militante y compañero de las luchas sociales de los años setenta. Veamos algunos hitos de esa conmemoración.

El flamante presidente Kirchner y el entonces jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, iban a firmar un acuerdo relacionado con la ESMA, por el cual ese sitio infame, donde estuvieron detenidas clandestinamente unas 5000 personas –en su inmensa mayoría, desaparecidas–, se convertiría en un lugar de memoria. Durante los días anteriores, los y las sobrevivientes ocuparon el centro de la atención: sus voces eran escuchadas permanentemente en radio y en televisión, los diarios publicaban entrevistas y testimonios, y se los podía ver guiando a figuras públicas (incluso al presidente y a Cristina Fernández, por entonces senadora) a través de los pasillos y escaleras de su calvario, detrás de las monumentales rejas, columnas y jardines de la ESMA, ubicada en uno de los barrios más elegantes de Buenos Aires.

Aunque las voces de sobrevivientes habían sido escuchadas antes  fueron testigos fundamentales durante el juicio a los ex comandantes de las  Juntas  Militares, en 1985, y sus testimonios aparecen en libros y entrevistas múltiples, su posición en la escena pública no había sido fácil hasta entonces. El hecho de que hubieran podido sobrevivir al horror generaba en muchos un halo de sospecha. A menudo, rondaba la pregunta acerca del porqué. Desde los primeros testimonios ofrecidos por sobrevivientes (hacia fines de los años setenta, por lo general en el exilio en Europa), se sabía que las autoridades navales de la ESMA­ habían organizado una “élite” de personas detenidas (que incluía a profesionales, periodistas y líderes del grupo guerrillero Montoneros), conocida como el “staff” y el “ministaff”, a la que asignaban tareas especiales según sus habilidades políticas: redactar informes, traducir textos de idiomas extranjeros, preparar archivos de recortes de publicaciones. Un mecanismo cultural perverso atrapó entonces a parte de la sociedad argentina: la sospecha de que había alguna racionalidad en la detención, la de­saparición y la supervivencia. El “por algo será”, que el sentido común aplicaba para intentar comprender las detenciones arbitrarias y clandestinas, fue deslizándose hacia la sobrevivencia: debe haber alguna razón que explique por qué sobrevivieron los que sobrevivieron. Esta sensación de sospecha y desconfianza tiñó la recepción de las voces de sobrevivientes.

Sin duda, había un claro reconocimiento del sufrimiento vivido por los sobrevivientes y la aceptación como “verdad” de las descripciones de las condiciones de los campos de detención. Al mismo tiempo, se sospechaba de las condiciones “privilegiadas” en los centros de detención, pero esta sospecha apuntaba más a los silencios (¿colaboración?, ¿delación?, ¿traición?) que a lo que contaban esas voces. Sin­ embargo, como muestra Calveiro­ (1998), imaginar que los detenidos tenían alguna posibilidad de participar en la decisión de su destino es una ilusión: el poder estaba en manos de los perpetradores, y nada de lo que hicieran o dijeran las víctimas podía afectar su suerte. (…)

El­ 24 de marzo de 2004 fue emblemático en este contexto. Los­ y las sobrevivientes de la ESMA­ ocuparon el centro de la escena. ­Recorrían y exploraban el lugar, marcando los itinerarios de la detención, los lugares de tortura y confinamiento, tocaban paredes, registraban movimientos corporales, sonidos y olores (cabe recordar que, en la mayoría de los casos, no habían visto nada durante su detención, ya que estaban encapuchados). Sus testimonios y relatos fueron el telón de fondo, un marco extraordinario para la ceremonia pública de conmemoración. El evento se desarrolló en varias etapas, con diferentes protagonistas: las organizaciones de derechos humanos, especialmente Madres, Familiares e H.I.J.O.S.; el presidente Kirchner y el jefe de gobierno Ibarra firmando los papeles formales para la creación del sitio; la apertura de los portones y la entrada de miles de personas a los edificios, siguiendo las rutas de la represión y la tortura; por último, un escenario donde se pronunciaron discursos y se realizaron actos de conmemoración. Fijemos la atención en esta última etapa.

