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Organizado temáticamente y en orden cronológico, es de muy fácil uso. Puede subirse como autor trabajos monográficos.

 

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El aspecto social del juicio a las juntas militares

 

 

 

 

  1. Objetivos
  2. Introducción
  3. Marco teórico
  4. Raúl Ricardo Alfonsín
  5. Carlos Saúl Menem
  6. Fernando de la Rúa
  7. Néstor Kirchner y Cristina F. de Kirchner
  8. Entrevista
  9. Conclusión
  10. Bibliografía

Objetivos

En el siguiente trabajo monográfico se tomará como eje central de análisis la sociedad argentina analizando cómo recibió y reaccionó frente a cada circunstancia y decisión tomada por las diferentes autoridades luego del fenómeno dictatorial que tuvo lugar en 1976, con un gobierno de facto que a través de sus hechos atrajo miles de consecuencias penosas para nuestro país.

Esta investigación tiene como objetivo acreditar que los juicios a las juntas militares tuvieron en la sociedad una trascendencia e importancia distinta disminuyendo con el paso del tiempo.

A partir de dichos hechos, que iremos detallando en cada capítulo, surgen una serie de interrogantes que buscaremos responder para desentrañar las consecuencias de un suceso histórico que hoy sigue vigente. Algunas de las incógnitas mencionadas, son:

¿Cuáles fueron las medidas tomadas para brindar “tranquilidad” a la sociedad luego del fenómeno dictatorial ocurrido en 1976?

¿Cómo recibió la sociedad los resultados de las ideas de castigo en cada gobierno democrático que sucedió al de facto?

¿Por qué se produjo un desencanto político que provocó una desmovilización social?

Nos detendremos también en cada gobierno democrático que sucedió al período dominante anteriormente nombrado, analizando en cada uno de ellos el punto de vista de la sociedad desde el primer mandato (Alfonsín – 1983) hasta el año que presenciamos (Cristina Kirchner 2009-hoy).

Introducción

Entre los años 60 y 70 se produjo el surgimiento de numerosas asociaciones guerrilleras que actuaron tanto en el interior del país como en ciudades, provocando atentados y asesinatos de políticos y militares. Asimismo las fuerzas armadas de varios países de América del Sur derrocaron los gobiernos constitucionales e instalaron dictaduras militares; esto sucedió en Brasil (1964), en Uruguay y Chile (1973) y en nuestro propio país, año 1966 y 1976.

Estos regímenes instalados en América Latina, tenían características comunes y las políticas implementadas apuntaban al logro de objetivos comunes. Pero si bien compartían ciertos rasgos, cada una presentaba particularidades profundamente relacionadas con los procesos históricos específicos de lahistoria nacional de cada uno de los países en los que se habían instalado.

El proyecto de la dictadura militar de la década del 70 era la constitución de un sistema político de participación restringida y la imposición de un orden autoritario y conservador.

En Argentina a partir del 24 de marzo de 1976 las fuerzas armadas instauraron una nueva dictadura militar.

Desde la muerte de Perón, en 1974, los empresarios y también cada vez más amplios de la población se sentían amenazados por las acciones de losgrupos guerrilleros, las fracciones combativas del sindicalismo y el clima de violencia generalizado provocados por los enfrentamientos entre grupos de la derecha peronista y agrupaciones de la tendencia revolucionaria peronista y de izquierda en general.

En este contexto el golpe militar fue recibido por muchos sectores de la sociedad argentina como una solución eficaz para restablecer el orden.

“En la etapa que se abrió en 1976 no solo se trató de recuperar la obediencia de aquellos que desconocían la autoridad política o económica de los gobernantes, se trató además de eliminar cualquier oposición al proyecto refundacional que tenían los funcionarios militares y civiles del gobierno de facto, basados en tendencias ideológicas, económicas y políticas. Para llevar adelante esta eliminación de la oposición llevaron adelante un plan que significaba eliminar físicamente a todo aquel que tenía ideas contrarias” (http://alerod.blog.com.es/2012/07/23/que-es-una-efemeride-es-un-dia-especifico-de-cada-14188426/)

Este proceso provocó víctimas de diversos tipos: decenas de miles de adultos y cientos de niños desaparecidos, muchos muertos, torturados, exiliados. También miles de argentinos fueron expulsados del Mercado de trabajo urbano y rural sin recursos suficientes para satisfacer las necesidades básicas de sus familias.

