Una historia de sesenta años. La Antropología en Chile

A SESENTA AÑOS DE LA ANTROPOLOGÍA EN CHILE Sixty years of Anthropology in Chile MILKA CASTRO LUCIC * Antropóloga, Doctora en Antropología, Directora del Programa Antropología Jurídica e Interculturalidad, Facultad de Derecho, Universidad de Chile. Correo electrónico: mcastro@uchile.cl. Revista Antropologías del Sur N°1 ∙ 2014 Págs. 43-64
| 44 Introducción1 La antropología en Chile cumple sesenta años de vida. He pensado en este escrito como una modesta contribución sobre el desarrollo de la disciplina, sus raíces y su historia. Una antropología que nace comprometida con la consolidación del Estado-nación chileno en el siglo XIX, y que se desarrolla bajo la influencia del pensamiento teórico europeo. El año 1973 este desarrollo es truncado por el golpe de Estado, imponiendo el curso que tendría los años siguientes. La antropología en Chile venía consolidando su desarrollo con el aporte de insignes antropólogos que llegaron al país con la intención de establecer su residencia y otros, solo para realizar sus investigaciones. Aún a riesgo de no nombrar a todos aquellos que contribuyeron en la institucionalización de la antropología en Chile, haré referencia, al menos, a quienes han sido reconocidos por la comunidad científica. También me ha parecido importante referirme brevemente al contexto general en el que se ha venido desarrollando la disciplina: el marco político y económico, las posibilidades de organización académica y gremial, el campo del ejercicio laboral en Chile, las condicionantes de la producción bibliográfica, y el estado de la enseñanza de pre y posgrado en las universidades. En este artículo destacaré cuatro etapas de su desarrollo: el inicio, destacando los aportes de los precursores, la institucionalización como una disciplina de formación académica universitaria, la intervención militar en las universidades y sus efectos en la consolidación académica, orientaciones teóricas y, el campo profesional. Las fuentes de este escrito provienen de revisión bibliográfica sobre la historia de la antropología y entrevistas a colegas de diferentes universidades del país 2
. Precursores de la antropología, el contacto con sociedades diferentes. El origen de la antropología en Chile se entrelaza con varios episodios de la historia del país, entre los que destacaré, por una parte, las políticas poscoloniales que se inscribían en una situación de auge económico y propiciaban la implementación de importantes obras públicas, educacionales y legislativas; y por otra, la presencia masiva de expediciones científicas y de viajeros que llegaban atraídos por América Latina. Durante el siglo XIX, las expediciones constituyeron la mejor expresión del vínculo que existía entre la expansión capitalista en un mundo en proceso de industrialización y la ciencia (Valcárcel, 2004). En ese mismo periodo, alrededor de finales del siglo XVIII, había nacido en Inglaterra el romanticismo, movimiento cultural que reaccionaba contra el racionalismo ilustrado y que se extendía a Alemania y Francia, propagándose desde estos centros por Europa. Su elogio de la historia y la tradición, la valoración de lo diferente, de los sentimientos y de la cultura de cada pueblo, ejerció gran influencia en la construcción teórica de los primeros antropólogos que asignaron valor a la alteridad y en la idea de cultura como materialización del espíritu de los pueblos (Castro Lucic, 2014). En los sucesos descritos se inscribe la formación profesional de los precursores europeos que con su llegada a Chile, sentaron las bases de la antropología. En Europa el debate científico tendía a centrarse en los fundamentos naturales de la diversidad humana y el estudio de las razas, campo disciplinario que sería designado como Etnología. Por el interés de la filantropía sobre estos temas, se crea en Londres en el año 1838 la Sociedad Protectora de Aborígenes, con el objeto de conocer el estado de los “pueblos salvajes” y auxiliarles cuando fuera necesario. Posteriormente, en el año 1839, se crea la Sociedad Etnológica de Paris, formada por naturalistas, geógrafos, historiadores, arqueólogos, y exploradores. Los trabajos realizados por esta sociedad estimularon la creación de las Sociedades Etnológicas de Londres y de Nueva York el año 1844. Las ideas humanistas de Francia, con la abolición de la esclavitud, nutren el interés por conocer el lugar de los pueblos salvajes en la escala de civilización, y por cierto, en lo posible asistirlos, en un afán que mezcla ciencia y conmiseración (Vilanova y Piera, 1862). Se multiplican las publicaciones sobre la geografía, etnografía, costumbres y descripciones físicas culminando en 1859, con la iniciativa de Paul Broca (1824-1880), médico y antropólogo positivista francés –acusado de ateo y materialista–, quien con diecinueve naturalistas más funda en París, la primera Sociedad Antropológica. La repercusión de su éxito en otros países, se advierte en la promoción de congresos de antropología en Alemania y en Inglaterra con el nacimiento a la Sociedad de Antropología, el año 1863. La fecundidad de esta sociedad llegó a Viena, Berlín, Madrid, Florencia, Manchester, Moscú y otras ciudades importantes. “Se habían multiplicado los viajes, y con ellos las publicaciones referentes la geografía, la etnografía, las costumbres, y la descripción física del hombre, (…) en Inglaterra, Francia y Norte América se estudiaban con fervor creciente el hombre y las razas (…)” (Ibíd., LXXIV). Imperaba por esos años la controversia del monogenismo o poligenismo, que tuvo su expresión en el seno de estas sociedades y, coinciden con el problema de la clasificación de las razas y los criterios para esta clasificación: los caracteres anatómicos o rasgos lingüísticos (Bonté e Izard, 1996). En estas orientaciones teóricas europeas, donde los estudios sobre las diferencias físicas entre los pueblos de Europa y América fueron concebidas como diferencias de naturaleza, estaba ausente el análisis de la historia del poder (Quijano, 2000). Los pueblos del cono sur de América, mapuche y fueguinos, eran de gran interés en las sociedades científicas, así como para empresas de exhibiciones en parques y ferias, obteniendo importantes dividendos, de los llamados “zoológicos humanos”. De esta atmósfera sucintamente descrita, provenían, como señalé antes, los viajeros que hoy identificamos como los precursores de la antropología en Chile. En el estudio del periodo fundacional de la antropología, la historia destaca preferentemente, los escritos sobre trabajos realizados en la zona centro y sur del país, desde la capital hasta el Cabo de Hornos en el extremo sur; el norte es referencia periférica, posiblemente por el hecho de que se incorpora al territorio chileno solo a fines del siglo XIX, luego de la Guerra del Pacífico (1879). Por ello, antes de entrar en la historia de la antropología del siglo XIX a partir de los clásicos, destacaré un estudio regional del norte del país que constituye una contribución importante al conocimiento de la historia de la antropología en Chile. Me refiero a la publicación Sociedades indígenas y conocimiento antropológico. Aymaras y Atacameños de los siglos XIX y XX, donde los antropólogos Gundermann y González ofrecen, en sus palabras: “(…) una aproximación al desarrollo del conocimiento antropológico sobre aymarás y Atacameños del norte de Chile, desde mediados del S. XIX a la actualidad (…) [y] los tipos de conocimientos generados sobre estos pueblos por distintos investigadores a lo largo de este período, relacionando estos aportes con el contexto histórico y la etapa de evolución de la disciplina correspondiente al momento en que se generan” (2009:113). En su análisis, los autores establecen cuatro períodos: 1. Precursores (1860-1950). En este periodo identifican a Rodolfo Phillipi, médico alemán que cultivó la biología y geología, y efectuó un reconocimiento del despoblado de Atacama por encargo del gobierno de Chile; Mariano Felipe Paz Soldán, historiador y geógrafo peruano; Alejandro Bertrand, geógrafo e ingeniero en minas chileno, quien elabora informes geográficos y exploraciones de Tacna, Arica, Tarapacá y Atacama; Francisco Risopatrón, geógrafo e ingeniero hidráulico chileno, publicó el diccionario geográfico de Tacna y Tarapacá; Francisco San Román, ingeniero en minas y topógrafo chileno, explora el desierto y la cordillera atacameña; Luis Risopatrón, ingeniero chileno, con sus expediciones fronterizas en Tarapacá y Atacama. Entre estos científicos destaca Max Uhle, arqueólogo alemán, filólogo y doctor en filosofía, contratado por el gobierno chileno a principios del siglo XX, quien realiza trabajos de arqueología y reconstrucciones históricas considerando los pueblos del presente, de los que entrega algunos antecedentes; Tomás Guevara, historiador, ex combatiente de la Guerra del Pacífico; y Ricardo Latcham ingeniero inglés, que reúne y presenta información etnográfica y arqueológica. Se pueden asimilar a este grupo los aportes de estudiosos anteriores, como José Toribio Medina con su obra general sobre los pueblos aborígenes chilenos y una específica recopilación bibliográfica sobre las lenguas quechua y aymara. Emilio Vaisse, Félix Hoyos y Aníbal Echeverría, con su recopilación de voces cunza o atacameñas; Carlos Keller, que edita el censo económico de la provincia de Arica de 1942, con abundante información socio-demográfica y económica sobre los poblados interiores de población aymara; Vicente Dagnino, escribe acerca del Corregimiento de Arica y sobre la localidad de Tacna; y los peruanos: Rómulo Cúneo Vidal, quien escribe acerca de las poblaciones indígenas coloniales regionales, y Víctor Barriga con sus colecciones documentales.
