Una aproximación al estudio de la participación política de la migración chilena residente en Buenos Aires

 

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Revista Temas de Antropología y Migración, Nº 5, Junio 2013 Págs.: 70–90, ISSN: 1853-354X
Florencia Jensen y Gimena Perret

Una aproximación al estudio de la participación política de la migración chilena residente en Buenos Aires:
luchas por el reconocimiento
y disputas por derechos
Florencia Jensen y Gimena Perret
Resumen

En el presente artículo, nos interesa articular algunas síntesis parciales respecto de la dimensión política de los procesos migratorios contemporáneos a partir del estudio de la experiencia migratoria en Argentina. Para ello, haremos hincapié en dos momentos concretos: por un lado, la migración política producto de la dictadura pinochetista (1973-1990) y, por el otro, la nueva migración económica-cultural que se puede registrar a partir de la década de 2000.

En la primera parte del artículo presentamos las características generales de la migración chilena hacia nuestro país, poniendo el acento en las migraciones mencionadas para luego describir y analizar —en clave comparativa— sus respectivas formas de organización, participación y demandas políticas y sociales. Finalmente, esbozamos algunas reflexiones.
Palabras claves: Chilenos en Argentina, Exilio, Migración económica-cultural, Prácticas políticas,Organización.
Abstract
Based on the case study of Chilean immigration to Argentina, this article presents a series of partial
findings concerning the political dimensions of contemporary migration processes. We focus on two
specific moments: first, the political migration spurred by Pinochet´s dictatorship (1973-1990);
second, the new economic and cultural immigration visible after 2000. The article summarizes the
main features of Chilean immigration to Argentina, highlighting the two cases mentioned in order to
analyze and compare their specific demands and forms of social and political organization, and
participation.
Key Words: Chileans in Argentina, Exile, Cultural and Economic Migration, Political Practices,
Organization.
Recibido el 30 de abril de 2013. Aceptado el 29 de mayo de 2013

Presentación1
En el marco de la VIII Reunión de Antropología del MERCOSUR realizada en Buenos
Aires (2009) comenzamos a reflexionar acerca de la dimensión política de los procesos
migratorios contemporáneos que, en la última década, ha comenzado a cobrar importancia
y despertado interés en el campo de los estudios migratorios.2
Cientistas sociales latinoamericanos (Calderón Chelius, 1999, 2004; Halpern, 2009, 2011;
Feldman-Bianco, 2011) han propuesto novedosos abordajes teóricos intentando mostrar —
desde una perspectiva cualitativa— el modo en el que diversos grupos y colectivos de
migrantes hacen política y llevan adelante procesos de organización centrados en la lucha
por el reconocimiento como ciudadanos plenos de derecho (Halpern, 2011); tanto frente al Estado del país de origen como al de destino. Es así que, entre otras cuestiones, destacan cómo el derecho al voto en el exterior o a la doble nacionalidad se han convertido en ejes estructurantes de las reivindicaciones por derechos de ciudadanía que se impulsan desde las distintas instancias organizativas de los migrantes (centros de residentes, asociaciones,federaciones, foros, congresos, etc.). En efecto, dichos abordajes han remarcado el creciente interés que muchos colectivos de migrantes muestran por lo político y la política (Mouffe,2009) en un continuum espacial que supera —o pretende hacerlo— los estrechos márgenes estatales nacionales. Por lo que se destaca el hecho que sus prácticas y acciones colectivas están dirigidas no sólo a desafiar los límites que le impone la estructura social y jurídica de la sociedad de destino —negociando principalmente con las instituciones locales—, sino que trascienden los límites de las fronteras nacionales al negociar con sectores de la comunidad política del país de origen (Domenech, 2008).

En el presente artículo, nuestro interés está centrado en articular algunas síntesis parciales a las que hemos llegado a propósito del análisis de la dimensión política de los procesos migratorios contemporáneos, a partir del estudio de la experiencia migratoria de ciudadanos chilenos residentes en Argentina.

Para ello, consideramos necesario presentar
las características generales de la migración chilena hacia nuestro país, haciendo hincapié en dos momentos concretos: la migración producto del exilio en el contexto de la persecución y represión política llevada adelante por la dictadura pinochetista (1973-1990) y la ‘nueva’ migración económica-cultural a partir de la década del 2000.

Luego,describimos y analizamos sus formas de organización, participación y demandas políticas y sociales para, finalmente, esbozar algunas reflexiones finales.
Chilenos en Argentina: entre el exilio político y la migración económicacultural
(1973-2012)3
Los movimientos migratorios hacia ambos lados de la Cordillera de los Andes han estado
presentes en la historia de ambos países, incluso mucho antes de la constitución de éstos
como Estados-Nación.4 En términos generales, entre fines del siglo XIX y hasta la primera
mitad del XX, la migración chilena mantuvo un patrón migratorio hacia la Argentina que
se dirigió en su mayor parte hacia las zonas fronterizas de la Patagonia y Cuyo (Lvovich y
Cerruti, 1993; Trpin, 2004). Si bien la migración chilena es la más antigua históricamente
dentro de los colectivos de migrantes limítrofes en nuestro país y, en algún momento la
más numerosa también, en las últimas décadas ésta ha sido ampliamente superada por la
paraguaya y la boliviana5. Hecho que en parte se explica tanto por la transición
democrática que vive el país trasandino durante la primera mitad de la década del ‘90
como por la reactivación económica que protagoniza durante ese período. Más adelante
volveremos a hacer mención de ello.
Mattosian (2006) y Giusti (2005) muestran que hasta el año 1947 aproximadamente, tanto
la crisis económica internacional de 1930 (su impacto en nuestro país y en general en
Latinoamérica) como los cambios propios de la Argentina de esos años (especialmente el
comienzo de procesos de industrialización creciente, la expansión de actividades agrícolas
3 Parte de lo esbozado en este apartado ha sido trabajado en la tesis de doctorado de una de las autoras
(G. Perret, 2012).
4 Sin dudas, las características que asumen dichos procesos no son las mismas. Hablar de la migración de chilenos-as hacia Argentina no es lo mismo que hablar de la migración argentina hacia Chile. Como así también, las características que asumen las migraciones consecuencia del exilio político no son las mismas de aquellas migraciones hacia la Patagonia, ni muchos menos la migración chilena de laúltima década hacia la ciudad de Buenos Aires.
5 En Halpern, 2009, p. 86, se puede ver un cuadro de elaboración propia en base a INDEC 1997 y a
INDEC 2004, donde estos cambios se tornan evidentes en términos cuantitativos. Asimismo, de acuerdo a los datos del Censo 2010 la comunidad boliviana registra un total de 345.272 personas nacidas en Bolivia residiendo en Argentina, la comunidad paraguaya (siendo la más numerosa) registra un total de 550.713 ciudadanos residiendo en el país, mientras que la comunidad chilena es la
tercera comunidad con un total de 191.147 personas de origen chileno residiendo en Argentina a zonas no pampeanas y el impulso de las economías regionales), tienen efectos no sólo sobre la migración chilena en particular, sino sobre las migraciones internacionales en general.

