“El romanticismo es lo obsceno en el libro y en la cultura”. La Enciclopedia del amor en los tiempos del porno

Josefa Ruiz-Tagle y Lucía Egaña, escritoras feministas:La Enciclopedia del amor en los tiempos del porno

Josefa Ruiz-Tagle y Lucía Egaña, escritoras feministas:


Andrea Moletto 25 Julio, 2014

Tags: Escritoras, feminismo, Porno, sexo

La Enciclopedia del amor en los tiempos del porno transita de la A a la Z por conceptos como “Amor”, “Azote”, “Clítoris”, “Lluvia Dorada”, “Miedo”, “Puta”, “Trío”, “Vibrador” o “Zoofilia”. Entre el discurso y el juego, Josefa Ruiz-Tagle y Lucía Egaña se apropian del porno para transgredir la norma de lo literario y por sobre todo la imposición de lo femenino. Una mezcla rara, un compendio queer que explora el placer y la culpa, la diversión y el asco. “Violencia contra violencia, somos un poco punkies”.

El-romanticismo-es-lo-obsceno-en-el-libro-y-en-la-cultura_ALEJANDRO-OLIVARES

Josefa Ruiz-Tagle -41 años licenciada en estética, periodista y editora- y Lucía Egaña -35 años, candidata a doctorada en Comunicación Audiovisual- se conocieron hace cinco años en el Instituto de Estética de la UC, en un taller de Escritura Crítica. “Teníamos una afición común por hablar en sucio y a cada una nos gustó cómo escribía la otra”, cuenta Lucía.

Lo que empezó como un intercambio por Internet, un blog privado a la distancia (Lucía vive hace diez años en Barcelona y Josefa en Santiago), se convirtió con el tiempo en la Enciclopedia del amor en los tiempos del porno, que hoy publica Cuarto Propio con prólogo de Nelly Richard. Un libro que en muchos pasajes logra erotizar, pero está escrito para incomodar.

¿El libro nace desde el amor al porno?
Lucía: Es más porno que amor, en realidad. De hecho las situaciones más obscenas, para mí, son las que tienen que ver con el amor romántico. En general encuentro que eso es más obsceno que lo explícitamente sexual que hay en el libro.

¿Pero escribieron sobre sexo porque les gusta el sexo?
Josefa: ¿El sexo le gusta a todo el mundo, no?

¿Crees eso, que le gusta a todo el mundo?
J: No, no le gusta a todo el mundo, jajaja, pero la gente a la que no le gusta no lo confiesa. Creo que hay mucha gente asexuada, pero que es muy castigada porque hoy existe una obligatoriedad de ser sexuado, o si no eres deficiente, de alguna manera.

¿Y ustedes son minas a las que les interesa más el sexo, más calentonas?
J: Yo creo que nuestro interés es bastante intelectual.

¿Creen que la pornografía es mala?
L: No necesariamente. Hay pornografía mejor que otra o que a una le puede gustar más, pero sí creo que el 99% de la pornografía es muy mala.

No me refiero a su mala calidad, sino a que sea dañina.
L: Es que eso también está relacionado con la mala calidad, porque es una pornografía muy machista. Es mala porque es poco interesante, pero al mismo tiempo tiene un efecto nocivo, sobre todo en la gente más joven que nunca tuvo una sexualidad previa a la pornografía. Y también, claro, hay importantes corrientes de feministas que creen que la pornografía intrínsecamente humilla a las mujeres.

¿Ustedes no están en ese bando?
L: Estamos en un bando que promueve apropiarse de la representación del sexo por parte de las mujeres, o de cualquier persona, y buscar otro tipo de imaginario. Y eso tiene que ver con trabajar con la pornografía, con lo explícito.

¿En la pornografía del libro hay erotismo?
L: Algunas cosas sí me parecen eróticas, pero en general no fue esa la intención. No es excitar al lector sino más bien provocarlo, lo que a muchos probablemente no les va a gustar. No creo que sea un libro así como calentón.
J: ¿A ti te pareció calentón en alguna parte?