2.. En cada uno de los dos períodos siguiente aluden a un importante número de autores nacionales y extranjeros motivados por el interés de estudiar los pueblos del norte del país aymarás, atacameños (o lican antay) y changos.
3. Antropología andina bajo la dictadura (1973- 1990).
4. Democratización del país: reconstitución y apertura de la antropología (1990-2000).
En la zona centro y sur, diversas fuentes destacan a cinco autores europeos que han marcado el inicio de una antropología científica en Chile y han sentado las bases de su posterior institucionalización.
Ignacio Domeyko (1802-1889)3 , ingeniero en minas polaco, llega a Chile contratado en 1838 por Charles Lambert –representante del gobierno chileno–, como profesor de química y mineralogía en Coquimbo (La Serena), realizando importantes exploraciones geológicas y mineralógicas. Cabe señalar que: “[el aporte] al desarrollo de la minería nacional es extraordinario. A partir de la exploración del territorio contribuye significativamente a su conocimiento geológico y mineralógico, propone al gobierno nuevas leyes de fomento y estímulo a la industria minera, y contribuye desde la universidad y por medio de la enseñanza superior de la ingeniería de minas a la renovación de las técnicas de explotación minera” (Casali, 2010:143). Domeyko permaneció cinco décadas en Chile, llegando a ser rector de la Universidad de Chile. Este ingeniero, hijo de la época del romanticismo, quedó impresionado por el mundo indígena y sus continuas luchas por su independencia (Ryn, 2000); aún cuando cuestiona el sentido de la palabra civilización, adhiere a las políticas asmilacionistas y paternalistas del naciente Estado-nación chileno como mecanismo para incorporar los indígenas a la nacionalidad católica y republicana. En un capítulo de su libro propone: “(…) examinar las causas que detienen este país en la marcha progresiva de que participan los demas pueblos de Chile, i cuales pueden ser los medios mas adecuados para la civilización i reduccion de los Indios” (1846:65). Y más adelante señala: “Parece que el día de la emancipación de la América meridional, complacida la Providencia con este tan fausto como glorioso acontecimiento, dejó a cada una de sus repúblicas un hijo de sangre no mezclada, indígena, para que lo criase con el amor de una madre y lo educase en los principios de la única y verdadera moral que es la religión de nuestros padres” (Ibíd.: 104). Realizó valiosos estudios etnográficos en la región mapuche, destacando su obra Araucanía i sus habitantes: recuerdos de un viaje hecho en las provincias meridionales de Chile en los meses de enero i febrero de 1845, en la que combina el estilo narrativo y la observación empírica.
Ricardo E. Latcham (1869-1943)4, nacido en Bristol, Inglaterra, también formado en ingeniería, ejerció como arqueólogo, etnólogo, folclorista y profesor. Fue contactado por Martin Drouilly encargado del Gobierno de Chile, para contratar en el extranjero profesionales que debían preparar el terreno en la provincia de Malleco para los futuros colonos, invitación que acepta sin vacilaciones 5 , y el 22 de agosto de 1888, se encontraba en Chile (Feliú, 1969). Influido por las ideas evolucionistas de la época, inicia su formación como antropólogo en los trabajos en terreno con el pueblo mapuche, mientras trabajaba como ingeniero. Entre sus obras se destacan La agricultura precolombiana en Chile y los países vecinos; Ethnology of the Araucanos; La capacidad guerrera de los araucanos: sus armas y métodos militares; La prehistoria chilena; Los primitivos habitantes de Chile; La organización social y las creencias religiosas de los antiguos araucanos.
Rodolfo Lenz (1863-1938), alemán, filósofo, lingüista, filólogo, lexicógrafo y folclorista, impartió las cátedras araucanista y de lingüística el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. El Dr. Yolando Pino señala que: “(…) dedicó algunos de sus mejores años de trabajo científico al examen y filiación de esta importante rama de la literatura oral araucana… Con el conjunto de cuentos, tradiciones históricas, trozos descriptivos y poesía de la más pura autenticidad construyó su monumental obra: Estudios araucanos, Materiales para el estudio de la lengua, la literatura y las costumbres de los indios mapuches o araucanos”. (1987:13). En este escrito sistematiza los discursos en mapudungun, como fenómeno social para comprender la historia de una nación y su cultura. Lenz, señala el prof. Gilberto Sánchez, se refería con admiración al pueblo mapuche, aunque también abogaba por su asimilación:  “(…) hay muchos entre ellos que pudieran llegar a ser miembros útiles del pueblo chileno, si se les tratara de una manera conveniente, si se supiera asimilarlos (Lenz, 1895-7; Introd.; XIV, en Sánchez, 1992:282). Se interesó también por las manifestaciones culturales asociadas a la lengua mapuche, la religiosidad, el arte, las casas, tejidos, alfarería; lamentó la falta de atención que recibía la cultura, convencido que todo sería barrido “por los progresos que la industria europea hace entre ellos” (Ibíd.:293)
. Martín Gusinde (1886- 1969), sacerdote y profesor de Ciencias Naturales, nació en Breslau, Alemania (hoy Polonia); llegó a Chile el año 1912 donde permaneció hasta 1924. Trabajó en las colecciones del Museo de Etnología y Antropología de Chile, viajando a la región de la Araucanía y a la Tierra del Fuego donde investigó sobre los selknam (conocidos como onas), los kawésqar (conocidos como alacalufes) y yagán (conocidos como yámanas). El Congreso Católico Araucanista le comisionó el año 1916, estudiar la “Etnología de la raza araucana”. Viajó por las zonas más apartadas, Boroa, Puerto Saavedra e Isla Huapi, Toltén y Purulon. También fue a tierras huilliches, a Osorno y San Juan de la Costa; luego se trasladó a la zona de los lagos Panguipulli y Calafquen. A su regreso, el mismo año 1916, escribe el artículo Medicina e Higiene de los antiguos araucanos, y se propone demostrar que poseían cultura propia, específica y relativamente desarrollada, desde tiempos anteriores a la influencia inca (Orellana, 2003). Entre sus obras publicadas se encuentran: Die feuerland indianer; Hombres primitivos de la Tierra del Fuego; Expedición a la Tierra del Fuego; Los indios de Tierra del Fuego.
Entre los precursores chilenos a fines del siglo XVIII e inicios del XIX, destacaremos los aportes de tres autores. Diego Barros Arana (1830– 1907)6, considerado el primer historiador por sus méritos científicos, en el tomo I de su obra Historia General de Chile, dedica cinco capítulos al origen, territorio, organización social y cultura de los indígenas. José Toribio Medina (1852– 1930)7 , titulado en Derecho, publicó más de 300 volúmenes, entre los que destaca Los aborígenes de Chile, considerado uno de los primeros estudios etnohistóricos y de antropología física, resultado de muchas investigaciones y exploraciones (Orellana, 1996). A partir de la segunda mitad del siglo XIX, se desarrolla vigorosamente la etnografía de los pueblos del sur de Chile por parte de investigadores que tampoco tuvieron formación antropológica universitaria.