Los oradores fueron el jefe de gobierno de la ciudad, dos jóvenes nacidos en la ESMA (una que representaba a la organización H.I.J.O.S.; el otro, un joven hijo de desaparecidos apropiado por represores que había recuperado su identidad poco antes del acto) y el presidente Kirchner. También se leyó un poema de una detenida-desaparecida, escrito durante su detención, y participaron varios cantantes populares.

Cada uno de los gestos y palabras de los oradores hacía referencia al lugar donde se desarrollaba­ el acto: la ESMA. Todos  los protagonistas remarcaron algún tipo de vínculo particular y personal con el lugar: el poema elegido pertenecía a una compañera de militancia política de Néstor Kirchner que había pasado por la ESMA; Aníbal Ibarra hizo referencia a un compañero de estudios que desapareció­ en la ESMA; los jóvenes se refirieron a la experiencia personal de haber nacido en ese lugar. Algunas partes del discurso presidencial merecen ser mencionadas. El discurso comienza: “Queridas Abuelas, Madres,  H­.I.J.O.S.: cuando recién veía las manos, cuando cantaban el himno, veía los brazos de mis compañeros, de la generación que creyó y que sigue creyendo en los que quedamos, que este país se puede cambiar”.

Los destinatarios se reiteran: “Abuelas, Madres, hijos de detenidos, desaparecidos, compañeros y compañeras que no están, pero sé que están en cada mano que se levanta aquí y en tantos lugares de la Argentina”. (…)

Llama la atención que en ningún momento se haya dirigido al conjunto de la sociedad, a la ciudadanía en general, más allá del grupo de víctimas, familiares y compañeros. Además, las referencias a su rol de presidente fueron relativamente escasas y marcadas de manera explícita. (…)

¿Qué significa todo esto? ¿Por qué prestar especial atención a este acontecimiento y este discurso? Desde mi punto de vista, su importancia radica en el énfasis en las relaciones particulares y la pertenencia a un grupo específico, en este caso, los militantes y activistas políticos de los años setenta que se identificaban con la izquierda peronista, aunque los oradores no mencionaron en ningún momento la palabra “montoneros”. No olvidemos que hubo muchas otras víctimas de la represión política del régimen militar –la izquierda revolucionaria, cuya aniquilación fue perpetrada por el ejército–y que hubo represión en todo el país y no solamente en la ESMA. Sin­ embargo, la ceremonia estuvo dominada por este lenguaje particularístico, lo cual expresa una vez más la centralidad del familismo y del testimonio personal.

Una vez más, víctimas y familiares. ¿Y la ciudadanía?

¿Podía haber sido diferente? ¿Existe en la Argentina­ espacio para un enfoque más universalizador de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura? ¿Es posible pensar una perspectiva que contribuya a la construcción de ciudadanía basada en un principio de igualdad? ¿Es la legitimidad de la voz personal testimonial un obstáculo para ese proceso? Teóricamente no tiene por qué serlo. Pero la visibilidad y la legitimidad de las voces ancladas en la pérdida familiar primero, y en la vivencia física de la represión y la participación en la militancia política de los años setenta después, parecen delinear un escenario político que define las nociones de “afectado” y “ciudadano” como antagónicas, así como da preeminencia a la primera.