Además de la represión, las políticas de las dictaduras generaron condiciones favorables para la especulación financiera, un gigantesco endeudamiento externo y la comisión de delitos económicos por parte de funcionarios públicos y empresarios del sector privado.

La represión y el autoritarismo no solo se limitaron a la esfera pública sino que tuvieron una constante en la vida privada y en la cotidianeidad de los argentinos.

Durante 1980 y 1982 los planes políticos del gobierno militar empezaron a enfrentar dificultades que provocaron un aumento de la tensión socio-política, limitando su capacidad para imponer condiciones al resto de los actores políticos y sociales.

Luego de varios recambios presidenciales, toma el poder el Gral. Galtieri. En este contexto la invasión a las Islas Malvinas fue la solución que encontró la conducción miliar para congelar la creciente oposición.

La derrota en la Guerra afectó la capacidad del gobierno militar frente a la sociedad y agudizó los conflictos intramilitares profundizándose la liberación política como consecuencia de la debilidad del gobierno.

El desprestigio político llevó a los jefes militares a negociar con los partidos políticos una transición ordenada que asegurara algunas garantías a cambiode la entrega del gobierno a los civiles.

La cuestión central que preocupaba a las fuerzas armadas era lo actuado durante la Guerra anti-subversiva.

Los partidos políticos agrupados en la multipartidaria ganaron protagonismo hacia mediados de 1982, algunos de sus dirigentes eligieron comoestrategia no presionar a la dictadura.

En febrero de 1983 el Gral. Bignone, que había sucedido al general Galtieri, se vio obligado por las movilizaciones de una gran parte de la sociedad a establecer un cronograma electoral y fijó el 30 de octubre de 1983 como fecha para los comicios.

“Estas elecciones abrieron paso a una nueva etapa en la vida democrática, entre rumores de desestabilización, las amenazas de los sectores golpistas y las disidencias en el frente militar.

El resultado de los comicios confirmó la continuidad del sistema bipartidista radical-justicialista que había regido la vida política argentina desde la segunda mitad del sigo XX con la presencia de dos fuerzas menores: el partido intransigente y la unión del centro democrático.” (http://www.fcp.uncu.edu.ar/upload/Quiroga,_Hugo_la_reconstruccin_de_la_democracia_Argentina.pdf)

El radicalismo con la formula Raúl Alfonsín – Víctor Martínez obtuvo el triunfo con el 52% de los votos. El nuevo presidente asumió el 10 de diciembre de 1983 clausurando el régimen autoritario de 1976 y quebrando la hegemonía electoral de cuatro décadas del peronismo.

La participación mayoritaria de la ciudadanía junto a las decisiones del primer gobierno democrático fueron factores determinantes del acontecer político de la sociedad.

Los primeros pasos fueron:

  • 1. Juicio a las juntas militares

  • 2. La labor de la CONADEP

  • 3. El tratado de paz con Chile

  • 4. Un nuevo plan económico

  • 5. Congreso pedagógico nacional

Entre abril y diciembre de 1985 se desarrollaron en las audiencias públicas del juicio a los comandantes de la dictadura en los que finalmente el tribunal llegó a una sentencia condenatoria.

Lejos de clausurar el tema de las violaciones de los derechos humanos, la condena aplicada a los ex comandantes reavivó la polémica.

En el año 1983 y a poco de asumir la presidencia, el presidente electo Raúl Alfonsín promulgó los decretos 157-58 mediante los cuales se juzgaría a lasorganizaciones subversivas montoneros, ERP y a las juntas militares por lo actuado en años anteriores. Esto fue realizado en respuesta al clamor popular y asociaciones de los derechos humanos.

