Dictadura

Lugares de memoria de la Dictadura en Chile. Memorialización incompleta.

Lugares de memoria de la dictadura en Chile Memorialización incompleta en el barrio Cívico de Santiago

  • Autores: Roberto Fernández
  • Localización: Bitácora Urbano-Territorial, ISSN-e 0124-7913, Vol. 1, Nº. 25, 2015 (Ejemplar dedicado a: La ciudad y el hábitat en el posconflicto en Colombia y el mundo)
  • Idioma: español
  • Resumen
    • Desde el regreso a la democracia en 1990, la memorialización del espacio público en Chile mediante la construcción de lugares de memoria ha sido una forma de abordar tanto la reparación simbólica a las víctimas, como la instalación de una cultura del “Nunca Más” que asegure que no se repitan los atropellos a los derechos humanos ocurridos durante la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990).
    • Como señalan diversos autores, la memorialización del espacio público a través de los lugares de memoria ha tenido avances notables. Sin embargo, en el presente artículo se sostiene que este proceso de memorialización ha sido parcial e insuficiente en el barrio Cívico  de Santiago de Chile porque no condice ni con su relevancia como espacio público, ni con los hechos ocurridos ahí durante el golpe de Estado.
    • Para fundamentar esta interpretación, se analizan las intervenciones urbanas realizadas por el gobierno central en ese entorno y se proponen algunas hipótesis que permiten comprender las causas de dicha memorialización incompleta.

ARTE ARCHIVO Y DERECHOS HUMANOS. Formulación proyecto huelga de hambre, 1977

ARTE ARCHIVO Y DERECHOS HUMANOS. Formulación proyecto huelga de hambre, 1977

“Los archivos han sido sacralizados y al mismo tiempo “desordenados” al poner en cuestión el canon,las instituciones y las historias construidas.
Ahora, como nunca antes, se constituyen en repositorios
desde el cual es posible escribir
otras historias.”

Andre Giunta, #Errata 1

La progresiva referencia al archivo como programa de producción en el arte contemporáneo, tiene una de sus condiciones más importantes en la necesidad de reflexionar la crisis del humanismo a la que nos enfrentan los acontecimientos y, más precisamente, los procesos históricos que se suceden desde el siglo XX hasta hoy. Acontecimientos y procesos que han puesto concretamente en entredicho la posibilidad de elaborar una historia que, al modo de una narración, permitiera comprender lo que ha sido el devenir de los pueblos. En este sentido las artes visuales se constituyen como un campo dialógico de exploración y proliferación de lenguajes, en donde éstos –los lenguajes– representan no solo la posibilidad de nuevas lecturas con respecto al archivo, sino a su vez, la reactivación de los mismos, bajo diversas operaciones visuales y de montaje de lo contenido en el corpus del archivo, así como señala Graciela Carnevale: “Mostrar el archivo es una forma de compartir con los otros. Es un espacio de diálogo, un espacio en el que unos escuchan a los otros e intercambian perspectivas y preguntas sobre su propia práctica. Entendiendo el archivo como un espacio abierto en el que uno contempla, discute y debate. Lo concibo como un proceso, como algo incompleto que es reforzado por cada nueva experiencia del presente.

“Los desastres que marcan este fin del milenio son también archivos del mal; disimulados o destruidos, prohibidos, desviados, «reprimidos». Su tratamiento es a la vez masivo y refinado en el transcurso de guerras civiles o internacionales, de manipulaciones privadas o secretas. Nunca se renuncia, es el inconsciente mismo, a apropiarse de un poder sobre el documento, sobre su posesión, su retención o su interpretación. ¿Más a quién compete en última instancia la autoridad sobre la institución del archivo? ¿Cómo responder de las relaciones entre el memorándum, el indicio, la prueba y el testimonio?”(Derrida, Mal de Archivo)

Los archivos sobre derechos humanos en Chile producidos por el Estado, son en la actualidad archivos cerrados y parcialmente clausurados, sobre ellos se han aplicado leyes de secreto y de seguridad. Los archivos sobre este tema de los cual se disponen, han sido producidos por iniciativas ciudadanas sin contraparte. Esta falta de contraparte ha consignado a estas historia como <>, por ende subjetivas, haciendo que la inscripción en la denominada historia con mayúscula, les haya sido negada por muchos años.

Podríamos decir que las operaciones sobre el archivo desde el campo del arte generan la posibilidad de su inscripción en un espacio para el cual no estaba pre-consignado. Los archivos olvidados, los archivos disfuncionales, los archivos secretos han sido problematizados sistemáticamente desde el campo del arte. Voluspa Jarpa con su obra Minimal Secret, expuesta en la feria Arco de Madrid, problematiza los archivos desclasificados y tachados de la CIA sobre Chile, mediante el desplazamiento del archivo, la puesta en escena de su tachadura y por ende de su clausura, es que se deja ver los fragmentos incompletos de una historia que no se puede contar. Rosangela Rennó, artista brasileña, realiza en 2013 la obra llamada A0I [COD.19.I.I.43] – A27 [S | COD.23], este trabajo en forma de libro, pone en montaje la investigación realizada por Rennó en relación a las fotografías robadas del archivo fotográfico de la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, en donde lo expuesto son el registro de las cajas vacías en donde debían estar las fotografías y algunas de las imágenes que fueron devueltas. La fotografía expuesta al revés señala los daños sufridos por el robo, zonas despegadas, intentos de borroneos etcétera. Rennó nos expone ante el archivo abandonado como síntoma de una sociedad sin memoria en donde el símbolo de esa desmemoria es el cuerpo vacío del contenedor del archivo y el cuerpo herido de la fotografía. Las operaciones visuales tanto de Jarpa como Rennó, nos hablan de la exploración crítica de la función del archivo en relación a la memoria de los pueblos, memoria clausurada y memoria usurpada. Lenguajes que dentro de las artes visuales son capaces de generar una nueva circulación crítica re-definiendo la figura del Arconte, (Derrida) como el que maneja la Ley y por ende el capital político del archivo.

Los archivos de la represión en Chile son los documentos no inscritos en la historia de los vencedores, éstos han sido consignados en lugares específicos de la sociedad chilena como es por ejemplo el Museo de la memoria , este espacio escenifica lo innombrable, lo inasible del horror de la violencia de Estado en dictadura, exponiendo al espectador ante la incapacidad de comprender toda esa violencia ejercida sobre el cuerpo colectivo de muchos.

Los archivos han sido consignados e inscritos desde lo escrito, desde el documento, dispuesto en innumerables cantidades, ordenados bajo lógicas que segmentan los acontecimientos de la dictadura en descriptores, categorías y tipos normalizados para permitir su lectura –tipo de documento, fondo familiar, listas de víctimas reconocidas por el Estado (Rettig y Valech)v, hitos de la dictadura, etc – Esta normalización que permite la lectura del archivo es a su vez la construcción de su diseminación.

Lo escrito como lo inscrito en el archivo permite pensar en lo no-inscrito en el archivo, en donde lo escrito en forma de documento es lo que certifica un acontecimiento como permanente. Lo no-inscrito vendría a ser eso que no se puede certificar, lo impermanente, el testimonio, lo hablado, la experiencia personal con respecto a un acontecimiento, “El deber de la memoria no se limita a guardar la huella material, escritura u otra, de los hechos pasados, sino que cultiva el sentimiento de estar obligados respecto a estos otros de los que afirmaremos más tarde que ya no están pero que estuvieron.Pagar la deuda, diremos, pero también someter la herencia a inventario” (Ricceur)

En 1977 la agrupación de familiares de detenidos desaparecidos inicia una serie de hechos que marcaron el comienzo de una nueva etapa en la búsqueda de justicia para las víctimas de la dictadura. La huelga en la Cepal viique duró 9 días, dispuso de los cuerpos en colectivo para la resistencia del mismo como protesta ante la violencia del Estado, exigiendo una respuesta sobre el paradero de los familiares desaparecidos, “24 mujeres y 2 hombres de la agrupación de familiares de detenidos desaparecidos iniciaron una huelga de hambre con el lema “mi vida por la verdad” en la Sede de la Cepal de Santiago, allí desplegaron un lienzo de diez metros de largo que proclamaba: “Por la paz, por la vida, por la libertad, los encontraremos” . Y aseguraron que no saldrían de ahí hasta que Pinochet se comprometiera a responder por los desaparecidos” . Otros familiares de la Agrupación entregaron una nota a 16 medios de comunicación, también repartieron volantes en las calles, pintaron murales, organizaron misas y hubo en su apoyo declaraciones de abogados, personalidades políticas y sociales, un grupo amplio de intelectuales y decenas de federaciones sindicales”.

La huelga de hambre en la Cepal, es el punto de partida en el despliegue de nuevas estrategias y acciones colectivas en el ámbito de la resistencia y denuncia contra la dictadura militar, en donde “el cuerpo es también lugar de resistencia cuando se vive como primer espacio de soberanía”. El cuerpo afectado por el hambre, el cuerpo como uno subversivo, que hace uso de la decisión de no ejercer una acción de violencia externa sino de la internalización de ésta para manifestarse, es sólo su propia inapetencia el actor de la acción silenciosa. La acción, es su aparente no-acción, ya no solo existen cuerpos individuales, sino que el acto mismo de la no acción se vuelve un solo cuerpo, uno colectivo donde se pierden las individualidades, “si hay algo en común a regímenes políticos autoritarios y semi democráticos, sea de la orientación ideológica que sean, es el hecho de que tienden a acallar al oponente y sus ideas- con la praxis que generan- a través de atacar su(s) cuerpo(s). ¿por qué? quizá porque, como ha dicho Milanés, las ideas no se pueden apresar. Las ideas no son cosas materiales, sino abstractas. Por lo tanto, fluyen libremente, en la medida en que son verbalizadas, escritas o divulgadas a través de un acto del cuerpo de carácter mensaje-simbólico (negarse a comer, por ejemplo, en una huelga de hambre). La Huelga de hambre en la Cepal no recibió respuesta, los cuerpos agotados de los huelguista tras nueve días de inanición detienen la acción, sin embargo ésta inaugura una serie de huelgas de hambre venideras que pondrán a la dictadura enfrentada ante el mundo mediante estrategias cada vez más globalizadas de los huelguistas.

