Introducción
31
aquella era su marcha, y que no podíamos unirnos, aunque podíamosmostrar solidaridad marchando por separado. Ésta fue una importantelección para nosotros.
La política de solidaridad con un grupo es una cosa, ylas movilizaciones políticas basadas en la auto-organización son otra muy dis-tinta.
En Gran Bretaña iba a aprender esta lección desde otra posición,más convincente incluso.Llegué a Gran Bretaña (o
Vilayat
 , como a menudo llaman a Gran Bretañalos hablantes panyabíes y urdus del sur de Asia) para una corta visita en miviaje de vuelta de EEUU a Uganda, y me convertí en una refugiada apátridapor la expulsión de los asiáticos del sur de Uganda por parte de Idi Amin.Desde entonces, Gran Bretaña ha sido mi país de «residencia permanen-te», utilizando la jerga de las leyes de inmigración. Fui una de las «asiáticasugandesas» más afortunadas, pues ya estaba en Gran Bretaña en el momentodel edicto de Idi Amin. Esto signi
ca que escapé de la experiencia del ra-cismo «frontal» que, como se trata en el capítulo 1, recibió a los refugiadosugandeses cuando llegaron a Gran Bretaña.Durante los setenta, Gran Bretaña estaba en plena ebullición de políticasde izquierda. Habían tenido lugar grandes manifestaciones contra el pro-yecto de la Ley de Industria y del Acta de Inmigración de 1971. El gobiernoconservador de Edward Heath fue derrocado por los mineros en huelga.Margaret Thatcher, entonces ministra de Educación, fue denunciada por laizquierda con el lema «Margaret Thatcher, ladrona de leche» por abolir laleche gratuita para los niños en los colegios. El Women´s Liberation Move-ment [Movimiento de liberación de las mujeres] estaba poniéndose en mar-cha y planteando serios retos a toda clase de ortodoxias. La formación decárteles por parte de los países productores de petróleo de Oriente Mediocomenzaba a dar a probar a los países de Occidente un poco de su propiamedicina, la misma que llevaban siglos administrando al «Tercer Mundo»;y esto estaba desatando racismo contra los árabes y los iraníes. Algunasde las principales huelgas industriales de la época fueron organizadas portrabajadores asiáticos y lideradas por mujeres: en Imperial Typewriters,en Grunwicks y en Chix. La diminuta
gura de Jaya Ben Patel —erguida,desa
ante, con la cabeza bien alta— caminando frente a un cordón de im-ponentes policías es uno de los iconos más impactantes de este momento«postcolonial» en el corazón de la metrópoli.Al mismo tiempo, jóvenes negros organizaban luchas colectivas con-tra el racismo y el acoso policial en Londres, Birmingham, Manchester,No
t
ingham y Bradford, por nombrar sólo algunos de los emplazamientos
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Cartografías de la diáspora 
32
geográ
cos. Campañas contra la desigualdad, tales como: la práctica del
search under suspicion
[registro por sospecha], el uso por parte de la policíade la ley «SUS» del siglo XIX, inicialmente diseñada contra la clase trabaja-dora blanca, pero que ahora se centraba en la juventud negra;
4
el Acta parala Prevención del Terrorismo, dirigida contra los irlandeses; la legislaciónsobre inmigración; la prescripción del medicamento Depo-Provera a lasmujeres de clase trabajadora, y especialmente a las mujeres negras de clasetrabajadora, como medio para regular diferencialmente las sexualidades;
5
 muchas otras prácticas estatales, así como otras dentro del campo de la«sociedad civil», constituían una variedad de nuevos sujetos políticos. Es-tas políticas motivaban que diversos grupos de gente comenzaran a aso-ciarse de forma solidaria.Comencé a buscar mis propias coordenadas políticas en medio de es-tas