Algunas escenas sí. Otras son como abyectas, terrenos donde se supone que la mujer no entra…
J: No son con el afán de armar escándalo, sino que de correr los límites de la descripción posible, de lo que se permite, sobre todo a las mujeres y públicamente.

Cosas que no son “decentes” para una mujer.
J: Pero no es por polemizar sino que porque creemos que es necesario, y eso lamentablemente provoca escándalo porque así es este país.

Entonces, ¿cuánto de este libro está relacionado con el placer?
L: Yo creo que se habla del goce y hay goce, pero goces un poco raros desde la perspectiva de la sexualidad normativa. Por ejemplo, la representación del sexo lésbico siempre es como muy vainilla, como si las lesbianas no tuvieran sexo fuerte, entonces tú representas una relación lésbica más dura y eso no está en el imaginario.
J: También hay goces con los que nosotras tampoco comulgamos, como lo verdaderamente sádico.

El libro no es muy amable con los hombres.
L: No es muy amable con la heteronormatividad, con las conductas que siempre hemos naturalizado y quedan en evidencia en su patetismo. Por eso tampoco es amable con las mujeres, no sabría leerlo en clave tan binaria. Lo más obsceno del libro son algunos pasajes que tienen que ver con el patetismo del amor romántico. Por ejemplo la descripción de “Swinger” es cruel, definitivamente.

¿Por qué es cruel?
L: Es una mujer que va con su pareja a un bar swinger y encuentra todo súper ordinario y termina peleándose con el marido porque él se involucra con una tipa que a ella le parece última, entonces ella termina vengándose, metiéndose con otro tipo que también le parece último y todo mezclado con cocaína. Una cosa bien patética de la conducta parejil, en el libro hay varias cosas de ese tipo.

¿Le dan a los heterosexuales y a su moral?
J: Al modelo de pareja heterosexual monogámica que convive, que se reproduce, que espera estar para siempre juntos. Un modelo que resulta obligatorio, donde se castiga a lo que no cumple con esas normas. Esto no es puramente heterosexual, hay muchos homosexuales que aspiran a una pareja muy similar y por eso toda la lucha por el matrimonio.
L: La verdad es que no podemos decir que nosotras estemos liberadas de esto, también son cuestiones que uno tiene: la monogamia, los celos, todas estas cosas muy patéticas y que te pueden hacer sentir muy mal. De hecho “Monogamia” se trata de una relación lésbica y tiene ese mismo patetismo de querer tener propiedad sobre alguien. El romanticismo es lo obsceno, en el libro y en la cultura en la que vivimos.
J: Y hay una rebeldía contra un tipo de representación de las mujeres siempre asociadas al sentimentalismo y que está en la historia de la literatura, en la música o en el cine, donde sitúan a la mujer en un lugar de sentimentalidades. Hay bastante desacato de ese lugar.

Las violenta la norma.
J: Es súper violento que tú como mujer no puedas hablar descarnadamente de sexo como socialmente podría hacerlo un hombre. Aquí violencia de género es que te pegue tu marido, pero hay violencias de género que tienen que ver con la obligación. Hay que entender eso como violencia y rebelarse ante ese tipo de violencia.

Y el libro por lo mismo tiene algo de violento, ¿no?
L: Violencia contra violencia, somos un poco punkies. Esto no es un ensayo, aquí es apropiarse de un modo, que es la pornografía, que per se ya es agresor.

EL AMOR

Ustedes hablan del patetismo del amor y del romanticismo, hablemos del amor…
L: Ya hablamos del amor, ¿o no? Yo soy una persona sumamente enamoradiza. Me acuerdo que Emil Cioran decía que nadie puede venir de vuelta del amor, que alguien que dijera que viene de vuelta es más raro que una piedra. El amor lo veo como una droga, como un chute de hormonas o de endorfinas y en ese sentido es algo muy efímero también, como un polvo…
J: Eso es el enamoramiento.

