LA UNIVERSIDAD Y EL GOLPE FASCISTA EN CHILE. Galo Gómez, ex vicerrector U de Concepción. 1977

LA UNIVERSIDAD Y EL GOLPE FASCISTA EN CHILE

Cuadernos Casa de Chile, Nº 4, México 1977.

Galo Gómez, ex-vicerrector de la Universidad de Concepción

Las Universidades Chilenas vivieron los años 1967 y 1968 un intenso proceso de Reforma Universitaria que logró modificar sus estructuras, democratizarlas haciendo participar a toda la comunidad universitaria en la generación de sus autoridades. La Reforma logró romper la función conservadora de la Universidad, expresada en una docencia que era rutinaria; una investigación abandonada a niveles de mera subsistencia; el alumno reclutado con criterio elitista; los valores que ella transmitía y los contenidos de la enseñanza estaban fuertemente influidos por los grupos de poder social, interesados en mantener el statu quo.

Como se ha dicho, el Programa de Reforma postuló el derecho de la comunidad universitaria de autogobernarse: eran sus miembros los que debían designar las autoridades. Se postuló la descentralización del poder, pasando a organismos colegiados, también elegidos, las autoridades unipersonales adquieren el carácter de mandatarios de la comunidad universitaria y quedan sujetas a su control permanente. Así la Reforma pretendía abrir los cauces eficaces para que la comunidad universitaria pudiera definir su propio destino, dentro del marco de la participación democrática.

La Reforma se expresó en otros aspectos como: aumento de número de matrículas, apertura progresiva hacia sectores obreros y campesinos, creación de organismos que llevaran la Universidad al trabajador, modernización estructural, las facultades y escuelas -propias de una concepción profesionalista- que va siendo sustituida por otra más flexible que integra disciplinas afines en institutos, centros y departamentos, transformación pedagógica y curricular; se modificó el sistema de títulos y grados; el sistema curricular flexible impuesto por la Reforma permitió al alumno poder autodirigirse en sus propios estudios dentro de una cierta orientación.

Está de más decir que el fascismo ha pulverizado de una plumada toda esa labor creadora.

Cuatro fueron las ideas motrices del movimiento. En primer lugar, la concepción de la ciencia y la investigación como herramientas de interpretación de la realidad social del país; la Universidad crítica que requiere como condición la instalación en ella de la ciencia y la investigación constantemente renovadas.

En segundo término, la Reforma preconizaba una Universidad comprometida con las transformaciones sociales. Se pretendía que la Universidad fuera la conciencia lúcida y crítica del proceso histórico que, encabezado por Allende, protagonizaba el pueblo de Chile. Como dijo Castillo Velasco, ex-Rector de la Universidad Católica de Chile:

“Porque en los miles y miles de hombres que trabajan en las fábricas y en el campo, en los empleados y trabajadores, en la juventud chilena, ahí está el país, su fuerza y su destino. No se construye hoy al margen de ellos ninguna obra duradera; sólo se construye sobre cimientos macizos cuando se colabora con el pueblo en la transformación del país y se comparten sus legítimas luchas, sus anhelos y esperanzas.”

Por ello es que los fascistas no han construido ni construirán nada en Chile y ese es el signo de su derrota inevitable. En suma, la nueva Universidad era un rechazo explícito de la concepción de Universidad torre de marfil y de la Universidad sometida a los grupos de poder.

El pluralismo, en tercer lugar, penetró todas las instancias del nuevo proyecto. Se pretendía que todas las corrientes de pensamiento significativas tuvieran las posibilidades institucionales de desarrollarse libremente y de confrontarse en la cátedra, en la investigación y la difusión.

Pinochet, en marzo de este año (1976), en su tarea de inaugurar años académicos, declaró su decisión de no aceptar el pluralismo ideológico en las Universidades y señaló que debe entenderse que está definitivamente abolido.

Por último, la autonomía en lo docente, administrativo, de investigación y territorial, es decir, en su amplio sentido.

El Gobierno de Allende planteaba cuatro nociones respecto del desarrollo de la Reforma Universitaria y su compromiso crítico con el destino del país, esto es:

1. Respaldo al proceso de la Reforma y reorientación de las Funciones académicas de docencia, investigación y difusión de los problemas nacionales.

2. Recursos suficientes para asegurar el cumplimiento de las funciones Universitarias.

3. El Gobierno Universitario corresponderá a sus respectivas comunidades. Se reafirma, por tanto, la autonomía.

4. Admisión progresiva de los hijos de los trabajadores y, también, de los adultos. Estos últimos a través de becas especiales o mediante el sistema de estudio y trabajo simultáneo que permita su ingreso a cursos de nivel superior.

Allende, en discurso pronunciado en el Foro Abierto de la Universidad de Concepción, inmediatamente después de haberse reunido con el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas, el 26 de septiembre de 1970, a pocos días de la victoria popular del día 4 del mismo mes, expresó con relación a la conversación recién sostenida: “…en un diálogo corto, pero preciso, coincidimos plenamente en que la Universidad debe ser un factor dinámico en el grande y profundo proceso de transformación que Chile reclamaba y que el pueblo, hecho gobierno, va a realizar”.

Por ello que la Universidad Católica a través de su Rector expresó: “Con la reciente elección presidencial culmina una nueva e importante etapa de un proceso que se identifica con la historia del país. Ella significa la ratificación de una opción mayoritaria de la nación en favor de instaurar en Chile una sociedad libre y justa, capaz de asegurar una vida digna y plena de sentido, para todos los chilenos”. Dijo, además: “el papel de la Universidad en esta hora es, pues, más importante y su responsabilidad aún mayor, debe llevar adelante su Reforma con el fin de participar activamente en la construcción de la nueva sociedad. aportando a través de su trabajo específico, los conocimientos y el personal con formación superior apto para impulsar la transformación independiente y acelerada de Chile”.