Bitácoras, cartas, notas de prensa, una fotografía, listas, etcétera, es lo que contiene en la actualidad el corpus archivado de la huelga, segmentado bajo las lógicas del archivo, diseminando su noción inicial de un cuerpo concebido como uno sólo en lo colectivo, donde lo escrito es lo inscrito en el archivo, su documentación , dejando en estado de latencia lo impermanente como la potencia real del archivo, su lectura.

Su potencia real radica en la reactivación de lo que hemos denominado la letra muerta en el archivo, como un acto que trae al presente un hecho del pasado a través de lo oral que está contenido en él . Las Yeguas del apocalípsis en 1993 , realizan en protesta por la ausencia de políticas concretas de justicia por parte del gobierno de Aylwin frente a las violaciones a los derechos humanos , la performance Tu dolor dice: Minado. En un ex centro de detención ilegal en calle Belgrano –Santiago– Lemebel y Casas realizan la lectura performática de la lista de los detenidos desaparecidos reconocidos por el Estado de Chile y publicados en el informe Rettig, la lectura se efectúa dando la espalda al espectador , en donde las espaldas desnudas de Lemebel y Casas presentan al cuerpo expuesto como imagen anónima del mismo, mientras tanto la lectura trae a presencia mediante el sonido al nombre del desaparecido , reactivando la letra muerta del archivo mediante lo efímero de la voz y su puesta en escena. La lista del archivo es reactivada mediante la performatividad de la voz y su puesta en escena, ya no son nombres pertenecientes a una estadística del horror, sino que son sonidos concretos de la realidad del horror. La acción realizada por Lemebel y Casas dispone de parte del archivo –la lista– haciendo cruces entre archivo, cuerpo y performance.

Surge entonces la interrogante de buscar un elemento transversal entre una huelga de hambre y un acto performático más que el mismo cuerpo; donde el acto performático según (*) Richard Schechner parte por hacer una diferencia fundamental para entenderlo, algo es performance o algo se puede entender como performance. Podríamos decir que la incidencia de la violencia sobre el cuerpo colectivo así como sobre el cuerpo individual trasciende los territorios primariamente pactados y así como la Huelga de hambre puede ser vista como una performance, la acción de Lemebel y Casas puede ser vista como un acto político, como señala Suely Rolnik: “Lo que lleva a los artistas a agregar lo político a su investigación poética es el hecho de que los regímenes autoritarios entonces vigentes en sus países inciden en sus cuerpos de manera especialmente aguda, pues afectan su propio quehacer, y es así como viven al autoritarismo en la médula de su actividad creadora. Se asocia así el impulso de la creación al peligro de sufrir la violencia por parte del Estado, que puede ir desde la prisión hasta la tortura y llegar incluso a la muerte; dicha asociación se inscribe en la memoria inmaterial del cuerpo: es la memoria física y afectiva de las sensaciones de dolor, miedo y humillación.”

Las huelgas de hambre son vistas como una política del cuerpo ejercida en contra de la represión, el cuerpo de lo político opera como actos vitales de transferencia, transmiten el saber social, el sentido de identidad y la memoria a partir de acciones reiteradas. “Constituyéndose como performance mediante su archivación”, así el proceso de archivo puede caracterizarse de algún modo como un acto performático, su reactivación en la inversión de su escritura, en donde la reescritura del archivo está dada por el sonido de su lectura y la lectura de su sonido vendría a ser el capital político de lo inmaterial/oral.

Texto perteneciente a parte del proyecto de investigación y creación sobre la huelga de hambre de 1977.

¿DE QUÉ ESTAN HECHAS LAS MEMORIAS?

Sergio Rojas.

Si no hay oído para el dolor,no hay oído verdadero para nada” Carlos Cerda: Una casa vacía.

Pongamos en cuestión la subordinación de la memoria a la historia, dictada por un sentido común demasiado acostumbrado a las “efemérides patrias”, cuando se consideraba que el pasado debía ser ante todo un objeto de conocimiento, y en donde –de acuerdo a este supuesto- los documentos permitían ante todo comprender el devenir de los acontecimientos (exhibiendo en ello el proceso que nos habría conducido hasta el presente). Si se considera a la memoria sólo como un medio para recuperar el pasado y consensuar una historia, ésta debe exhibir, en primer lugar, indiscutibles acontecimientos centrales, también acontecimientos secundarios cuya disposición en el relato podría variar, y luego todo un régimen de detalles y anécdotas retóricamente pertinentes, pero prescindibles en relación a lo que se considere habría sido lo verdaderamente medular. Y lo mismo habrá de ocurrir con los protagonistas de esa historia: algunos personajes centrales, otros secundarios y… los demás, la mayoría, aquellos que se limitaban muchas veces sólo a “aparecer”, desde el fondo, anónimos, olvidables.

Pero, ¿qué sucede si los acontecimientos de horror que cierta memoria trae al presente resisten el ejercicio de la comprensión disciplinaria, no porque la historiografía no pueda pronunciarse científicamente acerca de ellos, sino porque se nos impone ante todo lo que esos hechos tiene de inaceptables y, por lo tanto, de incomprensibles? Se trata de acontecimientos excepcionales, no sólo porque vulneraban en cada caso la dignidad de la vida, los derechos de las personas, las condiciones básicas de la comunidad, sino porque algo en ellos impide inscribirlos en una historia que los haga pasar en el tiempo. Esta memoria se va constituyendo entonces en el cuerpo de un pasado que no pasa, que no se marcha “hacia el pasado”. Se trata de la memoria de lo que permanece. Es por esto que un museo de la memoria no es un museo de historia. En efecto, la historia –como disciplina- dispone en general la posibilidad de conocer lo que sucedió; la memoria en cambio responde a la necesidad de tener presente lo que sucedió. Entonces la narración historiográfica estalla, y su contenido (es decir, el pasado que esa narración maestra contenía) ahora se disemina, y lo contingente, lo anecdótico, lo accidental, junto con los actores “secundarios” y también los otros –los que ni siquiera como derrotados aparecían- ahora emergen, constituyendo el cuerpo rizomático de una memoria inédita que reclama derechos sobre el presente. Esta es la memoria que la exposición “Acumulación breve” se ha propuesto poner en obra.Hacia fines de los 90’ la académica de origen rumano Marianne Hirsh, elaboró el concepto de pos memoria para referirse al modo en que acontecimientos de magnitud histórica caracterizados por el horror, están presentes en la memoria de generaciones posteriores a la de aquellos que los padecieron directamente. No se refiere este concepto sólo a las “memorias de los hijos”, sino al proceso social y cultural de construir un pasado común. Se define como “una forma híbrida de memoria, que se distingue tanto de la memoria personal (por la distancia generacional), como también de la historia (por una profunda conexión personal)”. Existe por lo tanto clara conciencia de que se trata de una memoria en que los órdenes y sentidos posibles de los elementos heteróclitos que la constituyen han de ser en cada caso elaborados, para poner en el lenguaje un pasado cuya demandante intensidad no se deja resolver de manera unívoca. Se trata de responder a la exigencia de, literalmente, hacer memoria, en un proceso en el que reconocemos la investigación, los hallazgos fortuitos, lo testimonial, las operaciones tropológicas con el lenguaje (metáfora, analogía, sinécdoque), la producción objetual de ideas. En “Acumulación breve” no se trata simplemente de ocuparse de la memoria desde el arte, al modo de un tema, sino de una reflexión –a la vez conceptual, estética y emotiva- acerca de nuestra necesidad epocal de hacer memoria, trabajando con los vestigios de una devastación cuya gravedad se hunde en el presente del olvido, la ignorancia, la indiferencia o incluso en la pulcritud procedimental de las ciencias del pasado.Alguna vez nos hemos preguntado ¿de qué están hechos los recuerdos? Y entonces reflexionamos, por ejemplo, si acaso comienzan a extinguirse primero los sonidos y luego siguen las imágenes o tal vez ocurra al revés. En “Las cosas segregadas” Isidora Gilardi se pregunta ¿de qué está hecha la memoria? Las imágenes y las palabras del pasado, aunque cargadas de significados y afectividad, permanecen también como cosas entre nosotros, porque el soporte de esas imágenes y palabras está hecho de vidrio, madera, papel, metal. El cuerpo de los vestigios exhibe en cada caso los procesos de degeneración que son propios de la materia. Alejados de la

Producción de la obra

Siguiendo los conceptos mencionados, se articuló una obra que reflexionara sobre el cuerpo y el archivo como lenguaje desplazado hacia la idea y puesta en montaje de la poética de lo impermanente-efímero, objetivado principalmente, en la voz y el cuerpo como recurso sonoro y evocador.

Una de las primeras operaciones para la producción de la obra fue la construcción de un meta-archivo sonoro a partir de la generación de tipologías sonoras devenidas de la re-fragmentación de algunos documentos depositados en el archivo del Museo de la Memoria y de las entrevistas a las participantes de la huelga, además de la producción de palabras claves sacadas de los documentos mencionados. A partir de estas tipologías sonoras  se produjeron diferentes cadencias sonoras por medio de la manipulación de los volúmenes, ritmos de lectura, entonación, frecuencia y género del hablante.

Las tipologías sonoras fueron:

Testimonios de las huelguistas y ayudistas: secuencia de lecturas planas –sin dramatización– de los fragmentos de textos sin identificación del hablante y por medio de tres lectores: una mujer y dos hombres

Nombres de los huelguistas: pulsos de una voz de hombre con un efecto de megáfono, emulando al imaginario de los llamado por bando.

