LA INFLUENCIA DE LAS RELIGIONES EN LA DISCRIMINACIÓN HACIA LAS MUJERES Y LA TEOLOGÍA FEMINISTA

miércoles, 11 de junio de 2014

 

La influencia de las religiones en la discriminación hacia las mujeres y la teología feminista

En la vida de las mujeres ya sean creyentes o no creyentes, la religión continúa jugando un papel importante, bien directamente o a través de su influencia tradicional en la sociedad o el estado. 

 

En el caso de las religiones, bajo el argumento  de un orden divino y superior, se transmiten unos estereotipos de género basados en la superioridad del hombre sobre la mujer, propios de una cultura patriarcal, que ha llevado a un tratamiento discriminatorio hacia ellas, otorgándole un papel muy marcado como esposa, madre y ama de casa. Esto se refleja también en la discriminación hacia las mujeres en la forma de contar las religiones su origen e historia, en las normas que le impiden acceder a jerarquías de poder y a oficiar ciertos ritos, y a cumplir determinados códigos sobre comportamiento y vestimenta. La mayoría de las religiones se configuran patriarcalmente y acceden con dificultad a puestos de responsabilidad en las comunidades religiosas. El poder es ostentado por los hombres y a las mujeres solo le queda acatar su voluntad. 

 

Existen  distintas  formas de violencia de género hacia las mujeres, que son justificadas en el nombre de la costumbre o la religión y que impiden el acceso y el disfrute por parte de las mujeres de sus derechos humanos básicos.

 

 Según el teólogo Juan José Tamayo “las religiones han ejercido históricamente-y siguen ejerciendo hoy- distintos tipos de violencia contra las mujeres: física, psíquica, simbólica y religiosa”, y esto deja constancia en los textos sagrados. La imagen de la mujer casi siempre asociada al pecado en el ámbito judeo-cristiano y, por lo tanto, a la tentación, a la seducción y al peligro, debido a la tradición bíblica del libro del Génesis, que la culpabiliza del pecado original.

 

 “La mujer no es dueña de su cuerpo”.  Todas las religiones del mundo,  buscan controlar la sexualidad femenina y condenan de manera rutinaria la expresión y el disfrute de la sexualidad para las mujeres con mucha más severidad que para los hombres. De múltiples formas, no se les permite planificar la familia. Condenan todas las relaciones sexuales excepto la que se produce entre un hombre y una mujer, y en algunas sociedades aún pueden ser lapidadas por adulterio y/o asesinadas por los “crímenes de honor” y solo se reconoce la heterosexualidad. Pero existen otras formas más sutiles y menos espectaculares de intolerancia y discriminación que pueden ser más efectivas incluso para lograr la subyugación de la mujer, que las mantiene en su rol de fiel esposa y madre. La publicación del libro de “Cásate y sé sumisa” del Arzobispo de Granada es buen ejemplo de ello con frases como “Debes someterte a él. Cuando tengas que elegir entre lo que te gusta a tí y lo que te gusta a él, elige a su favor”.

 

Ante esta situación, hay muchas voces que han mostrado críticas y han actuado contra esta violencia y discriminación y que en nombre de la religión se justifican. Desde el loby europeo de mujeres, se viene denunciando desde hace algunos años su preocupación acerca de su percepción de “una mayor influencia de los argumentos religiosos sobre los gobiernos con respecto al papel de las mujeres y la igualdad de género, incidiendo en que se debe garantizar la separación entre Iglesia y Estado hasta donde sea necesario, para asegurar que las mujeres no se vean sujetas a políticas y leyes influidas por la religión, por ejemplo en el ámbito de la familia, el divorcio, y la ley del aborto”. Cuando se ataca a la mujer en su dignidad, ya no hay lugar ni para la soberanía ni para las especificidades culturales o religiosas. En la Declaración de Beijing, aprobada en 1995 en la IV Conferencia mundial sobre la mujer, se afirma que los derechos de la mujer son derechos humanos fundamentales y que todos los elementos específicos y particulares que esosderechos entrañan son propios de todas las mujeres, sin discriminación alguna y, por consiguiente, transcienden las diversidades culturales o religiosas. 

 

Por otro lado, desde dentro de las organizaciones religiosas, se han levantado voces críticas, tanto a nivel individual como colectivo, que utilizan interpretaciones y prácticas diferentes que desafían los roles tradicionales de género y las políticas económicas discriminatorias para promover la justicia y los derechos humanos.  