Marco teórico

En relación a lo sucedido durante el gobierno de facto en la década del 70, un prestigioso escritor llamado Jorge L. Borges, asintió:

“He asistido por primera y última vez, a un juicio oral. Un juicio oral a un hombre que había sufrido unos cuatro años de prisión, de azotes, de vejámenes y de cotidiana tortura. Yo esperaba oír quejas, denuestos y la indignación de la carne humana interminablemente sometida a ese milagro atroz que es el dolor físico. Ocurrió algo distinto. Ocurrió algo peor. El réprobo había entrado en la rutina de su infierno. Hablaba con simplicidad, casi con indiferencia, de la picana eléctrica, de la represión, de la logística, de los turnos, del calabozo, de las esposas y de los grillos. También la capucha. No había odio en su voz. Bajo el suplicio, había delatado a sus camaradas, estos lo acompañarían después y le dirían que no se hiciera malasangre porque al cabo de unas “sesiones” cualquier hombre declara cualquier cosa. Ante el fiscal y ante nosotros, enumeraba con valentía y con precisión los castigos corporales que fueron su pan nuestro de cada día. Doscientas personas lo oíamos, pero sentí que estaba en la cárcel. Lo más terrible de una cárcel es que quienes entraron en ella no pueden salir nunca. De este o del otro lado de los barrotes, siguen estando presos. El encarcelado y el carcelero acaban por ser uno. Stevenson creía que la crueldad es el pecado capital; ejercerlo o sufrirlo es alcanzar una suerte de horrible insensibilidad o inocencia. Los réprobos se confunden con sus demonios, el mártir con el que ha encendido la pira. La cárcel es, de hecho, infinita. De las muchas cosas que oí esa tarde y que espero olvidar, referiré lo que más me marco para librarme de ella. Ocurrió un 24 de diciembre, llevaron a todos los presos a una sala donde no habían estado nunca. No sin algún asombro vieron una larga mesa tendida. Vieron manteles, platos de porcelana, cubiertos y botellas de vino. Después llegaron los manjares (repito las palabras del huésped), era la cena de nochebuena. Habían sido torturados y no ignoraban que los torturarían al día siguiente. Apareció el señor de ese infierno y les deseó Feliz Navidad. No era una burla, no era una manifestación de cinismo, no era un remordimiento, era, como ya dije, una suerte de inocencia del mal. ¿Qué pensar de todo esto? Yo, personalmente descreo del libre albedrío. Descreo de castigos y de premios. Descreo de castigos y de premios. Descreo del infierno y del cielo. Almafuerte escribió: somos los anunciados, los previstos, si hay un Dios, si hay un punto omnisapiente; y antes de ser, en esa mente, los judas, los Pilatos y los cristos.”

(http://www.clarin.com/juicio-a-las-juntas/Borges-juicio-encontro-infierno_0_364763777.html)

Esta anécdota es solo una ínfima muestra de las miles de atrocidades que se cometieron en esta terrible etapa de nuestro país.

Una sociedad dividida

La sociedad argentina puede fraccionarse en tres sectores diferentes con respecto a la postura adoptada frente a los juicios realizados a militares o civiles que produjeron actos delictivos.

Dentro del primer grupo, encontramos a los que están a favor del juicio y castigo a todo aquel que haya cometido hechos de lesa humanidad, reconocer lo que pasó y poseer la necesidad de juzgar a los culpables, y así conseguir justicia. Por otro lado hay un grupo de militares, autoridades del proceso, y gente común que por causas personales, económicas o ideológicas rechazan que se juzgue a los que actuaron en la represión. Y por ultimo, el grupo que tomaremos como referencia para llevar a cabo este trabajo, que es la masa de población que seguía por la opinion pública y los medios de difusion. Este grupo va cambiando de postura según el gobierno de turno con el paso del tiempo o las condiciones económicas.

Raúl Ricardo Alfonsín

(1983 – 1989)

Como dije anteriormente, dicho presidente sancionó los decretos 157 y 158 que proponían el enjuiciamiento de dirigentes del ERP y Montoneros, además de last res juntas militares. A tal efecto crea la CONADEP (Comisión nacional de la desaparición de personas) la cual era la encargada de recopilar pruebas y testimonies para juzgar a los militares.

Al asumir su presidencia, Alfonsín declaró:

“Iniciamos una etapa que sin duda será difícil, porque tenemos todos la enorme responsabilidad de asegurar hoy y para los tiempos la democracia y el respeto por la dignidad del hombre en la tierra argentina”

El 4 de octubre de 1984 la cámara federal se hizo cargo directamente del juicio, el cual se realizó entre el 22 de abril y el 14 de agosto de 1985. El proceso se dio de manera oral y pública, pero este último aspecto fue relativo ya que en la sala no podían entrar más de 100 personas y televisivamente se emitían 3 minutos diarios y sin sonido.