Nombres de los desaparecidos: susurros de una voz de mujer en un volumen muy bajo y contante, como signo de una presencia constante y fantasmagórica.

– Sonidos de respiraciones: sonido continuo de género indistinto, hombres y mujeres.

Palabras claves: pulsos de voz dura de mujer con un volumen alto.

Cartas: secuencia de una voz de mujer que dramatiza el contenido del texto.

A partir de estas tipologías sonoras, archivo de voces y sonidos corporales, se produjo una composición-instalaciónsonora dispuesta en el espacio de la Galería de la Memoria –Museo de la memoria y los derechos humanos– a través de la intervención espacial de 23 parlantes en que cada uno de ellos contenía una tipología sonora –una pista de audio–, de los cuales 15 parlantes se colocaron dentro de plintos[1] generando de este modo un recorrido sonoro en que el sonido estaba compuesto a través de zonas sonoras intermitentes,  pulsos y constancias, y sonidos fijos como fueron los nombres de los desaparecidos y las respiraciones que estaban montados en el muro. La idea fue generar la puesta en montaje de lo fantasmagórico a través del sonido y de la ausencia del cuerpo, generando una extrañeza en un espacio que se vuelve sacro, ritual y a su vez mortuorio, el espacio Museo, el museo de los muertos, un lugar por si lleno de fantasmas que deambulan. Escenificado en el sonido de la voz hablante, que reclama justicia y que a la vez repara en cosas como el olor, el cuerpo, la lluvia, los sonidos, la luz, que a modo de residuos vitales (Huberman), reactivaban fantasmalmente fragmentos de un acontecimiento revisado en el presente, reproducido ahora por máquinas ocultas: “algo siniestro, [ocurre] en la brecha que permite que una máquina, sólo con recursos mecánicos, produzca algo tan único como la voz y el lenguaje.” (Dolar, 18). Este recorrido sonoro, dispuso en el espacio el relato fragmentado sobre la huelga de hambre, generando la narrativa de la imposibilidad de asir una verdad absoluta, pues no hubo una búsqueda por instalar el documento archivado como una realidad posible, sino mas bien, la puesta en montaje de un estado de las cosas, de un estado del cuerpo, de un estado emocional, de búsquedas inconclusas –susurros de nombres de los desaparecidos–,  de relatos a veces inconclusos, una articulación de la ausencia.

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Se instaló en uno de los muros de la sala registros fotográficos de piezas una selección del archivo correspondiente a: cuatro cartas –escritas a mano–, una fotografía grupal, veintiséis fotografías en pequeño formato –una foto de cada huelguista–, cinco cables recibidos del exterior transcritos a mano, dos fotografías de objetos[2] y una impresión con calidad fotográfica con los nombres de los familiares desaparecidos de los huelguistas. La selección de los documentos se hizo pensando en establecer relaciones entre el sonido y lo escrito en los documentos, de poner rostro a los huelguistas mediante el rescate de una fotografía en que aparecía cada uno de ellos fotografiados tipo carnet, por si llegaban a ser detenidos por la DINA. El muro se estructuró en base a constelaciones de sentido entre los documentos, que mediante manipulaciones de tamaño del original generaba además de la estetización del mismo, la posibilidad de acceso a su contenido, permitiendo poner en valor un documento que se encontraba depositado en el archivo. Así operando como atlantes (Warburg), las relaciones espaciales de las imagenes activaban una memoria viva y no cerrada, una lectura de residuos vitales (Huberman).

La operación estableció a su vez la relación dialógica entre la imagen que evocaban los sonidos –la voz del testimonio y los sonidos del cuerpo– y el sonido que evocaban los registros fotográficos.  Por otro lado la operación de la escritura, inscribió los nombres de los desaparecidos y los fragmentos del cotidiano como gestos supervivientes (Nachleben), como “tiempos enterrados justo bajo nuestros pasos y que resurgen haciendo tropezar el curso de nuestra historia.” (Humberman, 305)

03_parlantes_03

La voz en esta obra fue activada en ausencia de un cuerpo real, es activada por un cuerpo tecnológico –parlantes/plintos–, al estar perdido el original –desaparecido–, lo fantasmal de la voz emerge como un capital político que remece –que irrumpe en tiempo presente y efímero–, lo contenido en el archivo como lo incontenible, el desborde del cuerpo del contenedor, el sonido como un desborde que se transmite espacialmente haciendo difusas las fronteras entre cuerpo, sonido, espacio y archivo.

Verónica Troncoso

 


[1] Plintos de color negro de 20 x 20 x 20 y de alturas variables: dos de 2 mts., 8 de 1,80 mts. y 5 de 1,60 mts.

[2] Estos objetos corresponden a: un pañuelo y una medalla elaboradas por presas políticas, ambos objetos tienen inscrita la frase: “el dolor del hambre no se compara con el dolor de no saber del ser amado”, frase acuñada por Aminta Traverso (Q.E.P.), durante la huelga de hambre. Objetos que una vez terminada la huelga, les fue entregado a cada uno de los ellos, en una ceremonia de bienvenida en la vicaría de la solidaridad.

Origen: ¿DE QUÉ ESTAN HECHAS LAS MEMORIAS? Sergio Rojas | Archivo Huelga de Hambre, CEPAL 1977

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REDES DE INVESTIGACIÓN

foto Luis Fernando Arellano (Kallejero)

Universidad intervenida: El libro que desclasifica sumarios y revela a los soplones en la U. de Chile en dictadura

La universidad puso a disposición del público los sumarios realizados en dictadura para expulsar a alumnos partidarios de la UP y del MIR, con un libro en el que además revela nombres de profesores y estudiantes que delataron a sus compañeros y otros documentos clave de cómo funcionó la Casa de Bello en esa época, como una clase magistral de Augusto Pinochet en Casa Central, en 1976. Entre los casos está el del actual secretario técnico de la Comisión Superior de Evaluación Académica, funcionario hace 35 años del plantel, acusado de delatar a excompañeros de Geografía en 1974. Él niega las imputaciones y pide que se pericie el sumario original para comprobar la veracidad del documento.

Casa Central Universidad de Chile

Este lunes 7 de noviembre la Universidad de Chile lanzará el libro “La dictadura de los Sumarios (1974 – 1985) Universidad de Chile Intervenida”, donde se desclasifican las investigaciones internas que realizó el plantel durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, expulsando a estudiantes y profesores partidarios del gobierno de la Unidad Popular o del MIR.

El lanzamiento se da un año después que el mismo plantel decidiera digitalizar y dejar a disposición de consulta de todo el público los archivos de esos sumarios y otros documentos de esa época.

“Este libro es producto de un arduo trabajo del Archivo Andrés Bello. Se convocó a varios académicos para que escribieron ensayos. Con ese mismo rigor se entrevistó a distintas personas para que ellos dieran sus testimonios. Es un pequeño paso de otros que se han dado, importantísimo no solamente para la Universidad de Chile sino que para la memoria histórica del país. Para ir conociendo qué nos pasó, de ir nombrando, porque dentro de los mismos sumarios se puede descubrir la vida cotidiana de ese país. Y de cómo la Universidad de Chile fue brutalmente intervenida”, dice Ximena Poo, editora del libro.

Poo agrega que cada persona puede ir a consultar o pedir por Ley de Transparencia estos archivos, los que pueden servir para investigación académica, periodística e incluso personal “para muchas personas -académicos, funcionarios y estudiantes- que fueron expulsados de la Universidad de Chile en esa época y que pueden reconstruir parte de su historia”.

“Es un libro que aporta una mirada de futuro porque acá, tal como dice Berta Valenzuela, también no solo quebraron la biografía de algunos, sino que algunos murieron o hasta hoy son detenidos desaparecidos por lo sucedido. En varias partes el libro dice ‘Para que nunca más’, pero ese ‘Para que nunca más’ no debe ser un panfleto, sino que debe servir para en que este país no vuelva a pasar algo así. Este libro es importante que algunos fiscales o acusadores puedan hacer un mea culpa y otras universidades revelen también sus archivos”, agrega Poo, doctora en Estudios Latinoamericanos del Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos de la Universidad de Chile.

El caso de Geografía

Dentro de los sumarios revelados, existen varios casos ocurridos en el Departamento de Geografía de esos años. Y precisamente uno de ellos, a través del documento y un testimonio revela que el actual secretario técnico de la Comisión Superior de Evaluación Académica de la Universidad de Chile, Ulises Faúndez Tejos, sería uno de los delatores de la documentalista Berta Valenzuela, estudiante expulsada de la Casa de Bello en 1974.

En el testimonio de Valenzuela, titulado “Me quebraron la biografía”, la técnico audiovisual cuenta la historia de su ingreso a la universidad en 1972, donde también comenzó su militancia en el MIR. Ahí señala también que después del golpe de Estado, regresó a la universidad a terminar el semestre en enero de 1974 tratando “de pasar piola” por las noticias graves que circulaban.

Valenzuela cuenta que nunca fue notificada de la expulsión, pero que al entrar a un curso a comienzos del año académico del 74 le dijeron que tenía prohibido entrar a la universidad y que mejor no se acercara, sino la detendrían.

Y detalla que luego de revisar su sumario ya desclasificado 40 años después, notó que sus delatores -sus excompañeros de Geografía, se encuentra Faúndez, detallando que en su caso los soplones la acusaban de “irreversible, potencialmente violenta, muy desprejuiciada” y “totalmente sectaria”.

Además sostiene que el mismo Ulises Faúndez también habría delatado a su compañero Pablo Altamirano, a quién describió como un militante del MIR “agresivo durante peleas fuera de la U con linchacos” e “irrecuperable ideológicamente”.

