Memoria

Lucila Svampa: “La memoria es objeto de disputa, nunca puede ser neutral”

19/04/2017 LIBROS

Lucila Svampa: “La memoria es objeto de disputa, nunca puede ser neutral”

Lucila Svampa, doctora en Ciencias Sociales, contrapone distintas tradiciones teóricas sobre los usos del pasado y marca los riesgos latentes en la construcción de las “políticas de la memoria”.

Por Julieta Grosso

En los vínculos que una sociedad entabla con su pasado se dirimen múltiples y problemáticas relaciones que la investigadora Lucila Svampa desentraña en “La historia en disputa”, una obra que desarticula la idea de una tensión irremediable entre memoria y olvido, a la vez que dialoga con los debates actuales que intentan relativizar la experiencia de la dictadura a través del cuestionamiento a la cifra de desaparecidos.

La recuperación de la memoria colectiva es una instancia siempre compleja en la que asoman nudos problemáticos, trampas potenciales que es necesario esquivar para no caer en versiones maniqueas o apologéticas que resulten funcionales al poder o alienten enfoques condescendientes que anulen el sustrato crítico necesario para que no se reproduzcan en el presente los traumas del pasado.

Bajo esas coordenadas se planta “La historia en disputa” (Prometeo Editorial), un riguroso trabajo crítico en el que la doctora en Ciencias Sociales María Lucila Svampa contrapone distintas tradiciones teóricas para problematizar la noción de usos del pasado y marcar los riesgos latentes en la construcción de las “políticas de la memoria”.

La ensayista retoma una genealogía de autores que han trabajo estas cuestiones (el alemán Andreas Huyssen, el español Manuel Cruz o la argentina Claudia Hilb, entre otros) para alertar sobre la malversación de la memoria (el historiador italiano Enzo Traverso alerta en ese sentido sobre los riesgos de embalsarmarla y “neutralizar su potencial crítico”) y analizar las estrategias que dispone el Estado para trazar una narrativa del pasado que no clausure sucesivas resignificaciones a través del tiempo.

– Télam: ¿Tiene sentido abrir una discusión sobre el número de desaparecidos como lo han hecho el ex ministro de Cultura Darío Lopérfido y el titular de la Aduana Juan José Gómez Centurión, o este tipo de debates contaminan el consenso alcanzado por una parte de la sociedad acerca de las secuelas que dejó la dictadura?
– Lucila Svampa:
Sería importante contar con un número documentado de desaparecidos porque eso equivaldría a un gran logro de los organismos de derechos humanos: supondría dar con el paradero de sus cuerpos y restituir la identidad de nietos robados. Sin embargo, dado que los secuestros y el robo de bebés durante la dictadura se produjeron en la clandestinidad, y que los represores mantienen perversamente un pacto de silencio al respecto, es virtualmente imposible acceder a esa información. En este escenario, cuestionar que se mantenga el número de 30 mil para referirse a los desaparecidos es una provocación abierta a los organismos de derechos humanos y a los familiares de las víctimas. Como recordó hace poco el escritor Martín Kohan en una entrevista radial, se trata de una cifra estimada y las implicancias de entrar en una polémica sobre ella son graves, en tanto niega la clandestinidad y la vigencia del miedo que persiste en torno a posibles nuevas denuncias.

– T: El libro plantea los equívocos que subsisten respecto a la articulación entre memoria y olvido, en especial impugna la idea de que la operación de recordar determinados hitos implique desechar otros ¿De qué manera se deja atrás esa idea de la mutua exclusión como estrategia para recuperar el pasado?
– L.S.:
Efectivamente, la dupla entre memoria y olvido aparece, en muchas ocasiones, formulada en términos excluyentes. Se dice que los alemanes olvidaron los bombardeos de Dresde por recordar Auschwitz, o que en la Argentina se reprimió la historización de la lucha armada beneficiando la memoria de los desaparecidos. Pero estos binomios demuestran ser poco productivos por no contemplar una lectura de los modos en que un acontecimiento es recuperado. Habría que identificar cuál es el gesto político que acompaña las denuncias de la eliminación de determinados hechos de la escena política en detrimento de otros. Por último creo que hace falta distinguir los niveles en que circulan los discursos históricos. No es lo mismo un relato político, que uno histórico o uno memorial.

– T: Además de someter a juicio a los perpetradores de torturas y crímenes como los que llevó adelante la dictadura ¿qué otras variables tiene que contemplar el Estado para resignificar los hitos más traumáticos de su historia?
– L.S.:
Existen por un lado, medidas legales y por otro, medidas más sigilosas pero no por ello menos relevantes para la construcción de la memoria de una sociedad. Las más importantes y conocidas de los últimos años fueron la derogación de los indultos a perpetradores, la fijación del 24 de marzo como feriado nacional, el impulso de los enjuiciamientos a represores, la creación de un banco de datos genéticos, la inauguración del sitio de la memoria, la inclusión del tema en la currícula escolar y la investigación de los delitos económicos durante la dictadura. En segundo lugar, es preciso identificar las condiciones que hicieron posible que una tragedia tenga lugar con el fin de evitar que se recreen las mismas situaciones que las políticas memoriales buscan recordar.

– T: El gobierno anterior y el actual desplegaron discursos casi antagónicos respecto a la valoración de la dictadura: mientras el kirchnerismo intentaba recuperar ese período desde una mirada por momentos fosilizada, algunos ex integrantes de la actual gestión instalaron versiones de sesgo negacionista. ¿En qué medida ambas posturas conspiran contra la construcción de la memoria colectiva?
– L.S.:
En primer lugar, pienso que durante el kirchnerismo, lejos de una imagen petrificada de la memoria se promovió la construcción de una lectura del pasado que incluyó a varios actores de la sociedad y estuvo abierta a debates. La proliferación de investigaciones académicas sobre el tema, la multiplicación de encuentros científicos que debatieron dicha memoria, su inclusión en la currícula escolar son algunos ejemplos de políticas que promovieron cambios en el enfoque. Resulta difícil que un gesto tal pueda conspirar contra la recuperación del pasado ni que se pueda homologar a declaraciones de corte negacionista, que plantean un peligro para la vida pública de los recuerdos referidos a los crímenes de la dictadura militar.

– T: ¿Por qué cree que son nocivas las políticas de memoria que se posicionan como neutrales y pacificadoras?
– L.S.:
Porque anulan el conflicto y pretenden representar un todo. Las políticas referidas al pasado nunca pueden ser neutrales porque se expresan sobre acontecimientos que tuvieron consecuencias concretas para sectores en particular. Las políticas que discursivamente se apoyan en la paz son en general promotoras de indultos y tienden a rechazar una reelaboración del pasado.

Dejan fuera de ella a aquellos que no adhieren a sus posturas. De modo que su operación entraña una exclusión extrema. Si la memoria es un objeto de disputa, esta nunca puede ser neutral, porque por definición siempre toma posición en el contexto de una historia que no está dada, sino que se construye. Que se construya no quiere decir que se falsifique, significa que se nutre de diferentes relatos que pueden rescatar memorias aplacadas y que, por ende, está abierta.

Lugares de memoria de la Dictadura en Chile. Memorialización incompleta.

Lugares de memoria de la dictadura en Chile Memorialización incompleta en el barrio Cívico de Santiago

  • Autores: Roberto Fernández
  • Localización: Bitácora Urbano-Territorial, ISSN-e 0124-7913, Vol. 1, Nº. 25, 2015 (Ejemplar dedicado a: La ciudad y el hábitat en el posconflicto en Colombia y el mundo)
  • Idioma: español
  • Resumen
    • Desde el regreso a la democracia en 1990, la memorialización del espacio público en Chile mediante la construcción de lugares de memoria ha sido una forma de abordar tanto la reparación simbólica a las víctimas, como la instalación de una cultura del “Nunca Más” que asegure que no se repitan los atropellos a los derechos humanos ocurridos durante la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990).
    • Como señalan diversos autores, la memorialización del espacio público a través de los lugares de memoria ha tenido avances notables. Sin embargo, en el presente artículo se sostiene que este proceso de memorialización ha sido parcial e insuficiente en el barrio Cívico  de Santiago de Chile porque no condice ni con su relevancia como espacio público, ni con los hechos ocurridos ahí durante el golpe de Estado.
    • Para fundamentar esta interpretación, se analizan las intervenciones urbanas realizadas por el gobierno central en ese entorno y se proponen algunas hipótesis que permiten comprender las causas de dicha memorialización incompleta.

Las huellas de la Memoria en el espacio público.

extracto de tesis

Gloria Lapeña Gallego Tesis Doctoral

A lo largo de la Historia, cuando una civilización conquistaba una ciudad, terminaba adaptándola a su cultura y costumbres. Sin embargo, no todas las huellas son borradas, y la convivencia del pasado con el presente se traduce en un Patrimonio Arqueológico que permanece conservado y expuesto al ciudadano que transita por el espacio público. De esta manera, la ciudad, entendida como un conjunto indisoluble de arquitecturas y sociedades que las habitan, constituye un receptáculo de Memoria objeto de estudio por parte de la Arqueología y la Historia, ciencias que a partir de los años setenta acercan sus investigaciones a las necesidades de una sociedad plural. En este contexto, el artista toma una posición crítica y trabaja en torno al archivo y la huella arqueológica para hacer frente al olvido. La presente Tesis surge de la necesidad de generar puentes entre las sociedades y su pasado histórico, encarnado en el Patrimonio Arqueológico. Partimos de la hipótesis de que la rememoración del pasado como parte del presente puede ser potenciada a través del poder evocador del relato en conjunción con las características del espacio físico en el que se contextualizan los acontecimientos históricos narrados. Ello genera una experiencia enriquecida en la que se entremezclan realidad y ficción, objetividad y subjetividad y, en fin, Historia institucional e historias cotidianas. Los objetivos teóricos consisten en establecer el papel que desempeña el artista en la implicación activa del ciudadano a la hora de reflexionar sobre el pasado, y valorar las herramientas de las que dispone para vincular la narración histórica al espacio urbano. Los objetivos prácticos convergen en la concreción y materialización de un proyecto artístico basado en los resultados de los estudios teóricos. La metodología empleada para fundamentar las bases teóricas refleja el carácter interdisciplinar de este trabajo. Con respecto a la Historia y la Arqueología realizamos una revisión bibliográfica sobre los conceptos de Memoria y Arqueología Pública como formas de compromiso con la sociedad actual. Dentro de la Literatura estudiamos, por un lado, las diversas y sutiles maneras de interacción entre la palabra y la imagen en el álbum ilustrado y, por otro, el fenómeno del turismo literario, indagando en las causas por las cuales se desencadena en el lector la necesidad de desplazarse hacia los escenarios en los que se desarrollan los acontecimientos de las historias narradas. La metodología seguida para la creación del proyecto artístico es la entrevista y el trabajo de campo como fuente de conocimiento, y el método propio del diseño y la ilustración. Los principales resultados son, en primer lugar, la definición del concepto de “álbum caminado” como un formato artístico cuyo objeto es un álbum ilustrado, y cuyo objetivo es generar una experiencia basada en el desplazamiento por el espacio físico en base al hilo conductor de un relato… el desplazamiento espacial, que se lleva a cabo a través de la ciudad en sentido horizontal. El segundo es el desplazamiento temporal, que se realiza en sentido vertical a través de la rememoración del relato en base a los distintos puntos del espacio transitado. La línea del tiempo queda anulada para entremezclar las historias personales, los sentimientos y las emociones con las características del espacio por el que se transita.
Autor/es principal/es: Lapeña Gallego, Gloria
Director/es: Ortuño Mengual, Pedro
Hidalgo Rodríguez, Mª Carmen
Facultad/Departamentos/Servicios: Escuela Internacional de Doctorado
Publicado en: Proyecto de investigación:
URI : http://hdl.handle.net/10201/52823
Tipo de documento : info:eu-repo/semantics/doctoralThesis
Derechos: info:eu-repo/semantics/openAccess
Aparece en las colecciones: Artes y Humanidades

ARTE ARCHIVO Y DERECHOS HUMANOS. Formulación proyecto huelga de hambre, 1977

ARTE ARCHIVO Y DERECHOS HUMANOS. Formulación proyecto huelga de hambre, 1977

“Los archivos han sido sacralizados y al mismo tiempo “desordenados” al poner en cuestión el canon,las instituciones y las historias construidas.
Ahora, como nunca antes, se constituyen en repositorios
desde el cual es posible escribir
otras historias.”

Andre Giunta, #Errata 1

La progresiva referencia al archivo como programa de producción en el arte contemporáneo, tiene una de sus condiciones más importantes en la necesidad de reflexionar la crisis del humanismo a la que nos enfrentan los acontecimientos y, más precisamente, los procesos históricos que se suceden desde el siglo XX hasta hoy. Acontecimientos y procesos que han puesto concretamente en entredicho la posibilidad de elaborar una historia que, al modo de una narración, permitiera comprender lo que ha sido el devenir de los pueblos. En este sentido las artes visuales se constituyen como un campo dialógico de exploración y proliferación de lenguajes, en donde éstos –los lenguajes– representan no solo la posibilidad de nuevas lecturas con respecto al archivo, sino a su vez, la reactivación de los mismos, bajo diversas operaciones visuales y de montaje de lo contenido en el corpus del archivo, así como señala Graciela Carnevale: “Mostrar el archivo es una forma de compartir con los otros. Es un espacio de diálogo, un espacio en el que unos escuchan a los otros e intercambian perspectivas y preguntas sobre su propia práctica. Entendiendo el archivo como un espacio abierto en el que uno contempla, discute y debate. Lo concibo como un proceso, como algo incompleto que es reforzado por cada nueva experiencia del presente.

“Los desastres que marcan este fin del milenio son también archivos del mal; disimulados o destruidos, prohibidos, desviados, «reprimidos». Su tratamiento es a la vez masivo y refinado en el transcurso de guerras civiles o internacionales, de manipulaciones privadas o secretas. Nunca se renuncia, es el inconsciente mismo, a apropiarse de un poder sobre el documento, sobre su posesión, su retención o su interpretación. ¿Más a quién compete en última instancia la autoridad sobre la institución del archivo? ¿Cómo responder de las relaciones entre el memorándum, el indicio, la prueba y el testimonio?”(Derrida, Mal de Archivo)

Los archivos sobre derechos humanos en Chile producidos por el Estado, son en la actualidad archivos cerrados y parcialmente clausurados, sobre ellos se han aplicado leyes de secreto y de seguridad. Los archivos sobre este tema de los cual se disponen, han sido producidos por iniciativas ciudadanas sin contraparte. Esta falta de contraparte ha consignado a estas historia como <>, por ende subjetivas, haciendo que la inscripción en la denominada historia con mayúscula, les haya sido negada por muchos años.

Podríamos decir que las operaciones sobre el archivo desde el campo del arte generan la posibilidad de su inscripción en un espacio para el cual no estaba pre-consignado. Los archivos olvidados, los archivos disfuncionales, los archivos secretos han sido problematizados sistemáticamente desde el campo del arte. Voluspa Jarpa con su obra Minimal Secret, expuesta en la feria Arco de Madrid, problematiza los archivos desclasificados y tachados de la CIA sobre Chile, mediante el desplazamiento del archivo, la puesta en escena de su tachadura y por ende de su clausura, es que se deja ver los fragmentos incompletos de una historia que no se puede contar. Rosangela Rennó, artista brasileña, realiza en 2013 la obra llamada A0I [COD.19.I.I.43] – A27 [S | COD.23], este trabajo en forma de libro, pone en montaje la investigación realizada por Rennó en relación a las fotografías robadas del archivo fotográfico de la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, en donde lo expuesto son el registro de las cajas vacías en donde debían estar las fotografías y algunas de las imágenes que fueron devueltas. La fotografía expuesta al revés señala los daños sufridos por el robo, zonas despegadas, intentos de borroneos etcétera. Rennó nos expone ante el archivo abandonado como síntoma de una sociedad sin memoria en donde el símbolo de esa desmemoria es el cuerpo vacío del contenedor del archivo y el cuerpo herido de la fotografía. Las operaciones visuales tanto de Jarpa como Rennó, nos hablan de la exploración crítica de la función del archivo en relación a la memoria de los pueblos, memoria clausurada y memoria usurpada. Lenguajes que dentro de las artes visuales son capaces de generar una nueva circulación crítica re-definiendo la figura del Arconte, (Derrida) como el que maneja la Ley y por ende el capital político del archivo.

Los archivos de la represión en Chile son los documentos no inscritos en la historia de los vencedores, éstos han sido consignados en lugares específicos de la sociedad chilena como es por ejemplo el Museo de la memoria , este espacio escenifica lo innombrable, lo inasible del horror de la violencia de Estado en dictadura, exponiendo al espectador ante la incapacidad de comprender toda esa violencia ejercida sobre el cuerpo colectivo de muchos.

Los archivos han sido consignados e inscritos desde lo escrito, desde el documento, dispuesto en innumerables cantidades, ordenados bajo lógicas que segmentan los acontecimientos de la dictadura en descriptores, categorías y tipos normalizados para permitir su lectura –tipo de documento, fondo familiar, listas de víctimas reconocidas por el Estado (Rettig y Valech)v, hitos de la dictadura, etc – Esta normalización que permite la lectura del archivo es a su vez la construcción de su diseminación.