Los fiscales fueron Julio César Strassera y Luis Gabriel Moreno Ocampo.

Un pueblo con sed de justicia

El Dr. Alfonsín con las firmas de los decretos no hizo más que interpretar cabalmente el imperativo de toda una sociedad que a través de las organizaciones de los derechos humanos, madres de plaza de Mayo, abuelas de plaza de Mayo y gran parte del pueblo argentino reclamaban con una mezcla de dolor, ira, impotencia y miedo la justicia para con todos los argentinos víctimas del terrorismo de estado.

Por otro lado y a través del premio nobel de la paz, Pérez Esquivel, la comunidad internacional, especialmente europea se anotician de lo sucedido en nuestro país y reclaman justicia.

Las leyes que cambiaron el panorama

Entre los años 1987 y 1990, hacen su aparición en la escena nacional grupos de activistas militares que estaban en desacuerdo con la continuación de los juicios a los responsables de los crímenes de lesa humanidad. Se los llamó carapintadas. Realizaron amenazas y tres alzamientos contra el gobierno de turno.

En la semana santa de 1987 ante el levantamiento de este grupo militar, hubo una masiva participación del pueblo que colmó la Plaza de Mayo y rodeo los cuarteles de campo de Mayo. La consigna era “Alfonsín, te quedan dos caminos: unite con el pueblo o con los asesinos”.

Ante esta situación, Alfonsín se vio obligado a pactar con los sublevados de manera de llegar a un acuerdo. Regresó a plaza de Mayo y desde el balcón dijo una frase que quedó para la historia:

“Argentinos, felices pascuas, la casa está en orden y no hay sangre”

Ya que a raíz de la negociación en Campo de Mayo, promulgó dos leyes: la ley del punto final y la ley de obediencia de vida. Justificándolas como una razón de estado.

La primera ley fue sancionada en 1986 y postulaba que se fijaría un plazo de 60 días para recibir las acusaciones contra militares. La segunda, se promulgó en el 87 y consistía en que los militares acusados de bajo rango podían escudar su responsabilidad en las órdenes dadas por los oficiales de alto rango. Frente a estas medidas inesperadas la masa de ciudadanos que se propuso para el análisis, reaccionó de manera dispar, ya que dentro de ella había mucha gente que estaba en contra de las leyes porque las creían injustas e incoherentes. Ya que los juicios habían comenzado y era necesario hacer justicia y castigar a los responsables. Veían en estas medidas un retroceso en el proceso que había comenzado.

Una mayoría no aceptaba que el congreso dicte las leyes anteriormente nombradas.

En el juicio a las juntas militares, el fiscal federal Julio Strassera, asistido por Moreno Ocampo llevó adelante la acusación contra los ex comandantes.

El tribunal, precedido por el Dr. Andrés D” Alesso condenó por unanimidad a Videla y Massera a prisión perpetua. A Viola le aplicó diecisiete años de condena, ocho años a Lambruschini y tres años y nueve meses a Agosti. Los demás miembros de las juntas no fueron condenados por considerar que las pruebas presentadas no eran suficientes.

Si bien el juicio se celebró y produjo una sentencia condenatoria, el gobierno de Alfonsín se había comprometido con el jefe de Estado mayor Gral. Ríos Ereñu a que los miembros de las juntas militares condenados serían perdonados. Esto puso de manifiesto una inversión de las prioridades iniciales del gobierno, pasando de la necesidad de resolver un problema ético a la necesidad de mantener una relación armónica con el acto militar.

Esta inversión se produjo por la presión ejercida por los propios militares.

Ante esto, el ejecutivo empezó a desarrollar una serie de acciones a fin de restringir los alcances del fallo. En abril de 1986 (cuatro meses después de darse por finalizado el juicio) empiezan a implementarse las estrategias gubernamentales destinadas a recortar los alcances de los fallos judiciales.