La crisis de 1930 pone cierto límite a la migración trasatlántica que sólo se reactiva
durante la segunda posguerra (entre 1945 y 1958), para luego decaer definitivamente. De
este modo, se produce en forma simultánea una intensificación de las
migraciones/desplazamientos internos, en su mayor parte campesina de la zona
pampeana hacia el Área Metropolitana de Buenos Aires (que continuará hasta la década
del ’90) atraídos por el crecimiento industrial y del sector terciario o de servicios, como
también el comienzo del aumento de la migración de países limítrofes como Paraguay,
Bolivia y Chile (Benencia, 2009; Cacopardo, 2005; Matossian 2006).
Lo que nos interesa destacar de la migración chilena de esos años es que deja de ser sólo del tipo rural-rural para ser también del tipo rural-urbano. En este sentido, si bien las provincias patagónicas siguieron absorbiendo la mayor cantidad de migración chilena, se observa un progresivo crecimiento de chilenos en la provincia de Buenos Aires.
En la década del ‘70 y, especialmente durante los 17 años de dictadura militar en Chile
(1973-1990), se produjo una migración forzada de alrededor de 110 mil chilenos que
llegaron a la Argentina tanto por la represión y persecución sufrida durante esos años de terrorismo de Estado, como por el desmantelamiento parcial de la economía interna que se había conformado en los años anteriores -dada por el deterioro de la distribución del ingreso como consecuencia de las privatizaciones, los efectos de la nueva legislación laboral, los cambios en el sistema tributario y el aumento de las disparidades urbano rurales
(Lischetti, 2003; Moulián, 2004).
Consideramos que es en este contexto cuando se produce un quiebre del patrón migratorio chileno, no sólo porque se duplica la cantidad de población que abandona el país, sino porque se diversifican los motivos, los lugares de destino y procedencia y el perfil del migrante.
A la Argentina, lugar de destino histórico de la migración chilena desde fines del siglo
XIX, se sumaron otros como ser Canadá, México, Costa Rica, Ecuador, Francia, Italia,
Suecia, Holanda y Australia, países que dieron facilidades para radicarse y asilo político6.
6 Vale la pena destacar también las posibilidades de asilo político ofrecidas por la URSS y la República Democrática Alemana, países del llamado socialismo real, donde se asentaron principalmente dirigentes del Partido Comunista Chileno y del Partido Socialista respectivamente (Rojas Mira y Santoni, 2013).

Estados Unidos, Venezuela y Brasil también dieron facilidades en términos de
posibilidades laborales para la radicación de ciudadanos chilenos, en especial desde fines
de la década del ‘70 y comienzos de los ‘80 (Pereyra, 2000). A pesar de esta diversificación,
Argentina siguió siendo hasta bien entrada la década de los noventa el principal destino de la migración chilena, de hecho, de los 857.781 chilenos y chilenas y sus hijos que residen en el exterior, 429.708 lo hacen en nuestro país (DICOEX-INE, 2005)7.
Sin embargo, a diferencia de las décadas previas al golpe de Estado en Chile, las grandes
ciudades correspondientes a Mendoza, Ciudad de Buenos Aires y partidos del Gran
Buenos Aires pasan a ser los destinos principales8. A su vez, los lugares de procedencia de
quienes allí llegaban diferían de los de décadas anteriores: en un alto porcentaje provenían
de la región Metropolitana de Santiago y, en una proporción menor, de la Región V de
Valparaíso.
En lo que respecta a cambios en el perfil del que migraba como exiliado político y, en
menor medida, también económico, puede considerarse que el nivel de instrucción era
superior, en especial de los que se asentaron en Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos
Aires comparado con el resto de los chilenos de otras localidades y regiones del país
(DICOEX-INE, 2005; Giusti, 2005). Otro tanto ocurre respecto de los niveles de calificación,
en los que se observa que, en forma general, la migración chilena a la Argentina muestra
una alta proporción de personas que en Chile se desempeñaban en actividades que no
requerían mucha capacitación, hecho que se manifiesta en un porcentaje mayor para la
provincia de Neuquén, mientras que en la provincia de Buenos Aires se concentran
mayores niveles de calificación seguida por Mendoza (Giusti, 2005).
Cabe destacar que el cambio de perfil del que migraba por razones políticas no sólo estaba dado en relación con sus niveles de escolaridad y/o calificación laboral, sino por su ideología política, compromiso social y militancia político-partidaria desarrollada en
Chile. Las fuentes consultadas hasta el momento no son del todo claras y por momentos contradictorias respecto de la cantidad de migrantes cuyas razones migratorias se vinculan específicamente con la persecución política sufrida a partir de 19739. Estas muestran disparidades importantes respecto del número que se maneja en un rango que va de 40 mil a 100 o 200 mil migrantes políticos. Ahora bien, si tomamos en cuenta la información que nos ofrece el Registro de Chilenos en el Exterior (DICOEX, 2005), observamos que un 12,1% de los que migraron dice haberlo hecho por razones políticas (porcentaje que se acerca a las cifras oficiales que al menos desde mediados de la década del ‘90 maneja el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile).
7 Este número también incluye no sólo a los chilenos y chilenas que residen en nuestro país, sino a sus hijos nacidos en Argentina.
8 Para el caso de la ciudad de Mendoza, Alejandro Paredes (2007) ofrece un detalle de la cantidad de
chilenos que llegan a dicha ciudad entre 1973 y 1976 y muestra que en 1973 había un total de 13.700chilenos, mientras que en 1975 llegan a sumar 103.700 residentes chilenos.
9 Citamos algunas de las fuentes consultadas: FEDACh, Documento de La Plata, Mimeo, 1997; Círculo
Integración Chileno-Argentino (CICHA), “Estudio potencialmente aplicable en la República