“Quienes fueron cómplices de la dictadura nos cortaron las alas, las ganas. Al final, pienso, lo que pasó conmigo no es nada, porque hay otra gente que lo pasó más mal, que perdió la vida, que perdió todo. Por lo menos yo sigo aquí”, dice al final de su carta.

Faúndez se defiende: “Es una letra que claramente no es la mía”

Hoy Ulises Faúndez, el funcionario sindicado como delator en el texto es geógrafo, es académico del Instituto de Ciencias Política de la Universidad de Chile y profesor de la Academia Nacional de Estudios Estratégicos. Trabaja hace 35 años en la universidad y tiene oficina en la denominada Torre 15.

Pero desde su cargo en la comisión de evaluación académica, Faúndez cumple con un rol clave, ya que dicha oficina tiene como misión registrar los antecedentes curriculares de académicos propuestos para ingresar a la carrera, sus proposiciones de ascenso, recursos de apelación y todo tipo de documentación administrativa.

Consultado por The Clinic Online por este asunto, Faúndez niega enfáticamente las acusaciones y dice ser víctima de una acusación en su contra. “Soy el primero en estar interesado que esto se aclare. Hay gente que aparece en el sumario y que yo no conozco, pero otros que sí conozco y que me importa. Sobre todo Max, el hermano de Sonia Montecinos. Y lo que me duele más todavía es que mi madre era la mejor amiga de su madre, de años. ¿Usted cree que yo podría ser capaz de algo así con la mejor amiga de madre? ¿Qué clase monstruo creen que soy yo?”, dice.

El académico señala que se comunicó con las autoridades de la universidad, pidió que se permitiera un perito calígrafo para ver la autenticidad del documento y tampoco, y que pidió un pronunciamiento por parte de Contraloría hace dos meses, pero todavía no le contestan. “Es una letra que claramente no es la mía. Y la firma es una imitación, pero tampoco es mía tampoco. ¿Entonces, qué puedo hacer yo? Es mi palabra contra la de alguien”, dice.

Según Faúndez, prácticamente no conocía a Valenzuela en ese tiempo, pero dice compartir el dolor porque él también vivió esa época. Y además agrega estar muy dolido con algunas autoridades de la universidad por no haberle consultada si el documento es verídico o no, agregando que por este motivo ha recibido “amenazas, mensajes anónimos por debajo de la puerta, llamadas por teléfono, molestia a mi familia”.

“Que el sumario esté prescrito, eso es una cosa. Pero la dignidad, el nombre, el honor de las personas no prescribe. Yo no sé quién hizo esto, pero yo siento que tomaron mi nombre, como el de otros colegas, porque nosotros éramos francamente críticos a ese sistema. Tú no viviste esa época, yo la viví. Había mucha pelea, muchas pugnas. Nosotros manifestábamos nuestra crítica en público porque era un tiempo malo. Esta cuestión estaba como Venezuela, por decirte algo, aunque no sé si sería igual. Pero era un período duro, de mucha polarización, y eso no ayudaba. Huelgas, webeo, y nosotros éramos francamente críticos. Entonces, es posible que hayan cargado a estos cabros. Ahora, quién fue, difícil saberlo si imagínate, han pasado cuántos años. Por eso yo dije que primero viéramos si el archivo es verdadero”, alega.

Experiencia a otras universidades

Por su parte, la Vicerrectora de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile, Faride Zerán, que además prologa el libro, señala que la universidad ha ido enfrentando estos temas en el último tiempo con el proyecto de digitalizar los archivos que estaban en la biblioteca y que decidieron el 30 de enero de este año que los archivos se hicieran públicos, en un gesto de transparencia hacia la historia y la memoria.

“Efectivamente en el marco de la digitalización de este archivo aparecen los sumarios que se hacen en el departamento de Geografía, en el año 74, y ahí aparece un funcionario de la Universidad de Chile, actualmente en funciones y que efectivamente ocupa un cargo estratégico dentro de la universidad. Estos antecedentes los tienen, lo saben superiores de este funcionario y desde el punto de vista formal le informaron a la Vicerrectoría General de Comunicaciones que al ser hechos que están prescritos, legalmente la universidad no puede hacer nada al respecto”, señala Zerán.

“Lo que sí nos parece es que la comunidad tiene derecho a ese deber de memoria y la verdad, y la política de la universidad no es esconderlos bajo la alfombra, sino exhibirlos, mostrarlos y que la gente sepa”, agrega la académica, quien además sostiene que han estado en contacto con otras universidades del Estado a propósito este tipo de políticas frente al acoso sexual o de memoria con el tema de los sumarios, para que estas sean asumidas institucionalmente y de alguna manera la experiencia en la Casa de Bello pueda ser asumida en otros planteles.

 


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LA UNIVERSIDAD Y EL GOLPE FASCISTA EN CHILE. Galo Gómez, ex vicerrector U de Concepción. 1977

LA UNIVERSIDAD Y EL GOLPE FASCISTA EN CHILE

Cuadernos Casa de Chile, Nº 4, México 1977.

Galo Gómez, ex-vicerrector de la Universidad de Concepción

Las Universidades Chilenas vivieron los años 1967 y 1968 un intenso proceso de Reforma Universitaria que logró modificar sus estructuras, democratizarlas haciendo participar a toda la comunidad universitaria en la generación de sus autoridades. La Reforma logró romper la función conservadora de la Universidad, expresada en una docencia que era rutinaria; una investigación abandonada a niveles de mera subsistencia; el alumno reclutado con criterio elitista; los valores que ella transmitía y los contenidos de la enseñanza estaban fuertemente influidos por los grupos de poder social, interesados en mantener el statu quo.

Como se ha dicho, el Programa de Reforma postuló el derecho de la comunidad universitaria de autogobernarse: eran sus miembros los que debían designar las autoridades. Se postuló la descentralización del poder, pasando a organismos colegiados, también elegidos, las autoridades unipersonales adquieren el carácter de mandatarios de la comunidad universitaria y quedan sujetas a su control permanente. Así la Reforma pretendía abrir los cauces eficaces para que la comunidad universitaria pudiera definir su propio destino, dentro del marco de la participación democrática.

La Reforma se expresó en otros aspectos como: aumento de número de matrículas, apertura progresiva hacia sectores obreros y campesinos, creación de organismos que llevaran la Universidad al trabajador, modernización estructural, las facultades y escuelas -propias de una concepción profesionalista- que va siendo sustituida por otra más flexible que integra disciplinas afines en institutos, centros y departamentos, transformación pedagógica y curricular; se modificó el sistema de títulos y grados; el sistema curricular flexible impuesto por la Reforma permitió al alumno poder autodirigirse en sus propios estudios dentro de una cierta orientación.

Está de más decir que el fascismo ha pulverizado de una plumada toda esa labor creadora.

Cuatro fueron las ideas motrices del movimiento. En primer lugar, la concepción de la ciencia y la investigación como herramientas de interpretación de la realidad social del país; la Universidad crítica que requiere como condición la instalación en ella de la ciencia y la investigación constantemente renovadas.

En segundo término, la Reforma preconizaba una Universidad comprometida con las transformaciones sociales. Se pretendía que la Universidad fuera la conciencia lúcida y crítica del proceso histórico que, encabezado por Allende, protagonizaba el pueblo de Chile. Como dijo Castillo Velasco, ex-Rector de la Universidad Católica de Chile:

“Porque en los miles y miles de hombres que trabajan en las fábricas y en el campo, en los empleados y trabajadores, en la juventud chilena, ahí está el país, su fuerza y su destino. No se construye hoy al margen de ellos ninguna obra duradera; sólo se construye sobre cimientos macizos cuando se colabora con el pueblo en la transformación del país y se comparten sus legítimas luchas, sus anhelos y esperanzas.”

Por ello es que los fascistas no han construido ni construirán nada en Chile y ese es el signo de su derrota inevitable. En suma, la nueva Universidad era un rechazo explícito de la concepción de Universidad torre de marfil y de la Universidad sometida a los grupos de poder.

El pluralismo, en tercer lugar, penetró todas las instancias del nuevo proyecto. Se pretendía que todas las corrientes de pensamiento significativas tuvieran las posibilidades institucionales de desarrollarse libremente y de confrontarse en la cátedra, en la investigación y la difusión.

Pinochet, en marzo de este año (1976), en su tarea de inaugurar años académicos, declaró su decisión de no aceptar el pluralismo ideológico en las Universidades y señaló que debe entenderse que está definitivamente abolido.

Por último, la autonomía en lo docente, administrativo, de investigación y territorial, es decir, en su amplio sentido.

El Gobierno de Allende planteaba cuatro nociones respecto del desarrollo de la Reforma Universitaria y su compromiso crítico con el destino del país, esto es:

1. Respaldo al proceso de la Reforma y reorientación de las Funciones académicas de docencia, investigación y difusión de los problemas nacionales.

2. Recursos suficientes para asegurar el cumplimiento de las funciones Universitarias.

3. El Gobierno Universitario corresponderá a sus respectivas comunidades. Se reafirma, por tanto, la autonomía.

4. Admisión progresiva de los hijos de los trabajadores y, también, de los adultos. Estos últimos a través de becas especiales o mediante el sistema de estudio y trabajo simultáneo que permita su ingreso a cursos de nivel superior.

Allende, en discurso pronunciado en el Foro Abierto de la Universidad de Concepción, inmediatamente después de haberse reunido con el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas, el 26 de septiembre de 1970, a pocos días de la victoria popular del día 4 del mismo mes, expresó con relación a la conversación recién sostenida: “…en un diálogo corto, pero preciso, coincidimos plenamente en que la Universidad debe ser un factor dinámico en el grande y profundo proceso de transformación que Chile reclamaba y que el pueblo, hecho gobierno, va a realizar”.