La Universidad de Concepción, entre otras cosas, manifestó: “La elección del Presidente Allende es un imperativo del más alto humanismo para los trabajadores universitarios y nos exige situarnos en definitiva ante la realidad que debemos transformar junto a la clase trabajadora y demás sectores populares, de acuerdo a un compromiso estricto, entre lo que pensamos y lo que hacemos”.

Mucho se podría decir de tareas concretas que las Universidades Chilenas durante la Unidad Popular realizaron, pero el tema y el tiempo no lo permiten. Hemos dicho qué es lo que los universitarios querían de sus universidades, lo que el Gobierno pensaba y en las palabras citadas queda claro el espíritu que animaba a todos.

Pero como diría Neruda: “Una mañana todo estaba ardiendo y desde entonces fuego, pólvora desde entonces y desde entonces sangre…”

El golpe sorprende a la Universidad Chilena en pleno proceso de rico conocimiento y elevación de sus niveles de docencia, investigación y difusión, como de implementación de las tareas y acciones que el proceso de la Reforma Universitaria señaló y que siempre contó con el respaldo del Gobierno de la Unidad Popular.

La tarea histórica del pueblo de Chile de construir su propio destino se había iniciado y en ella estaba haciendo su aporte la gran mayoría de los universitarios chilenos, cuando fue bruscamente interrumpida por la fuerza y poderío de los intereses heridos: el imperialismo y la burguesía.

En septiembre de 1975, en la reunión del Consejo Consultivo de UNESCO, Juan Marinello dijo: “No hay duda que en la pugna fundamental de nuestro tiempo entre la voluntad liberadora de las grandes mayorías populares y las fuerzas que persisten en mantener sus privilegios y opresión, el caso de Chile significa una situación monstruosa de dominio de las corrientes negadoras de la libertad y de la dignidad del hombre”.

El 11 de septiembre de 1973 se inició la noche negra de las Universidades Chilenas y de Chile, que ha merecido el repudio de los pueblos libres del mundo entero, pero también se inició el gran combate desde dentro y fuera de la Patria, para retomar el camino interrumpido.

La intervención militar en la Universidad chilena supone una represión de otro tipo, distinta de la que siempre hacemos referencia; aquí se trata de la represión institucionalizada, permanente, que desquicia la estructura, la convivencia y el quehacer universitario, y que comienza incluso antes que las autoridades militares intervengan formalmente.

El mismo día 11 de septiembre de 1973, desde tempranas horas, las universidades fueron allanadas por contingentes de soldados fuertemente armados. Numerosos estudiantes y profesores son atropellados y detenidos. La irracionalidad vestida de uniforme, protegida con instrumentos de muerte, destruyó y violó todo lo que encontró a su paso. Muerte a la inteligencia. No dejaron en su bárbara tarea ninguna repartición administrativa o docente. De los hogares y cabinas fueron arrancados los jóvenes de sus lechos para maltratarlos y detenerlos. En su acción vandálica, provocaron toda suerte de destrozos en los edificios, muebles, libros, documentos, informes, material de investigación y difusión. Buena parte del material fue retirado y nunca más visto- Mucho de él fue robado y el resto quemado. La brutalidad y el robo han sido las características de los allanamientos de los militares.

La Universidad Técnica del Estado presentó resistencia a la represión y vandalismo fascista, pero la respuesta fueron bombas, balas, muerte y destrucción. El Rector de esta Universidad, Enrique Kirberg. estuvo más de dos años detenido, siendo llevado de un campo de concentración a otro, con su salud resentida. Actualmente gracias a la presión internacional, se encuentra en libertad, residiendo en los Estados Unidos.

La Universidad de Concepción amaneció cercada e invadido su campus por las fuerzas de la traición, el odio y el crimen. Allanadas todas sus reparticiones, detenidos los estudiantes que habitaban los hogares y otras residencias ubicadas en el campus, como los jóvenes y docentes que llegaron temprano a cumplir con sus tareas.

El ex-Rector de la Universidad de Concepción y Ministro de Educación del Gobierno de la Unidad Popular, Dr. Edgardo Enríquez F., fue enviado a la Isla Dawson, ubicada en el extremo sur del país. Al igual que el Rector Kirberg, está en libertad, residiendo en Inglaterra.

En la Universidad de Chile, las autoridades pertenecientes a las fuerzas políticas dominantes -y que en el periodo previo habían constituido el “Frente Universitario” integrado por fuerzas de la Democracia Cristiana, del Partido Nacional y por independientes opositores al Gobierno de la Unidad Popular- comenzaron de inmediato a ejercer el poder autocráticamente, sin respetar las normas legales vigentes, pero revistiendo sus actuaciones de una aparente legalidad. Así, por ejemplo, el Comité Directivo Superior de la Universidad de Chile se reunió el 19 de septiembre con la sola asistencia de los representantes del Frente Universitario y acordó, ilegalmente, declarar en reorganización las sedes de Arica, Iquique, Antofagasta, Chillan, Valparaíso, Santiago Oriente y Osorno. Exceptuando en este proceso aquellas unidades en que predominaba el frente Universitario, como las facultades de Medicina Oriente de Santiago, Salud de Valparaíso, Ciencias Sociales de Valparaíso, de Santiago el Departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueológicas. Declaran igualmente en reorganización las Facultades de Ciencias y Artes Musicales y de Economía Política de la sede Santiago Norte, así como el Departamento de Salud de la misma sede y la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (circular Nº 126 de la Secretaría General de la Universidad de Chile, 20 septiembre 1973).

