MASCULINIDADES E IGUALDAD: LA VIOLENCIA DE GÉNERO SIMBÓLICA

MASCULINIDADES E IGUALDAD: LA VIOLENCIA DE GÉNERO SIMBÓLICA

Os traemos una nueva entrega de la serie “Masculinidades e Igualdad” del Blog de la Fundación iS+D. En esta octava entrada reseñamos el artículo de Julián Fernández de Quero, Licenciado en Psicología, Sexólogo, miembro de AHIGE y colaborador habitual en la revista Hombres Igualitarios. Un texto trata temas tan importantes como la violencia de género, la construcción social del género y sus consecuencias.

Julián Fernández de Quero
Licenciado en Psicología, Sexólogo, miembro de AHIGE y colaborador habitual en la revista Hombres Igualitarios

“La violencia de género simbólica”

La Comisión de la ONU sobre el Estatus de la Mujer, en su 57ª sesión, en marzo de 2013, centró sus debates en la eliminación y prevención de todas las formas de violencia de género. El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, describió estas prácticas como una “bochornosa y silenciosa pandemia global, en la que siete de cada diez mujeres en el mundo sufren golpes, violaciones, abusos y mutilaciones a lo largo de sus vidas”.

Estamos, pues, ante una pandemia alimentada y sostenida por una determinada forma de organizar las relaciones entre hombres y mujeres. Esta específica forma se llama la Cultura de los Géneros, una construcción ideológica que justifica las injusticias, discriminaciones y desigualdades que produce el Patriarcado, un determinado sistema de relaciones sociales, políticas y económicas que otorga el poder a los hombres y somete a las mujeres a la servidumbre y la desigualdad.

La raíz de la violencia de género se encuentra en la educación y socialización de la infancia y de la juventud.

Las expertas se preguntan cómo es posible que, todavía hoy, con todas las medidas que se han tomado y todo lo que ha cambiado la sociedad en favor de la igualdad entre los géneros y de los derechos de la ciudadanía, se detecte a un gran número de parejas jóvenes machistas, que practican el machismo y presumen de ello. La respuesta es que no hemos ido a la raíz del problema: la educación y la socialización. Mientras persista esa violencia simbólica de género en los comportamientos, en las actitudes, en los medios de comunicación, en las artes, en la literatura, será difícil corregir  el problema de la violencia de género.

Toda la sociedad está impregnada por esta Cultura de los Géneros que solo se puede combatir desde un radical cambio de intervención educativa, que convierta en modelo educativo oficial la coeducación y en un radical cambio de socialización.

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Por Julián Fernández de Quero
julianfernandez

Licenciado en Psicología, Sexólogo, miembro de AHIGE y colaborador habitual en la revista Hombres Igualitarios, ha sido presidente de la Sociedad Sexológica de Madrid y la Fundación Sexpol para el desarrollo de la salud y el bienestar sexual. Fue reconocido como “Hombre por la Igualdad 2009” por el Foro de Hombres por la Igualdad y ha sido colaborador del consultorio sexual para jóvenes dentro del programa Redjóvenes.es, subvencionado por el INJUVE.

 

 

 