Por ello que la Universidad Católica a través de su Rector expresó: “Con la reciente elección presidencial culmina una nueva e importante etapa de un proceso que se identifica con la historia del país. Ella significa la ratificación de una opción mayoritaria de la nación en favor de instaurar en Chile una sociedad libre y justa, capaz de asegurar una vida digna y plena de sentido, para todos los chilenos”. Dijo, además: “el papel de la Universidad en esta hora es, pues, más importante y su responsabilidad aún mayor, debe llevar adelante su Reforma con el fin de participar activamente en la construcción de la nueva sociedad. aportando a través de su trabajo específico, los conocimientos y el personal con formación superior apto para impulsar la transformación independiente y acelerada de Chile”.

La Universidad de Concepción, entre otras cosas, manifestó: “La elección del Presidente Allende es un imperativo del más alto humanismo para los trabajadores universitarios y nos exige situarnos en definitiva ante la realidad que debemos transformar junto a la clase trabajadora y demás sectores populares, de acuerdo a un compromiso estricto, entre lo que pensamos y lo que hacemos”.

Mucho se podría decir de tareas concretas que las Universidades Chilenas durante la Unidad Popular realizaron, pero el tema y el tiempo no lo permiten. Hemos dicho qué es lo que los universitarios querían de sus universidades, lo que el Gobierno pensaba y en las palabras citadas queda claro el espíritu que animaba a todos.

Pero como diría Neruda: “Una mañana todo estaba ardiendo y desde entonces fuego, pólvora desde entonces y desde entonces sangre…”

El golpe sorprende a la Universidad Chilena en pleno proceso de rico conocimiento y elevación de sus niveles de docencia, investigación y difusión, como de implementación de las tareas y acciones que el proceso de la Reforma Universitaria señaló y que siempre contó con el respaldo del Gobierno de la Unidad Popular.

La tarea histórica del pueblo de Chile de construir su propio destino se había iniciado y en ella estaba haciendo su aporte la gran mayoría de los universitarios chilenos, cuando fue bruscamente interrumpida por la fuerza y poderío de los intereses heridos: el imperialismo y la burguesía.

En septiembre de 1975, en la reunión del Consejo Consultivo de UNESCO, Juan Marinello dijo: “No hay duda que en la pugna fundamental de nuestro tiempo entre la voluntad liberadora de las grandes mayorías populares y las fuerzas que persisten en mantener sus privilegios y opresión, el caso de Chile significa una situación monstruosa de dominio de las corrientes negadoras de la libertad y de la dignidad del hombre”.

El 11 de septiembre de 1973 se inició la noche negra de las Universidades Chilenas y de Chile, que ha merecido el repudio de los pueblos libres del mundo entero, pero también se inició el gran combate desde dentro y fuera de la Patria, para retomar el camino interrumpido.

La intervención militar en la Universidad chilena supone una represión de otro tipo, distinta de la que siempre hacemos referencia; aquí se trata de la represión institucionalizada, permanente, que desquicia la estructura, la convivencia y el quehacer universitario, y que comienza incluso antes que las autoridades militares intervengan formalmente.

El mismo día 11 de septiembre de 1973, desde tempranas horas, las universidades fueron allanadas por contingentes de soldados fuertemente armados. Numerosos estudiantes y profesores son atropellados y detenidos. La irracionalidad vestida de uniforme, protegida con instrumentos de muerte, destruyó y violó todo lo que encontró a su paso. Muerte a la inteligencia. No dejaron en su bárbara tarea ninguna repartición administrativa o docente. De los hogares y cabinas fueron arrancados los jóvenes de sus lechos para maltratarlos y detenerlos. En su acción vandálica, provocaron toda suerte de destrozos en los edificios, muebles, libros, documentos, informes, material de investigación y difusión. Buena parte del material fue retirado y nunca más visto- Mucho de él fue robado y el resto quemado. La brutalidad y el robo han sido las características de los allanamientos de los militares.

La Universidad Técnica del Estado presentó resistencia a la represión y vandalismo fascista, pero la respuesta fueron bombas, balas, muerte y destrucción. El Rector de esta Universidad, Enrique Kirberg. estuvo más de dos años detenido, siendo llevado de un campo de concentración a otro, con su salud resentida. Actualmente gracias a la presión internacional, se encuentra en libertad, residiendo en los Estados Unidos.

La Universidad de Concepción amaneció cercada e invadido su campus por las fuerzas de la traición, el odio y el crimen. Allanadas todas sus reparticiones, detenidos los estudiantes que habitaban los hogares y otras residencias ubicadas en el campus, como los jóvenes y docentes que llegaron temprano a cumplir con sus tareas.

El ex-Rector de la Universidad de Concepción y Ministro de Educación del Gobierno de la Unidad Popular, Dr. Edgardo Enríquez F., fue enviado a la Isla Dawson, ubicada en el extremo sur del país. Al igual que el Rector Kirberg, está en libertad, residiendo en Inglaterra.

En la Universidad de Chile, las autoridades pertenecientes a las fuerzas políticas dominantes -y que en el periodo previo habían constituido el “Frente Universitario” integrado por fuerzas de la Democracia Cristiana, del Partido Nacional y por independientes opositores al Gobierno de la Unidad Popular- comenzaron de inmediato a ejercer el poder autocráticamente, sin respetar las normas legales vigentes, pero revistiendo sus actuaciones de una aparente legalidad. Así, por ejemplo, el Comité Directivo Superior de la Universidad de Chile se reunió el 19 de septiembre con la sola asistencia de los representantes del Frente Universitario y acordó, ilegalmente, declarar en reorganización las sedes de Arica, Iquique, Antofagasta, Chillan, Valparaíso, Santiago Oriente y Osorno. Exceptuando en este proceso aquellas unidades en que predominaba el frente Universitario, como las facultades de Medicina Oriente de Santiago, Salud de Valparaíso, Ciencias Sociales de Valparaíso, de Santiago el Departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueológicas. Declaran igualmente en reorganización las Facultades de Ciencias y Artes Musicales y de Economía Política de la sede Santiago Norte, así como el Departamento de Salud de la misma sede y la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (circular Nº 126 de la Secretaría General de la Universidad de Chile, 20 septiembre 1973).

En el mismo acuerdo se expresó que: “En todo caso, la reorganización no implicará la eliminación de la Universidad de ninguna persona, salvo de quienes fueron procesados y condenados externamente por comisión de delitos”.

Este acuerdo del Comité Directivo -disminuido en un 40%- se complementó con resoluciones que fueron poniendo término a los nombramientos de las autoridades de izquierda. Paralelamente, las autoridades unipersonales centrales (Rectores y Secretario General) y las autoridades unipersonales de las sedes pertenecientes al Frente Universitario adoptaron medidas para alejar a los funcionarios de izquierda de los cargos que habían obtenido por concurso o por méritos funcionarios. Una de estas medidas consistió en comisiones de servicio con prohibición de ejercer el cargo, otras en suspensiones, muchas veces sin derecho a remuneración. Con estas medidas los sectores dominantes trataron de capitalizar el golpe para afianzarse políticamente en las Universidades, negociando con los militares un compromiso de no agresión mutua.

En Valparaíso las tropas navales se apoderaron de la Universidad Técnica Federico Santa María antes de la intervención oficial por considerar que sus locales estaban emplazados en un lugar estratégico.

En la Universidad Católica los sectores derechistas agrupados en el movimiento gremialista (que controlaba la Federación de Estudiantes) contaba con simpatía en un sector del profesorado) pidió la renuncia del Rector Castillo Velasco (demócrata cristiano progresista) acusándolo de ser incapaz de poner a la Universidad en la línea preconizada por la Junta Militar. Ante el fracaso de su posición, el Movimiento Gremial, de acuerdo con sectores de la Democracia Cristiana que se oponían a la caída del Rector, crearon comisiones de reestructuración en las unidades académicas en que la presencia de los sectores de izquierda tenía un cierto peso.

El Rector de la Universidad de Concepción, Carlos Von Plessing, en declaraciones inmediatas a su elección para el cargo (diciembre de 1972), planteó y llamó, a través de los medios de difusión, a la formación de un frente anti-marxista universitario a nivel nacional. La confabulación ya estaba en marcha. Consecuente con lo que expresara en 1972, el día del golpe se colocó de inmediato al lado de las fuerzas del asesinato, la tortura y el vejamen, sin que mediara petición alguna de la autoridad militar. No tuvo, naturalmente, ninguna actitud de defensa de la Casa de Estudios atropellada y humillada, ni que decir de la pisoteada autonomía universitaria.

Como ha escrito Gastón García Cantú: “La ocupación militar de la Universidad es la ocupación de la conciencia del país. La identificación de algunos universitarios con la violencia está en relación no a los problemas académicos sino con sus intereses de clase”.

El profesor Juan Antonio Widow de la Universidad Católica de Valparaíso y director de la revista Tizona, formuló (26-IX-73) un conjunto de recomendaciones que debían inspirar la erradicación del pensamiento marxista de las Universidades.

En su proposición planteaba: a) expulsar a todos los profesores marxistas, b) los estudiantes cuya presencia significase agitación y proselitismo también debían ser expulsados, c) las unidades académicas creadas para divulgar la ideología marxista debían ser cerradas, d) las que estaban copadas por profesores marxistas, debían ser reestructuradas.

Ni los proclives rectores de las Universidades de Concepción y del Norte se liberaron, pues también fueron humillados y reemplazados por gente de uniforme

En todas las Universidades del país. se nombraron como rectores-delegados a miembros de las Fuerzas Armadas, todos individuos, naturalmente, sin ningún conocimiento de las Universidades como instituciones y menos de lo relacionado con sus quehaceres.