Si tomamos en consideración los números oficiales, podemos decir que no es un porcentaje desdeñable, sobre todo teniendo en cuenta que en aquellos países que recibieron migrantes producto del exilio (Argentina, Canadá, México, Suecia, Francia, Australia,Venezuela, por nombrar los principales) se han desarrollado en las últimas cuatro décadas diversos procesos de organización política y social de los chilenos residentes en el exterior.
Procesos de organización que, nos interesará destacar más adelante, pusieron de
manifiesto prácticas y acciones colectivas que no se limitaron a la sociedad de destino sino
que remitieron también a la de origen.
A partir de los años ‘90 se empieza a observar una disminución del flujo migratorio de
chilenos a Argentina. Los diversos autores que hemos consultado confirman el mayor flujo entre 1970-1979 y 1980-1989 y su estancamiento hacia mediados de los ‘90.

El censo de 2001 muestra que en una década (tomando los censos de 1991 y 2001) hay una caída del 17%, calculada en 31.981 chilenos aproximadamente (Giusti, 2005)10. Sin embargo, siendo más precisas, lo que deberíamos plantear es que hacia mediados de la década del ’90 se producen dos fenómenos simultáneos: emigración y retorno. El primero, se debió fundamentalmente a la fuerte ola de inversiones chilenas en Argentina que favoreció el desplazamiento de profesionales y trabajadores calificados chilenos hacia nuestro país;mientras que al segundo podemos explicarlo teniendo en cuenta la influencia y atracción que implicó el fin de la dictadura en Chile, el comienzo de la transición democrática y las políticas públicas dirigidas a facilitar el retorno a Chile de exiliados y refugiados políticos
(Pereyra, 2000)11.
Argentina del proyecto de Ley <Del Sufragio de chilenos residentes fuera del país en las elecciones
para presidente de la República>”, La Plata, abril, 1997; Consulado General de Chile en Buenos Aires,
“Aspectos Demográficos de la Inmigración Chilena en Argentina”, Buenos Aires, Junio, 1998;
Consulado General de Chile en Buenos Aires, Revista 2Puntas, “Volver a ser chilenos”, año 1 N° 1,
abril, 2001 y DICOEX-INE, Chilenos: dónde viven y qué hacen los chilenos en Argentina, Ministerio de
Relaciones Exteriores e Instituto Nacional de Estadísticas, Santiago de Chile, 2005. Hemos también
tenido en cuenta, los datos que Pereyra (2000), Paredes (2007) y Rojas Miras y Santoni (2013) manejan
en sus trabajos.
10 En el Censo de 2010 puede observarse que dicha tendencia continúa, registrándose que entre el censo
de 2001 y el actual, alrededor de 21.280 chilenos ya no residen en nuestro país.

Con el regreso a la democracia, la Concertación de Partidos por la Democracia, con sus
medidas y políticas económicas (muchas de las cuales constituyeron una suerte de
continuidad de la política económica llevada a cabo durante la dictadura), logró posicionar
a Chile -al menos discursivamente- en el contexto regional como un país maduro
democráticamente y económicamente estable. Este supuesto éxito económico de Chile
transmitió la imagen de una rápida posibilidad de movilidad y ascenso social, la cual
podemos pensarla como parte de los motivos del retorno 12.
Si bien, como ya se dijo, la migración chilena a partir de los noventa comienza a disminuir,
a partir de fines de esa década y comienzo de la siguiente empiezan a registrarse nuevos ingresos que denominamos migración económica-cultural. Se trata fundamentalmente de migrantes jóvenes-adultos en edad laboral que, por un lado, observan a la Argentina como una posibilidad de realizar sus estudios de grado o bien continuar con estudios de postgrado y también ven, particularmente a Buenos Aires, como una ciudad que les ofrece una suerte de ampliación de horizontes culturales, donde se pueden desarrollar tanto en espacios profesionales como en ámbitos artísticos.

Esto se vincula con las transformaciones que se llevaron a cabo en el país trasandino durante la dictadura (privatización de la educación pública, coerción y disciplinamiento de la ciudadanía, entre otros) y cuyos efectos aún perduran.

Esta migración económica-cultural ha sido poco estudiada en cuanto
a sus perfiles, características, motivaciones, percepciones, representaciones.
La ‘nueva’ migración chilena hacia la Ciudad de Buenos Aires cuenta con modalidades de
inserción diferente a las de antaño. En efecto, hemos registrado que las redes de contacto a la que acuden los nuevos migrantes económico-culturales involucran las nuevas tecnologías de la información, creando por ejemplo redes de “Chilenos en Buenos Aires” donde se intercambian un sinfín de información, desde datos laborales, de vivienda, hasta de ocio y esparcimiento.

Más adelante volveremos sobre esto.
11 Cabe aclarar que al respecto tampoco hay datos precisos que nos permitan afirmar cuántos chilenos
(solos o con sus familias) retornaron a país, como tampoco una estadística de aquellos que intentando
el retorno a la patria una vez finalizada la dictadura, volvieron a emigrar por no encontrar condiciones
materiales suficientes (trabajo y vivienda principalmente) adecuadas para una vida plena (como
tenemos registrado a partir del trabajo de campo realizado), así como por motivos ligados al peso
simbólico y cultural del ex-exilio en el Chile de la transición.
12 A la vez que se produce el proceso inverso, inmigrantes de países limítrofes comienzan a llegar a
Chile.

En resumen, dos tipos de migraciones de momentos histórico-sociales marcadamente
diferentes y motivadas por razones que las distancian. Por tanto, nos interesa analizar a continuación las formas de organización política y social que ambas han impulsado en la Argentina, plantear sus diferencias pero también sus continuidades en un hacer político que parece coincidir en el locus donde ubican las demandas y reivindicaciones respecto de derechos políticos y sociales que los involucran y constituyen en tanto ciudadanos chilenos, independientemente del lugar donde residan.
Nuevos y viejos sentidos otorgados a la organización política y social de los
migrantes chilenos en Argentina
La migración del exilio chileno y los procesos de organización política
El derecho al voto en el exterior (la posibilidad de sufragar en las elecciones nacionales de
su país sin necesidad de trasladarse a Chile para hacerlo), a la doble nacionalidad (no
perder la nacionalidad chilena si se adopta la ciudadanía del país de destino) y a elegir y
ser elegido en las instancias políticas municipales y provinciales de la Argentina
constituyen un tipo de reivindicaciones por derechos de ciudadanía que resultan claves
para entender gran parte del proceso de organización de la migración chilena en nuestro país.

