Apuntes a partir de lectura de Sherry Ortner y su libro “Antropología y teoría social. Cultura, poder y agencia”​.

Apuntes a partir de lectura de Sherry Ortner y su libro “Antropología y teoría social. Cultura, poder y agencia”.

 

Al inicio, Capítulo 1, ella plantea un tema importante que creo sigue vigente en la actualidad Chilena, lamentablemente. Y esta realidad consiste en  que no es común que la academia se abra no solo a investigar el espacio urbano y moderno sino el espacio virtual. Ese espacio, tal como lo urbano, es una experiencia común por lo cual al no existir un cierto nivel de exotización o de, como diría Gustavo Lins, descotidianización entonces la academia plantea – mediante el silencio – que no existe interés ni tiempo para plantear investigación en esa línea. Esto impide plantear la pregunta: ¿Y cómo se hace trabajo de campo en la virtualidad? Esta pregunta esconde por lo menos dos elementos fundamentales en el cual reflexionar: el cuerpo del saber-hacer en la antropología, y el cuerpo (del antropolog@ y su vinculación en el campo virtual (vuelta al escritorio). En el primer caso, los ritmos y desplazamientos del cuerpo son elementos claves en cómo nosotros, l@s antropolog@s, configuramos un modo de trabajo y de hacer las cosas en el trabajo de campo. El pensar el trabajo de campo desplazarse y viajar al campo, anotar, conversar cara a cara, angustia, salirse del campo y volver a entrar para configurar el cierre, relación con el material recogido y de segunda mano, etc. son elementos que constituyen en un ritmo investigativo frente al cual existe una experiencia a la cual podemos aludir y que, paralelamente, configura un referente que, paradojalmente, legitima y revalida UN modo de hacer las cosas pero deja poco espacio para poder imaginar otras formas, que no necesariamente deben estar configuradas y establecidas de antemano para poder plantear un modo alternativo o complementario del quehacer antropológico.

Esto no es fácil a medida que las transformaciones estructurales que, a la luz de la globalización, no solo afecta al estudiado sino también al estudioso y el reconocer esas transformaciones (cosa que no ha ocurrido) implica pensarse (en el caso de la virtualidad) qué implica una cierta “de vuelta al escritorio” a medida que estar en el espacio virtual implica dedicar tiempo frente a la pantalla del computador. ¿Qué implica el cuerpo del antropólogo en el escritorio cuando este ha estado, desde sus inicios, asociado a un cuerpo de normas del quehacer a un cuerpo en el espacio físico? Ahora, ese cuerpo se ubica – con la virtualidad – en un lugar distinto: estar sentado, sin desplazamiento. George Marcus plantea justamente que el antropologo debería seguir – desplazarse – en los flujos globales y que el nuevo trabajo de campo es el permanente desplazamiento y no la actuación geolocalizada en una comunidad supuestamente aislada (tal como lo plantea el funcionalismo clásico). Lo que planteo aquí no está en contra-posición ni es contrario a esta afirmación sino plantea un modo complementario del trabajo de campo, incluyendo el desplazamiento por las cadenas de flujos globalizadas pero también sumergirse en la virtualidad porque este que entrega muchos elementos del sujeto de estudio y que implica, físicamente, un modo estacionario de ligarse con una dimensión social.

Y en relación a las masculinidades en Chile hoy hay una relativa ausencia de discurso entorno la masculinidad hegemónica como tal. Ciertamente, la postura contra-hegemónica tiene una presencia, e incluso está sobre-representada pero el punto aquí es plantearse que se investigue desde la masculinidad hegemónica, y no solo en contra de las masculinidades hegemónicas. Incluso plantearlo en plural se hace muy poco dado que el singular es, incluso en términos cognitivos, más fácil relacionarse con una contraparte: un enemigo claro y preciso. Se usa, generalmente, el discurso en contraposición a la masculinidad (heterosexual) hegemónica sin embargo no se habla desde la masculinidad hegemónica, porque justamente esta última tiene un lugar de “vacío de antagonismo”. Ortner habla, en el cruce de género con clase, que se genera un “excedente de antagonismo” para plantear, en el plano discursivo, como se relaciona ambas dimensiones. Desde el axioma del estructuralismo que la relación social es binaria. En el caso de la/s masculinidad/es este binarismo ha hecho que se hable desde la victima pero no abre la posibilidad de hablar desde adentro de la masculinidad hegemónica, del mundo de privilegios, que es un lugar hoy poco común, y crítico ( en tanto un lugar problemático y no como contra argumentación a una posición o discurso). Lo que impide hablar desde las masculinidades hegemónicas, en el plano discursivo, porque los agentes (nosotros) están situados en un “vacío de antagonismo” y eso no permite configurar un discurso porque necesita su contraparte y de ahí la eficacia del capitalismo (parece), ya que fragua la contra-parte (discursiva) y no permitiendo  la emergencia de un discurso alternativo. Aunque esto no debiera condicionar, el discurso anti o contra-patriarcal, el quehacer de las masculinidades alternativas. La cultura tiene sus mecanismos operativos, más allá del capitalismo, y es importante comenzar a considerar los elementos que inciden no solo desde la contingencia y coyuntura sino de manera estructural.

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