Rol de la Antropología Chilena Frente al Neoliberalismo.

 

 

Rodrigo Sepúlveda

Rol de la Antropología Chilena Frente al Neoliberalismo

 

(Palabras del Presidente del Colegio de Antropólogos de Chile en las IX Jornadas Antropológicas de la Universidad Católica de Temuco, 6 de Noviembre 2014.)

Agradezco la invitación de los estudiantes y académicos a compartir este momento y aprender juntos.

Más que hablar de un rol (son muchos y van variando), me interesa aludir al “ser” antropólogo. Heidegger sostiene que, esencialmente, ser poeta no se fundamenta sólo en el hecho de hacer poesía. Plantea que el poeta “vive poéticamente”.

¿Qué es vivir antropológicamente?
El deseo antropológico viene de lejos, como bien plantea Levi-Strauss en “las tres fuentes de la reflexión etnológica” . Incluso podría decir que estaba ya incipiente en la revolución neolítica, cuando surge el Estado, donde puede encontrar cierta búsqueda de otredad. Pero también es una fuente primordial el deseo de cada uno de nosotros, que reactualiza ese legado y que tiene que ver con lo que señala el colega Skewes, aludiendo a un llamado vocacional, cuando dice que llegamos a estudiar antropología “porque nos latió el corazón”.

Ciertamente Levi Strauss tiene razón en situar históricamente el surgimiento de la Antropología, en tanto pensamiento occidental, en el proceso que genera la invasión de américa, el mal llamado descubrimiento. Es también el inicio de la modernidad capitalista y la expansión de los mercados, y también el tiempo de consolidación de la situación colonial que pervive hasta hoy. En el momento mismo de ese inicio expansivo capitalista surgen voces disidentes que plantean, por ejemplo, la humanidad extendida (que parte reconociendo que los indígenas tambien tienen alma) y a medida que avanzaba la revolución burguesa, surgirá otro discurso más revolucionario que planteará la recuperación universal de lo comunitario y la valoración de los pueblos originarios. En el seno del capitalismo surgira un discurso de Derechos Humanos universales, con la revolución francesa, y un ideal emancipatorio que apuntará a superar las condiciones del propio capitalismo. La ciencia aparecerá como una forma de producción de conocimiento transformador y esperanza en el futuro de la humanidad, y con ella nuestra disciplina académica.

El ser antropólogo surgira en contextos coloniales, desde el centro mirando la periferia ¿Pero qué es ser antropólogo en Chile? Para los colegas de los países del norte somos antropólogos con poco financiamiento para ser lo que ellos consideran que es nuestro Ethos. Algunos como Freeman, anticiparon una nueva antropología de las periferias orientada al desarrollo, pues esa sería la principal base material de sustento de los colegas del Sur: las políticas públicas.

Si bien todo lo anterior es razonable, es fundamental recuperar rigurosamente nuestra memoria. La antropología chilena surge de grandes intelectuales, como Lispchtuz o Latcham, quienes tenía un profundo sentido de lo social y compromisos políticos militantes (uno en el PC, el otro en el PS). Su relación con los pueblos originarios enriquecía un proyecto histórico revolucionario

Nuestro desarrollo como carrera universitaria recién empieza en la formación de antropólogos a mediados de los sesenta, en provincia, en el Sur (en La Universidad de Concepción). Nuestras carreras surgen de un impulso revolucionario que trajo grandes antropólogos a Chile con el afán de participar en un proceso transformador (como ocurrió también en la UCT). En ese contexto el desarrollo endógeno del ex- pedagógico llevó a la fundación de la Antropología en la Universidad de Chile. Era un proceso incipiente en un contexto de grandes transformaciones institucionales y movilización social.