Reivindicaciones que se tornaron especialmente relevantes hacia mediados de la
década del ‘90 y que podemos vincular tanto con los procesos de recuperación
democrática en Chile como con la imposibilidad, para un gran número de chilenos en el
exterior, de retornar a su país.
Muchos de nuestros informantes, ciudadanos chilenos residentes en Buenos Aires,
participan y han formado parte de las comisiones directivas de la Federación de
Asociaciones Chilenas en Argentina (FEDACh) desde sus comienzos en el año 1996 hasta
la actualidad (y de centros y asociaciones de residentes de las ciudades de La Plata, Mar
del Plata y Buenos Aires), se reconocen en un “nosotros” común, en gran medida por
compartir trayectorias de vida y migratorias similares: muchos de ellos tuvieron algún
tipo de militancia política y social de forma más o menos orgánica en partidos
tradicionales de la izquierda chilena.

Algunos participaron como militantes de base y
“dirigentes medios” (como suelen denominarlos en Chile) del gobierno de la Unidad
Popular, migraron a la Argentina debido a la persecución política sufrida a partir del
golpe militar del 11 de septiembre de 1973, y tuvieron participación entre 1985 y 1990 en el
movimiento anti-dictadura conocido como “Chile Democrático”.

Los que no han tenido una participación orgánica en partidos de izquierda migraron en el contexto de la dictadura por ser simpatizantes del gobierno de Allende y/o por tener
alguna vinculación familiar con militantes sociales vinculados con el arte, el cine o la
literatura. Y si bien no participaron directamente en el movimiento anti-dictadura “Chile
Democrático” se vincularon con la problemática del exilio, por ejemplo a partir del refugio
dado en su hogar a quienes salían de Chile como exiliados o refugiados.
Para nuestros informantes el exilio significó, entre otras cosas, una ruptura con las
estructuras partidarias a las que pertenecían, que se debió, entre otras cosas, a la reflexión que la distancia posibilitó respecto del accionar y las características tanto de los dirigentes de los partidos a los que pertenecían (Partido Socialista, Partido Comunista, Movimiento de Acción Popular Unificado, Movimiento de Izquierda Revolucionaria, entre los principales) como del tipo de estructura verticalista y jerárquica de los mismos.

Para otros,no vinculados a estructuras partidarias, su estadía en la Argentina y las experiencias vividas en nuestro país posibilitaron una desnaturalización de situaciones de
subalternidad, clasismo y discriminación sufridas en Chile.
En función de ello, podemos trazar cierto vínculo con las características que asume desde
sus inicios la FEDACh (como parte del movimiento asociativo chileno tanto a nivel local
como internacional), los objetivos que se propone, el sentido de las prácticas colectivas, la
concepción de lo político que las orienta y el tipo de reivindicaciones que desde mediados
de la década del ‘90 hasta los años 2009 y 2010 realiza al Estado chileno para que
desarrolle instancias de vinculación política, social, cultural y económica con sus
ciudadanos en el exterior. Especialmente en lo que refiere a la resignificación de las
actividades culturales, sociales y deportivas que se venían llevando a cabo desde los
centros y asociaciones de residentes chilenos en el país, de modo tal de lograr elaborar o
producir un sentido otro “al juntarse”, al tipo de participación y a las actividades que
desarrollaban como migrantes.
El hecho de que nuestros informantes planteen que en un momento dado de su
experiencia migratoria, de organización y de participación en los centros y asociaciones de
chilenos residentes en Argentina, deja de ser suficiente que la acción común/colectiva
pase por juntarse a bailar la cueca13, tomar vino y comer empanadas de pino (de carne),
resulta significativo para pensar dinámicas nuevas que la migración chilena en la
Argentina pone de manifiesto a comienzos de la década del ‘90.

13 La cueca es una danza típica criolla que se baila también en otros países (Argentina, Colombia, Perú y
Bolivia), pero que en Chile ha tenido un mayor desarrollo (en 1979 fue declarada danza nacional). En
la mayoría de los centros o asociaciones de chilenos en Argentina y del mundo, cuando se conmemora
alguna fecha patria la cueca está presente. Hay muchos grupos folklóricos de cueca en nuestro país,
sobre todo en la Patagonia.
Retomando algunos de los autores que mencionamos al inicio de este trabajo, podemos
pensar que los vínculos existentes de la migración chilena con su país de origen dejan de
ser sólo exclusivamente de naturaleza nostálgico-tradicional, expresados a partir de la
celebración de fiestas religiosas o de aniversarios de fechas patrias. Si bien son instancias donde por lo general se produce la mayor asistencia y participación, también se empieza a constatar especialmente hacia mediados de la década del ‘90, el aumento de la presencia de agrupaciones y organizaciones nuevas que intentan darle otra impronta a las actividades que se realizan con el fin de recrear el vínculo y el sentimiento de pertenencia hacia el país de origen (Beck, 1998; Calderón Chelius, 1999).
En este sentido, y mirando más allá de la migración chilena, el papel de los centros o
asociaciones que conforman los migrantes en los que, si bien el principal elemento que
condiciona a los sujetos a formar organizaciones es buscar estrategias colectivas para
enfrentar la marginalidad y defender el derecho a conservar la identidad (es decir, que
tiene que ver con procesos de identificación y de pertenencia cultural), muchas veces se
proponen objetivos de otra índole que trascienden lo cultural entendido sólo como defensa
de tradiciones. Por ello, autores como Calderón Chelius o Pereyra, plantean que dichas
acciones o tendencias de las organizaciones de migrantes pueden considerarse como un primer paso para imaginar nuevas formas de pertenencia política en un espacio que rebasa el ámbito del Estado nacional.