En el mismo acuerdo se expresó que: “En todo caso, la reorganización no implicará la eliminación de la Universidad de ninguna persona, salvo de quienes fueron procesados y condenados externamente por comisión de delitos”.

Este acuerdo del Comité Directivo -disminuido en un 40%- se complementó con resoluciones que fueron poniendo término a los nombramientos de las autoridades de izquierda. Paralelamente, las autoridades unipersonales centrales (Rectores y Secretario General) y las autoridades unipersonales de las sedes pertenecientes al Frente Universitario adoptaron medidas para alejar a los funcionarios de izquierda de los cargos que habían obtenido por concurso o por méritos funcionarios. Una de estas medidas consistió en comisiones de servicio con prohibición de ejercer el cargo, otras en suspensiones, muchas veces sin derecho a remuneración. Con estas medidas los sectores dominantes trataron de capitalizar el golpe para afianzarse políticamente en las Universidades, negociando con los militares un compromiso de no agresión mutua.

En Valparaíso las tropas navales se apoderaron de la Universidad Técnica Federico Santa María antes de la intervención oficial por considerar que sus locales estaban emplazados en un lugar estratégico.

En la Universidad Católica los sectores derechistas agrupados en el movimiento gremialista (que controlaba la Federación de Estudiantes) contaba con simpatía en un sector del profesorado) pidió la renuncia del Rector Castillo Velasco (demócrata cristiano progresista) acusándolo de ser incapaz de poner a la Universidad en la línea preconizada por la Junta Militar. Ante el fracaso de su posición, el Movimiento Gremial, de acuerdo con sectores de la Democracia Cristiana que se oponían a la caída del Rector, crearon comisiones de reestructuración en las unidades académicas en que la presencia de los sectores de izquierda tenía un cierto peso.

El Rector de la Universidad de Concepción, Carlos Von Plessing, en declaraciones inmediatas a su elección para el cargo (diciembre de 1972), planteó y llamó, a través de los medios de difusión, a la formación de un frente anti-marxista universitario a nivel nacional. La confabulación ya estaba en marcha. Consecuente con lo que expresara en 1972, el día del golpe se colocó de inmediato al lado de las fuerzas del asesinato, la tortura y el vejamen, sin que mediara petición alguna de la autoridad militar. No tuvo, naturalmente, ninguna actitud de defensa de la Casa de Estudios atropellada y humillada, ni que decir de la pisoteada autonomía universitaria.

Como ha escrito Gastón García Cantú: “La ocupación militar de la Universidad es la ocupación de la conciencia del país. La identificación de algunos universitarios con la violencia está en relación no a los problemas académicos sino con sus intereses de clase”.

El profesor Juan Antonio Widow de la Universidad Católica de Valparaíso y director de la revista Tizona, formuló (26-IX-73) un conjunto de recomendaciones que debían inspirar la erradicación del pensamiento marxista de las Universidades.

En su proposición planteaba: a) expulsar a todos los profesores marxistas, b) los estudiantes cuya presencia significase agitación y proselitismo también debían ser expulsados, c) las unidades académicas creadas para divulgar la ideología marxista debían ser cerradas, d) las que estaban copadas por profesores marxistas, debían ser reestructuradas.

Ni los proclives rectores de las Universidades de Concepción y del Norte se liberaron, pues también fueron humillados y reemplazados por gente de uniforme

En todas las Universidades del país. se nombraron como rectores-delegados a miembros de las Fuerzas Armadas, todos individuos, naturalmente, sin ningún conocimiento de las Universidades como instituciones y menos de lo relacionado con sus quehaceres.

La Junta dictó decretos en que junto con nombrar las nuevas autoridades máximas les otorgó los más plenos poderes imaginables. Podría decirse, sin exageración, que quedó en manos de éstos una autoridad de vida y muerte. Pudiendo suprimir carreras, fijar las normas administrativas y académicas que estimaran para resguardar la seguridad interior del Estado y poder iniciar la llamada “reconstrucción nacional”. En suma. se oficializó y perfeccionó refinadamente la más amplia acción represiva de la historia de Chile contra las Universidades y sus miembros, docentes, investigadores, estudiantes, administrativos y auxiliares por el grave delito de sustentar ideas de avanzada social y haberle entregado su apoyo y colaboración a un Gobierno legítimamente constituido.

El 24 de septiembre de 1973, la Junta Militar se reunió con el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas que presidía Edgardo Boeninnger, en su calidad de Rector de la Universidad de Chile. En esa oportunidad, Pinochet, Leigh, Merino y Mendoza comunicaron a los Rectores “que habían decidido reorganizar las Universidades y que se había cursado un decreto nombrando rectores-delegados”.

El día 26 de mismo mes, Boeninnger intentó defender a la Universidad como institución autónoma y planteó, entre otras cosas, que la reorganización universitaria que se pretendía, como el manejo y dirección de las Casas de Estudios Superiores debían seguir en manos de los Universitarios. En esa fecha Boeninnger presentó un memorándum a la Junta Militar fascista.

El precio de la negociación: las actuales autoridades tomarían la depuración de los elementos de izquierda, expulsando a algunos, impidiendo a otros el acceso a cualquier nivel de poder y en general, destinándolos a tareas inofensivas. De hecho, ya los partidarios de Boeninnger habían copado los cargos de mando. Pero, además, la Universidad como institución se retiraba de la vida activa del país y volvía a encerrarse en sus muros.