 

A mediados de los años 50, surge la teología feminista, que tiene sus antecedentes en los movimientos feministas de liberación de la sociedad norteamericana. La teología feminista se considera una teología contextual porque parte de las experiencias vividas por las mujeres. Tal reflexión coincide con el acceso de ellas a las facultades de teología. Su idea fundamental es la igual dignidad del hombre y la mujer. Es crítica de la sociedad patriarcal y de todas las normas, tradiciones y estereotipos que de ella se derivan. Parte del sufrimiento real de la mujer causado por la visión androcéntrica y propone la revisión radical de todas esas formas de opresión. Como dice Tamayo “utiliza las categorías de la teoría de género para deconstruir  y analizar críticamente las estructuras patriarcales y los discursos androcéntricos de las religiones, y reformular los grandes temas de las teologías de las religiones.  

 

En España, la monja Benedictina Teresa Forcade, que es teóloga y doctora en salud pública, además de especialista en medicina interna, en su libro “La te“ología feminista en la historia”, recupera “la trayectoria de mujeres que han vivido la confrontación entre el discurso público sobre Dios y su propia experiencia de Dios” y que han tenido una actitud crítica con la discriminación en los distintos ámbitos que han sufrido las mujeres y cuya labor se ha olvidado en la historia, como Sor Isabel de Villena, Juana Inés de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, entre otras muchas que cita en su libro. Enmarca su nuevo trabajo en la “teología de la liberación” y aboga por una posición de la mujer dentro de la fe cristiana más empoderada y liberal, en el marco de una Iglesia Católica, criticando su postura misógina. 

 

Para ella “la teología feminista es una teología crítica que nace de una idea de contradicción: ¿qué pasa con las mujeres? En el Evangelio y en el encuentro con Dios descubro que son llamadas a una plenitud en nada inferior al varón, y en la sociedad y en la Iglesia descubro que tienen vedados ciertos ámbitos de una forma que yo considero injustificada.”Según Forcade.“Dios ha creado a las mujeres y a los varones iguales en dignidad” y afirma que “no es él quien considera a las mujeres menos espirituales que a los varones”. También defiende que “Dios ha creado a las mujeres y a los varones con la misma capacidad de intervención en el ámbito público, y que no es él quien prohíbe a las mujeres el acceso a la política, a las profesiones remuneradas o al sacerdocio”. Así también afirma que “el Evangelio nos propone como referencia a un Dios que está más allá del sexo y del género“. 

 

Cabe decir para concluir, que en este artículo no se cuestiona la fe, y se defiende la libertad religiosa de creer o no en un ser divino, o la opción de adherirse o no a cualquier religión, sino que tal como se expresa en el Informe y la resolución del Consejo de Europa sobre “Mujeres y religión en Europa” se defiende que La libertad de religión no puede aceptarse como pretexto para justificar las violaciones de los derechos de las mujeres, sean abiertas, sutiles, legales o ilegales, practicadas con o sin el consentimiento nominal de las víctimas – las mujeres.”

 

Fuentes consultadas:

 

– La religión y los derechos humanos. Informe de posicionamiento del Lobby Europeo de mujeres

– Teología de la mujer: Feminismo y género. Consuelo Vélez

–  Discriminación de las mujeres y violencia de género en las religiones. Juan José Tamayo.Fundación Carolina

–  Entrevista a la monja benedictina Teresa Folcade

– Cásate y sé sumisa. Las 35 frases más polémicas

Publicado por Silvia Benavides López en 7:42 

 

Etiquetas: discriminaciónReligiónTeología feminista

 

11 comentarios:

    1. Cot!d!ana11 de junio de 2014, 11:43Responder
    2. La biblia que yo leo no habla nada de esclavizar a una mujer, ni mucho menos hacer lo que diga el marido. Habla de ambos deben de someterse unos a otros, Sin que ninguno valla por encima del otro.-

Respuestas

  • María Daza18 de junio de 2014, 1:55
  • Igual es que no la leíste entera, o puede que no la entendieras. La profesora de Historia Medieval de la Universidad Carlos III, María Jesús Fuente, la ha leído con atención y (en las XX Jornadas Internacionales de Investigación Interdisciplinar: Violencia de género: Escenarios y desafíos, IUEM-UAM, Madrid, 2014), dio una conferencia (“Entre el honor y el horror, génesis, regulación y transmisión de las ideas sobre violencia contra las mujeres”) contándonos ejemplos clarísimos: historias de lapidaciones en el Deuteronomio, la historia del Levita (la concubina multiviolada y muerta es encima descuartizada para mostrar la ofensa que él ha sufrido al perder su propiedad), la historia de Lot (donde se culpa a las hijas del incesto cometido por éste), el Libro de Ezequiel (16:38, 16:40, 23:25) donde la violación a la mujer sólo trasciende por la ofensa para su dueño y señor (la mujer como sujeto poseído-objeto, inferior). La Biblia se limita a reproducir y transmitir las ideas que existían en Israel entonces. Por ejemplo: Salmo 137, 8-9 “hija de Babel, devastadora, feliz quien te devuelva el mal que nos hiciste” (a Eva, símbolo de la mujer, culpable de todos los males del universo)… Igual los de después: ni el mismo atisbo de incriminación a los varones por la violencia ejercida contra las mujeres (ellas siempre culpables del pecado de la lujuria masculina), que se muestra sólo con el propósito de infundir miedo a las mujeres, para que éstas aceptasen su destino: convertirse en esclavas a través del matrimonio. Desde luego la fe no ayuda a entender estas cosas, e igual tendrías que leer otras para entenderla.
  • silvia benavides18 de junio de 2014, 2:25
  • María, muchas gracias por tu comentario y por el apunte. Como siempre oportuno y bien documentado.!!!
    Un saludo