uctuaciones. ¿Cómo iba a «situarme» en Gran Bretaña? Por supuesto,esto no podía decidirse de forma totalmente voluntarista. La historia impe-rial de Gran Bretaña ya me había «situado». A las pocas semanas de estaren Londres me llamaron «paki». Me sorprendió tanto la primera vez quese dirigieron a mí con un nombre racista que me quedé callada. Entoncesme di cuenta, de forma distinta a cuando expresaba mi solidaridad con losnegros americanos, de cómo sentaba que te llamaran
nigger
. Ya no era unaestudiante «extranjera», una visitante de estancia temporal. En absoluto. Enaquel momento, como «paki», era una intrusa racial, un sujeto postcolonialconstruido y marcado por las prácticas diarias en el corazón de la metrópoli.El discurso de «paki» traía ecos de encuentros coloniales. Pero no era un re-lato sobre los «nativos de fuera», como lo había sido durante el Raj, sino queseñalaba a los Otros como inferiores en pleno núcleo de lo británico. Habíallegado a Gran Bretaña como una joven adulta, bastante segura de mí mis-ma. Y aún así había sido ultrajada, avergonzada y, lo que es más importante,temporalmente
silenciada
por este brote racista. ¿Cuál puede ser el efecto delracismo en niños pequeños? Había oído formular esta pregunta en EEUU,
4En Inglaterra y Gales, la
SUS law
autorizaba a la policía a retener, registrar e incluso detener acualquier persona considerada sospechosa de delito. Se basaba en las secciones 4 y 6 de la Leyde vagos y maleantes de 1824. Las comunidades negras la denunciaron en múltiples ocasionespor ser aplicada con criterios racistas y, de hecho, se suprimió en 1981 al considerarse estosabusos una de las razones de los disturbios raciales de 1980 en St. Paul (Bristol) y de 1981 enBrixton, Londres, Toxteth, Liverpool, Handsworth y Chapeltown y Leeds. [N. del E.]5Depo-Provera es un medicamento inyectable, que previene el embarazo durante tres meses.Ha recibido numerosas críticas porque los estudios se realizaron casi exclusivamente conmujeres del sur mundial y mujeres pobres de EEUU, en muchos casos sin realizar un análisisriguroso y sin informar debidamente de los efectos secundarios. [N. del E.]
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Introducción
33
pero ahora mi relación con ella había cambiado. Todos los niños del mundoimplicados en esta pregunta habían pasado a formar parte de mi genealogía,y yo de la de ellos. Esto no indica que uno no pueda sentir empatía con aque-llos cuya experiencia no se ha compartido, ni que la experiencia garanticecierta autenticidad. Pero existe una diferencia cualitativa cuando esa
ccióncambiante a la que llamamos «Yo» se hace sujeto [
is subjected
] dentro de prác-ticas discursivas especí
cas. Esa
experiencia
cuenta.Mi uso de las tecnologías de la autobiografía en esta introducción mues-tra las contradicciones encarnadas en la producción de identidad. Hablo conla autoridad del «Yo» y del «mí» como si el «Yo» fuera una «realidad» yaexistente, mientras que el debate muestra cómo el «Yo» y el «mí» cambiantodo el tiempo. Por otro lado, mi
rma es posible precisamente porque hayun núcleo cambiante que reconozco como «Yo». También reviso mi propia biografía política porque está íntimamente ligada a mi trabajo intelectual.Hago esto especialmente como medio para destacar las luchas colectivasque articulan los movimientos sociales de los que he sido parte. El modoautobiográ
co es útil en este caso como dispositivo disruptivo que
revela
 mi relato como una
revisión interpretativa
 , que puede ser señalada por otrasinterpretaciones como capricho de la autorrepresentación de un individuo.En cualquier caso, la credibilidad de este relato de acontecimientos y mo-mentos políticos depende poco de los garabatos de un cierto «individuo»; elnarrador «individual» no se revela, sino que es producido en el proceso dela narración. De hecho, la que aquí narra los hechos se apoya en la esperanzade que su versión resuene con el signi
cado construido por sus diversas«comunidades imaginadas». Mi narración individual tiene sentido ante todocomo recuerdo colectivo
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s