Lo escrito como lo inscrito en el archivo permite pensar en lo no-inscrito en el archivo, en donde lo escrito en forma de documento es lo que certifica un acontecimiento como permanente. Lo no-inscrito vendría a ser eso que no se puede certificar, lo impermanente, el testimonio, lo hablado, la experiencia personal con respecto a un acontecimiento, “El deber de la memoria no se limita a guardar la huella material, escritura u otra, de los hechos pasados, sino que cultiva el sentimiento de estar obligados respecto a estos otros de los que afirmaremos más tarde que ya no están pero que estuvieron.Pagar la deuda, diremos, pero también someter la herencia a inventario” (Ricceur)

En 1977 la agrupación de familiares de detenidos desaparecidos inicia una serie de hechos que marcaron el comienzo de una nueva etapa en la búsqueda de justicia para las víctimas de la dictadura. La huelga en la Cepal viique duró 9 días, dispuso de los cuerpos en colectivo para la resistencia del mismo como protesta ante la violencia del Estado, exigiendo una respuesta sobre el paradero de los familiares desaparecidos, “24 mujeres y 2 hombres de la agrupación de familiares de detenidos desaparecidos iniciaron una huelga de hambre con el lema “mi vida por la verdad” en la Sede de la Cepal de Santiago, allí desplegaron un lienzo de diez metros de largo que proclamaba: “Por la paz, por la vida, por la libertad, los encontraremos” . Y aseguraron que no saldrían de ahí hasta que Pinochet se comprometiera a responder por los desaparecidos” . Otros familiares de la Agrupación entregaron una nota a 16 medios de comunicación, también repartieron volantes en las calles, pintaron murales, organizaron misas y hubo en su apoyo declaraciones de abogados, personalidades políticas y sociales, un grupo amplio de intelectuales y decenas de federaciones sindicales”.

La huelga de hambre en la Cepal, es el punto de partida en el despliegue de nuevas estrategias y acciones colectivas en el ámbito de la resistencia y denuncia contra la dictadura militar, en donde “el cuerpo es también lugar de resistencia cuando se vive como primer espacio de soberanía”. El cuerpo afectado por el hambre, el cuerpo como uno subversivo, que hace uso de la decisión de no ejercer una acción de violencia externa sino de la internalización de ésta para manifestarse, es sólo su propia inapetencia el actor de la acción silenciosa. La acción, es su aparente no-acción, ya no solo existen cuerpos individuales, sino que el acto mismo de la no acción se vuelve un solo cuerpo, uno colectivo donde se pierden las individualidades, “si hay algo en común a regímenes políticos autoritarios y semi democráticos, sea de la orientación ideológica que sean, es el hecho de que tienden a acallar al oponente y sus ideas- con la praxis que generan- a través de atacar su(s) cuerpo(s). ¿por qué? quizá porque, como ha dicho Milanés, las ideas no se pueden apresar. Las ideas no son cosas materiales, sino abstractas. Por lo tanto, fluyen libremente, en la medida en que son verbalizadas, escritas o divulgadas a través de un acto del cuerpo de carácter mensaje-simbólico (negarse a comer, por ejemplo, en una huelga de hambre). La Huelga de hambre en la Cepal no recibió respuesta, los cuerpos agotados de los huelguista tras nueve días de inanición detienen la acción, sin embargo ésta inaugura una serie de huelgas de hambre venideras que pondrán a la dictadura enfrentada ante el mundo mediante estrategias cada vez más globalizadas de los huelguistas.

Bitácoras, cartas, notas de prensa, una fotografía, listas, etcétera, es lo que contiene en la actualidad el corpus archivado de la huelga, segmentado bajo las lógicas del archivo, diseminando su noción inicial de un cuerpo concebido como uno sólo en lo colectivo, donde lo escrito es lo inscrito en el archivo, su documentación , dejando en estado de latencia lo impermanente como la potencia real del archivo, su lectura.

Su potencia real radica en la reactivación de lo que hemos denominado la letra muerta en el archivo, como un acto que trae al presente un hecho del pasado a través de lo oral que está contenido en él . Las Yeguas del apocalípsis en 1993 , realizan en protesta por la ausencia de políticas concretas de justicia por parte del gobierno de Aylwin frente a las violaciones a los derechos humanos , la performance Tu dolor dice: Minado. En un ex centro de detención ilegal en calle Belgrano –Santiago– Lemebel y Casas realizan la lectura performática de la lista de los detenidos desaparecidos reconocidos por el Estado de Chile y publicados en el informe Rettig, la lectura se efectúa dando la espalda al espectador , en donde las espaldas desnudas de Lemebel y Casas presentan al cuerpo expuesto como imagen anónima del mismo, mientras tanto la lectura trae a presencia mediante el sonido al nombre del desaparecido , reactivando la letra muerta del archivo mediante lo efímero de la voz y su puesta en escena. La lista del archivo es reactivada mediante la performatividad de la voz y su puesta en escena, ya no son nombres pertenecientes a una estadística del horror, sino que son sonidos concretos de la realidad del horror. La acción realizada por Lemebel y Casas dispone de parte del archivo –la lista– haciendo cruces entre archivo, cuerpo y performance.

Surge entonces la interrogante de buscar un elemento transversal entre una huelga de hambre y un acto performático más que el mismo cuerpo; donde el acto performático según (*) Richard Schechner parte por hacer una diferencia fundamental para entenderlo, algo es performance o algo se puede entender como performance. Podríamos decir que la incidencia de la violencia sobre el cuerpo colectivo así como sobre el cuerpo individual trasciende los territorios primariamente pactados y así como la Huelga de hambre puede ser vista como una performance, la acción de Lemebel y Casas puede ser vista como un acto político, como señala Suely Rolnik: “Lo que lleva a los artistas a agregar lo político a su investigación poética es el hecho de que los regímenes autoritarios entonces vigentes en sus países inciden en sus cuerpos de manera especialmente aguda, pues afectan su propio quehacer, y es así como viven al autoritarismo en la médula de su actividad creadora. Se asocia así el impulso de la creación al peligro de sufrir la violencia por parte del Estado, que puede ir desde la prisión hasta la tortura y llegar incluso a la muerte; dicha asociación se inscribe en la memoria inmaterial del cuerpo: es la memoria física y afectiva de las sensaciones de dolor, miedo y humillación.”

Las huelgas de hambre son vistas como una política del cuerpo ejercida en contra de la represión, el cuerpo de lo político opera como actos vitales de transferencia, transmiten el saber social, el sentido de identidad y la memoria a partir de acciones reiteradas. “Constituyéndose como performance mediante su archivación”, así el proceso de archivo puede caracterizarse de algún modo como un acto performático, su reactivación en la inversión de su escritura, en donde la reescritura del archivo está dada por el sonido de su lectura y la lectura de su sonido vendría a ser el capital político de lo inmaterial/oral.

Texto perteneciente a parte del proyecto de investigación y creación sobre la huelga de hambre de 1977.

¿DE QUÉ ESTAN HECHAS LAS MEMORIAS?

Sergio Rojas.

Si no hay oído para el dolor,no hay oído verdadero para nada” Carlos Cerda: Una casa vacía.

Pongamos en cuestión la subordinación de la memoria a la historia, dictada por un sentido común demasiado acostumbrado a las “efemérides patrias”, cuando se consideraba que el pasado debía ser ante todo un objeto de conocimiento, y en donde –de acuerdo a este supuesto- los documentos permitían ante todo comprender el devenir de los acontecimientos (exhibiendo en ello el proceso que nos habría conducido hasta el presente). Si se considera a la memoria sólo como un medio para recuperar el pasado y consensuar una historia, ésta debe exhibir, en primer lugar, indiscutibles acontecimientos centrales, también acontecimientos secundarios cuya disposición en el relato podría variar, y luego todo un régimen de detalles y anécdotas retóricamente pertinentes, pero prescindibles en relación a lo que se considere habría sido lo verdaderamente medular. Y lo mismo habrá de ocurrir con los protagonistas de esa historia: algunos personajes centrales, otros secundarios y… los demás, la mayoría, aquellos que se limitaban muchas veces sólo a “aparecer”, desde el fondo, anónimos, olvidables.

Pero, ¿qué sucede si los acontecimientos de horror que cierta memoria trae al presente resisten el ejercicio de la comprensión disciplinaria, no porque la historiografía no pueda pronunciarse científicamente acerca de ellos, sino porque se nos impone ante todo lo que esos hechos tiene de inaceptables y, por lo tanto, de incomprensibles? Se trata de acontecimientos excepcionales, no sólo porque vulneraban en cada caso la dignidad de la vida, los derechos de las personas, las condiciones básicas de la comunidad, sino porque algo en ellos impide inscribirlos en una historia que los haga pasar en el tiempo. Esta memoria se va constituyendo entonces en el cuerpo de un pasado que no pasa, que no se marcha “hacia el pasado”. Se trata de la memoria de lo que permanece. Es por esto que un museo de la memoria no es un museo de historia. En efecto, la historia –como disciplina- dispone en general la posibilidad de conocer lo que sucedió; la memoria en cambio responde a la necesidad de tener presente lo que sucedió. Entonces la narración historiográfica estalla, y su contenido (es decir, el pasado que esa narración maestra contenía) ahora se disemina, y lo contingente, lo anecdótico, lo accidental, junto con los actores “secundarios” y también los otros –los que ni siquiera como derrotados aparecían- ahora emergen, constituyendo el cuerpo rizomático de una memoria inédita que reclama derechos sobre el presente. Esta es la memoria que la exposición “Acumulación breve” se ha propuesto poner en obra.Hacia fines de los 90’ la académica de origen rumano Marianne Hirsh, elaboró el concepto de pos memoria para referirse al modo en que acontecimientos de magnitud histórica caracterizados por el horror, están presentes en la memoria de generaciones posteriores a la de aquellos que los padecieron directamente. No se refiere este concepto sólo a las “memorias de los hijos”, sino al proceso social y cultural de construir un pasado común. Se define como “una forma híbrida de memoria, que se distingue tanto de la memoria personal (por la distancia generacional), como también de la historia (por una profunda conexión personal)”. Existe por lo tanto clara conciencia de que se trata de una memoria en que los órdenes y sentidos posibles de los elementos heteróclitos que la constituyen han de ser en cada caso elaborados, para poner en el lenguaje un pasado cuya demandante intensidad no se deja resolver de manera unívoca. Se trata de responder a la exigencia de, literalmente, hacer memoria, en un proceso en el que reconocemos la investigación, los hallazgos fortuitos, lo testimonial, las operaciones tropológicas con el lenguaje (metáfora, analogía, sinécdoque), la producción objetual de ideas. En “Acumulación breve” no se trata simplemente de ocuparse de la memoria desde el arte, al modo de un tema, sino de una reflexión –a la vez conceptual, estética y emotiva- acerca de nuestra necesidad epocal de hacer memoria, trabajando con los vestigios de una devastación cuya gravedad se hunde en el presente del olvido, la ignorancia, la indiferencia o incluso en la pulcritud procedimental de las ciencias del pasado.Alguna vez nos hemos preguntado ¿de qué están hechos los recuerdos? Y entonces reflexionamos, por ejemplo, si acaso comienzan a extinguirse primero los sonidos y luego siguen las imágenes o tal vez ocurra al revés. En “Las cosas segregadas” Isidora Gilardi se pregunta ¿de qué está hecha la memoria? Las imágenes y las palabras del pasado, aunque cargadas de significados y afectividad, permanecen también como cosas entre nosotros, porque el soporte de esas imágenes y palabras está hecho de vidrio, madera, papel, metal. El cuerpo de los vestigios exhibe en cada caso los procesos de degeneración que son propios de la materia. Alejados de la

Producción de la obra

Siguiendo los conceptos mencionados, se articuló una obra que reflexionara sobre el cuerpo y el archivo como lenguaje desplazado hacia la idea y puesta en montaje de la poética de lo impermanente-efímero, objetivado principalmente, en la voz y el cuerpo como recurso sonoro y evocador.

Una de las primeras operaciones para la producción de la obra fue la construcción de un meta-archivo sonoro a partir de la generación de tipologías sonoras devenidas de la re-fragmentación de algunos documentos depositados en el archivo del Museo de la Memoria y de las entrevistas a las participantes de la huelga, además de la producción de palabras claves sacadas de los documentos mencionados. A partir de estas tipologías sonoras  se produjeron diferentes cadencias sonoras por medio de la manipulación de los volúmenes, ritmos de lectura, entonación, frecuencia y género del hablante.

Las tipologías sonoras fueron:

Testimonios de las huelguistas y ayudistas: secuencia de lecturas planas –sin dramatización– de los fragmentos de textos sin identificación del hablante y por medio de tres lectores: una mujer y dos hombres

Nombres de los huelguistas: pulsos de una voz de hombre con un efecto de megáfono, emulando al imaginario de los llamado por bando.

Nombres de los desaparecidos: susurros de una voz de mujer en un volumen muy bajo y contante, como signo de una presencia constante y fantasmagórica.

– Sonidos de respiraciones: sonido continuo de género indistinto, hombres y mujeres.

Palabras claves: pulsos de voz dura de mujer con un volumen alto.

Cartas: secuencia de una voz de mujer que dramatiza el contenido del texto.

A partir de estas tipologías sonoras, archivo de voces y sonidos corporales, se produjo una composición-instalaciónsonora dispuesta en el espacio de la Galería de la Memoria –Museo de la memoria y los derechos humanos– a través de la intervención espacial de 23 parlantes en que cada uno de ellos contenía una tipología sonora –una pista de audio–, de los cuales 15 parlantes se colocaron dentro de plintos[1] generando de este modo un recorrido sonoro en que el sonido estaba compuesto a través de zonas sonoras intermitentes,  pulsos y constancias, y sonidos fijos como fueron los nombres de los desaparecidos y las respiraciones que estaban montados en el muro. La idea fue generar la puesta en montaje de lo fantasmagórico a través del sonido y de la ausencia del cuerpo, generando una extrañeza en un espacio que se vuelve sacro, ritual y a su vez mortuorio, el espacio Museo, el museo de los muertos, un lugar por si lleno de fantasmas que deambulan. Escenificado en el sonido de la voz hablante, que reclama justicia y que a la vez repara en cosas como el olor, el cuerpo, la lluvia, los sonidos, la luz, que a modo de residuos vitales (Huberman), reactivaban fantasmalmente fragmentos de un acontecimiento revisado en el presente, reproducido ahora por máquinas ocultas: “algo siniestro, [ocurre] en la brecha que permite que una máquina, sólo con recursos mecánicos, produzca algo tan único como la voz y el lenguaje.” (Dolar, 18). Este recorrido sonoro, dispuso en el espacio el relato fragmentado sobre la huelga de hambre, generando la narrativa de la imposibilidad de asir una verdad absoluta, pues no hubo una búsqueda por instalar el documento archivado como una realidad posible, sino mas bien, la puesta en montaje de un estado de las cosas, de un estado del cuerpo, de un estado emocional, de búsquedas inconclusas –susurros de nombres de los desaparecidos–,  de relatos a veces inconclusos, una articulación de la ausencia.

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Se instaló en uno de los muros de la sala registros fotográficos de piezas una selección del archivo correspondiente a: cuatro cartas –escritas a mano–, una fotografía grupal, veintiséis fotografías en pequeño formato –una foto de cada huelguista–, cinco cables recibidos del exterior transcritos a mano, dos fotografías de objetos[2] y una impresión con calidad fotográfica con los nombres de los familiares desaparecidos de los huelguistas. La selección de los documentos se hizo pensando en establecer relaciones entre el sonido y lo escrito en los documentos, de poner rostro a los huelguistas mediante el rescate de una fotografía en que aparecía cada uno de ellos fotografiados tipo carnet, por si llegaban a ser detenidos por la DINA. El muro se estructuró en base a constelaciones de sentido entre los documentos, que mediante manipulaciones de tamaño del original generaba además de la estetización del mismo, la posibilidad de acceso a su contenido, permitiendo poner en valor un documento que se encontraba depositado en el archivo. Así operando como atlantes (Warburg), las relaciones espaciales de las imagenes activaban una memoria viva y no cerrada, una lectura de residuos vitales (Huberman).

La operación estableció a su vez la relación dialógica entre la imagen que evocaban los sonidos –la voz del testimonio y los sonidos del cuerpo– y el sonido que evocaban los registros fotográficos.  Por otro lado la operación de la escritura, inscribió los nombres de los desaparecidos y los fragmentos del cotidiano como gestos supervivientes (Nachleben), como “tiempos enterrados justo bajo nuestros pasos y que resurgen haciendo tropezar el curso de nuestra historia.” (Humberman, 305)

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La voz en esta obra fue activada en ausencia de un cuerpo real, es activada por un cuerpo tecnológico –parlantes/plintos–, al estar perdido el original –desaparecido–, lo fantasmal de la voz emerge como un capital político que remece –que irrumpe en tiempo presente y efímero–, lo contenido en el archivo como lo incontenible, el desborde del cuerpo del contenedor, el sonido como un desborde que se transmite espacialmente haciendo difusas las fronteras entre cuerpo, sonido, espacio y archivo.

Verónica Troncoso

 


[1] Plintos de color negro de 20 x 20 x 20 y de alturas variables: dos de 2 mts., 8 de 1,80 mts. y 5 de 1,60 mts.

[2] Estos objetos corresponden a: un pañuelo y una medalla elaboradas por presas políticas, ambos objetos tienen inscrita la frase: “el dolor del hambre no se compara con el dolor de no saber del ser amado”, frase acuñada por Aminta Traverso (Q.E.P.), durante la huelga de hambre. Objetos que una vez terminada la huelga, les fue entregado a cada uno de los ellos, en una ceremonia de bienvenida en la vicaría de la solidaridad.