¿Qué pasó con la Antropología chilena en dictadura?
Sabemos de la persecusión, la vejación, el extermenio o el exilio de académicos y estudiantes. El cierre o la intervención autoritaria en carreras que se ven degradadas por los poderes fácticos, de escaso vuelo académico. La mayoría de los primeros egresados tienen como mandato sobrevivir y tratar de “ser antropólogos” en el contexto adverso de entonces. Unos pocos, como docentes, pudieron seguir en la universidades por sintonía fascista o descuido de los interventores. Otros pudieron encontrar espacio en la articulación política de las ONGs que de ser espacios de resistencia pasaron después a transformarse en espacios de aplicación de las políticas del modelo, en la postdictadura. Otros, muy pocos, accedieron a espacios de la élite ilustrada donde encontraron refugio (pero esa elite es pequeña en Chile, por lo que fueron espacios muy reducidos), la iglesia también acogió a colegas que aportaron en ella su mirada.

Los colegas desempeñaron en su mayoría diversos oficios “no tradicionales” desde el punto de vista de la antropología, podemos decir. Pero la gran mayoría siguió siendo y deseando ser antropólogos. Por eso surge el Colegio de antropólogos de Chile. Como espacio de articulación colectiva y resistencia contra la dictadura. Como espacio para soñar ser antropólogos, soñando también con una democracia plena respetuosa de la diversidad, que nunca llegó, pero a la que seguimos aportando.

Las luchas y logros del colegio en sus 30 años son heroicas y pensamos en la relación medios/fines. Llevar adelante y mantener una postura ética y política de defensa de Derechos Humanos, creando incluso competencias, por ejemplo, cuando en Chile no había formación de antrropología forense con enfoque de derechos. Pudimos también constituir un espacio de intercambio intelectual democrático, de todos los antropólogos, como son los Congresos Nacionales de Antropología, y mantener su continuidad. Tenemos todavía el mandato de ser una comunidad que dialoga y busca incidir en la sociedad y en la transformación del Estado.

¿Qué pasó en la posdictadura?
El fin de la guerra fría (ya se sabe quién ganó), coincide con la expansión global del neoliberalismo, la destrucción del estados de bienestar en europa, y la transición en Chile. Pese a la derrota de los ideales solidarios, se dió un nuevo pacto de DDHH, surgen convenciones para sujetos especiales, como contracara del neoliberalismo que extendió el poder del capital sobre los trabajadores. Los ideales revolucionarios, ya sin utopía revolucionaria, siguieron en ese marco de DDHH que continuamos reinvindicando.

En chile observamos que el ser antropólogo estuvo marcado por la profundización del modelo neoliberal, con la transnacionalización de la economía, ahora legitimada por una curiosa “democracia” donde uno de los dictadores más execrados del mundo actual. siguió como cdte. en jefe del ejército por varios años y la institucionalidad implantada a la fuerza ya no era cuestionada. Se dieron procesos de paso del onegenismo al gobierno. De instalación de nuevos espacios laborales neoliberalizados y marcados por el estado subsidiario orientado más al control político y penal que al bienestar.

Se logran recuperar o crear espacios universitarios, en un marco de mercado de la educación y sin recuperación de su sentido histórico pleno El dispositivo tecnócrata impone un ethos centrado en competencias de mercado en la formación. El estado neoliberal genera condiciones de trabajo que ponen en riesgo la ética profesional (como la Ley de Impacto Ambiental, la contratación de colegas en organismos de control policial e inteligencia, etc).

Desde la transición aumentan las ofertas de formación y el número de profesionales, que se integran a un mercado precario que a algunos colegas extranjeros les sorprende por lo institucionalizado de la disciplina en múltiples servicios públicos, pero con contratos a honorarios y bajos salarios. Encontramos trayectorias laborales es heteróclitas, como las que ya presentaron los colegas que fueron invitados en el bloque anterior de estas jornadas. Y sigue existiendo una brecha entre la carrera académica (menos) y profesional (los más), que encuentra en el espacio colegiado un lugar de igualdad de derechos y reconocimiento mutuo.El diseño estatal orientado al mercado genera verdaderas corporaciones que se disputan compiten por el control de medios de producción antropológica. Hay producción científica, pero nuestra incidencia en la sociedad es baja.

Desde los movimientos sociales surge el cuestionamiento al desempeño profesional y el Colegio asume la reflexión sobre la ética, sin contar con una legalidad que le permita garantizarla plenamente. Por lo que nos hemos unido a otros colegios profesionales para avanzar en la promulgación de una ley que recupere el estatuto histórico y público de nuestras organizaciones y tuición de la ética profesional.