Tomás Guevara (1863-1938), profesor de educación básica, nacido en Curicó, ha sido considerado pionero de los estudios etnográficos del pueblo mapuche. Autor de muchas obras como: Historia de la civilización de la Araucanía; Costumbres judiciales i enseñanza de los araucanos; La mentalidad araucana; Psicolojía del pueblo araucano; Folklore araucano: refranes, cuentos, cantos, procedimientos industriales, costumbres prehispanas; La etnolojía araucana en el poema de Ercilla. Las últimas familias i costumbres araucanas.
Una mención especial merece Alejandro Lipschutz (1883-1980), nacido en Riga, Letonia, doctor en medicina, llegó a Chile en 1926 como docente de la Universidad de Concepción. En 1930 se le confiere la nacionalidad chilena, y en 1969 el Primer Premio Nacional de Ciencias, por su labor de investigación en el área de la endocrinología y la medicina experimental. Hacia la década del cuarenta se aleja de los estudios médicos y se introduce en el campo de la antropología. Fue uno de los fundadores del Instituto Indigenista Chileno y de la Sociedad Chilena de Antropología. Realizó investigaciones en antropología física y etnología. Por sus contribuciones a la antropología fue reconocido como miembro honorario del Fellow of the Royal Anthropological Institute, de Londres; del Instituto Internacional de Sociología de Roma; Presidente Honorario de la Sociedad Chilena de Sexología Antropológica; Miembro Honorario del Instituto Indigenista de Chile y del Instituto Arqueológico Nicaragüense, entre otras. Realizó importantes aportes en estudios y publicaciones sobre el tema indígena. Desde 1935 investigó sobre los pueblos originarios y, particularmente, los fueguinos y los mapuche (Chihuailaf, 2012). Entre sus muchas publicaciones destacan: El Problema Racial en la Conquista de América y el Mestizaje. La comunidad indígena en América y en Chile. Su pasado histórico y sus perspectivas. El Indoamericanismo y el Problema Racial en las Américas. La propiedad indígena en la legislación reciente de Chile. La noción o definición del indio en la reciente legislación protectora en las América. El movimiento indigenista latinoamericano en el marco de la “ley de la tribu” y de la “ley de la gran nación”. Otro de los méritos de Lipschutz en su contribución a la antropología es el haber sido pionero en dos conceptos que hoy están en el centro de las demandas de los derechos de los pueblos indígenas, materia que trata la antropología jurídica: autonomía indígena y peritaje antropológico. Respecto del primero: “(…) expuso sus ideas sobre la ‘ley de la tribu’ en un momento en que la autonomía reivindicada por las organizaciones indígenas aún no despuntaba verdaderamente. La demanda de autonomía aparecerá expresamente en los documentos de las organizaciones indígenas de los años 70 y constituye desde entonces una reivindicación central. Esta demanda vino a cuestionar una política integracionista. Integración que apuntaba a una asimilación económica y cultural” (Ibíd.: 108). En cuanto al peritaje antropológico, es un hito en la jurisprudencia de un caso de homicidio perpetrado en una comunidad mapuche, en contra de una abuela; dado que se dicta sentencia que absuelve a la inculpada basándose en las circunstancias socioculturales, expuestas por una comisión en la que participó el antropólogo Alejandro Lipschutz8 .
A mediados del siglo XX, con la venida a Chile de notables antropólogos extranjeros se dio un nuevo impulso al desarrollo de la disciplina.
El año 1940, llega Joseph Emperaire (1910– 1958), antropólogo francés, acompañado de su esposa la doctora en arqueología Annette Laming. Venía en una misión del Museo del Hombre para realizar un sistemático estudio de los kawésqar que habitaban los fiordos y canales del extremo sur de Chile. En su libro Los Nómadas del Mar, expone los resultados de sus dos expediciones.
En la década de los treinta Alfred Métraux (1902- 1963), etnólogo suizo, quien vivía en Argentina, viaja a Chile para realizar investigaciones en la Isla de Pascua entre los años 1934 y 1935. Era miembro de una expedición patrocinada por el Instituto de Etnología de la Universidad de París, el Museo Nacional de Historia Natural en París y el gobierno de Bélgica. Entre sus obras se cuentan La Isla de Pascua; Le chamanisme araucan, dans magies et religions indiennes de l’Amérique du Sud Religión y Magias Indígenas de la América del Sur; Ethnology of Easter Island.
Richard Schaedel, (1920-2005)9 , antropólogo estadounidense, viajó a Chile contratado por Departamento de Estado del gobierno de Estados Unidos. Schaedel, influyó en la orientación que los primeros docentes de   la antropología chilena darían a sus estudios y cátedras de antropología urbana 10, como es el caso del profesor Carlos Munizaga quien fuera director del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile y reconocido formador de antropólogos en la década de los setenta.
Misha Titiev (1901-1978), antropólogo ruso, doctorado en Harvard, realizó estudios del pueblo mapuche. Una de sus obras más reconocida es Araucanian culture in transition, publicada en 1951.
Posteriormente, en 1969 llegó a Chile Milan Stuchlik (1932-1980), acompañado de su esposa Jarka Stuchlíková; este antropólogo checo había estudiado etnografía y arqueología en la Universidad de Carolina de Praga; se instaló en el sur de Chile en el pueblo de Cholchol. Stuchlik viajó a Chile en 1968, en el marco de un programa de intercambio universitario. En 1969 y 1970 enseñó antropología en la Universidad de Concepción. Entre 1971 y 1973 se desarrolla el primer Programa de Especialización en Antropología impulsado por el Centro de Estudios de la Realidad Regional (CERER), bajo su dirección, en Temuco11. Después del golpe militar en Chile, los Stuchlik retornaron a Europa. A partir de septiembre de 1973 el programa modifica su definición transformándose en la carrera de Licenciatura en Antropología con mención en etnolingüística, inicialmente dirigida por el Dr. Adalberto Salas.
El Dr. Milan Stuchlik (a título póstumo), y su esposa Jarka Stuchlíková, fueron galardonados en 2001 por el gobierno de Chile, con la Orden Bernardo O´Higgins, en el grado de Comendador, por su inestimable labor en la investigación y difusión de la cultura mapuche. Entre sus obras se cuentan: “El estado actual de la sociedad mapuche y algunas sugerencias para la solución de los problemas de su desarrollo integral”12; La vida en mediería; Mecanismos de reclutamiento social de los mapuche; Life on a half share. Mechanism of social recruitment among the mapuche of southern Chile.
Jarka Stuchlikova, al retornar a su país en 1998, publicó el libro Indígenas, Políticos, Coroneles.
Por último, mencionaremos a Louis Faron, antropólogo estadounidense quien también realizó sus estudios con el pueblo mapuche. Entre sus obras más reconocidas se considera The Mapuche Indians of Chile, publicada en 1968, y Los mapuche y su estructura social, publicada en 1969. Quisiera concluir este breve relato histórico con una provocativa reflexión de Boaventura de Sousa Santos:
“(…) cada vez resulta más claro que las teorías, los conceptos, las categorías que usamos en las ciencias sociales fueron elaborados y desarrollados entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX en cuatro o cinco países: Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos e Italia. Entonces, las teorías sociales, las categorías y los conceptos que utilizamos fueron hechos sobre la base de las experiencias de esos países. Todos los que estudiamos en esos países nos dimos cuenta, cuando regresamos a los nuestros, que las categorías no se adecuan bien a nuestra realidad”. (Santos, B. S., 2008: 101, citado en Krotz, 2011:11)
La institucionalización de la antropología en las Universidades: 1954 a 1973 En Chile, tres universidades fueron pioneras en el desarrollo de la antropología: la Universidad de Chile, en Santiago; y en el sur la Universidad de Concepción y la Universidad de Temuco, en las ciudades homónimas. El punto de partida para la consolidación de los estudios de antropología se ha establecido el 30 de octubre de 1954, cuando se crea en Santiago, el Centro de Estudios Antropológicos siendo rector de la Universidad de Chile, Juan Gómez Millas 13.
