El ascenso de lo indígena como capital simbólico en el Estado Neoliberal

El ascenso de lo indígena como capital simbólico en el Estado Neoliberal

 

La palabra o significante `indígena´ alude a un significado sin fronteras precisas y de muy difícil aprensión; es un concepto europeo  que, como el  `orientalismo´, designa al otro desde la perspectiva eurocéntrica. La emergencia del concepto `indígena´ hay que buscarla en las relaciones coloniales, es decir, hace 500 años no existían indígenas. Los conceptos de indígenas, grupo étnicos, minoría, nación, nacionalidad, tribu, indio, etc. son conceptos políticos que no tienen nada que ver con las características étnico-culturales intrínsecas de cada uno de ellos. La indigeneidad es una condición compartida por miles de pueblos y millones de personas en todo el mundo que, lo único que tienen en común, es su condición de ser grupos étnicos subordinados en sus territorios originarios[1]. Los pueblos indígenas y los grupo étnicos dominantes tienen componentes socio culturales similares (religión, costumbres y tradiciones, leyes, estructuras familiares, patrones de asentamiento, etc.), lo que  los diferencia es la posición política de subordinación de uno respecto al otro. El grupo dominante tiene el poder del Estado, y tiene la posibilidad de imponer su idioma y su sistema socio político, así como su religión y costumbres, que es para el caso de México la dominación del grupo mestizo sobre 56 pueblos indígenas.2nov 003

            El factor étnico, que hasta entonces había estado invisibilizado, se convierte a partir de los ochentas y noventas en el principal factor de movilización de las luchas políticas de América latina; asistimos desde hace 30 años a un proceso de reinidianización, refuncionalización y reinvención de las identidades. Así, se  comienza a desplegar estratégicamente la identidad indígena en detrimento de otras identidades como la campesina, se vuelve más “rentable” lo  indígena, conlleva más posibilidades y derechos. Hoy el tiempo histórico es el tiempo de los pueblos indígenas, hoy es un tema que está moviendo la agenda internacional. Las reivindicaciones  identitarias en general y la etnicidad en particular han desplazado a los grandes mega relatos (o mega narrativas) como la pugna ideológica capitalismo/socialismo y por consecuencia a las luchas de clases. El proceso por el cual emergió la agenda indígena incluye los siguientes eventos:

  • El proceso de descolonización, particularmente de África, impulsado por EEUU con la intención de ampliar sus mercados y limitar el poder colonial europeo. Así como los pactos firmados en este marco que contemplan la libre determinación de los pueblos que, a su vez, abrieron la posibilidad a procesos autonómicos (los llamados Pactos Dobles de Nueva York, firmados en 1966 que en su artículo primero establece  el derecho a la libre determinación de todos los pueblos).
  • La firma en 1969 del convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes; el primer instrumento jurídico internacional vinculante que protege los derechos de los pueblos indígenas (ratificado por México en 1989).
  • La reunión de Barbados en 1971 como el origen del movimiento de reivindicación indígena, y lugar del cambio ideológico para un sector de la iglesia católica que dio origen a la Teología de la Liberación.
  • Después de la caída del bloque soviético, el tiempo histórico no pugna más a favor de la clase, no hay movilizadores de clase amplios (sólo coyunturales). La perspectiva de clase no permite  ver la diversidad.
  • La emergencia de movimientos pan étnicos como el de 1992 `500 años de resistencia indígena y popular´; el levantamiento del EZLN que significó una gran revaloración y autovaloración de lo indígena y el primer gran movimiento social post caída del bloque soviético; la emergencia de la Teología de la Liberación y el acompañamiento que las iglesias hicieron a los indígenas desde mediados del siglo pasado, entre otros.
  • La reforma al artículo 27 (1992) en México, y el fin del reparto agrario como factor para la transformación de movimientos campesinos a movimientos de reivindicación étnica.
  • Una coyuntura histórica mundial favorable a las reivindicaciones identitarias en general.

            Al derrumbe de los imperios y la independencia de las colonias, la creación del Estado-Nación supuso como principio político-teórico  la unificación y la uniformidad de un gobierno, un Estado y una Nación, que evidentemente tenía como uno de sus ejes rectores la integración étnica/cultural bajo este único modelo nacional, es decir, la homogenización de la población bajo una identidad nacional, por ejemplo la identidad mexicana. Actualmente el modelo Estado-Nación ha sido reemplazado por el modelo del Estado neoliberal, en éste, el reconocimiento de la diversidad étnica/cultural y la autonomía son ensambles del nuevo sistema. A diferencia del Estado-Nación, el Estado neoliberal sí ha dado respuesta parcial a las reivindicaciones étnicas  e identitarias, esto mediante mecanismos como las políticas de reconocimiento, las autonomías y el etnodesarrollo[2]. (Aunque “no ha sabido cómo tratar con la colectividad como sujeto político primordial, limitando la asignación de derechos a individuos”-Trench, 2011; comunicación personal). En el Estado neoliberal, la cultura y la etnicidad son las dimensiones que los indígenas tienen a la mano (además de la riqueza de sus territorios que ha sido revalorizada por el mercado, y en gran medida esta revalorización constituye una amenaza -de despojo- para los pueblos) y  ponen en la mesa para negociar políticamente (que ya es mucho más de lo que tienen los campesinos mestizos) así, despliegan su “otredad” estratégicamente.