Trascienden en los medios de comunicación las instrucciones que daba el ministro de defensa al fiscal general del consejo supremo de las fuerzas armadas. Estas apuntaban a reducir el número de acusados por las violaciones a los derechos humanos desligando responsabilidades a quienes recibieron órdenes y solo podían ser juzgados cuando su conducta configurara un exceso en el cumplimiento de las órdenes recibidas.

Cuando estas instrucciones trascendieron, encontraron una fuerte oposición en el partido peronista, en sectores del partido radical, y en los organismos de los derechos humanos. Además, la cámara federal de Capital, amenazó con su renuncia en bloque. En este contexto, el ejecutivo, en vez de considerar como inimputables a los responsables de violaciones a los derechos humanos, opta por establecer un “punto final” a la cuestión, poniendo una fecha tope hasta la cual podían ser requeridos los presuntos violadores a prestar declaración indagatoria.

La ley fue sancionada el 31 de diciembre de 1986, la misma fue denunciada por los organismos de derechos humanos como una amnistía encubierta. Pero esta ley tuvo un efecto inesperado, las cámaras federales de Bahía Blanca, Córdoba, Tucumán, Rosario, Mendoza, Comodoro Rivadavia y La Plata suspendieron la feria judicial avocándose a recibir la mayor cantidad de denuncias. Así, el 23 de febrero de 1987 cuando vencía el plazo que establecía a ley, habían quedado procesados más de 300 oficiales de alta graduación.

“El dictado de la ley de Punto Final traspuso un umbral, por primera vez adquirió forma legal y explícita la limitación a los alcances del tratamiento judicial por violaciones a los derechos humanos, y por primera vez desde 1983 el trámite de su sanción no alcanzó a generar una oposición capaz de obstruir su pasaje”

Carlos Saúl Menem

(1989 – 1999)

El indulto

Entre el 7 de octubre de 1989 y el 30 de diciembre de 1990, el presidente Carlos Menem sancionó una serie de once decretos indultando a los civiles y militares responsables de los delitos durante el proceso de reorganización nacional, esto quiere decir que quedaban perdonados los juzgados anteriormente en los juicios realizados por Alfonsín. Estos indultos y las leyes de punto final y obediencia de vida, sancionadas en el gobierno anterior, se conocen como las leyes de la impunidad.

En el año 1999, Carlos Menem decidió dedicarle un capítulo de su libro a los decretos sancionados:

“De frente a una política de confrontación permanente con los militares encarcelados, convertí en opacos ciudadanos perdonados por un indulto a militares que -en la cárcel- se sentirían mártires por siempre (…) yo los indulté. Y, en virtud de la pacificación, me place haber perdonado a mis torturadores. Cumplía con el deber de “consolidar la paz interior”, no dude ni un minute en hacerlo. No consulté la decisión. No cavile, no hice largas ni breves deliberaciones con colaboradores o amigos. Pedí el decreto y lo firmé”

Menem, Carlos Saúl – Universos de mi tiempo, pág 99 y 100

Frente a esta decisión tomada sin piedad y sin consenso por parte del presidente, un sector de la población argentina se encontraba en una situación desesperante e impotente. Los militares responsables de los crímenes de lesa humanidad, cometidos durante la dictadura, quedarían nuevamente libres luego de haber permanecido poco tiempo en la cárcel.

La sociedad se veía invadida por un sentimiento de injusticia y rancor, se estaría tirando para atrás lo que se había conseguido con tanto esfuerzo, el castigo a los responsables de tanto sufrimiento. Se debe aclarar que si bien la mayor parte de la sociedad se manifestó en contra del indulto, la movilización fue muy escaza, y el tema se disolvió meses después. La memoria permaneció active solo en algunos espacios de la sociedad: los organismos de derechos humanos, que siguieron reclamando por verdad y justicia, los juicios por la identidad de los hijos de desaparecidos, o en los ciudadanos que al encontrarse con los represores los insultaban.

La situación empeoró cuando un grupo de los militares liberados comenzaron a hacer públicas sus declaraciones de lo sucedido, contando todas las intimidades de las torturas, secuestros, persecuciones y las metodologías utilizadas. Esto generó una conmoción en toda la sociedad por las agallas que poseían estos hombres al confesar lo que habían hecho sin piedad.