Responder

    1. silvia benavides12 de junio de 2014, 0:18Responder
    2. Muchas gracias Cot!d!ana por tu comentario. Me alegro de que en tu biblia no haya referencias a la sumisión de la mujer. En la que yo conozco está por todos sus pasajes.
      Saludos!!
    3. Antonio Carrillo Tundidor13 de junio de 2014, 1:44Responder
    4. En la Biblia, en encíclicas… en homilías y textos. La discriminación de la mujer está por todos lados. Es una ideología machista que nace de un tiempo de violencia, una época en al que la “Diosa Madre” igualitaria es destronada por un Dios hombre autoritario y cruel.
      Fantástico artículo. Felicidades
    5. silvia benavides13 de junio de 2014, 4:06Responder
    6. Muchas gracias Antonio. Estoy totalmente de acuerdo contigo, y reconocerlo, quizá pueda servir para poder luchar contra tanta violencia machista.
      Saludos!
    7. Anónimo16 de junio de 2014, 10:56Responder
    8. Quien no quiera ver discriminacion hacia la mujer en la biblia, en la religión católica en particular, y en cualquier religión en general, está algo más que ciego. Interesante artículo Silvia. A continuación inserto unas frases de mi último relato haciendo referencia irónica a la biblia.

      En cualquiera de los casos, siempre he dicho que en mi opinión, se disfruta e incluso se aprende más en una conversación con una mujer, que en cien con tus amigos. Probablemente nunca acabaré de descubrirlas en su verdadera esencia ni total dimensión, pero es ahí donde radica la fascinación femenina. Ahí y en el conocimiento axiomático de que son el animal más enigmático y bello de este planeta, y que debido a eso, dios creó a la prodigiosa Eva, y tomando de ésta una uña rota del dedo anular de su pié izquierdo, elaboró a un imperfecto Adán ¡Me parece que era algo así! Jamás se me dio bien leer la biblia, aunque, como tampoco nunca creí en dios, imagino que por ese motivo me envió en aquel incierto momento al paraíso de las huríes. Lo hizo porque sabía que no podría disfrutarlas, y para que años después, comprendiese lo que me iba a perder en un lejano vergel allende esta vida, por ser un descreído y un infiel. Llegado a este punto y habiendo adquirido el discernimiento suficiente para asimilar la certeza de tamaña omnipotente venganza, decidí, que lo mejor sería disfrutar de y con ellas en esta vida.

    9. silvia benavides17 de junio de 2014, 1:09Responder
    10. Hola Anónimo, gracias por tu comentario. Interesante relato! La mujer en el ideario de los hombres como tentación seducción y fruto prohibido. Legado de la biblia.
      Saludos!!

Respuestas

  • Anónimo17 de junio de 2014, 4:36
  • Muy buen artículo. Estoy de acuerdo en que a lo largo de la historia de discriminación de la mujer en la Iglesia ha estado patente sin estar escrita en ningún Evangelio. Todo se resume en el último párrafo, la postura injustificada de apoyarse en las religiones para someter a maltrato a las mujeres, un último recurso aplicado por los que temen perder un poder autoadquirido hacia otros seres humanos.

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    1. Anónimo17 de junio de 2014, 4:36Responder
    2. Muy buen artículo. Estoy de acuerdo en que a lo largo de la historia de discriminación de la mujer en la Iglesia ha estado patente sin estar escrita en ningún Evangelio. Todo se resume en el último párrafo, la postura injustificada de apoyarse en las religiones para someter a maltrato a las mujeres, un último recurso aplicado por los que temen perder un poder autoadquirido hacia otros seres humanos.

Respuestas

  • silvia benavides17 de junio de 2014, 7:45
  • Gracias Anónimo 2 por tu comentario. Desgraciadamente ésto ocurre todos los días sin distinción de lugar.El maltrato en la sociedad hacia las mujeres, es sin duda una lacra en la sociedad, ya sea en nombre de la tradición como por la religión, y totalmente injustificable. Denunciarlo, es lo que he pretendido con este artículo.
    Un saludo
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