¿Pero tú crees en el amor?
L: Creo en el narcótico del amor, lo vivo, me lo meto, me lo pongo, o lo consumo, no sé… Si me preguntas así como de amor en general, pienso ya en amores más rudos.
J: El libro toma una opción de desmitificar el discurso amoroso, de demostrar lo que hay de patético, los peligros que entraña la pareja cerrada, celópata, lo que no quiere decir que uno esté en contra del amor.
L: En contra no. Uno podría creer que es un gran chute y no una relación estable de 30 años, que eso es una construcción y no es amor.
J: Las relaciones estables a mí me parecen menos patéticas que el amor, te voy a decir…

¿Cómo?
J: Que se puede llegar a un consenso con una persona de querer compartir ciertos espacios o cuestiones vitales de manera estable, pero no necesariamente con el discurso romántico de por medio. Una opción más racional. Yo creo que a esas parejas les va mejor que a las románticas, o por lo menos a esas mujeres les va menos mal, porque las mujeres suelen ser muy víctimas del romance.

¿Y qué es lo patético del amor?
L: Puta es patético cómo se pone en juego todo…
J: La mentira, o sea en general las parejas están sustentadas en un montón de conductas que son ilusiones sobredimensionadas. Hay cuestiones del amor romántico que te hacen sentir muy mal. Se empieza a construir una acción que genera una reacción detrás de otra, pero en el fondo no hay nada muy concreto ni muy real. Son construcciones reactivas que no tienen que ver con lo que necesariamente la gente quiere o le gustaría.
L: Es un discurso que uno adquiere, que uno toma prestado de los medios de comunicación que están aplicados en la cultura.
J: Por ejemplo, la cuestión de la entrega es bien perversa, porque si yo te entrego todo mi ser también estoy perdiendo algo, perdiendo libertad, autonomía, identidad. Pongo mi identidad en suspenso para adaptarme a ti, para enamorarme con todo.
L: La gente “muere de amor”, imagínate. Ahí está la máxima expresión del patetismo.

¿Cómo definen en el libro lo femenino y lo masculino, la orientación, la identidad, lo trans?
J: Hay una intención de cuestionarlo. Por un lado hay mujeres que tienen una voz como hablaría un hombre, de una manera súper grosera, opinante, manipuladora. Y también hay géneros ambiguos.

¿Creen en lo masculino y en lo femenino?
J: Creemos que somos estereotipos y que vale la pena cuestionarlos, no dejarse normar por eso. Liberarse un poco del binarismo de géneros te puede dar un terreno más amplio para jugar, experimentar y para no tener tanta presión sexual.
L: Es demasiado difícil poder ser una mujer, en realidad toda la cultura intenta hacerte mujer, pero tú nunca correspondes a eso y eso también es fuente de sufrimiento y de dolor.
J: Y también es una violencia. Las mujeres estamos todo el tiempo siendo castigadas: si subes la voz, si no sonríes, si no eres amable y un montón de cosas…
L: Un piropo en la calle es una agresión sexual. Pareciera que ahora las mujeres pueden estar en un sex shop y es como “¡ay mira!, las minas ahora se compran un juguete sexual y ya está todo resuelto”. Pero salís a la calle e igual te pegan un manotazo.
J: O te castigan. A nosotras no nos cabe duda de que nos van a castigar.

¿Por el libro? ¿Cómo podrían castigarlas?
L: Yo investigo pornografía en un ámbito académico desde una perspectiva feminista, y aunque no es un castigo directo, es mucho más difícil conseguir fondos. No es lo mismo investigar el pelaje de los caballos que investigar pornografía feminista, jajaja…
J: Que no te ofrezcan una pega, que te quiten la palabra…
L: Una persona que tiene una voz activa sobre el sexo da como miedo, te vuelves como un monstruo. Pero supongo que a mí me da un poco igual. Si alguien no me quiere hablar por algo, ese es un filtro natural.