Sin embargo, no se pueden considerar al etnodesarrollo y a las políticas de reconocimiento y autonomía como graciosas concesiones de los gobiernos nacionales y supranacionales, sino como respuestas a la movilización y reclamos de los `otros´; son conquistas de los movimientos reivindicativos étnicos e identitarios, que se han dado en el marco de la  reforma del Estado, de un proceso de descentralización política y democratización nacional, así como en un contexto histórico mundial receptivo y donde hay más posibilidad de que estos movimientos sean más visibles[3]. También hay que decir que tanto las políticas de autonomía como el etnodesarrollo han sido en alguna medida cooptadas, apropiadas y despolitizada por distintas instancias tanto de los Estados como de organismos supranacionales.  Muestra de esto es el enorme capital simbólico que los pueblos indígenas tienen y el cual es estratégicamente explotado por quien pueda `entrar en la foto´; es decir, es tan rentable para el gobernador o el presidente tomarse la foto en traje de mando chamula o rodeado de lacandones, y da tan buena imagen para el turismo y la conservación el uso de la indigeneidad, que cualquier concesión (acotada) en términos de reconocimiento, autonomía y etnodesarrollo `sale barata´. Lo anterior sobre todo cuando resulta que estas políticas tienen la consecuencia perversa de atomizar las identidades y despolitizar las luchas reivindicatorias, cuestiones muy convenientes al Estado neoliberal. Los pueblos indígenas tiene algo que los gobiernos neoliberales no tienen y necesitan: legitimidad. El neoliberalismo está tan vacío de contenidos ideológicos, sociales y culturales que resulta ventajoso, en una lógica de “marketing social”, emprender joint ventures con socios con alto capital simbólico. En un aparente esquema “ganar-ganar” los Estados neoliberales ganan credibilidad y contenido social y los pueblos indígenas visibilidad, cierta autonomía y proyectos de desarrollo.

            Es en este marco que surgen los nuevos `sujetos étnicos´, indígenas que se reconocen como interlocutores valiosos y con un gran capital simbólico, que despliegan su etnicidad y adoptan el discurso reivindicativo étnico por calcular que es ventajoso en la actual circunstancia sociopolítica.  A pesar de ser un concepto o un significante eminentemente colonial y que engloba en él a pueblos que se reconocen distintos[4], comunidades y miembros de diferentes etnias  se reconocen como indígenas.  Sujetos individuales y colectivos en distintas partes del mundo usan y despliegan estratégicamente su etnicidad en una especie de `identidad performativa´[5]; esencializan su práctica y discurso como estrategia política, como capital simbólico o una herramienta de negociación; despliegan estrategias identitarias con una racionalidad política.   Y distintas instancias gubernamentales y supranacionales de desarrollo y conservación, ONGs, entidades de turismo, medios de comunicación masiva, entre otros actores,  también hacen uso y fortalecen esta nueva representación hegemónica de lo indígena. Esto les ha proveído a la población indígena, herramientas de negociación, proyectos de desarrollo, simpatía y visibilidad (aunque esto apenas recientemente, después de siglos de explotación y de vivir en la periferia del Estado). El otro lado de la moneda es que se invisibiliza a millones de campesinos mestizos, que en el Estado neoliberal ya no entran en un proyecto de nación, y no tienen un capital simbólico que desplegar.

 

 


[1] Según la Organización Internacional del Trabajo los elementos de los pueblos indígenas incluyen:    “estilos tradicionales de vida;   cultura y modo de vida diferentes a los de los otros segmentos de la población nacional, p.ej. la forma de subsistencia, el idioma, las costumbres, etc.; organización social e instituciones políticas propias; y  vivir en continuidad histórica en un área determinada, o antes de que otros `invadieron´ o vinieron al área” (página  web de la OIT, disponible en: http://www.ilo.org/indigenous/Conventions/no169/lang–es/index.htm; consultado el 11-10-2011)

 

[2] Etnodesarrollo es “la capacidad de un grupo étnico para gestionar autónoma y autogestivamente su proyecto de desarrollo” (Valencia, 1998:126)

 

[3]  Muchos de estos procesos fueron desencadenados en México por el levantamiento zapatista.

 

[4] Los tojolabales se reconocen distintos a los mames, los tzeltales a los lacandones, inclusive los lacandones de Lacanjá se reconocen distintos a los de Metzabok y Nahá, así como los tzotziles de Chamula y de Zinacantan, además vecinos muy próximos, se reconocen y son muy distintos entre ellos; ya no digamos las diferencias entre indígenas de otros estados del país o de otros países.

 

[5] Performativa como en `Performance´, es decir una puesta en escena.

 

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