La Junta dictó decretos en que junto con nombrar las nuevas autoridades máximas les otorgó los más plenos poderes imaginables. Podría decirse, sin exageración, que quedó en manos de éstos una autoridad de vida y muerte. Pudiendo suprimir carreras, fijar las normas administrativas y académicas que estimaran para resguardar la seguridad interior del Estado y poder iniciar la llamada “reconstrucción nacional”. En suma. se oficializó y perfeccionó refinadamente la más amplia acción represiva de la historia de Chile contra las Universidades y sus miembros, docentes, investigadores, estudiantes, administrativos y auxiliares por el grave delito de sustentar ideas de avanzada social y haberle entregado su apoyo y colaboración a un Gobierno legítimamente constituido.

El 24 de septiembre de 1973, la Junta Militar se reunió con el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas que presidía Edgardo Boeninnger, en su calidad de Rector de la Universidad de Chile. En esa oportunidad, Pinochet, Leigh, Merino y Mendoza comunicaron a los Rectores “que habían decidido reorganizar las Universidades y que se había cursado un decreto nombrando rectores-delegados”.

El día 26 de mismo mes, Boeninnger intentó defender a la Universidad como institución autónoma y planteó, entre otras cosas, que la reorganización universitaria que se pretendía, como el manejo y dirección de las Casas de Estudios Superiores debían seguir en manos de los Universitarios. En esa fecha Boeninnger presentó un memorándum a la Junta Militar fascista.

El precio de la negociación: las actuales autoridades tomarían la depuración de los elementos de izquierda, expulsando a algunos, impidiendo a otros el acceso a cualquier nivel de poder y en general, destinándolos a tareas inofensivas. De hecho, ya los partidarios de Boeninnger habían copado los cargos de mando. Pero, además, la Universidad como institución se retiraba de la vida activa del país y volvía a encerrarse en sus muros.

El día 28 de septiembre de 1973, el cuarteto convoca nuevamente a los Rectores y les da el golpe de gracia con la insolencia y prepotencia que le es característica. “Fue una jornada humillante. El general Leigh le dijo a Boeninnger que había cometido dos errores: uno, imaginar que tenía derecho a expresar acuerdo o desacuerdo y, otra, cuestionar el nombramiento de los rectores-delegados de las Fuerzas Armadas, asunto que era un hecho consumado” (Ver Chile-América. Roma, diciembre de 1974).

En esa sesión conjunta con los Rectores, expresaron su desacuerdo con el proyecto Boeninnger y les reiteraron que el gobierno asumiría la dirección de todas las Universidades del país por medio de Rectores Delegados. El fundamento de esta medida fue entregado por el Ministro de Educación, contralmirante Hugo Castro, quien en alocución pública del 2 de octubre de 1973, expresó que la función universitaria “de investigación y altos estudios, de desarrollo de la cultura y formación de profesionales y técnicos de verdadera calidad” se había desvirtuado. Acusó que muchas sedes y escuelas se habían convertido en centros de adoctrinamiento y propaganda marxista, amparando la violencia y el armamentismo ilegal, así como a extranjeros extremistas. Agregó: “la necesidad de contrarrestar esa acción destructora obligó al resto de los académicos, estudiantes y funcionarios a descuidar sus labores específicas para sumirse en una permanente y estéril lucha por el poder” y que con tal panorama de “politización general” no resultaba posible que las autoridades existentes en las Universidades pudieran dar solución al problema planteado. “La reconstrucción nacional -dijo- no puede darse el lujo de permitir que la vida universitaria se frustre en medio de la politiquería, la burocracia y el desorden”.

El Decreto-Ley Nº 50, publicado en el Diario Oficial del 2 de octubre de 1973. establece en su artículo único lo siguiente: “La Junta de Gobierno designará en su representación Rectores-Delegados en cada una de las Universidades del país. Estos Rectores-Delegados cumplirán las funciones y ejercerán todas las atribuciones que corresponden a los Rectores de las Universidades, de conformidad con las normas légale» vigentes y demás acuerdos o resoluciones universitarias dictadas en su virtud”.

Se dictaron decretos especiales para las Universidades pontificias, las no pontificias y las estatales. (1) Todos destinados a destruir todos los logros de la Reforma Universitaria, a perseguir a profesores, estudiantes y administrativos de izquierda. Los Estatutos Orgánicos suprimidos, los organismos colegiados suprimidos, cierre de escuelas, quema de libros, disminución de presupuesto, disminución del número de alumnos para los primeros años, etc. Larga as la enumeración.

Decía que se dictaron decretos para las Universidades. Sería lato referirse a este aspecto; pero a vía de ejemplo veamos algunos antecedentes de esta materia en relación con la Universidad de Chile, pues con leves matices es lo que ocurrió en el resto de las Universidades Chilenas.

El Estatuto Orgánico de la Universidad de Chile, dictado por el Presidente Allende, sanciona legalmente el carácter democrático de la Institución. Así su artículo 3º dice:

“La Universidad de Chile es democrática. Participan en su Gobierno todos los miembros de la comunidad universitaria”

El artículo 4º se refiere al pluralismo:

“La Universidad de Chile, garantiza a todos sus miembros dentro de cada una de las estructuras y organismos y a cualquiera dentro de su ámbito, la libre expresión y coexistencia de las diversas ideologías y corrientes de pensamiento, sin otra limitación que su ejercicio se sujete a normas de respeto mutuo”.

En cuanto a la Autonomía Universitaria su artículo 5º señala lo siguiente:

La Universidad de Chile es un establecimiento público, autónomo, independiente de la administración central del Estado”.

Se señalan estos artículos, pues los Estatutos Orgánicos de las Universidades Chilenas, como resultado del proceso de Reforma Universitaria, contienen, en general, los mismos conceptos.

El nuevo Estatuto para esta Universidad está contenido en un Decreto Ley (Nº 111), publicado en el Diario Oficial del 8 de noviembre de 1973. En ese Decreto Ley, para que no quede duda alguna en cuanto a las disposiciones contenidas en otros textos legales, su artículo 1º señala que las normas en él establecidas se consideran especiales, lo que significa que prevalecen sobre otra norma aplicable a la Universidad.

Se le entregan al Rector Delegado todas las “funciones y atribuciones que la legislación orgánica de la Universidad de Chile y demás leyes, reglamentos y decretos de cualquier naturaleza aplicable a ella, entreguen a los claustros universitarios, a las autoridades colegiadas y unipersonales de la Corporación y a sus jefaturas de servicios”.

Esto es sólo una muestra del autoritarismo, pues un artículo del Decreto Ley mencionado establece la disolución de los claustros, cuerpos colegiados, el Director de la Corporación Televisión y la Comisión Permanente del Pequeño Derecho de Autor.

La ley fascista entrega al rector delegado “la facultad de resolver todas las cuestiones relativas a la situación del personal de la Universidad de Chile y de Corporación de Televisión, sobre sus deberes y derechos y la de ejercer sobre este personal amplia potestad disciplinaria; las atribuciones de declarar que determinados cargos y funciones son de su exclusiva confianza…”

El artículo 5º, refiriéndose al Rector que estaba en ejercicio, que había sido elegido democráticamente y que es reemplazado por un militar, señala:

“Para todos los efectos legales se entenderá que el Rector que estaba en ejercicio al asumir el Rector-Delegado, ha terminado el período legal para el cual fue elegido”

Lo mismo se establece para el Secretario General. Se le entrega, también, al Rector-Delegado la facultad de ejercer sobre los estudiantes:

“Amplia potestad disciplinaria, incluyendo la de aplicar sanciones, amonestaciones, suspensión, cancelación de matrícula y expulsión”

Por último, en el artículo 6º queda establecido como la Universidad perdió todo vestigio de autonomía; dice así:

“Será requisito para la validez y cumplimiento de los acuerdos y decisiones de las autoridades colegiadas y unipersonales de la Universidad, adoptadas entre el día 11 de septiembre de 1973 y la fecha de vigencia de este Decreto, la aprobación expresa del Rector-Delegado, sin la cual no produciría efecto alguno”

La nueva legalidad consagra en definitiva un sistema expedito para poner a la Universidad bajo la tuición de las Fuerzas Armadas; la participación de la comunidad universitaria desaparece, los conflictos se resuelven por la vía de la autoridad. La antigua institucionalidad desaparece y es reemplazada por la discrecionalidad de los rectores-delegados.

En cuanto a los criterios para el despido de docentes, veamos algunos ejemplos:

Quizás uno que mejor muestra lo ocurrido al respecto fue el procedimiento que estableció el Vicerrector Delegado de la Universidad de Chile en Valparaíso; el 13 de noviembre de 1973, emitió un comunicado cuyo primer párrafo dice:

“Se avisa a los académicos y funcionarios no académicos de esta sede, a quienes no se hubieren pagado sus remuneraciones correspondientes al mes de noviembre del año en curso hasta las 17 hrs., de ayer lunes 12 de noviembre, que deben considerarse en la lista de eliminación de personal”.

En las Universidades que señala el decreto ley Nº 139 del 13 de noviembre de 1973, referido a las llamadas no-pontificias (de Concepción, Austral, del Norte y Técnica Federico Santa María), ni siquiera hubo la pretensión de seguir procedimientos legales:

“La resolución estaba basada en listas negras y los académicos y estudiantes recibían una comunicación en un formulario standard sin cargos específicos.” (Ver Chile-América, Roma)

Estando detenido en la Isla Quiriquina, en mi casa se recibió la siguiente comunicación del Rector-Delegado de la Universidad de Concepción, que en su parte final dice lo siguiente:

“Ha motivado esta decisión el convencimiento de que la permanencia de usted en esta Casa de Estudios, puede significar peligro para el orden y seguridad interna de la Universidad de Concepción, que puede incidir en la seguridad Nacional.

Lo pongo en su conocimiento para los fines que correspondan.
Le saluda muy cordialmente”.
Guillermo González Bastías, Rector-Delegado

Las Universidades que no aparecen mencionadas en el Decreto Ley Nº 139, tuvieron sus correspondientes decretos leyes. Es el caso de las Universidades Católicas Pontificias.