Origen: ¿DE QUÉ ESTAN HECHAS LAS MEMORIAS? Sergio Rojas | Archivo Huelga de Hambre, CEPAL 1977

HUELGUISTAS

1

Anita Altamirano

Anita Florencia Altamirano Aravena Esposa de Juan Antonio Gianelli Company, profesor y dirigente comunista del sindicato único de la educación, desaparecido en su lugar de trabajo frente a testigos en la escuela de niñas nº24 …

2

Ernestina Alvarado

Ernestina Alvarado Rivas Madre de Nalvia Rosa Mena Alvarado, quien fue militante de las Juventudes Comunistas y estaba embarazada con tres meses de gestación al momento de su detención junto a su esposo Luis Emilio …

Wilma Atoine

Wilma Antoine

Wilma Antoine Lazzerini Esposa de Horacio Cepeda Marinkovic Caso de los 13: Constructor civil de profesión, ex director de la empresa de transportes colectivos del estado y militante del partido comunista quien fue detenido el …

Monica Araya

María Mónica Araya

Maria Mónica Araya Flores Hija de Bernardo Araya y María Olga Flores Hija del matrimonio entre Barnardo Araya Zuleta, ex diputado por el partido comunista, además dirigente nacional de la CUT y Maria Olga flores …

Raquel Ardiles

Raquel Ardiles

Raquel Ardiles Tabilo Esposa de Victor Modesto Cardenas Valderrama: electricista, militante comunista desaparecido el 26 de agosto de 1976 a los 52 años, tras ser detenido en la vía pública por agentes del comando conjunto, …

Irma Areyano

Irma Arellano

Irma Arellano Hurtado Casada, con 3 hijos junto a Armando Portilla Portilla: operador mecánico, ex-director de Endesa y militante comunista, quien fue detenido el 9 de diciembre de 1976 en la vía pública por agentes …

Mercedes Arévalos

Mercedes Arévalo

Mercedes del Carmen Arevalo Pantoja Esposa de Miguel Nazal Quiroz Casada, con 4 hijos junto a Miguel Nazal Quiroz: miembro del comité central del partido comunista, ex-director de la CUT en Villarica.  detenido el 11 …

Caupolicán Cruz

Caupolicán Cruz

Caupolicán Cruz Díaz Hermano de Lisandro Tucapel Cruz Díaz: telegrafista, ex dirigente sindical de los trabajadores de la empresa Cementos Polpaico y militante del Partido Comunista, fue detenido a los 52 años de edad el …

Edith Díaz

Edith Díaz

Edith Díaz Bahamondes Cónyuge de Fernando Alfredo Navarro Allende Caso de los trece. Fernando Alfredo Navarro Allende, producido el Golpe Militar, comenzó a ser buscado para su detención; su hogar fue allanado en múltiples ocasiones por efectivos del …

Cecilia Escobar

Cecilia Escobar

Cecilia Escobar Cepeda Hermana de Elisa del Carmen Escobar Cepeda Caso conferencia Elisa del Carmen Escobar Cepeda, soltera, obrera, militante del Partido Comunista, fue detenida el día 6 de mayo de 1976 en una “ratonera” …

Ninfa Espinoza

Ninfa Espinoza

Ninfa Espinoza Fernández Hermana de Eliana Espinoza Fernández Caso conferencia Eliana Marina Espinoza Fernández, soltera, comerciante, militante del Partido Comunista, salió de su casa aproximadamente a las 17:30 hrs. del día 12 de mayo de …

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Carolina Gajardo

    Carolina Gajardo Carolina Gajardo tenía 23 años cuando fue convocada por las compañeras Ana González y Sola Sierra para participar en la huelga de hambre. Su esposo, Luis Emilio Maturana, había sido detenido …

Irene Godoy

Irene Godoy

Irene Godoy Godoy Esposa de Humberto Fuentes Humberto de las Nieves Fuentes Rodríguez, ex Regidor de la comuna de Renca, militante del Partido Comunista, fue detenido el día 4 de noviembre de 1975, por efectivos …

Ana González

Ana González

Ana González Nació en la ciudad de Tocopilla, el 27 de julio de 1925. Tempranamente se unió a las Juventudes Comunistas  donde conoció a su esposo Manuel Recabarren, quien se mantuvo activo en el Partido Comunista hasta el momento de …

Norma Matus

Norma Matus

Norma Matus González Madre de Carlos Alberto Carrasco Carlos Alberto Carrasco Matus, 21 años de edad, soltero, Cabo Segundo del Ejército, era estudiante de Instituto Comercial N°5, del cual había sido dirigente estudiantil, ex militante …

16

María Estela Ortíz

  María Estela Ortiz, hija de Fernando Ortiz, desaparecido el 15 de diciembre de 1976, fue una de las organizadoras de la huelga de hambre. Ella junto a Sola Sierra y María Luisa Azocar, convocaron …

María Luisa Ortíz

María Luisa Ortíz

María LuisaOrtiz Hija de Juan Fernando Ortiz Letelier   María Luisa Ortiz, se desempeña como Jefa del Área de Colecciones e Investigación, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Es hija de Juan Fernando …

María Adriana Pablós

María Adriana Pablos

María Adriana Pablos Esposa de Carlos Contreras Maluje   El 2 de noviembre de 1976, Contreras Maluje, entonces de 29 años de edad, ex regidor de Concepción, y de profesión químico farmacéutico, fue detenido por agentes …

19

Isolina Ramirez

Isolina Ramirez Esposa de Mario Zamorano Donoso Caso Conferencia : Mario Jaime Zamorano Donoso, casado, tres hijas, obrero marroquinero, miembro del Comité Central del Partido Comunista, fue detenido junto a un grupo de dirigentes de …

Violeta Reyes

Violeta Reyes

Violeta Reyes Pareja de José Enrique Corvalán Valencia José Enrique Corvalán Valencia, casado, 6 hijos, dirigente sindical, militante comunista, fue detenido por la DINA el 9 de agosto de 1976, alrededor de las 10 horas, …

Marta Rocco

Marta Rocco

Marta Rocco Esposa de Mario Juica Vega Mario Jesús Juica Vega, casado, 5 hijos, ex presidente de los obreros municipales de Renca, militante comunista, fue detenido por agentes de la DINA el 9 de agosto …

Max Santelices

Max Santelices

 Pablo Jose Maximiliano Santelices Tello   Esposo de Reinalda del Carmen Pereira caso de los 13 Reinalda, hija única, casada, embarazada de cinco meses de su primer hijo, tecnóloga médico, ex dirigente de la salud …

Sola Sierra

Sola Sierra

Sola Sierra Henríquez esposa de Waldo Ulises Pizarro Sola Sierra Henríquez nació en Santiago en 1935. Hija de Marcial y Ángela, sobreviviente de la Matanza de Santa María, quienes tenían una tradición familiar de militancia …

Tania Toro

María Tania Toro

María Tania Toro Hermana de Nicomedes Toro Bravo Nicomedes Toro, de 31 años de edad, soltero, obrero, era miembro de la Brigada Ramona Parra del Partido Comunista. Detenido el día 28 de julio de 1976 …

Aminta Traverso

Aminta Traverso

Aminta Traverso Bernaschina Esposa de Marcelo Concha Bascuñan, primo de Iván Sergio Insunza   Marcelo Concha Bascuñan tenía 30 años de edad, casado, padre de tres hijos, militante del Partido Comunista  y de profesión Ingeniero Agrónomo , …

Carmen Vivanco

Carmen Vivanco

Carmen Vivanco Esposa de Oscar Ramos Garrido, Madre de Oscar Ramos Vivanco, hermana de Hugo Vivanco Vega, cuñada de Alicia Herrera Benitez y tía de Nicolás Vivanco Herrera (hijo de Alicia Herrera )   “Me …

REDES DE INVESTIGACIÓN

foto Luis Fernando Arellano (Kallejero)

Universidad intervenida: El libro que desclasifica sumarios y revela a los soplones en la U. de Chile en dictadura

La universidad puso a disposición del público los sumarios realizados en dictadura para expulsar a alumnos partidarios de la UP y del MIR, con un libro en el que además revela nombres de profesores y estudiantes que delataron a sus compañeros y otros documentos clave de cómo funcionó la Casa de Bello en esa época, como una clase magistral de Augusto Pinochet en Casa Central, en 1976. Entre los casos está el del actual secretario técnico de la Comisión Superior de Evaluación Académica, funcionario hace 35 años del plantel, acusado de delatar a excompañeros de Geografía en 1974. Él niega las imputaciones y pide que se pericie el sumario original para comprobar la veracidad del documento.

Casa Central Universidad de Chile

Este lunes 7 de noviembre la Universidad de Chile lanzará el libro “La dictadura de los Sumarios (1974 – 1985) Universidad de Chile Intervenida”, donde se desclasifican las investigaciones internas que realizó el plantel durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, expulsando a estudiantes y profesores partidarios del gobierno de la Unidad Popular o del MIR.

El lanzamiento se da un año después que el mismo plantel decidiera digitalizar y dejar a disposición de consulta de todo el público los archivos de esos sumarios y otros documentos de esa época.

“Este libro es producto de un arduo trabajo del Archivo Andrés Bello. Se convocó a varios académicos para que escribieron ensayos. Con ese mismo rigor se entrevistó a distintas personas para que ellos dieran sus testimonios. Es un pequeño paso de otros que se han dado, importantísimo no solamente para la Universidad de Chile sino que para la memoria histórica del país. Para ir conociendo qué nos pasó, de ir nombrando, porque dentro de los mismos sumarios se puede descubrir la vida cotidiana de ese país. Y de cómo la Universidad de Chile fue brutalmente intervenida”, dice Ximena Poo, editora del libro.

Poo agrega que cada persona puede ir a consultar o pedir por Ley de Transparencia estos archivos, los que pueden servir para investigación académica, periodística e incluso personal “para muchas personas -académicos, funcionarios y estudiantes- que fueron expulsados de la Universidad de Chile en esa época y que pueden reconstruir parte de su historia”.

“Es un libro que aporta una mirada de futuro porque acá, tal como dice Berta Valenzuela, también no solo quebraron la biografía de algunos, sino que algunos murieron o hasta hoy son detenidos desaparecidos por lo sucedido. En varias partes el libro dice ‘Para que nunca más’, pero ese ‘Para que nunca más’ no debe ser un panfleto, sino que debe servir para en que este país no vuelva a pasar algo así. Este libro es importante que algunos fiscales o acusadores puedan hacer un mea culpa y otras universidades revelen también sus archivos”, agrega Poo, doctora en Estudios Latinoamericanos del Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos de la Universidad de Chile.

El caso de Geografía

Dentro de los sumarios revelados, existen varios casos ocurridos en el Departamento de Geografía de esos años. Y precisamente uno de ellos, a través del documento y un testimonio revela que el actual secretario técnico de la Comisión Superior de Evaluación Académica de la Universidad de Chile, Ulises Faúndez Tejos, sería uno de los delatores de la documentalista Berta Valenzuela, estudiante expulsada de la Casa de Bello en 1974.

En el testimonio de Valenzuela, titulado “Me quebraron la biografía”, la técnico audiovisual cuenta la historia de su ingreso a la universidad en 1972, donde también comenzó su militancia en el MIR. Ahí señala también que después del golpe de Estado, regresó a la universidad a terminar el semestre en enero de 1974 tratando “de pasar piola” por las noticias graves que circulaban.

Valenzuela cuenta que nunca fue notificada de la expulsión, pero que al entrar a un curso a comienzos del año académico del 74 le dijeron que tenía prohibido entrar a la universidad y que mejor no se acercara, sino la detendrían.

Y detalla que luego de revisar su sumario ya desclasificado 40 años después, notó que sus delatores -sus excompañeros de Geografía, se encuentra Faúndez, detallando que en su caso los soplones la acusaban de “irreversible, potencialmente violenta, muy desprejuiciada” y “totalmente sectaria”.

Además sostiene que el mismo Ulises Faúndez también habría delatado a su compañero Pablo Altamirano, a quién describió como un militante del MIR “agresivo durante peleas fuera de la U con linchacos” e “irrecuperable ideológicamente”.

“Quienes fueron cómplices de la dictadura nos cortaron las alas, las ganas. Al final, pienso, lo que pasó conmigo no es nada, porque hay otra gente que lo pasó más mal, que perdió la vida, que perdió todo. Por lo menos yo sigo aquí”, dice al final de su carta.

Faúndez se defiende: “Es una letra que claramente no es la mía”

Hoy Ulises Faúndez, el funcionario sindicado como delator en el texto es geógrafo, es académico del Instituto de Ciencias Política de la Universidad de Chile y profesor de la Academia Nacional de Estudios Estratégicos. Trabaja hace 35 años en la universidad y tiene oficina en la denominada Torre 15.

Pero desde su cargo en la comisión de evaluación académica, Faúndez cumple con un rol clave, ya que dicha oficina tiene como misión registrar los antecedentes curriculares de académicos propuestos para ingresar a la carrera, sus proposiciones de ascenso, recursos de apelación y todo tipo de documentación administrativa.

Consultado por The Clinic Online por este asunto, Faúndez niega enfáticamente las acusaciones y dice ser víctima de una acusación en su contra. “Soy el primero en estar interesado que esto se aclare. Hay gente que aparece en el sumario y que yo no conozco, pero otros que sí conozco y que me importa. Sobre todo Max, el hermano de Sonia Montecinos. Y lo que me duele más todavía es que mi madre era la mejor amiga de su madre, de años. ¿Usted cree que yo podría ser capaz de algo así con la mejor amiga de madre? ¿Qué clase monstruo creen que soy yo?”, dice.

El académico señala que se comunicó con las autoridades de la universidad, pidió que se permitiera un perito calígrafo para ver la autenticidad del documento y tampoco, y que pidió un pronunciamiento por parte de Contraloría hace dos meses, pero todavía no le contestan. “Es una letra que claramente no es la mía. Y la firma es una imitación, pero tampoco es mía tampoco. ¿Entonces, qué puedo hacer yo? Es mi palabra contra la de alguien”, dice.

Según Faúndez, prácticamente no conocía a Valenzuela en ese tiempo, pero dice compartir el dolor porque él también vivió esa época. Y además agrega estar muy dolido con algunas autoridades de la universidad por no haberle consultada si el documento es verídico o no, agregando que por este motivo ha recibido “amenazas, mensajes anónimos por debajo de la puerta, llamadas por teléfono, molestia a mi familia”.

“Que el sumario esté prescrito, eso es una cosa. Pero la dignidad, el nombre, el honor de las personas no prescribe. Yo no sé quién hizo esto, pero yo siento que tomaron mi nombre, como el de otros colegas, porque nosotros éramos francamente críticos a ese sistema. Tú no viviste esa época, yo la viví. Había mucha pelea, muchas pugnas. Nosotros manifestábamos nuestra crítica en público porque era un tiempo malo. Esta cuestión estaba como Venezuela, por decirte algo, aunque no sé si sería igual. Pero era un período duro, de mucha polarización, y eso no ayudaba. Huelgas, webeo, y nosotros éramos francamente críticos. Entonces, es posible que hayan cargado a estos cabros. Ahora, quién fue, difícil saberlo si imagínate, han pasado cuántos años. Por eso yo dije que primero viéramos si el archivo es verdadero”, alega.

Experiencia a otras universidades

Por su parte, la Vicerrectora de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile, Faride Zerán, que además prologa el libro, señala que la universidad ha ido enfrentando estos temas en el último tiempo con el proyecto de digitalizar los archivos que estaban en la biblioteca y que decidieron el 30 de enero de este año que los archivos se hicieran públicos, en un gesto de transparencia hacia la historia y la memoria.

“Efectivamente en el marco de la digitalización de este archivo aparecen los sumarios que se hacen en el departamento de Geografía, en el año 74, y ahí aparece un funcionario de la Universidad de Chile, actualmente en funciones y que efectivamente ocupa un cargo estratégico dentro de la universidad. Estos antecedentes los tienen, lo saben superiores de este funcionario y desde el punto de vista formal le informaron a la Vicerrectoría General de Comunicaciones que al ser hechos que están prescritos, legalmente la universidad no puede hacer nada al respecto”, señala Zerán.

“Lo que sí nos parece es que la comunidad tiene derecho a ese deber de memoria y la verdad, y la política de la universidad no es esconderlos bajo la alfombra, sino exhibirlos, mostrarlos y que la gente sepa”, agrega la académica, quien además sostiene que han estado en contacto con otras universidades del Estado a propósito este tipo de políticas frente al acoso sexual o de memoria con el tema de los sumarios, para que estas sean asumidas institucionalmente y de alguna manera la experiencia en la Casa de Bello pueda ser asumida en otros planteles.

 


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50 años del Primer Congreso Internacional de Arqueología

50 años del Primer Congreso Internacional de Arqueología

FECHA: 21 NOVIEMBRE, 2013

Fernando Orellana

Fernando Orellana Torres

Director General de Postgrado

Universidad Católica del Norte

 

En las décadas de 1950 y 1960 se concretaban en Chile cambios importantes en los métodos técnicos e interpretaciones de esta disciplina.

La Dirección General de Postgrado de la Universidad Católica del Norte organizó un evento recordatorio de los 50 años del Primer Congreso Internacional de Arqueología, realizado entre los días 6 y 13 de enero del año 1963, en San Pedro de Atacama, en las instalaciones del recién inaugurado Museo de la Universidad del Norte.

En esa reunión científica se encontraron diferentes especialistas chilenos y extranjeros, profesores y alumnos, autoridades de diferentes instituciones e, incluso, en la inauguración participaron los ministros de Estado, del gobierno del presidente Jorge Alessandri, los señores Ernesto Pinto Larraguibe y Julio Philippi.

Los importantes hallazgos arqueológicos efectuados entre 1955 y 1962 por el Padre Le Paige y sus colaboradores atacameños interesaban a la comunidad científica de Chile y a la de los países limítrofes.

Por esos años -décadas de 1950 y 1960- se concretaban en Chile cambios importantes en los métodos técnicos e interpretaciones de la arqueología. Antiguos y nuevos museos, centros de investigación y carreras recién creadas no solo investigaban y publicaban de acuerdo con la nueva arqueología, sino que además iniciaban la formación especializada de arqueólogos.

En estos nuevos ambientes científico-académicos, el Congreso de 1963 inició sus sesiones de trabajo.

Se puede leer en las Actas publicadas por los Anales de la Universidad que se presentaron ponencias de los investigadores chilenos Gustavo le Paige (Presidente del Congreso), Hans Niemeyer, Carlos Munizaga, Jorge Kaltwasser, Percy Dauelsberg, Luis Álvarez, Julio Montané, Mario Orellana (Secretario General del Congreso) y Lautaro Núñez.

 

 Padre Gustavo Le Paige,presidente del Congreso

 

Por los investigadores extranjeros expusieron Alberto Rex González y Dick Ibarra Grasso. También presentó un trabajo el prehistoriador Osvaldo Menghin. Este estudioso, como Julio Montané -según se nos informó-, no acudieron finalmente a San Pedro de Atacama.

Igualmente, participaron la doctora Grete Mostny, del Museo de Historia Natural; el arquitecto Roberto Montandón, delegado del Consejo de Monumentos Nacionales, y Jorge Iribarren, director del Museo Arqueológico de la Serena.

Entre los estudiantes universitarios presentes en ese Congreso estuvieron distinguidas (os) especialistas: Silvia Quevedo, Julie Palma, Mario Rivera, Osvaldo Silva, y Gonzalo Ampuero.

También es importante mencionar que es en San Pedro de Atacama, en este Congreso de 1963, donde se formó la Sociedad Chilena de Arqueología. Esta institución, fundamental para el futuro desarrollo de la arqueología de Chile, también cumplió 50 años, recayendo su primer directorio en los investigadores Hans Niemeyer F. (Presidente), Jorge Iribarren Ch., Julio Montané M., Mario Orellana R., y Virgilio Schiappacasse F. (Directores).

Nuestra Universidad sigue desarrollando la investigación y la docencia de postgrado en San Pedro de Atacama, y esperamos que así se mantenga por muchos años, en colaboración con las distintas comunidades atacameñas.

El recuerdo de tan prestigioso evento científico no puede quedar guardado en la memoria de unos pocos, porque el Congreso Internacional forma parte de la memoria histórica de la Universidad Católica del Norte.

Los archivos ocultos de la antropología chilena . Jorge Pavez

INTEGRACIÓN

Los archivos ocultos de la antropología chilena

Facultad Ciencias Sociales

Qué información omitieron, mezclaron y en qué dosis armaron el mapa indígena chileno los primeros antropólogos.  El sociólogo de la Universidad Alberto Hurtado, Jorge Pavez recorrió los archivos mundiales para consultar los registros que hicieron los fundadores de la etnología nacional y descubrió cosas aberrantes como que el sacerdote Gustavo Le Paige armó su museo nortino a costa de los niños atacameños.

Marzo, 2016

Mas que la identidad, me interesa la alteridad: el problema no es saber quiénes somos, sino cómo nos relacionamos con la diferencia”. Con estas palabras el sociólogo Jorge Pavez, investigador de la Universidad Alberto Hurtado y autor del libro “Laboratorios etnográficos. Los archivos de la antropología en Chile (1880-1980”, explica su dedicación de 10 años a una investigación que buscó los registros fundacionales de la antropología chilena para comprender cómo se registró la existencia de los grupos indígenas en el extenso territorio nacional.

El título “Laboratorios etnográficos” tiene que ver con diversas perspectivas y escenas donde se implementaron verdaderas técnicas de traducción y clasificación de la diferencia cultural por parte de investigadores extranjeros, chilenos e indígenas. Pavez cuenta que recorrió Chile, Francia, España, Bélgica, Estados Unidos y Alemania analizando las operaciones de intercambio etnográficos que se hicieron a lo largo de cien años de historia y descubrió relatos que permiten sumergirse en las condiciones políticas, institucionales e individuales que hicieron posible la investigación de las culturas indígenas.Lo interesante es que el autor problematiza la forma en que nos contaron la existencia indígena, relatos que inciden hasta el día de hoy.La búsqueda fue larga y pausada, ya que el conjunto del material está disperso, debido –según explica- a que el Estado nunca tuvo mucho interés en tener un museo indígena, como el que se creó en 1912, el Museo de Etnología y Antropología, cerrado y disuelto en 1929.Entre de los fundadores de la antropología destacan nombres como el alemán Rodolfo Lenz, el belga Gustave Le Paige, Tomás Guevara, o el austríaco Martin Gusinde. “Son los europeos los que empiezan a desarrollar una ciencia para el conocimiento de los indígenas, porque son ellos los que empiezan a colonizar, y requieren conocer mejor las poblaciones que quieren dominar”, explica el académico.En esta publicación hay mucha descripción de las formas de acercarse a los indígenas, desde grabaciones de rituales, ceremonias, o lugares como los liceos donde los propios alumnos ayudaban a describir la historia de sus familias.  -¿Las prácticas que usaron los primeros antropólogos eran bien domésticas?-Hay mucho de eso porque en esa época, a finales del siglo XIX, no era reconocido ni valorado dedicarse a hacer registros de los indígenas, porque se consideraba que ellos no tenían ninguna cultura. En ese sentido, este grupo de europeos era gente bien excéntrica, porque insistían en que tenían que rescatar algo importante que había ahí. Son fundadores de un conocimiento.¿Qué es lo más valorado de estos antropólogos fundacionales?-Dejaron cosas fundamentales que siguen vigentes en la antropología hasta el día de hoy: el mapa étnico de Chile, la cronología de la prehistoria del territorio, dentro de la cual sigue trabajando la arqueología actual, y documentos etnográficos de primera mano como los registros de caciques mapuche hablando sobre su pueblo, o las mujeres yaganes cantando y inventando letras en ceremonias rituales, y mucho en las lenguas originarias. Es un legado fundamental.

¿Cuál es la mirada crítica de esta investigación?– Junto a científicos y laicos trabajaban misioneros que, en general, pensaban en evangelizar y proteger a los indígenas, pero a veces más bien distorsionan lo que veían en los indios. Se dan polémicas sobre los temas sexuales y el lenguaje obsceno, que los misioneros consideraban una faceta negativa del pueblo mapuche, y no querían difundir. O  cuando Rodolfo Lenz quiere publicar cómo hablaban los huasos chilenos, el habla popular que se encuentra en adivinanzas pícaras por ejemplo; fue todo un escándalo.¿Hay un conflicto entre la lectura de la elite y lo popular?La élite busca quitarle la legitimidad que le dan estos antropólogos a lo popular y lo indígena. Por eso los ataca desde el saber más letrado.-¿El tema de los niños cruza todo el libro, por qué?Los científicos conversan mucho con ellos. En el liceo de Temuco el rector Tomás Guevara a través de sus alumnos puede acceder a las comunidades mapuches. Los niños son informantes claves de los etnógrafos, como un mediador para acceder al mundo de los adultos. También porque tienen tiempo libre para acompañar al extranjero de visita, por gustar siempre de la novedad. Los niños se interesan en los viajeros-exploradores y los etnólogos aprovechan este interés de ellos.-

-¿Por qué plantea que en el norte, Le Paige llega a usar a los niños para lograr el museo que enorgullece al norte de Chile?

Porque hace trabajar a los niños, los hace escarbar en el desierto y los hace trasladar las momias al museo a cambio de una moneda, una ropita, lo que sea. Los atacameños siempre han tenido una relación singular con los muertos y un tabú de contacto, prohibiciones respecto a los cementerios, etc. Lo que hace Le Paige es decirles a los niños que lo que les dicen sus mayores es pura superstición. Y les ofrecía alguna cosa material a cambio. Y esas momias y objetos que sacaban, el mismo Le Paige las regalaba a sus visitantes. Es como una forma de mercado negro, de tráfico de influencias, donde los niños son los obreros, el eslabón subalterno más dominado, porque a veces los mismos padres se los entregaban a  Le Paige. En Fin, ahí hay una responsabilidad ética que no se ha asumido. Le Paige donó el museo a la U. Católica del Norte y ellos gestionan este patrimonio en su gueto, como si fuera su propiedad. Actualmente, hay una demanda en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por todas estas prácticas discutibles: ¿Por qué un cura manda a los niños a desenterrar a los muertos y luego una universidad se apropia de estos cuerpos y de ese trabajo infantil?

Hasta el día de hoy la Universidad y los académicos de esa universidad dicen Le Paige fue el gran hombre que salvó el registro arqueológico del norte, salvador de los atacameños. Me parece que esos discursos son resabios de la dictadura, del paternalismo, el totalitarismo y el autoritarismo de la dictadura en su relación con los pueblos indígenas, con los obreros, con los niños, con todos. Y recordemos que Le Paige celebraba la dictadura, era amigo de Pinochet, y se volvió un activo colaborador de la dictadura, tanto en el extranjero como en Atacama, donde ejercía la vigilancia y la denuncia contra toda oposición al régimen.

En la Católica del Norte hay muchos que siguieron la misma línea, por eso Le Paige es para ellos un ícono.

Jorge Pavez.

Origen: Los archivos ocultos de la antropología chilena | Cambia el mundo – Centro de Inspiración

¿Qué Memorias para qué políticas?

¿Qué Memorias para qué políticas?1

Por Alejandra Oberti 2 y Roberto Pittaluga 3

Recontar las historias -personales y políticas- de las víctimas implica restituirlos como sujetos. Historias personales: padre, madre, hijo, hija, sindicalista, compañera, militante, estudiosa, artista, fumador, deportista, tímida, alegre… reaparecen en los relatos de aquellos que los conocieron -familiares, amigos-; personas y no siluetas.

Extractos 

PRESENTACIÓN

Una aproximación a una revisión crítica de algunos ejercicios de memoria que han tenido por objeto la experiencia de la izquierda armada en los años 70.

INTRODUCTION

Este texto es una primera aproximación a una revisión crítica de algunos ejercicios de memoria que han tenido por objeto, fundamentalmente, la experiencia de la izquierda armada en los años 70.

TEXTO

En una carta a César de Paepe en 1870, Marx afirmaba que “[el] drama de los franceses, incluso de los obreros, son los grandes recuerdos. Es necesario que los acontecimientos pongan fin de una vez por todas a ese culto reaccionario del pasado”.

… Lo que molestaba a Marx no era el recuerdo en sí mismo, sino la particular forma del recuerdo “francés”, incluso en su versión jacobina. De esta preocupación marxiana por el uso político de la memoria y del pasado, por su presencia activa en la actualidad, nos interesa destacar aquí esa afirmación en torno a una de las posibles configuraciones de la memoria: el “culto reaccionario del pasado”, esos “grandes recuerdos” como obstáculos, como impedimentos de una política emancipatoria. No es este el único texto donde Marx, de manera explícita, señala su preocupación por el uso político de la memoria y del pasado, por su presencia actuante en la actualidad.

Marx advierte:

“La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal”. Y agrega más adelante: “La revolución social del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa por el pasado”

5. Marx postula a la memoria como un campo de conflicto en estrecha vinculación con la política, y clama porque los acontecimientos (la política) rescaten a los sujetos de las garras aprisionantes de esos mismos recuerdos, de una memoria en particular. Toda memoria es, entonces, una construcción de memoria; qué se recuerda, qué se olvida y qué sentidos se le otorgan a los recuerdos no es algo que esté implícito en el curso de los acontecimientos sino que obedece a una selección con implicancias éticas y políticas. Se deshace, de este modo, una tendencia habitual del punto de vista progresista, que señala que cuanta más memoria, cuanto más recordemos, mejor. Y con “mejor” lo que se quiere decir es que toda construcción de la memoria histórica por las clases subalternas tiene necesariamente connotaciones positivas, empalmando este punto de vista con la actual explosión de memorias de alcance mundial. A diferencia de este progresismo, la propuesta de Marx implica más bien el reconocimiento de que toda memoria es productiva, en tanto selecciona qué recordar y qué olvidar; y su apuesta, consecuentemente, es por una memoria consciente de sus dimensiones políticas y éticas y de sus efectos en esos campos de la sociabilidad, es decir, una memoria que sabe que realiza un trabajo en el presente y para el futuro. En los últimos años el tema de la memoria ha cobrado una significativa relevancia. Lo que Hermann Lübbe ha llamado la musealización del mundo parece ser, como afirma Andreas Huyssen, la imperiosa necesidad de recordar absolutamente todo 6.

Esa memorialización, ese aferramiento al pasado, es para algunos una suerte de respuesta compensatoria a la angustia de un presente cuya fugacidad es vivida como la más clara evidencia de que hoy más que nunca “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Estos gestos de buscar anclajes firmes en el pasado, de darles sólidas ubicaciones a espacios experienciales actuales casi inaprensibles, intentando transportar al presente todo el pasado, son el fruto de un paulatino pero tenaz cambio en nuestra temporalidad. .. el auge de la memorialización actual implica el paso de los “futuros presentes” a los “pretéritos presentes”; pero inmediatamente advierte -tal como el Marx que citamos más arriba- que esas supuestas facultades compensatorias de la memorialización frente al vértigo de un presente efímero, tendrían más bien efectos conservadores y no darían cuenta, por otro lado, del hecho de que los mismos procesos de construcción de memoria están atravesados por las dinámicas fugaces de ese cambio de nuestra temporalidad. La musealización y la memorialización como impulsos por recordarlo todo podrían significar, finalmente, que todo puede ser olvidado:emergió en los últimos años un cada vez más extenso y rico debate teórico y político en torno a la(s) memoria(s). Si este fenómeno es parte indisociable de las transformaciones del nuevo siglo, en el caso latinoamericano, el carácter más centralmente político de las memorias en conflicto -para utilizar la acertada expresión de Jelin8 – tiene en la Argentina un anclaje más denso y traumático: proviene de un momento de la historia política cuyas consecuencias en el presente y en los años venideros todavía no se advierten -o no quieren advertirse plenamente.

La represión del terrorismo de Estado desde el año 1976 al 83 ha dejado su propia marca en la temporalidad política de nuestra sociedad: su figura central son los/as desaparecidos/as. Los/as desaparecidos/as obligan a un trabajo de memoria difícil, sumamente complejo, en tanto son una ausencia presente. Al mismo tiempo imponen una ruptura en las categorías espaciales y temporales que constituyen nuestra experiencia: los desaparecidos son un no-lugar y tampoco tienen un tiempo propio (sus imágenes están congeladas en el instante pasado de su secuestro pero habitan también nuestro tiempo presente). Cuáles son las implicancias de esta presencia-ausencia para la sociedad actual es una pregunta que no podemos más que formular. … se quiso hacer de/con los desaparecidos un olvido total, un olvido del olvido, y por lo tanto una expulsión absoluta de cualquier forma de memoria: la figura de la desaparición, a través de impedirle a un ser humano su propia muerte, su muerte particular, quiso eliminar su existencia, borrar toda huella de que allí había habido un hombre, una mujer.

El olvido del olvido era la meta de la desaparición, y junto con esa desaparición de la existencias particulares de hombres y mujeres concretos desaparecían también sus ambiciones, deseos y apuestas, sus futuros posibles. Un objetivo y una situación que eran plenamente conscientes para los principales exponentes del terrorismo de Estado, . Quizás la “desaparición” sea aún más siniestra, quizás en el olvido del olvido como meta se esconda también la amenaza subyacente, la pretensión del poder de decirnos: puedo reducirte tanto, hasta que nunca hayas existido. Y esa amenaza necesita, para funcionar, ser parte de nuestra cotidianeidad, de nuestra temporalidad.

En consecuencia, los sentidos de la memoria de la represión no pueden dejar de estar presentes en cualquier intervención crítica en las redes de enunciación del presente.

En este sentido, insistir en la búsqueda de las huellas del pasado es reconocer que los sentidos otorgados actualmente a ese pasado están, de algún modo, condicionados por el dolor y la aflicción producidos por desapariciones, torturas, muertes, exilios y prisiones, pero también por los efectos de la supresión de aquella apuesta política que se vivía como desafío al orden y que las variadas experiencias de esos años significaron de diversas maneras y desde distintos ángulos. … la explosión de actos de memoria no nos lleva necesariamente por un camino liberador : no nos ayuda a construir la emancipación ni nos libera del peso presente de ese pasado).

Para que la memoria actúe en sentido emancipatorio, su proceso de construcción requiere de la configuración de un nuevo horizonte de expectativas emancipatorias que precisa, en el mismo movimiento de su gestación, de una reapropiación crítica de la experiencia del pasado, refundado así el pretérito como espacio experiencial para una memoria crítica.

Apropiación que sólo será crítica en la medida que disuelva las plasmaciones rituales y sacralizadas de ese pasado, que sea capaz de dilucidar las argumentaciones de aquellas políticas, y que desvanezca así, las veneraciones supersticiosas y los homenajes mitologizantes, para devolver su humanidad (y la nuestra) a la militancia de los años 60 y 70.

Por ello, el problema no es si hay que trabajar o no en la preservación de la memoria histórica, sino de qué memoria estamos hablando, qué recordar, aún -y quizás más importante- cómo hacerlo. Ninguna construcción de la memoria en sentido emancipatorio puede pensarse como nuevo momento del terror, avalando entonces no sólo su existencia pasada sino también su persistencia presente.

...Desaparecerlos implicó arrancarlos de su entorno inmediato -la casa, la familia- y de su contexto político-social -la militancia, el barrio, la organización, el sindicato, la agrupación, la fábrica, la universidad, la escuela-, aislarlos de todo lo que los constituía como sujetos para después torturarlos y finalmente borrarlos de “la faz de la tierra”. .. En este contexto, saber qué pasó es ir a contracorriente del dispositivo del terror que se esforzó por borrar sus huellas  es arrancarle al olvido el nombre y el rostro del desaparecido. 

Si hasta hace muy pocos años era notable la ausencia de debate sobre los años ´70, en los últimos años surgieron algunos trabajos sobre todo testimoniales y periodísticos, que buscan dar cuenta de lo acontecido en ese período. Entre esos trabajos es notable la proliferación de testimonios de militantes vinculados a la lucha armada en los cuales se abona una especie de leyenda heroica que no permite una discusión crítica de los sucesos… Por Supresión de la apuesta política, supresión de los cuerpos, del derecho al duelo, de la identidad (apropiación de niño/as, hoy adultos/as) terminan confundidas en una sola y gigantesca operación de terror y obligan a repetir una y otra vez, en actos y conmemoraciones, que el daño ha sido cometido. La catástrofe llevada adelante por el poder obliga a reactualizar día a día la advertencia acerca de la brutalidad de la violencia pero a la vez obturan la posibilidad de revisitar críticamente ese pasado reciente. Si las herencias del pasado constituyen el terreno sobre el cual plantear deseos y proyectos que a su vez serían impensables si no se los pone en relación con el futuro, si el pasado no se encuentra separado del futuro sino que lo redefine en función del horizonte de expectativas de cada tiempo presente, entonces no poder revisitar ese pasado, no poder analizar críticamente el horizonte de expectativas que animaba aquella lucha política -y la lucha armada como parte de la misma- en el pasado reciente implica no poder trazar un nuevo horizonte de expectativas para el mañana de hoy. Pero, ¿es posible reinscribir el recuerdo de lo acontecido sin apelar a la repetición ritual? O dicho de otro modo, yendo más allá de contar una y otra vez lo que el poder ha hecho con ellos/as.

¿Cómo reinscribir ese recuerdo en un relato más amplio? 

Si, como decíamos más arriba, una parte del pasado es restituido por el proceso arqueológico de desenterrar los restos, la otra parte se puede reponer reinsert ándolos discursivamente en aquel lugar de donde fueron arrancados: su biografía y su historia.

Recontar las historias -personales y políticas- de las víctimas implica restituirlos como sujetos. Historias personales: padre, madre, hijo, hija, sindicalista, compañera, militante, estudiosa, artista, fumador, deportista, tímida, alegre… reaparecen en los relatos de aquellos que los conocieron -familiares, amigos-; personas y no siluetas.

El espesor producido por la propia vida y que les fue quitado por la desaparición volvería a surgir, no con la intención de admirar contemplativamente lo que eran -como si eso fuera posible- antes de que el poder se ensañase con ellos/as, sino con el objetivo de abrir fisuras, brechas en el muro aparentemente impenetrable de lo que la desaparición les hizo y también a todas/os nosotros/as. Abrir brechas que no pretenden reponerles una voz que ya no tienen sino simplemente permitir(nos) hablar el pasado con el lenguaje crítico del presente. Una vez abandonada la tentación contemplativa, una vez recuperada la “biografía” hay además que revisitar la politicidad, lo cual implica mirar críticamente las acciones de estos/as sujetos/as -muchos/as de ellos/as marcados/as políticamente- y reasumir la conflictividad que se perdió. Reasumir la conflictividad es parte de restituir esa humanidad robada, pero eso no puede significar, si no queremos atarnos a una suerte de memoria nostálgica de aquello que había antes de la derrota, obviar el hecho mismo de la derrota política de aquella apuesta. Hablar de derrota, y de las responsabilidades políticas de la izquierda en la misma resulta, también, indispensable. 

Leer el artículo completo  http://www.memoriaabierta.org.ar/materiales/pdf/que_memorias_para_que_politicas.pdf

“Memorias de la violencia política en Chile: narrativas generacionales del periodo 1973-2013”

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Proyectos de Investigación

 Proyecto Fondecyt Regular N° 1140809 “Memorias de la violencia política en Chile: narrativas generacionales del periodo 1973-2013”

Esta investigación busca comprender las memorias colectivas sobre la violencia política ejercida por el Estado en la historia reciente de Chile (1973-2013), que construyen distintos actores sociales desde diferentes posiciones generacionales, así como la forma en que éstos significan la relación entre dicha violencia y su propia acción política. Para ello se trabajará con personas que en el período referido, y siendo jóvenes, hayan participado activamente de movilizaciones sociales y políticas que cuestionan el orden social. Considerando la importancia de estudiar las generaciones en relación a los acontecimientos históricos en torno a los cuales se constituyen, se distinguen tres momentos de nuestra historia reciente: el contexto de las movilizaciones (protestas) de los años ochenta, el contexto de apertura del tema de la violencia de la dictadura y su continuidad en democracia en los noventa motivado por la detención de Pinochet en Londres, y el contexto de auge de las movilizaciones sociales de la última década.

 Proyecto Concurso Investigación Bicentenario FACSO: “Memorias, generaciones, experiencias, género y materialidades: análisis semiótico material del discurso de no-víctimas de violaciones a los Derechos Humanos”

El proyecto desarrolla una profundización del análisis de los resultados obtenidos en el Fondecyt Regular Nº 1110162 “Construcción de relatos generacionales sobre nuestro pasado reciente (1970-1990) en el escenario de cuatro lugares de memoria de Santiago”, así como su difusión en la comunidad académica y no académica. El análisis se concentra en la dimensión generacional de los recuerdos, y la interacción de los y las participantes del estudio con los lugares visitados.

Project

Memorias de la Violencia Política en Chile: Narrativas Generacionales del período 1973-2013


El año 2013 en Chile se cumplen 40 años del golpe militar y 23 años del fin de la dictadura que le siguió, y a pesar del tiempo transcurrido el recuerdo de la violencia ejercida por el Estado y el miedo que esta produjo en la población, se hacen presente en las memorias de distintas generaciones de la sociedad chilena.
Al recordar nuestra historia reciente es habitual hacer referencia tanto a las manifestaciones sociales y políticas que se han producido en nuestro país en los últimos años como a la violencia con la que se les suele reprimir, comparando ambas con lo que ocurría en dictadura. El uso de elementos memoriales como claves de interpretación del presente es especialmente importante cuando se apunta a la violencia que la policía ejerce sobre los participantes de las manifestaciones, o aquella ejercida por instituciones del Estado contra grupos étnicos y otros actores sociales.
La interpretación de la violencia del presente se hace en clave de pasado, y lo que permite esta continuidad es la memoria colectiva, que articula pasado-presente-futuro estableciendo vínculos entre la violencia de la dictadura y aquella ejercida en democracia. Los significados construidos en este proceso de articulación son diversos y dependen, entre otras cosas, de las posiciones generacionales y las experiencias colectivas de violencia, amenaza y miedo de quienes llevan a cabo acciones políticas que cuestionan o tensionan el orden social.

En el escenario actual de multiplicidad de conmemoraciones del Golpe de Estado, de auge de movilizaciones sociales que demandan cambios y rupturas respecto de los legados de la dictadura, y donde el Estado intenta controlar esos movimientos a través de la utilización de la violencia,  Investigaciones anteriores han mostrado la necesidad de abordar dichas relaciones considerando en primer lugar una mirada amplia que incluya no sólo a víctimas y activistas de agrupaciones de derechos humanos, sino también a ciudadanos que han participado activamente en distintos contextos de movilización política; en segundo lugar ampliar el campo temporal de estudios de la memoria incorporando el periodo post-dictatorial y el presente; y por último utilizar un enfoque generacional que permita definir cada generación a partir del contexto y de los acontecimientos socio-históricos que las agrupan simbólicamente.

A través de métodos cualitativos esta investigación busca comprender las memorias colectivas sobre la violencia política ejercida por el Estado en la historia reciente de Chile (1973-2013), que construyen distintos actores sociales desde diferentes posiciones generacionales, así como la forma en que éstos significan la relación entre dicha violencia y su propia acción política. Para ello se trabajará con personas que en el período referido, y siendo jóvenes, hayan participado activamente de movilizaciones sociales y políticas que cuestionan el orden social. Considerando la importancia de estudiar las generaciones en relación a los acontecimientos históricos en torno a los cuales se constituyen, se han distinguido tres momentos de nuestra historia reciente: el contexto de las movilizaciones (protestas) de los años ochenta, el contexto de apertura del tema de la violencia de la dictadura y su continuidad en democracia en los noventa motivado por la detención de Pinochet en Londres, y el contexto de auge de las movilizaciones sociales de la última década.

Asumiendo que recordamos construyendo narrativas sobre el pasado, se utilizará el método de Producciones Narrativas para construir colectivamente memorias de la violencia política en Chile. Dicho método implica la elaboración de relatos relativos al fenómeno investigado a partir de sesiones de trabajo en las que investigadores y participantes reflexionan conjuntamente sobre el tema, culminado en la construcción de un relato conjunto que constituye la memoria de los actores involucrados.
Las producciones narrativas permitirán analizar y comparar las diferentes narraciones generacionales, estableciendo sus características, semejanzas, diferencias y relaciones.
La comprensión de las memorias colectivas de la violencia política de la historia reciente de la sociedad chilena permite reflexionar críticamente en torno a los modos en los cuales dicha violencia es recordada y significada colectivamente, lo cual es vital para contribuir a la construcción de una cultura democrática y de respeto a los derechos humanos.
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Isabel Piper

Isabel Piper
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Sep 13, 2016

 

Evaluación de la Arqueología Social en Chile: desarrollo histórico y revisión crítica del proyecto disciplinar

 Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología
Número 45 2015, páginas 95-114
Evaluación de la Arqueología Social en Chile: desarrollo histórico
y revisión crítica del proyecto disciplinar
Hugo Carrión1, Cristián Dávila2, Ayelén Delgado3, Nicole Fuenzalida4, Patricia Kelly5,
Francisca Moya6, Sandra Rebolledo7, Simón Sierralta8, Jairo Sepúlveda9 y Cristián
González10
Resumen
En las últimas tres décadas, el desenvolvimiento de la Arqueología Social en Latinoamérica (ASL) se
ha visto sujeto a numerosas revisiones, tanto en sus postulados como en su puesta en marcha. En este
sentido, en el Chile actual, resulta necesario realizar una revisión del proceso histórico de la ASL.
En este artículo se propone discutir la convergencia de las nuevas “arqueologías sociales”, iniciativas
teóricas diversas que tienen como eje el desarrollo de una praxis social, con los postulados de la ASL
y desde la crítica contribuir a la valoración de este proyecto disciplinar.
Palabras Claves: Arqueología Social Latinoamericana, Arqueología Social, Marxismo, Comunidades
Indígenas, Difusión Patrimonial, Arqueología Industrial, Arqueología de la Represión y la Violencia
Política Reciente.
Abstract
In the last three decades, the development of Social Latin American Archaeology (ASL) has been
subject to numerous revisions, his postulates as much as its application. Along this line, at Chile
today, it is necessary to perform a review of the historical process of ASL. In this paper we propose
to discuss the convergence of new “social archaeologies”, diverse theoretical initiatives that have the
development of a social praxis ancestral theme with the principles of the ASL and from the critical,
we contribute at delimit the possibilities of realization of this current disciplinary project.
Key words: Social Latin-American Archaeology, Social Archaeology, Marxism, Indigenous
Communities, Patrimonial Diffusion, Industrial Archaeology, Archaeology of Repression and
Recent Political Violence.
1 Investigador independiente. hcarrionmendez@gmail.com
2 Investigador independiente. cristiandavilac@gmail.com
3 Investigadora independiente. ayelen.delgado@gmail.com
4 Investigadora independiente. nnm_fb@hotmail.com
5 Investigadora independiente. pat.kellys@gmail.com
6 Investigadora independiente. franmoya.c@gmail.com
7 Investigadora independiente. sanrebolledo@gmail.com
8 Investigador independiente. simon.sierralta@gmail.com
9 Grupo de Acción Ecológica y Conservación Añañuca, Eleuterio Ramírez 1446, Santiago. sepulveda.jairo@gmail.com
10 Investigador independiente,.cgonzalez2405@gmail.com
Recibido: 5 de Febrero de 2015. Aceptado: 31 de Julio de 2015. Versión final: 24 de Agosto de 2015.
96 |Hugo Carrión, Cristián Dávila, Ayelén Delgado, Nicole Fuenzalida, Patricia Kelly, Francisca Moya, Sandra Rebolledo, Simón Sierralta, Jairo Sepúlveda y Cristián González
La Arqueología Social Latinoamericana (en adelante ASL) se comenzó a desarrollar hace poco más de cuatro décadas como un proyecto científico-político fundamentado en el materialismo histórico y en la praxis marxista, cuyo desarrollo concreto ha involucrado a diversas epistemologías y tradiciones culturales en los contextos de México (Bate 1974, 1977, 1981, 1982, 1984, 1986, 1993, 1998; Gándara 1980, 1981, 1993; Gándara et al. 1985; Lorenzo 1961; Montané 1980), Perú (Lumbreras 1974; Tantaleán 2004, 2006) y Venezuela (Sanoja 1981; Sanoja y Vargas 1978; Vargas 1985, 1986).
Esta diversidad de planteamientos sin embargo, adhieren a una base común, institucionalizada en ciertos “hitos” como reuniones y otros espacios de producción científica, fundada en el rechazo a otras formas de materialismo (cultural, estructural) y el regreso a los clásicos (Marx, Engels, Lenin), y principalmente en el entendimiento de la Arqueología como ciencia social histórica, cuyo objetivo es el estudio de la sociedad como totalidad concreta (Bate 1977; Lorenzo et al. 1976). Será la convicción del carácter científico del materialismo histórico lo que implicó en la ASL un discurso político abierto, que se proponía no sólo explicar la realidad, sino también transformarla (Bate 1998). Así se explicitan los efectos políticos de la labor, jugando un rol la toma de conciencia de la posición desigual de las situaciones nacionales poscoloniales e imperialistas del continente (Lorenzo 1976; Sanoja y Vargas 1994).
A pesar de su desarrollo, el reconocimiento internacional de la ASL es reciente, siendo criticados diversos elementos de la propuesta como: el uso de metodologías mixtas empiristas, histórico-culturales y procesuales, la falta de una metodología o trabajo del dato arqueológico, la falta de generación de escuelas, el peso que tuvo el contexto socio-histórico pasado, y el fracaso en determinados proyectos como el Museo del Hombre Venezolano (1984-1987) (Benavides 2001; Gándara 1993; Gándara et al. 1985; Jackson et al. 2012; McGuire y Navarrete 1999; Navarrete 2006, 2012; Oyuela-Caycedo 1994; Oyuela-Caycedo et al. 1997; Patterson 1994, 1997; Politis 1995; Tantaléan 2004; Troncoso et al. 2006).
No obstante lo anterior, en la actualidad, la ASL permanece como una propuesta arqueológica alternativa, en términos de la geopolítica del conocimiento, genuinamente latinoamericana y consolidada epistemológica y políticamente (Navarrete 2012). Junto a ello, las trayectorias particulares de sus exponentes siguen funcionando. Hoy en México se reconoce un grado mayor de refinamiento teórico, así como programas académicos y proyectos comunitarios (Acosta Ochoa et al. 2012). Por otra parte, en Venezuela existe una crítica y activismo político vigente (Vargas y Sanoja 2014). En medio de esto, quizá la cualidad más sobresaliente del último tiempo sea la reproducción del proyecto en las revisiones de los preceptos a partir de reuniones y libros compilatorios que buscan generar un carácter internacional del marxismo como praxis (Tantaleán y Aguilar 2012) y las posibilidades que emergen desde otros escenarios como en la arqueología Marxista Española (Lull 2005) y en el caso ecuatoriano (Benavides 2001).
En nuestro país, pese al papel relevante desplegado por los investigadores nacionales en el desarrollo de la ASL, el golpe de Estado de 1973 y la consiguiente persecución política, significaron el silenciamiento de la producción marxista y cambios en el desarrollo académico de las ciencias sociales en general. En las últimas dos décadas este panorama ha cambiado en ciertos aspectos y en la arqueología chilena se ha asumido la existencia de “arqueologías sociales”. En este sentido, el objetivo de este artículo es presentar una evaluación crítica del desarrollo disciplinar actual chileno, enfocado en discutir las tendencias o arqueologías que al menos desde la discursividad, incluyan
alguno de los postulados principales de la ASL: tener una base teórica materialista histórica y/o explicitar un compromiso social y político de la disciplina en el presente.
El análisis consiste, entonces, en una revisión de la producción bibliográfica de los últimos veinticinco años, pues consideramos que, a partir del retorno a la democracia, se produjeron una serie de transformaciones que han determinado el surgimiento de nuevas prácticas que se enmarcan en lo definido anteriormente. Por ello, se han seleccionado las siguientes líneas investigativas: la Arqueología con base teórica Marxista, la Arqueología y comunidades indígenas, los trabajos en Difusión Patrimonial, la Arqueología Industrial y la Arqueología de la Represión y violencia política reciente.
Si bien este ejercicio no dará cuenta de la complejidad del tema en su totalidad, esperamos acercarnos a una reflexión crítica a partir de los principios establecidos como lineamientos de la ASL, que permita tanto calibrar en qué medida su influencia emerge hoy en los trabajos que han pretendido darle contenido social a la arqueología, como examinarlos en tanto perspectivas alternativas al cientificismo tradicional.
Arqueología Chilena durante el siglo XX: ¿cómo entender el surgimiento y ocaso de la ASL?
Hacia mediados de siglo XX se presenta un momento relevante para la Arqueología nacional, cuando se produce la institucionalización concreta de la disciplina en tanto ciencia a partir de la creación del Centro de Estudios Antropológicos en 1958 (Orellana 1991; Troncoso et al. 2008). En aquellos años, la intervención estadounidense en Latinoamérica alcanzó su punto máximo en la academia, estimulando la producción científica y humanista acorde a los valores del imperialismo. En la otra vereda, el avance de los movimientos de izquierdas intelectuales y/o populares, encauzó un proceso culminado en la vía democrática al socialismo de la Unidad Popular. A fines de la década de 1960, la intelectualidad de izquierda intentaba desarrollar teorías sociales de base marxista, que permitieran escapar a la dependencia del primer mundo y guiar la praxis revolucionaria.
La reforma universitaria implicó, para la arqueología, la conformación de la Licenciatura en Filosofía con mención en Prehistoria y Arqueología (1969) y del Departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueológicas en Universidad de Chile (1971), del Departamento de Antropología en la Universidad de Concepción (1970) y la fundación de la carrera de Arqueología en Antofagasta (1971). A esto se sumó la promulgación de la Ley de Monumentos Nacionales (1970), la creación de museos regionales, la conformación de la Sociedad Chilena de Arqueología (1963), la organización de reuniones especializadas periódicas y una progresiva sistematización de las publicaciones (Orellana 1988, 1991, 1996; Troncoso et al. 2008).
Al interior de la academia, las discusiones sobre el rol que debían cumplir las disciplinas antropológicas en la sociedad eran reflejo del contexto nacional durante el gobierno de la Unidad Popular (Orellana 1991). Mientras en la Universidad de Chile se giraba hacia una arqueología cientificista, en la Universidad de Concepción se proponía abiertamente el deber revolucionario de la disciplina, expresión de lo cual fueron las cátedras de Lumbreras que culminaron en uno de los libros más influyentes de la ASL (Lumbreras 1974). Así, distintas posiciones teóricas se explicitaron en este período, por una parte, existían investigadores que rechazaban la politización de la academia, relevando el procesualismo norteamericano en instancias como el VI Congreso Nacional de Arqueología Chilena de 1971 (Orellana 1996; Troncoso et al. 2006, 2008), por otra, se
98 |Hugo Carrión, Cristián Dávila, Ayelén Delgado, Nicole Fuenzalida, Patricia Kelly,
Francisca Moya, Sandra Rebolledo, Simón Sierralta, Jairo Sepúlveda y Cristián González
proponía que el objetivo de la arqueología era el estudio de las formaciones económicas específicas de las sociedades del pasado (Montané 1972). Esta última, tesis que se pretendió materializar a nivel internacional con la realización del Primer Congreso del Hombre Andino (1973) (Troncoso et al. 2008).
Tras el Golpe de Estado, las universidades fueron intervenidas y sus redes desarticuladas, con particular énfasis en las ciencias sociales y humanidades; las escuelas de antropología de las Universidades de Concepción y Antofagasta cerraron, y muchos investigadores, fueron encarcelados, perseguidos o exiliados. Julio Montané y Luis Felipe Bate representan casos paradigmáticos de este proceso (Bate 1974, 1977, 1982, 2006; Montané 1980). Por otro lado, existe consenso en que la dictadura implicó un serio retroceso y detrimento para el desarrollo de la arqueología en general (Arqueología y Ciencia: primeras jornadas 1983: 16-88; Orellana 1991, 1996; Troncoso et al. 2006, 2008) y de la arqueología socialmente comprometida en particular.
La dictadura implicó que en los años ‘80 “la disciplina en la universidad desmejorara significativamente, presentándose hoy ciertamente deprimida (…) [y la] relación de la arqueología con la sociedad, se ha restringido a un nivel exclusivamente turístico” (Arqueología y Ciencia: primeras jornadas 1983: 42). Los museos asumieron parcialmente el rol de las universidades, y se potenciaron los marcos teóricos norteamericanos expresados en las Jornadas de Arqueología y Ciencia (Arqueología y Ciencia: primeras jornadas 1983). Esta ideología tuvo un correlato en la institucionalidad científica, medidos “lineamientos del capitalismo norteamericano” (Troncoso et al. 2008: 130).
La arqueología en la post-dictadura (1990-2011)
El término de la dictadura y la “transición a la democracia” implicó la compleja conjunción de distintas tensiones y tuvo al menos tres características fundamentales: la continuidad del modelo económico hegemónicamente neoliberal; la mantención de una democracia vigilada o “de baja intensidad”; y la emergencia de una política social y cultural orientada esencialmente a evitar la aparición y emergencia de conflictos sociales (Portales 2000).
Bajo este marco, la academia quedó despojada de cualquier posible sentido social. El carácter de la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICYT), estructurado como un referente de producción científica despolitizada durante la dictadura, se mantuvo con modificaciones puntuales. La arqueología encontró allí, con el programa FONDECYT, un buen nicho de financiamiento para desarrollar investigaciones con un marcado carácter positivista (Troncoso et al. 2008). Si bien el retorno de la democracia implicó mayor libertad en la docencia e investigación, primaron marcos teóricos fortalecidos en dictadura como la Nueva Arqueología, con una incipiente importación de otras perspectivas norteamericanas o europeas (Orellana 1996; Troncoso et al. 2008).
Por otra parte, durante los gobiernos de la Concertación se tuvo que conformar una institucionalidad estatal que se hiciese cargo de aquellas necesidades culturales propias de la herencia de la dictadura, como la verdad histórica, y de las nuevas problemáticas del contexto mundial post Guerra Fría, como la multiculturalidad y el patrimonio. Si bien se trató de casos excepcionales, la arqueología tuvo que jugar un papel en instituciones como la Comisión de Verdad y Reconciliación (1990) y la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (2003).Junto con el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), organismo encargado del resguardo de la legalidad patrimonial, la institucionalidad del Estado ha mantenido el rol tradicional de los museos como entes de comunicación con la sociedad, papel que se ha visto suplementado también por un creciente papel de fondos concursables orientados a la puesta en valor de los bienes arqueológicos. No bien la existencia de esta esfera de práctica arqueológica, la situación de estas instituciones se habría visto crecientemente afectada; la consolidación del neoliberalismo y del Estado subsidiario, redundaría en un progresivo detrimento y precarización de las instituciones vinculadas a educación y patrimonio, como la DIBAM, el CMN y la U. de Chile (Troncoso et al. 2008).
Paralelamente, en 1994 fue promulgada la Ley General de Bases del Medioambiente, que establece la necesidad de someter las intervenciones de infraestructura a la evaluación de su impacto ambiental. La entrada en vigencia de esta normativa y del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), ha implicado grandes cambios en el desarrollo de la práctica de la arqueología en el país, destacando la apertura de un mercado laboral relevante y mayoritario para los arqueólogos, como el potenciamiento del estudio de nuevas áreas (Cáceres 1999, Cáceres y Westfall 2004). Sin embargo, aunque la institucionalidad establece marcos de regulación para diversos proyectos, se manifiesta ineficacia práctica y desfase entre la dinámica del sistema y la realidad en que se desenvuelve la praxis arqueológica. Junto a esto, en la arqueología de contrato, el proceso de transferencia de conocimiento no resulta relevante, y las labores de conservación, almacenaje, y difusión, entre otras, se constituyen más en un lastre que un beneficio (Uribe y Adán, 2003). En consecuencia, los resultados de esta arqueología no han sido retornados a la sociedad en la construcción de historias y/o prehistorias nacionales, ni tampoco se ha desarrollado experiencias de gestión comunitaria que impliquen otorgarle valor cultural a los sitios o materiales arqueológicos.
Sumado a lo anterior, la patrimonialización de los materiales y sitios arqueológicos constituye una atmósfera creciente (Alegría 2013), donde frecuentemente se la utiliza como estrategia de acción política tanto del empresariado como de ciertas colectividades. En la sociedad se va popularizando un concepto de patrimonio arqueológico que descentra la atención y potestad del Estado, así como la legitimidad del discurso académico y con ello de la arqueología (Ayala et al. 2003). Una disrupción en este sentido la va a constituir la conformación del Colegio de Arqueólogos (2009) y su rol en las manifestaciones contra la competencia Rally Dakar.
Actualmente, podemos ver que la arqueología del país funciona desde la crisis del modelo de representación estatal, el enfrentamiento con la mercantilización del patrimonio, que cada vez se inserta más en una situación conflictiva dada entre la gestión local y supranacional del patrimonio, los reclamos étnicos y la privatización del manejo de los bienes culturales. Evidentemente, en tal contexto no resulta fácil construir un planteamiento renovado, pensamos entonces que un primer paso es reflexionar sobre el desarrollo disciplinario actual y las formas en que se ha resuelto el vínculo de la arqueología con una praxis “más social”.
El marxismo en la arqueología chilena
Aún con el retorno formal a la democracia y el cese de la persecución política en la academia, el silenciamiento del marxismo que implicó la dictadura en la arqueología sólo ha sido tibiamente roto en los últimos años. Esto podría deberse al exilio de los investigadores que avanzaron en la
construcción de una base materialista histórica y dialéctica para el desarrollo de la arqueología, así como a la desmovilización y despolitización general de la sociedad, considerando que el impulso a este tipo de teorías suele ir de la mano de la agitación sociopolítica y/o solidez orgánica de la izquierda marxista (Tantaleán 2006).
No obstante, se pueden reconocer algunos intentos por generar reflexiones o interpretaciones arqueológicas desde el materialismo histórico (Gallardo 1998, 1999, 2004; Uribe y Adán 2004; Rees y De Souza 2004; Ballester y Sepúlveda 2010; Cornejo 2012; Uribe 2012). Por una parte, existen revisiones asociadas a lecturas neomarxistas que, desmarcándose de las posiciones clásicas, centran su reflexión en torno a la problemática del poder (Uribe y Adán 2004) y de la ideología (Gallardo 2004). Otros han apuntado a interpretar, con mayor o menor grado de coherencia, fenómenos económicos de cambio social en torno a los conceptos que tradicionalmente ha utilizado el marxismo en su análisis (Rees y De Souza 2004; Cornejo 2012). Por último, ejercicios teóricos han buscado aportar en la discusión de temáticas específicas, ya desde la revisión bibliográfica de propuestas de arqueología marxista (Ballester y Sepúlveda 2010), ya desde la aplicación de reflexiones generales del materialismo histórico a temáticas específicas como el arte rupestre (Gallardo 1998, 1999).
Sin embargo, la mayoría del trabajo académico de estos autores no utiliza como cuerpo teórico el marxismo, ni profundiza en aplicaciones prácticas ni desarrollos metodológicos o teóricos posteriores. En este sentido, vemos han adoptado orientaciones más cercanas al historicismo cultural (Uribe et al. 2004), al procesualismo (Cornejo y Sanhueza 2003; De Souza 2004; Adán y Mera 2011; Ballester et al. 2014) o al posmodernismo/posprocesualismo (Gallardo et al. 1999; Gallardo 2001; Uribe 2004; Cornejo y Sanhueza 2011), sentándose solo brevemente en la mesa del materialismo histórico. Estos ensayos tampoco se refieren, en general, a la tradición de arqueología marxista ameroibérica que ha desarrollado el grueso de las discusiones al respecto en las últimas décadas, ni a los pensadores clásicos de otras latitudes. Se producen así trabajos de un marxismo huérfano y sui generis, con menciones entremezcladas a autores tan disímiles teóricamente como Binford, Godelier, Adorno, Bourdieu y Giddens. En términos políticos, no suelen mostrar una intencionalidad evidente, salvo Uribe (2012) y Uribe y Adán (2004) que explicitan la necesidad de desnaturalizar conceptos y modelos propios del evolucionismo norteamericano.
Una excepción puede encontrarse en los trabajos de Núñez (1999, 2000, 2001, 2003, 2004, 2005, 2012), que en forma sistemática se han enmarcado en coordenadas conceptuales que integran referentes clásicos del marxismo con aquellos de la arqueología social amero-ibérica. Sus escritos plantean esfuerzos interpretativos del pasado del Norte Grande, explícitamente desde la arqueología social. Desde allí se abordan temáticas sociales contemporáneas como las identidades históricas, el cambio social o el diálogo intercultural, esbozando incluso la necesidad de una arqueología social que integre el pensamiento feminista y una visión de género.
De cualquier forma, es difícil hablar del desarrollo de una arqueología marxista en la década de 1990 en Chile. Más bien, hasta la fecha el panorama general señala la existencia de declaraciones de voluntad y esporádicos atisbos de praxis interpretativa marxista, que permanecen lejos de la propuesta programática de la ASL, y más lejos aún de la constitución de una línea teórica más sólida o permanente.
Evaluación de la Arqueología Social en Chile: desarrollo histórico y revisión crítica… | 101
Arqueología y difusión patrimonial
La necesidad de la disciplina de abrir espacios de comunicación (Troncoso et al. 2008: 132) con el propósito de aproximarse a la comunidad no especializada mediante la difusión de conocimiento científico, se ha vinculado con la puesta en valor del patrimonio y la traducción de los saberes a un lenguaje común y accesible. Para ello, la difusión patrimonial ha tomado un papel relevante, ya que tiene por objeto transmitir el conocimiento producido desde la disciplina hacia la sociedad, para así, vincular a esta última con el pasado a través de la cultura material e inmaterial, reconociendo su valor e imprimiéndole significación en el presente (Guglielmino 2007). Parte de estos preceptos se asocian con la denominada arqueología pública, la que plantea un acercamiento al público general mediante plataformas interactivas que estimulen la gestión del patrimonio y educación en diversos espacios (Montenegro 2012; Salerno 2013).
En el país se han propuesto instancias de discusión que problematizan la vinculación de la arqueología con la sociedad, ejemplo de ello son los “Talleres de Teoría Arqueológica” (Troncoso et al. 2006), los simposios “Hacia una arqueología pública: nuevas estrategias de difusión del patrimonio arqueológico en Chile”, “Más allá de las comunidades. Perspectivas en la arqueología pública de América del Sur” y “Arqueología y Educación”; el primero, parte del XIX Congreso Nacional de Arqueología Chilena (Arica, 2012) y los dos restantes realizados en el VII TAAS (San Felipe, 2014). Se suman también espacios institucionales como FONDART, plataforma destinada a la difusión cultural y conservación patrimonial; y la incorporación en el último tiempo en FONDECYT de ítems de divulgación y vinculación con el público no especializado en sus formularios de postulación.
En Chile no existe un número significativo de trabajos escritos referidos a la difusión patrimonial, aunque en los últimos años se aprecia un mayor interés y desarrollo. En general, las publicaciones resultan ser trabajos particulares realizados por lo común al alero de museos. Se plantea como objetivo acercar el patrimonio cultural local a la ciudadanía aplicando diversas estrategias didácticas con el fin de generar nuevas experiencias educativas (Córdova-González et al. 2002, 2004; Romero et al. 2004; Aguilera et al. 2006; Aguilera y Prado 2010), mientras que otros trabajos enmarcados en proyectos de investigación, incluyen la difusión del conocimiento a través de canales distintos a los utilizados en el área científico-académica (Carrasco et al. 2003a).
Sin embargo, todas estas propuestas no cuentan con un programa común, respondiendo a la coyuntura relacionada con la demanda internacional de protección patrimonial. Los trabajos no pretenden formar parte de una corriente determinada, aunque existen algunos que se autodefinen como parte de la arqueología pública utilizando definiciones ambiguas (Romero et al. 2004). Tal ambigüedad en el empleo de ciertos conceptos se observa en la mayor parte de los textos en el uso del término “patrimonio”, planteado como un principio incuestionado e impreciso. En otras palabras, no se explicita una definición clara respecto de qué es lo que se está entendiendo como patrimonio, sino más bien se impone como valor intrínseco. Lo anterior da cuenta de la perspectiva acrítica que tiene la mayoría de los trabajos respecto del discurso hegemónico, y en consecuencia, la falta de posicionamiento teórico y político por parte de los autores. Con todo, los trabajos elaborados en torno a la difusión patrimonial crean una idea más bien difusa de la vinculación real que debe tener la comunidad no especializada con la disciplina y del verdadero alcance y valor de la difusión.
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Arqueología y comunidades Indígenas
Desde la implementación de la Ley Indígena Nº 19.253 (Boccara y Ayala 2011), los pueblos indígenas han cobrado progresivamente relevancia como actores sociales con demandas propias en las luchas de significación y de poder que atañen a sus derechos culturales y a los recursos dentro de sus territorios. Teniendo como precedente lo ocurrido en otras regiones (Endere y Ayala 2012), han surgido una serie de exigencias por parte de los pueblos indígenas que han buscado, por un lado, la devolución y restitución de su patrimonio (custodia y manejo de los sitios arqueológicos), y por otro, poner atajo a distintas prácticas que, realizadas sin previo consentimiento, pudiesen atentar contra su cultura (Ayala 2007, 2008). En este panorama, el actuar de los arqueólogos es cuestionado por las comunidades indígenas, poniendo en duda no sólo la validez de sus prácticas, sino también la legitimidad de sus discursos sobre el pasado (Jackson et al. 2012). La arqueología chilena se ha visto entonces, en la necesidad de reflexionar respecto de su quehacer y reaccionar a las demandas indígenas, cuestionando el rol y la finalidad del conocimiento arqueológico, así como la responsabilidad social del arqueólogo con las comunidades.
A partir de una revisión histórica de los discursos arqueológicos nacionales, se observa que previo a la década de 1990, la disciplina no considera a los pueblos indígenas ni como receptores del conocimiento arqueológico, ni como depositarios de una tradición relevante para el proceso científico (Romero 2003). Quizás la única excepción a esta situación la constituyó el Grupo Toconce (Adán et al. 2001; Ayala et al. 2003). En el ambiente académico formal, las reflexiones se empezaron a manifestar hacia fines de la década de 1990, con la publicación de artículos en el Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología (Ayala 1999; Rivera 1999; Westfall 1998) y del libro “Patrimonio Arqueológico Indígena en Chile: reflexiones y propuestas de gestión” (Navarro 1998). La discusión iniciada en esos años resultó en una serie de instancias de diálogo entre comunidades indígenas, arqueólogos y organismos estatales, entre las que destacan los encuentros de Cupo y Ollagüe, mesas de diálogo llevadas a cabo por el Museo de San Pedro de Atacama, y el programa de educación patrimonial Escuela Andina (Adán et al. 2001; Ayala 2007).
Si bien una parte de la arqueología nacional ha intentado comprometerse con la demanda de los pueblos originarios, esta intención no se manifiesta como una propuesta sistemática, sino como una reacción ante conflictos eventuales, manteniendo una prudente distancia en territorios con población indígena o evadiendo las mismas, como ocurre en la zona sur de Chile (Uribe y Adán 2003). En ese sentido, permanece como una práctica académica influenciada por las directrices gubernamentales (Uribe y Adán 2003) y centros hegemónicos de poder, posicionándose muchas veces como una herramienta de éstos últimos en el sentido de mediatizar discursivamente las relaciones conflictivas. Por otra parte, hay que tomar en cuenta que si bien ciertos proyectos pregonan el desarrollo de arqueologías participativas, éstas continúan reproduciendo antiguas relaciones de poder/saber, en las cuales los indígenas siguen participando como excepcionales informantes, excavadores o ayudantes de terreno y laboratorio, pero no intervienen en los procesos de toma de decisiones sobre su pasado y materialidad (Ayala 2008; Gnecco y Ayala 2010), generando una “participación sin participación” (Ayala 2014).
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Arqueología industrial
La arqueología industrial es uno de los temas de trabajo más recientes en la disciplina y se enfoca a la comprensión de los espacios, métodos y maquinarias dentro del proceso de industrialización enmarcado en la revolución industrial y la tecnologización posterior, tratando de comprender las formas de comportamiento social derivadas de dicho proceso (Symonds y Casella 2006).
El concepto fue acuñado a mediados de la década de 1950 por Michael Rix (Symonds y Casella 2006), sin embargo, en nuestro país ha suscitado interés solo recientemente, aunque existen antecedentes en trabajos de Alcaide (1981, 1983) y Bittmann y Alcaide (1984) sobre el ciclo del salitre, y Brown y Craig (1994) durante la década de 1990 en Huantajaya. Esto podría explicarse por la relevancia preponderante que la academia y el financiamiento institucional le dan a la investigación de la prehistoria, y que ha relegado las arqueologías de la modernidad a una posición marginal.
A partir del año 2000, sin embargo, se observa un proceso de transformación que posee tres causas posibles o conjuntas: por una parte, el desarrollo de la Arqueología de Impacto Ambiental que hace necesaria la comprensión e inclusión dentro del registro arqueológico de espacios industriales, por otra, la apertura de los espacios académicos tradicionales a este tipo de temáticas, como los Congresos Nacionales de Arqueología Chilena de 2006 y 2009, y por sobre todo, el interés particular de una serie de investigadores en aumentar la comprensión de un pasado reciente. En este último grupo podemos encontrar, entre otros, trabajos en torno al ciclo salitrero en Antofagasta (Vilches et al. 2008; Rees et al. 2010), a la reconstrucción de la cotidianeidad a partir de las últimas oficinas salitreras en Taltal (San Francisco et al. 2009), a la explotación cuprífera en San Bartolo (Aldunate et al. 2006) y en Capote (García-Albarido et al. 2008; Rivera et al. 2007; Rivera 2008).
Estos dos pulsos diferenciados de investigación mostraron, además, claras diferencias conceptuales. Los trabajos publicados en las décadas de 1980 y 1990 desplegaron esfuerzos orientados más bien a dar cuenta de la existencia y relevancia del patrimonio industrial, sin generar una reflexión ni un discurso importante sobre el contenido del mismo. En el siglo XXI, en cambio, se ha intentado establecer e interpretar la relación entre los restos materiales de la actividad industrial y los procesos sociales del capitalismo inicial, poniendo de manifiesto las contradicciones propias de dicho sistema económico-social.
Los arqueólogos industriales contemporáneos ven en la investigación una vía alternativa para conocer los nexos entre la materialidad y la “vida social” en contextos capitalistas, comprendiendo que este tipo de evidencia ofrece una perspectiva que no es evidente mediante el estudio de fuentes documentales orales o escritas (Fuentes y Rovano 2012), y basando gran parte de su marco teórico en torno a las dinámicas posibles de establecer entre la materialidad industrial, el espacio y la cultura (Vilches et al. 2008; Rivera et al. 2008; García-Albarido et al. 2008).
En último término, la diferencia más importante entre las investigaciones recientes y las de fines del siglo XX, radica en que los nuevos investigadores orientan sus esfuerzos en una dirección políticamente reflexiva, reivindicando la historia de los trabajadores o resaltando el carácter identitario de la industria en el lugar determinado. Esto no implica, en todo caso, la existencia de un sólo eje de trabajo, puesto que mientras algunos se enfocan en la problemática de la patrimonialización (Rivera et al. 2008), otros lo hacen en la reconstrucción de las historias de vida y el día a día de los sujetos (San Francisco et al. 2009), y aún otros en visibilizar prácticas y acontecimientos excluidos de los relatos tradicionales (Cristino y Fuentes 2011).Recientemente también podemos encontrar los trabajos desarrollados por Vilches y coautores (2014) cuya caracterización del periodo de industrialización de San Pedro de Atacama apunta a la visibilización de una época de la historia oscurecida por el pasado prehispánico de la zona de estudio. Y, en ese sentido, el análisis contiene orientaciones políticamente reflexivas desde la perspectiva del discurso nacional y regional.
No obstante todo lo anterior, en términos generales, los trabajos citados no muestran algún tipo de convergencia o eje programático hacia un planteamiento que refiera a la utilidad social de la arqueología en el contexto de los procesos de industrialización.
Arqueología de la represión y la violencia política reciente
Considerando la historia reciente del país, el problema de la violencia política, secuestro, tortura y desaparición forzada de personas, resulta una cuestión fundamental para las ciencias sociales e históricas nacionales. La arqueología ha tenido algunas aproximaciones a esta temática a partir de experiencias puntuales desde la década de 1980. Durante la década señalada, algunos arqueólogos fueron parte de la búsqueda e identificación de detenidos desaparecidos en el marco de procesos judiciales (Jensen y Cáceres 1995; Cáceres 2011: 8).
Tras el final de la dictadura militar, en 1990 se creó la “Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación” a partir de lo cual aumentaron los trabajos y sujetos involucrados en el tema, destacando la labor realizada entre 1989 y 1994 por el Grupo de Antropología Forense (GAF), conformado mayormente por antropólogos sociales. Si bien otros investigadores participaron en paralelo, en muchos casos la colaboración fue puntual, luego de lo cual cada uno de los especialistas retomó sus labores académicas o laborales (Cáceres 2011: 62), sin desarrollarse entonces una reflexión interna de la disciplina respecto al tema (Cáceres 1992; Jensen y Cáceres 1995).
Un proceso de transformación se ha esbozado durante el siglo XXI lo que se refleja en la incorporación del tema en congresos nacionales de Antropología y más recientemente de Arqueología (Cáceres 2004; Carrasco et al. 2003b, 2004; Cáceres y Jensen 2007), así como en la realización de las primeras investigaciones enfocadas en centros de detención y tortura utilizados en la dictadura militar (Fuenzalida 2011; San Francisco et al. 2010; Fuentes et al. 2009). En el último caso, se trata de ejercicios que llaman a pensar cómo herramientas teórico-metodológicas propias de la arqueología pueden aportar a la construcción de un discurso y/o una memoria al respecto. Asimismo, a diferencia de los trabajos enfocados en la identificación de detenidos desaparecidos, estas investigaciones no necesariamente se vinculan al “hacer justicia”, sino más bien a rescatar y ayudar a mantener la memoria histórica en torno al tema, considerando que los recintos de detención y tortura son hitos arquitectónicos particularmente significativos para ello y que, aún en democracia, existe una política de invisibilización de la violencia ejercida por el Estado.
Considerando lo anterior, la reflexión acerca de este tema en la arqueología chilena se refleja en esfuerzos relevantes, pero poco sistemáticos. En Chile a diferencia de otros países como Argentina o Uruguay (Bellelli y Tobin 1985; Funari y Zarankin 2006; López Mass 2006; Zarankin y Salerno 2008; González y Lema 2011), esta tendencia no constituye una propuesta inserta en el ámbito disciplinar y los escasos esfuerzos que desarrollan un trabajo en ésta línea no tienen sustento institucional.Pese a ello y a diferencia de las otras temáticas revisadas en este trabajo, en este campo se observa más claramente la existencia de una voluntad política explícita de vincular la práctica arqueológica con la realidad del presente y el pasado reciente del país, constituyendo un aporte social e histórico concreto. Es que a diferencia de otras tendencias teóricas, en esta arqueología se conjuga la necesidad de construir y aportar en términos de discursos a la memoria reciente vinculada al pasado dictatorial y traumático de nuestro país. La política aparece de forma explícita en los planteamientos, cuando se tiene en consideración que la arqueología puede servir de “evidencia” en casos judiciales abiertos (ver Cáceres 1992; Carrasco et al. 2003b; Cáceres y Jensen 2007) o contribuir a visibilizar memorias no historizadas en los discursos oficiales (Fuenzalida 2011, 2014; San Francisco et al. 2010; Lizardi 2015).

Relevancia, limitaciones y proyecciones del proyecto disciplinar de la ASL en Chile
En este trabajo hemos evaluado diferentes iniciativas enmarcadas en líneas investigativas que se relacionan con la ASL ya sea porque poseen una base teórica crítica y/o asumen una postura política clara y explícita. Consideramos que estos aspectos son fundamentales cuando se entiende a la arqueología como ciencia social, en cuanto a disciplina que forma parte de un sistema ante cuyos debates, necesidades y problemáticas debiera responder.
La Arqueología Social Latinoamericana, como desarrollo teórico, fue una expresión del proceso histórico de lucha que transitó el continente desde comienzos de la segunda mitad del siglo XX. En tanto tal, su entrelazamiento con el proceso revolucionario nacional, y la adopción del materialismo histórico como enfoque predominante de su praxis científica, determinaron que en Chile fuese erradicada de forma eficiente, inmediatamente después de la instalación de los organismos militares en el poder en 1973 (Bate 1984). Resulta complejo, por lo tanto, realizar una evaluación de su desarrollo en las décadas siguientes, entendiendo que, junto con suprimir “el cáncer marxista” y la reflexión y crítica social en general, la dictadura cívico-militar promovió perspectivas teóricas alineadas con los modelos económicos norteamericanos, enraizados en la concepción liberal de independencia política del conocimiento científico.
–Este desarrollo teórico posee una relevancia intrínseca a su definición como proyecto disciplinar, en tanto representa una perspectiva alternativa a los modelos imperantes, donde converge una posición filosófica, ética y política particular. Se trata de un proyecto disciplinario por y para nuestro continente, que responde a la historia y realidad particulares de Latinoamérica.
Como hemos visto, sin embargo, las arqueologías chilenas que se proponen “sociales” carecen de estos elementos. En el caso de los trabajos vinculados a las comunidades indígenas, por ejemplo, a pesar de un reconocimiento del conflicto entre la institucionalidad, los arqueólogos y las propias comunidades, se han adoptado aproximaciones poco reflexivas y unilaterales, que en nombre de idealizaciones de “identidades en pelig“idero” ignoran las problemáticas de fondo, lo que, sumado a una legislación ambigua, difícilmente puede hacer sino legitimar desigualdades y asimilar al sistema nacional diversidades de un modo menos traumático (Díaz-Polanco 1978). Asimismo, podemos encontrar problemas similares cuando se trabaja desde la óptica del patrimonio: perspectivas ingenuas que privilegian la forma por sobre el contenido, por lo general naturalizando el valor de la cultura material sin introducir cuestionamientos a la lógica de consumo en que ésta se desarrolla. En ambos
casos, se busca proteger “lo indígena” o “lo patrimonial” sin siquiera cuestionar los alcances y la dirección de dicha protección.
Esta misma visión poco reflexiva y cortoplacista se observa en los intentos de aplicar el materialismo histórico a la interpretación arqueológica; la ausencia de una praxis sistemática al respecto han dado como fruto, artículos cuya relevancia no trasciende la anécdota. Por su parte, los trabajos vinculados a los asesinatos y desapariciones durante la dictadura, sin desmerecer el enorme valor que poseen en sí mismos, se caracterizan justamente por tratarse de respuestas contingentes a demandas del poder judicial, y sólo el último tiempo aparecen las primeras iniciativas de índole propositiva. La arqueología industrial, por último, se encuentra aún en un estado muy incipiente para emitir juicios al respecto, pero tampoco existen indicadores que muestren necesariamente el comienzo de una tendencia diferente.
Por ello, tal como Gándara y coautores (1985:9) son quienes diagnostican que la arqueología marxista no existe en México, y Tantaleán (2004), para quien la arqueología social peruana se encuentra en un panorama desolador sin mayor producción o coherencia, consideramos que en nuestro país no existen trabajos que hayan desarrollado una perspectiva consistente con la Arqueología Social Latinoamericana. Se hace evidente que se trata de iniciativas que, aunque puedan compartir algunos de los postulados de la ASL, constituyen posiciones teóricas eclécticas que carecen de una reflexión sistemática sobre la problemática social a nivel nacional y continental, y su propia praxis al respecto. Por el contrario, surgen como respuestas contingentes a manifestaciones específicas de los conflictos generales, y son alimentadas desde la necesidad de dar legitimidad social a la propia práctica.
Esto podría ser explicable considerando tres causas principales. La primera -y de la que se desprenden las siguientes- refiere al contexto político que condicionó el abandono de esta perspectiva a nivel institucional a partir de la persecución de la izquierda en general, y el ejercicio sistemático de despolitización de la sociedad civil aplicado durante los últimos cuarenta años. La segunda, apunta a una práctica arqueológica que se caracteriza por tendencias eclécticas, que en la mayoría de los casos carece de explicitación teórica o mayor reflexión. En ésta se observa más bien la adopción oportunista de marcos teóricos -fundamentalmente norteamericanos y europeos- para enfrentarse a situaciones específicas. La tercera, dice relación con la idea, arraigada en la academia, de que la arqueología como ciencia no tiene cabida para las mezclas con la política o la historia, sino que se trata de una esfera autónoma e independiente de la contingencia de la sociedad de la que forma parte. Por último, cabe mencionar que la disciplina arqueológica se caracteriza por una fuerte elitización, pues gran parte de sus miembros forman parte de los grupos más favorecidos del país, situación que se reproduce institucionalmente, por ejemplo, en la Universidad de Chile a partir de los estándares de acceso a la misma.
Luego de esta valoración crítica, el proyecto permanece. Al igual que en el resto del continente, surge la necesidad de realizar reelaboraciones teóricas y prácticas que se hagan cargo de las condiciones políticas actuales, actualizando los postulados previos al apogeo neoliberal, y que, por lo tanto, permitan también discutir los paradigmas dominantes en la arqueología local y mundial. Asimismo, es necesario evaluar las problemáticas que emanan de las contradicciones generales y específicas de esta sociedad capitalista, y que no han sido abordadas en este trabajo, como la predominancia de la praxis mercantilizada de la arqueología de impacto ambiental, frente a las iniciativas de investigación, difusión e intervención.Con esto no proponemos desechar la experiencia acumulada en los últimos treinta años por los trabajos revisados anteriormente, simplemente por carecer de la substancia teórico-política que hemos propuesto. Por el contrario, pese a las críticas planteadas reconocemos –en varios casos- su aporte desde una perspectiva de aprendizaje metodológico y práctico, así como su carácter de puntos de partida que permiten problematizar más incisivamente sus esferas de acción. Lo que pareciera urgente y necesario es, entonces, dinamizar las iniciativas que cada vez emergen con más frecuencia en una propuesta política clara y un sentido de realidad que permitan, nuevamente, plantear la posibilidad de un proyecto disciplinar de escala amplia.
Tampoco es la intención de este artículo plantear una solución programática a la situación expuesta, pues pensamos que ésta deberá surgir de una reflexión que supera la mera evaluación de la historia de la investigación. Sí podemos, en cambio, plantear las direcciones fundamentales por las que creemos que debe conducirse el proceso de construcción de una arqueología social orgánica y políticamente sólida.
En primer lugar, existe la necesidad de desarrollar una producción teórica propia, que se haga cargo de las condiciones específicas de las sociedades del pasado y contemporáneas a nivel local, nacional y continental. Por lo mismo, es fundamental la creación y apropiación de espacios de producción y difusión locales y cotidianos, en el sentido de poseer un grado de inserción comunitaria relevante, así como la utilización y creación de metodologías de difusión e integración que permitan vincularse exitosamente con el resto del campo social. De la mano con lo anterior, se vuelve necesario el involucramiento de la arqueología en el pasado reciente y la historia directa de las comunidades actuales, indígenas o no, una práctica que si bien comienza a desarrollarse sigue siendo muy escasa. Por último, pensamos que todos estos aspectos debiesen articularse en torno a una praxis social que marque una distinción y permita oponerse a la actual condición mercantil de la disciplina, difundida como arqueología de contrato, de la subordinación de la producción académica al sistema internacional de publicaciones científicas, o del manejo del patrimonio como bien de consumo.
Agradecimientos. Agradecemos a Daniel Delfino y Gustavo Pisani por la organización del simposio “Todas las tierras. Crítica y reivindicación de la Arqueología Social Latinoamericana” en el marco del XVIII Congreso Nacional de Arqueología Argentina, donde presentamos una primera versión de este trabajo. Al mismo tiempo agradecemos a los evaluadores de este manuscrito porque con sus pertinentes comentarios aportaron enormemente a la calidad del contenido aquí planteado.
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Instrucciones a los Autores | 115
Boletin de la Sociedad Chilena de Arqueología
El Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología es una publicación anual editada por la Sociedad Chilena de Arqueología. Tiene como propósito la difusión de avances, resultados, reflexiones y discusiones relativos a la investigación arqueológica nacional y de zonas aledañas. Presenta así a la comunidad arqueológica contribuciones en la forma de artículos originales, referidos a los diversos campos del quehacer arqueológico.
Instrucciones a los autores
1. Las contribuciones de los autores deben ser originales. Su recepción no garantiza su publicación, ya que luego del proceso de evaluación, el comité editorial podrá solicitar cambios tanto de contenido como formales a sus autores, o bien rechazar la publicación del mismo.
2. Los manuscritos deben dirigirse al Editor del Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología: schaboletin@gmail.com.
3. El texto completo deberá estar escrito en letra Times New Roman tamaño 12, en formato .doc o .docx.
4. La extensión máxima de los textos, en página tamaño carta e incluyendo todas sus secciones, notas, tablas, figuras y referencias citadas será de 25 páginas.
5. El texto completo deberá presentarse con interlineado simple y justificado.
6. Los márgenes izquierdo y derecho serán de 2,5 cm, mientras que los márgenes inferior y superior serán de 3 cm.
7. Los párrafos no deberán tener sangría.
8. El texto deberá contener obligatoriamente las siguientes secciones en el orden mencionado:
a) Título principal.
b) Nombre del o los autores.
c) Resumen en español (5 a 10 líneas)
d) Palabras clave en español (máximo 5).
e) Abstract en inglés (5 a 10 líneas).
f) Keywords en inglés (máximo 5).
g) Texto.
h) Agradecimientos (opcional).
i) Referencias citadas.
j) Listado de Tablas y sus leyendas.
k) Listado de Figuras y sus leyendas.
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9. El título principal se presentará centrado, escrito en minúscula y negrita. No podrá contener notas de ningún tipo.
10. El nombre del o los autores irá en minúsculas y centrado. En nota al pie de la primera página, deberá presentarse en el siguiente orden: filiación institucional y dirección electrónica.
11. El Resumen se titulará con minúscula, centrado y en negrita. A continuación se presentarán las Palabras Clave en minúscula y alineadas a la izquierda.
12. El Abstract se titulará con minúscula, centrado y en negrita. A continuación se presentarán las Keywords en minúscula y alineadas a la izquierda.
13. El texto se iniciará sin la palabra Introducción.
14. A lo largo del texto los títulos primarios deberán ser escritos en minúscula, negrita y centrados. Los títulos secundarios deberán ser escritos en minúscula, normal y alineados a la izquierda. Los títulos terciarios deberán ser escritos en minúscula, cursiva y alineados a la izquierda.
15. Los Agradecimientos se presentarán al finalizar el texto y antes de iniciar las Referencias Citadas. Se consignará el término Agradecimientos en minúscula, cursiva y alineado a la izquierda. A continuación y en la misma línea, separados por un punto, se anotarán los reconocimientos que el autor estime. En esta sección corresponde indicar los créditos a las fuentes de financiamiento correspondientes.
16. Se presentará como notas toda aquella información adicional relevante al texto y que no pueda ser incluida en el mismo. Las notas serán todas a pie de página y deberán numerarse correlativamente con números arábicos (1,2,3.). La nota 1 corresponderá a la filiación institucional y dirección electrónica del primer autor.
17. Las citas textuales de más de tres líneas se indicarán entre comillas, separadas del texto y en cursiva.
18. Las tablas y figuras se indicarán en el texto entre paréntesis, con letra minúscula y normal, por ejemplo: (Tabla 1), (Figura 3). Deberán ser numeradas en el orden en que aparecen en el texto. Deberá adjuntarse un listado de Tablas y Figuras en formato .doc o .docx con las respectivas leyendas.
19. Las tablas podrán presentarse como archivos separados del texto en formato .doc, .docx, .xls o xlsx, o presentarse insertas en el texto mismo, en cuyo caso no deberá ser como imagen.
20. Las figuras comprenden fotografías, dibujos y mapas. Estas deberán presentarse en archivos separados del texto, en escala de grises, en formato JPG, TIF, BMP o PNG, con una calidad no inferior a 300 dpi y un tamaño no mayor a 18 x 14 cm.
21. Las citas en el texto se señalarán en paréntesis, minúscula y normal. El autor o autores y el año de publicación no deberán separarse con coma. En una cita que contenga más de una referencia, éstas se ordenarán alfabéticamente y separadas con punto y coma. La expresión et al. (siempre en
Instrucciones a los Autores | 117
cursiva) se utilizará para referencias que tengan más de dos autores. Referencias que tengan el mismo autor o autores en el mismo año se las distinguirá con las letras a, b, c, etc. Los trabajos en prensa o manuscritos se indicaran en el texto sólo refiriendo al año y sin siglas como Ms.
Por ejemplo: (Castro et al. 2001; Hocquenghem y Peña 1994; Llagostera 1979, 1982; Méndez 2012a, 2012b; Suárez 1981).
22. Los números cardinales serán referidos con palabras si el valor es inferior a nueve, por ejemplo: cuatro cuchillos. Si el valor es superior a nueve, se lo referirá con números, por ejemplo: 58 vasijas; excepto al inicio de un enunciado, por ejemplo: “Cincuenta y ocho vasijas …”.
23. Los fechados radiocarbónicos que se publiquen por primera vez siempre se deben señalar en años a.p. sin calibrar, indicando la fecha con un rango de error (sigma), el código de laboratorio y número de muestra, el material fechado y el valor δ13C de estar disponible. Por ejemplo: 1954±56 a.p., UB 24523, semillas de Chenopodium quinoa, δ13C = -27,9 ‰
Para los fechados radiocarbónicos calibrados se debe indicar tal condición, la cantidad de sigmas (1 o 2) empleados y el programa y curva de calibración utilizados; se puede informar también la probabilidad de los rangos de edad entregados. Por ejemplo: 48 cal. a.C-3 cal. d.C (p = 0.105) y 10-222 d.C. (p = 0.895) (calibrado a 2 sigmas con el programa CALIB 7.1 [Stuiver et al. 2005] y la curva SHCal13 [Hogg et al. 2013])
24. Los fechados de termoluminiscencia que se publiquen por primera vez siempre se deben señalar en años calendáricos (a.C., d.C.), indicando la fecha con un rango de error (sigma), el código de laboratorio y número de muestra, el material fechado y el año base utilizado. Por ejemplo: 430±130 d.C., UCTL 1537, cerámica, año base 1990.
25. La sección de bibliografía se titulará Referencias Citadas, en minúscula, negrita y centrado. Las referencias serán ordenadas alfabéticamente por apellido y en forma cronológica ascendente para cada autor. La información de cada referencia será dispuesta en el siguiente orden: autor(es), año, título, imprenta, lugar de publicación. Los autores deberán ir en minúscula. Se deberá consignar solamente las iniciales de los nombres de los autores; cuando haya más de un autor, solamente para el primero deberá aparecer el apellido antes que el nombre. A continuación y en la misma línea, separados por un punto, se indicará el año, título del trabajo y el resto de las referencias. Sólo la primera letra del título deberá ir en mayúscula. El título de la revista, libro o monografía deberá aparecer en cursiva. Todos los artículos de revista o capítulos de libro deben anotar los números de página correspondientes.
Ejemplos:
– Libro:
Binford, L. 1981. Bones: ancient men and modern myths. Academic Press, New York.
-Libro editado, compilado o coordinado:
Se indicará al autor o autores como “(ed.)”, “(comp.)” o “(coord.)”, respectivamente y según corresponda.
Flannery, K. (ed.) 1976. The Early Mesoamerican Village. Academic Press, New York.
– Artículo en revista:
Legoupil, D., C. Lefèvre, M. San Román y J. Torres. 2011. Estrategias de subsistencia de cazadores
118 | Boletin de la Sociedad Chilena de Arqueología
recolectores de Isla Dawson (Estrecho de Magallanes) durante la segunda mitad del Holoceno: primeras aproximaciones. Magallania 39(2):153-164.
– Capítulo en libro:
Schiappacasse, V., V. Castro y H. Niemeyer. 1989. Los Desarrollos Regionales en el Norte Grande de Chile (1000 a 1400 d.C.). Prehistoria. Desde sus orígenes hasta los albores de la conquista. Editado por J. Hidalgo, V. Schiappacasse, H. Niemeyer, C. Aldunate e I. Solimano, pp. 181-220. Editorial Andrés Bello, Santiago.
– Actas de Congreso como volumen propio:
Dillehay, T. y A. Gordon. 1979. El simbolismo en el ornitomorfismo mapuche: La mujer casada y el “ketru metawe”. Actas del VII Congreso Nacional de Arqueología Chilena, Volumen I, pp. 303-316. Editorial Kultrún, Santiago.
– Actas de Congreso como parte de una publicación periódica:
Núñez, P. 2004. Arqueología y cambio social: Una visión de género y materialismo histórico para el Norte de Chile. Actas del XV Congreso Nacional de Arqueología Chilena / Chungara Revista de Antropología Chilena 36 Volumen Especial, Tomo I, pp. 441-451. Universidad de Tarapacá, Arica.
– Memorias, Tesis o Disertaciones de grado o título:
Artigas, D. 2002. El sueño esculpido: arte rupestre y memoria del mito en el valle de Canelillo, Provincia de Choapa. Memoria para optar al Título de Arqueólogo. Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile, Santiago.
– Manuscritos en prensa:
Se indicará de acuerdo a la categoría correspondiente (libro, artículo en revista, capítulo en libro u otro), para finalizar con el término En prensa.
Sanhueza, J. 2005. Registro de un cementerio del periodo Formativo en el oasis de Pica (Desierto de Tarapacá). Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología. En Prensa.
– Manuscrito inédito:
Se indicará su institución depositaria y su condición de manuscrito.
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– Sitios o Documentos WEB:
Se indicará de acuerdo a la categoría correspondiente (libro, artículo en revista, capítulo en libro u otro), señalando la fecha de consulta más reciente.
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España y Tawantinsuyu. Dos tradiciones y el siglo XVI con tópicos de ciencia y tecnología
.Universidad de Antofagasta, Antofagasta.Orellana, M. 1988. La reforma de la Universidad de Chile y la institucionalización de las CienciasAntropológicas 1967.
Estudios Sociales / Corporación de Promoción Universitaria
 58(4):41-68. _____1991. Reflexiones sobre el desarrollo de la arqueología en Chile.
Revista Chilena de Antropología
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. Bravo y Allende Editores, Santiago.Oyuela-Caycedo, A. 1994. Nationalism and Archaeology: a theoretical perspective.
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. Editado por P. Ucko, pp. 97-235. Routledge, Londres.Portales, F. 2000.
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 Actas del XV Congreso Nacional de Arqueología Chilena / Chungara Revista de Antropología Chilena
36 Volumen Especial, Tomo I, pp. 453-465. Universidad de Tarapacá,Arica.Rees, C., C. Silva y F. Vilches. 2010. Haciendo visible lo invisible: asentamientos salitreros en laperiferia del cantón El Toco, II Región.
 Actas del XVII Congreso Nacional de ArqueologíaChilena
, Tomo 2, pp. 947-956. Ediciones Kultrún, Valdivia.Rivera, M. 1999. Arqueología chilena y minorías culturales.
Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología
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 Arqueología histórica en Capote: organización espacial y diferenciación social en una mina deoro (siglo XX)
. Memoria para optar al Título de Arqueólogo, Departamento de Antropología,Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile, Santiago.
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Memorias de Capote. Patrimonio arqueológico-históricode una mina de tres siglos
. Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Santiago. _____2008. Memorias de Capote. Patrimonio Arqueológico-Histórico de una mina de tres siglos.FONDART. Manuscrito en posesión de los autores.Romero, A. 2003. Arqueología y pueblos indígenas en el extremo norte de Chile.
Chungara,Revistade Antropología Chilena
 35(2):337-346.Romero, A., R. Ajata, G. Espinosa y L. Briones. 2004. Arqueología Pública y Comunidades Rurales:Un proceso de puesta en valor en el valle de Codpa, Región de Tarapacá.
Boletín MuseoGabriela Mistral de Vicuña
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. Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Santiago.San Francisco, A., M. Fuentes y J. Sepúlveda. 2010. Hacia una arqueología del Estadio Víctor Jara:campo de detención y tortura masiva de la Dictadura en Chile (1973 – 1974).
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 2ª. Ed. Monte Ávila,Caracas. _____1994.
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 Trópikos, Caracas.Symonds, J. y E. C. Casella. 2006. Historical archaeology and industrialization.
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. Editado por D. Hicks y M. C. Beaudry, pp. 143-167.Cambridge University Press, Cambridge.Tantaleán, H. 2004. La arqueología social peruana: ¿mito o realidad?
Cota Zero
 19:90-100. _____2006. La arqueología marxista en el Perú: Génesis, despliegue y futuro.
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17:33-47.Tantaleán, H. y M. Aguilar. (eds) 2012.
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Puentes hacia el pasado: reflexionesteóricas en arqueología.
 Editado por A. Troncoso, D. Salazar y D. Jackson, pp. 217-243. Seriemonográfica de la Sociedad Chilena de Arqueología 1, Santiago. _____2008. Ciencia, Estado y Sociedad: Retrospectiva crítica de la arqueología chilena.
 ArqueologíaSuramericana
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Chungara Revista de Antropología Chilena
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Chungara Revista de Antropología Chilena
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112 |Hugo Carrión, Cristián Dávila, Ayelén Delgado, Nicole Fuenzalida, Patricia Kelly,Francisca Moya, Sandra Rebolledo, Simón Sierralta, Jairo Sepúlveda y Cristián GonzálezTantaleán, H. y M. Aguilar, pp. 45-66. Centro de Estudios Sociales de la Universidad de losAndes, Bogotá, Colombia.Navarro, X. (comp.) 1998.
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. Universidad de Antofagasta,Antofagasta. _____2001.
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Vivir el mar.
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Vivir el mar.
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 Actas del XV Congreso Nacional de Arqueología Chilena / Chungara Revista de Antropología Chilena
36 Volumen Especial, Tomo I, pp. 453-465. Universidad de Tarapacá,Arica.Rees, C., C. Silva y F. Vilches. 2010. Haciendo visible lo invisible: asentamientos salitreros en laperiferia del cantón El Toco, II Región.
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 Arqueología histórica en Capote: organización espacial y diferenciación social en una mina deoro (siglo XX)
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Evaluación de la Arqueología Social en Chile: desarrollo histórico y revisión crítica… | 113Rivera, F., R. Tagle, R. Lorca y D. Pascual. 2007.
Memorias de Capote. Patrimonio arqueológico-históricode una mina de tres siglos
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Chungara,Revistade Antropología Chilena
 35(2):337-346.Romero, A., R. Ajata, G. Espinosa y L. Briones. 2004. Arqueología Pública y Comunidades Rurales:Un proceso de puesta en valor en el valle de Codpa, Región de Tarapacá.
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 6:42-63.Salerno, V. 2013. Arqueología Pública: Reflexiones sobre la construcción de un objeto de estudio.
Revista Chilena de Antropología
 27(1):7-37San Francisco, A., B. Ballester, J. Sepúlveda, M. Lasnibat y A. Sepúlveda. 2009.
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Revistade Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana
 4:91-116.Sanoja, M. 1981.
Los hombres de la yuca y el maíz. Un ensayo sobre el origen y desarrollo de los sistemasagrarios en el Nuevo Mundo.
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 Trópikos, Caracas.Symonds, J. y E. C. Casella. 2006. Historical archaeology and industrialization.
The CambridgeCompanion to Historical Archaeology
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Cota Zero
 19:90-100. _____2006. La arqueología marxista en el Perú: Génesis, despliegue y futuro.
 Arqueología y Sociedad
17:33-47.Tantaleán, H. y M. Aguilar. (eds) 2012.
La arqueología social latinoamericana, de la teoría a la praxis.
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 Editado por A. Troncoso, D. Salazar y D. Jackson, pp. 217-243. Seriemonográfica de la Sociedad Chilena de Arqueología 1, Santiago. _____2008. Ciencia, Estado y Sociedad: Retrospectiva crítica de la arqueología chilena.
 ArqueologíaSuramericana
 4(2):122-145.Uribe, M. 2004. El Inka y el poder como problemas de la arqueología del Norte Grande de Chile.
Chungara Revista de Antropología Chilena
36(2):313-324. _____2012. El período formativo, la costa de Tarapacá y nuevas posibilidades para una arqueologíasocial latinoamericana en Chile.
La Arqueología Social Latinoamericana, de la Teoría a la Praxis.
 Editado por H. Tantaleán y M. Aguilar, pp. 307-332. Centro de Estudios Sociales de laUniversidad de los Andes, Bogotá, Colombia.Uribe, M. y L. Adán. 2003. Arqueología, poblaciones originarias y patrimonio cultural en el Desiertode Atacama.
Chungara Revista de Antropología Chilena
35(2):295-304. _____2004. Acerca del dominio Inka, sin miedo, sin vergüenza.
 Actas del XV Congreso Nacional de Arqueología Chilena / Chungara, Revista de Antropología Chilena
36 Volumen Especial, Tomo I,pp. 467-480. Universidad de Tarapacá, Arica.
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