El día 28 de septiembre de 1973, el cuarteto convoca nuevamente a los Rectores y les da el golpe de gracia con la insolencia y prepotencia que le es característica. “Fue una jornada humillante. El general Leigh le dijo a Boeninnger que había cometido dos errores: uno, imaginar que tenía derecho a expresar acuerdo o desacuerdo y, otra, cuestionar el nombramiento de los rectores-delegados de las Fuerzas Armadas, asunto que era un hecho consumado” (Ver Chile-América. Roma, diciembre de 1974).

En esa sesión conjunta con los Rectores, expresaron su desacuerdo con el proyecto Boeninnger y les reiteraron que el gobierno asumiría la dirección de todas las Universidades del país por medio de Rectores Delegados. El fundamento de esta medida fue entregado por el Ministro de Educación, contralmirante Hugo Castro, quien en alocución pública del 2 de octubre de 1973, expresó que la función universitaria “de investigación y altos estudios, de desarrollo de la cultura y formación de profesionales y técnicos de verdadera calidad” se había desvirtuado. Acusó que muchas sedes y escuelas se habían convertido en centros de adoctrinamiento y propaganda marxista, amparando la violencia y el armamentismo ilegal, así como a extranjeros extremistas. Agregó: “la necesidad de contrarrestar esa acción destructora obligó al resto de los académicos, estudiantes y funcionarios a descuidar sus labores específicas para sumirse en una permanente y estéril lucha por el poder” y que con tal panorama de “politización general” no resultaba posible que las autoridades existentes en las Universidades pudieran dar solución al problema planteado. “La reconstrucción nacional -dijo- no puede darse el lujo de permitir que la vida universitaria se frustre en medio de la politiquería, la burocracia y el desorden”.

El Decreto-Ley Nº 50, publicado en el Diario Oficial del 2 de octubre de 1973. establece en su artículo único lo siguiente: “La Junta de Gobierno designará en su representación Rectores-Delegados en cada una de las Universidades del país. Estos Rectores-Delegados cumplirán las funciones y ejercerán todas las atribuciones que corresponden a los Rectores de las Universidades, de conformidad con las normas légale» vigentes y demás acuerdos o resoluciones universitarias dictadas en su virtud”.

Se dictaron decretos especiales para las Universidades pontificias, las no pontificias y las estatales. (1) Todos destinados a destruir todos los logros de la Reforma Universitaria, a perseguir a profesores, estudiantes y administrativos de izquierda. Los Estatutos Orgánicos suprimidos, los organismos colegiados suprimidos, cierre de escuelas, quema de libros, disminución de presupuesto, disminución del número de alumnos para los primeros años, etc. Larga as la enumeración.

Decía que se dictaron decretos para las Universidades. Sería lato referirse a este aspecto; pero a vía de ejemplo veamos algunos antecedentes de esta materia en relación con la Universidad de Chile, pues con leves matices es lo que ocurrió en el resto de las Universidades Chilenas.

El Estatuto Orgánico de la Universidad de Chile, dictado por el Presidente Allende, sanciona legalmente el carácter democrático de la Institución. Así su artículo 3º dice:

“La Universidad de Chile es democrática. Participan en su Gobierno todos los miembros de la comunidad universitaria”

El artículo 4º se refiere al pluralismo:

“La Universidad de Chile, garantiza a todos sus miembros dentro de cada una de las estructuras y organismos y a cualquiera dentro de su ámbito, la libre expresión y coexistencia de las diversas ideologías y corrientes de pensamiento, sin otra limitación que su ejercicio se sujete a normas de respeto mutuo”.

En cuanto a la Autonomía Universitaria su artículo 5º señala lo siguiente:

La Universidad de Chile es un establecimiento público, autónomo, independiente de la administración central del Estado”.

Se señalan estos artículos, pues los Estatutos Orgánicos de las Universidades Chilenas, como resultado del proceso de Reforma Universitaria, contienen, en general, los mismos conceptos.

El nuevo Estatuto para esta Universidad está contenido en un Decreto Ley (Nº 111), publicado en el Diario Oficial del 8 de noviembre de 1973. En ese Decreto Ley, para que no quede duda alguna en cuanto a las disposiciones contenidas en otros textos legales, su artículo 1º señala que las normas en él establecidas se consideran especiales, lo que significa que prevalecen sobre otra norma aplicable a la Universidad.

Se le entregan al Rector Delegado todas las “funciones y atribuciones que la legislación orgánica de la Universidad de Chile y demás leyes, reglamentos y decretos de cualquier naturaleza aplicable a ella, entreguen a los claustros universitarios, a las autoridades colegiadas y unipersonales de la Corporación y a sus jefaturas de servicios”.

Esto es sólo una muestra del autoritarismo, pues un artículo del Decreto Ley mencionado establece la disolución de los claustros, cuerpos colegiados, el Director de la Corporación Televisión y la Comisión Permanente del Pequeño Derecho de Autor.

La ley fascista entrega al rector delegado “la facultad de resolver todas las cuestiones relativas a la situación del personal de la Universidad de Chile y de Corporación de Televisión, sobre sus deberes y derechos y la de ejercer sobre este personal amplia potestad disciplinaria; las atribuciones de declarar que determinados cargos y funciones son de su exclusiva confianza…”

El artículo 5º, refiriéndose al Rector que estaba en ejercicio, que había sido elegido democráticamente y que es reemplazado por un militar, señala:

“Para todos los efectos legales se entenderá que el Rector que estaba en ejercicio al asumir el Rector-Delegado, ha terminado el período legal para el cual fue elegido”

Lo mismo se establece para el Secretario General. Se le entrega, también, al Rector-Delegado la facultad de ejercer sobre los estudiantes:

“Amplia potestad disciplinaria, incluyendo la de aplicar sanciones, amonestaciones, suspensión, cancelación de matrícula y expulsión”

Por último, en el artículo 6º queda establecido como la Universidad perdió todo vestigio de autonomía; dice así:

“Será requisito para la validez y cumplimiento de los acuerdos y decisiones de las autoridades colegiadas y unipersonales de la Universidad, adoptadas entre el día 11 de septiembre de 1973 y la fecha de vigencia de este Decreto, la aprobación expresa del Rector-Delegado, sin la cual no produciría efecto alguno”

La nueva legalidad consagra en definitiva un sistema expedito para poner a la Universidad bajo la tuición de las Fuerzas Armadas; la participación de la comunidad universitaria desaparece, los conflictos se resuelven por la vía de la autoridad. La antigua institucionalidad desaparece y es reemplazada por la discrecionalidad de los rectores-delegados.