Así, una nota dirigida a la Sra. Magdalena Echeverría Tortello, con fecha 30 de noviembre de 1973, en una de sus partes dice lo que sigue:

“En esta situación y atendida la afinidad que usted exteriorizó para con dicha ideología, por la presente cumplo con solicitarle haga dimisión del trabajo que realizó en esta Casa de Estudios, hasta el día 11 de septiembre último”.

Saluda atentamente a usted,
L Alberto de la Maza
Rector Delegado Universidad Católica de Valparaíso.

Otra de la misma fecha y el mismo militar investido por la fuerza en autoridad universitaria, en oficio dirigido a Dn. Javier Martínez Bengoa, dice así:

“La honorable Junta de Gobierno me ha encomendado la tarea de remover de la Universidad a todas aquellas personas en contra de quienes puedan formularse cargos de haber actuado al margen o en contra de los valores en que se fundamenta el quehacer específico de esta Casa de Estudios.

Analizada su actuación en la Universidad, se ha llegado a la convicción de que usted se encuentra en este caso y que debe, por lo mismo, dimitir de sus funciones universitarias”.

Sin lugar a dudas hubo Universidades que siguieron procedimientos administrativos que resultaron ser vulgares mascaradas, para simplemente expulsar a docentes, investigadores y administrativos.

Miguel Otero Lathrop, uno de los personeros máximos de la represión en la Universidad de Chile, expresó:

que se había buscado el establecimiento de un “procedimiento rápido que permitiera sancionar a quienes hubiesen vulnerado las obligaciones y prohibiciones impuestas a los funcionarios públicos”

Los funcionarios quedaron privados de cualquier garantía de defensa.

Para perseguir las faltas constitutivas de infracciones al derecho, el rector delegado consignó a treinta y seis fiscales encargados de atender las 13 sedes de la Universidad y los servicios centralizados.

La “depuración”, poco a poco se institucionalizó. En la Universidad de Chile ha sido creada una Contraloría interna encargada de instruir súmarios y realizar investigaciones contra los que atontan contra la nueva legalidad.

El procedimiento más socorrido en la persecución de la “responsabilidad funcionaría o estudiantil” fue el de la denuncia escrita e iniciativa propia del fiscal, lo que permitió las delaciones o denuncias anónimas.

En la Sede Santiago Oriente, calificada de “nido de extremistas”, se decretó la vacancia de todos los cargos, salvo dos de la Facultad de Medicina.

En los casos que se siguieron procedimientos que el propio rector-delegado había fijado se puede afirmar que casi a excepción ocurrió lo siguiente:

  1. No se formularon cargos concretos.
  2. No se procedió a arbitrar los medios de prueba solicitados por los inculpados, y
  3. No se modificó por apelación ninguna medida expulsiva aplicada a primera instancia, como no fuera sustituir las peticiones de renuncia por destituciones.

El llamado proceso de “depuración” alcanzó fundamentalmente:

  1. Las estructuras académicas conflictivas con los intereses de las autoridades militares.
  2. Las personas que ocupaban cargos de representación en el gobierno de la Universidad y que habían sido elegidos por la izquierda.
  3. Los dirigentes sindicales de izquierda.
  4. Toda persona de izquierda que fuera víctima de una denuncia motivada por cualquier causa, especialmente por rivalidades profesionales o discrepancias ideológicas.
  5. Los profesionales médicos perseguidos implacablemente hasta en las aulas universitarias por sus colegas del Colegio Médico de Chile.

Elproceso de depuración tuvo su máxima expresión en el Decreto 130 del 1º de abril de 1974, dictado por el Rector delegado de la Universidad de Chile, en el cual se declaró que toda persona que hubiese sido marginada de la Universidad en cualquier calidad, cesaría de inmediato en toda otra calidad que tuviera en la Universidad y no podría ingresar a ella en ninguna forma. Esto afectó a gran número de personas, que trabajando en la Universidad eran, a la vez, estudiantes, algunos dando término a sus estudios.

En la Universidad Católica se operó simplemente en base a “listas negras”, elaboradas por el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), directores de unidades académicas asesorados por delatores. La Universidad Católica posee una llamada Dirección de Personal con las más amplias atribuciones.

El golpe militar en las Universidades tuvo como consecuencia la inmediata instalación de un poder autoritario subordinado al Gobierno por las Fuerzas Armadas y una depuración masiva de los diversos estamentos de la Institucionalidad académica y estudiantil. Estos dos efectos han tenido un doble sentido: a) eliminar los principales valores de la Universidad Reformada y b) construir y desarrollar un nuevo modelo de Universidad.

“El fascismo en su violencia liquida todo: arremete contra las Universidades, las clausura y las aplasta; arremete contra los intelectuales, los reprime y los persigue; arremete contra los organizaciones sindicales y las culturales, de manera que nada hay más violento, ni más retrógrado, ni más ilegal que el fascismo”. Palabras de Fidel Castro en su visita a Chile en 1971.

El fascismo en Chile, como en otras partes se apoya en los conservadores, en los reaccionarios, y así lo ha hecho en el seno de las Universidades. El gran complot antipatriota también estaba organizado en las Universidades, sus partidarios estaban en el llamado Frente Universitario o Gremialista y cuya característica era su tenaz y virulenta oposición al Gobierno y a la implantación de la Reforma Universitaria. Como hemos visto, ellos se expresaron claramente después del golpe.

“El fascismo por su régimen de violencia, su diseminación por medio del terror, abarca todos los aspectos de la vida social. Las Universidades no podían quedar al margen. Así, podemos ver la profunda diferencia entre el proceso de la democracia burguesa, que hace posible en ciertas etapas la crítica y el fascismo que la suprime totalmente. Durante el Gobierno del Presidente Allende, la discrepancia y la oposición universitarias fueron posibles. El fascismo ha cancelado hoy la oposición y la más ingenua discrepancia.

La apelación al fomento de una Universidad es probable en un régimen democrático y en los principios de un estado socialista; bajo el fascismo imposible. La Universidad Chilena de hoy es el mas claro ejemplo de la diferencia entre los dos sistemas”.

Que en la hora presente, los Universitarios tengan capacidad de decisión es en extremo peligroso a los fascistas chilenos. Por ello han impedido toda posibilidad de autonomía y han eliminado el camino de la democracia universitaria.

Los fascistas universitarios de la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Chile, reclamando de la protesta de la UDUAL, hecha por el Dr. Del Pozo, por la violación de la autonomía, declararon en memorables palabras lo siguiente:

“…el Señor Allende quedaba fuera de la Ley para convertirse en tirano. Y es lícito derrocar al tirano, según San Agustín. Es lícito agotados todos los medios posibles pacíficos eliminar al tirano, según Tomás de Aquino”.

Hasta aquí parte de la declaración.

García Cantú señala que de la lectura de Santo Tomás de Aquino se desprende que:

“no sólo hay ignorancia de esos universitarios sino mala fe al alterar el sentido de un texto para apoyar la conducta política reprochable por todos conceptos, es ser doblemente cómplice del golpe de Estado y de los que califican de tiranicidio. Difícilmente habrá páginas semejantes en la historia de la cultura latinoamericana”.

Un aspecto que merece destacarse, aunque sea apretadamente, pues su desarrollo nos demandaría mucho tiempo, es lo que se ha denominado como la educación militarizada.

El 12 de agosto de 1974 se emitió una circular confidencial. En ella se deja claro que han sido designados oficiales militares, cuya tarea será de supervisar las materias que sean objeto de estudio y vigilar no se imparta enseñanza que pueda tener conexión con la política, que ha sido instalado un sistema confidencial de denuncias no sólo a profesores y administrativos, sino que a los alumnos y a sus padres. Virtualmente, los jefes de los establecimientos educacionales quedan convertidos en delatores por obligación.

Lato sería analizar la circular, de por sí extensa. Solo les leeré una citación que dice así:

“Por orden del Comandante de los Institutos Militares, Gral. de Brigada Nilo Floody, el Rector del Colegio de Sta. Rita cita a todos los apoderados a una reunión que se efectuará el día martes 3 de septiembre a las 20 hrs., en el salón de actos del colegio”.

“El no cumplimiento de la presente citación será causal más para proceder a su detención inmediata.

P.D. No se aceptarán excusas verbales ni telefónicas”.

Pero la circular mencionada o la citación que hemos conocido no es todo.

Existe un programa que tiene carácter de obligatorio y es aplicable a todos los niveles de la enseñanza destinados a entrenar a los jóvenes en la lucha contra las “desviaciones políticas” y la “agresión interna política e ideológica”.

En la Universidad se denomina cátedra de Seguridad Nacional y Defensa Nacional, con 96 horas, entre el ciclo teórico y el práctico.

El objetivo del Chile de los militares es nada menos que obtener una transformación radical de las mentalidades, es una verdadera contrarrevolución cultural.

En la Universidad Católica fue discutido el programa de la cátedra y paradójicamente uno de los puntos del acta de la sesión señala textualmente:

“El carácter de obligatoriedad del Programa hizo que se viera la necesidad de velar porque la autonomía universitaria no sea menoscabada”.

Posteriormente, el Gral. Bonilla, (2) muerto misteriosamente, y Sweet firman un convenio entre el Ministerio de Defensa y la Universidad Católica a través del cual sus respectivas instituciones se comprometen a efectuar un plan piloto de la cátedra de Seguridad Nacional, el que actualmente se está desarrollando y tiene como base la Facultad de Ciencias de la Ingeniería.

Todas estas medidas no son aisladas, forman parte de todo un contexto, ellos pretenden dar vida a su propio modelo universitario.

Más allá de lo que han llamado la restauración, hay ciertos elementos que permiten deducir un nuevo modelo universitario. ¿Cuáles son los principios? Ellos deben entenderse dentro del marco más amplio de un proyecto ideológico a nivel nacional.

Los fascistas se sienten autorizados para plantear su misión redentora; superar el materialismo y la crisis del mundo occidental.