A raíz de ello, y siguiendo a Moctezuma (2004), podemos
problematizar cómo la organización se va transformando de proceso social de identidad en participación e involucramiento político, produciéndose por esa vía una transmutación hacia la membresía activa de los migrantes 14.
Desde sus inicios, las actividades que comenzaron a organizarse desde la FEDACh
tendieron a nuclearse cada vez con mayor claridad alrededor de derechos de ciudadanía
como el voto en el exterior y la doble nacionalidad. Uno de los primeros documentos que
como federación elaboraron fue el que se le entregó al presidente chileno Eduardo Frei en
el año 1996, en donde quedaron formalizados los ejes de trabajo que vertebrarían parte
importante de sus prácticas políticas: el derecho a voto en el exterior, el derecho a la no
pérdida de la nacionalidad si se adopta la del país de destino 15, el derecho a la
participación e integración en los lugares de residencia y el reconocimiento de las
asociaciones y federaciones de residentes chilenos en el exterior como entidades
representativas de la identidad chilena.

14 Resulta interesante que a partir de ello el autor se refiera a la organización de los migrantes en tanto
sujeto social y político.

Ejes de trabajo a los que se fueron sumando otros
referidos a temas de previsión social y jubilatorios, compensaciones o reparaciones para el
exilio, reconocimiento y validación de títulos, apoyo a las iniciativas culturales
desarrolladas por las organizaciones de chilenos residentes en el exterior, entre otras que se irán reiterando en posteriores documentos y a través de encuentros nacionales y
binacionales (Chile-Argentina) que la FEDACh organiza desde 1997 16.
Parte de la novedad de estas reivindicaciones no se debe necesariamente al interés en sí
mismo por seguir participando e influyendo desde el exterior en la vida política y social de
Chile (que podemos rastrearlo en la actividad política que se realizó en el exilio a través de
lo que fue el movimiento Chile Democrático), sino más bien por (re)orientarlo hacia el
ejercicio de la ciudadanía política en el exterior o hacia la dimensión electoral de la
democracia, por simbolizar uno de los instrumentos fundamentales que en nuestras
democracias representativas permite a los ciudadanos influir sobre los procesos políticos.
Mirado desde otro ángulo, los procesos de construcción política de los chilenos residentes

15 Dentro de esta reivindicación, se exigía al Estado Chileno que se revisara el principio jus solis de modo tal de evitar que niños de padres chilenos nacidos en el exterior estén sin nacionalidad. Esto sucedía debido a que la nacionalidad chilena estuvo regida hasta el año 2005 (año en el que se realizan alrededor de 57 modificaciones a la Constitución Chilena de 1980, entre las que se encuentran algunas relativas a la nacionalidad) por el principio jus solis o derecho del suelo, que implicaba que se consideraba chileno a todo aquel que naciera en territorio nacional, sea cual fuere la nacionalidad de sus padres. Esto afectaba especialmente a muchos hijos de chilenos nacidos en el exterior, en particular a aquellos nacidos en países europeos que se regían por el principio jus sanguinis, por lo quemuchas organizaciones de residentes chilenos reclamaron que se estableciera el jus sanguinis o
“derecho de la sangre” hasta la segunda generación para evitar que en países donde no rige el jus solis la incompatibilidad de derechos dejara a sus hijos nacidos en el exterior apátridas. Cfr. “Los chilenos en el exterior. La Región de la nostalgia”, en Zona Pública, pp. 8-12, 2001.
16

A su vez, en los documentos que miembros de la FEDACh nos han facilitado de los años 1996 a 1999 pudimos observar que a las reivindicaciones en torno a la extensión de derechos políticos se incorporan otras más específicas vinculadas con la necesidad de una secretaría de Estado que se ocupe específicamente de la migración chilena, de una línea presupuestaria de apoyo a la organización e institucionalización de las agrupaciones de chilenos residentes en el exterior y la conformación de una nueva circunscripción regional que de acuerdo a la cantidad elija representantes en el Congreso
chileno. Algunos de los documentos analizados son: “Documento de trabajo entregado al Presidente de la República de Chile Eduardo Frei Ruiz Tagle”, FEDACh, Buenos Aires, 26 de abril de 1996;
“Documento de Punta Lara. III Conferencia Internacional de Chilenos en el Exterior. Derechos civiles
y políticos en la comunidad global”, FEDACh, Punta Lara, diciembre de 1997; “Carta al Presidente de
la República de Chile Eduardo Frei Ruiz Tagle”, FEDACh, La Plata, 23 de julio de 1998; Documento de
trabajo “Ciudadanos chilenos residentes en el exterior y su derecho a sufragio en elección de
presidente de la República”, FEDACh, La Plata, 11 de marzo de 1999; Documento de trabajo “Visita de
chilenos residentes en el extranjero”, FEDACh, La Plata, abril de 1999; “Segundo Congreso de FEDACh”, Bahía Blanca, diciembre de 2000; Folleto de presentación de la FEDACh “Provincia flotante de la emigración de la Región del Reencuentro”, 2001.