Esto se puede ver en la siguiente cita extraída de un artículo periodístico del diario Página 12 el día lunes 2 de mayo de 2011, escrito por Horacio Verbitsky:

“En marzo de 1995, un oficial de la armada, el capitán Adolfo Scilingo confesó que había arrojado 30 personas vivas al mar desde aviones navales. Historia que narré en el libro “El Vuelo”. Esto provocó una conmoción sin precedentes, no porque se ignorara que las fuerzas armadas habían empleado ese método, que según Scilingo la jerarquía eclesiástica aprobó como una forma Cristiana de muerte, sino porque esta vez no era un sobreviviente quien lo contaba sino uno de los perpetradores”

Una relección insólita

Sorpresivamente, en el año 1995, Carlos Saúl Menem fue relecto por el 49,94% de los votos. Esto quiere decir que la decisión tomada de indultar a los responsables de la dictadura, perdonarlos y dejarlos libres, no influyó en el pensamiento de la gente en cuanto volver a elegirlo en las elecciones. Esta decisión, muestra de una manera clara, como los juicios a las juntas y lo sucedido durante el proceso de reorganización nacional, fueron quedando de lado, dejando lugar a otros problemas o situaciones más importantes de la época, como fue el aspecto económico de dicho gobierno.

De esta manera, la sociedad argentina, menos los grupos defensores de los derechos humanos y familiares de personas desaparecidas que continuaron su lucha, fue dejando en su memoria lo sucedido para volver a comenzar de nuevo, no olvidando lo que pasó sino construyendo un nuevo país a partir de la memoria.

La relección del presidente, ofrece también una posibilidad de pensar que los argentinos votan según factores económicos y políticos, ya que durante la primera presidencia de Menem se consiguió vivir una economía irreal por la cual se podía viajar gracias a la ley de convertibilidad, comprar insumos importados viviendo una irrealidad que con los años costó muy cara a la economía del país. De esta manera, la falsa burbuja económica restó el apoyo a los juicios y hubo una aceptación a los indultos.

Dijo el fiscal Julio César Strassera:

“Estoy en contra de los indultos, se indulta a los arrepentidos y ninguno de los condenados muestra arrepentimiento de los delitos cometidos. Por el contrario, están orgullosos de lo que hicieron”

Fernando de la Rúa

(1999 – 2001)

Un corto período que dejó mucho que desear

El accionar de Fernando de la Rúa con respecto al juicio a las juntas militares fue ínfimo, ya que su período en el poder fue un corto lapso de tiempo en el cual no pudo realizar mucho.

No obstante, dicho mandatario intentó obstaculizar el avance de estos procesos e incluso pretendió asignar a las Fuerzas Armadas misiones en asuntos de seguridad interior, que las leyes básicas sancionadas por acuerdos multipartidarios en las décadas de 1980 y 1990 prohíben. En los últimos meses de ese mandato (que por la renuncia presidencial fue completado por el senador Eduardo Duhalde, quien estuvo en forma interina a cargo del Poder Ejecutivo) recrudecieron los intentos por frustrar la labor de la justicia.

Participaron en ellos el jefe del Ejército, Ricardo Brinzoni, acusado por su participación en la masacre de Margarita Belén, el presidente de la Corte, Julio Nazareno, y el propio senador Duhalde. El obispo castrense de entonces, Antonio Baseotto, se presentó ante la Corte y en persona pidió que anulara los procedimientos y ratificara la validez de las leyes de impunidad. Esta operación canje incluía el desistimiento de cualquier juicio político contra los ministros de la Corte Suprema. Se sumó a esas maniobras quien se consideraba sería el ministro de justicia de Néstor Kirchner, Rafael Bielsa, autor de un trabajo titulado “Esa guerra terminó”, publicado en el diario La Nación en agosto de 2001, en el que instaba a “cicatrizar las heridas”, desdeñaba con ironías sobre países africanos la jurisdicción universal, y concluía que “el tiempo pasa y que ya nada puede ser igual”.

Néstor Kirchner y Cristina F. de Kirchner

(2003 – 2012)

Inconstitucionalidad de los indultos

En el año 2003 durante la presidencia de Néstor Kirchner, el Congreso de la Nación declaro la nulidad de las leyes de punto final y obediencia de vida, postulando que eran inconstitucionales. De esta manera se reabrieron los casos cerrados previamente. El 15 de junio de 2006 se considero que los indultos concedidos por el Pte. Carlos Menem eran inconstitucionales también, volviendo a rever los casos para que las condenas anuladas sean cumplidas.