El pilar de esta tarea de superación parece ser pues, la nacionalidad, concebida como la fuente de valores tradicionales y cristianos; la realidad histórico-jurídica de la nacionalidad, sin embargo, no aparece definida. Luego el primer principio rector de la nueva Universidad tradicional es el nacionalismo. En contraposición a una Universidad de orientación extranjerizante. léase dominada por las orientaciones de Moscú.

Otro elemento es la politización que aparece como elemento aglutinador, principio ideológico y consigna táctica a la vez. La idea de comunidad de valores sacrosantos, el nacionalismo no determinado, una noción tecnocrática del progreso, todo ello requiere y produce la ausencia (prohibición) de la discusión y crítica política. Obviamente el primer objetivo de la despolitización es la destrucción de la democracia; no sólo en cuanto a la organización de los partidos políticos, sino principalmente en cuanto a estilo de vida y sistemas de valores (libertad).

Importa destacar que la despolitización significa camuflar la violencia estructural de la sociedad capitalista subdesarrollada mediante la transformación de los problemas políticos en técnicos.

Otro elemento es la seguridad nacional y verticalidad de mando. Esto es la subordinación de la Universidad a un sistema en el cual todas las partes integran la seguridad nacional y la responsabilidad recae sobre las Fuerzas Armadas.

Los principios de apoyo son:

La disciplina, el autoritarismo rígido, el fin del pluralismo, el juicio militar como la instancia única de la verdad y del desciframiento de los hechos.

Hay otros principios que no se deducen de la estrategia militar del Gobierno de la Junta, sino del modelo económico adoptado. No es erróneo hablar de la Universidad Empresarial. Un rector delegado expresó: “Chile necesita más empresarios, más que personas que buscan que otros les den empleo”. El lema es ahora Universidad al servicio de la empresa privada, y los valor propios de la empresa se trasladan a la Universidad donde son proyectados al primer plano; eficiencia, competitividad y rentabilidad.

La Universidad Aval, los militares quieren hacer de la Universidad su; aval y cómplice del proceso que ellos llaman de reconstrucción del país. La Universidad es concebida como vehículo de propaganda para borrar la mala imagen de la Junta en el exterior. La utilización de la Universidad llega a todos los extremos.

Finalmente, como síntesis.

Como ya se ha dicho, la intervención militar en las Universidades significó, en primer lugar, un proceso de expulsión masiva de académicos, estudiantes y funcionarios administrativos y de censura y reestructuración de Unidades Académicas.

A partir de este proceso, las autoridades militares enfrentan los avances del proceso de Reforma Universitaria en términos de revenirlos todos y cada uno de el I os, en lugar de soluciones a los problemas reales que dicho proceso planteaba. En efecto, problemas tales como el crecimiento universitario, la vinculación entre investigación y desarrollo, los defectos de la nueva estructura académica, la formación de nuevas generaciones científicas, etc., o son soslayados o son solucionados en forma negativa a través de un modelo restringido y elitista, como el caso del problema del crecimiento. De modo que frente a los diversos principios que aparecían como centrales en la dinámica universitaria desatada a partir de 1967, se opta por una solución negativa. Así frente al sistema democrático de decisiones internas, se opta por el modelo autoritario (designación de autoridades militares, poder impersonal delegado, supervisión de organismos colegiados). Frente a la democratización social de las Universidades, se opta por su reversión elitista, asociada indisolublemente a factores económicos sociales (autofinanciamiento de la enseñanza, aumento exhorbitante del valor de la matrícula, disminución de vacantes).

Frente a la modernización estructural y pedagógica, la educación profesionalizante y el control de la pasividad estudiantil (reducción de los Departamentos a vida burocrática, reducción y supresión del currículum flexible, eliminación de la formación general). Frente a la ciencia como principio animador de la vida académica, la pragmatización del trabajo científico cultural (concepto de autofinanciamiento y de rentabilidad del trabajo de investigación frente a la demanda del Estado y las empresas, éxodo científico). Frente al pluralismo ideológico cultural, la intolerancia y la eliminación de la controversia intelectual y la disidencia ideológica (eliminación de profesores, supresión de cursos, materiales y orientaciones, autocensura).

Frente a la autonomía jurídica y financiera, el control político ideológico y la centralización de las funciones (autoridades militares delegadas, rol de la Seguridad Nacional, mantención sólo de aquellas funciones universitarias que puedan subsistir al libre juego de la demanda del Estado y las empresas). Frente a la Universidad “para el cambio” y cuna de movimientos sociales, la Universidad eficiente al servicio del orden establecido y la pasividad o individualismo estudiantil.

Pero no sólo se trata de una simple reversión de la Universidad Chilena, a la situación anterior a la Reforma de 1967. Hay también el surgimiento de un incipiente nuevo modelo de Universidad.

Las diversas iniciativas y medidas que configurarían este nuevo modelo y que debido a sus contradicciones no han podido todas ellas materializarse cabalmente, provienen de tres fuentes.

La primera, es el intento de someter a las Universidades, en el marco de un determinado proyecto económico y político a un sistema de decisiones políticas, burocráticas, administrativas y financieras caracterizado por el principio irrestricto de verticalidad del mando y a un sistema de Seguridad Nacional, sin la consideración del carácter y función propias de la Universidad.

La segunda fuente de la política Universitaria militar es la necesidad de control ideológico de las Universidades como expresión de la intolerancia del sistema político global, que lleva a suprimir y controlar el desarrollo del trabajo intelectual crítico.

La tercera fuente de la política universitaria es la necesidad de fortalecer el poder de los grupos políticos que dentro de la Universidad han constituido el apoyo a la gestión de las autoridades militares y que se enfrentan, por lo tanto, progresivamente a los vastos sectores académicos que apoyaron la Reforma Universitaria.

Estas tres fuentes de la pontificia universitaria plantean contradicciones insuperables con una auténtica vida académica y con el desarrollo de las Universidades en el cumplimiento de tareas culturales. Ni el sometimiento a un sistema de decisiones político militar externo, ni el control de la intolerancia ideológica, ni la existencia de conflictos entre grupos cuya única vía de solución es la fuerza y el apoyo del poder militar, se revelan compatibles con la posibilidad de vida y desarrollo del trabajo científico e intelectual. La profundidad de estas contradicciones refuerza el autoritarismo como vía de superarlas.

Y es así, entonces, como progresivamente se destruye la Universidad Chilena.

En efecto, 1) La Universidad ha dejado de ser un foco de colaboración y animación intelectual y cultural y el lugar donde la sociedad planea sistemáticamente proyectos históricos alternativos con base en los conocimientos científicos y técnicos. 2) Su clima moral se ha rebajado y los conflictos internos dejan de referirse a proyectos universitarios de contenido ideológico y cultural, para, excepto casos aislados, adquirir exclusivamente un carácter de lucha por la subsistencia y otras veces por ganar la simpatía del poder militar. 3) Aunque se mantiene en algunas áreas aisladas y reducidas un trabajo científico serio, este tiende a desaparecer y su potencialidad de introducir criterios nuevos en la vida socio-cultural del país queda reducido a las decisiones del poder político (Estado) y académico (empresas). 4) La juventud experimenta una reducción de sus posibilidades de educación, un vacío en su formación intelectual y una ausencia de canales de expresión, lo que lo plantea como alternativa la competencia por el éxito económico, el escapismo o la acción fanática al servicio del poder dominante.

Desde la posición y funciones particulares en la vida del país, la Universidad aparece así prefigurando un tipo de sociedad en la que los principios que rigen la vida intelectual y espiritual son la autoridad, la disciplina, la intolerancia y el anti-intelectualismo y en la que el principio general que la mueve es el de la eficiencia al servicio de los fines e instituciones consagradas por el poder dominante.

¿Cuáles son las perspectivas hacia el futuro? No es mucho lo que se puede decir al respecto, por cuanto ello dependerá en gran parte de la evolución de la situación política general.

No parecería ser que los militares vayan a dejar en el corto plazo las Universidades, a menos que sobreviniese una crisis general del sistema de dominación. Mientras tanto la reacción de la comunidad universitaria es difícil de predecir.

En efecto, a la pasividad y complicidad explícita o tácita de todo aquel sector no afectado en la depuración masiva original, han seguido ciertas reacciones importantes frente a medidas del poder militar y el intento de controlar la situación por parte de grupos de extrema derecha. Salvo dos casos aislados, sin embargo, que testimonian firmeza de principios y valores acorde a la tarea universitaria, una gran masa de académicos parece dispuesta a aceptar pasivamente la actual situación ante el temor de perder el status académico social que posee como profesor universitario.

En todo caso, cualesquiera que sean los cambios que se produzcan en la actual situación, la magnitud del daño causado a una institución tan delicada como la Universidad exigirá muchos años para reconstruirla y rehacerla.

Como dijera una autoridad universitaria que no fue nunca simpatizante del Gobierno anterior y que fuera marginada por las actuales autoridades militares: “El deteriorar un estilo de vida universitaria.. . es una acción que va a ser severamente juzgada por el futuro y que constituye un daño irreparable al bien común de nuestra Patria”.

Perdonen ustedes lo extenso de este relato que es sólo una pequeña muestra de la tragedia cultural que vive Chile, pero me dije: aprovechemos que en esta selva de gorilas, existe en este México nuestro, espacio abierto para entrecruzar el diálogo de la libertad y las ideas creadoras.

GRACIAS


1. Pontificias: Católica de Santiago y Católica de Valparaíso; no-pontificias; de Concepción, del Norte, Austral y Técnica Federico Sta. María; y estatales: de Chile y Técnica del Estado.

2. Gral. Bonilla, Ministro de Defensa Nacional, y Sweet, Oficial de la Marina de Güeña, rector-delegado de la Universidad Católica.


Editado electrónicamente por Centro Documental Blest el 30may03

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