—como lo fue en 1996 la formación de la FEDACh—, y que tiene la particularidad de ampliar el sentido de lo político y de lo que se entiende por hacer política en la medida en que ya no
está circunscripto a la política partidaria o a una militancia de tipo partidaria. Es decir, un
sentido de lo político o de la acción política más amplio que no se reduce al ámbito político
partidario, sino que lo excede.
En el ámbito nacional argentino se fueron desenvolviendo distintas maneras de actualizar
lo político, implicando diferentes ámbitos donde desplegar una praxis política, un saberhacer
producto de sus trayectorias de vida y bagajes personales (Schugurensky y
Ginieniewicz, 2006). De este modo, podemos decir que se produce una continuidad y una
(re)actualización de la militancia política y social que muchos de nuestros informantes
desarrollaron en Chile antes del exilio y que, como nos han dicho en muchas
oportunidades, en la Argentina encontraron maneras de canalizarlas, es decir, de
actualizar lo político en el ámbito local nacional.
Parte de las discusiones que podemos darnos en relación con lo dicho en los párrafos
precedentes, y que en forma específica son formuladas a partir del trabajo de campo
realizado con migrantes del exilio chileno, podrían (al menos es lo que quisiéramos intentar)
ser problematizadas a la luz de la experiencia migratoria de lo que llamamos la migración
“reciente” de chilenos a la Argentina. A continuación presentamos, de forma exploratoria,
algunos de sus elementos constitutivos.
La migración reciente chilena en Argentina y la encrucijada de la participación política
Comenzamos este apartado diciendo que la ‘nueva’ migración chilena hacia la Ciudad de
Buenos Aires cuenta con modalidades de inserción diferentes a las de antaño. En este
sentido, las formas de organización y participación política así como las demandas van a
diferir de aquéllas que históricamente plantearon —y plantean— los migrantes del exilio
político. A pesar de la dificultad de contar con pocos antecedentes e investigaciones que
trabajen respecto de la migración reciente de chilenos en la Argentina, en este apartado
nos interesa plantear (tomando como punto de apoyo el trabajo de campo realizado hasta
Revista Temas de Antropología y Migración, Nº 5, Junio 2013 Págs.: 70–90, ISSN: 1853-354X
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el momento) una primera aproximación hacia las formas de organización que adquiere la
nueva migración chilena en la Ciudad de Buenos Aires17.
Se trata de una migración de población en edad económicamente activa que, de manera
independiente a la situación macroeconómica en que se encuentra Chile, decide migrar
hacia Argentina, particularmente hacia la Ciudad de Buenos Aires, por razones tanto
culturales-educativas como económicas. No se trata de dos categorías o motivaciones
separadas, sino que deben ser comprendidas como parte de un mismo proceso, o una
como consecuencia de la otra. Muchos jóvenes profesionales o estudiantes universitarios
entrevistados destacan el factor de gratuidad de la educación pública en Argentina como
un elemento disparador del proyecto migratorio; o bien que lo que en Argentina se paga
es considerablemente menor a lo que estarían obligados a pagar en Chile por la misma
educación. Por lo tanto, una razón económica se transforma en una motivación culturaleducativa.
Como se puede interpretar del fragmento que se presenta a continuación de la
entrevista realizada a una estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, se
identifican tanto la gratuidad como el ingreso irrestricto. No son factores menores, dado
que en Chile no sólo se requiere de dinero para acceder a la Universidad, sino que
depende del puntaje obtenido en la PSU18 qué tipo de carreras se puede estudiar y en qué
universidad.
“(…) Hay tanto desconocimiento de otros países en el mismo Sudamérica, no
tenemos idea quiénes son los otros, que la gente no tenía idea de que acá se
estudiaba gratis o que un extranjero se podía postular (…) Terminar la
Enseñanza Media la terminan en Chile y se vienen para acá con 18 años.
Porque a raíz de conocer que acá se estudia gratuitamente y sin la PSU, se
quieren venir. Es fuerte el cambio” (D., chilena residente en CABA).
“Claro, lo tenía pensado desde antes. Yo había viajado acá antes, un par de
veces, dos o tres veces… Tenía ganas de venirme a estudiar música popular,
17 En el marco de la investigación doctoral de una de las autoras, el trabajo de tipo cualitativo está
actualmente en curso. Hasta el momento ha realizado 30 entrevistas con chilenos de ambos sexos,
entre 20 y 35 años y que han migrado a nuestro país en la última década (2002-2012). Asimismo, se
han llevado adelante entrevistas informales con los coordinadores del grupo “Chilenos en Buenos
Aires” de la red social facebook y observación participante en distintos tipos de actividades.
18 PSU o Prueba de Selección Universitaria: “Las PSU son instrumentos de evaluación educacional que
miden la capacidad de razonamiento de los postulantes egresados de la Enseñanza Media, teniendo
como medio, los contenidos del Plan de Formación General de Lenguaje y Comunicación, de
Matemática, de Historia y Ciencias Sociales y de Ciencias. Esta última incluye a Biología, Física y
Química. Los candidatos deben rendir en forma obligatoria Lenguaje y Comunicación y Matemática, y
elegir entre Historia y Ciencias Sociales y Ciencias” (http://www.demre.cl/psu.htm).
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o sea, jazz, era lo que venía haciendo hace años. Y acá está esta carrera… hay
una escuela, que era la escuela de música contemporánea ¿viste? Una
escuela que tenía como un paralelo curricular con una escuela que hay en
Estados Unidos, en Boston, que se llama la Berklee (…) Pasó también que
cuando egresé de la Universidad también me quedé con ganas de estudiar
una especialización” (M., chileno residente en CABA).
Asimismo, el imaginario de desarrollo profesional en Argentina y, por tanto la capacidad
de superarse, está presente en los migrantes entrevistados. Por otro lado, las diferencias en
el ámbito laboral constituyen otra motivación para la migración. Para aquellos que llegan
por motivaciones estrictamente económicas o mejor dicho laborales, las diferencias en el
desarrollo en el ámbito laboral constituye otra motivación de la migración, planteándose la
brecha respecto de “el tiempo dedicado al ocio y no ´vivir para trabajar´ como allá”19. Es
decir, se valora o se representa la vida laboral en Argentina como un espacio más en la
vida de las personas y no como el único espacio de desarrollo.
“Me llevo bastante satisfacción con lo laboral. Así que me concentré
principalmente en eso y a partir del trabajo como que recomencé a construir
otro círculo de relaciones sociales, de amistades. De hecho ahora tengo un
círculo de amigos que principalmente tienen que ver con los lugares en los
cuales trabajé y un par que quedaron de la época de la Maestría” (J., chileno
residente en CABA).
Esto se relaciona con dos elementos principales, por un lado con cómo se representa, o
cómo éstos jóvenes representan a Buenos Aires, particularmente como ciudad cosmopolita
y con un estilo de vida que difiere al estilo de vida de la capital chilena. Y, por otro lado, se
relaciona con las transformaciones acontecidas en Chile en los últimos veinte años, es
decir, con el retorno a la democracia en la década del ‘90. Cabe señalar estos cambios para
poder contextualizar las representaciones que emergen en las entrevistas realizadas y en
las conversaciones informales llevadas a cabo.
“En relación a Buenos Aires en sí, Buenos Aires tiene una oferta cultural tan
importante como que te incita a desarrollar otros tipos de intereses, porque
está disponible la posibilidad de desarrollarlos acá” (J., chileno residente en
CABA).
19 Entrevista a chileno, 30 años, 7 años de residencia en Buenos Aires.
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Chile ha tenido importantes progresos materiales en el marco de los sucesivos gobiernos
de la Concertación de Partidos por la Democracia20. Ha mejorado considerablemente tanto
la infraestructura del país como los estándares de vida. Sin embargo, mientras algunos
autores plantean el ascenso en la calidad de vida de la población como una característica
esencial del modelo económico instaurado en Chile en base al crédito, otros plantean que
es ese mismo modelo el que instaura y permite el crecimiento como nunca antes en la
historia del país de verdaderas brechas sociales entre los que más y menos tienen. Los
Informes de Desarrollo Humano del PNUD (1998, 2000 y 2002) evidenciaron que existe,
junto a los logros y avances en materia económica, social y política, significativos grados
de desconfianza entre la población, tanto en las relaciones interpersonales como en las
relaciones de las personas con los sistemas estatales de salud, previsión, educación y el
mercado laboral. Desconfianza que se transforman en ciertos malestares culturales, los
cuales demuestran que los mecanismos de seguridad social que ofrece el actual modelo de
modernización resultan en gran medida insuficientes.
Por ello, entendemos a esta nueva migración económica-cultural en el contexto de una
búsqueda de perspectivas culturales y laborales, de forjarse nuevos horizontes en términos
artísticos, culturales, recreativos. En este sentido, observan a Buenos Aires como un lugar
que “lo ofrece todo”. En palabras nativas, uno de los entrevistados definió esta migración
como un nuevo “exilio cultural”, que se diferencia de aquél exilio político de los ’70, pero
que a la vez es causa y consecuencia de las políticas neoliberales implantadas en Chile
desde entonces.
Con todo, los procesos y el tipo de organización política y social que de forma incipiente
comienza a evidenciarse con la llegada de estos nuevos migrantes no se asemeja al tipo de
organización que construyeron (y construyen) los exiliados políticos chilenos. Lo que
podemos decir es que se desarrollan diferentes tipos de socialización entre connacionales.
Establecen vínculos afectivos y de amistad con otros migrantes con los que, según algunos
de nuestros entrevistados nos comenta, “se juntan (…) a tomar pisco y hablar mal de
Chile”21.
20 Que ha gobernado Chile entre 1990 y 2010, es decir, hasta las últimas elecciones presidenciales en las
que salió electo Sebastián Piñera, candidato del partido Renovación Nacional (que junto con la Unión
Demócrata Independiente conforman el sector más liberal, conservador-reaccionario de la vida
política del país).
21 Esta cita junto con las anteriores, forma parte de una entrevista realizada a chileno, 30 años, 7 años de
residencia en Buenos Aires.
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Estas reuniones sociales suelen ser en espacios privados o en bares de la ciudad. Estos
ámbitos de socialización también están atravesados por el uso de las nuevas tecnologías y
de las redes sociales como el facebook, donde podemos encontrar grupos que se conforman
y a los que se adhiere voluntariamente. Allí las informaciones que circulan principalmente
son respecto a los trámites para obtener la residencia temporaria y/o definitiva, respecto al
acceso a vivienda, eventos sociales donde se darán cita los chilenos para el festejo de algún
evento en particular, entre otros.
Resulta relevante que entre estos jóvenes no se percibe interés en generar espacios de
interacción con redes de contacto de las asociaciones de exiliados o con otros centros
culturales (deportivos), o bien con la Federación de Asociaciones Chilenas en Argentina
(FEDACh); más bien intentan mantenerse al margen aduciendo que “ellos se quedaron
pegados al pasado”. A partir de este tipo de afirmaciones hemos notado una suerte de
distancia entre el tipo de reflexividad de la que es objeto el para qué del juntarse con
chilenos en los procesos de organización política y social que estamos analizando. Cabría
ampliar y profundizar, en un ulterior trabajo, las tensiones que se ponen de manifiesto en
cuanto a los modos diferenciales de dar sentido a lo que se hace por parte de los ‘nuevos’
migrantes económico-culturales en relación con los anteriores modos de asociacionismo
(Baeza, 2005; Benencia, 2000; Mejía, 2007).
Algunas actividades que se llevaron a cabo durante el último año permiten esbozar a
modo de hipótesis cierto cambio en los modos de organización o, al menos, en las
motivaciones u objetivos del juntarse y en la posibilidad de realizar algún tipo de acción
política colectiva. En la coyuntura del surgimiento de las protestas y reclamos del
movimiento estudiantil chileno, que estalló en el año 2011 con huelgas generales, marchas,
toma de colegios y universidades en todo el país trasandino, y del cual se hizo eco gran
parte de la sociedad chilena como de los medios de comunicación en general22, emerge en
Buenos Aires un movimiento de estudiantes chilenos que deciden organizarse y generar
distintas acciones destinadas a: en primer lugar, apoyar al movimiento estudiantil en Chile
y, en segundo lugar, organizarse como movimiento estudiantil chileno en Buenos Aires.
22 Recordemos que el primer gran movimiento ocurrió en la primera mitad de 2006 cuando
aproximadamente seiscientos mil estudiantes secundarios chilenos reaccionaron frente a la
mercantilización de la educación. Para un análisis sobre la problemática educativa en Chile y la
movilización estudiantil, ver el artículo de Patricia Monsalve “Alguien tiene que pagar”. La rebelión
estudiantil ante la crisis educativa, en Mirtha Lischetti (coordinadora), Los conflictos sociales en el Chile
del siglo XXI. Nuevas expresiones de la lucha de clases, Biblos, Buenos Aires, 2012.
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La organización se autodenominó “Exiliados Educativos Chilenos”. Además de ir en
consonancia con las manifestaciones y acciones que lleva el movimiento estudiantil en
Chile, levantan reclamos y demandas al Estado chileno por considerarse producto de
aquéllos malestares culturales, sociales y económicos consecuencia de la aplicación de las
políticas neoliberales en Chile. Es decir, le imprimen un sentido a su migración en virtud
de cómo se ha desarrollado el país desde la dictadura de Pinochet en adelante.
“No pudimos encontrar en nuestro país lo que en Argentina sí.
Agradecemos esta oportunidad, ya que somos tremendamente
privilegiadxs al poder ser testigxs de un sistema educativo gratuito y
garantizado por el Estado. Desde esta posición, sabemos que la gratuidad
de la educación no pone fin a las desigualdades sociales ni deja de sostener
un modelo educativo elitista. Desde aquí, buscamos concientizar en torno a
la problemática del exilio educativo y contribuir al enriquecimiento del
debate y de las propuestas, respecto a la mercantilización de la educación en
Chile y en nuestra Latinoamérica (Asamblea Exiliadxs X la Educación de
Mercado).”23
Este párrafo es el manifiesto de la organización que figura en su página de Internet en la
red social facebook, desde donde se comunican y organizan. Esta organización lleva a cabo
diferentes prácticas, como ser asambleas (divididas en comisiones, los días sábados,
“Asamblea Exiliadxs X la Educación de Mercado”) en las que planifican y organizan las
diversas actividades y manifestaciones que se llevarán a cabo. Desde dichas asambleas se
convoca a quienes quieran participar en apoyo de las manifestaciones estudiantiles que se
realizan en Chile en reclamo por una “educación gratuita y de calidad” (eslogan de las
protestas). Las convocatorias son abiertas y se llevan a cabo en reuniones que se realizan
en un espacio público como lo es la Plaza Houssay (en el barrio porteño de Balvanera)
donde se discuten las acciones y estrategias que los chilenos y chilenas residentes en
Buenos Aires pueden llevar a cabo para apoyar al movimiento estudiantil en Chile.
En definitiva, no podemos decir que esta nueva migración, a diferencia de la de los ‘70,
tenga una organización estructurada y consolidada, lo que sin dudas responde y es causa
y consecuencia, del contexto en el que migran y las motivaciones de la misma. Sin
embargo, observamos que lo relevante actualmente en esta organización es, por un lado,
23 Extraído de https://www.facebook.com/AsambleaEstudiantilChilenosenBsAs
las ganas de participar y de visibilizarse en tanto colectivo que debió migrar a un país a
causa de políticas económicas y sociales propias de su país de origen, como asimismo, la
modalidad de organización bajo el formato asambleario y horizontal, realizado a partir de
convocatorias públicas y abiertas en espacios donde se discuten no sólo cuestiones más
coyunturales sino también de más largo alcance como ser, cuáles son los roles que deben
asumir en tanto “exiliados educativos”.