Dieciséis años después, en 1970, se crea la carrera en el Departamento de Antropología y Arqueología en la Universidad de Chile que impartiría la Licenciatura en Antropología con dos especialidades: prehistoria/arqueología y antropología social. El primer curso se impartió el año 1971 y contó con 25 alumnos. La orientación de la malla curricular, propuesta por el profesor Carlos Munizaga Aguirre, comprendía la antropología física, y la antropología sociocultural; ésta última se subdividía en Arqueología, Etnografía, Folklore y Lingüística Antropológica.
En el nuevo Departamento los cursos se impartían en otras unidades como el Centro de estudios Antropológicos, Centro de Estudios Araucanos y el Instituto de Investigaciones Folklóricas (Orellana, op.cit.). La carrera aunque no fue cerrada tras el golpe militar, como ocurriría en las Universidades de Concepción y Temuco, sufrió pérdidas valiosas debido a la expulsión y exilio de profesores y alumnos, chilenos y extranjeros.
El año 1964, bajo el auspicio de la UNESCO y la participación de dos investigadoras americanistas francesas, Simone Gamelon y Anette Emperaire, se creó el Centro de Antropología, en la Universidad de Concepción. Ello ocurre en el contexto de una reforma universitaria, marcando el inicio de la institucionalización de la antropología en Concepción.En 1966 se crea la primera carrera de antropología en Chile en esta universidad, bajo la dirección del Dr. Carlos Encela (Garbulsky, 1998). La primera promoción contaba con 12 alumnos quienes deberían realizar y aprobar su memoria para obtener el título de Licenciado en Antropología. Siete años más tarde, en 1973, el gobierno militar ordenó cerrar el Departamento de Antropología Cultural, y conservar solo el Departamento de Arqueología y Prehistoria.La mayoría de los docentes fueron despedidos, expulsados del país o llevados como prisioneros al Estadio Regional o a la isla Quiriquina. Todo ello ocurrió en un clima de intimidaciones que llevó a la cesantía a muchos docentes. Dos años más tarde, en 1975, se ordena cerrar el Departamento de Arqueología y Prehistoria y fundirlo en un nuevo Departamento de Antropología. Nuevamente son despedidos los últimos docentes e investigadores que habían sido contratados con anterioridad al golpe militar. El año 1976 se ordena cerrar el ingreso de alumnos de primer año, y el Departamento de Antropología pasa a integrar un Instituto de Antropología, Historia y Geografía. Luego, en 1981, la carrera de antropología se transfiere a la Facultad de Educación, Humanidades y Arte,
El año 1970, como anticipara más arriba se crea, en la Región de la Araucanía, el Centro de Estudios de la Realidad Regional (CERER) en la Universidad Católica de Temuco. Esta unidad académica estuvo destinada a desarrollar investigación en Antropología Social y Etnolingüística acerca de la realidad de la región, caracterizada como multicultural por la alta población mapuche .  A fines del primer semestre 1978, se hace efectivo el cierre previsto de la carrera, egresando como licenciados quienes han cumplido la totalidad del plan de estudios y, en calidad de bachilleres, quienes han cumplido solamente una parte de él. Solo sería reabierta en 1992 14.
Antropología durante la dictadura militar (1973 – 1990)
Las ciencias sociales, en general, habían cultivado e impulsado una importante reflexión teórica sobre los diversos quehaceres disciplinares. Este desarrollo fue interrumpido por acontecimientos sociales, políticos y económicos derivados del golpe de Estado del año 1973. El quiebre generado enlutaría su historia y marcaría sus derroteros. En Chile, como he señalado, se venía desarrollando la disciplina desde la década de los sesenta logrando consolidarse con la creación de las carreras de antropología en tres universidades chilenas: la Universidad de Chile, Universidad de Concepción y Universidad Católica de Temuco. El freno a este proceso impuesto por el golpe militar, se coronaba con una de las medidas que dañaría gravemente la autonomía universitaria: la designación de “rectores delegados” con plenos poderes. Decanos, directores de departamentos y demás autoridades universitarias debían ser nombradas por estos rectores, y permanecían en sus funciones mientras contaran con su confianza, confabulados con políticas represivas de hostigamiento, persecución, encarcelamiento, exoneraciones y exilio para profesores y alumnos. En este escenario, para unos el destino fue la diáspora intelectual, otros permanecimos en el país tomando inevitablemente lugar en bandos de una sociedad fracturada. Mientras las carreras de antropología se cierran en las universidades del sur del país -Concepción y Católica de Temuco-, la Universidad de Chile si bien no sufre esta arbitrariedad, debió soportar la supresión de libertad de pensamiento bajo el lema de la “despolitización” de las ciencias sociales. Así, la autonomía institucional, la libertad de expresión y de cátedra, y el pluralismo, desaparecieron.
Una alumna de Antropología de la Universidad de Chile, de la generación que ingresó al inicio de la carrera el año 1971, relata esos tiempos: “(…) se había llegado en los primeros años de la década de los 70 a una universidad extremadamente polarizada. Pero en las aulas éramos libres, cátedras paralelas con profesores de excelente nivel, podíamos tomar cursos y seminarios en el Instituto Pedagógico o en otras carreras. El desafío era lograr un contundente conocimiento teórico y metodológico para participar en las discusiones de las aulas, como era el caso de las exigentes clases del profesor Patricio León. Era impensable lo que llegó a ocurrir a partir del 11 de septiembre de 1973… cuando pudimos regresar a clases ya no éramos los mismos, la Universidad no era la misma, todo había cambiado, observábamos silenciosamente la ausencia de muchos compañeros y compañeras, pero nadie hablaba, se instaló la desconfianza frente a los otros, se instaló un temor ancestral que duraría muchos años. Todos podíamos ser sospechosos de algo… se hablaba de listas de alumnos que serían requeridos, cualquiera de nosotros podría estar en ellas, de personas que eran informantes: auxiliares de aseo, bibliotecarias, profesores, alumnos. Y en las aulas se instala una sombra de lo que había sido el fecundo escenario anterior; solo estaba permitido pensar desde el funcionalismo y teorías de sistemas…y solo sobre esos temas se podía consultar libros en nuestra escuálida biblioteca permitida por el régimen…todo se había reducido, las personas, las ideas, los libros…”
L o s c a m b i o s i m p u e s t o s p r o d u j e r o n no solo un estancamiento, en muchos aspectos fue un retroceso, y por cierto un cambio en la orientación de la disciplina.  Con el golpe de Estado, se inicia la llamada “limpieza ideológica”, anulando todos los cursos que hubiesen sido impartidos por profesores de izquierda15. Luego, se prohíbe o minimiza la lectura y enseñanza de corrientes teóricas y metodológicas afines al marxismo y se fomentan aquellas que aseguraran la reinserción en moldes del pensamiento que el sistema requería, funcionalismo y ecología. Las reformas estructurales y de gobierno de fines de los sesenta fueron abolidas, y la universidad fue puesta bajo vigilancia permanente (Brunner, 1986). La polarización alcanzada por la comunidad de las ciencias sociales hasta el golpe militar de 1973, en general, se transformó en una poderosa alternativa de poder para un sector, con sus particulares ideas sobre la sociedad, cultura y economía. La intervención militar y desmantelamiento del claustro académico, la censura al trabajo científico, el cierre de algunas carreras, las divisiones ideológicas y la obsesión por el crecimiento económico, son factores que marcaron el debilitamiento de las ciencias sociales (Huneeus, 2007). La crisis que vivió la sociedad chilena a consecuencias del golpe de Estado no solo cerró otras carreras de Ciencias Sociales, Sociología, Servicio Social, Ciencias Políticas y Administrativas, etc., sino que de igual forma a que lo que vivimos en antropología, algunas de estas carreras pudieron continuar existiendo, pero en condiciones muy adversas, con mallas curriculares improvisadas; bibliografía restringida; docentes sin trayectoria académica; infraestructura de mala calidad; sistemas de evaluación arbitrarios16. Por varios años después del golpe del año 1973, hubo persecución y encarcelamiento de profesores, aulas intervenidas, labor docente controlada y contenidos teóricos mutilados; estas políticas se fortalecían con la desconfianza que se había instalado en la comunidad universitaria por muchos años, frenando cualquier intento de reorganización (Castro Lucic, 1998).