¿De dónde sale el familismo? ¿Qué implica en términos políticos? Como conjunto de valores y creencias, sus raíces pueden rastrearse en la historia cultural y política del país. En la Argentina y en otros países latinoamericanos, la Iglesia católica ha sido un actor cultural poderoso desde la época colonial. Su punto de vista central concibe a la familia “natural” como “célula básica” de la sociedad, y ancla su discurso en una fuerte tradición cultural del “marianismo” (la primacía cultural de la maternidad, encarnada en la figura de la Virgen María). Este conjunto de creencias ha guiado las políticas y los programas del Estado argentino respecto de la vida familiar y también de la relación entre familia y esfera pública. Por otro lado, durante la última parte del siglo XIX y la primera mitad del XX, los inmigrantes europeos trajeron la expectativa de progreso y movilidad ascendente no en la forma de una idea individualista del selfmademan, sino más bien en términos familiares intergeneracionales. Los  inmigrantes no eran individuos aislados en busca de progreso: eran parte de una amplia red familiar y comunitaria regida por vínculos de solidaridad, reciprocidad y responsabilidad mutua. El mismo patrón persistió en las corrientes migratorias posteriores originadas en países latinoamericanos. En suma, la ética de la vida familiar tiene fuertes antecedentes históricos. En  términos más amplios, el familismo implica una base personalizada y particularista para las solidaridades interpersonales y políticas. ¿Cómo se constituyen estas redes de solidaridad? ¿A quiénes se ofrece solidaridad? ¿Qué tipos de relaciones conlleva? No se trata de una relación abstracta y anónima; debe existir un lazo personal que ata a ambos a través de vínculos jerárquicos y redes familiares patriarcales o, al extender el familismo más allá de los vínculos de sangre hacia la vida pública y política, vínculos verticales de patronazgo personalizado (patrón que se tornó políticamente importante para el liderazgo carismático del peronismo).

En este contexto, la construcción de una cultura de ciudadanía universal no ha sido fácil ni totalmente exitosa. El contraste entre las ideas relacionadas con la democracia y la justicia “formales”, por un lado, y la justicia “social” basada en la distribución de beneficios por el otro ha sido un rasgo permanente de la cultura política del país (Jelin y otros, 1996). Podría afirmarse que en la Argentina no se llegó a instaurar una cultura basada en los principios institucionales impersonales de la ley y los derechos. Lo que se había logrado establecer en este sentido –en el campo de los derechos ligados al trabajo, por ejemplo– fue destruido durante el período dictatorial, que implicó la erradicación de los derechos de ciudadanía y el ejercicio absoluto y arbitrario del poder por parte de los victimarios. Las víctimas no eran parte de la comunidad humana; eran seres extraños para ser destruidos. Al quebrarse los vínculos de la comunidad política, los únicos vínculos sobrevivientes fueron los primordiales del parentesco.

El proceso de transición y el restablecimiento de la autoridad estatal legítima, especialmente en el escenario creado por el Juicio a las Juntas­ Militares­ en 1985, restituyeron la subjetividad cívica y política de las víctimas. En algún sentido, fueron un acontecimiento performático de reinstalación de la ciudadanía y el estado de derecho. Fue, si se quiere, un momento fundacional, que tendría consecuencias y desarrollos­ posteriores para la relación entre ciudadanía y ley (Jelin y otros, 1996). Sin embargo, los procesos históricos pocas veces son lineales. El juicio a los miembros de las Juntas Militares fue seguido por una retracción y una reversión en la acción estatal destinada a saldar cuentas con el pasado violento. Dada­ la activación social referida al pasado, y la magnitud y capacidad organizativa de la comunidad de “afectados directos”, el espacio público fue ocupado una vez más por sus voces. Más recientemente, cuando el ­Estado podría haber recuperado el protagonismo, el clima político y cultural era tal que las voces que se escuchaban (incluso la del presidente) estaban encuadradas en la lógica de la familia y de los sobrevivientes, y no en una interpretación amplia de la comunidad política del país.