En cuanto a los criterios para el despido de docentes, veamos algunos ejemplos:

Quizás uno que mejor muestra lo ocurrido al respecto fue el procedimiento que estableció el Vicerrector Delegado de la Universidad de Chile en Valparaíso; el 13 de noviembre de 1973, emitió un comunicado cuyo primer párrafo dice:

“Se avisa a los académicos y funcionarios no académicos de esta sede, a quienes no se hubieren pagado sus remuneraciones correspondientes al mes de noviembre del año en curso hasta las 17 hrs., de ayer lunes 12 de noviembre, que deben considerarse en la lista de eliminación de personal”.

En las Universidades que señala el decreto ley Nº 139 del 13 de noviembre de 1973, referido a las llamadas no-pontificias (de Concepción, Austral, del Norte y Técnica Federico Santa María), ni siquiera hubo la pretensión de seguir procedimientos legales:

“La resolución estaba basada en listas negras y los académicos y estudiantes recibían una comunicación en un formulario standard sin cargos específicos.” (Ver Chile-América, Roma)

Estando detenido en la Isla Quiriquina, en mi casa se recibió la siguiente comunicación del Rector-Delegado de la Universidad de Concepción, que en su parte final dice lo siguiente:

“Ha motivado esta decisión el convencimiento de que la permanencia de usted en esta Casa de Estudios, puede significar peligro para el orden y seguridad interna de la Universidad de Concepción, que puede incidir en la seguridad Nacional.

Lo pongo en su conocimiento para los fines que correspondan.
Le saluda muy cordialmente”.
Guillermo González Bastías, Rector-Delegado

Las Universidades que no aparecen mencionadas en el Decreto Ley Nº 139, tuvieron sus correspondientes decretos leyes. Es el caso de las Universidades Católicas Pontificias.

Así, una nota dirigida a la Sra. Magdalena Echeverría Tortello, con fecha 30 de noviembre de 1973, en una de sus partes dice lo que sigue:

“En esta situación y atendida la afinidad que usted exteriorizó para con dicha ideología, por la presente cumplo con solicitarle haga dimisión del trabajo que realizó en esta Casa de Estudios, hasta el día 11 de septiembre último”.

Saluda atentamente a usted,
L Alberto de la Maza
Rector Delegado Universidad Católica de Valparaíso.

Otra de la misma fecha y el mismo militar investido por la fuerza en autoridad universitaria, en oficio dirigido a Dn. Javier Martínez Bengoa, dice así:

“La honorable Junta de Gobierno me ha encomendado la tarea de remover de la Universidad a todas aquellas personas en contra de quienes puedan formularse cargos de haber actuado al margen o en contra de los valores en que se fundamenta el quehacer específico de esta Casa de Estudios.

Analizada su actuación en la Universidad, se ha llegado a la convicción de que usted se encuentra en este caso y que debe, por lo mismo, dimitir de sus funciones universitarias”.

Sin lugar a dudas hubo Universidades que siguieron procedimientos administrativos que resultaron ser vulgares mascaradas, para simplemente expulsar a docentes, investigadores y administrativos.

Miguel Otero Lathrop, uno de los personeros máximos de la represión en la Universidad de Chile, expresó:

que se había buscado el establecimiento de un “procedimiento rápido que permitiera sancionar a quienes hubiesen vulnerado las obligaciones y prohibiciones impuestas a los funcionarios públicos”

Los funcionarios quedaron privados de cualquier garantía de defensa.

Para perseguir las faltas constitutivas de infracciones al derecho, el rector delegado consignó a treinta y seis fiscales encargados de atender las 13 sedes de la Universidad y los servicios centralizados.

La “depuración”, poco a poco se institucionalizó. En la Universidad de Chile ha sido creada una Contraloría interna encargada de instruir súmarios y realizar investigaciones contra los que atontan contra la nueva legalidad.

El procedimiento más socorrido en la persecución de la “responsabilidad funcionaría o estudiantil” fue el de la denuncia escrita e iniciativa propia del fiscal, lo que permitió las delaciones o denuncias anónimas.

En la Sede Santiago Oriente, calificada de “nido de extremistas”, se decretó la vacancia de todos los cargos, salvo dos de la Facultad de Medicina.

En los casos que se siguieron procedimientos que el propio rector-delegado había fijado se puede afirmar que casi a excepción ocurrió lo siguiente:

  1. No se formularon cargos concretos.
  2. No se procedió a arbitrar los medios de prueba solicitados por los inculpados, y
  3. No se modificó por apelación ninguna medida expulsiva aplicada a primera instancia, como no fuera sustituir las peticiones de renuncia por destituciones.