Durante el largo periodo del gobierno militar la producción y creatividad científica se vio mermada por razones ideológicas claras, dando paso a un trabajo netamente individual o semi individual (Orellana, op.cit.). Este tiempo se caracterizó por la inexistencia de una comunidad antropológica constituida y por el aislamiento profesional. Por ello, algunos veíamos en la conformación de un colegio profesional, un espacio donde romper ese aislamiento. Esperanzas y desafíos: el Colegio de Antropólogos
Como una alternativa de protección y defensa de las arbitrariedades que se estaban cometiendo, el año 1983 un grupo de antropólogos del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile tomó la iniciativa de crear un Colegio de Antropólogos de Chile, aún cuando la dictadura militar había transformado los colegios en meras asociaciones gremiales, sin potestad alguna sobre el ejercicio profesional y cuando se corría el riesgo de la persecución y represión a quienes pretendían organizarse contra la dictadura.
“La creación del Colegio de Antropólogos, es indisoluble del contexto socio-político del momento… Diversos colegios profesionales de larga tradición venían progresivamente teniendo un rol de mayor importancia en la oposición al gobierno militar (médicos, psicólogos, abogados, etc.). Un pequeño grupo de jóvenes titulados y egresados vimos la necesidad de asumir como antropólogos también un papel en esta oposición activa a la dictadura.  Esto tenía un doble sentido: poder pronunciarnos como grupo organizado frente a urgentes temas de atropello a los derechos humanos y civiles y, al mismo tiempo, generar una mayor visibilización pública de un gremio nuevo, los antropólogos licenciados principalmente en la U. de Chile. (Comunicación personal de Mario Muñoz, primer presidente electo en asamblea)”
No fue fácil. Hubo desencuentros e interminables discusiones internas, en la formulación de los estatutos y la imagen pública que se le quería dar al colegio. Las reuniones, realizadas en casas particulares, eran promovidas por un entusiasta grupo de jóvenes egresados que tomó la iniciativa, y luchó incansablemente para consolidar el proyecto, aún cuando otros grupos de antropólogos y arqueólogos se oponían a la iniciativa. Ello era una muestra de las divisiones políticas que existían al interior de las ciencias sociales. Cuando la esperanza de tener un Colegio parecía perdida, los acuerdos se veían lejanos y el quiebre era irremediable, en una de las tantas reuniones, las partes dialogan y nace el Colegio de Antropólogos de Chile el año 1984 (Castro Lucic, 1995). El Colegio definió como principales estrategias a seguir: apoyar en todo lo que fuese necesario al retorno a la democracia y el compromiso gremial y, otros deberían asumir un compromiso en el ámbito de lo académico como asociación científica.
La primera directiva provisoria fue elegida en una Asamblea y estuvo conformada por Mario Muñoz Méndez (presidente) y Milka Castro Lucic (vicepresidenta) y un directorio de seis miembros 1717. El Colegio tenía una función gremial y una académica. Tuvo un rol activo “en la defensa de los derechos humanos y el respeto a las minorías por aquellos años. La participación en el colegio fue relevante y comprometida, habida cuenta de que la tarea fue asumida preferentemente por los jóvenes titulados y egresados (Muñoz, 2014)18.
En la función académica, uno de los objetivos que fortalecería la organización, fue convocar a un Primer Congreso de Antropología, designando para este efecto a Milka Castro Lucic como Secretaria Ejecutiva, para asumir la organización general junto a activos y jóvenes colaboradores: Marcela Benavides, Hernán Salas, Miguel Bahamondes y Leandro Sepúlveda 19.
El Presidente de la Comisión Organizadora, don Carlos Munizaga, comprometido con este objetivo, entregó un emotivo discurso inaugural. Permítaseme, abrir un espacio para recordar al maestro. Junto con señalar que el primer “congreso será un hito en el desarrollo de la antropología chilena y en la vida de los antropólogos”, compartió un doloroso episodio, cuando en un momento de su vida académica se cernía sobre él la amenaza de ser descalificado pública y profesionalmente; lo que le obligaría a tomar una lacerante determinación, en sus palabras: “(…) tendría que abandonar la Universidad y la Antropología Social… ella sería administrada por otros profesionales… Estábamos ante un método, una táctica de instrumentalización de la antropología… no quisiera que ninguno de ustedes viva jamás una jornada tan fría e implacable como ésta. Es decir no quiero que la vivan sin tener conciencia de las fuerzas dentro de las que estarán presos. Porque estoy seguro que muchos de Uds. tendrán que vivirla. Vívanla etnográficamente entonces; como un científico que sabe que no es el ciego destino sino que son bacterias las que atacan y minan su organismo, mientras se defiende de ellas!” El profesor Munizaga cerró su discurso de inauguración dirigiéndose a los alumnos: “¡Cuánto necesitamos nosotros y necesitan los jóvenes estudios etnográficos de la Universidad! con una etnografía que dé cuenta de cómo se manifiesta en ella concretamente, en la historia de vida de sus académicos y alumnos, la influencia, la implacable guadaña exterior que cegará a los que sabe que no transan en materias que amenacen la libertad intelectual, social… etnografía que revele quienes orientan esta ciencia en una unidad académica, quienes mandan, deciden…Considero que estas notas tienen actualidad práctica y que, junto con la de otros antropólogos, debe abrir los ojos a los alumnos. Sin rencor alguno…” Don Carlos, como le llamáramos quienes fuimos sus ayudantes de cátedra, se alejó silenciosamente de la Universidad el año 1992, falleciendo el 2 de septiembre de 1993, sin que nada supiéramos en el Departamento de Antropología de la Universidad de Chile. Hans Niemeyer explicaría en la revista Chungara lo ocurrido: “Dejó expresa decisión que no se le rindiera homenaje a su muerte ni se hiciera ceremonia fúnebre. Debía pasar lo más inadvertido posible; ni siquiera noticias del cementerio, ni de la hora ni día del sepelio. Disposición que refleja su carácter reservado, de excesiva modestia que siempre acompañó sus actuaciones públicas, o bien, ¡… una póstuma protesta! (Niemeyer, 1990:7)”
Este histórico congreso que tuvo lugar en Santiago en el mes de noviembre de 1985 en los altos del Café Torres, establecimiento patrimonial ubicado en el Palacio Íñiguez, contó con 249 personas inscritas. Se presentaron 30 ponencias y 12 comunicaciones sobre Antropología. Al evento concurrieron estudiantes y antropólogos de todo el país -Arica, Iquique, La Serena, Santiago, Concepción, Temuco, Valdivia y Chiloé. Una advertencia telefónica nos comunicó, cuando se había iniciado el congreso, que teníamos una bomba; salir en estampida o quedarnos suponiendo que nada ocurriría, fueron las alternativas. Optamos por la segunda.
El ambiente político que rodeaba este evento lo describe Rony Goldschmied (1985), presidente del Colegio, en su discurso inaugural: “Recuerdo esas clases en que no era necesario cerrar la puerta porque el debate y las diferencias estaban permitidas… no había posiciones ni teorías prohibidas… La diversidad se expresaba en todos los ámbitos en la Universidad. Las carreras de Ciencias Sociales quedaron sometidas a un clima de desconfianza y sospecha… la legitimidad y el prestigio que conllevaba ser un cientista social pasó a ser casi un estigma; han sido conculcados los derechos fundamentales de las personas y grupos sociales que no comparten la ideología imperante. Crisis moral, violencia y pobreza crítica, exilio, detenidos, desaparecidos, torturas y secuestros, son parámetros a los que nos estamos acostumbrando, porque se han convertido en características de nuestra sociedad”.
A partir de 1989, con el retorno a la democracia el Colegio se desarticula hasta caer en la inacción, producto de mejores oportunidades de inserción laboral de sus asociados, dejando como resultado la no realización del segundo congreso que debía ser el año 1989 en el sur del país. Transcurrieron diez años hasta que un grupo de antropólogos nos organizamos para rehacer la organización. Nos movía el convencimiento que los congresos debían ser espacios de encuentro, reflexión y discusión sobre el estado del conocimiento generado durante los años precedentes, y también para contribuir al fortalecimiento de la identidad del antropólogo.
Era recurrente la pregunta entre quienes egresaban después de cinco años de formación:  ¿para qué sirve la antropología? La incertidumbre del campo profesional que poseía la disciplina llevó a muchos a continuar estudiando en otras carreras y hubo quienes no ejercieron. El directorio que asumió la organización del segundo congreso, otorgó prioridad a la reactivación de los congresos y a la práctica de continuar con la edición de sus actas. La edición ininterrumpida de éstas, constituye un legado y un valioso documento histórico, testigo del devenir de la disciplina. Se otorgó una alta valoración a cada uno de los trabajos que se presentaron, conscientes de que eran fruto de esfuerzos individuales tras la búsqueda de opciones para concretar el ejercicio profesional, en una amplia gama de posibilidades laborales en organismos públicos y privados (Castro Lucic, 1992). El segundo congreso tuvo lugar el año 1995 en la Universidad Austral, ciudad de Valdivia, donde el año 1985 se había creado la carrera de antropología 20.
A partir de esta fecha los congresos se han realizado rigurosamente cada tres años y todos han concluido con la publicación de los trabajos presentados en las Actas del Congreso. El tercero tuvo como sede la Universidad Católica de Temuco (1998), donde el año 1991 se había abierto la Licenciatura en Antropología. El cuarto congreso “Los desafíos de la Antropología. Globalización, Sociedad Moderna y Diferencia”, se realizó en la Universidad de Chile, el año 2001; el quinto en la Ciudad de San Felipe, el año 2004; el sexto congreso “Antropología aquí. Miradas del Sur”, nuevamente en la Universidad Austral de Valdivia, el año 2007; el séptimo en San Pedro de Atacama, el año 2010, y el último, el año 2013 en la ciudad de Arica. Sus actas están en proceso de edición.
Después de la dictadura: 1990-2014. Con la vuelta a la democracia, en 1990, las universidades inician un lento proceso de democratización, bajo marcos jurídicos heredados de la dictadura. Hasta 1973 se venía desarrollando la concepción de una antropología que sería aplicada a los problemas que requería el país y que los gobiernos deberían resolver. Ser cientista social conllevaba un reconocimiento social y un respeto al saber de los asuntos de la sociedad y de la cultura. En 1975, cuando egresamos los primeros antropólogos de la carrera de antropología en la Universidad de Chile, nos enfrentamos a un panorama laboral e institucional muy diferente, había inestabilidad laboral, desocupación y precariedad de los ingresos. El buscar trabajo se convirtió en una de las principales ocupaciones de las nuevas promociones (Goldschmied, op.cit). Había que enfrentar problemas que marcarían el devenir de las ciencias sociales y dignificar su ejercicio. Romper el círculo vicioso que concentra las posibilidades de obtener fondos de investigación en unos pocos, desalentando y debilitando la participación de la comunidad nacional. Había que luchar contra la obsesión por un estilo de crecimiento que se concibe principalmente a través del fortalecimiento de la empresa y el capital, en la orientación del discurso de la “cultura del emprendimiento”, la cultura de la empresa, pero no de una “cultura del trabajo” (Huneeus, op.cit).
La instalación de una crítica epistemológica a la dominante visión occidental y, una apertura a las nuevas formas sociales y culturales generadas en la actual sociedad chilena en el marco de la globalización, constituyen algunos de los principales desafíos que debe enfrentar la antropología. En el marco de las políticas neoliberales, se ha producido un desplazamiento del eje de coordinación de la educación superior desde el Estado y las corporaciones académicas hacia el mercado. En este nuevo escenario, las universidades deben competir entre sí por alumnos, personal académico y prestigio, buscando financiamiento, fiscal o privado, en un juego competitivo. En Chile, como en todos los gobiernos de los países en vías de desarrollo, se ha optado privatizar la masificación de sus sistemas de educación superior, dejando (por acción u omisión) que nuevos proveedores privados absorban la mayor demanda estudiantil (Brunner, 2006).
Entre los años 1978 y 1985 solo permaneció abierta la carrera de antropología en la Universidad de Chile, luego del cierre en las universidades de las ciudades de Temuco y Concepción. El año 1985 se abre en la Universidad Austral en la ciudad de Valdivia. Con el retorno a la democracia (1990) se produce una sorprendente proliferación de las carreras de antropología: en 1991, en la Universidad Católica de Temuco; en 1992 se abre en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y en la Universidad Bolivariana (pero se cierra el 2010); el año 2005, en la Universidad de Concepción y en la Universidad de Tarapacá; el 2007 en la Universidad de Arte y Ciencias Sociales (ARCIS); el 2011 en la Universidad Alberto Hurtado, y el 2013 en la Universidad Católica.
Sin duda, esta proliferación viene a constituir una respuesta a las demandas de los jóvenes con gran interés por estudiar la carrera 21. De esta manera, nueve son las Universidades que imparten la carrera al año 2014. El escaso tiempo que lleva la consolidación de los pregrados en las universidades, ha representado una limitante para el desarrollo de líneas de formación de posgrados. El año 2000 se crea un magíster bajo el título de Antropología y Desarrollo, en la Universidad de Chile; el 2002, lo hace la Universidad de Tarapacá con el nombre de Magíster en Antropología. Solo esta última, a partir del año 2006, imparte un Doctorado.
Entre las revistas nacionales donde más frecuentemente se publican trabajos de los antropólogos, se encuentra:
Revista Chilena de Antropología Visual, de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano;
Chungará, Universidad de Tarapacá;
Revista Chilena de Antropología, Universidad de Chile;
Revista Austral de Ciencias Sociales, Universidad Austral de Valdivia;
Cuhso Cultura-Hombre-Sociedad, Revista Ciencias Sociales y Humanas, Universidad Católica de Temuco;
Werken, Revista de Ciencias Sociales, Universidad Internacional SEK;
y Austerra, Revista de Antropología Social, Universidad Bolivariana.
Orientaciones temáticas de la antropología en Chile.
Pocos estudios existen sobre las orientaciones de la antropología en Chile. La producción de trabajos de antropología social en tesis de grado y textos provenientes de investigaciones, han sido objeto de análisis y comparación con la finalidad de conocer algo de la orientación de los temas que son de interés de la antropología social. Palestini, Ramos, y Canales (2010), han realizado un sugerente estudio comparativo entre los temas de Tesis de Grado del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile producidos, entre los años 1977-1987 (Arnold, 1990), y un estudio que realizaron sobre la base de investigaciones publicadas entre los años 2000 y 2006, identificando sus marcos paradigmáticos, áreas temáticas, diseños teóricometodológicos y la audiencia a la que se dirigen.
 Concluyen que existe  (Palestini, Ramos & Canales, 2010).
Hubiese querido efectuar un trabajo semejante con las Actas de los Congresos de Antropología de Chile desde 1985 a la fecha, pero es una tarea que amerita mayor tiempo e investigación. No obstante, he efectuado una somera caracterización de las orientaciones a partir de los Simposios y las respectivas ponencias. Al comparar la producción de los estudiantes entre los años 1977 y 1987, la investigaciones entre los años 2000 y 2006, y las presentaciones en Congresos entre los años 1985-2005, se observa aquella tendencia a la dispersión de temas. En el caso de las Tesis de Grado, los estudiantes, eligieron con mayor frecuencia los temas de: antropología y salud, desarrollo local y ecología, estudios urbanos, educación, género y pueblos originarios. Existe cierta coincidencia con los trabajos presentados en el primer Congreso de Antropología del año 1985, donde predominan los temas sobre género, antropología rural, antropología y salud, educación y pueblos indígenas. Respecto a la cuestión étnica, Bengoa en su escrito sobre la trayectoria de la antropología en Chile (1998), concluye que en los primeros trabajos, en los años 60, se observa que lo indígena se desdibuja entre el folclore y lo campesino, y agrega que el tema era preferentemente abordado en tesis de las carreras de derecho, historia y literatura. En el estudio de Palestini et. al. (op.cit) sobresalen los temas sobre pueblos originarios y comunidades, desarrollo local, estudios organizacionales, medicina y salud; al comparar con las ponencias en congresos, se observa una correlación con pueblos originarios, desarrollo local, antropología y salud. En las actas de los seis congresos de antropología, los temas que han mantenido la continuidad con un mayor número de ponencias son: antropología y salud, cultura y medio ambiente, educación e interculturalidad, antropología visual, antropología y derecho (antropología jurídica), estudios de territorialidad, pueblos originarios, antropología rural, identidad, antropología crítica y derechos humanos.
Luego viene una larga lista de diferentes temas relacionados con folclore, literatura, género, etnomusicología, cultura organizacional, metodologías, capital social, violencia, patrimonio, políticas públicas, gerontología entre otros. Con la finalidad de conocer de parte de docentes de diferentes universidades y regiones del país sus opiniones respecto del desarrollo de la disciplina, sostuvimos breves entrevistas con seis antropólogos y antropólogas, tres entrevistas en Santiago, una en la Universidad de Concepción, una en la Universidad Católica de Temuco y una en la Universidad Austral. Consultados sobre los hitos que marcan el desarrollo, solo dos entrevistados aludieron al golpe de Estado, la mayoría se circunscribió al surgimiento y devenir de las carreras universitarias. Respecto de las líneas teóricas que han marcado el desarrollo de la disciplina, las respuestas fueron diferentes. Los antropólogos entrevistados en Santiago, formados en la Universidad de Chile, pero docentes en otras universidades, coinciden en destacar el enfoque funcionalista con referencia a la formación en la Universidad de Chile: “Creo que la Universidad de Chile con antropología social es un caso aparte porque tuvo una línea muy marcada por el funcionalismo, se ha ido diluyendo un poco, me doy cuenta (porque la conozco bien) que no aplican la antropología teórica, pero en trabajo de campo y etnografía han hecho un trabajo importante”. “(…) en Chile, la antropología, no se ha caracterizado por ser demasiado teórica, o sea, no hay gran discusión teórica”. “(…) la formación antropológica en Chile ha sido dominada por corrientes funcionalistas y eso lo atribuyo a la propia historia de la disciplina, que ha estado dominada por teorías funcionalistas idealistas y las corrientes críticas han sido marginales a ese eje”. “(…) hay un funcionalismo muy fuerte, que tiene una vocación por el micro estudio”. “(…) en la actualidad predominan con fuerza las teorías de sistemas y más funcionalismo. La disciplina siempre ha estado dominada por corrientes funcionalistas”.En regiones se hace referencia a varios enfoques: Estructural-funcionalismo o funcionalestructuralismo, culturalismo, materialismo, posmodernismo, interpretativismo geertziano. En respuesta a la pregunta sobre los autores extranjeros más leídos, en Santiago hubo consenso en los siguientes autores: Levi-Strauss, Geertz y Malinowski, aunque cada entrevistado agregó otros como Wolf, Steward y Godelier. En las regiones del sur no hubo consenso y el listado es mayor. No se nombró a Malinowski, los autores más leídos serían: Geertz, Barth, Sahlins, Steward, Wolf, Latcham, Lipschutz, Mostny, Titiev, Faron, Heyerdhal; Stuchlik, Emperaire y Paul Rivet. Respecto de los autores chilenos que han contribuido al desarrollo de la antropología, no hubo consenso, cada entrevistado entrega un listado de nombres diferente a los mencionados en las otras entrevistas. No se reconocería en Chile autores sobresalientes. Tal vez estas respuestas de los antropólogos entrevistados, expliquen la situación: “Ninguno, lo que hay son buenos repetidores de teorías, tipos que manejan teoría, pero que hayan contribuido en esa teoría, profundizado, no hay”. “Estamos muy concentrados en Europa, entonces hay poco énfasis latinoamericano, es una antropología muy alienada, eso se debe superar”. Solo la figura de don Carlos Munizaga, sobresale entre los entrevistados en Santiago, como el padre de la antropología en Chile: “(…) abre la antropología, la hace explotar, permite conectar la antropología con un montón de disciplinas que ya estaban consolidadas: medicina, arquitectura (…) fue capaz de conectar la antropología con todas estas disciplinas”. “Más que un teórico, don Carlos tuvo la siguiente virtud, la de enseñar a los alumnos lo que era la antropología, no tradicional, sino una que estuviera de acuerdo a los tiempos, porque para él la antropología debía desempeñarse en todos los ámbitos, y sus escritos hablaban de la diversidad de temas que podía trabajar la disciplina. Él hablaba de todo, de medicina, de arquitectura, de urbanismo, etc. Don Carlos logró sacar a la antropología hacia otros temas, porque antes hablar de antropología era hablar de pueblos indígenas. El barrió con eso fue capaz de superarlo, en su práctica lo hizo, no es que te hablara de que había que hacerlo, él lo hizo”.
Espacios laborales de los antropólogos en Chile
El Colegio de Antropólogos ha identificado cinco áreas donde los antropólogos desarrollan actividades:
1) Docencia e investigación en universidades que dictan la carrera de antropología en el país;
2) Docencia en universidades e institutos profesionales, en asignaturas electivas y asignatura de antropología como parte de mallas curriculares de otras disciplinas.
3) Reparticiones públicas: Ministerio de Justicia, en sus secciones de Gendarmería: área criminológica, área reinserción social de reclusos, área de clasificación de reclusos; y Servicio Nacional de Menores; Ministerio de Desarrollo y Planificación (actualmente Ministerio de Desarrollo Social), en los departamentos de inversión social y estudios sobre pobreza; Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI); Ministerio de Educación; e) Ministerio de Salud en programas de salud intercultural; f) Ministerio del Interior – Comisión Nacional para el Control de Drogas (CONACE).
4) En investigación con fondos de proyectos del Fondo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (FONDECYT).
5) Antropología aplicada, en organizaciones no gubernamentales y municipios: a) estudios de impacto ambiental exigidos por la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA); b) reinserción social y rehabilitación conductual de jóvenes y adultos en conflicto con la justicia; c) incorporación de prácticas de la herbolaria indígena en contextos de atención de salud pública; d) desarrollo local, en el marco de las políticas públicas de erradicación de la pobreza; e) diseño de programas, y aplicación de fondos de inversión social en los ámbitos productivo y asociativo; f) proyectos y capacitación en etnoturismo; g) protección del patrimonio cultural; h) antropología jurídica y forense (Parry, 2005)22.
Comentarios finales
Pese a que los precursores fueron destacadísimas figuras, a la luz de la historia y después de sesenta años la antropología pareciera que no ha logrado llegar a su madurez como ciencia, construyendo cauces teóricos propios. Gran dispersión de intereses, pequeños grupos trabajando aisladamente, ausencia de reflexión y discusión teórica, son algunas de las demandas que extraemos de los antecedentes expuestos. Las referencias al golpe militar, los diecisiete años de dictadura y un sistema económico de mercado, han impactado las ciencias sociales, empujando a las universidades y profesionales a insertarse al sistema. He señalado que con el retorno a la democracia en 1990, se inició un período de lentísima recuperación de los espacios académicos para las ciencias sociales, pues se debía arrastrar además de los estilos de trabajo, de organización y marcos jurídicos de gobernanza universitaria heredados de la dictadura, políticas privatizadoras y una severa escasez de recursos para desarrollar investigación23.
La antropología en Chile tiene un gran desafío: trabajar en la construcción de un pensamiento científico y crítico propio, en el contexto de las antropologías de Latinoamérica.
Agradecimientos
Con la finalidad de ser fiel a la información sobre el desarrollo de la disciplina, solicité a colegas formados en la Universidad de Chile, Universidad Católica de Temuco, Universidad de Concepción y Universidad Austral, su opinión respecto de los principales hitos, las principales líneas teóricas, y los autores chilenos relevantes en el desarrollo de la antropología en Chile y los autores extranjeros más leídos o citados. Debo advertir que sus respuestas abren una serie de interrogantes y desafíos. No pude incluir todo lo conversado en este texto. Agradezco la colaboración de Andrea Aravena, Marcelo Berho, Miguel Bahamondes, Damián Gálvez, Mario Muñoz, Roberto Morales, Daniel Quiroz y Juan Carlos Skewes. | Milka  Notas
1 Parte de este escrito fue presentado en el Congreso de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) realizado con motivo de la conmemoración de sus 50 años, en la ciudad de Quito, entre los días 29 y 31 de octubre de 2007.