¿Cómo sería ser mujer donde efectivamente no existiese esa violencia?
L: Bueno, quizás dejando de ser mujer.

¿Cómo se deja de ser mujer?
L: Dejar de tratar de calzar con el estereotipo…
J: Que no existiera esa exigencia, ni siquiera la idea de esa exigencia.

Para los hombres también existe una exigencia de lo masculino.
L: El mundo, la heteronormatividad, nos caga a todos la verdad…
J: Sólo que nosotras estamos más perjudicadas, porque en general las cosas que se asocian a lo femenino tienen que ver con el sacrificio, la sumisión, con el trabajo no remunerado porque lo hacemos por amor, somos sensibles, cuidadosas, suaves… Pero los hombres también padecen si no calzan con el estereotipo.
L: También hay distintos niveles en las mujeres. No se puede comparar a Michelle Bachelet con una mujer que no ha tenido ningún acceso al poder.
J: Pero la Michelle Bachelet, por ejemplo, es víctima: examen a su cuerpo, la constante crítica al hecho de que sea divorciada, la manera en que ha criado o no a sus hijos, cosa que a los hombres no se les castiga, o sea ni siquiera es tema.

¿Y cómo sería un mundo en que no nos sintiéramos oprimidos por estereotipos de género?
L: Tu pregunta es demasiado difícil, jajaja, es demasiado difícil imaginar ese mundo ideal. No me lo puedo imaginar.
J: Vamos a ir avanzando en la medida que la gente opte por rebelarse frente a estas imposiciones y haya más libertad de desplegar las posibles identidades, las pasiones, los intereses. Sin castigos.

LA VIOLENCIA

Josefa Ruiz Tagle nació ocho meses después del Golpe Militar. Su padre, Eugenio Ruiz Tagle, torturado y asesinado es una de las víctimas de la Caravana de la Muerte. Hija adoptiva de José Joaquín Brunner y madre de dos hijos, Josefa ha reflexionado toda su vida sobre el horror y la violencia.

-En tu sensibilidad frente a la violencia normativa, ¿hay en el libro de alguna manera un eco de la violencia que sufriste por lo que sucedió con tu padre?
Este es un libro literario, pero también político. A mí y a mucha gente de mi generación la política nos entró por osmosis, como una rebeldía en contra de la violencia a la que nuestras familias, nuestros amigos, nuestros vecinos y profesores estaban siendo sometidos. Esta rebeldía creció con los años y adoptó distintas formas, algunas de ellas estéticas. Por un lado, es un libro feminista. Por otro, es bastante guerrillero y punk. También violento. Por el puro hecho de nombrar lo obsceno: lo que se sale de escena, lo que ocurre tras bambalinas y resulta incómodamente para la mirada pública.

OTRO PORNO ES POSIBLE

Cada dos años, Lucía Egaña organiza en Barcelona (España) un festival de pornografía, la “Muestra Marrana”, que intenta rescatar otras representaciones del porno. “El porno mainstream es puro mete y saca, pero ese no es necesariamente el único porno imaginable”.

¿Cómo podría ser la pornografía desde otro lugar?
Lo primero es que no tiene como objetivo hacer dinero, es una producción enfocada en una cuestión política o artística. Además, la pornografía normal está muy centrada en los genitales, principalmente el pene y la vagina, y en el orgasmo masculino. Una pornografía distinta puede tener humor, sexualizar otras partes del cuerpo, tu oreja, tu codo, tu pie, tu nariz, lo que sea. Y muestra otros tipos de cuerpos, porque la pornografía normal tiene unos cuerpos totalmente estandarizados, entonces tú puedes meter cuerpos distintos, gordos, tullidos. En la última edición tuvimos un especial de porno tullido. Gente categorizada como incapaz de tener sexualidad, sin acceso a desear ni ser deseado. Siempre va a aparecer otro cuerpo más extraño, entonces siempre se te va a ocurrir otro género de porno aún más extraño.

