Autor: Antropologa Adriana Goñi

Lic. Antropología- Arqueología U de Chile Diploma Actuaciones Psicosociales, Violencia Política y Catástrofes. Etnografía Virtual Hijos e Hijas de la Memoria Chile Memoria en la Web Colectivo 119 familiares y compañeros Mutual Ex Presos políticos MIR Chile Memoria Borgoño

“El no contar la historia sirve para perpetuar su tiranía” Dori Laub

Museo de la Memoria y los Derechos Humanos

por  22 enero, 2010

Nancy Nicholls Historiadora. Docente de la Escuela de Historia de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

  • La memoria de un país es fundamental para la construcción de identidad y de futuro; es también un elemento clave -sobre todo en países como el nuestro, que han vivido experiencias marcadas por la división, el enfrentamiento y la deshumanización- que participa de la búsqueda de la tan ansiada reconciliación. Sin espacios que permitan la expresión de las memorias ‘denegadas’ sobre la violación de los derechos humanos, probablemente estemos en la línea de lo que Dori Laub señaló a propósito del Holocausto: ‘El no contar la historia sirve  para perpetuar su tiranía’.

Me parece importante, al referirme al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, centrar la mirada en su nombre. Se trata de un museo de la memoria más que de la historia; y se trata de un museo cuyo énfasis está puesto en los derechos humanos, en cómo fueron violados por la dictadura militar y en cómo fueron defendidos por diversas organizaciones, personeros, militantes y opositores al régimen, a lo largo de las décadas del 70 y el 80.

Al ser un museo que se centra en la memoria de los derechos humanos entre 1973 y 1990 y no en la historia de ese periodo, su intención no es levantar y proponer una interpretación de los hechos acaecidos, como podría hacerlo un historiador que investigue sobre la temática. No obstante, hay que señalar que un museo de este tipo no puede soslayar la construcción de un cierto relato histórico de tal modo que la memoria de los hechos narrados en diversos soportes adquiera sentido, coherencia y legibilidad. Este relato se va construyendo implícitamente -entre otros elementos- a través de la selección tanto de las memorias expuestas como de los eventos históricos que son nutridos por esas memorias.

Sin espacios que permitan la expresión de las memorias ‘denegadas’ sobre la violación de los derechos humanos, probablemente estemos en la línea de lo que Dori Laub señaló a propósito del Holocausto: ‘El no contar la historia sirve  para perpetuar su tiranía’.

Esto, que podría parecer un detalle sin importancia, adquiere relevancia frente a los argumentos de quienes han sostenido que la memoria de la violación a los derechos humanos cometida por agentes de la dictadura necesita de un correlato que aporte todos los antecedentes históricos que llevaron al golpe de Estado y la posterior instalación del régimen militar por diecisiete años. Sostienen además, quienes defienden esta posición, que un museo sobre los derechos humanos establecido por el Estado no debería sólo mostrar la violación a los derechos humanos protagonizada por la dictadura, sino también la cometida por la extrema izquierda bajo el mismo periodo.

A mi juicio la enunciación y relato de la memoria sobre la violación a los derechos fundamentales del hombre ejercida por el Estado dictatorial en Chile, no plantea como condición imperativa para su existencia un despliegue de todos los antecedentes históricos que llevaron a que aquella se cometiera; tampoco ‘necesita’ mostrar la violencia ejercida por el ‘otro bando’.

En primer lugar, porque el museo está orientado a la reflexión ética de lo ocurrido y no al análisis histórico, como ya señalé. La narración pública de la Shoa en los museos y sitios de memoria que se han erigido o preservado en diversos países, no busca como objetivo fundamental exponer los múltiples y complejos dispositivos que armaron el entramado de la política de exterminio judío por parte del régimen nazi. No otorga un espacio privilegiado, por poner un ejemplo, a la exposición del antisemitismo imperante en muchos países de Europa, desde bastante tiempo antes de la Segunda Guerra Mundial, como uno de los  fenómenos históricos que habrían contribuido a la ‘solución final’. Si bien aquel puede llegar a ser un antecedente presente en dichos museos o sitios de memoria, el sentido primordial de estos está centrado en la narratividad y preservación de la memoria de la Shoa, invitando a la reflexión y a la creación de una conciencia colectiva en torno a ella, de tal modo de contribuir a evitar que genocidios como el judío se reediten.

En segundo lugar, porque la violación a los derechos humanos cometidas por la dictadura militar fue producto de una política estatal orientada hacia la sociedad civil en su conjunto, fenómeno que no guarda relación con las acciones armadas de grupos de izquierda que optaron por el camino de la violencia para derrocar a un régimen ilegítimo.

No se trata de equilibrar la balanza, como pretendió en Argentina  la ‘teoría de los dos demonios’, según la cual, el terrorismo y la represión de Estado bajo dictadura militar (1976-1983) debían ser analizados o comparados con las acciones de violencia ejercidas por los grupos guerrilleros argentinos en ese mismo periodo.

La represión dictatorial en Chile produjo un daño físico y psicológico que muchas víctimas cargan hasta el día de hoy; sembró el terror entre todo opositor al régimen, destruyó el tejido social así como los supuestos en que descansaban las relaciones interpersonales y comunitarias con anterioridad al golpe, y eso lo hizo ostentando un poder ilimitado y arbitrario que actuó por lo general contra una sociedad indefensa. Ello no es comparable a la violencia ejercida por las organizaciones  y movimientos de extrema izquierda que actuaron en el periodo.

Y en tercer lugar, porque las violaciones a los derechos humanos cometidas entre 1973 y 1990 constituyen un fenómeno que compete al Estado: fueron actos dirigidos, planeados y ejecutados desde diversas reparticiones del estado dictatorial y organismos dependientes de él, que no sólo afectaron a los directamente reprimidos, sino que a sectores mayoritarios de la sociedad.  En ese sentido, el Estado actual debe hacerse cargo de esa memoria lacerante, en razón de un imperativo ético.

El objetivo del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos es hacer pública y preservar la memoria de la represión y la violación a los derechos humanos perpetradas bajo el régimen de Pinochet,  memoria subalterna en muchos casos, ‘denegada’ en otros -para utilizar el concepto de Ludmila da Silva Catela- y acallada en la mayoría. A través de videos documentales (del golpe, de las afueras de un Estadio Nacional repleto de detenidos o de las protestas de los 80), de las cartas de los niños cuyos padres estaban presos, de las arpilleras de las mujeres que relatan la represión, de los documentos de la DINA, por nombrar algunos de los muy variados soportes en que la memoria de la violación a los derechos humanos se expresa en el museo, el visitante puede formarse su propia visión de lo ocurrido. Si bien el relato implícito, del que hablé al principio de esta columna, está presente, la mayoría del material documental exhibido proviene de los años 70 y 80, y por lo tanto no se trata de una memoria interpretada y resignificada en el tiempo desde la actualidad. La interpretación queda, sobre todo, en manos de los visitantes, quienes pueden tomar estas diferentes ‘fuentes documentales’ sobre la violación a los derechos humanos cometidas por agentes de la dictadura militar como una invitación a la reflexión. Esto último es uno de los sentidos con el que el Museo fue construido: ‘El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos- expresa un folleto explicativo que se recibe en la entrada-  es un espacio de reflexión ética sobre las violaciones a la vida y a la dignidad de las personas cometidas en Chile entre los años 1973 y 1990, que busca generar un compromiso ciudadano para que estos hechos nunca más se repitan’.

La memoria de un país es fundamental para la construcción de identidad y de futuro; es también un elemento clave -sobre todo en países como el nuestro, que han vivido experiencias marcadas por la división, el enfrentamiento y la deshumanización- que participa de la búsqueda de la tan ansiada reconciliación. Sin espacios que permitan la expresión de las memorias ‘denegadas’ sobre la violación de los derechos humanos, probablemente estemos en la línea de lo que Dori Laub señaló a propósito del Holocausto: ‘El no contar la historia sirve  para perpetuar su tiranía’.

Coordinador de DDHH de los Colegios Profesionales, al inicio del año 2015

Coordinador de Derechos Humanos de los Colegios Profesionales proponemos los puntos aquí señalados para cuestionar el paradigma imperante e impulsar un debate libre y creativo que nos permita avanzar a una sociedad en la cual el respeto a los derechos de todos y todas constituya una práctica cotidiana.

Como profesionales comprometidos con los derechos humanos y la democracia, queremos expresar nuestra preocupación por  los hechos que se investigan a nivel judicial y que ponen al descubierto la vinculación ilícita del poderoso grupo empresarial Penta con parlamentarios, políticos y ex funcionarios del Estado, financiados en secreto por Penta. 

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Lucila Svampa: “La memoria es objeto de disputa, nunca puede ser neutral”

19/04/2017 LIBROS

Lucila Svampa: “La memoria es objeto de disputa, nunca puede ser neutral”

Lucila Svampa, doctora en Ciencias Sociales, contrapone distintas tradiciones teóricas sobre los usos del pasado y marca los riesgos latentes en la construcción de las “políticas de la memoria”.

Por Julieta Grosso

En los vínculos que una sociedad entabla con su pasado se dirimen múltiples y problemáticas relaciones que la investigadora Lucila Svampa desentraña en “La historia en disputa”, una obra que desarticula la idea de una tensión irremediable entre memoria y olvido, a la vez que dialoga con los debates actuales que intentan relativizar la experiencia de la dictadura a través del cuestionamiento a la cifra de desaparecidos.

La recuperación de la memoria colectiva es una instancia siempre compleja en la que asoman nudos problemáticos, trampas potenciales que es necesario esquivar para no caer en versiones maniqueas o apologéticas que resulten funcionales al poder o alienten enfoques condescendientes que anulen el sustrato crítico necesario para que no se reproduzcan en el presente los traumas del pasado.

Bajo esas coordenadas se planta “La historia en disputa” (Prometeo Editorial), un riguroso trabajo crítico en el que la doctora en Ciencias Sociales María Lucila Svampa contrapone distintas tradiciones teóricas para problematizar la noción de usos del pasado y marcar los riesgos latentes en la construcción de las “políticas de la memoria”.

La ensayista retoma una genealogía de autores que han trabajo estas cuestiones (el alemán Andreas Huyssen, el español Manuel Cruz o la argentina Claudia Hilb, entre otros) para alertar sobre la malversación de la memoria (el historiador italiano Enzo Traverso alerta en ese sentido sobre los riesgos de embalsarmarla y “neutralizar su potencial crítico”) y analizar las estrategias que dispone el Estado para trazar una narrativa del pasado que no clausure sucesivas resignificaciones a través del tiempo.

– Télam: ¿Tiene sentido abrir una discusión sobre el número de desaparecidos como lo han hecho el ex ministro de Cultura Darío Lopérfido y el titular de la Aduana Juan José Gómez Centurión, o este tipo de debates contaminan el consenso alcanzado por una parte de la sociedad acerca de las secuelas que dejó la dictadura?
– Lucila Svampa:
Sería importante contar con un número documentado de desaparecidos porque eso equivaldría a un gran logro de los organismos de derechos humanos: supondría dar con el paradero de sus cuerpos y restituir la identidad de nietos robados. Sin embargo, dado que los secuestros y el robo de bebés durante la dictadura se produjeron en la clandestinidad, y que los represores mantienen perversamente un pacto de silencio al respecto, es virtualmente imposible acceder a esa información. En este escenario, cuestionar que se mantenga el número de 30 mil para referirse a los desaparecidos es una provocación abierta a los organismos de derechos humanos y a los familiares de las víctimas. Como recordó hace poco el escritor Martín Kohan en una entrevista radial, se trata de una cifra estimada y las implicancias de entrar en una polémica sobre ella son graves, en tanto niega la clandestinidad y la vigencia del miedo que persiste en torno a posibles nuevas denuncias.

– T: El libro plantea los equívocos que subsisten respecto a la articulación entre memoria y olvido, en especial impugna la idea de que la operación de recordar determinados hitos implique desechar otros ¿De qué manera se deja atrás esa idea de la mutua exclusión como estrategia para recuperar el pasado?
– L.S.:
Efectivamente, la dupla entre memoria y olvido aparece, en muchas ocasiones, formulada en términos excluyentes. Se dice que los alemanes olvidaron los bombardeos de Dresde por recordar Auschwitz, o que en la Argentina se reprimió la historización de la lucha armada beneficiando la memoria de los desaparecidos. Pero estos binomios demuestran ser poco productivos por no contemplar una lectura de los modos en que un acontecimiento es recuperado. Habría que identificar cuál es el gesto político que acompaña las denuncias de la eliminación de determinados hechos de la escena política en detrimento de otros. Por último creo que hace falta distinguir los niveles en que circulan los discursos históricos. No es lo mismo un relato político, que uno histórico o uno memorial.

– T: Además de someter a juicio a los perpetradores de torturas y crímenes como los que llevó adelante la dictadura ¿qué otras variables tiene que contemplar el Estado para resignificar los hitos más traumáticos de su historia?
– L.S.:
Existen por un lado, medidas legales y por otro, medidas más sigilosas pero no por ello menos relevantes para la construcción de la memoria de una sociedad. Las más importantes y conocidas de los últimos años fueron la derogación de los indultos a perpetradores, la fijación del 24 de marzo como feriado nacional, el impulso de los enjuiciamientos a represores, la creación de un banco de datos genéticos, la inauguración del sitio de la memoria, la inclusión del tema en la currícula escolar y la investigación de los delitos económicos durante la dictadura. En segundo lugar, es preciso identificar las condiciones que hicieron posible que una tragedia tenga lugar con el fin de evitar que se recreen las mismas situaciones que las políticas memoriales buscan recordar.

– T: El gobierno anterior y el actual desplegaron discursos casi antagónicos respecto a la valoración de la dictadura: mientras el kirchnerismo intentaba recuperar ese período desde una mirada por momentos fosilizada, algunos ex integrantes de la actual gestión instalaron versiones de sesgo negacionista. ¿En qué medida ambas posturas conspiran contra la construcción de la memoria colectiva?
– L.S.:
En primer lugar, pienso que durante el kirchnerismo, lejos de una imagen petrificada de la memoria se promovió la construcción de una lectura del pasado que incluyó a varios actores de la sociedad y estuvo abierta a debates. La proliferación de investigaciones académicas sobre el tema, la multiplicación de encuentros científicos que debatieron dicha memoria, su inclusión en la currícula escolar son algunos ejemplos de políticas que promovieron cambios en el enfoque. Resulta difícil que un gesto tal pueda conspirar contra la recuperación del pasado ni que se pueda homologar a declaraciones de corte negacionista, que plantean un peligro para la vida pública de los recuerdos referidos a los crímenes de la dictadura militar.

– T: ¿Por qué cree que son nocivas las políticas de memoria que se posicionan como neutrales y pacificadoras?
– L.S.:
Porque anulan el conflicto y pretenden representar un todo. Las políticas referidas al pasado nunca pueden ser neutrales porque se expresan sobre acontecimientos que tuvieron consecuencias concretas para sectores en particular. Las políticas que discursivamente se apoyan en la paz son en general promotoras de indultos y tienden a rechazar una reelaboración del pasado.

Dejan fuera de ella a aquellos que no adhieren a sus posturas. De modo que su operación entraña una exclusión extrema. Si la memoria es un objeto de disputa, esta nunca puede ser neutral, porque por definición siempre toma posición en el contexto de una historia que no está dada, sino que se construye. Que se construya no quiere decir que se falsifique, significa que se nutre de diferentes relatos que pueden rescatar memorias aplacadas y que, por ende, está abierta.

Recordando a José Manuel Lira, “…el mejor de los nuestros”.

Recordando a José Manuel Lira, “…el mejor de los nuestros”.

                                                                                                  (María Leonor Rojas Flores)

Este jueves 28 de julio de 2016, se cumple un año desde el fallecimiento de “nuestro querido Pepe”, José Manuel Lira Morales.

Nació el 27 de Mayo de 1949, hijo de Raúl y Griselda, fue el menor de 5 hermanos… “la oveja negra de la familia”.

Estudió en el Colegio San Agustín y luego entró a la Universidad de Chile donde pasó por las escuelas de Filosofía, Economía y Antropología, entre los años 1967 a 1973.

También formó parte de ese grupo de 25 alumnos que dio vida al primer curso con el que se abrió la Escuela de Antropología y Arqueología  en la U. de Chile en 1970.

Además “…como joven estudiante, participé en la formación de un colectivo para iniciarnos en el camino de la obra del Profesor Lipschütz. La transformamos en una cátedra paralela que nunca fue repuesta”.*

José Manuel era un discípulo serio y aventajado en la obra antropológica y médica de Alejandro Lipschütz.

Fue el compilador magistral para dar cuerpo a la “Nueva Antología de Alejandro Lipschütz (1911-1967).Escritos antropológicos, políticos, filosóficos”. Que se publicó en 2005 con el apoyo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en un tiraje de 3.000 ejemplares.

“Apasionado y rotundo, Pepe asumió un trabajo militante durante el Gobierno de la Unidad Popular y estuvo dispuesto a dar la vida por defender las conquistas de la clase trabajadora. Su compromiso militante lo alejó de las aulas en ese entonces”. **

En 1973 fue tomado prisionero y permaneció encarcelado por dos años. En 1976 fue expulsado de Chile, instalándolo directamente en un Campo de Refugiados en las afueras de Viena, Austria.

Su exilio lo vivió dolorosamente, como tantos chilenos dispersos por el mundo.

Activista incesante en el trabajo de denuncia de las Violaciones a los Derechos Humanos que estaba cometiendo la Dictadura de Pinochet.

Fue miembro de la organización Chile Democrático que se extendía por Europa y colaborador de la Vicaría de la Solidaridad, entre otras.

Estuvo prohibido de regresar a Chile con el pasaporte marcado para impedirle el libre desplazamiento. Sin embrago, en 1985 volvió al país para dedicarse a la resistencia contra la dictadura.

En el Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, José Manuel aparece caratulado con el N° 13187.

Fue un Internacionalista comprometido, leal y ético. Colaboró, desde su potencia intelectual como Antropólogo y Marxista, con organizaciones campesinas e indígenas en Chile, Brasil, Paraguay, Perú, Bolivia, México, etc.

Miembro del Colegio de Antropólogos de Chile y varios Colectivos dedicados a no dejar que la memoria del Chile reciente se pierda.

Nos dejó una serie de artículos en el campo de los Derechos Humanos y la Antropología Social y Crítica.

Al momento de fallecer con 66 años, trabajaba, junto a su compañera y esposa, en la recuperación de Derechos de Aguas Inmemoriales con las Comunidades de Colliguay, lugar en el que vivía desde hace 9 años.

Ahora que se cumple un año desde que iniciara “su viaje hacia la cima de los volcanes” y que, tal vez ya nos acompaña convertido en un protector Pillam, quisimos entregar más antecedentes que van dando luces de su historia de vida.

Un hombre coherente, consecuente, exigente, intenso, poderoso intelectualmente y profundamente comprometido con la liberación de sus pueblos, en el entendido que él se llamaba a sí mismo como “un VIVIENTE de INDOAMERICA”.

Nuestra memoria te retendrá por siempre.

 

—-

*.- José Manuel Lira

**.- Rodrigo Sepúlveda

 

José Manuel Lira, ¡Presente!: Un Gran Humanista que Sigue Caminando con Nosotros

PUEBLOS ORIGINARIOS

TIPOGRAFÍA

El domingo 29 de noviembre de este 2015, en el Cementerio de Colliguay, se llevó a cabo una Ceremonia de Agua y Humo para conmemorar los cuatro meses desde que José Manuel Lira falleciera a consecuencia de un cáncer vertiginoso.

Por qué conmemorar a los cuatro meses…porque en prácticas de pueblos originarios que celebran el  culto a la vida que trasciende a la muerte, el espíritu de “nuestros muertos” sólo después de un tiempo inician la caminata por los cuatro lados sagrados de la tierra, por el Meli Witran Mapu Felei ,a decir en lengua mapuche.

Es así que, los que le conocieron saben que era una persona rigurosa y abierta.

Era un hombre de fe, de “fe revolucionaria “al igual que Mariátegui; saben que era un trabajador empedernido para conseguir “la restauración de Indoamérica” como lo proponía su maestro Alejandro Lipschütz; saben que era un Marxista profundo y serio “seducido por el indianismo” a decir de Willka Zárate sobre García Linera. (*)

Muchas militancias afectivas unidas a José Manuel creyeron entonces que, conmemorar estos 4 meses desde su partida era un momento sagrado para restaurar las emociones, tan sacudidas en los aconteceres neoliberales y por la ausencia de otro hombre bueno, “El mejor de los nuestros, el menos visible” como se refirió a él su Colega en la Antropología Crítica, Rodrigo Sepúlveda.

La ceremonia se llevó en ambiente poético, con música e ideas. Muchos testimonios nos acercaron otro poquito en el conocimiento de José, quien “no sólo era antropólogo, siempre hábil y polifacético, artesano de la madera, de la piedra y del papel”; que nos obligaba a la “apertura de los horizontes (…) posibilitando la intervención de la práctica creadora (…) la teoría como acción creadora (*)

“(…) la muerte no tiene la última palabra, sino la vida. Es la vida de José que hoy nos reúne (…). José vivió intensamente, no se dejó llevar por la mediocridad del ambiente y se puso al servicio de su pueblo. Por eso fue revolucionario y mariateguista, pero de los auténticos (…).

Así se refirió el Padre Luis Zambrano, párroco de Pueblo de Dios en Juliaca, Perú, amigo leal y respetuoso que le conoció en su exilio en Austria.

“(…) José, la verdad es que tú estás y estrás siempre con nosotros. Está tu risa, tu ironía, tu potencia intelectual, tu ejemplo. Estás cuando me voy a una tienda en Londres y en los 15 minutos que me quedan, compro tres libros de Eric Hobsbaum, entre ellos “Cómo cambiar el mundo” que fue el último que tú leíste.

José tú estás cuando juego con mis niñas y río con ellas. Estás en mi trabajo cuando me digo que se vaya al carajo la derecha (…).  Palabras de Philipp Müller, discípulo e hijo en las ideas, desde Lausanne en Suiza para Colliguay.

La Ceremonia conmemoraba los cuatro meses de su partida y era hora de poner una placa en su tumba del Cementerio Campesino.

El epitafio reza; Yo voy a reír cuando me muera”, que es el nombre de un poema del Padre Lucho de Juliaca. Compartimos algunos versos.

Yo voy a reír cuando me muera

Yo
Voy a reír
Cuando me muera,
Pues para entonces
Ya habré llorado mucho. /
Me reiré
De mis muchas discusiones
De la (música) que me gusta
Y del sol que hoy me quema. /
Me reiré
De mi casa sin sala
De mis sábanas usadas
De mi chalina de alpaca. /
Me reiré
De mis dolores estomacales
De mis viejos apuntes
De mi propia cara. /
Me reiré
Tanto, de tantas cosas,
Que ya al final,
Desde la lejanía
Por la ventana del recuerdo,
Asomará una lágrima.

“La muerte, como fin absoluto, como catástrofe, la hemos inventado nosotros, los hombres. Es decir la interrupción de la existencia individual como catástrofe es imaginable sólo desde el punto de vista  de una personalidad individual consciente.

(…) tenemos que hacer un esfuerzo para entender que la realidad física de la muerte, la que nosotros, los hombres, tanto lamentamos, porque a nosotros atañe, no encierra nada de catastrófico…”.

(A. Lipschütz, “Tres Médicos Contemporáneos…, pag.283)

“El cáncer lo realiza (la persona) a través de diferentes comportamientos.
El cáncer no es otra cosa que muerte celular, es decir, morir de a poco.
Mi cáncer es producto de mi vida…
Tener voluntad basada siempre en la coherencia, sin desesperar, tampoco deprimir; ni caer en estados de auto abandono.
Decisión activa (personal)… la vida ya se realizó. O se vive bien o se muere…
SABER MORIR (…)”.

(José Manuel Lira, últimos escritos sobre la vida y la muerte)

Estos cuatro meses  de ausencia física han sido “tiempos y espacios donde la cabeza se une al corazón y sabotea la razón. Yo creo en las “palabras húmedas de misterio” (…). Cuando sabemos que las (personas) existen, pero no están, y sentimos la carencia “aquí dentro”, la palabra “AUSENCIA” es la “la palabra húmeda de misterio” que, contrario a satisfacción, genera dolor”. (*)

Por  todo lo aquí escrito, es que la Ceremonia para fortalecer los compromisos de acción con José  nos inspiraron para viajar a Colliguay.

En Colliguay,” (…) vi de cerca  el indomable espíritu luchador de José, su visión de futuro y su entrega  (a “mi pueblo” como decía), pues trabajó en la recuperación del patrimonio de la cultura campesina y la trascendente tarea de la Regularización de Derechos de Aguas Inmemoriales.” (Padre Lucho).

Durante la Ceremonia se anunció el Proyecto de re-edición de la” Nueva Antología de Alejandro Lipschütz” que José Manuel trabajará magistralmente en 2005.

Este Proyecto estará en manos LOM Ediciones junto al Colegio de Antropólogos, ICAL y María Leonor Rojas, su compañera y esposa por 30 años.

Levantamos nuestra copa real e imaginaria para hacer un brindis por José Manuel que lleno de vida en la muerte nos dejó  mucha teoría y sugerencia de mucha práctica para no perdernos en el espejismo neoliberal.

Noviembre 2015.

(*) Antología Hacia el Gran Ayllu Universal Álvaro García Linera”. “WIllka” Álvaro Zárate (compilador).Biblioteca Indígena; Universidad Arcis; Altepetl. México 2015.

Sergio Rapu Haoa.

Berkeley student and former governor Sergio Rapu grapples with taking Easter Island into the 21st century
15 November 2002

By Bonnie Azab Powell, Public Affairs

http://www.berkeley.edu/news/media/releases/2002/11/peace/rapu.html

BERKELEY – Rotary World Peace Scholar Sergio Rapu is a little different from your typical UC Berkeley student.

About the Rotary World Peace Scholars program at Berkeley

For one, he has a few more gray hairs. The 53-year-old father of two college-age children, Rapu is both paternal toward and in awe of his fellow students: “I feel like their daddy, but they are all such bright kids — smarter than me,” he says. His energy is boundless: twice a day he walks up and down the steep hill from the International House to the Berkeley BART station just for exercise. And even amid Berkeley’s celebrated diversity, Rapu’s birthplace qualifies as exotic: Easter Island, home to the famous moai — those enigmatic, monolithic stone heads — and one of the world’s most geographically isolated places, all alone in the South Pacific.

Sergio Rapu
If we don’t solve these problems of development versus conservation, we may face the island spoiled totally, turned into a shantytown rather than a beautiful, open-air museum, simply because we didn’t learn to take care of it ahead of time.
—Sergio Rapu, Rotary World Peace Scholar. (Photo by BAP)

It’s also a safe bet that he’s the only former governor currently on campus. Governor of the island’s 3,000 residents from 1984 to 1990, Rapu was the first native Easter Islander (or Rapanui, the name preferred by the indigenous people) to hold the post since the island was annexed by Chile in 1888. He’s quick to point out, however, that like most residents, he’s not 100 percent Rapanui: “I call myself ‘chop suey.’ My grandfather was Scottish, my great-grandfather was Danish, and then there’s some French, Chinese, and Chilean blood in there, too.”

Rapu has put his career on hold and come to Berkeley with one ambitious goal: to find a way that Easter Islanders can protect their heritage while finding their place in the 21st century.

“I’ve really changed my life 180 degrees — I had a lot of projects and research going,” he says. (He was just about to finish the Anakena restoration project, pictured at top.) “At Berkeley I want to build up skills and work on proposals the island urgently needs. Because if we don’t solve these problems of development versus conservation, we may face the island spoiled totally, turned into a shantytown rather than a beautiful, open-air museum, and our culture will be lost.”

The Navel of the World

An anthropologist and archaeologist by training, Rapu is used to explaining the history of the island to those who know it only from the Sony commercials (in which the moai groove to headphones).

The Rapanui are descended from early Polynesians who arrived around 400 A.D. and remained isolated until a Dutch explorer, Jacob Roggeveen, landed in 1722. Roggeveen named the island after Easter Sunday, the day he landed, but the Rapanui name, Te Pito O Te Henua — translated roughly as “Navel of the World” — seems more apt for this 66-square-mile speck of lava rock, lying 2,500 miles from Chile and 2,000 miles from Tahiti in the South Pacific ocean.

Roggeveen was just the first of a wave of destructive European and South American visitors. In 1805 an American ship, the Nancy, stopped at the island and kidnapped 22 men and women for forced labor. Peruvian slave traders began making regular raids on the island in the 1860s. When popular opinion in Peru turned against the slave trade, efforts were made to repatriate some Easter Islanders: unfortunately the small percentage who survived the tortuous return trip brought smallpox with them, decimating the remaining population. At the island’s low point its inhabitants numbered little more than 100.

In the 1880s, Christian missionaries working in the South Pacific took up the plight of Easter Island and began negotiating for its annexation to its distant neighbor Chile, which could protect it from slave trader incursions. In 1888 the Rapanui chiefs voted unanimously to cede sovereignty to Chile, which has held the island ever since.

Things did not improve greatly under Chile, which allowed Chilean companies to take over the island and basically turn it into a giant sheep farm, with the islanders confined to Hangaroa, the main village. The only regular visitors were the Chilean navy and shipwrecked crews. (Easter Island’s coast is so treacherous that even today, ships must anchor offshore and ferry passengers in by small boat.) The sheep completed the denuding of vegetation that the Rapanui had begun long ago and by the 1940s, the island was basically a fiefdom for the Chilean navy.

In 1955, the island had its most constructive visitor: the Norwegian Archaeological Expedition headed by Thor Heyerdahl, famous for building and sailing a primitive raft from Peru across the sea to the Tuamotus Islands. Heyerdahl was the first to excavate and publicize Easter Island’s rich cultural heritage; one of his team members, William Mulloy, later returned to the island and spearheaded the movement to re-erect statues, restore sites, and begin an island-wide archaeological survey.

In 1965, Alfonso Rapu — Sergio Rapu’s older brother — led an insurrection that forced the Chilean government to return rights to the land and its precious archeological treasures to the Rapanui. Alfonso Rapu was the first Rapanui to be elected mayor of the island; 22 years later, his little brother would become the group’s first governor.

A grand, open-air museum

Sergio Rapu has been pondering the island’s future while caring for its past since 1971, when he worked as the curator of Easter Island’s museum. “‘Curator’ is kind of a grand word for what I did. I was the only employee, so I cleaned floors, turned off the lights, picked up people from the airport,” he laughs. But that’s how Rapu met Mulloy, who became his mentor — bringing him to the University of Wyoming in 1973 for his bachelor’s in anthropology. He followed it with a master’s from the University of Hawaii, specializing in Pacific culture and archaeology. Since then, in addition to serving as governor and overseeing restoration projects on Easter Island, he has headed the Institute for Polynesian Studies at Hawaii’s Brigham Young University and consulted for several nonprofits on Polynesian preservation efforts. He and his wife, a fellow archaeologist, divide their time between Hawaii — where they can be closer to their children enrolled at mainland U.S. universities — and Rapu’s homeland.

Meanwhile, Easter Island’s museum has grown from one employee to 12 and quadrupled in size, recounts Rapu proudly. That transformation reflects the growth of the island’s main industry: tourist visitors to the estimated 20,000 archeological sites that dot the landscape, including 800 or so moai, the giant heads carved from volcanic rock. No one has yet figured out how the Rapanui ancestors moved these inscrutable figures, which range in size from 6 feet to more than 60 feet tall and weigh many tons, from the quarries to their final resting places around the island.

Sergio Rapu
People think that the choice is either go with the rest of the planet, or maintain your own identity with pride. But it doesn’t have to be one or the other. We can be different and still share in the progress.
—Sergio Rapu, Rotary World Peace Scholar (Photo by BAP)

In fact, when Rapu took office as governor, most of the moai lay broken on their sides, toppled by civil war, invaders, and hurricanes. And they would probably have stayed that way, if a Japanese construction executive hadn’t happened to hear Rapu talking about the island’s lack of restoration resources in a 1988 interview on Japanese television. The man called the show and offered the services of his company, Tadano. Tadano worked with Rapu and the Chilean government to donate a $1 million crane to the islanders as well as teach them how to use it. Thanks to that effort, numerous moai around the island have been resurrected and restored to their historical homes on Easter Island’s ahu, or shrines.

The moai may be better off, but the residents of Easter Island still face major challenges. Two flights a week from Chile bring the tourists that are the island’s only major industry, other than subsistence farming and fishing. And tourists, of course, can eventually destroy what they come to see if left unsupervised.

Rapu is taking classes in international environmental politics, resource management, demography, and archaeology (to catch up on recent preservation research) in search of answers to those dilemmas. “We must empower the Rapanui owners of the heritage to be its permanent guardians,” says Rapui. “We have preserved our culture in the way that we relate to each other, our kinship, our language, our conception of property, and the way we mark the important moments of life. But I think we need help from Chile in getting the tools, the training, and proper regulations — perhaps through a nongovernmental organization or a foundation — to preserve our physical heritage as well.”

The Chilean government has been giving land grants to Easter Island residents in a somewhat arbitrary fashion. That means that many thousands of the precious archaeological sites, containing moai, shrines, or petroglyphs, are now in private hands. “Each private owner should be aware of what’s there,” says Rapu, “so that rather than plowing up the site and planting potatoes, say, they have an incentive to protect it.”

In 1995 Easter Island was named to UNESCO’s World Heritage list of cultural sites, a distinction that obligates Chile to protect and conserve the island’s treasures. Rapu hopes to persuade the Chilean government to set up a foundation that might offer the Rapanui a small financial incentive to care for the sites on their land. Another possibility would be to charge an island entrance fee for tourists, as the Galapagos Islands do to raise funds for ecological preservation.

Noble savages vs. modern world

But preservation of Easter Island’s physical heritage is just one of the challenges that Rapu would like to take on. The land itself has been deforested and suffers from mineral leeching common to small islands. Although tourism likely will remain the most prominent part of the island’s economy, Rapu thinks it is possible that careful agricultural management might restore the soil and allow the Rapanui to grow pineapples, mangos, spices, and flower extracts for perfume. These high value, small volume products could survive the journey to Chile and earn income for the islanders without further damaging either the soil or the archaeological sites.

“Development is about more than just preventing Easter Island from becoming a Waikiki-style resort,” says Rapu. “It’s about whether islanders have the chance to become doctors and lawyers rather than being fishermen all their lives, and can do that without forgetting our culture or how to talk to our relatives. The evolution of society is happening at a faster and faster pace. If we insist on special treatment, we run the risk of being the noble savages who get left behind. People think that the choice is either go with the rest of the planet, or maintain your own identity with pride. But it doesn’t have to be one or the other. We can be different and still share in the progress.”

He would like to see a truly bilingual education (in Rapanui and Spanish) introduced to the island’s school, and more written texts that would help the non-Rapanui residents — about half the island’s population — understand the history of their adopted home. “Our numbers are so small now that we can only grow by inviting more people to join our culture.”

Rapu is optimistic that despite the ravages Easter Island and its people have suffered in the past two centuries, the Rapanui can recover and prosper. “When I look back at our history I see that the Chilean government has tried to respond positively to the Rapanui. The challenge for us now is to continue to lobby for the funds and the resources that we need, and to communicate better what those things are,” he says. “And we must also be cautious in our integration. Before, we wanted all the benefits of citizenship; now, we must sift the virtues from the vices in order to preserve our heritage.”

Traducción on line

Sergio Rapu es un poco diferente del  típico estudiante de UC Berkeley. Por ejemplo, tiene unas cuantas canas más.  Padre de 53 años de dos hijos de edad universitaria, Rapu es paternal hacia y en la admiración de sus compañeros: ‘ me siento como su papá, pero son todos estos niños brillantes, más inteligente que yo,’ dice. Su energía no tiene límites: dos veces al día camina arriba y abajo de la colina de la casa internacional a la estación de BART de Berkeley para hacer ejercicio. Y aún en medio de la celebrada  diversidad  de Berkeley, la cuna de Rapu lo califica como exótico: Isla de Pascua, hogar de los famosos moais, esas cabezas de piedra monolíticos, enigmáticos, y uno del mundo más geográficamente de los lugares, solos en el Pacífico Sur.     «Si no resolvemos estos problemas de desarrollo versus conservación, podemos enfrentar la isla totalmente estropeado, convertido en un barrio de chabolas en lugar de un museo al aire libre, hermoso, simplemente porque no aprendemos a cuidar de él antes de tiempo. ‘  También es una fuerte apuesta que él es el únicoo ex gobernador actualmente en el campus. Gobernador de 3.000 residentes de la isla desde 1984 a 1990, Rapu fue el primero en ocupar el cargo de las islas Pascua (o Rapa Nui, el nombre preferido por los indígenas) para ocupar el cargo ya que la isla fue anexionada a Chile en 1888. Él es rápido para señalar, sin embargo, que como la mayoría de los residentes, no es 100% Rapa Nui: ‘ me llamo ‘ chop suey. «Mi abuelo era escoces, mi bisabuelo era danés y luego hay algo francés, Chino y chileno de sangre allí, también. ‘ Rapu ha puesto su carrera en espera y vienen a Berkeley con una meta ambiciosa: encontrar una manera que isleños de Pascua puede proteger su patrimonio y encontrar su lugar en el siglo XXI. ‘ Realmente he cambiado mi vida 180 grados, yo tenía un montón de proyectos e investigación va,’ dice. (Estaba a punto de terminar el proyecto de restauración de Anakena, en la foto en la parte superior). ‘ En Berkeley quiero construir habilidades y trabajar en propuestas de la isla con urgencia las necesidades. Porque si no resolvemos estos problemas de desarrollo versus conservación, podemos enfrentar la isla estropeado totalmente, se convirtió en un barrio de chabolas en lugar de un museo al aire libre, hermoso, y nuestra cultura se perderá. ‘ El ombligo del mundo un antropólogo y arqueólogo de profesión, Rapu se utiliza para explicar la historia de la isla a los que saben solamente de los comerciales de Sony (en el que los moai ranura para auriculares). Los Rapanui son descendientes de los primeros polinesios que llegaron alrededor de 400 a. D. y permaneció aislado hasta un explorador neerlandés, Jacob Roggeveen, en 1722. Roggeveen la isla el nombre del domingo de Pascua, el día que aterrizó, pero el nombre de Rapa Nui, Te Pito O Te Henua, traducido aproximadamente como ‘El ombligo del mundo’, parece más apto para esta partícula de 66 millas cuadradas de roca de la lava, 2.500 millas de Chile y 2,000 millas de Tahití en el Pacífico Sur. Roggeveen fue sólo el primero de una ola de visitantes europeos y sudamericanos destructivas. En 1805 un barco americano, el Nancy, se detuvo en la isla y secuestraron a 22 hombres y mujeres para trabajo forzado. Traficantes de esclavos peruanos comenzaron a hacer incursiones regulares en la isla en la década de 1860. Cuando la opinión popular en el Perú contra la trata de esclavos, se hicieron esfuerzos para repatriar a algunos isleños de Pascua: Desafortunadamente el pequeño porcentaje que sobrevivieron el viaje de vuelta tortuoso trajeron viruela, diezmando la población restante. En el punto más bajo de la isla sus habitantes contados a poco más de 100. En la década de 1880, misioneros cristianos trabajando en el Pacífico Sur tomaron la difícil situación de isla de Pascua y comenzaron la negociación para su anexión a su vecino lejano Chile, que podría proteger de las incursiones de comerciante de esclavos. En 1888 los jefes Rapanui por unanimidad ceder soberanía a Chile, que ha ocupado la isla desde entonces. Cosas no mejoró mucho en Chile, que permitió a las empresas chilenas asumir el control la isla y básicamente convertirlo en una granja de ovejas gigantes, con los isleños a Hangaroa, la aldea principal. Los visitantes sólo regulares fueron la armada y náufragos equipos. (Costa de la isla de Pascua es tan peligroso que incluso hoy en día, naves deben anclar offshore y ferry pasajeros por lancha). La oveja terminó el Desollamiento de la vegetación que los Rapanui había comenzado hace mucho tiempo y por la década de 1940, la isla era básicamente un feudo para la Armada de Chile. En 1955, la isla tuvo su visitante más constructivo: la expedición arqueológica Noruega dirigida por Thor Heyerdahl, famoso por construir y navegar una balsa primitiva de Perú a través del mar a las islas Tuamotus. Heyerdahl fue el primero en excavar y dar a conocer riqueza cultural de la isla de Pascua; uno de sus miembros del equipo, William Mulloy, más tarde regresó a la isla y encabezó el movimiento para volver a erigir estatuas, restaurar sitios y comenzar una prospección arqueológica de toda la isla. En 1965, Alfonso Rapu, Hermano mayor de Sergio Rapu — condujo una insurrección que obligó al gobierno chileno a devolver los derechos a la tierra y sus preciosos tesoros arqueológicos a los Rapanui. Alfonso Rapu fue el primer Rapanui para ser elegido a alcalde de la isla; 22 años más tarde, su hermano pequeño llegaría a ser primer gobernador del grupo. Un gran museo al aire libre Sergio Rapu ha sido pensando en futuro de la isla mientras cuida de su pasado desde 1971, cuando se desempeñó como curador del Museo de la isla de Pascua. ” Curador ‘ es de una gran palabra para lo que hice. Era el único empleado, así que limpié pisos, apagados las luces, recogidas personas desde el aeropuerto,’ se ríe. Pero que es cómo Rapu Mulloy, quien se convirtió en su mentor, llevándolo a la Universidad de Wyoming en 1973 para su licenciatura en Antropología. Él siguió con una maestría de la Universidad de Hawai, especializada en Arqueología y cultura pacífica. Desde entonces, además de servir como gobernador y supervisar proyectos de restauración en Isla de Pascua, ha dirigido el Instituto de estudios Polynesian en Brigham Young University de Hawaii y consultado por varias organizaciones no lucrativas en esfuerzos de preservación Polinesia. Él y su esposa, un arqueólogo compañeros, dividen su tiempo entre Hawaii, donde puede estar más cercanos de sus hijos en continente U. S. universidades y de la patria de Rapu. Mientras tanto, el Museo de isla de Pascua ha crecido de un empleado a 12 y cuadruplicado en tamaño, relata con orgullo Rapu. Que transformación refleja el crecimiento de la industria principal de la isla: turistas que visitan a los sitios arqueológicos de 20.000 estimados que salpican el paisaje, incluyendo 800 o más moai, las cabezas gigantes, talladas en roca volcánica. Nadie ha descubierto aún cómo los antepasados Rapanui trasladó estas cifras inescrutables, que varían en tamaño desde 6 pies hasta más de 60 pies de altura y pesan varias toneladas, de las minas a sus lugares de descanso finales alrededor de la isla.     ‘ La gente piensa que la opción es ir con el resto del planeta, o mantener su propia identidad con orgullo. Pero no tiene que ser uno u otro. Podemos ser diferentes y aún compartir el progreso. ‘ —  de hecho, cuando Rapu asumió el cargo como gobernador, la mayoría de la endecha de moai rota en sus lados, derrocado por la guerra civil, invasores y los huracanes. Y probablemente habría se quedó así, si un ejecutivo japonés de la construcción no había ocurrido escuchar Rapu hablando de falta de la isla de los recursos de la restauración en una entrevista de 1988 en la televisión japonesa. El hombre había llamado la feria y ofrece los servicios de su empresa, Tadano. TADANO trabajó con Rapu y el gobierno de Chile para donar una grúa $ 1 millón para los isleños, así como enseñarles cómo usarlo. Gracias a ese esfuerzo, numerosos moai de la isla han sido resucitados y restaurados a sus hogares históricos en Isla de Pascua ahu, o santuarios. Los moai puede ser mejor, pero los residentes de isla de Pascua todavía enfrentan grandes retos. Dos vuelos a la semana desde Chile traer los turistas que son sólo grandes industrias de la isla, que no sea la agricultura de subsistencia y pesca. Y los turistas, por supuesto, pueden eventualmente destruir lo que vienen a ver si dejó sin vigilancia. RAPU es tomar clases de política ambiental internacional, gestión de recursos, demografía y Arqueología (para ponerse al día sobre la reciente investigación de preservación) en busca de respuestas a los dilemas. ‘Debemos capacitar a los propietarios de Rapanui de la herencia que sus guardianes permanentes,’ dice Rapui. ‘ Nosotros hemos conservado nuestra cultura en la forma en que nos relacionamos unos a otros, nuestro parentesco, nuestra lengua, nuestra concepción de la propiedad, y lo marcamos en los momentos importantes de la vida. Pero creo que necesitamos ayuda de Chile en conseguir las herramientas, la formación y normativa adecuada — quizás a través de una organización no gubernamental o una Fundación — para preservar nuestro patrimonio físico, así. ‘ El gobierno de Chile ha dado subvenciones de tierra a los residentes de la isla de Pascua de una manera un tanto arbitraria. Eso significa que muchos miles de los preciosos sitios arqueológicos, que contienen moai, santuarios o petroglifos, están ahora en manos privadas. «Cada propietario privado debe ser consciente de lo que está allí,» dice Rapu, ‘ así que en lugar de arar el sitio y plantación de papas, decir, tienen un incentivo para protegerlo. ‘ En 1995, isla de Pascua fue nombrada a la lista del patrimonio mundial de la UNESCO de sitios culturales, una distinción que obliga a Chile a proteger y conservar los tesoros de la isla. RAPU espera persuadir al gobierno chileno para crear una Fundación que podría ofrecer el Rapanui un pequeño incentivo financiero para cuidar los sitios de sus tierras. Otra posibilidad sería cobrar una tarifa de entrada de la isla para los turistas, como las Islas Galápagos para recaudar fondos para la preservación ecológica. Nobles salvajes vs.

Etnomusicología de la Isla De Pascua

Publicación de Rapanui Press:
Enciclopedia de música rapanuí vuelve a la luz

El repertorio ancestral que se seguía cultivando en la isla en los años 60 fue recuperado por Ramón Campbell, quien lo transcribió e identificó su sentido cultural.  
Romina de la Sotta Donoso Alcanzó a conocer los vestigios de la música ancestral. Aún había gente que se sabía de memoria cantos con 200 años de vigencia.

Ramón Campbell (1911-2000) llegó en 1964, como doctor de la isla. Y esa fue su gran oportunidad para desarrollar su vocación antropológica y musical. Había estudiado composición con Pedro Humberto Allende y escribió unas 70 obras. Sin embargo, lo que escuchó en el leprosario cambiaría su vida.

No alcanzó a llegar a una urgencia: un anciano había muerto. Todos los enfermos y monjas cantaban un antiguo Riu-Tangi -lamento-, que se repetía largamente. Articulaban el canto, rítmicamente, con gritos guturales y golpes de aire en la glotis.

Entonces, decidió desentrañar las raíces espirituales de una música inexplorada. Y lo consiguió en un libro que ahora, 44 años después, es reeditado por Rapanui Press, con apoyo de $6.215.961 del Fondo del Libro. “La herencia musical de Rapa Nui” tiene 648 páginas, cuesta $14 mil en MuseumStore.cl e incluye un disco con registros históricos.

“Las pocas recopilaciones que algunos etnógrafos y misioneros hicieron en la isla no son más que pequeños paréntesis dentro de la historia que aún no estaba escrita sobre la música de la isla”, dice Eduardo Ruiz-Tagle, director de Rapanui Press.

“Él era el taote nui-nui (gran médico) de la isla, e hizo reales amigos dentro de los cantores y recopiladores. Su trabajo es único e irrepetible, pues recurrió a fuentes que después fallecieron y que eran gente con poca influencia extranjera. Después, todo cambió rápidamente y la música de la isla se volvió algo absolutamente comercial”, agrega.

“Yo buscaba lo antropológico, las raíces primitivas del hombre”, escribe Campbell, quien va a las fuentes vivas. Y construye una investigación que da cuenta de cada canto vigente: transcribe su música, traduce su letra y la interpreta según su simbolismo y uso ritual.

Del repertorio auténticamente rapanui que rescata, de unos 120 cantos, los más antiguos tenían más de 200 años, y eran los Cantos de Ate . u les siguen de cerca, con entre 90 y 150 años de edad. Los primeros son amorosos – Ate significa hígado, que es el órgano amoroso rapanuí- y los segundos expresan la totalidad de los sentimientos humanos. Ya que se practicaban antes de 1864, cuando llegan los primeros misioneros, Campbell los llama “Música Antigua Primitiva”.

El mana (poder oculto) de este repertorio es enorme. Al cantar los Cantos de Aku-aku -espíritus-, Campbell cuenta que “la ejecución colectiva da origen a actos de terror sobrenatural entre ellos, al revivir los recuerdos de antaño”.

En 1914, cuando comienza la influencia tahitiana, se abre un nuevo periodo: “Música Moderna Polinésica”. La música pascuense se complejiza con siete tipos nuevos de cantos. Nacen los famosos Kai-kai , que se vinculan con juegos de cuerda y con los poemas de las tabletas Kohau Rongo-Rongo . Incluso existían Kor o-Ei , torneos de canto donde se medía la capacidad de burla y de aguante: perdía el primero en golpear al oponente.

Es la época en que ingresa a la isla el Sau-sau , asumido como un antiguo canto pascuense. Llegó a Chile en 1939, con el yate alemán “DieWalküre”, que venía escondiéndose y con solo dos tripulantes: Henere y Mapé. Estos músicos polinésicos aficionados encantaron a los rapanuí con un canto en un dialecto que ni ellos entendían. Era el Sau-sau . “El canto se arraigó y creció”, dice Campbell. Le habían agregado estrofas, haciéndolo suyo. Proceso que se intensificará cuando empieza a realizarse un viaje anual a la isla. Entonces ingresan el tango, el foxtrot y los corridos. Campbell había llegado justo a tiempo.

Ver  http://www.trewhelaschool.cl/Site/dowload/documentos/segunda_edicion_herencia_rapanui.pdf

“Iorana & Goodbye”. La base yanki en Rapa Nui que cambió su ADN

lunes, 2 de diciembre de 2013

 

La base militar norteamericana en Rapa Nui

En anteriores entradas hemos promocionado la investigación que se encuentra desarrollando la periodista Patricia Stambuk, sobre la base militar norteamericana en Isla de Pascua, sobre la cual, inexplicablemente hay muy poca información disponible, solo datos sueltos.
Sabemos que en agosto de 1965 el General norteamericano D.H. BROOKS, comandante de los servicios de Rescate Aeroespacial de la Fuerza Aérea Norteamericana estuvo cinco días visitando la isla de Pascua, donde ya  había un destacamento a cargo del Coronel LLOYD  SITTER, también de la US Air Force, que tenian la misión de “triangulación de satélites” (ver referencia), pero detalles mayores no se encuentran, en general, toda las alusiones son a una base científica conocida como “Misión Ionosférica”, que era desarrollada por las fuerzas armadas norteamericanas, abastecida de todo directamente desde EE.UU., no solo mediante aviones, sino mediante buques de guerra y transportes que generaban un tremendo impacto en la cultura y economía locales.
Lo concreto es que en JUNIO de 1965, ya existía de hecho, instalada y funcionando, una base militar norteamericana en Isla de Pascua (ver referencia)
Se recuerda que los norteamericanos tenian una patrulla que recorria en jeep Hanga Roa y alrededores, para verificar que no hubiese “basura norteamericana”, ni ningún impacto negativo de la base en la isla…   otros más suspicaces dicen que ese era solo un pretexto par la vigilancia y seguridad más allá de los deslindes de las instalaciones norteamericanas.
LA INVESTIGACIÓN FINANCIADA POR EL CNCA
En la actualidad, no solo Patricia Stambuk sino tambien otros investigadores, han manifestado interés por investigar este período, pero no es tarea fácil, es un arduo trabajo, y afortunadamente, gracias al financiamiento del CONSEJO NACIONAL PARA LA CULTURA Y LA ARTES, se financiará la investigación que se requiere, así Patricia Stambuk y su equipo podrán viajar a la isla y recabar los antecedentes necesarios, ya que como periodista con vasta experiencia se abocará al tema de la “memoria local”, la “tradición oral”, recogiendo el testimonio de los testigos, de quienes de diversas formas vivieron ese período.
No podemos soslayar el tremendo impacto que significó para la isla una Base Militar Norteamericana, que funcionó ANTES que entrara en vigor la “ley Pascua” y todos los esfuerzos desplegados para integrar a la etnia formalmente a su condición de “ciudadanos chilenos”, pues bien, antes de entrar de lleno a “ser ciudadanos chilenos”, los rapanui ya se estaban asomando a la modernidad y a la globalización, a través de la cultura material norteamericana.
TESTIMONIOS
La recopilación de testimonios es un arduo trabajo, son muchos los detalles que se pierden por no recordarlos y demasiados los que ya están perdidos porque ya no contamos con testigos, es el momento preciso, quizas el último momento, para recuperar la memoria histórica de este periodo.
Una de las personas que pueden aportar en forma privilegiada a este esfuerzo investigativo, es la “Tia Hanana”, quien casada con un militar norteamericano conoció desde dentro la base, y luego de vivir en EE.UU., tener familia y conocer el modo de vida norteamericano, desde la perspectiva institucional militar, volvió a Chile, a Rapa Nui, y retomó su vida y sus raices, compartiendo generosamente sus recuerdos con Patricia Stambuk, con quien aparece en esta foto tomada frente a su casa, en noviembre pasado, en el marco de la investigación sobre la Base Militar Norteamericana en Isla de Pascua.
Patricia Stambuk ha compartido fotografias y antecedentes, incluso nos permitió entrevistarla en video, lo que daremos a conocer oportunamente, una vez haya concluido la etapa de recabar testimonios.
miércoles, 6 de julio de 2016

Artículo sobre “Iorana & Goodbye” (Editorial Pehuén), de Patricia Stambuk

Un completo libro, con abundantes testimonios y fotografías, sobre la desconocida historia de una base de Estados Unidos en la Isla de Pascua, acaba de publicar la periodista Patricia Stambuk (Punta Arenas, 1951).

Iorana & Goodbye (Editorial Pehuén) cuenta cómo entre 1965 y 1970 la Fuerza Aérea estadounidense (USAF) se instaló en la Isla de Pascua, cambiando de manera radical el modo de vida de los rapa nui, al conocer las costumbres de las sociedades de consumo del mundo desarrollado.
En este periodo, además, el gobierno de Eduardo Frei Montalva promulgó la Ley Pascua, que significó una nivelación básica entre los derechos de los isleños y los continentales.
En este libro, Stambuk reúne los testimonios de quienes fueron protagonistas de esta historia y relata los efectos positivos y negativos de la mayor inmigración vivida por la ínsula más aislada de la tierra. Una base que los estadounidenses debieron abandonar con la llegada al poder del socialista Salvador Allende, en 1970.

Alcohol y mestizaje

Stamkuk se enteró de la historia durante la escritura de un libro anterior sobre la isla, Rongo (también Pehuén), que relata la vida de los rapa nui a mediados del siglo XX.
Le llamó la atención el desconocimiento que había en Chile sobre esos hechos y la escasa información que se podía obtener en fuentes documentales. “Era un tema lleno de misterios y reservas. No había ni una foto publicada de la base. Ni un documento sobre la forma en que se llegó a permitir su instalación en la isla”, dice.
Relata que la llegada de los estadounidenses y de los funcionarios chilenos enviados por el gobierno de Frei Montalva dieron un giro radical a la vida de los isleños.
“Sumaban un poco menos que la totalidad de la población nativa, unos 900 rapa nui. Fueron cambiando las costumbres locales, se introdujo con fuerza el alcohol, hubo mestizaje, se modificó la estructura de las familias, que giraban en torno a un padre organizador, desplazado ahora por la independencia de sus hijos, que tenían otros trabajos y además un sueldo”, explica.
Eso no fue todo. También cambió la economía local, con isleños asalariados. Además “había una atractiva oferta de productos importados, mucha ropa usada y la nueva realidad de los desechos. Porque, hasta entonces, nada sobraba en la isla, ni siquiera un tarro vacío de pintura. Había real austeridad de recursos”.
Stambuk comenta que, una vez inaugurada la pista aérea en 1967, el turismo fue el “broche de oro”. “Había que satisfacer las expectativas del visitante, y eso generó emprendimientos que los fueron sacando de la pobreza”, señala.

Buena relación con los gringos

¿Cómo fue la relación de los isleños con los estadounidenses y cómo reaccionaron los “chilenos”? “Fue una relación grata, bastante directa en lo social, al menos con la suboficialidad de la USAF”, responde. “Esa actitud le gustó mucho al isleño, que siempre se había sentido menoscabado y hasta maltratado por los chilenos del ‘conti’”, agrega.
Los chilenos pasaron a ser los “tire veve”, “chilenos pobres”, agrega. “Los funcionarios estatales no se relacionaban con los gringos, excepto los de la Fuerza Aérea de Chile, que incluso comían en el casino de la USAF y tenían con ellos una relación también muy amistosa, muy fluida”, detalla.
Si hubo alguna pelea, siempre fue por las mujeres: “Peleas de los obreros de la empresa Longhi que trabajaban en la construcción de la pista aérea, reclamos del alcalde Rapu al comandante gringo por la arremetida de estos agraciados e impecables norteamericanos con las jóvenes del pueblo, en fin”.

La visita de Allende

Como en todo libro, no faltan los personajes y las anécdotas destacados. Entre estos, la visita de Allende, en 1967, como presidente del Senado, en respaldo a un grupo de guerrilleros cubanos que habían escapado de Bolivia tras la muerte de Ernesto “Che” Guevara y buscado en vano asilo en Chile. El gobierno de Frei los expulsó a Tahiti vía Isla de Pascua. Allí el futuro Presidente se reunió con ellos.
“El viaje de Allende tiene lecturas de todo orden: políticas, sentimentales, sociales, comunicacionales”, comenta Stambuk, sobre todo tomando en cuenta su rechazo a la base de Estados Unidos en la isla.
“Todos mis entrevistados hacían referencia, con distintas versiones, al presunto rechazo de los norteamericanos para que Allende visitara el laboratorio de los norteamericanos en Mataveri y a su también presunta amenaza de expulsarlos del país si él era elegido Presidente de la República. Y fue elegido. Y se fueron, pero antes que los echaran”, apunta.

En Isla de Pascua, Allende con algunos de los guerrilleros cubanos.
Los hijos mestizos
También hay otras vida notables, como la de James Price, hijo de un contrabandista estadounidense y una rapa nui.
“A los doce años lo mandaron a un hogar de menores en Valparaíso por robar corderos, y allí empezó una carrera delictual que lo llevó a ser uno de los capos de cada cárcel en que estuvo. Es un hombre muy agradable, muy solitario, que regresó a la isla después de su última condena. Su relato es escalofriante”, sostiene.
Price fue sólo uno de los muchos niños que crecieron de relaciones entre estadounidenses e isleñas, la mayoría de los cuales nunca conocieron a sus progenitores ni fueron reconocidos.

James  Price
“Fueron los pocos casos ‘felices’, en que sus padres se casaron o hicieron vida familiar, como Clarence Price Atán, que nació en Estados Unidos y pudo probarlo, y los hermanos Crossan Araki“, dice Stambuk. “Pero en los demás casos no obtuvieron nada, a pesar de hacer algunos esfuerzos. Sus madres tampoco les cooperaron mucho para que lo consiguieran. Y, al final, después de la desilusión, prefieren su vida en la isla y su nacionalidad rapa nui. Pero a varios todavía les duele”, puntualiza.
Para su autora, el libro está lleno de mensajes específicos, pero hay uno general: toda cultura en la Tierra está expuesta a sufrir ganancias y pérdidas en su inevitable encuentro con la modernidad, con el desarrollo, “pero en el caso de los pueblos antiguos el precio suele ser muy alto”.
“Porque se pierde una forma de interpretar el cosmos, se pierde el idioma, que es la base de su identidad, y se asimilan costumbres que terminan por apagar las propias, que siempre son más originales”, explica. “Para los que somos muy parecidos a otros, la transculturación no importa tanto. Ellos son todavía únicos. Y la diversidad es la riqueza más interesante de la humanidad. O no estaríamos viajando por el mundo para conocer a otros que no son como nosotros, ¿verdad?”.

Iorana & Goodbye. Una base yanqui en Rapa Nui

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Autor: Patricia Stambuk
Precio: $20.000
ISBN: 978-956-16-0657-9

Encuadernado: Tapa rústica
Formato: 21 x 27 x 2,2
Páginas: 344

Peso (gr): 1.324

Entre 1965 y 1970 la Fuerza Aérea de Estados Unidos, USAF, se instaló en la Isla de Pascua, cambiando de manera radical el modo de vida de los rapa nui, al conocer las costumbres  de las sociedades de consumo del mundo desarrollado. En este periodo, además, el gobierno de Eduardo Frei Montalva promulgó la Ley Pascua, que significó una nivelación básica entre los derechos de los isleños y los continentales. En este libro, la periodista Patricia Stambuk, reúne los testimonios de quienes fueron protagonistas de esta historia y nos relata los efectos positivos y negativos de la mayor inmigración vivida por la ínsula más aislada de la tierra.

La violencia de género desde la antropología.

23 de septiembre de 2013

La violencia de género desde la antropología.

Mercedes Fernández-Martorell, antropóloga, publicó un libro sobre su trabajo de campo que trata de la violencia de género: “Ideas que matan”. Y cuenta: 
“En el trabajo de campo realizado durante cuatro años sobre el por qué algunos hombres maltratan a la pareja, asistí a más de setecientos juicios. La escena que sigue es copia.

La fiscal lee la denuncia con el acusado en pie:

– El día 15 de mayo según dice el informe usted y su esposa estaban en su domicilio y a las ocho de la mañana usted le golpeó en la cara, cuello y brazos. Al parecer usted cogió un instrumento que tiró sobre una mesa de cristal y la rompió. A continuación con un trozo de ese cristal le provocó a ella varias heridas en cara y brazos.

Días después entrevisté a ese hombre y le pregunté:

– Cuéntame ¿qué sucedió entre ella y tú?

– ¿A nosotros? Pues mira, mi mujer y yo lo único que hemos tenido ha sido, simplemente, peleas matrimoniales normales y corrientes. Las de toda la vida. Pero… ¿es verdad o no que toda la vida los matrimonios se han peleado

 
Éstas y otras frases son parte de los testimonios recogidos durante tres años de hombres condenados por malos tratos a sus parejas. “En 2001, acudí al Senado para hablar sobre la violencia de género, y me di cuenta de que nada sabíamos de los maltratadores.”, explica la directora y antropóloga Mercedes Fernández-Martorell.
Puso el proyecto en marcha, pero a los seis meses estuvo a punto de

abandonarlo. “Hablé con forenses, policías, abogados y a todos les parecía bueno, pero no conseguía contactar con los maltratadores”, dice. Hasta que un día fue a los juzgados y abordó a los hombres a la salida. Les preguntaban qué les parecía “la nueva ley” [la Ley Integral contra la Violencia de Género]. “Nunca ninguno nos preguntó por qué hacíamos esto”, cuenta Fernández-Martorell. Y así, juicio tras juicio, quedaban con ellos siempre en la misma cafetería. 

Tras ir a más de 700 juicios y escuchar a cientos de condenados, Fernández-Martorell apuesta por la rehabilitación. “Es fundamental, además del castigo, porque seguirán relacionándose con mujeres“, explica y pone como ejemplo el caso de Claudio que ha estado casado dos veces y ha tenido otras relaciones, y con todas ha tenido “problemas”. “Vimos que ninguno se veía como un maltratador y para ellos sonpeleas normales de matrimonio“, señala Fernández-Martorell.
“La cárcel es una medida necesaria pero también la Justicia debe idear maneras para educar a estos hombres, para ayudarles a ver y a ser autocríticos. Si no es imposible acabar con ello. Pero además la sociedad debe concienciarse de que NUNCA hay que apoyar a estos hombres ni reirles sus gracias. Hay que romper con viejos tópicos masculinos como los comentarios entre hombres en los que se repite “hay que conseguir que tu mujer te obedezca”. Ésa es la raíz del problema.”
Los maltratadores comparten “la misma visión de la mujer y lo que esperan de su pareja”, aunque tengan perfiles muy diferentes, aún con sus diferencias sociales o económicas de todos ellos. Cuando estaba haciendo las entrevistas para incluirlas en el documental tenía la impresión de que todos los maltratadores “hablaban de la misma mujer”, pues, según ellos, “hacían las mismas cosas mal y estaban locas”. Además, casi todos consideran sus agresiones como “algo normal”.”Para ellos (los maltratadores), la mujer es sólo una posesión y quieren tenerla a su antojo y servicio” Lograr “que tu mujer te obedezca” es el objetivo común de todos lo maltratadores.
“Ellos matan porque su idea moral sobre la relación hombre-mujer pasa por unos roles que definen al hombre como el que decide qué se debe hacer y la mujer como el ser que obedece. Cuando ella no cumple con su papel, ellos se sienten fracasados y cuestionados como hombres. Y eso es lo que desencadena el maltrato. Para todos ellos el problema se origina únicamente con la denuncia; todo lo explican como una parte normal de la relación de pareja, de las disputas conyugales.”
“El que exista hoy una amplia clase media evita conflictos, aunque crea otro tipo de problemas y muchas frustraciones. La matanza y los malos tratos a las mujeres, que es la enfermedad más grave que tiene nuestra sociedad, tiene que ver con estos cambios sociales.”
“Cuando la sociedad se homogeniza, se está quitando dominio al grupo hegemónico y esos sujetos desposeídos, en este caso los hombres, se sienten y se viven como seres muy desgraciados. Esta es una realidad que en España adquiere un dramatismo especial. Somos un país que es producto de una dictadura y de una educación religiosa que marcó el dominio de los hombres sobre las mujeres. Somos herederos de esa situación: los hombres fueron educados para sentirse bien cuando eran responsables de una carga en exclusiva, que la mujer comparta esa carga y esa responsabilidad puede ser vivido como una liberación, pero también como una frustración para ellos. Cuando los hombres se entregan a la frustración frenan y deterioran los avances de la igualdad.”
Marcela Lagarde, etnóloga mexicana, lo dice más claro: “hay una guerra no declarada, llamada violencia de género, de hombres sobre las mujeres y el Estado ha sido clave para que exista esa violencia, se reproduzca y reine la impunidad”
“Cuando el Estado no se ha modernizado y no da seguridad a las mujeres, nosotras quedamos en peligro”
“Una de las claves que caracterizan el feminicidio es que estamos ante una violencia ilegal pero legitimada socialmente
La sociedad habitualmente ignora y silencia la violencia que se inflige a las mujeres, de forma que ésta llega a formar parte habitual de las relaciones de todo tipo. La cultura machista refuerza insistentemente estas actitudes como algo natural; hay un refuerzo permanente en las imágenes, en los enfoques y en las explicaciones que legitiman la violencia.
“Nunca como ahora los niños y todas las personas hemos estado expuestos a unapedagogía de la violencia tan masiva. No hay una película que no contenga violencia contra las mujeres. Aunque, por contra, también nunca ha habido tantas acciones para erradicar la violencia como hay ahora.”
“Qué sería de las mujeres sin el amor de las mujeres. No podemos explicar la vida sin el apoyo de unas a otras. Pienso en todas aquellas mujeres que en alguna parte del mundo salvan la vida de otra mujer”, dijo Lagarde al referirse a la población femenina Saharaui, del Líbano, El Congo, Darfur y Gaza que sobreviven a guerras, desplazamiento y refugio.
“Soy una feminista utópica, que desea que los derechos humanos de las mujeres se universalicen, pues el feminismo le ha dado un horizonte a este mundo” Por eso, se inclina por un pacto entre las mujeres “que no sólo cambia el género, si no que cambia la idea del mundo”
“Nosotras no luchamos contra la violencia sino que trabajamos por la paz” 
“La soledad de Mae. Una Investigación Antropológica” de Javier Ortega Cañavate es un libro que va más allá de los modelos psicológicos y sociológicos. A partir de una investigación antropológica a más de 600 personas, incluidas víctimas de maltrato, surge esta historia que no es ni individual ni social, sino cultural. En ella quedan al descubierto los modelos culturales que fundamentan la violencia doméstica: el Síndrome del clan y el Síndrome de Eloísa. Este trabajo se emprende con unos objetivos muy claros: no tolerar la violencia estructural contra las mujeres como precio a pagar por mantener nuestros modos de vida, ni aceptar la muerte de una mujer por el ‘fuego amigo’ del amante, ni admitir que la familia sea un ‘territorio comanche’ donde la mujer pueda convertirse en la víctima propiciatoria.

Quisiera recordarles que no pretendo construir una teoría universal y necesariamente verdadera (lo cual es imposible cuando se trata de fenómenos humanos), sino un modelo explicativo válido que permita comprender el maltrato en función de las estructuras que determinan las relaciones de la mujer en el mundo.
Y en este modelo, la violencia doméstica nos aparece como un complejísimo sistema de relaciones que implica todo un modo-de-sentir y pensar el mundo. Y lo que es más importante, el modo en que las personas nos sentimos y nos pensamos en el mundo. Y estos modos son siempre en relación con: la maternidad, la pareja, la familia, los deseos, las costumbres, los usos, los prejuicios, la sociedad, la cultura, la naturaleza…
Demasiados contextos para que sea simple. Muchos condicionantes (…) El velo puede tardar años en caer, y en muchos casos, quizás no caiga nunca. Por eso creo que merece la pena por si acaso admitir que quizás esos síntomas sí están en nosotros, y este reconocimiento puede ser uno de los pasos más importantes para la lucha contra la violencia doméstica.”

Cómo dar una ponencia (y no morir en el intento) – El Historiador Desconocido

De todas las formas de comunicación académica, ninguna reúne tantas variantes y es tan enriquecedora como presentar una ponencia. A diferencia de un artícu

Origen: Cómo dar una ponencia (y no morir en el intento) – El Historiador Desconocido

Cómo dar una ponencia (y no morir en el intento)

Cómo dar una ponencia (y no morir en el intento)De todas las formas de comunicación académica, ninguna reúne tantas variantes y es tan enriquecedora como presentar una ponencia. A diferencia de un artículo o un libro, que puede ser leído y releído tantas veces como uno quiere sin necesidad directa con su autor/a, una ponencia es efímera y requiere de una serie de habilidades tanto orales como escritas para asegurar su permanencia en el auditorio. Ello le imprime una dinámica particular, ya que mientras es la mecanización y reproducción del texto impreso lo que permite que un trabajo pueda llegar a un lector, una ponencia representa un vínculo directo entre autor/a y audiencia.

Respondiendo a la invitación cursada por este portal, he tratado de ordenar algunas ideas en base a mi doble experiencia como panelista y como auditorio. De modo que es un post de tips en base de las cosas que he ido aprendiendo y observando en estos años así como de mis propios errores (no pocos), y que espero pueda ser mejorado con las sugerencias de los lectores y sus propias experiencias.

Un aspecto importante a considerar es la naturaleza misma de la ponencia. Una ponencia no es un capítulo de tu tesis. Tampoco es un artículo ni mucho menos un trabajo que has presentado para tu curso, por más que el profesor te haya felicitado. Una ponencia tiene una estructura específica que está determinada por una cantidad de tiempo así como por una audiencia a la cual uno se dirigirá. Puedes utilizar cualquiera de las modalidades que hemos mencionado para elaborar una ponencia, pero recuerda que finalmente no debe ser un capítulo recortado a último momento ni un texto que necesite de otros textos (incluso si son tuyos) para ser comprendida.

Una ponencia es un texto en sí mismo, que aspira a sostenerse sola y que busca comunicar una idea central bajo la estrategia de una argumentación que se va desarrollando a través de la presentación de evidencia, la cual quedará nuevamente articulada con la idea central a través de una conclusión al final de la ponencia. Escribir y comunicar una buena ponencia requiere de trabajo y práctica, pero no es difícil. La ponencia es asimismo la forma más común de intercambio académico pues uno suele presentar más ponencias de las que publica. Y presentar una ponencia es una excelente oportunidad para comenzar a plantear ideas e hipótesis que puedan ser ajustadas con miras a un artículo, a un capítulo de un libro, a una tesis o… a otra ponencia, de modo que el ciclo continúe.

El primer paso es tener un texto estructurado. Puede parecer una obviedad pero recuerda que al tener un tiempo limitado, la estructura es clave en el éxito de tu comunicación. Una ponencia que tenga una introducción, un desarrollo y una conclusión permite al público seguir mejor tu exposición y captar la idea central. En el primer o segundo párrafo menciona tu argumento o tu idea central, y no debe pasar más de tres minutos sin que el público sepa cuál es tu idea y contribución. Debes repetir esto en la conclusión, para que el público se quede con esa idea al salir de la sala. No peques de ambicioso. Centra tu ponencia en un aspecto particular que quieras comunicar.

El promedio de tiempo es de alrededor de 15 minutos. Es tiempo suficiente si tienes una ponencia debidamente estructurada. Si te parece que es poco, en realidad no lo es. Recuerda que el público que te escucha posiblemente ha estado escuchando ponencias antes. Además, la capacidad de atención raramente suele durar más por parte de quien escucha. Así que es mejor terminar dentro del tiempo establecido a ver cómo la tarjeta de “Terminó tu tiempo” te es mostrada una y otra vez o te distraes con el fulano que ya no te sigue y ha sacado su iphone para ver si algún amigo lo quiere acompañar por unas cervezas apenas hayas terminado.

El tiempo es tirano. Considera que el tiempo de más al establecido en el panel que tomas para ti es posiblemente tiempo menos para el próximo ponente o tiempo menos para la ronda de preguntas. Que no te recuerden como el ponente al cual el moderador le tuvo que quitar el micrófono porque no quería terminar o a quien tuvieron que interrumpir para poder dar paso al siguiente expositor. Nadie ni nada pueden garantizar que el moderador no controle bien el tiempo o que el siguiente ponente rompa las leyes de la física leyendo su trabajo, pero no seas tú el causante de cualquier demora.

Si el moderador te alcanza la famosa tarjeta de “Te quedan dos minutos”, nada de entrar en pánico, que el público es muy sensible a los panelistas aterrados. En ese caso lo mejor es cerrar la idea que estás leyendo y pasar directamente a la conclusión. Evita decir: “Como me están mostrando la tarjeta saltaré a las conclusiones”. Rara vez alguien se ríe y da a entender que no leerás tu trabajo completo y que no te preparaste para una eventualidad así. Hay dos formas de evitar que esto se convierta en un problema. Lo primero es ensayar tu ponencia para tomarte el tiempo y ajustarla según el tiempo sugerido. Lo otro es marcar qué párrafos podrías cortar en caso veas que por alguna razón te va a faltar el tiempo.

Si practicas tu ponencia con anticipación vas a poder evitar leerla del todo. No es que se vea mal, pero la imagen de alguien que no despega la vista del papel puede parecer monótona a la audiencia. Tampoco debes memorizarla, pero algo a medio camino es lo mejor. Por razones personales me inclino más a explicar una ponencia antes que leerla. Ello me permite evitar tonos monocordes de voz, darle cierta performance a una ponencia y hacer contacto visual con el público, algo importante para reforzar tu rol como ponente con quienes han asistido a escucharte.

Al comenzar la ponencia agradece a quienes han organizado el evento, con lo cual has cumplido la etiqueta. No te extiendas en los agradecimientos a tus profesores, tus parientes o al señor de Inmigración que te revisó la visa para que viajes a la conferencia. Ya habrá otras instancias donde puedas hacerlo con más detalle. Si eres de los últimos, escucha con atención las ponencias de los demás panelistas y haz mención brevemente de sus trabajos mientras desarrollas tu ponencia, indicando cómo coincides con algunos de ellos o das una interpretación alternativa a lo que propone algún otro.

En la ronda de preguntas escucha atentamente lo que te pregunten, toma nota del nombre de quien lo hace y, muy importante, agradécele por la pregunta, la sugerencia o el comentario. No importa que la pregunta o el comentario no sea de tu agrado, pero trata de responder de la manera más cordial posible. Si ves que ello requiere de una explicación más larga, y para que no monopolices el tiempo de las preguntas, usa la fórmula: “Podemos seguir conversando sobre esto en el pasillo”.
Como decía al inicio, dominar el dar una ponencia requiere tiempo y práctica. Pero se trata de un ejercicio gratificante que tiene como correlato poder desarrollarlo dentro de un espacio cordial de colegas y quienes están interesados en tu trabajo. Espero que estos tips sean de ayuda.

Para información más detallada sobre cómo mejorar las presentaciones académicas, sugiero este post, “Connecting People to Useful Information. Guidelines for Effective Data Presentations”.

Y para etapas posteriores a la ponencia, como la escritura de artículos académicos, recomiendo este post de Patrick Dunleavy sobre cómo redactar párrafos académicos.

José Ragas

University of California, Davis
joseragas.com
jragas@ucdavis.edu

Etnografía para comprender la ciudad . Pilar Monreal Requena.

http://www.cultura-urbana.cl

actualización Marzo 2005

Entrevista a Pilar Monreal Requena. Antropología Urbana

Entrevista a Pilar Monreal Requena de la Univ. Autónoma de Madrid

Etnografía para comprender la ciudad

¿Hay algo que unifique a las ciudades en general, ciudades
europeas norteamericanas, latinoamericanas, asiáticas?,
¿hay algo que nos señale la especificidad de lo urbano? …
a estas alturas no podemos hablar de una sola disciplina
intentando comprender la complejidad que representan
nuestras ciudades actualmente. Sin embargo, desde un
punto de vista metodológico yo sigo reivindicando el
trabajo de campo etnográfico para comprender la ciudad,
cómo la gente construye su ciudad, cómo la experimenta,
la vive, la recrea”
Conversamos con la profesora Pilar Monreal Requena 1, quien nos
ofrece un recorrido por algunos de los debates actuales respecto de
la forma urbana en contextos de globalización, y de las posibilidades
de la antropología en ese contexto.
_____________________________________________________
Lo urbano y la antropología

– La idea de esta conversación es que nos aproximemos de desde
temáticas generales hacia las áreas de investigación que
actualmente desarrollas. Partamos entonces por la forma en que
podría caracterizarse en la actualidad el objeto urbano desde las
ciencias sociales y de la antropología en particular. ¿Estaríamos
haciendo referencia a un tipo de experiencia, a unos discursos sobre
la ciudad, a unas prácticas de ocupación del espacio?
Bueno, yo lo primero que tendría que plantear es la noción misma
de antropología urbana. Ya con el propio concepto tendría yo mis
problemas, pero desde el punto de vista de lo que tradicionalmente
se ha entendido por antropología urbana, sería algo así como formas
de vida en las ciudades, distintas formas de vida, distintas culturas en
las ciudades. Luego, su relación con el espacio urbano.
Tú haces una distinción entre espacio urbano y relaciones sociales
urbanas, y para mí no hay tal separación, seguiría más a Castells en
este sentido, el espacio urbano está producido, como todos los
espacios por relaciones sociales, que pueden ser de cohesión, de
conflicto, de subordinación y dominación; o relaciones sociales de
género, de clase, de etnicidad, de edad, etcétera. Estas relaciones
producen determinados espacios urbanos, y a su vez esos espacios
urbanos influyen en cómo se conforman y se transforman esas
relaciones sociales. Lo más claro es el ámbito de lo público y lo
privado, la distinción público-privado con todo lo que ello implica en
cuanto a los significados y su impacto en las relaciones de
subordinación entre hombres y mujeres. Yo creo que la antropología
urbana debe ocuparse de esas relaciones sociales y cómo se
manifiestan y determinan por el espacio urbano. Digamos que la
relación dialógica y simbólica entre espacio urbano y relaciones
sociales…
– Si pudieras desarrollar un poco más él porque de esa distancia con
la antropología urbana.
Hay un artículo muy interesante de Eric Wolf (“They Divide and
Subdivide, and Call it Anthropology” en New York Times, 9 de Nov de
1980) con el que estoy totalmente de acuerdo:  Por entdividimos y dividimos
nuestra disciplina y la llamamos Antropología de…. Yo no sé si hay
una antropología urbana porque creo que es una especialidad dentro
de la antropología que no tiene entidad por sí misma.

http://cultura-urbana.cl/pdf/entrevistapilarmonreal.pdf