No se trata de dudar del dolor de las víctimas, ni de su derecho (y el de la sociedad en su conjunto) a recuperar la información sobre lo ocurrido durante el régimen represivo. Tampoco queda duda sobre el rol de liderazgo que las víctimas directas y sus familiares han tenido (en la Argentina y en otros lugares) en la denuncia de la represión, ni de su lugar central en las demandas de verdad y justicia. La cuestión que planteo es otra, y en realidad es una cuestión doble. Por un lado, ¿quiénes constituyen ese “nosotros” con legitimidad para recordar? ¿Un “nosotros” que marca la frontera entre quienes pertenecen a la comunidad del hablante y los “otros”, que escuchan u observan, pero que están claramente excluidos? ¿O un nosotros incluyente, que invita al interlocutor a ser parte de la misma comunidad? Voy a sugerir que hay dos formas de memoria, que corresponden a estas dos nociones de “nosotros” o de comunidad: una inclusiva, la otra excluyente. Las tensiones entre ambas, y los malentendidos y ambigüedades que conllevan, están siempre presentes y pueden tornarse cultural y políticamente significativas en ciertas coyunturas críticas. En consecuencia, la cuestión acerca del clima cultural en la Argentina­ contemporánea es si el “nosotros” que puede recordar el pasado reciente está reservado a quienes “vivieron” los acontecimientos, o si puede ampliarse para poner en funcionamiento mecanismos de incorporación legítima de otros y otras.

Cabe aquí otra pregunta: ¿hasta qué punto pueden la memoria y la justicia en relación con el pasado ampliar el horizonte de experiencias y expectativas? ¿O está restringido a los eventos específicos a recordar? En un texto sobre las prácticas de memoria en Alemania, Koonz (1994) pide que el legado de los campos de concentración y exterminio sirva “como alerta contra todas las formas del terror político y del odio racial”. Sin negar la singularidad de la experiencia, el desafío consiste en transformarla en demandas más generalizadas. A partir de la analogía y la generalización, el recuerdo se convierte en ejemplo que conlleva la posibilidad de aprender algo de él, y el pasado se vuelve guía para la acción en el presente y el futuro (Todorov, 1998). Esto implica, por un lado, sobreponerse al dolor causado por el recuerdo y marginalizarlo para que no invada todos los espacios de la vida; por el otro –y aquí salimos del ámbito personal y privado para pasar a la esfera pública–, aprender de él, sacar lecciones para que el pasado se convierta en principio guía de acción para el presente y el futuro. En este aspecto, la mayor responsabilidad recae en los estados democráticos. Y en este punto, la memoria entra a jugar en otro contexto, el de la justicia y las instituciones, porque cuando se introduce la posibilidad de la generalización y la universalización, la memoria y la justicia convergen y se oponen al olvido intencional (Yerushalmi, 1989).

La cuestión de la autoridad de la memoria y la verdad puede llegar a tener una dimensión aún más inquietante. Existe el peligro (especular en relación con el biologismo racista) de anclar la legitimidad de quienes expresan la verdad en una visión esencializadora de la biología y del cuerpo. El sufrimiento personal (sobre todo cuando se lo vivió en carne propia o a partir de vínculos de parentesco sanguíneo/genético) puede llegar a convertirse, para muchos, en el determinante básico de la legitimidad y la verdad. Reiterando lo dicho en el capítulo 3: si la legitimidad social para expresar la memoria es socialmente asignada a quienes tuvieron una experiencia personal de sufrimiento físico, esta autoridad simbólica puede fácilmente deslizarse (consciente o inconscientemente) a un reclamo monopólico del sentido y el contenido de la memoria y la verdad. El “nosotros” reconocido es, entonces, excluyente e intransferible. Llevado al extremo, este poder puede obstruir los mecanismos de ampliación del compromiso social con la memoria, al no dejar lugar para la reinterpretación y la resignificación –en sus propios términos– del sentido de las experiencias transmitidas. El desafío histórico, entonces, reside en el proceso de construcción de un compromiso cívico con el pasado que sea más democrático y más inclusivo.

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Colectivo Acción Directa Chile -Equipo Internacional

Agosto 21 de 2017

Publicado por Colectivo Acción Directa en 18:20 

Origen: COLECTIVO ACCION DIRECTA: ARGENTINA: ¿VICTIMAS, FAMILIARES O CIUDADANOS?, LAS LUCHAS POR LA LEGITIMIDAD DE LA PALABRA