Los juicios actuales

Desde que se tomó la decisión de tomar como inconstitucional dichas leyes e indultos, los juicios comenzaron a efectivizarse por causas distintas a las que habían sido juzgadas en los años 80. De esta manera se volvió a juzgar a los responsables de los crímenes ocurridos durante la dictadura para poder dar el castigo correspondiente. El contexto en que se dieron y se continúan dando estos juicios es muy diferente al de la época de Alfonsín, principalmente porque ha pasado mucho tiempo desde el proceso de reorganización nacional. Actualmente tienen lugar en diferentes puntos del país, como lo es Tucumán, La Plata y Córdoba. La trascendencia que poseen y lo que generan estos juicios en la actualidad no se puede comparar con la dimensión que tenían en sus inicios allá por el año 1985.

Como hay numerosos temas, problemas, y cuestiones más importantes o preocupantes hoy en día, gran parte de la sociedad argentina desconoce o no se informa acerca de los juicios actuales, a quienes se le hacen y con qué pena se los condena. De esta manera se ve que la importancia que se les dio a los juicios en su momento, ha disminuido en forma ostensible, sea por la escaza difusión o por el tiempo que pasó.

Un pueblo distraído

La sociedad argentina, el poder político, la economía, los medios de comunicación, cambiaron de manera radical en estos años y junto con todo esto cambió la relevancia e importancia de los juicios a los militares. Tal vez no sea el olvido por parte del pueblo, o que le reste importancia, pero prevalecen cuestiones mas urgentes e importantes. En los últimos seis años, la disminución en la opinión publica sobre estos acontecimientos fue creciendo.

Pese a todo, los grupos defensores de los derechos humanos, madres y abuelas de Plaza de Mayo continúan con su postura apoyando cada juicio para por fin conseguir justicia y castigo a los responsables.

Declaración ex dictador Videla (2011)

Las siguientes citas son afirmaciones hechas por Jorge Rafael Videla, quien se declaró culpable de haber matado a unas “siete mil u ocho mil personas” en su primera dictadura en las sentencias llevadas a cabo entre octubre de 2011 y marzo de este año.

El opresor no mostró arrepentimiento alguno de los hechos llevados a cabo, lo consideraba, de alguna manera u otra, algo “necesario para la sociedad”. Los alegatos tomados a continuación fueron publicados en un libro llamado Disposición final del autor Ceferino Reato, el cual hace una síntesis de lo que sucedió basándose en testimonios de jefes militares, guerrilleros y políticos que permiten reconstruir el contexto histórico.

Las declaraciones de Videla fueron las siguientes:

“No había otra solución; (en la cúpula militar) estábamos de acuerdo en que era el precio a pagar para ganar la guerra contra la subversión y necesitábamos que no fuera evidente para que la sociedad no se diera cuenta. Había que eliminar a un conjunto grande de personas que no podían ser llevadas a la justicia ni tampoco fusiladas”

Con respecto a la cantidad de desaparecidos, alegó:

“Pongamos que eran siete mil u ocho mil las personas que debían morir para ganar la guerra contra la subversión”

“No hay listas con el destino final de los desaparecidos. Podría haber listas parciales, pero desprolijas. Nuestro objetivo era disciplinar a una sociedad anarquizada. Con respecto al peronismo, salir de una visión populista, demagógica; con relación a la economía, ir a una economía de mercado, liberal. Queríamos también disciplinar al sindicalismo y al capitalismo prebendarlo”

“Dios sabe lo que hace, por qué lo hace y para qué lo hace. Yo acepto la voluntad de Dios. Creo que Dios nunca me soltó la mano”

Entrevista

La siguiente entrevista fue realizada a Guillermo Cetkovich Bakmas, quien vivió todos los sucesos recientemente investigados.

– ¿Cuántos años tenías cuando el gobierno de facto irrumpió con la democracia en nuestro país?

– Tenía 22 años, estudiaba medicina en la UBA y recuerdo que ese día no cursé.

– ¿Te acordas de como empezó el golpe de estado?