Andrea Moletto 25 Julio, 2014 Tags: , , ,

La Enciclopedia del amor en los tiempos del porno transita de la A a la Z por conceptos como “Amor”, “Azote”, “Clítoris”, “Lluvia Dorada”, “Miedo”, “Puta”, “Trío”, “Vibrador” o “Zoofilia”. Entre el discurso y el juego, Josefa Ruiz-Tagle y Lucía Egaña se apropian del porno para transgredir la norma de lo literario y por sobre todo la imposición de lo femenino. Una mezcla rara, un compendio queer que explora el placer y la culpa, la diversión y el asco. “Violencia contra violencia, somos un poco punkies”.

El-romanticismo-es-lo-obsceno-en-el-libro-y-en-la-cultura_ALEJANDRO-OLIVARES

Josefa Ruiz-Tagle -41 años licenciada en estética, periodista y editora- y Lucía Egaña -35 años, candidata a doctorada en Comunicación Audiovisual- se conocieron hace cinco años en el Instituto de Estética de la UC, en un taller de Escritura Crítica. “Teníamos una afición común por hablar en sucio y a cada una nos gustó cómo escribía la otra”, cuenta Lucía.

Lo que empezó como un intercambio por Internet, un blog privado a la distancia (Lucía vive hace diez años en Barcelona y Josefa en Santiago), se convirtió con el tiempo en la Enciclopedia del amor en los tiempos del porno, que hoy publica Cuarto Propio con prólogo de Nelly Richard. Un libro que en muchos pasajes logra erotizar, pero está escrito para incomodar.

¿El libro nace desde el amor al porno?
Lucía: Es más porno que amor, en realidad. De hecho las situaciones más obscenas, para mí, son las que tienen que ver con el amor romántico. En general encuentro que eso es más obsceno que lo explícitamente sexual que hay en el libro.

¿Pero escribieron sobre sexo porque les gusta el sexo?
Josefa: ¿El sexo le gusta a todo el mundo, no?

¿Crees eso, que le gusta a todo el mundo?
J: No, no le gusta a todo el mundo, jajaja, pero la gente a la que no le gusta no lo confiesa. Creo que hay mucha gente asexuada, pero que es muy castigada porque hoy existe una obligatoriedad de ser sexuado, o si no eres deficiente, de alguna manera.

¿Y ustedes son minas a las que les interesa más el sexo, más calentonas?
J: Yo creo que nuestro interés es bastante intelectual.

¿Creen que la pornografía es mala?
L: No necesariamente. Hay pornografía mejor que otra o que a una le puede gustar más, pero sí creo que el 99% de la pornografía es muy mala.

No me refiero a su mala calidad, sino a que sea dañina.
L: Es que eso también está relacionado con la mala calidad, porque es una pornografía muy machista. Es mala porque es poco interesante, pero al mismo tiempo tiene un efecto nocivo, sobre todo en la gente más joven que nunca tuvo una sexualidad previa a la pornografía. Y también, claro, hay importantes corrientes de feministas que creen que la pornografía intrínsecamente humilla a las mujeres.

¿Ustedes no están en ese bando?
L: Estamos en un bando que promueve apropiarse de la representación del sexo por parte de las mujeres, o de cualquier persona, y buscar otro tipo de imaginario. Y eso tiene que ver con trabajar con la pornografía, con lo explícito.

¿En la pornografía del libro hay erotismo?
L: Algunas cosas sí me parecen eróticas, pero en general no fue esa la intención. No es excitar al lector sino más bien provocarlo, lo que a muchos probablemente no les va a gustar. No creo que sea un libro así como calentón.
J: ¿A ti te pareció calentón en alguna parte?