2 Damián Gálvez, antropólogo de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, realizó entrevistas en Santiago a Miguel Bahamondes Parrao (Universidad de Chile), Daniel Quiroz Larrea (Universidad de Chile) y Juan Carlos Skewes Vodanovic (Universidad de Chile). La autora entrevistó vía correo electrónico a: Andrea Aravena Reyes (Universidad Austral), Marcelo Berho Castillo (Universidad Católica de Temuco), Roberto Morales Urra (Universidad Católica de Temuco), y Mario Muñoz (Universidad de Chile). Se revisó la información contenida en las actas publicadas de seis congresos de antropología. Las actas de los congresos de los años 2010 (San Pedro de Atacama) y 2013 (Arica), no han sido publicadas aún.
3 Nació en Niedzwiadka, Polonia. Estudió filosofía, ciencias y mineralogía. En Chile destacó como educador, etnólogo, servidor público, asesor en educación. Fue rector de la Universidad de Chile.
4 Entre 1910 y 1915, publicó estudios bibliográficos en la Revista de Bibliografía Chilena y Extranjera con el título de Bibliografía Chilena de ciencias antropológicas y Bibliografía chilena de antropología y etnología. Para este autor la etnografía correspondía a la descripción detallada de la vida de los pueblos, proporciona los datos a la Etnología, que los estudia en conjunto para sacar las consecuencias, conclusiones y leyes que obran en el desarrollo de la civilización y del progreso (subrayado nuestro). En Conferencias sobre Antropología, Etnología y Arqueología (1925). En Conferencias sobre Antropología, Etnología y Arqueología (1925).
5 Martin Drouilly había sido encargado por el gobierno de Chile, para contratar en el extranjero a quienes debían preparar el terreno en la provincia de Malleco para los futuros colonos; actuaba como agente de Chile de Colonización en la Frontera. Buscaba jóvenes que, por espíritu de aventura y de trabajo, quisieran colaborar en las faenas que preparaba el gobierno para poblar esas regiones (Feliú, 1969).
6 Intelectual liberal, autor de la Historia General de Chile
7 Dedicó su vida a recopilar, transcribir y publicar miles de textos, contribuyendo al conocimiento de la Historia Colonial y la Inquisición Americana.
8 En el documento elaborado por Rodolfo Stavenhagen (1988), se lee: “En Chile, el caso del proceso seguido contra la indígena Juana Catrilaf, del 4 de julio de 1953, ha permitido establecer los criterios imperantes en ese país, situación doctrinaria que se ha mantenido con avances y retrocesos. En efecto, el artículo 10, núm. 9 del Código Penal de Chile establece la causa de exención de responsabilidad penal, en el caso del que obra movido por “miedo insuperable” o impulsado por una “fuerza irresistible”. En el caso en cuestión, se trata del homicidio de la abuela de la inculpada, de profesión machi (bruja), y para determinar la responsabilidad penal se solicitó un informe de tres peritos indigenistas. “El informe de los indigenistas constituye un estudio acabado de las creencias araucanas en materia de brujería y sus principales consideraciones son las siguientes: a) la creencia en el poder mágico y maléfico del curandero, que al mismo tiempo es hechicero y brujo; b) la brujería aparece en el Antiguo Testamento; c) los investigadores especializados han verificado que la creencia en la bruja maléfica existía entre los indígenas araucanos; d) para el indígena que participa de estas creencias, ellas se convierten en realidades poderosas y los determinan, en defensa propia y de su comunidad: La acusada es analfabeta y de nivel cultural muy bajo”.
9 Estudió antropología en la Universidad de Wisconsin, y se doctoró en la Universidad de Yale.
10 Entre las obras de Schaedel en el tema urbano se cuentan: Ensayos histórico-sociales sobre la urbanización en América Latina (Hadoy, J.E., Morse, R., & Schaedel, R. comps.), Las ciudades de América Latina y sus áreas de influencia a través de la historia (Schaedel, R., &. Hardoy, J.E. comps); El proceso de urbanización en las Américas desde sus orígenes hasta nuestros días (Hardoy, J. & Schaedel, R. comps.).
 11 Universidad Católica de Temuco. Historia. Disponible en: http://antropologia.uct.cl/historia.php Fecha de consulta: 27 de marzo de 2014.
12 Informe preparado por el Dr. Milan Stuchlik y por el Dr. Václav Solc. Informe presentado en 1971 al Ministerio de Agricultura del Gobierno de Chile, en: Rasgos de la sociedad mapuche contemporánea (Ruiz, 2005) Disponible en: www.archivochile.com/Pueblos_ originarios/hist_doc_gen/POdocgen0005.pdf 26-11-2001 www.radio.cz/es/articulo/1516 13 El Centro estuvo conformado por Bernardo Berdichewsky, Carlos Munizaga, Alberto Medina, Jorge Kaltwasser, Juan Munizaga y Gonzalo Figueroa. (Orellana, M., 1996: 167).
14 Documento de Trabajo. 1er Encuentro chileno de Antropología Visual. Disponible en http://www.antropologiavisual.cl/documento_encuentro.doc 15 En la Universidad de Chile se redujo el personal por “limpieza” ideológica (1973-74), se eliminó a la gente más estrechamente al gobierno de Salvador Allende. Entre las expulsiones de la Universidad de Chile, 255 eran de la Facultad de Ciencias Sociales, 120 del Departamento de Educación, 160 de la Facultad de Filosofía y 212 del Departamento de Economía Política y fueron cerrados centros como el de Estudios Socioeconómicos, el de Estudios Estadísticos y Matemática, el Departamento de Historia Económica y Social y una parte del Programa de Enfermeras de la Escuela de Medicina” (Garretón, 2005). 16 Ver: http://www.unap.cl/sociales/2001/s_pecont.html
17 La primera directiva fue elegida en una asamblea y estuvo conformada además por los siguientes directores: Marcelo Arnold, Miguel Bahamondes, Victoria Estrada, Sergio Martinic, Juan Carlos Skewes y Mónica Weisner.
18 Mario Muñoz, comunicación personal, abril, 2014.
19 Se invitó a conformar la Comisión Académica a las siguientes personas: Teresa Durán, María Victoria Estrada, Branco Marinov, Hans Niemeyer, Virgilio Schiappacasse, Zulema Seguel, Juan Carlos Skewes. Colaboraron con alguna tarea en la organización: Mónica Weisner, Tibor Gutiérrez, Isabel Toledo, Neva Klivadenko, Jorge Razeto, Kenet Jensen, Katia Quintana, Eduardo Liendro y Elías Padilla.
20 Asumen la organización de este segundo congreso de antropología: Miguel Bahamondes, Coordinador del Comité Ejecutivo, Priscila Délano Presidenta de la Comisión Organizadora y, Milka Castro Lucic, Presidenta del Colegio de Antropólogos.
21 En Chile los estudiantes deben rendir una Prueba de selección universitaria (PSU). El puntaje más bajo matriculado en el año 2006 en la carrera de antropología de la Universidad de Chile, comparte el cuarto lugar con Ingeniería y Ciencias, después de Medicina, Odontología e Ingeniería en Biotecnología molecular. Información disponible en:  El mismo año los mejores puntajes fueron capturados por las universidades tradicionales, las privadas quedaban con el 15,5%. En 2007 hubo cambios: las tradicionales capturaron el 82% y las privadas con el 17,1%
22 Secretario General, Colegio de Antropólogos de Chile A.G. 2004-2007.
23 Para el año 2008 el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT), otorgó financiamiento solo a tres proyectos de investigación en antropología social, lo que permite suponer que se estaría limitando la apertura de nuevos temas de investigación y la consolidación de otros. Ver: http:// http://www.europosgrados.cl/
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20 de mayo de 2014