– Sí, no fue inesperado, todo el mundo sabía que se acercaba un golpe de estado y la mañana del 24 de marzo de escuché el primer comunicado en la radio en el que nos decían que ahora estábamos bajo el dominio de las Fuerzas Armadas.

– ¿Cómo se tomó el país dicho comunicado? ¿Se alborotó la sociedad?

– No, para nada… se tomó con mucha tranquilidad y, aunque no lo creas, con una sensación de alivio. El país en ese entonces era un caos en todos los aspectos, social, económico y político; mucha gente no quería saber nada con Ma. Estela Martínez de Perón. Además, las muertes asolaban el país.

– Y entonces, ¿cuándo fue que la situación comenzó a ponerse brusca?

– Ya había un estado de violencia y muertes… pero ante la toma del poder, las FFAA tuvieron carta blanca en el asunto para hacer, a lo criollo, lo que se les dé la gana.

– ¿Conoces a alguien que haya sufrido en carne propia las torturas de los militares?

– No torturas, pero si… a mi hermano Gabriel, que militaba en el peronismo, lo exiliaron. También conozco un caso de una señora amiga de mi mamá… su marido trabajaba en la marina y ellos adoptaron un bebe que resultó ser hijo de desaparecidos, lo encontraron las abuelas de Plaza de Mayo cuando él tenía 20. Hoy sigue viviendo con sus padres “adoptivos”… tiene más de 30 años.

– ¿Crees que se le dio la importancia necesaria a la solución y a la justicia que necesitaba este caso?

– No, claro que no. A la gente no le importó nada, llegó la democracia con el gobierno de Alfonsín y eso fue lo que duró la necesidad de justicia. Luego, fue un pequeño sector de la sociedad el que se ocupó de seguir buscándola. El resto se preocupaba más por la economía… sobre todo cuando Menem ganó las elecciones. Generalmente acá se elige según lo económico, hoy día ya nadie se preocupa por el juicio a las juntas. El proceso siempre fue muy lento y desalentador.

– ¿Cómo viviste vos la dictadura?

– En un principio, con tranquilidad. Después me di cuenta de que las cosas no eran lo que esperábamos… yo en ese entonces todavía formaba miideología política, fue un cambio muy fuerte. Creo que la viví al igual que todos, con miedo y tristeza. Ver cómo tu país se cae a pedazos, como gente es torturada y asesinada, como te privan de tu libertad… fueron hechos muy dolorosos para todo el país. Definitivamente son cosas que no deberían repetirse, “nunca más”.

– ¿Pensas que algo así puede volver a suceder?

– Sí, creo que la sociedad no aprendió nada de lo que pasó. La educación con respecto a este tema debería ser una de las cosas más importantes para los chicos y en algunos colegios ni siquiera se le da importancia… lo estudian de memoria, al pasar. Es muy necesario aprender del pasado para no volver a cometer los mismos errores en el futuro, y si las nuevas generaciones no se informan como debería ser… tranquilamente podría repetirse.

Conclusión

Se puede decir que la sociedad argentina ha pasado por diferentes situaciones durante los últimos 30 años los cuales comenzaron con el fin de la dictadura y continúan con los juicios a los militares en la actualidad. Pero en el medio de todo ese tiempo hubo diferentes circunstancias, hechos, decisiones y contextos que hicieron que el pueblo reaccione de diferente manera frente a cada juicio en las diferentes presidencias.

Actualmente la importancia y relevancia que se les da a los juicios de la verdad es casi nula a comparación de cómo se tomaban los primeros juicios iniciados por Alfonsín. Sin embargo, lo que pasó durante el proceso de reorganización nacional nunca se va a olvidar y por más que haya temas y preocupaciones más importantes o relevantes para la vida cotidiana de los argentinos en estos días, lo sucedido provocó sin duda un quiebre en la historia del país y de cada ciudadano.

Aunque no todos los argentinos tengan presente en el día a día lo que sucedió durante el Proceso de Reorganización Nacional, en el inconsciente colectivo del pueblo quedó la marca que dejó esta época en la sociedad.

Bibliografía

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Autor:

Guillermina Cetkovich Bakmas

Profesora: Marcela Gallardo, Alicia Pesqueira

15/10/2012

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