Algunas escenas sí. Otras son como abyectas, terrenos donde se supone que la mujer no entra…
J: No son con el afán de armar escándalo, sino que de correr los límites de la descripción posible, de lo que se permite, sobre todo a las mujeres y públicamente.

Cosas que no son “decentes” para una mujer.
J: Pero no es por polemizar sino que porque creemos que es necesario, y eso lamentablemente provoca escándalo porque así es este país.

Entonces, ¿cuánto de este libro está relacionado con el placer?
L: Yo creo que se habla del goce y hay goce, pero goces un poco raros desde la perspectiva de la sexualidad normativa. Por ejemplo, la representación del sexo lésbico siempre es como muy vainilla, como si las lesbianas no tuvieran sexo fuerte, entonces tú representas una relación lésbica más dura y eso no está en el imaginario.
J: También hay goces con los que nosotras tampoco comulgamos, como lo verdaderamente sádico.

El libro no es muy amable con los hombres.
L: No es muy amable con la heteronormatividad, con las conductas que siempre hemos naturalizado y quedan en evidencia en su patetismo. Por eso tampoco es amable con las mujeres, no sabría leerlo en clave tan binaria. Lo más obsceno del libro son algunos pasajes que tienen que ver con el patetismo del amor romántico. Por ejemplo la descripción de “Swinger” es cruel, definitivamente.

¿Por qué es cruel?
L: Es una mujer que va con su pareja a un bar swinger y encuentra todo súper ordinario y termina peleándose con el marido porque él se involucra con una tipa que a ella le parece última, entonces ella termina vengándose, metiéndose con otro tipo que también le parece último y todo mezclado con cocaína. Una cosa bien patética de la conducta parejil, en el libro hay varias cosas de ese tipo.

¿Le dan a los heterosexuales y a su moral?
J: Al modelo de pareja heterosexual monogámica que convive, que se reproduce, que espera estar para siempre juntos. Un modelo que resulta obligatorio, donde se castiga a lo que no cumple con esas normas. Esto no es puramente heterosexual, hay muchos homosexuales que aspiran a una pareja muy similar y por eso toda la lucha por el matrimonio.
L: La verdad es que no podemos decir que nosotras estemos liberadas de esto, también son cuestiones que uno tiene: la monogamia, los celos, todas estas cosas muy patéticas y que te pueden hacer sentir muy mal. De hecho “Monogamia” se trata de una relación lésbica y tiene ese mismo patetismo de querer tener propiedad sobre alguien. El romanticismo es lo obsceno, en el libro y en la cultura en la que vivimos.
J: Y hay una rebeldía contra un tipo de representación de las mujeres siempre asociadas al sentimentalismo y que está en la historia de la literatura, en la música o en el cine, donde sitúan a la mujer en un lugar de sentimentalidades. Hay bastante desacato de ese lugar.

Las violenta la norma.
J: Es súper violento que tú como mujer no puedas hablar descarnadamente de sexo como socialmente podría hacerlo un hombre. Aquí violencia de género es que te pegue tu marido, pero hay violencias de género que tienen que ver con la obligación. Hay que entender eso como violencia y rebelarse ante ese tipo de violencia.

Y el libro por lo mismo tiene algo de violento, ¿no?
L: Violencia contra violencia, somos un poco punkies. Esto no es un ensayo, aquí es apropiarse de un modo, que es la pornografía, que per se ya es agresor.

EL AMOR

Ustedes hablan del patetismo del amor y del romanticismo, hablemos del amor…
L: Ya hablamos del amor, ¿o no? Yo soy una persona sumamente enamoradiza. Me acuerdo que Emil Cioran decía que nadie puede venir de vuelta del amor, que alguien que dijera que viene de vuelta es más raro que una piedra. El amor lo veo como una droga, como un chute de hormonas o de endorfinas y en ese sentido es algo muy efímero también, como un polvo…
J: Eso es el enamoramiento.