El llamado proceso de “depuración” alcanzó fundamentalmente:

  1. Las estructuras académicas conflictivas con los intereses de las autoridades militares.
  2. Las personas que ocupaban cargos de representación en el gobierno de la Universidad y que habían sido elegidos por la izquierda.
  3. Los dirigentes sindicales de izquierda.
  4. Toda persona de izquierda que fuera víctima de una denuncia motivada por cualquier causa, especialmente por rivalidades profesionales o discrepancias ideológicas.
  5. Los profesionales médicos perseguidos implacablemente hasta en las aulas universitarias por sus colegas del Colegio Médico de Chile.

Elproceso de depuración tuvo su máxima expresión en el Decreto 130 del 1º de abril de 1974, dictado por el Rector delegado de la Universidad de Chile, en el cual se declaró que toda persona que hubiese sido marginada de la Universidad en cualquier calidad, cesaría de inmediato en toda otra calidad que tuviera en la Universidad y no podría ingresar a ella en ninguna forma. Esto afectó a gran número de personas, que trabajando en la Universidad eran, a la vez, estudiantes, algunos dando término a sus estudios.

En la Universidad Católica se operó simplemente en base a “listas negras”, elaboradas por el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), directores de unidades académicas asesorados por delatores. La Universidad Católica posee una llamada Dirección de Personal con las más amplias atribuciones.

El golpe militar en las Universidades tuvo como consecuencia la inmediata instalación de un poder autoritario subordinado al Gobierno por las Fuerzas Armadas y una depuración masiva de los diversos estamentos de la Institucionalidad académica y estudiantil. Estos dos efectos han tenido un doble sentido: a) eliminar los principales valores de la Universidad Reformada y b) construir y desarrollar un nuevo modelo de Universidad.

“El fascismo en su violencia liquida todo: arremete contra las Universidades, las clausura y las aplasta; arremete contra los intelectuales, los reprime y los persigue; arremete contra los organizaciones sindicales y las culturales, de manera que nada hay más violento, ni más retrógrado, ni más ilegal que el fascismo”. Palabras de Fidel Castro en su visita a Chile en 1971.

El fascismo en Chile, como en otras partes se apoya en los conservadores, en los reaccionarios, y así lo ha hecho en el seno de las Universidades. El gran complot antipatriota también estaba organizado en las Universidades, sus partidarios estaban en el llamado Frente Universitario o Gremialista y cuya característica era su tenaz y virulenta oposición al Gobierno y a la implantación de la Reforma Universitaria. Como hemos visto, ellos se expresaron claramente después del golpe.

“El fascismo por su régimen de violencia, su diseminación por medio del terror, abarca todos los aspectos de la vida social. Las Universidades no podían quedar al margen. Así, podemos ver la profunda diferencia entre el proceso de la democracia burguesa, que hace posible en ciertas etapas la crítica y el fascismo que la suprime totalmente. Durante el Gobierno del Presidente Allende, la discrepancia y la oposición universitarias fueron posibles. El fascismo ha cancelado hoy la oposición y la más ingenua discrepancia.

La apelación al fomento de una Universidad es probable en un régimen democrático y en los principios de un estado socialista; bajo el fascismo imposible. La Universidad Chilena de hoy es el mas claro ejemplo de la diferencia entre los dos sistemas”.

Que en la hora presente, los Universitarios tengan capacidad de decisión es en extremo peligroso a los fascistas chilenos. Por ello han impedido toda posibilidad de autonomía y han eliminado el camino de la democracia universitaria.

Los fascistas universitarios de la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Chile, reclamando de la protesta de la UDUAL, hecha por el Dr. Del Pozo, por la violación de la autonomía, declararon en memorables palabras lo siguiente:

“…el Señor Allende quedaba fuera de la Ley para convertirse en tirano. Y es lícito derrocar al tirano, según San Agustín. Es lícito agotados todos los medios posibles pacíficos eliminar al tirano, según Tomás de Aquino”.

Hasta aquí parte de la declaración.

García Cantú señala que de la lectura de Santo Tomás de Aquino se desprende que:

“no sólo hay ignorancia de esos universitarios sino mala fe al alterar el sentido de un texto para apoyar la conducta política reprochable por todos conceptos, es ser doblemente cómplice del golpe de Estado y de los que califican de tiranicidio. Difícilmente habrá páginas semejantes en la historia de la cultura latinoamericana”.

Un aspecto que merece destacarse, aunque sea apretadamente, pues su desarrollo nos demandaría mucho tiempo, es lo que se ha denominado como la educación militarizada.

El 12 de agosto de 1974 se emitió una circular confidencial. En ella se deja claro que han sido designados oficiales militares, cuya tarea será de supervisar las materias que sean objeto de estudio y vigilar no se imparta enseñanza que pueda tener conexión con la política, que ha sido instalado un sistema confidencial de denuncias no sólo a profesores y administrativos, sino que a los alumnos y a sus padres. Virtualmente, los jefes de los establecimientos educacionales quedan convertidos en delatores por obligación.

Lato sería analizar la circular, de por sí extensa. Solo les leeré una citación que dice así:

“Por orden del Comandante de los Institutos Militares, Gral. de Brigada Nilo Floody, el Rector del Colegio de Sta. Rita cita a todos los apoderados a una reunión que se efectuará el día martes 3 de septiembre a las 20 hrs., en el salón de actos del colegio”.

“El no cumplimiento de la presente citación será causal más para proceder a su detención inmediata.

P.D. No se aceptarán excusas verbales ni telefónicas”.

Pero la circular mencionada o la citación que hemos conocido no es todo.

Existe un programa que tiene carácter de obligatorio y es aplicable a todos los niveles de la enseñanza destinados a entrenar a los jóvenes en la lucha contra las “desviaciones políticas” y la “agresión interna política e ideológica”.

En la Universidad se denomina cátedra de Seguridad Nacional y Defensa Nacional, con 96 horas, entre el ciclo teórico y el práctico.

El objetivo del Chile de los militares es nada menos que obtener una transformación radical de las mentalidades, es una verdadera contrarrevolución cultural.

En la Universidad Católica fue discutido el programa de la cátedra y paradójicamente uno de los puntos del acta de la sesión señala textualmente:

“El carácter de obligatoriedad del Programa hizo que se viera la necesidad de velar porque la autonomía universitaria no sea menoscabada”.

Posteriormente, el Gral. Bonilla, (2) muerto misteriosamente, y Sweet firman un convenio entre el Ministerio de Defensa y la Universidad Católica a través del cual sus respectivas instituciones se comprometen a efectuar un plan piloto de la cátedra de Seguridad Nacional, el que actualmente se está desarrollando y tiene como base la Facultad de Ciencias de la Ingeniería.

Todas estas medidas no son aisladas, forman parte de todo un contexto, ellos pretenden dar vida a su propio modelo universitario.

Más allá de lo que han llamado la restauración, hay ciertos elementos que permiten deducir un nuevo modelo universitario. ¿Cuáles son los principios? Ellos deben entenderse dentro del marco más amplio de un proyecto ideológico a nivel nacional.

Los fascistas se sienten autorizados para plantear su misión redentora; superar el materialismo y la crisis del mundo occidental.

El pilar de esta tarea de superación parece ser pues, la nacionalidad, concebida como la fuente de valores tradicionales y cristianos; la realidad histórico-jurídica de la nacionalidad, sin embargo, no aparece definida. Luego el primer principio rector de la nueva Universidad tradicional es el nacionalismo. En contraposición a una Universidad de orientación extranjerizante. léase dominada por las orientaciones de Moscú.

Otro elemento es la politización que aparece como elemento aglutinador, principio ideológico y consigna táctica a la vez. La idea de comunidad de valores sacrosantos, el nacionalismo no determinado, una noción tecnocrática del progreso, todo ello requiere y produce la ausencia (prohibición) de la discusión y crítica política. Obviamente el primer objetivo de la despolitización es la destrucción de la democracia; no sólo en cuanto a la organización de los partidos políticos, sino principalmente en cuanto a estilo de vida y sistemas de valores (libertad).

Importa destacar que la despolitización significa camuflar la violencia estructural de la sociedad capitalista subdesarrollada mediante la transformación de los problemas políticos en técnicos.

Otro elemento es la seguridad nacional y verticalidad de mando. Esto es la subordinación de la Universidad a un sistema en el cual todas las partes integran la seguridad nacional y la responsabilidad recae sobre las Fuerzas Armadas.

Los principios de apoyo son:

La disciplina, el autoritarismo rígido, el fin del pluralismo, el juicio militar como la instancia única de la verdad y del desciframiento de los hechos.

Hay otros principios que no se deducen de la estrategia militar del Gobierno de la Junta, sino del modelo económico adoptado. No es erróneo hablar de la Universidad Empresarial. Un rector delegado expresó: “Chile necesita más empresarios, más que personas que buscan que otros les den empleo”. El lema es ahora Universidad al servicio de la empresa privada, y los valor propios de la empresa se trasladan a la Universidad donde son proyectados al primer plano; eficiencia, competitividad y rentabilidad.

La Universidad Aval, los militares quieren hacer de la Universidad su; aval y cómplice del proceso que ellos llaman de reconstrucción del país. La Universidad es concebida como vehículo de propaganda para borrar la mala imagen de la Junta en el exterior. La utilización de la Universidad llega a todos los extremos.

Finalmente, como síntesis.

Como ya se ha dicho, la intervención militar en las Universidades significó, en primer lugar, un proceso de expulsión masiva de académicos, estudiantes y funcionarios administrativos y de censura y reestructuración de Unidades Académicas.

A partir de este proceso, las autoridades militares enfrentan los avances del proceso de Reforma Universitaria en términos de revenirlos todos y cada uno de el I os, en lugar de soluciones a los problemas reales que dicho proceso planteaba. En efecto, problemas tales como el crecimiento universitario, la vinculación entre investigación y desarrollo, los defectos de la nueva estructura académica, la formación de nuevas generaciones científicas, etc., o son soslayados o son solucionados en forma negativa a través de un modelo restringido y elitista, como el caso del problema del crecimiento. De modo que frente a los diversos principios que aparecían como centrales en la dinámica universitaria desatada a partir de 1967, se opta por una solución negativa. Así frente al sistema democrático de decisiones internas, se opta por el modelo autoritario (designación de autoridades militares, poder impersonal delegado, supervisión de organismos colegiados). Frente a la democratización social de las Universidades, se opta por su reversión elitista, asociada indisolublemente a factores económicos sociales (autofinanciamiento de la enseñanza, aumento exhorbitante del valor de la matrícula, disminución de vacantes).

Frente a la modernización estructural y pedagógica, la educación profesionalizante y el control de la pasividad estudiantil (reducción de los Departamentos a vida burocrática, reducción y supresión del currículum flexible, eliminación de la formación general). Frente a la ciencia como principio animador de la vida académica, la pragmatización del trabajo científico cultural (concepto de autofinanciamiento y de rentabilidad del trabajo de investigación frente a la demanda del Estado y las empresas, éxodo científico). Frente al pluralismo ideológico cultural, la intolerancia y la eliminación de la controversia intelectual y la disidencia ideológica (eliminación de profesores, supresión de cursos, materiales y orientaciones, autocensura).

Frente a la autonomía jurídica y financiera, el control político ideológico y la centralización de las funciones (autoridades militares delegadas, rol de la Seguridad Nacional, mantención sólo de aquellas funciones universitarias que puedan subsistir al libre juego de la demanda del Estado y las empresas). Frente a la Universidad “para el cambio” y cuna de movimientos sociales, la Universidad eficiente al servicio del orden establecido y la pasividad o individualismo estudiantil.

Pero no sólo se trata de una simple reversión de la Universidad Chilena, a la situación anterior a la Reforma de 1967. Hay también el surgimiento de un incipiente nuevo modelo de Universidad.

Las diversas iniciativas y medidas que configurarían este nuevo modelo y que debido a sus contradicciones no han podido todas ellas materializarse cabalmente, provienen de tres fuentes.

La primera, es el intento de someter a las Universidades, en el marco de un determinado proyecto económico y político a un sistema de decisiones políticas, burocráticas, administrativas y financieras caracterizado por el principio irrestricto de verticalidad del mando y a un sistema de Seguridad Nacional, sin la consideración del carácter y función propias de la Universidad.

La segunda fuente de la política Universitaria militar es la necesidad de control ideológico de las Universidades como expresión de la intolerancia del sistema político global, que lleva a suprimir y controlar el desarrollo del trabajo intelectual crítico.

La tercera fuente de la política universitaria es la necesidad de fortalecer el poder de los grupos políticos que dentro de la Universidad han constituido el apoyo a la gestión de las autoridades militares y que se enfrentan, por lo tanto, progresivamente a los vastos sectores académicos que apoyaron la Reforma Universitaria.

Estas tres fuentes de la pontificia universitaria plantean contradicciones insuperables con una auténtica vida académica y con el desarrollo de las Universidades en el cumplimiento de tareas culturales. Ni el sometimiento a un sistema de decisiones político militar externo, ni el control de la intolerancia ideológica, ni la existencia de conflictos entre grupos cuya única vía de solución es la fuerza y el apoyo del poder militar, se revelan compatibles con la posibilidad de vida y desarrollo del trabajo científico e intelectual. La profundidad de estas contradicciones refuerza el autoritarismo como vía de superarlas.

Y es así, entonces, como progresivamente se destruye la Universidad Chilena.

En efecto, 1) La Universidad ha dejado de ser un foco de colaboración y animación intelectual y cultural y el lugar donde la sociedad planea sistemáticamente proyectos históricos alternativos con base en los conocimientos científicos y técnicos. 2) Su clima moral se ha rebajado y los conflictos internos dejan de referirse a proyectos universitarios de contenido ideológico y cultural, para, excepto casos aislados, adquirir exclusivamente un carácter de lucha por la subsistencia y otras veces por ganar la simpatía del poder militar. 3) Aunque se mantiene en algunas áreas aisladas y reducidas un trabajo científico serio, este tiende a desaparecer y su potencialidad de introducir criterios nuevos en la vida socio-cultural del país queda reducido a las decisiones del poder político (Estado) y académico (empresas). 4) La juventud experimenta una reducción de sus posibilidades de educación, un vacío en su formación intelectual y una ausencia de canales de expresión, lo que lo plantea como alternativa la competencia por el éxito económico, el escapismo o la acción fanática al servicio del poder dominante.

Desde la posición y funciones particulares en la vida del país, la Universidad aparece así prefigurando un tipo de sociedad en la que los principios que rigen la vida intelectual y espiritual son la autoridad, la disciplina, la intolerancia y el anti-intelectualismo y en la que el principio general que la mueve es el de la eficiencia al servicio de los fines e instituciones consagradas por el poder dominante.

¿Cuáles son las perspectivas hacia el futuro? No es mucho lo que se puede decir al respecto, por cuanto ello dependerá en gran parte de la evolución de la situación política general.

No parecería ser que los militares vayan a dejar en el corto plazo las Universidades, a menos que sobreviniese una crisis general del sistema de dominación. Mientras tanto la reacción de la comunidad universitaria es difícil de predecir.

En efecto, a la pasividad y complicidad explícita o tácita de todo aquel sector no afectado en la depuración masiva original, han seguido ciertas reacciones importantes frente a medidas del poder militar y el intento de controlar la situación por parte de grupos de extrema derecha. Salvo dos casos aislados, sin embargo, que testimonian firmeza de principios y valores acorde a la tarea universitaria, una gran masa de académicos parece dispuesta a aceptar pasivamente la actual situación ante el temor de perder el status académico social que posee como profesor universitario.

En todo caso, cualesquiera que sean los cambios que se produzcan en la actual situación, la magnitud del daño causado a una institución tan delicada como la Universidad exigirá muchos años para reconstruirla y rehacerla.

Como dijera una autoridad universitaria que no fue nunca simpatizante del Gobierno anterior y que fuera marginada por las actuales autoridades militares: “El deteriorar un estilo de vida universitaria.. . es una acción que va a ser severamente juzgada por el futuro y que constituye un daño irreparable al bien común de nuestra Patria”.

Perdonen ustedes lo extenso de este relato que es sólo una pequeña muestra de la tragedia cultural que vive Chile, pero me dije: aprovechemos que en esta selva de gorilas, existe en este México nuestro, espacio abierto para entrecruzar el diálogo de la libertad y las ideas creadoras.

GRACIAS


1. Pontificias: Católica de Santiago y Católica de Valparaíso; no-pontificias; de Concepción, del Norte, Austral y Técnica Federico Sta. María; y estatales: de Chile y Técnica del Estado.

2. Gral. Bonilla, Ministro de Defensa Nacional, y Sweet, Oficial de la Marina de Güeña, rector-delegado de la Universidad Católica.


Editado electrónicamente por Centro Documental Blest el 30may03

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