Me interesa destacar frente al neoliberalismo la perspectiva de la Antropología Crítica, que une ese deseo de conocimiento al servicio de la transformación social, ligada a los movimientos sociales con objetivo comunes emancipatorios. Es una perceptiva que viene de lejos, como les comentaba al referirme a Latcham y Lispchutz. Donde el intelectual tiene un papel en anticipar los cambios y anunciar los caminos. Desde ese lugar podemos sostener que hoy hace falta una Antropología con vocación de incidir en los público, pero no desde un rol burocrático sino desde la función cultural de la antropología, en un reencuentro con el lugar de nuestra disciplina en el debate ciudadano.

Hoy aquí, me surge también la pregunta ¿Qué es ser (estar siendo o devenir ) antropólogo en Temuco?
El lugar donde lo mapuche a veces parece demasiado cerca para algunos, sin embargo fue el atractivo de ese mundo el que trajo lo mejor de lantropología mundial a estas tierras.

Siempre digo que el mejor Congreso, fue el que hicimos aquí en 1998. Eso tiene que ver con lo que se vive y sueña en este territorio que hasta hace poco, relativamente, fue territorio mapuche y hoy vive una interculturalidad dinámica y rica, no exenta de un conflicto profundo que nos atañe. El encuentro de 98, permitió compartir con grandes maestros, desarrollar mesas con intelectuales indígenas y visibilizar también los grandes desafíos y contradicciones de nuestra disciplina. Fue ahí cuando Xavier Albó profetizaba que el Siglo XXI sería el siglo de la interculturalidad, y sus palabras parecían anticipar la constitución de un Estado Plurinacional en Bolivia, con un presidente indígena.

Somos los constructores de otredad, eso significa que tenemos que ir generado posibilidades de otro mundo. Nuestro rol es casi shamánico: crear discursos, construir conocimiento en base a la confianza con el otro y la recuperación el lazo social hoy tensionado por el modelo. Ello nos plantea el desafío de incidir en el Estado y en la Sociedad, de manera rigurosa y transformadora. De revertir el énfasis en el control social y el miedo que impone el neoliberalismo.

Trabajamos con la palabra y el gesto que une a los pueblos, los hace atreverse a “des” – y “re”- conocerse. Acciones que permiten trascender el narcisismo etnocéntrico y reconocerse en el otro diferente, subaltenrizado, en un movimiento emancipatorio. La etnografía nos indica un camino en el que estamos experencia, metodológica y éticamente implicados con los sujetos sociales.Nuestra palabra reconoce un valor profundo en todas las formas de humanidad y a vivir bien en la diversidad que construye una sociedad más justa.

En el modelo neoliberal nuestra palabra resulta molesta en las esferas de poder y hay que hacer un esfuerzo para que sea oída. Tenemos un poder transformador en nuestras manos al reconocer elementos y sujetos desvalorizados por el neoliberalismo y por ello podemos aportar a subvertirlo, a soñar otro mundo posible, otra experiencia de sociedad.

Como hacemos hoy, tenemos que recuperar el poder de la memoria y de lo comunitario, frente a la amnesia y el individualismo que intenta imponernos el modelo. Como señala el maestro Edgardo Garbulsky en el libro que de antropología que entregamos hoy a su biliblioteca:
“El modelo neoliberal pretende cortar en las nuevas generaciones las referencias al pasado, justamente porque ese pasado, esa tradición, nos sirve para entender mejor ese presente, para proyectarlos al futuro”

Queridos estudiantes, colegas del futuro, es el tiempo de una antropología con compromiso de lo público, en Chile. Tenemos que esforzarnos en aprender y ser cada día mejores personas y profesionales. Aprender a “vivir antropológicamente” en las circunstancias históricas que nos ha tocado en suerte vivir. Y no dudar que podemos aportar a la recuperación de una sociedad que sienta confianza en el otro y viva la alegría plena, con sabiduría. Con trabajo y alegría. Como dijo un poeta Temucano:

“La sabiduría nos enseña que la exactitud, la plenitud y la pasión pueden convivir con la justicia y la alegría”

Muchas gracias.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s