¿Pero tú crees en el amor?
L: Creo en el narcótico del amor, lo vivo, me lo meto, me lo pongo, o lo consumo, no sé… Si me preguntas así como de amor en general, pienso ya en amores más rudos.
J: El libro toma una opción de desmitificar el discurso amoroso, de demostrar lo que hay de patético, los peligros que entraña la pareja cerrada, celópata, lo que no quiere decir que uno esté en contra del amor.
L: En contra no. Uno podría creer que es un gran chute y no una relación estable de 30 años, que eso es una construcción y no es amor.
J: Las relaciones estables a mí me parecen menos patéticas que el amor, te voy a decir…

¿Cómo?
J: Que se puede llegar a un consenso con una persona de querer compartir ciertos espacios o cuestiones vitales de manera estable, pero no necesariamente con el discurso romántico de por medio. Una opción más racional. Yo creo que a esas parejas les va mejor que a las románticas, o por lo menos a esas mujeres les va menos mal, porque las mujeres suelen ser muy víctimas del romance.

¿Y qué es lo patético del amor?
L: Puta es patético cómo se pone en juego todo…
J: La mentira, o sea en general las parejas están sustentadas en un montón de conductas que son ilusiones sobredimensionadas. Hay cuestiones del amor romántico que te hacen sentir muy mal. Se empieza a construir una acción que genera una reacción detrás de otra, pero en el fondo no hay nada muy concreto ni muy real. Son construcciones reactivas que no tienen que ver con lo que necesariamente la gente quiere o le gustaría.
L: Es un discurso que uno adquiere, que uno toma prestado de los medios de comunicación que están aplicados en la cultura.
J: Por ejemplo, la cuestión de la entrega es bien perversa, porque si yo te entrego todo mi ser también estoy perdiendo algo, perdiendo libertad, autonomía, identidad. Pongo mi identidad en suspenso para adaptarme a ti, para enamorarme con todo.
L: La gente “muere de amor”, imagínate. Ahí está la máxima expresión del patetismo.

¿Cómo definen en el libro lo femenino y lo masculino, la orientación, la identidad, lo trans?
J: Hay una intención de cuestionarlo. Por un lado hay mujeres que tienen una voz como hablaría un hombre, de una manera súper grosera, opinante, manipuladora. Y también hay géneros ambiguos.

¿Creen en lo masculino y en lo femenino?
J: Creemos que somos estereotipos y que vale la pena cuestionarlos, no dejarse normar por eso. Liberarse un poco del binarismo de géneros te puede dar un terreno más amplio para jugar, experimentar y para no tener tanta presión sexual.
L: Es demasiado difícil poder ser una mujer, en realidad toda la cultura intenta hacerte mujer, pero tú nunca correspondes a eso y eso también es fuente de sufrimiento y de dolor.
J: Y también es una violencia. Las mujeres estamos todo el tiempo siendo castigadas: si subes la voz, si no sonríes, si no eres amable y un montón de cosas…
L: Un piropo en la calle es una agresión sexual. Pareciera que ahora las mujeres pueden estar en un sex shop y es como “¡ay mira!, las minas ahora se compran un juguete sexual y ya está todo resuelto”. Pero salís a la calle e igual te pegan un manotazo.
J: O te castigan. A nosotras no nos cabe duda de que nos van a castigar.

¿Por el libro? ¿Cómo podrían castigarlas?
L: Yo investigo pornografía en un ámbito académico desde una perspectiva feminista, y aunque no es un castigo directo, es mucho más difícil conseguir fondos. No es lo mismo investigar el pelaje de los caballos que investigar pornografía feminista, jajaja…
J: Que no te ofrezcan una pega, que te quiten la palabra…
L: Una persona que tiene una voz activa sobre el sexo da como miedo, te vuelves como un monstruo. Pero supongo que a mí me da un poco igual. Si alguien no me quiere hablar por algo, ese es un filtro natural.