Resultado de imagen para exiliados chilenos en Argentina
Reflexiones finales
El artículo analizó y reflexionó sobre las modalidades de participación y organización
política de los migrantes, en particular, de colectivos de migrantes chilenos. Aquéllos que
migraron hacia la Argentina producto del exilio político de la década del ‘70 y la
migración más reciente de chilenos a la ciudad de Buenos Aires. Como se planteó en la
presentación, existe un creciente interés que muchos colectivos de migrantes muestran por
lo político y la política, en especial, del país de origen. No porque lo que suceda en
Argentina les resulte inocuo, de hecho, la experiencia de la igualdad en el acceso a ciertos
derechos, como la educación y el trabajo, como a un trato también “más igualitario” –
según nos han repetido en varias oportunidades algunos de nuestros informantes, en
especial, aquellos que han migrado como consecuencia de la persecución política sufrida
en Chile durante los años de dictadura-, pareciera posibilitar en ambas generaciones de
migrantes un repensar crítico de su propia sociedad de origen, de Chile, en especial, sobre
las relaciones asimétricas y de exclusión allí vividas. Como señala Marina Franco
parafraseando a Edward Said, “la distancia y el desarraigo ofrecen una alteridad que
permite comparar y tener otras experiencias que, al descentrar al sujeto de su entorno, le
permite realizar una auténtica tarea crítica” (2008: 284).
Por ello, destacamos el hecho que las prácticas y acciones colectivas de los migrantes no
sólo están dirigidas a desafiar los límites que le impone la estructura social y jurídica de la
sociedad de destino sino que trascienden los límites de las fronteras nacionales al intentar
“negociar” con sectores de la comunidad política del país de origen, o, al menos, intentar
que los consideren un interlocutor políticamente válido. Aunque sabemos, es complejo:
unos por cargar con el estigma de ser exiliados, los otros por su status de estudiantes y,
además, jóvenes. Sin embargo, tal vez allí radica parte de su potencial, ya que los espacios
contra hegemónicos que fomentan se fortalecen al “empujar la línea divisoria entre lo
admitido y lo soslayado del debate público” (Monsalve, 2012: 172).
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Intentamos destacar que, especialmente hacia mediados de la década del ‘90, se consolida
la presencia de agrupaciones y organizaciones nuevas —LA FEDACH es un ejemplo— que
procuran darle otra impronta a las actividades que se realizan con el fin de recrear el
vínculo y el sentimiento de pertenencia hacia el país de origen.

Con sus diferencias y especificidades, con lo embrionario e incipiente, la organización de los estudiantes chilenos en nuestro país también manifiesta una ruptura con estructuras partidarias rígidas y verticalistas, intenta una práctica colectiva aquí para influir también allí, en Chile,es decir, un tipo de acción colectiva transnacional en la que, además, explicitan la intención de pensar(se) más allá de lo inmediato o coyuntural.

Por ello, dichas organizaciones de migrantes pueden considerarse como un primer paso para imaginar nuevas formas de pertenencia política en un espacio que rebasa el ámbito de los Estados Nacionales.
Esperamos con este trabajo aportar al debate acerca de la participación política en
contextos migratorios y, de forma más general, a la denominada dimensión política de los
procesos migratorios contemporáneos.

1 Agradecemos los comentarios, sugerencias y aportes realizados por la Dra. Brígida Baeza en el
proceso de evaluación del artículo para su publicación. Las afirmaciones vertidas en él son, sin
embargo, responsabilidad de las autoras.
2 Las autoras de este artículo, sin conocernos, presentamos durante la VIII RAM (2009) trabajos
respecto de la migración chilena en Argentina, y durante el transcurso de la mesa correspondiente
intercambiamos opiniones respecto de la posibilidad de hacer un trabajo comparativo sobre los
distintos momentos de la migración chilena a la Argentina. Un intento en esa dirección fue el texto
“Migración chilena a la Argentina: entre el exilio político y la migración económica-cultural”,
publicado en Revista Sociedad y Equidad, n° 2, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, pp. 143-162, 2011.

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RELACIONADO

http://www.chilesomostodos.gov.cl/comunidades/fedach-federacion-de-asociaciones-chilenas-residentes-en-argentina/

 

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2 comments

  1. Hola Aqui en tu analisis, nos falta Nueva Zelanda, que tambien recibio refugiados de Argentina, cuando se avecinaba el genocidio

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