La violencia de género simbólica

Por Julián Fernández de Quero

Según las estadísticas del Ministerio de Sanidad, en lo que va de año son 49 las mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas. La media de los años anteriores está en las 60 víctimas. Y yo me pregunto: ¿Si las 60 mujeres asesinadas por violencia de género lo hubieran sido por actos terroristas, de ETA o de los yihadistas, qué estaría haciendo el gobierno? Estoy seguro de que habría incrementado el presupuesto del Ministerio del Interior, habría reforzado las unidades policiales dedicadas a perseguir el terrorismo, habría reformado las leyes para facilitar la labor de la policía, asistiría a todos los funerales de las víctimas y estaría permanentemente en los medios para informar de los avances en la extirpación del terrorismo. ¿Por qué no hace lo mismo con la violencia de género? ¿Por qué no se crean más Juzgados Especializados en Violencia de Género, por qué no incrementa la plantilla de jueces y demás personal dedicado a este tremendo tema? ¿Por qué no fomenta la formación e información de todos los agentes públicos y sociales que intervienen en el proceso, por qué no aumenta las medidas de protección y prevención, por qué no fomenta y apoya la educación en la igualdad en los colegios e institutos? ¿Por qué, por qué, por qué…? Para encontrar respuestas, hay que contextualizar el problema a nivel mundial. La Comisión de la ONU sobre el Estatus de la Mujer, en su 57ª sesión, en marzo de 2013, centró sus debates en la eliminación y prevención de todas las formas de violencia de género. El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, describió estas prácticas como una “bochornosa y silenciosa pandemia global, en la que siete de cada diez mujeres en el mundo sufren golpes, violaciones, abusos y mutilaciones a lo largo de sus vidas”. Estamos, pues, ante una pandemia alimentada y sostenida por una determinada forma de organizar las relaciones entre hombres y mujeres. Esta específica forma se llama la Cultura de los Géneros, una construcción ideológica que justifica las injusticias, discriminaciones y desigualdades que produce el Patriarcado, un determinado sistema de relaciones sociales, políticas y económicas que otorga el poder a los hombres y somete a las mujeres a la servidumbre y la desigualdad. Por eso es tan difícil combatir la violencia de género física, porque ella es la punta del iceberg que asoma en la superficie social. Debajo se extiende una gran masa formada por la educación, la socialización, los valores y prejuicios, los mandatos de género, que convierten a la mayoría de la población en cómplice de los asesinos, con su silencio, su tolerancia, su mirar para otro lado, su ignorancia al creer que esta violencia no les afecta a ellos y ellas, cuando son ellos y ellas las que están educando y socializando a sus hijos e hijas y a sus alumnos y alumnas para que sean futuros maltratadores y asesinos. La raíz de la violencia de género se encuentra en la educación y socialización de la infancia y de la juventud. Las expertas se preguntan cómo es posible que, todavía hoy, con todas las medidas que se han tomado y todo lo que ha cambiado la sociedad en favor de la igualdad entre los géneros y de los derechos de la ciudadanía, se detecte a un gran número de parejas jóvenes machistas, que practican el machismo y presumen de ello. La respuesta es que no hemos ido a la raíz del problema: la educación y la socialización. Mientras persista esa violencia simbólica de género en los comportamientos, en las actitudes, en los medios de comunicación, en las artes, en la literatura, será difícil corregir el problema de la violencia de género. ¿Cómo podemos visualizar esa violencia simbólica? Principalmente, por los mitos y falacias a partir de los cuales se construyen los roles de género. El principal mito es el de la Fuerza Masculina y la Belleza Femenina convertidas en ideales de conducta. El ideal del hombre es el del Héroe: valiente hasta la temeridad, duro ante la adversidad, agresivo para la conquista y la aventura, narcisista para ambicionar el poder, generoso con los compañeros y protector de los débiles. Este ideal sigue vigente si tenemos en cuenta el atractivo que tiene para los jóvenes las películas de acción, los cómics de superhéroes, los programas televisivos en los que los chicos lucen sus cuerpos moldeados por el gimnasio, los deportes de alto riesgo, como la fórmula 1, el motociclismo, el ciclismo, el montañismo, etc. Siguen siendo ámbitos dominados por los hombres. En la enseñanza, el comportamiento del alumno rebelde, pícaro, mal estudiante, fanfarrón y pendenciero sigue teniendo altas cotas de valoración entre chicos y chicas, frente al alumno templado, prudente, buen estudiante, pacífico y empático que sigue recogiendo los motes despectivos de cerebrito, empollón, gallina, etc. El ideal de la mujer, que antes era triple, dirigido a tres tipos de mujer distintos: la seductora para el placer, la concubina para los cuidados y la esposa para la reproducción y crianza, ahora se ha unificado en uno: la Diosa que reúne belleza y seducción erótica, junto con una debilidad por la maternidad y las criaturas que puede hacer compatible con una gran capacitación profesional. Tres en uno, la superwoman, capaz, cuando es joven, de participar en concursos como “Hombres y Mujeres y Viceversa” o “Gran Hermano”, conseguir un expediente escolar brillantísimo y derretirse de ternura ante la presencia de un bebé y, cuando es mayor, compatibilizar un trabajo remunerado con llevar un hogar y criar a su prole, y, además, estar seductora y excitante para su marido. Los roles de género que se construyen a partir de estos mitos e ideales se pueden pormenorizar en miles de comportamientos que rellenan el día a día de hombres y mujeres y que es lo que se llama micromachismos: Desde la estética en el vestir, la forma de expresarse, la gestión de los sentimientos y emociones, la ocupación de los espacios en el hogar, la monopolización del mando a distancia, las actitudes ante las tareas domésticas, la ocupación de los espacios de poder en el trabajo, en la política, en la economía, la desigual valoración salarial del trabajo según lo hagan mujeres u hombres, la diversas actitudes ante las responsabilidades derivadas de la crianza, la forma de vivir el amor romántico. En fin, toda la sociedad está impregnada por esta Cultura de los Géneros que solo se puede combatir desde un radical cambio de intervención educativa, que convierta en modelo educativo oficial la coeducación y en un radical cambio de socialización que genere rechazo y desprestigio para los programas basura de la televisión y para los audiovisuales de acción y violencia, tanto en cine, como en cómics o en videojuegos. Mientras nuestros jóvenes sigan considerándose HOMBRES y nuestras jóvenes sigan considerándose MUJERES, y ninguno tome la conciencia necesaria para considerarse PERSONAS Y CIUDADANAS, proponiéndose una labor cotidiana de cambio de conductas machistas por otras igualitarias, seguiremos fomentando el caldo de cultivo social del que surgen los asesinos que matan a sus parejas porque “o son mías o de la tumba fría”.

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