¿Cómo sería ser mujer donde efectivamente no existiese esa violencia?
L: Bueno, quizás dejando de ser mujer.

¿Cómo se deja de ser mujer?
L: Dejar de tratar de calzar con el estereotipo…
J: Que no existiera esa exigencia, ni siquiera la idea de esa exigencia.

Para los hombres también existe una exigencia de lo masculino.
L: El mundo, la heteronormatividad, nos caga a todos la verdad…
J: Sólo que nosotras estamos más perjudicadas, porque en general las cosas que se asocian a lo femenino tienen que ver con el sacrificio, la sumisión, con el trabajo no remunerado porque lo hacemos por amor, somos sensibles, cuidadosas, suaves… Pero los hombres también padecen si no calzan con el estereotipo.
L: También hay distintos niveles en las mujeres. No se puede comparar a Michelle Bachelet con una mujer que no ha tenido ningún acceso al poder.
J: Pero la Michelle Bachelet, por ejemplo, es víctima: examen a su cuerpo, la constante crítica al hecho de que sea divorciada, la manera en que ha criado o no a sus hijos, cosa que a los hombres no se les castiga, o sea ni siquiera es tema.

¿Y cómo sería un mundo en que no nos sintiéramos oprimidos por estereotipos de género?
L: Tu pregunta es demasiado difícil, jajaja, es demasiado difícil imaginar ese mundo ideal. No me lo puedo imaginar.
J: Vamos a ir avanzando en la medida que la gente opte por rebelarse frente a estas imposiciones y haya más libertad de desplegar las posibles identidades, las pasiones, los intereses. Sin castigos.

LA VIOLENCIA

Josefa Ruiz Tagle nació ocho meses después del Golpe Militar. Su padre, Eugenio Ruiz Tagle, torturado y asesinado es una de las víctimas de la Caravana de la Muerte. Hija adoptiva de José Joaquín Brunner y madre de dos hijos, Josefa ha reflexionado toda su vida sobre el horror y la violencia.

-En tu sensibilidad frente a la violencia normativa, ¿hay en el libro de alguna manera un eco de la violencia que sufriste por lo que sucedió con tu padre?
Este es un libro literario, pero también político. A mí y a mucha gente de mi generación la política nos entró por osmosis, como una rebeldía en contra de la violencia a la que nuestras familias, nuestros amigos, nuestros vecinos y profesores estaban siendo sometidos. Esta rebeldía creció con los años y adoptó distintas formas, algunas de ellas estéticas. Por un lado, es un libro feminista. Por otro, es bastante guerrillero y punk. También violento. Por el puro hecho de nombrar lo obsceno: lo que se sale de escena, lo que ocurre tras bambalinas y resulta incómodamente para la mirada pública.

OTRO PORNO ES POSIBLE

Cada dos años, Lucía Egaña organiza en Barcelona (España) un festival de pornografía, la “Muestra Marrana”, que intenta rescatar otras representaciones del porno. “El porno mainstream es puro mete y saca, pero ese no es necesariamente el único porno imaginable”.

¿Cómo podría ser la pornografía desde otro lugar?
Lo primero es que no tiene como objetivo hacer dinero, es una producción enfocada en una cuestión política o artística. Además, la pornografía normal está muy centrada en los genitales, principalmente el pene y la vagina, y en el orgasmo masculino. Una pornografía distinta puede tener humor, sexualizar otras partes del cuerpo, tu oreja, tu codo, tu pie, tu nariz, lo que sea. Y muestra otros tipos de cuerpos, porque la pornografía normal tiene unos cuerpos totalmente estandarizados, entonces tú puedes meter cuerpos distintos, gordos, tullidos. En la última edición tuvimos un especial de porno tullido. Gente categorizada como incapaz de tener sexualidad, sin acceso a desear ni ser deseado. Siempre va a aparecer otro cuerpo más extraño, entonces siempre se te va a ocurrir otro género de porno aún más extraño.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: